Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney, sólo me divierto con sus personajes :3
Saint Moritz
Capítulo 12: La gran helada.
"Bueno" Suspiró, bajando los hombros con una sonrisa de lado. "Si duda esto no era como lo tenía planeado en mi mente" Explicó, acariciando con la yema del pulgar el borde de la tapa de su jarro térmico.
Elsa dejó salir una risita, esa que tanto le gustaba, cuando se tapaba con delicadeza los labios con su mano. Estiró la misma mano, la única que tenía libre, y le dio un leve pellizquito en la mejilla.
"Sí que eres quejón" Puntualizó la rubia. "Peor es nada" Agregó, hurgando chips de chocolate en el enorme muffin que tenía enfrente.
"En eso tienes razón. Pero… es difícil darle el toque romántico cuando estás vestido con ésta ridícula bata de hospital" Masculló Hans, señalando su ropa.
Aún estaba internado en el hospital, aguardando junto a Elsa que el doctor autorizara su salida. Algunos de sus hermanos habían regresados a sus hogares, en especial Jensen, a quien su esposa le había comunicado la feliz noticia de que sería padre el verano siguiente. Una sensación cálida y reconfortante le recorría el pecho al sopesar la posibilidad de convertirse en tío.
Mientras su padre hacía los papeleos del hospital, Elsa había aceptado hacerle compañía y, en complicidad con Olaf, había entrado de contrabando dos capuchinos y dos muffins del Starbucks que estaba en la siguiente calle. Era como una especie de cita improvisada, pero sin pasar a buscar a nadie ni haciendo reservas en un restaurant caro para impresionar a la bella dama. No. Elsa estaba sentada en su cama, en posición india, con sus clásicas calzas térmicas negras, el holgado sweater gris y sus confortables botas de piel de oveja. Se veía tan hogareña y adorable. Ansiaba tanto poder compartir tantos momentos así con ella. Su sola presencia ponía su corazón a latir vigorosamente.
"¿Has pensado que hacer?" Preguntó el pelirrojo, antes de darle un sorbo a su bebida.
"Aham. La universidad ha rechazado mi solicitud de nuevo examen, pero me han ofrecido incorporarme al grupo estudiantil común. Así que… marcho a Berlín" Respondió tímidamente, con una sonrisa enorme. Estaba visiblemente emocionada, la conocía lo suficiente como para asegurar que aquello se trataba de un gran paso.
"Eso es excelente, Isa. Me alegro mucho por ti." Felicitó Hans, enlazando sus dedos con los finos y pálidos dedos de Elsa. De todo lo que había dicho había una sola cosa que lo preocupaba de sobre manera. "¿Y Niklas?"
"Oh. Eso" Gimió la rubia, apretando los labios. "No lo sé… Es decir… Si tuviera que enfrentarlo, me siento algo vulnerable… Ya sabes, él va por la vida con ese… Corazón helado" Respondió con tristeza, agachando la cabeza.
Cabizbaja y meditabunda ante sus ojos, en completo silencio, estaba pidiéndole ayuda. Andy lo mataría. Su gran oportunidad estaba en Londres. El sueño de su vida. Demostrarle a su padre que en la vida puede hacerse más que estúpidos barcos. Elsa. La chica que no lo abandonó en momento más crítico. Su primer pensamiento en la mañana y el último a la noche. La promesa de un mundo nuevo y desconocido. Su sueño. Su meta. El amor es poner las necesidades del otro antes que las tuyas, dijo en su mente la voz aniñada de Olaf. Pusiste su vida en peligro por una estupidez, es lo mínimo que puedes hacer, regañó su propia voz de la conciencia, en ésta ocasión sonaba como su hermano Borc.
"¿Y si yo estoy ahí contigo te sentirás mejor? Humboldt ofrece excelentes especializaciones en sustentabilidad" Soltó sin más, con la adrenalina agolpándosele en las venas. Esperando el veredicto. Lo siento, Andy, suspiró para sus adentros.
El hermoso rostro de Elsa se iluminó por completo y una sonrisa amenazó con rajarle la cara.
"¿Harías eso por mí?" Preguntó con un ronroneo adorable, tanto que, de no ser porque la enfermera con aspecto de jugador de rugby podría entrar en cualquier momento, le saltaría encima a devorarle el cuerpo a besos.
"Desde luego" Respondió Hans.
Elsa no dio tiempo a nada, en un fracción de segundo le había sacado de las manos el café, desplazado la mesita, y abalanzado contra él. Su boca sabía a crema y chocolate. Llevaba horas anhelando ese contacto, desde el instante en que la había visto de pie junto a su cama, a escondidas del equipo médico. Las delicadas manos se enterraron en su melena de fuego, acariciando la piel sensible de su nuca. Agradecía internamente a los dioses estar tapado hasta la cintura, dado que al instante su soldadito había bramado por lucha y guerra.
"¡Oh, vaya!" Dijo una voz a sus espaldas "No sabía que el hospital tuviera permitido este tipo de actividades"
Para su total pesar, Elsa se separó rápidamente, expresando bochorno y mortificación en el rostro. Trató de asirla como pudo, pero había sido más rápida y ahora estaba de pie junto a la cama.
