Un capítulo más de la historia de nuestra Quimera… espero que os guste. Y dadle al RW!

CLASES DE DUELO Y VUELO

Los murmullos iniciales de los alumnos ante la presencia de los nuevos profesores llenaron de ecos el Gran Comedor. Después de todo, la rueda de prensa oficial de Draco había sido portada de los periódicos durante varios días y su decisión había levantando gran revuelo. Las chicas parecían haber caído en un feroz ataque de risitas insustanciales, animadas por insulsas miraditas y rubores adolescentes. Y los chicos estaban divididos, unos opinaban que era genial tener como Profesor a un famoso jugador y otros, viendo las reacciones de las chicas y también de algunos chicos, fruncían el ceño ante la indudable superioridad de la competencia. Entre tanto alboroto, y revuelo hormonal adolescente, la presencia de Sylvain quedó un tanto enmascarada, y si bien estaba sentado justo al lado de Draco, su actitud modesta y discreta le hizo pasar más desapercibido, eclipsado en la fama publica y notoria del otro.

El sorteo finalizó y Minerva anunció el nombre de los nuevos profesores. Tenían a Hagrid y Charley Weasley en Criaturas Mágicas, Flitwick en Encantamientos con la asistencia de Hermione Weasley, Sinistra en Astronomía, Vector en Aritmancia, Trelawney y Firence en Adivinación, Batidla en Runas, Minerva en Transformaciones con Fleur Weasley, Sprout con Neville Longbotton como aprendiz, Y entre Sylvan y Draco, compartían Defensa contra las Artes Oscuras y Duelo. Cultura Comparada y Tradiciones Magicas y Muggles, era en gran medida suya también, pero con la ayuda del resto de la plantilla, especialmente Sinistra, Fleur y Firenze. Charley era el nuevo jefe de Casa de Griffindor. En Pociones tenían a Slughorn y en Historia de la Magia a Luna Lovegod-Longbotton. Aunque todo el que quisiera, era libre de escuchar las lecciones del fantasma de Binns, que seguía en su clase de siempre. Era una plantilla un tanto diferente, pero el mayor peso del curriculum obligaba a más horas de clase y por tanto, era imprescindible.

Los chicos se adaptaron a lo solicitado por Minerva durante la primera semana, pero después, comenzaron su propia conciliación personal. Sylvain se mantenía profesional y algo distante del resto de los jóvenes profesores, con la única excepción de Draco, haciendo gala de su naturaleza para distanciarse de ellos. Era relativamente fácil, ya que antes de tramar toda aquella aventura y reconstruir su vida, el joven había intentado confiar en sus mejores amigos. A solas y bajo fuertes protecciones, asegurado la confidencialidad de sus palabras, Harry les confió su secreto. Y sus reacciones…sus reacciones fueron las que le dieron la motivación final para dejarlo todo atrás. Hermione había reaccionado con horror, pero reponiéndose a su inicial revulsión, y proponiendo de inmediato la búsqueda de una "cura". Y Ron, simplemente le había mirado con terror. Puro terror, nacido del miedo inculcado a semejantes creaciones prohibidas, y apuntado su varita hacia él. Dolido, Harry borró por completo sus memorias del evento, y tras madurarlos, puso sus planes en marcha. Si esa era la reacción de sus amigos…¿Cuál sería la del los demás? El anonimato relativo y su nueva identidad le dieron lo que anhelaba, la posibilidad de sentirse aceptado aunque fuese parcialmente, de no ser temido ni repudiado. Beauxbatons era mucho más abierta al respecto y en Drumstang…a nadie le importaba si era medio vampiro o veela, o medio demonio. Todo lo que importaba era que su magia fuese fuerte y poderosa y su mente despierta. Así que mantenerse alejado de los demás era muy fácil. Charley era un tal vez, Fleur un creo que si lo entendería. Luna y Neville, felizmente casados, eran otro tema, una completa incógnita; pero de momento, Sylvain tenía suficiente en su plato, y Draco era su prioridad.

