"¿Cuánto tiempo se tarda en olvidar un beso?" Los dedos de Sam se deslizaron por sus labios, recordando el último beso que le había dado Dean antes de quedarse dormido, su aliento cálido alrededor de su boca, su lengua en su interior y sus dientes mordiendo sus labios.
"¿Cuándo se borra de la mente una canción de amor o una mirada apasionada?" El bar en el que habían estado durante esa misma noche, se había quedado vacío antes de las doce y todo el local había sido únicamente para ellos dos. La camarera en el otro extremo de la barra, estaba entretenida con el que debía de ser su novio y no se preocupó por ellos.
Al salir la última persona del bar, Dean se acercó a él y lo abrazó por la cintura, fijando sus ojos verdes en la mirada de Sam, mientras la música seguía sonando y retumbaba por los altavoces.
Sam se acercó a su oído, susurrándole, "Me encanta esta canción y daría lo que fuera por bailar contigo." Antes casi de que pudiera terminar de hablar, Dean comenzó a retroceder, llevando consigo a Sam.
"Pues yo sólo quiero saber que no me odiarás cuando me haya ido."
"Dean, por favor." Su hermano le cerró los labios con sus dedos, mientras lo miraba con intensidad.
"Necesito saberlo, quiero oírte decir que seguirás adelante si no conseguimos una forma de parar esto. No puedo pensar en dejarte sólo y que puedas cometer una locura." Sam atrapó la mano de Dean y la separó de su rostro lentamente, mientras sus cuerpos comenzaron a moverse al ritmo de la música de una forma casi inconsciente.
"No puedo prometerte que no lloraría, que no sufriría cada vez que pensara en ti o que nunca sería capaz de olvidar estos meses juntos. Pero si que te aseguro que haría todo lo que estuviera en mi mano por acabar con ese maldito demonio si es que de verdad se atreve a cumplir su pacto." Dean lo miró sin decir nada, luego lo abrazó y hundió su rostro entre el pelo de Sam, oliendo su aroma embriagador.
La música siguió sonando y cuando terminó la canción, comenzó otra y después otra, pero Dean no se separó de él, no dijo absolutamente para que dejaran de bailar como hubiera hecho en otro momento. Simplemente cerró los ojos y se dejó llevar por Sam.
"¿Alguna vez se marchara este sentimiento que siento por ti? Te dije que lucharía por vengar tu muerte, pero no se si realmente seré capaz de soportar la soledad."
La televisión todavía estaba encendida cuando Sam cerró su portátil. Aunque no se lo había dicho a Dean, desde que habían acabado con el demonio de ojos amarillos, se pasaba la mayor parte de las noches buscando información en Internet que le pudiera dar alguna pista sobre como librarse del pacto de su hermano.
Se quedó sentado en el confortable sillón durante un momento, mirando a Dean, que ya se había quedado dormido un rato antes, respirando confortablemente, como si nada pudiera llegar a disturbar su sueño.
Sam no soportaba la idea de que en menos de un año, aquella imagen pudiera cambiar de repente, que un día se encontrara completamente sólo en una habitación igual que esa, que de la noche a la mañana, Dean despareciera de su lado para siempre y no pudieran volver a estar juntos.
"Me pediste que no te odiara por lo que hiciste. Por supuesto que te odio, ¿cómo no iba a hacerlo? te marcharás, me dejarás sólo y quieres que siga adelante sin ti ¿Acaso crees que seré capaz de hacerlo?, ¿Acaso crees que es posible que olvide tu sentido del humor cuando me haces rabiar, tus caricias por mi espalda, tus labios recorriendo mi cuello, tu aliento tranquilo cuando te quedas dormido sobre mi pecho. ¿Acaso crees que algo de eso se quedará apartado en el fondo de mi mente alguna vez?"
La simple idea de que su hermano llegara a tener que agonizar por toda la eternidad en el infierno, sólo por haberle salvado a él la vida, le hacía sentir todavía peor, culpable por la situación a la que estaban a punto de llegar si no hacían algo para detenerla.