"Hans, hijo, cuando dije que debías recompensar a la señorita Murrën me refería a otra cosa" Puntualizó su padre, dejando salir una risita.
"¡Padre!" Chilló el menor de los Westergard, completamente avergonzado.
"Esto… Te veré más tarde" Dijo Elsa con un hilo de voz, saliendo aprisa de la habitación. Casi podía ver un rastro de humo detrás de su figura.
"Mmmh… Conozco esa mirada. Es un excelente partido y una muy bella elección" Opinó Thimon, alzando una ceja, completamente divertido por tamaña situación. "El doctor dijo que ya puedes irte a casa, así que andando y, por favor, lleva a la señorita a cenar a un lugar bonito" Agregó con una sonrisa, aventándole algunas prendas.
Hundido en la ensoñación de la idea de compartir más momentos con Elsa, comenzó a vestirse lentamente, meditando a donde la llevaría y que lugares visitarían. Picaba la ansiedad por comenzar a entablar algo juntos.
Si hace esa mueca una vez más, juro que lo mataré, declaró mentalmente la menor de las hermanas Murrën observando como el joven apuesto y rubio que tenía enfrente parecía un pez fuera del agua, boqueando sin emitir sonido alguno.
"¿No es un poco… apresurado?" Preguntó, al fin, arrugando las cejas.
"Comprendo" Masculló Anna, haciendo caso omiso a su pregunta. "Siento si te incomodé, Kristoff" Se disculpó, palmeando la superficie de madera lustrada que componía la mesa, usando el impulso para ponerse de pie. "Adiós" Saludó, mordiéndose la punta de la lengua para no llorar.
Caminó tan rápido como sus piernas se lo permitieron. He sido una estúpida y una atropellada, se regañó así misma. Los gruesos lagrimones caían involuntariamente por su rostro. Necesitaba aire fresco. Se aproximó a toda velocidad al gran portal de vidrio del hotel y un sonoro "tong" se escuchó cuando rebotó contra el mismo.
"¡Auch!" Exclamó adolorida, sobándose la nariz.
"¡Anna! ¿Estás bien?" Preguntó con notable preocupación Kristoff, quien había seguido sus pisadas todo el trecho.
¡Genial! Ahora debo encararlo pareciendo Rudolf, el reno, meditó furiosa, volteando a verlo. No podía resistirse a esa mirada ambarina, no cuando él la miraba así. Agachó la cabeza, como aceptando un regaño.
"Sí" Mustió la pelirroja.
Kristoff la tomó con suavidad por un hombro con una mano y con la otra la obligó alzar la barbilla, sin abandonar su tacto delicado.
"Simplemente no estaba preparado para esa pregunta, An. Soy un idiota y lo siento." Declaró, con tono quejumbroso. "Por supuesto que quiero, pero me has ganado de mano, quería preguntártelo más adelante, cuando nos conociéramos más" Explicó, bajando sus manos para tomar las pequeñas manos de la muchacha que tenía enfrente.
"Lo sé, fui un poco atolondrada. Es que… No me quiero separar de ti y temo que nuestras vidas sean completamente diferentes y…" Balbuceó, frunciendo las cejas rojizas y perfiladas.
"Anna. Tu universidad y la mía están separadas por 4 calles. Compartimos un montón de lugares. Nos veremos tanto que acabarás por odiarme" Interrumpió, divertido, depositando un beso en su frente. "¿Amigos?"
"En tus sueños" Objetó la joven, impulsándose para atrapar sus labios.
Sólo había besado a dos chicos en toda su vida pero estaba casi segura de que no besaría a ningún otro que no fuera el grandulón rubio que la tenía sujeta por la cintura, estrechándola más contra él.
"¡Consíganse un cuarto!" Oyeron decir y ambos se separaron avergonzados. A pocos metros, Hendrick Westergard los miraba con los brazos en jarra.
Anna dejo salir una risita y jaló del brazo de Kristoff.
"Quizás debamos aceptar esa sugerencia" Ronroneó la pelirroja, a sabiendas de lo muy abochornado que se mostraba su saliente ante tales proposiciones.
"No me provoques" Dijo, por lo bajo, el rubio, con una sonrisa de lado.
Tal vez eso de conocerse más no sea tan mala idea después de todo, pensó Anna con una sonrisa.
Tenía que reconocer que su hermana era muchísimo más hábil que ella en esos terrenos inhóspitos que se albergaban en ese maletín plateado que Anna celosamente cuidaba. Luego de mucho esfuerzo logró hacerse un delineado decente y ahora sólo quedaba poner la máscara de pestañas. Terminada la tortuosa rutina de maquillaje, se observó en el espejo de cuerpo entero. Llevaba puesto un atuendo, por cortesía de su hermana pequeña, compuesto por unos skinny jeans azules, una camisa blanca sedosa y delicada, de un material maravilloso, un chaleco de piel y lana y unos zapatos de taco muy alto. Realmente agradecía aquellas arduas jornadas de protocolo y ceremonial que su madre le había obligado a cumplir, gracias a ello podía andar sobre ese tipo de calzado sin matarse de un golpe. Hans le había enviado un mensaje dando aviso de que saldrían a cenar. Mañana cada uno regresaría a sus ciudades para luego reencontrarse una semana más tarde en Berlín. Sería una semana muy aburrida sin él a su lado. En poco tiempo había abierto ante sus ojos un abanico maravilloso de posibilidades y cosas para hacer.
