Capitulo 12: Mansión Malfoy.
El día llegaba nuevamente. El calor del hogar se sentía en aquella habitación donde dos cuerpos todavía reposaban en la mullida cama. Se encontraban en la misma posición en que habían quedado la noche anterior. El primero en despertar fue Draco, al abrir sus ojos se encontró con la perfecta escena que había vivido la noche anterior. Hermione reposaba su cabeza sobre el torso descubierto de este.
Todavía recordaba el perfume y el sabor de su piel. La calidad y suavidad de sus caricias. La ingenuidad de sus besos. La inocencia y la vergüenza en su rostro. En ese rostro que tanto adoraba. En su mente rememoraba los momentos vividos horas atrás. Recordaba una y otra vez, cada una de las veces que la había hecho suya, tan suavemente, tan dulcemente para no lastimarla. Aunque también debía admitir que luego de unas horas se fue tornando más y más descontrolado.
Sonrío al recordar esos maravillosos momentos…maravillado de estar plenamente con ella. Maravillado de saber que era suya…que el era su primer hombre y que nunca se arrepentiría de darle aquella oportunidad. El se encargaría de hacerla sentir la mujer más afortunada del mundo por tenerlo.
Lentamente Hermione fue abriendo sus ojos. Recordaba los acontecimientos de la noche anterior. Podía sentir su calido cuerpo junto a ella. Podía sentir su perfume varonil entrar por sus fosas nasales cada vez que respiraba. Se sentía bien…se sentía realmente feliz de haberse entregado a él. A ese ser que llenaba su vida, que la completaba. Aunque se hubiera resistido a aceptarlo desde un principio, ahora no se arrepentía, aunque sus miedos estaban aflorando lentamente.
Se giro y observo al hombre que se encontraba a su lado. El le sonrío desplegando una sonrisa que la dejo maravillada.
-Buenos días – Le dijo él mientras se incorporaba en la cama y apoyaba su espalda en el respaldo- ¿Cómo haz dormido?
-Buenos días- Le respondió la castaña acercándose a él y regalándole un suave beso en los labios.- He dormido muy bien. Gracias. ¿Tu?
-¿Yo?. Excelente. Y todo te lo debo a ti.
Hermione se sonrojo, esto hizo que Draco se acercara hacia ella y nuevamente juntara sus labios, cuando se separaron la primera en hablar fue la castaña.
-Creo que iré a ducharme, luego desayunamos.
-¿Quieres compañía?- Le pregunto un entusiasmado rubio
-Creo que esta vez es mejor que valla sola.
-¡Oh!- Fue lo único que respondió el muchacho desilusionado.
Hermione se levanto de la cama y tomo su camisón que se encontraba en el suelo de la habitación y se lo coloco. Luego se dirigió decidida hacia el baño. Allí se dedicaría a pesar en cada palabra, cada gesto, cada sensación y cada momento que Draco le había regalado.
Entro al baño, fue abriendo y regulando la temperatura de la ducha a su gusto. Luego volvió a despojarse del camisón y se introdujo en la tina. El agua caía desde su cabeza bajando por todo su cuerpo. El agua calida como a ella le gustaba. Miro su mano y allí observo el pequeño anillo que Draco le había regalado. Intento quitarlo nuevamente pero era inútil, al final debía confiar en aquella maravillosa historia. Sonrío, le gustaba la idea, aunque como era ella siempre calculando cada detalle no podía comprender como habían llegado a esa situación. No era que Draco no le atraía, ni que no se estuviera enamorando, mejor dicho que no estuviera enamorada, pero ella siempre estaba segura de todo y con él era distinto, él…él le despertaba tanto seguridad como inseguridad.
Se coloco un poco se Shampoo en los cabellos y comenzó a masajearlo mientras revivía y revivía las horas pasadas. Estaba tan sumida en sus pensamientos…Tan concentrada que no noto cuando alguien entro en la tina junto a ella.
Draco no soportaba estar en la cama mientras esperaba que Hermione se duchara. Para el era mas rápido…Bueno mas divertido bañarse juntos. No espero mas y decidido se dirigió hacia donde se encontraba su mujer, si ahora era suya.