Tras las primeras clases, las teóricas y las de evaluación del nivel de los alumnos, los dos jóvenes programaron unas pequeñas demostraciones prácticas en la sala de Duelos para la última semana de Septiembre. Ante grupos formados por todos los alumnos de cada curso, ambos se enzarzaron en vivas y animadas demostraciones de lucha y duelo. Batallas coreografiadas con gracia y precisión, los jóvenes ejecutaron los movimientos y hechizos preacordados para cada nivel, en un ballet de chispas y relámpagos, de giros y volteretas, lleno de una belleza fría, como la de de un glaciar, pero igualmente peligroso e imparable. Una danza comprometida, delicada y excitante, con creciente dificultad para cada curso. Las demostraciones pretendían poner en la palestra los hechizos y maldiciones que cada curso debía aprender, así como las defensas ante ellos. Los alumnos, boquiabiertos, contemplaron los duelos, y su respeto por ambos profesores creció exponencialmente. El profesor Draco Malfoy no era solo un buen jugador de Quidditch, había sido educado desde la cuna en la lucha, y era más hábil que muchos aurores en activo. Y el profesor Sylvain Fremont… era un desconocido, pero repelía todos sus golpes con agilidad y destreza, en su propio estilo, diferente, pero efectivo igualmente.

Los alumnos más jóvenes tuvieron la oportunidad de verles en acción y de escuchar sus palabras en un ambiente distendido y relajado. Era enervante ver asomar los afilados colmillos en la extraña sonrisa, pero el profesor Fremont era muy amable y educado y poco a poco, los niños dejaron de sentirse nerviosos en su presencia. Era frecuente ver a los dos jóvenes practicando en sus ratos libres, tanto duelo como Quidditch, ya que Draco tenía que mantenerse convenientemente entrenado para sus partidos y ejercitar con Sylvain era la mejor manera a su alcance de hacerlo, ya que el joven continuamente le ponía a prueba, sacando a relucir su feroz competitividad.

Pero si los alumnos se colaban en el aula de Duelo para verles luchar, en cuanto alguien les veía coger una escoba, una pequeña multitud se congregaba en el campo, expectante. Normalmente, los entrenamientos oficiales de los jugadores no eran especialmente vistosos, tan solo muchos ejercicios de vuelo de calentamiento, aburridas series de movimientos repetitivos y unos 30 minutos finales de autentico juego. Draco estaba acostumbrado a las rutinas de sus entrenadores, y había intentado seguirlas, aunque realmente odiaba ejecutar maniobra tras maniobra, sin sentido.

Sylvain le había mirado desde las gradas con ojos divertidos las primeras veces, pero había preguntado inocentemente al rubio si se divertía. Enfurruñado, al menos cuando entrenaba oficialmente, todos los demás jugadores se veían sometidos a una rutina similar a la suya e igualmente aburrida, y Draco había saltado.

-¡Qué! ¡Odio estas estúpidas series de entrenamiento! Pero tengo que mantenerme en forma…

Y Sylvain, alzando las manos en gesto pacificador, le había propuesto volar juntos, simplemente volar un rato. Aburrido de repetir el mismo soporífero programa, además de tenso, Draco había aceptado. Al menos era una muestra de iniciativa del otro para pasar tiempo con él… Y cuando al día siguiente bajaron a los jardines, la escoba de Sylvain llamó la atención de Draco. Una Saeta de Fuego no era una escoba corriente, ni mucho menos y aunque Sylvain la había personalizado años atrás, cambiando su color original por un llamativo dibujo negro, naranja y rojo, simulando que la cola estaba en llamas, no dejaba de ser reconocible como el carísimo, famoso y poco usual modelo.

-Bonita escoba Sylvain.

Comentó el Slytherin, en tono levemente sorprendido, mirando la escoba que el joven llevaba negligentemente sobre el hombro, en perfecto estado y brillante como si fuese nueva. No era una escoba de último modelo, aunque sus prestaciones eran de las mejores, pero había sido sustituida por nuevos modelos más dóciles y manejables. Pocos jugadores podían sacar todo el potencial que escondía en su afilado mango una Saeta de Fuego.

-Gracias. El diseño de la decoración es mío, un capricho por así decirlo...