Aburrida porque aún faltaba un rato para bajar el lobby, comenzó a fisgonear su perfil de Facebook en la tablet de Anna. Vacaciones en Grecia. Fiestas en Suiza. Cumpleaños en Roma. Shopping en Nueva York. Definitivamente Hans tenía una agenda muy activa. Iba por la quinta fotografía de un álbum rotulado Cumpleaños de Marteen en Bora- Bora cuando dio con algo que le produjo una punzada agria. Esbelta, piel de canela, el pelo larguísimo y dorado como el sol. Sophie. Ese capítulo que todavía no deseaba abordar. Ver la fotografía era una invitación formal a las odiosas comparaciones. Curvilínea donde ella es atlética, osada en el vestir cuando ella es recatada, cariñosa donde ella se contiene, extrovertida donde ella preferiría ser invisible. Iba a seguir rascando la herida cuando su celular, ese que había sobrevivido a tanta nieve, vibró. "¿Bajas, cariño? Te juro que me he bañado." Rezaba el mensaje, seguido de muchas caritas felices. No tenía sentido torturarse con el pasado de Hans, debía esforzarse por ser parte de su presente.
Retocó su labial y se encaminó a lo que prometía ser una noche muy divertida.
"Estoy seguro de que Astrid sólo se siente asfixiada por tanto preparativo" Afirmó Hans, con una tímida sonrisa. Su hermano Borc finalmente se abría a él, de adulto a adulto, y no podía evitar sentirse completamente reconfortado.
"Supongo que tienes razón" Aceptó su hermano mayor con un suspiro. Mañana por la tarde viajarían a las Islas del Sur y luego cada uno retomaría sus actividades. Con suerte se verían para los próximos cumpleaños. "Lo siento, te estoy amargando la noche y tu saldrás con Elsa. Hasta que me haces caso, cabeza dura" Agregó, pasando rápidamente su brazo por el cuello del menor para frotar su puño sobre su cabeza.
"Suéltame" Rogó Hans, con voz ahogada, pero divertido. "Estás arruinando mi guapura natural"
"Eso. Suéltalo Borc, no sea cosa de que Elsa descubra el bicho horrible que es" Opinó Kirk, bajando la revista que estaba leyendo. Los Westergard que quedaban en el hotel estaban todos esperando para salir a disfrutar la última noche que les quedaba en Suiza.
"¿A quién le dices bicho horrible?" Cuestionó ofendido Hans, pasándose la mano por los cabellos.
"A ti, ¿a quién más sino?" Respondió Kirk, aventando el ejemplar, encaminándose hasta donde estaba su hermano.
"Estás celoso porque Elsa saldrá conmigo" Puntualizo el menor, altivo.
"No tendría motivos si hubieras hecho las cosas limpiamente" Objetó el decimo primer hermano, con expresión osca. "Respóndeme una cosa, ¿era tu plan desviarte?" Inquirió, arrugando las cejas pobladas.
"No quiero hablar de eso ahora" Respondió Hans, alzando una ceja.
"No me interesa. Responde" Pinchó Kirk, acercándose peligrosamente a su hermano.
"Kirk, no es momento de…" Regañó Borc, ganándose una mirada fulminante por parte de uno de sus múltiples hermanos menores.
"A callar. Quiero que ésta sabandija me responda." Interrumpió Kirk, tensando la mandíbula.
"Si, era mi plan" Aceptó Hans, con un suspiro.
"Eres un infeliz. Pusiste la vida de ambos en peligro. ¿Y qué me dices del barranco? ¿Qué esperabas, que Elsa cayera por él?" Increpó, furioso, tomando a su hermano por las solapas.
"¡Cálmate! Sólo quería dejarla en el bosque" Explicó el menor, descubriendo cuan estúpido sonaba aquel plan en voz alta.
"En el bosque. Sola. ¿Acaso querías matarla?" Insistió Kirk, con los ojos crispante de ira. "¿Eso querías? ¿Matarla?"
"¡No!" Exclamó Hans, empujando a su hermano. "Sólo quería que perdiera la carrera"
"¿Y para eso ibas a dejar a una mujer indefensa en el medio de un bosque en la cima de una montaña? ¿Estás loco?" Cuestionó Kirk, alzando tanto la voz que varios huéspedes voltearon. "Eres un salvaje" Sentenció.
"Sé que no era el plan más brillante del mundo y no sabía lo del barranco" Respondió el menor, alzando también la voz.
"¡Demente! ¿Acaso no te importaba lo que pudiera sucederle?" Preguntó Kirk, haciendo aspavientos, incrédulo de lo que sus oídos oían.
