Holaa! Aqui otro capitulo!

Escrita por: Bryan R. Miller, tengo su permiso para publicar esta historia. Algunos personajes son de la autoria de Suzanne, y otras de Bryan.


« Armamento nuclear »

Es lo primero que pienso, con eso están volando el lugar en pedazos. No lo harán de nuevo, no cuando han reducido de manera considerada la arena. Y tampoco lanzaron las bombas por los aires, eso provino desde lo subterráneo, lo más seguro es que las bombas estén justo debajo de nosotros, solo listas para ser activadas.

Caminamos al lugar que antes era el bosque y ahora estamos en frente del nuevo precipicio que se extiende justo en frente de nuestros pies. Estamos parados sobre los escombros de un edificio que no soporto el temblor, viendo como sale humo del acantilado. Ni siquiera sus armas logran escapar del ataque, veo el cadáver de un muto jaguar con la mirada ida y la quijada fuera de lugar, tiene algunas manchas chamuscadas en su cuerpo provocadas por la explosión.

El acantilado parece ahora más infinito que nunca, el negro parece haber tragado todo, el bosque que rodeaba el Capitolio ahora no existe. En él vacio no hay seña de vida, ni de que alguna vez la hubo, como si hubiese estado ahí siempre porque después de haber visto como todo salía por los aires, como 10 cañonazos sonaron en el aire. De tributos que prefirieron resguardarse en la seguridad del bosque o que nunca se molestaron en seguir avanzando.

— ¿Por qué crees que hayan hecho esto? —pregunta Sawyer. Mira hacia el fondo, perplejo.

— Son los últimos juegos — le digo.

— ¿Y qué? — dice el, algo furioso.

En el cielo se dibuja el aerodeslizador con el símbolo del Capitolio y suena el himno.

— Son los últimos juegos — le rectifico — no hay necesidad de volver a usar esta arena.

Miro como las caras de los tributos muertos comienzan a aparecer, solo hay uno de ellos que llama mi atención, un vencedor, uno de los mayores. Beetee. En su distrito deben de estarlo lamentando.

— Ósea ¿Qué volaran toda la arena en pedazos? — aprieta los dientes como conteniendo un grito.

Niego con la cabeza.

— Sería muy aburrido — digo con algo de indiferencia — la volaran en pedazos pero con el paso del tiempo, así los tributos tendrán tiempo y espacio limitados.

Ante tan frio y sólido argumento, Sawyer no dice nada, sus músculos comienzan a relajarse.

— Entonces — comienza, sacudiendo su cabeza — no tiene caso conservarla ¿cierto?

— En lo absoluto, no hacen falta recuerdos de los juegos — digo y miro el vacio otra vez.

El aerodeslizador que ya se había marchado, vuelve a aparecer, como si hubiera olvidado mostrar el rostro de algún tributo. Sawyer y yo miramos como cae un paracaídas sosteniendo algo sobre el posándose justo a mis pies. Abro el recipiente metálico y veo dos gafas, su armazón es negro y tienen una partitura que descendía un poco, para quedar al nivel de la oreja.

Los saco del recipiente y aun los miro, este regalo era para ambos. Miles o también toda Panem debió haberse preguntado por qué tal suceso y nosotros fuimos los que les dieron su respuesta y aquí estaba el paracaídas como en una especie de concurso, ganar un premio por responder bien la pregunta.

— Gafas de visión nocturna —dice Sawyer, como en respuesta a mi estupefacción — pero hay algo más.

Estira una mano y yo le doy una de las gafas, ambas eran iguales. El se las pone y se concentra en ver para que mas servían, el alguna vez debió tenerlas a su alcance, aquí donde la tecnología era otro nivel, aun más elevado.

Yo también me las pongo y veo hacia el acantilado, pero no sirve de nada; se sigue viendo tan eterno como siempre. Cambio de ángulo y miro la calle en la que estábamos. El contraste no cambia, pero ahora hasta el más diminuto detalle podía contemplarse con esos lentes, la maleza, piedras, partes de autos. Algo más empieza a hacer eco, como el sonido de los mutos pero más quedo.

— Micrófonos — se adelanta el.

En efecto, lo que escuchaba era su respiración y justo después de eso su voz se escucho dos veces. Siento como si Valer se hubiese encargado de dármelos, las guardo, veo el cielo una vez mas y digo:

—Gracias por su regalo.

Sawyer me da su aprobación y caminamos entre los escombros para ir nuevamente al refugio.