Sylvain se la tendió, orgulloso de haber atraído su atención y Draco admiró cuidadosamente el bello acabado de laca transparente multicolor, que no ocultaba las vetas de la dura y resistente pero a la vez flexible madera de fresno del mango ni la delicada suavidad de las varitas de abedul, delgadas y flexibles como látigos, de la aerodinámica cola. Al darle la luz, las tonalidades rojizas cambiaban continuamente y el joven estuvo seguro de que al volar el efecto sería mucho mayor. El haberse permitido realizar aquella modificación en una escoba de por si carísima, reforzaba la impresión de Draco de que el joven tenía recursos económicos importantes.

La Saeta tenía fama de ser una escoba muy veloz, excepcionalmente apta para maniobras complejas, pero difícil de dominar, muy temperamental y voluble. Aunque si alguien lograba compenetrarse bien con ella, podía lograr cosas extraordinarias...

Su uniforme de vuelo también era peculiar. Lucía las mismas botas hasta la rodilla del primer día, unidas a unos guantes extremadamente largos, que cubrían las protecciones del antebrazo. Toda la vestimenta tenía ligeras modificaciones de forma o tamaño de las protecciones respecto al uniforme estándar habitual y era de color negro liso, sin números ni marcas. Las gafas protectoras estaban sobre su frente, y tras colocárselas, el joven montó grácilmente en su escoba, mientras Draco, vestido con uno de sus uniformes oficiales de entrenamiento - cortado a medida, por supuesto - con su famoso dragón en la espalda, saltaba sobre su Tifón 5000: la escoba oficial de la selección inglesa, de madera de cerezo pulida y larga cola de ramitas semiagrupadas de sauce, veloz y sensible, apta para arriesgadas maniobras pero menos impulsiva y voluble que la Saeta de Fuego.

Alzaron el vuelo, remontándose sobre los jardines y el lago y tras un titubeo inicial por parte del rubio, este aceleró, enfilando hacia el centro del lago. Sylvain le siguió e inclinándose sobre el mango de su Saeta exclamó, girándose hacia su compañero:

-¿Desafío de acrobacias Draco?

-¿Qué es eso?

Preguntó levemente sorprendido el rubio, trazando un giro para retornar hacia la orilla. La cara de Sylvain era expectante, y al mismo tiempo sonriente cuando se explico.

-Cada uno elige una maniobra, y el otro tiene que imitarla y así sucesivamente. El que no puede seguir al otro o se cae, pierde.

-Nunca oí hablar de ese juego antes.

-Bueno, en Drumstang no solo se juega al Quidditch, también hay otra serie de competiciones de vuelo no oficiales, y esta es una de las favoritas, junto con las carreras de escoba.

Draco puso cara de desconcierto y miró al moreno, que volaba a su lado con curso firme y exclamó con tono algo irónico:

-¡Vamos! ¿Qué tiene de emocionante eso?

-¿Una carrera? Probarte a ti mismo. Dos escobas iguales, y dos hombres. El mejor gana.

Ante el rostro de absoluta convicción de Sylvain, aunque refunfuñando en su fuero interno, Draco aceptó el desafío de acrobacias y ascendió en una rápida y cerrada espiral. ¡Era una idiotez, como sus condenadas series de entrenamiento! A su lado, el moreno trazó la suya propia y detuvo la ascensión cuando el rubio lo hizo. Era su turno y el joven aceleró a fondo, seguido por Draco, que se sorprendió cuando el moreno inició un rizo hacia atrás, pero aun más, cuando lo prolongó con otro sucesivo hacia delante, a una velocidad vertiginosa.