"¡No! ¡No me importaba en lo más mínimo!" Rugió Hans y lo siguiente se escuchó fue el ruido que hizo al caer producto del puñetazo que le había propinado su hermano. "¡Oye, que carajo…!"
"¿Es eso verdad?" Preguntó una voz, casi como un quejido a sus espaldas.
"¡Elsa!" Gimió Hans, retirándose con el dorso de la mano la sangre que le manaba del labio. "Elsa, cariño, es que yo…"
"¡Responde!" Bramó furiosa, dando unos pasos hacia atrás, con una expresión angustiosa en el rostro.
"Sí, pero déjame explicar…" Aceptó el menor de los Westergard con un dejo de desesperación en la voz. Estiró su mano limpia para tratar de tomar una de las pálidas manos de la mujer, ella las replegó como si aquel tacto fuera a quemar.
"¡No me toques!" Gritó Elsa, sin sentir pena alguna del espectáculo que estaban montando. "Eres un monstruo… Al final, el único corazón congelado aquí es el tuyo" Sentenció antes de echar a correr.
"¡Elsa, espera…!" Pidió Hans, pero antes de que pudiera echarse a correr detrás de ella se vio detenido por la amplia y fuerte mano de Borc.
"Déjame a mí, Pooh" Indicó, dedicándole una mirada tan severa que sabía que era en vano contradecirlo.
Desvió la mirada del silueta de su hermano mayor que se perdía por un corredor hacía Kirk. Ambos se lanzaban puñales por los ojos. Suspiró, optando por lo más sano que sentía en ese momento. Su hermano hizo un estruendoso ruido cuando lo derribó de un puñetazo.
Odiaba ese sonido porcino que emitía cuando lloraba con verdadera angustia, pero ahora no podía contenerlo más. Las lágrimas fluían incontenibles y se había restregado tanto los ojos que debía parecer un mapache o un oso panda.
Es un desgraciado, sentenció en su mente, mientras se aferraba al barandal nevado de la despejada azotea del hotel. Soy una idiota, ¿cómo puede creerle? ¡Es Hans! Malcriado, manipulador, malvado, enumeró en su mente, tensando la mandíbula.
"¡Elsa! Por fin te encuentro" Escuchó a sus espaldas, sabía perfectamente de quien se trataba.
"Ahora no, Borc" Siseó, mirándolo por sobre el hombro.
"Escúchame, mi hermano es un imbécil, quizás el más grande que haya pisado este planeta. Sé que no vas a disculparlo, pero por lo menos déjame contarte algunas cosas sobre y luego lo juzgas, ¿sí?" Negoció el tercer Westergard, acercándose sigiloso.
"No me interesa" Bramó Elsa, volteándose violentamente. "Vete, Borc. Te prometo que no haré ninguna locura" Pidió, abrazándose a sí misma.
"Por favor, El" Rogó, casi lastimero, el pelirrojo. "Te invito a cenar y hablamos con personas civilizadas"
"No" Dijo obstinadamente, alzando la barbilla.
"¡Oh! De acuerdo… Supongo que tendré que comerme unos hot dogs con mucho chucrut yo sólo" Canturreó, sonriendo de lado, avanzado uno poco más hacia ella. "Cerveza negra y pan agrio, sólo para mí" Continúo, pasando uno de sus brazos por sus delicados hombros. "Waffles con miel y rote früchte"
"Basta" Farfulló la rubia, sin abandonar su postura.
"Y chocolate caliente" Finalizó el pelirrojo, casi con un ronroneo.
"Mmmhh… Tú pagas" Aceptó Elsa, enjugándose los rastros de lágrimas.
"Por supuesto" Coincidió Borc, tendiéndole un pañuelo.
El médico la escoltó hasta su habitación de manera tal que pudiera ponerse un calzado más cómodo y un abrigo. Al salir del hotel, sólo volteó una vez, al sentir una mirada puesta en ella, desde el ventanal del lobby, Hans la observaba sujetando una compresa contra su rostro. Si no lo conociera, se vería enternecida por su expresión de perrito apaleado. Mentiroso, sentenció duramente.
"¡Uy, uy! ¿Qué tenemos aquí?" Murmuró por lo bajo, saboreando la victoria.
Se acomodó mejor entre los arbustos y preparó su equipo para obtener las fotografías que le asegurarían un jugoso billete. La sobreviviente y archi conocida Elsa Murrën y un Westergard. El aburrido. Pero en una cita romántica e intima.
"Je, je, je… Vacaciones en Aruba allí voy" Rió por lo bajo, apretando el disparador de su potente cámara.
"¿Estás más calmada?" Preguntó Borc sonriendo, mientras mojaba un trozo de waffle en miel.
"Algo. La comida ayudó mucho" Respondió Elsa, llevándose una cucharada de rote früchte a la boca.
"Bien. Escucha. Hans es un cabeza fresca, no suele meditar mucho antes de actuar. Está desesperado por ganar porque cada vez que lo hace recibe un premio en dinero" Explicó el joven antes de mordisquear el esponjoso manjar.