No fue muy fácil explicarle a Bree que la arena puede volar en pedazos en cualquier momento, no con su pequeño hermano al lado. Permanecemos ahí esa noche, Sawyer monta guardia, después yo y así nos turnamos toda la noche. Comprender porque me habían dado ese regalo no había sido difícil, es más, mis palabras de hace unas horas daban por seguro que ese era el plan de los vigilantes, pero no podía saber donde explotaran las siguientes bombas, ni siquiera en qué orden, pero sé que el factor tiempo es importante para ello.

Estoy en la azotea del lugar, cubierto por una barricada de piedras mientras me cubro con una sabana. Enfrente esta la calle, que está completamente desierta; ya no quedan muchos tributos, en cuatro días ya han muerto cerca de la mitad. Tomo una vez más la vara que me dio Sawyer para sacarle un poco más de filo a la punta con el cuchillo, algo no me deja en paz, no puedo estar seguro si es el olor a azufre proveniente del acantilado, pese lo alejado que estaba o si deberás puedo confiar en mis más reciente alianza ¿puedo hacerlo? Es decir, ahora mismo ellos duermen y yo estoy aquí salvaguardando sus vidas; sea lo que sea, no puedo encontrar paz en mis pensamientos.

Estar en un grupo te provee ciertos beneficios, pero también esta su desventaja, el que hay mas bocas para alimentar; la que creo acapara el lado bueno.

El alba se extiende por el cielo y ya no hay necesidad de usar los lentes, así que los guardo en uno de los bolsillos del pantalón. Bree llega a mis espaldas y yo me paro para saludarla con una sonrisa.

— ¿No quieres dormir? — pregunta.

— Estoy bien — niego.

— Nos marchamos en una hora — me dice y voltea hacia el sur, donde está el acantilado.

Si esta parada temprano, es porque no le gustaba estar demasiado tiempo dormida, me imagino que para ver con sus propios ojos que su hermano aun está ahí con ella, pero ahora algo la trajo hasta acá arriba, veo que muerde su labio inferior.

— Ya no le ocultes nada a Craig — me dice.

Medito un poco sus palabras y les encuentro lógica, esconderle cosas a Craig quien ya vio algunas atrocidades en la arena era tan patético, que me sentí avergonzado. El niño tiene tanto derecho a saber las cosas como cualquiera de nosotros.

— No lo hare — respondo.

— Sé que tú no eres como esas personas —me dice, con su mirada vacía y me dedica una última sonrisa entre ceja y ceja.

Sus palabra me despiertan curiosidad, me retraso un poco antes de seguirle el paso hasta el piso de abajo, podía referirse a alguien en especial cuando dijo "esas personas", podrían ser los otros tributos, los rebeldes, Snow…, pero creo que no difiere mucho el asunto, se que quiso darme a entender.

Antes de marcharnos hacemos un inventario de todo con lo que contamos y tenemos suficiente agua para tres días más, pero la comida se nos acabara en un día. Yo porto mi cuchillo y una simple lanza en mi espalda, que no es tan extensa como las que tiene Sawyer, el porta más que yo, eran su única arma, lo alto que esta debe darle ventajas en combates cuerpo a cuerpo. Bree lleva consigo un hacha no muy grande, perfecta para sus manos junto con una daga, su hermano no lleva nada; no quiere someterlo a luchar.

El par de gafas han sido un regalo perfecto, por el día también podemos usarlos como comunicadores y servirán justo ahora cuando nos moveríamos más adentro del Capitolio.

Sawyer y yo vamos en frente, cubriendo la mayor parte de la calle por la que caminamos, por si algo sucede, así no nos tomaran a todos. Bree y yo usamos las gafas, yo les aviso cuando moverse; mientras que con Sawyer nos comunicamos con mímica.

Tenemos tres señas.

La primera, atención, es cuando ponemos nuestro dedo índice sobre la parte superior de nuestros pómulos apuntando a nuestro ojo. La segunda es cuando alzamos el dedo índice y medio para indicar alto. La tercera era como usar tu mano para cortar el aire y esta significa, huir.

Murmuro al micrófono y Bree comienza a avanzar hasta mi posición, le hago una seña a Sawyer que tiene una lanza en su mano para que se mueva hasta la siguiente posición, donde se interceptan dos calles, aquí no hay el suficiente camuflaje para ocultarse; así que utilizamos los restos de los autos y aerodeslizadores. Con Bree y Craig a mis espaldas subimos lo que parece una montaña de autos que debieron caer del puente que cruza los cielos. Sawyer queda a nuestras espaldas y antes de bajar del auto sobre el que estoy le hago una seña y el alza sus dos dedos mientras mira sigilosamente la calle para poder cruzar.