Tras un buen rato de tratar inútilmente de encontrar una maniobra que el otro no pudiera seguir y admirando su plasticidad y técnica de vuelo cada vez más, Draco retomó un vuelo horizontal, tras la última barrena y se giró hacia Sylvain, manteniéndose casi estático. Los ojos chispeantes tras las gafas protectoras y las mejillas coloreadas por la emoción, el moreno observó a Draco, que reevaluaba cuidadosamente a su oponente, los ojos plateados tomando en cuenta cada detalle. Sylvain, montado sobre su escoba de una forma muy poco ortodoxa, con una pierna flexionada delante de él y la otra ni tan siquiera correctamente apoyada en los pequeños estribos de su Saeta de Fuego, comenzó a reírse. La suya era una risa suave, apenas insinuada, pero contagiosa, y Draco acabó riendo con él, despotricando entre carcajadas rotas contra su entrenador y sus malditos métodos. Con los ojos brillantes y las mejillas enrojecidas, Draco contempló como Sylvain volaba en un lento y perezoso circulo en torno a él, sin tan siquiera tocar el mango de su escoba con las manos. Era una exhibición de control admirable. Los intensos ojos verdeazulados le contemplaban sin malicia, tan solo divertidos y el joven moreno murmuró:

-Lo que haces no te enseña nada nuevo, Draco, solo repites lo que otros han hecho antes que tú, y no mejora tu forma de volar o te hace más ágil o más rápido. Es una pérdida de tiempo y solo conduce al estancamiento.

Draco frunció el ceño levemente, y sin perder de vista a Sylvain, susurró, tratando de escudarse en la lógica de la masa:

-Pero… todos los equipos…y todos los entrenadores que he tenido entrenan de manera similar…

Sylvain giró a su alrededor una vez más y añadió sin dejar nunca de mirarle:

-Tal vez… pero eso no quiere decir que lleven razón, verdad? ¿Recuerdas el mundial de quidittch del 94, el juego entre Bulgaria e Irlanda? El mejor buscador del mundial era Krum, aunque finalmente los búlgaros perdieran el partido.

Draco asintió. Él había visto en primera fila el partido y era cierto. Krum era ya en ese momento un excelente buscador, uno de los mejores si no el mejor, y se mantenía en activo en la actualidad, pese a ser algo mayor que él. Sus encuentros con el búlgaro hacían que Draco se sintiese preocupado, que sudase la camiseta: Krum era un rival digno de él en el campo y nunca podía estar seguro del resultado. Sin perder de vista sus ojos, Sylvain susurró:

-Esas series están bien para aprender a volar, para lograr una cierta técnica, pero tú ya sabes volar Draco…y necesitas otra cosa…Krum es un experto en desafío de acrobacias, y también un buen velocista sobre la escoba…He volado con él en alguna ocasión… y conozco su estilo…pero la autentica y real diferencia…lo que puede darte la victoria, es compenetrarte realmente con la escoba… ser uno con ella… y volar realmente… libre…

Y Sylvain se dejó caer, colgando tan solo de una rodilla enganchada del pulido mango casi negro de su escoba, sin dejar de girar lentamente en torno a Draco, en una maniobra técnicamente imposible de ejecutar, ya que no estaba dando directrices a la escoba con ninguna parte del cuerpo. No a menos que el agarre de su pierna contase…El rubio contuvo la exclamación de sorpresa y miedo y sus ojos se dilataron, mirando la lenta trayectoria circular del joven mestizo, totalmente controlada y estable. Con un giro de cintura, Sylvain se sentó de nuevo laxamente sobre su escoba y susurró:

-¿Te interesa aprender eso, Draco?

Por supuesto, Malfoy había asentido de inmediato, aun aturdido para hablar y Sylvain susurró, recobrando una postura correcta en la Saeta:

-Entonces, lo primero, es olvidarte de lo que sabes acerca de volar, por supuesto. No todo el mundo puede volar así, en realidad muy pocos tienen el talento y la disposición precisas, pero tú…tú eres natural en esto. Tienes la aptitud, pero debes aprender a sentir, a creer, y olvidarte del resto, no pensar; lo demás, es fácil.

Sus locas piruetas, el uno en pos del otro, volando sobre el lago, el bosque o en torno a las torres del castillo se hicieron mas y mas complejas, caóticas y peligrosas, fuera de toda regla o lógica, pero fluidas y aparentemente fáciles para ellos. Sylvain le había dicho en un susurró comedido al comenzar:

-No pienses Draco, simplemente vuela… sé uno con la escoba…nunca pienses que no es posible, o no lo será…

Y Draco había sonreído sinceramente y acelerado su Tifón, siguiendo la estela de la Saeta del otro, en una total y absoluta burbuja de felicidad.