"Borc, tu familia nada en dinero. Invéntate otra excusa" Farfulló la rubia, rodando los ojos. "Está claro que me odia y todo fue un estúpido plan para hacerme daño. Tu hermano necesita ayuda psiquiátrica urgentemente"
"No, no. Ya sé que tenemos dinero. Pero Hans está emperrado en demostrarle a nuestro padre que puede montar una empresa exitosa y que cuidar del medio ambiente no lo hace un hippie" Confesó el médico, dándole un sorbo al café. "Tienen esa pelea desde hace años y a mi adorable hermanito sólo le faltaban 15 mil euros para completar su inversión. Le ofrecí esa suma de dinero y no la aceptó, dijo que deseaba conseguir el dinero por sus propios medios. Hans es muy cabeza dura." Agregó con un suspiro.
"Unas intenciones muy nobles, pero en el proceso casi me mata." Sentenció la reina de las nieves, relamiéndose los labios de dulce.
"No puedo excusarlo por eso, supongo que sólo quería retrasarte un poco. No lo sé. Lo que sí sé es que mi hermano está enamorado de ti, creo que ni él sabe cuánto" Dijo Borc, encogiéndose de hombros. "Nuestro padre nos ha criado a lo rudo, una casa de machos. Nuestra madre murió cuando Hans era apenas un bebé, yo tenía 8 años cuando eso sucedió. Nos criamos sin saber bien como interactuar con una mujer, pero sí recuerdo como mi padre miraba a mi madre y lo mucho que la quería" Explicó, bajando la mirada, como si el recuerdo le produjera mucho dolor.
Elsa estiró la mano por sobre la mesa, tomando la ancha mano de Borc.
"Lo siento." Se disculpó el joven "Lo que quiero decir es que Hans te quiere y mucho, él no lo sabe, pero estoy seguro de que buscará la forma de disculparse contigo. Dale una oportunidad por favor." Rogó. "Es mi hermano y tú eres una gran amiga, y quiero verlos ambos felices."
"Borc… No lo sé… Necesito tiempo" Mustió la joven, bajando la mirada. "Es decir, casi me deja a la deriva en un bosque sola… No es un simple plato roto"
"Pero tú lo seguiste" Objetó Borc, férreo en la idea de defender a su hermano.
"Había un barranco, podía matarse si seguía por ese camino" Explicó Elsa, entornando los ojos. "¿Qué iba hacer? ¿Dejar que se mate? Es un idiota insufrible, pero merece vivir" Cuestionó.
"El barranco… No puedo creer que el muy estúpido olvidara eso… Se lo dije un millón de veces" Masculló el pelirrojo, incomodo.
"Como verás, me tomará un buen tiempo superar esto y poder verlo a la cara sin propinarle un bofetón" Puntualizó la rubia, haciendo una mueca. "Por mucho que yo… uhmm… Lo aprecie" Borc rodó los ojos. "Ok, ok, por mucho que me guste… Tomará tiempo"
"Entiendo" Aceptó el pelirrojo, tomando sus manos. "Sólo no te tomes cuatro años" Pidió, con una sonrisa de lado.
La rubia meneó la cabeza, con una sonrisa tímida en los labios.
"Hans se disculpará, estoy seguro. Si no lo hace juro que le haré dar la vuelta al mundo de una pata en el culo" Confió el tercer Westergard.
Dejó salir una risita imaginando la situación.
"Supongo que no tienes mucha experiencia con el calor" Puntualizó Kristoff, alzando una ceja, mirando al adorable botones del hotel que entre trago y trago de cerveza estaba explicando cómo pasaría sus vacaciones de verano.
"Nope" Respondió Olaf, con su acostumbrada sonrisa. "Pero realmente quiero ir en el verano. Las playas, el sol, la arena. Apuesto que se siente suave y mullida" Explicó soñadoramente.
"Pero el Caribe… en verano" Insistió el grandulón rubio. "Siempre has estado metido aquí, en Suiza, en las montañas" Argumentó.
"Kristoff" Siseó Anna, mirándolo de mala manera.
"¿Qué? Sólo quiero evitar que se rostice al sol" Exclamó el rubio, ligeramente ofendido.
"Usaré protector solar. Factor 30" Confesó Olaf, alzando las cejas. "¡Serán una estupendas vacaciones!" Dijo jovial.
Kristoff iba a retrucar, pero recibió un doloroso codazo por parte de Anna.
"No te atrevas" Murmuró por lo bajo la pelirroja y no le quedo más que guardarse sus comentarios.
¡Aquí están!, reconoció Hans, casi apoyando su perfecta nariz contra el vidrio de la pintoresca taberna. Elsa reía ante algo que Borc estaba contándole. Si no fuera porque sabía lo mucho que amaba a Astrid, estaría ingresando al local rugiendo cual león preso de la ira. Le pediré disculpas, rogaré y…, meditó hasta que un ruido le llamó la atención. Desvió la mirada hasta unos arbustos y contempló un bulto bastante grande. Se acercó buscando de hacer el menor ruido.