Draco entro sigilosamente al baño...cerrando la puerta tras de si para que el vapor y calor del lugar no se escabullera. Observo la silueta de la castaña a través de la fina cortina de baño. Veía su cuerpo, sus cuervas, sus movimientos. Se percato que Hermione no había percibido su presencia y continuo mirándola. Era perfecta...Cada parte de su cuerpo, cada parte de su ser. Definitivamente la amaba, estaba completa y perdidamente enamorado de ella.
Camino sin causar ningún ruido hasta la tina. Corrió lentamente la cortina para no llamar la atención de la castaña y se introdujo en aquella blanca y espaciosa bañera.
Hermione se estaba masajeando su cabeza cuando percibió unas suaves y delicadas manos que le ayudaban en su tarea.
Draco se encontraba detrás de ella y poso sus manos sobre las de esta en su cabello. Al percatarse de esto la castaña se giro y se encontró con el escultural blanquecino cuerpo del rubio que llenaba sus pensamientos. Este le sonrío y se acerco a besarla antes de que Hermione pudiera decir algo.
El agua estaba tibia y daba gusto estar debajo de ella. Dentro de aquel lugar tan calido se sentía, se respiraba amor. Draco tomó el jabón y comenzó a pasarlo por el cuerpo de Hermione. Comenzó a danzar con sus manos en el cuerpo de la castaña. Ella podía sentir las suaves y delicadas manos recorrer su cuello, sus hombros, sus pechos, su espalda, sus caderas, sus muslos. Draco enjabono cada parte del cuerpo lentamente, produciendo una considerable cantidad de espuma. Los dos estaban disfrutando aquel momento. Aquello era tan erótico que algo se estaba despertando. El fuego comenzaba a encenderse en los cuerpos de esas dos personas.
Repentinamente el rubio dejo el jabón a un lado y tomo a Hermione entre sus brazos besándola con pasión. Estaban excitados. Aquel contacto, aquellas sensaciones, aquella situación, aquel momento los había incitado…los había inducido a ese clima.
El rubio levanto lentamente a la castaña y esta coloco sus piernas alrededor de la cintura envolviéndolo para sujetarse. Draco la penetro lentamente mientras le besaba el suave y delgado cuello.
Ambos se movían, se excitaban, se deseaban. Ambos llegaron al clímax al mismo tiempo, tocando el cielo. Ambos se amaron. Ambos se amaban.
Luego, aunque bastantes cansados por el placer, la excitación y la pasión con que se habían amado, continuaron bañándose como era debido. Sin más interrupciones que algún beso.
-Tengo miedo…de esto…-Se animo a declararle la castaña.
-Hermione, no me enamore de ti de ayer para hoy. Te amo desde hace bastante, aunque no lo dijera ni demostrara. Y cuando te vi….Te vi sostener a mi hija en tus brazos, te ame mas porque supe que no habría nadie mejor para haber estado y estar con ella y cuidarla que tu.
Te amo cuando veo como le sonríes, le juegas y como la amas. Porque se que aunque no sea enteramente tuya. Una parte de ella te pertenece al igual que una parte de ti le pertenece a ella.
-Yo…-Pero Hermione no pudo terminar la frase, el rubio la había tomado y juntado sus bocas en un suave y tierno beso.
Ambos se besaban…Ambos compartían las mismas sensaciones…Los mismos sentimientos.
Luego del baño relajante…bueno no tan relajado. Se dispusieron a desayunar. La castaña preparo un rico desayuno para ambos. Al terminar se prepararon para ir en busca de Victoria, que se encontraba en la madriguera ya que Molly Weasley se había ofrecido a cuidarla la noche anterior.
Tomaron la red flu y llegaron rápidamente allí. Molly los recibió en su casa y ellos pasaron un rato charlando allí ya que la señora Weasley los invito a comer y de allí no podían irse para no desairear a aquella mujer tan agradable. Después de unos deliciosos bocadillos que compartieron con toda la familia Weasley, se prepararon para seguir su camino. Draco ya tenia decidido que hacer esa tarde.
Se dirigieron a la Mansión Malfoy. Draco los apareció en las puertas para poder contemplar todo el trabajo que habían hecho. Cuando traspasaron las rejas de la mansión Hermione quedo maravillada con aquel paisaje tan diferente al que había visto en un principio. El pasto volvía a ser suave y extremadamente verde. Las flores, arbustos y árboles volvieron a tener vida. El lago nuevamente transparente dejaba ver las criaturas que había en su interior. Draco los dirigió hacia los rosedales, totalmente cubiertos de rosas rojas, tal como le gustaban a su madre. Despedían un precioso perfume y sus pétalos eran perfectos. Todo aquel paisaje estaba perfectamente arreglado.