"Maldita sea Dean, ¿por qué tuviste que hacerlo? Yo estaba muerto y se que hubiera sido difícil, pero al final, hubieras seguido adelante." Sin embargo, Sam no estaba tan seguro de eso, porque al pensar en que tarde o temprano, él estaría en la misma situación en la que hubiera estado su hermano si le hubiera dejado marchar; sólo, siendo el último de los Winchester, sin poder levantarse junto a Dean todas las mañanas, sin ver sus ojos verdes brillantes bajo las luces del Impala, sin poder besarle y abrazarle cada noche… sus ojos se rasgaban por las lágrimas y la mayor de las angustias se apoderaba de su cuerpo sin remedio, oprimiendo su pecho e impidiéndole incluso respirar.
Se levantó despacio, sin hacer ruido y se dirigió a la cama en la que dormía Dean. Se sentó en ella, mientras seguía contemplando el rostro, que tan perfecto le parecía siempre. Acarició su pelo, procurando no despertarle y entonces volvió a recordar las horas pasadas.
"Creo que tengo que cortarme el pelo." Sam se miró en el espejo del baño mientras Dean lo esperaba en la puerta para marcharse.
Dean se volvió hacia él y lo miró con una enorme sonrisa en los labios, mientras se acercaba hasta donde estaba Sam. "¿Me lo estás diciendo en serio? Llevo dos años contigo, diciéndote que deberías cortarte esas greñas y ahora que estás a punto de perderme de vista, te decides a hacerlo." Sam todavía se sorprendía del humor tan macabro de su hermano.
Notó sus manos alrededor de su cintura. "Pero sabes lo que te digo. Creo que me gustas más así." Le revolvió el pelo con una mano. "Te prefiero cuando pareces un crío y no el respetable abogado en el que te hubieras convertido." Le besó en la esquina de la boca, se dio la vuelta como si nada y salió del baño.
Dean se movió en la cama y murmuró algo que Sam no fue capaz de entender. En el hueco que le había dejado, Sam apoyó su espalda en el cabecero de la cama y vio como su hermano se movía y terminaba por apoyar la cabeza sobre sus piernas, quedando casi hecho un ovillo en la cama, pero sin darse cuenta de lo que hacía.
Sam recorrió su mejilla con la yema de sus dedos, haciendo que su hermano suspirara tranquilamente al sentir el contacto con su mano. Sam sonrió. "De pequeños siempre era al revés. Tu sentado en la cama, esperando a que yo me durmiera, mientras yo me apoyaba en tus piernas y me acurrucaba en las noches más frías, diciéndote que quería esperar a papá despierto, como tu. Nunca lo conseguía. ¿Te quedabas así toda la noche? Supongo que cuando me quedara dormido, te irías a tu cama. ¿o no?.
"Nunca me lo has dicho, nunca me has contado lo que pensabas cuando me veías dormir, cuando dejabas pasar las horas, despierto, sólo porque yo quisiera esperar ver a papá volver de una cacería, porque yo estuviera enfermo o porque tuviera miedo al monstruo del armario.
"En realidad, nunca hemos hablado de eso, de lo que pasaba por tu mente cuando no podías salir un fin de semana por estar conmigo, cuando te quedaste a mi lado durante todas las noches que tuve aquella gripe tan larga y que terminaste por coger tu, cuando le pedías a papá que te dejara ir con él a la siguiente cacería y él te contestaba que tenías que cuidar de mi.
"Nunca protestaste, nunca me llegaste a echar la culpa de aquello que no podías hacer. Otros hermanos mayores lo hubieran hecho. ¿Por qué tu no lo hiciste ni una sola vez?, ¿tan convencido estabas de que tenías que cuidar de mi bajo cualquier circunstancia?, ¿tanto como para entregar tu vida y tu alma por mi ahora? Dímelo Dean, dime el porque."
Hasta ese momento, nunca se lo había llegado a plantear, pero al pensar en ello, no recordaba ni una sola vez, en la que Dean le replicara a su padre por tener que quedarse a cuidar de su hermano, nunca le había oído decir aquello de ya es lo suficientemente mayor para quedarse sólo o soy demasiado mayor como para estar con él. Siempre había sido al contrario.
Sam miró por la ventaba, tratando de evitar que las lágrimas volvieran a aparecer una vez más, al pensar en todo lo que Dean había llegado a sacrificar por él y lo poco que se había llegado a dar cuenta de ello, hasta aquel preciso momento.