"¡Ahh!" Gritó un hombre, incorporándose rápido como un gato.
Nariz ganchuda, grueso bigote, pelo canoso y una potente cámara Nikon colgando de su cuello. Un paparazzi. Sin que pudiera prevenirlo le tomó una rápida fotografía, cegándolo ligeramente con el flash.
"¡Oye! No hagas eso" Exigió el pelirrojo tratando de asir al hombre por un brazo.
"¿Hacer qué?" Preguntó el hombre, con una sonrisa maliciosa, disparando otra vez. "Serán unas primicias de lo más escandalosas. Los hermanos Westergard disputándose a tan bella dama" Anunció, risueño.
"¿Qué? ¡Ni hablar! Entrégame la cámara" Demando Hans, furioso.
El hombre emprendió la huida, pero no iba a dejarlo escapar tan fácilmente. Lo corrió algunas calles hasta que ambos dieron con un callejón sin salida. El paparazzi le arrojó la cámara, pero sabía que había quitado la memoria.
"Las fotos" Jadeó el menor de los hermanos, avanzando hasta él. "Dame el maldito chip" Pidió, acorralándolo.
"En tu sueños, niño bonito" Respondió altaneramente. "Dinero por el chip" Demandó, enseñándole el dispositivo antes de volver a esconderlo.
Perdiendo los estribos, lo tomó por las solapas del abrigo. El sujeto lo miró desafiante. Lo último que necesitaba era un disturbio callejero para completar la sumatoria de sus problemas.
"¿Cuánto quieres?" Preguntó Hans, sin soltarlo.
"Todo lo que tengas en tu cuenta bancaria" Respondió el hombre, sonriendo de lado.
Maldito, gruñó Hans. Lo que estaba en su cuenta era el capital que necesitaba para su empresa. No podía darle aquel dinero. Nunca después de todo el esfuerzo por conseguirlo. Pero si lo dejaba ir, las fotos estarían mañana mismo en manos de la prensa rosa y en las redes sociales. Eso significaría problemas para Borc con Astrid y que Elsa se distanciara aún más. ¡Mierda!, se quejó, tensándose. Eran su hermano y la mujer por la que estaba perdido, contra el sueño de lograr su empresa.
"De acuerdo. Andando, pero sin trucos" Aceptó, jalando al hombre por un codo.
Llegaron hasta la terminal de banco más cercana y Hans le exigió que le enseñara el chip. Colocándolo en su celular pudo comprobar que era el correcto. Con total pesar realizó la transferencia bancaria. El ticket final indicaba un saldo de cero euros en su cuenta.
"Duke Weselton, un placer hacer negocios contigo, chico" Saludó el hombre con sorna retirándose con una aparatosa reverencia.
Solo y meditabundo, se dejo resbalar hasta sentir el frío del suelo. Enterró la frente en las rodillas y se llevó las manos a la cabeza. En unas pocas horas todo se había ido al caño. El karma es una perra, meditó rabioso, chequeando que en su billetera sólo le quedaba un billete áspero y verde de 100 euros.
Si bien la vitalidad era una de las cosas que más adoraba que su hermana manifestara, en aquel momento no ayudaba en lo más mínimo. Luego del relato la noche anterior, Anna estaba haciendo del armado de equipaje una lucha cuerpo a cuerpo. Aventaba cosas en su gran maleta rosa con violencia mientras le dedicaba lo más ocurrentes improperios al menor de los Westergard. De ser el "maravilloso y guapo Príncipe Hans" había pasado a ser "imbécil y maldito Westergard número trece".
"¡Trastornado!" Bramó Anna, con el ceño fruncido, sentándose arriba de su equipaje para cerrarlo.
"Ya está bien, An. Te dará algo si continuas así" Mustió Elsa, mientras dobla sus últimas prendas.
"Más le vale disculparse. Tiene exactamente dos horas" Advirtió la menor, consultando su reloj de pulsera.
Elsa hizo oídos sordos ante lo último dicho. Su vuelo a Arendelle salía dentro de tres horas y Hans no había asomado el hocico ni una sola vez. Estaba más que claro que su enorme ego no le permitía hacer algo como pedir disculpas, a menos que estuviera agonizando en una cueva. No lo dejaré salir, no voy a sentir, se obligó a sí misma, cuando las lágrimas amenazaban a salir una vez más. Había llorado bastante. Con Niklas había llorado hasta sentir los ojos secos, pero no repetiría la historia con Hans. Seguiría adelante. ¿Acaso eso no fue lo que me enseñaste, Hans?, cuestionó con cierto desdén. Sé fuerte, Elsa, alentó. Pero pese a su esfuerzo, seguía atenta a la puerta del dormitorio.
En silencio terminaron de ordenar sus cosas, chequeando de no dejar nada. Unos golpes se escucharon sobre la superficie de madera lustrada que componía la puerta y su corazón se agitó emocionado, cayendo rápidamente en la decepción al comprobar que se trataba de Kristoff.
"¿Están listas, chicas?" Preguntó amablemente el rubio con una sonrisa bondadosa.