Algo lo mantiene ahí, no estoy seguro del que, regreso a ver los dos chicos y me miran con ansiedad. El pequeño chico no se oculta tras las piernas de su hermana, esta tan atento como ella. Sawyer hecha una última mirada y lo siguiente que hace es mover su mano contra el aire bajo su mentón, yo lo miro anonadado. Después el entra por el cristal hecho pedazos sobre el local en el que estaba para ocultarse, correr, se supone que tenemos que correr…

Bajo del auto mientras me agacho para hacer menos ruido con mi salto, les hago la señal para irnos de ahí.

— ¿Y Sawyer? — demanda entre siseos el niño.

— Craig, vamos…no, ¡no! — chilla su hermana cuando este se le escapa de los brazos.

Tomo su playerita justo antes de que dé un salto para brincar del otro lado de la barricada de autos, cuando muy lejos de ahí justo en medio de la calle reluce algo de piel muy blanca, con cola y aspecto de reptil… ¡Mas mutos! Han liberado más de ellos, pero este es diferente. Se ve más alto, su cabeza era una combinación extraña de humano-reptil y sus manos son más largas. Jalo al chico para que quedar detrás del auto mientras tapo su boca para que no grite, por que el también lo vio y esta temblando del miedo.

Su hermana se sobresalta y quiere correr hacia nosotros, le hago un ademan para que se detenga y al instante lo hace, se agacha y guarda silencio: Y esto ayuda a que me dé cuenta del ruido que está haciendo, un ruido sin más, humano.

¿Es posible? No percibo con exactitud el sonido que hace, son como siseos, como si estuviera cantando. Como si tratara de decir algo y al momento de querer hablar, las palabras se revolvieran en su boca dando como resultado ese sonido que hace. Le hago una seña a Craig para que vayamos en cuclillas hasta donde se oculta su hermana, no puedo valerme de la suerte, este muto puede o no ser ciego o ya haberse percatado de que estamos aquí. El va hacia ella y lo recibe con ambos brazos. Aguzo la mirada por la parte de enfrente del auto. Sigue ahí en medio de la calle, esperando algo, es el único. Sus mandíbulas se presionan unas contra otras mientras deja relucir los caninos y hace ese ruido otra vez…ruido…"tniss"…

¿Fue mi imaginación? ¿O entre sus siseos pronunciaba algo similar al nombre de la chica en llamas? Regreso a mi posición original, estos no son ciegos, parecen incluso más listos que los otros mutos. Entonces lanza un rugido ensordecedor mientras se oye su trote contra la tierra en dirección hacia nosotros, estará ahí en cuestión de segundos y no habrá tiempo de huir. Así que me quedo inmóvil mientras mis acompañantes cierran sus ojos y se recargan sobre la columna de autos para tratar de hacerse invisibles.

Sus garras presionan fuerte contra el cofre del auto, dando un salto pasándonos de largo. Corre en cuatro patas, como si al fin hubiera encontrado lo que buscaba.

— ¿Están bien? — es Sawyer quien pregunta jadeando, ha llegado ahí después de que el muto corriera en esta dirección con su lanza lista para usarla, da un salto para reunirse con nosotros— avancemos, en la manzana anterior había más de ellos.

— Estos eran nuevos — le digo.

— Si — frunce el entrecejo — a estos no les atrae la sangre — dice mientras deja relucir una ligera cortada que se hizo en su brazo — más bien, parecen razonar, e incluso parecen más listos.

— Sigamos entonces — les digo.

Sawyer trata su herida y seguimos la misma rutina que habíamos trazado desde el principio, mismas señas y demás cosas para ayudarnos a seguirnos moviendo. De vez en cuando miro de soslayo a los chicos que llevo en guardia y siento en mi interior como si la guerra aun no terminara; la simple idea se me hace algo nauseabunda.

Todo aquí esta devastado, el principio de la ciudad comparado con esto es una cama de plumas, aquí lo único que distingue eran los aerodeslizadores estrellados contra los edificios y no podemos tentar a la suerte al tratar de quedarnos debajo de uno de ellos, nos aplastarían. Las escasas tiendas y edificaciones que se mantienen en pie, lucen frágiles y sin una estructura demasiado firme, continuamos descartando posibles refugios y con el paso de una calle tras otra la búsqueda se torna extensa y tediosa.

Desde el otro extremo de la calle subo mis dos dedos para indicar un alto, los chillidos se escuchan cerca, los de los mutos jaguares; son ciegos, pero igual oyen. Muevo mi mano para que avancen de nuevo y cerca de donde están los mutos veo algo que resalta en dirección hacia el horizonte. Alguna estructura rocosa al igual que todo lo demás, pero esta parece brillar con el sol, mejor mantenido que el resto, el estadio.