Entonces vio el Impala allí aparcado, junto a una de las farolas que alumbraban la calle y que parecía que también estuviera durmiendo. "¿Qué voy a hacer contigo si no puedo evitar que Dean se vaya?, ¿cómo voy a atreverme a conducirte sabiendo que al fin y al cabo eres SU coche? Todo en ti, está impregnado de Dean y más desde que arreglo por completo en casa de Bobby. Eres como su hijo, su posesión más preciada y no creo que pudiera atreverme a marcharme contigo y seguir con este trabajo."
Sus pensamientos regresaron a los momentos previos antes de entrar por fin en la habitación aquella misma noche. Habían salido del bar sobre las tres de la mañana y habían decidido retirarse por fin a dormir. Sam conducía el coche, porque Dean había tomado alguna cerveza más de las aconsejables para poder conducir.
Aparcó en el mismo lugar en el que ahora lo veía a través de la ventana y sin hacer mención de bajar, se giró hacia su hermano. "Antes me has pedido que no te odiara por lo que hiciste para salvarme."
Dean agachó la mirada, pero Sam, con su mano, le obligó a levantar la cara y mirarle a los ojos. "Pues yo ahora te pido a ti, que no te odies a ti mismo, por dejarme, porque te recuerdo que me salvaste la vida y ahora me toca a mi salvarte la tuya." Sam estaba mintiendo, pero parecía que Dean no se estaba dando cuenta mientras escuchaba en silencio.
No se sentía bien porque le hubiera salvado la vida, porque en realidad hubiera preferido morir si de esa forma, Dean podía salvarse. "Y si tu te odias por el pacto que hiciste es como si me odiaras a mi por estar vivo."
Dean reaccionó como un resorte, tal y como Sam esperaba. "¡Sam, ¿cómo puedes decir semejante barbaridad?! No te odio por estar vivo, nunca podría y tampoco me odio por haber hecho ese pacto, en realidad, lo volvería hacer de nuevo. Pero no odiarme por dejarte sólo… ¿Cómo podría no hacerlo?" Dean apartó la vista hacia la ventanilla, porque no quería que su hermano lo viera a punto de llorar, pero sintió la mano de Sam en su rostro, que intentaba hacer que se volviera para mirarle.
"Dean, no me vas a dejar sólo, te he dicho como un millón de veces, que encontraremos la forma de arreglarlo todo esto. Confía en mi, ¿De acuerdo?" Una nueva mentira de la que Dean no se había percatado.
Por mucho que intentaba disimularlo, Sam no las tenía todas consigo de poder encontrar una manera de evitar que el trato se cumpliera; quería creer que había una forma, que no podía ser el pacto perfecto para el demonio de ojos rojos, pero también había una parte dentro de él que trataba de prepararlo para lo peor, aunque él prefería no escucharla.
Sam vio la tristeza en los ojos de Dean y sentía que tenía que hacer algo para hacerlos sentir mejor a los dos. Desvió su mirada hasta el asiento trasero del Impala y volvió a mirar a su hermano mientras le sonreía.
Sorteando, no sin problemas el cambio de marchas, se deslizó entre los asientos delanteros, hasta llegar a la parte trasera del coche. Dean no se había movido, por lo que se acercó a él y deslizando su mano por la mejilla de su hermano, le hizo volverse y consiguió besarle. "Ven"
Dean se lo quedó mirando, mientras veía como Sam se desprendía de su cazadora. "Sam, ¿no crees que estaríamos más cómodos en la hermosa habitación que tenemos nada más salir del coche?"
"Dean, este coche está lleno de ti, tus armas, tu comida, tu ropa, este coche eres tu y quiero formar parte de él contigo, aquí y ahora" Estiró ligeramente del brazo de su hermano que se movió hacia él sin oponer apenas resistencia.
Cuando Dean se sentó a su lado por fin, Sam se levantó y se sentó sobre sus piernas y comenzó a desabrocharle la camisa mientras le besaba el cuello. Dean cogió su rostro con su mano. "Sam, no tienes porque hacer esto, ¿de acuerdo?"
"¿Se puede saber de qué estás hablando?" Sam se detuvo en seco.
"Se que esto lo estás haciendo para animarme, para que me olvide de todo por lo que estamos pasando, pero no es necesario Sammy, con sexo o sin sexo, se que me quieres y que lo harías todo por mi."