Le pico la envidia de que su hermana fuera tan afortunada, pero no podía guardarle rencor alguno. Anna era lo más valioso y lo mejor que tenía.
Se encaminaron al lobby del hotel, donde Bulda y Cliff, los mejores amigos de Kristoff aguardaban para marchar todos juntos al aeropuerto. Ellos marcharían a Alemania, mientras ellas irían a Noruega. Olaf lucía una expresión triste pero no escatimó en sonrisas ante la promesa de volver a verse en el verano. Por insistencia del moreno todos disfrutarían de unas vacaciones en la Costa Azul.
"Hasta pronto" Se saludaron, fundiéndose en un afectuoso abrazo.
"Hasta pronto, blonda. Juro que voy a mensajearte todos los días" Prometió el botones, entre risas.
"Pesado" Amonestó Elsa con una sonrisa.
Una vez cargadas sus cosas en el taxi, volteó hacia el hotel. De Hans ni la sombra.
"Esto irá directo a Facebook" Oyó decir a Hendrick, su voz le parecía distorsionada y distante.
Abrió lentamente los ojos y encontró a sus hermanos divertidísimos con sus celulares.
"¡Hanicienta, despierta! Debes hacerle el desayuno a la madrastra" Canturreó Frey, aventándole una almohada. "Levanta de una vez que tienes que ordenar tu equipaje, foca"
La cabeza se le partía en dos y sentía la garganta seca. De la noche tenía flashes. Había gastado sus últimos billetes en una potente botella de vodka que todavía reposaba en su mano derecha. Alzó la mirada desde su posición, boca abajo, despatarrado sobre la cama, chocando con una expresión severa por parte de Borc.
"¿Qué supone que haces?" Cuestionó su hermano y, por su tono de voz, dedujo que estaba furioso. "Pensé que deseabas recomponer las cosas con Elsa y aquí estas, durmiendo… y estuviste bebiendo como un cosaco" Gruñó.
La sola mención de la rubia hizo que se incorporara rápidamente. Tenía que hablar con ella, disculparse. Dejó la botella a un lado. La cabeza el daba vueltas.
"Elsa" Murmuró con voz pastosa. "¿Dónde está?"
"Pues…" Siseó Hendrick, mirando su reloj "Supongo que en el aeropuerto. En una hora y media sale su vuelo"
Aquella frase hizo que se le fuera la resaca. Abrió los ojos desmesuradamente y comenzó a dar vueltas.
"¡Oh, no! Tengo que hablar con ella y…" Balbuceó, rebuscando entre sus ropas.
"Tomate un taxi. Si tienes suerte quizás llegues antes de que pase por migraciones" Dijo Borc, apiadándose de su desorientación, ofreciéndole algo de dinero. "Nosotros llevaremos tus cosas al aeropuerto luego."
Asintiendo con la cabeza, salió disparado lo más rápido que sus largas piernas se lo permitieron. Se abalanzó hacia el primer taxi que vio y con un chillido casi histérico le pidió que llegara al aeropuerto lo más rápido que pudiera. Treinta angustiosos minutos pasaron antes de que las potentes luces del aeropuerto aparecieran ante sus ojos. Las carteleras anunciaban que el vuelo 1549 con destino a Arendelle, Noruega, saldría a las 16:47 y para ello faltaba escasamente una hora. Visualizó los mostradores de la compañía aérea que auspiciaba aquel vuelo pero no vio ningún rastro de Elsa ni de Anna. Corrió al área de migraciones.
"Documentación y tarjeta de embarque, por favor" Pidió el agente que le impedía el paso.
"No poseo, sólo debo hablar con una persona que está allí" Explicó nervioso mientras que, casi iluminada por una luz divina, observaba a la menor de las hermanas depositando sus cosas para pasarlas por el escáner.
"Imposible, señor." Dijo el agente con firmeza y cara de pocos amigos.
"Por favor, será sólo un momento" Rogó Hans.
"Le he dicho que no y por favor retírese, señor" Ordenó el hombre, cada vez más disgustado.
Frustrado se alejó del hombre, pero se acercó cuando pudo a la cinta que dividía el área de check in de la zona de migraciones.
"¡Anna!" Gritó, rogando que la pelirroja lo escuchase. "¡Anna!" Insistió.
La mujer se volteó y, por un segundo, albergo una esperanza. Pero la dulce y cariñosa Anna Murrën puso una expresión de asco al verlo y le dedicó un gesto obsceno con su delicada mano, volteándose rápidamente. Más adelante la esperaba Elsa, Kristroff y dos sujetos que no sabía quiénes eran. Elsa no se había percatado de su presencia.
"Demonios" Masculló el pelirrojo, sacando se su abrigo su celular. "¿Borc? Necesito que vengas al aeropuerto, por favor… Sí, soy un idiota… Lo sé… ¿Una patada en el culo? No esperaba menos de ti" Discutió. Finalizada la llamada, marcó el teléfono de Elsa. Uno, dos, tres, cinco tonos y sólo escuchó la voz mecánica del contestador. "Elsa, soy yo. Por favor, atiende el teléfono. Lo siento, de verdad. Todo. ¿Hablemos, sí? ¡Por favor! Yo te…" El potente pitido interrumpió el mensaje. Volvió a intentarlo algunas veces más, obteniendo siempre el mismo resultado.