— ¿Qué estas esperando? — demanda Bree por el micrófono.

— Ya voy — la miro mientras camino a paso apresurado — vayan a ese callejón.

Lo hace mientras le hace una seña a su compañero para que se acerque al punto de reunión.

— El estadio — les digo.

Ella me mira estupefacta, como si no supiera que estoy hablando y sé que es lo mismo con los tres, ninguno de ellos debió haber estado ahí antes, no en el lugar en el que yo estuve.

— Hay habitaciones ahí, pero — carraspeo, sé que es punto vital lo que voy a decir — solo será un refugio, no creo que encontremos comida.

A ninguno de ellos les parece la idea, Craig parece ser el único que capta las posibilidades de mi propuesta.

— Ya casi es de noche — dice el — saben que esas criaturas parecen enloquecer de noche y sin mencionar a los otros tributos.

Fue como si les hubiera aventado agua fría, reaccionan.

— ¿Y qué hay de la comida? Para mañana ya no tendremos nada — pregunta

Bree.

— Ya no hay mas por la parte del sur — contesta Sawyer — podríamos salir a buscar por esta parte.

— Dudo que encuentres — le digo — no nos abastecerán de comida.

Nuestra astucia no nos traerá provisiones cayendo en paracaídas, los juegos ya llevan tiempo de haber empezado y los regalos de los patrocinadores cada vez son más costosos y en este ambiente apocalíptico no hay animales para cazar, además la audiencia parece volverse más exigente. Es obvio nuestro siguiente movimiento.

— Tenemos que robarla — les digo.

Nadie responde esta vez, pero ya no hay mucho de donde elegir y hasta cierto punto ambosestán de acuerdoconmigo,porque asienten; lo demás lo arreglaríamos mas tarde.

Volvemos de nuevo a la intersección que acabábamos de pasar, no hay olor a sangre ni rastro de los otros mutos esta vez tomaríamos en cuenta nuestros propios riesgos, ahora vamos todos juntos. Un puente se extiende enfrente de nosotros, un paso desnivel de la gran carretera que se eleva un poco del suelo mientras las raíces de un gran sauce se abren paso entre este, como procurando que el puente no cayera o este mismo lo estaba echando abajo.

Nos abrimos paso y comenzamos a subir el inclinado camino del puente, que no se eleva tanto pero nos permite observar bien el lugar a donde nos dirigimos; entre los grandes pedazos de concreto que aún se mantienen se pueden distinguir las gradas y las grandes construcciones con adornos de metal que se mezclan con la roca en formas indescriptibles, algo devastado.

Se escucha ese siseo otra vez y el cañón suena, tres veces. Después de este los rugidos vienen, cerca, muy cerca.

— ¡Apresúrense! — empuja Sawyer mientras corremos por el puente.

Entiendo su desesperación, estos eran una manada completa, no paran de rugir como si estuvieran avisando que están a punto de asesinar. Vuelve a sonar el cañón. Están aquí, comenzamos a correr, podríamos luchar contra uno o dos pero estos eran más, se siente claramente en el pavimento como están subiendo lo hacen resonar completamente y distingo el sonido de ambas criaturas.

«Si los tributos hacen grupos ¿Por qué los mutos no?»

Dice una voz estúpida en mi mente, después de todo, ambas tienen un solo objetivo, matarnos. Ya estamos por llegar a un nuevo nivel donde la calle desciende y podemos buscar un lugar en que ocultarnos. Un grito de una niña se escucha y siento como los mutos comienzan a retroceder, debieron infiltrarse en algún refugio de un grupo de tributos.

Volteo hacia atrás y me encuentro con un solo muto lagarto corriendo en cuatro patas en mi dirección, sin darme de tiempo de posicionarme para tirarle la lanza. Brinca sobre mi espalda haciéndome pegar contra el suelo, me ha vuelto su prisionero. Los lentes salen volando.

A lo lejos alguien chilla mi nombre, pero el golpe en mi sien me ha hecho percibir las cosas de manera distinta, sino me hubiera atontado tanto les hubiera dicho que corrieran. El muto parece vitorear con los ruidos que salen de su boca y cuando siento su aliento tan cerca de mi nuca es cuando percibo el ruido que hace su boca. O mejor, los nombres que pronuncia: Peeta, Enobaria, Beetee, Johanna, Katniss.


Nos leemos pronto, NO olviden los Reviews!

Si no veo reviews, pensare que no os gusta la historia, y dejare de publicarla, me gustaria saber vuestra opinion acerca de la historia.

:D

Siganme en twitter: "emelmarinaCyrus" doy Followback