"Dean, déjame que recapacite. Te estoy ofreciendo que nos acostemos en el coche, algo que por cierto, todavía no hemos llegado a hacer y tu me pides que no lo haga por lástima." Tratando de no hacerle demasiado daño, le propinó un puñetazo en el hombro. "¿Por quien me tomas?, ¿Acaso crees que puedo llegar a pensar que un poco de sexo desenfrenado en el asiento trasero de tu coche te puede llegar a animar? Por favor, se que tu no eres así."
Pareciendo ofendido, Sam se apartó de su hermano, se sentó a su lado, se cruzó de brazos y volvió la mirada hacia la calle. Sabía muy bien porque Dean le había dicho aquello e incluso podía llegar a entenderle sin problemas, pero no iba a permitir, bajo ninguna circunstancia, que su hermano se hundiera todavía más, si él podía evitarlo.
Sin mirar, sintió la mano de su hermano sobre su estómago, desabrochando uno de los botones de su camisa e introduciendo la mano hasta llegar a su piel y comenzar a deslizarse por ella.
"Dean, ¿qué haces?"
"Supongo que me conoces mejor de lo que pensaba" Dean desabrochó otro de los botones de su camisa.
"¿Y?" El contacto de su piel con las manos de Dean comenzaba a hacerle cosquillas y apenas podía contener la risa y permanecer serio.
"Que creo que he pensado mejor en eso que has dicho de… ¿cómo era?"
Dean se acercó a él y estiró de su cuerpo hasta que quedó medio tumbado en el asiento. "¿No te referirás a lo del "sexo desenfrenado en el asiento trasero de tu coche, verdad? Porque yo creía que habíamos quedado que eso era que sentía lástima por tu situación."
"Si precisamente a eso es a lo que me refería." Terminó de deshacerse de todos los botones de la camisa de Sam y se la quitó por completo. "Sam, no pretendía decir eso, es sólo que…"
"¿Por qué no te callas y me besas de una vez?" Dean lo miró algo confundido, no esperaba escuchar a su hermano decir eso, pero desde luego le había encantado oírle decir aquello.
Rodeo la cintura de Sam por completo con ambos brazos e incluso le hizo levantar unos centímetros del asiento al atraerlo hacia él y atrapar su boca con sus labios.
Sam abrió los ojos al escuchar de nuevo a Dean murmurar algo. Se había quedado dormido y no se había dado cuenta.
Volvió a mirar al Impala. "Supongo que podría llegar a llevarme bien contigo, a que me aceptaras, después de todo, imagino que eso es lo que me dirá Dean si llega a…"
Miró a su hermano y lo vio con los ojos abiertos mirándole. "Sam ¿qué haces, por qué no estás durmiendo en tu cama?" Dean se incorporó y se quedó sentado en la cama, con la espalda apoyada en la cama.
"Me gustaría tanto decírtelo, poder liberar de una vez este miedo y esta locura que me invaden. A veces pienso que no podré resistir mucho más con esta bomba en mi interior que está a punto de estallar, pero si tu pudiste guardar el secreto de papá, por no hacerme sufrir, supongo también podré quedarme con esto dentro."
"Sam, ¿estás bien?" Sam no se había dado cuenta de que no le había llegado a contestar, que simplemente se había quedado mirándolo en silencio, hablando consigo mismo.
Dean se acercó a él y deslizó su brazo sobre sus hombros. "Sammy, ¿qué pasa?, ¿No habrás vuelto a tener alguna visión?"
"No, no es eso, quiero decir que no es nada. Es solo que te he oído hablar en sueños y me has preocupado. Eso es todo."
Dean apoyó su frente en el hombro de su hermano, sin contestar. Sabía que Sam no le estaba diciendo la verdad, pero no le hacía falta preguntar que era lo que le ocurría para saber que era lo que preocupaba a Sam. Si no se lo quería decir, Dean no le iba a obligar, porque al fin y al cabo, él estaba en la misma situación.
Sam lo vio deslizarse y apoyarse en su pecho, rodearle con sus brazos, cerrar los ojos y volver a quedarse dormido de nuevo.
"Gracias por no obligarme a contarte esto. Se que me entiendes y me conoces perfectamente y te quiero por ello."