Sus hermanos llegaron muñidos de todo el equipaje cuando el vuelo a Arendelle anunciaba embarcando. Hizo los chequeos lo más rápido que pudo y corrió hacia la puerta número 10. Cuando llegó, el personal de la aerolínea estaba terminado de acomodar el mostrador, a la espera del siguiente vuelo.
"¿El vuelo a Arendelle?" Preguntó Hans, entre bocanadas de aire.
"Lo siento, señor. Es el avión que está despegando" Respondió la mujer con voz cansina.
Pegó el rostro al amplio ventanal, ante sus verdes ojos observó a la potente aeronave carretear y despegar, llevándose a Elsa muy lejos de él. Con furia, le dio un puñetazo al vidrio.
"¡Señor!" Rugió la mujer.
"Lo siento" Murmuró Hans, alejándose de allí.
Apoyó el mentón sobre la palma de su mano, mientras miraba el paisaje de nubes de aspecto acolchonado y suave. De pequeña siempre había anhelado sentarse sobre una de ellas y dejarse hundir allí. Pero luego supo que eso era físicamente imposible. Miró a Anna de reojo, aún tenía la nariz roja por tanto llorar. No había imaginado que alejarse de Kristoff la pondría tan triste. A decir verdad, ella también lo estaba. En su celular tenía cinco llamadas perdidas y casi 10 mensajes de Whatsapp. Pero no quería el sonido sintético de su voz a través de una bocina o un emoticono. Hubiera querido verle la cara una vez más. La gente toma muy malas decisiones cuando está angustiada o estresada, quizás deberías hablar con él y escuchar sus razones, recordó la voz de Bulda, la mejor amiga de Kristoff, diciéndole eso antes de embarcar. Una lágrima rebelde se abrió paso por la tersa piel de su rostro.
¡Hola! ¡Lo siento! Prometí una actualización la semana pasada, pero fue IMPOSIBLE. Trabajo, viaje, cuidar a mi sobrina. Varias cosas que me tuvieron alejada de la computadora, pero ya volví y, para compensar a mis fieles lectores, traje un capítulo lo más largo que pude exigirle a mi cerebro.
¡DRAMA, Señores! ¡Mucho! ¡En cantidades industriales! Pero volverá a brillar el sol para ésta dupla... algún día (Evil baby face)
It's review timeeeeeeeeeeeeee! :3 :3
Paradise cat: Hans es un chico muy especial, creo que con este capítulo alimentó más tus ganas de ahorcarlo. Violencia entre hermanos, ¿hay algo más maravilloso? Recuerdo una ocasión, cuando tenía once años, llevaba el pelo larguísimo y tenía mucho calor, una de mis hermanas mayores decidió cortármelo. Pase de tener el pelo largo como Pocahontas a ser Sakura Card Captor. Mi mamá casi la mata. :)
JDayC: Voy hacer un Rate M del Helsa, pero la trama es sorpresa (XD). Creo que la primera pregunta quedó respondida con este capítulo, la segunda todavía es un misterio. :)
Miisaki-chan: Perdón por demorar tanto, espero que este capítulo compensé que no pudiste tener tu miércoles hecho. :)
Sinnombreespecifico: Tomé nota de los votos, los tendré en cuenta. Los tres. :)
F: Mucha gracias! :)
Elsasarahi: Ugh… espero que no hayas sufrido mucho con el final de este capítulo. :)
Lalocanaye: Lado B, el perro de Hans está muerto, quizás eso te satisfaga un poco. Frey es el maestro de los momentos incómodos. Astrid y Borc un solo corazón. :)
The princess of the ice-magic: Me alegro que te guste tanto mi historia! :)
Paulasiii: Lo tendré en cuenta. :)
Frozen Fan: Perdón por la demora, juro que quise actualizar antes pero fue imposible. Sí, quise introducir la variante de "hermanos buen onda", en lugar de los malos de siempre. Honestamente, el Hans de la pelí me da que es medio el malcriado. Ahora su cita quedó más que pendiente y quizás escriba otro, tengo algunas ideas dándome vueltas, pero debo organizarlas bien. :)
Awkward Jess: Gracias por mantener viva la llama, la actualización de hoy compensa la triple releída del fic. Tercera parte, definitivamente, veremos cómo resuelven sus problemas estos dos. :)
Patzylin-Donno: Aún falta para la cita, pero trataré de hacerla memorable. :)
Azura grandchester potter: Me alegro que te haya gustado y dale duro a Niklas cuando le encuentres. :)
Ari: Me fui cuatro días, pero actualizo siempre que puedo. :)
Ana ivet: Hay que portarse bien, sino nos quedamos sin internet. Tom Cruise no me gusta, pero reconozco que trabaja bien. :)
Saludos,
Ekishka