Lentamente fueron pasando y llegando hacia la entrada de aquella mansión. Su cambio visto desde afuera ya era impresionante...Se observaban mas ventanas de las que había tenido. Las enredaderas verdes y con flores le daban un contraste especial a aquella fachada gris.
Dracohabía contratado a los mejores arquitectos, diseñadores y paisajistas mágicos para que trabajaran en aquel proyecto de restauración.
Hermione quedo verdaderamente impresionada. Todo estaba tan hermoso, tan cambiado de cómo lo había visto la primera vez antes de las reformas.
Al entrar en la mansión ya no había oscuridad. Ahora todo estaba bañado por unos calidos e iluminadores rayos que se colaban por las suaves y semitransparentes cortinas de los amplios ventanales.
Los muebles habían sido cambiados por unos más sencillos, modernos y en colores claros para darle un ambiente mas calido al hogar. El único lugar que no había sido tocado fue el estudio donde se encontraba la biblioteca, aquel lugar lo habían mantenido igual en todos sus detalles.
Cuando llegaron al primer piso donde se encontraban las habitaciones, Draco dirigió a Hermione hacia la primer puerta de aquel pasillo. En aquel lugar se encontraba el cuarto para la pequeña. Todo allí era puramente blanco con algunos toques en rosa, la habitaron era espaciosa y en el centro se encontraba la pequeña cuna para la niña. Contenía todos los juguetes y accesorios que una pequeña niña podría necesitar, la castaña quedo enamorada de aquel lugar, era perfecto para su pequeña, si ahora se animarla a considerarla suya. Draco no había dejado detalle sin preveer en aquel lugar. Constaba de un gran ventanal al cual podían salir a un confortable balcón que su vista les regalaría todas las tardes un precioso atardecer.
Salieron de la habitación y el rubio las condujo hacia otra que se encontraba justo al lado. Al entrar Hermione pudo apreciar un bello cuarto con una gran cama y muebles en tonos bien claros. La cortina de aquel lugar era roja, lo que llamo la atención de la castaña y miro a Draco. Este le sonrío.
-Esta hubiera sido tu habitación para cuando quisieras pasar tiempo con nosotros. Pero ahora las cosas cambiaron.
-¿Cómo?- Le pregunto la castaña.
-Si, ahora no necesitas esta habitación- Le respondió el rubio.
-¿Ya no quieres que los visite?
-No. Ya no nos visitaras, Hermione-Le contestó Draco con una de sus más bellas sonrisas- Ahora vivirás con nosotros y dormirás conmigo. Por ello ya no necesitaras de este cuarto.
El corazón de la castaña se acelero, esas palabras, esas miradas que Draco le regalaba era de lo mas hermoso que podía existir. Se sentía como en un sueño, del que por supuesto nunca querría despertar.
-¡Gracias!. Pero nose si deba mudarme aquí Draco.
-¿Por qué? ¿Acaso no te gusta compartir tiempo con nosotros? ¿No eres más feliz desde que vivimos en tu departamento? ¿Por qué cambiar así de pronto?
-Si es verdad. Pero…Nose…¿Me dejaras pensarlo?
-Claro si eso es lo que quieres-Le respondió el rubio con un amargo sabor en su boca.- Pero ten en cuenta que no nos mudaremos hasta que tú te decidas a venir con nosotros.
Él deseaba que ella aceptara quedarse allí, con el, con su hija, juntos. Deseaba tenerla allí con él para siempre.
Hermione le sonrío, Draco sabia muy bien como hacerla cambiar de parecer.
-Esta bien. Me encantaría vivir aquí con ustedes.-Le respondió la castaña y se acerco a depositar un pequeño beso en los labios de su amado. El rubio sonrío para sus adentros, todo estaba saliendo a la perfección, todo cuanto quería, todo cuanto deseaba estaba siendo conseguido. Solo esperaba que nada, ni nadie le arruinara aquella felicidad que estaba consiguiendo.
