Llegando a casa luego del festival deportivo, no le cabía en la cabeza que su cuerpo vibraba en un mar de sensaciones eléctricas adyacentes que se propagaban como especiero. No creyó que el contacto físico pudiera ser tan dulce, tan lindo, hasta cómodo.

Se postró en el sofá de la sala, siendo prisionero de sus pensamientos, se escondía detrás de su mascara de indiferencia mientras fingía leer un libro del estudio de su padre. Uno de finanzas.

Kotoko y Yuuki se peleaban por unas galletas con chispas de chocolate que su madre había hecho esa mañana con el fin de dárselas de premio por el rendimiento que tuvieron en la competencia.

Shigeo y Shigeki conversaban en el otro sillón, bebiendo tranquilamente una taza de té verde. Todo lucia aparentemente normal, pero no duró mucho tiempo.

Un estruendo brutal provino de la puerta del patio trasero de su casa.

Kotoko se detuvo en seco, ocultando a Yuuki en instinto protector.

-Guarden silencio!- Ordenó sigilosa, haciéndoles una señal de silencio. -Iré a ver quién es-

-Kotoko-chan! Deja que lo haga Onii-chan- Noriko se abalanzó sobre Kotoko como madre que protege a sus hijos.

-No veré quién es- Bufó Naoki. Su madre resopló indignada. -De seguro será una tontería- Repuso indiferente.

-Kotoko!- Un grito chillón provino de la ventana del patio trasero. Él rechinó los dientes identificando en seguida quién era… Kinnosuke.

-Kin-chan!- Exclamó Kotoko percatada de su presencia. -Qué hace aquí?-

-Tu pretendiente?- La cuestionó Shigeo, sosteniendo tranquilamente la taza. -El que grita mucho?- Kotoko asintió, ocultando su vergüenza.

-De seguro nos siguió- Supuso la chica poniendo un dedo sobre el mentón.

-De eso no me cabe la menor duda- Repuso el chico genio.

Kotoko dejó pasar a Kin-chan que resoplaba y bufaba por doquier insuflando aire de su pecho como quién diría un conquistador explorando territorio nuevo. Buscando una presa del cual poder atacar, una para su colección de cabezas en la pared de su sala. Naoki se tensó de cuerpo completo de solo verle el copete alzado y relamido con gel, una camisa desabotonada con colores psicodélicos y una camiseta blanca pegada a su no tonificado cuerpo.

-Irie!- Exclamó indignado al verlo sentado de pierna cruzada en el sofá. Ya va a empezar, rodó los ojos al cielo. -A ti te estaba buscando- Lo apuntó amenazador.

-Qué se te ofrece?- Inquirió alzando una ceja.

-Kotoko será mi esposa- Se apuntó en amplio orgullo. -Así que más te vale que no te metas con ella, aunque viva en tu casa-

-Qué tonterías dices?- Kotoko crispó su rostro, ligeramente enrojecido del coraje. -No le pertenezco a nadie, Kin-chan- Lo empujó con el puño cerrado haciéndolo a un lado.

-No te avergüences- Dijo con fingido cariño haciendo que Naoki se molestara con el trato que le daba a la chica. -Por cierto, hola a todos! Yo soy Ikezawa Kinnosuke, un gusto conocer a la familia Irie,- Juntó las manos entre sí saludando a su familia. -Ahora- Le dirigió la vista a él. -No me gusta la forma en que tratas a Kotoko, por lo que no me mantendré callado mientras eso siga sucediendo; yo siempre he sido devoto a Kotoko y hablar de casamiento entre ustedes ni hablar!-

Enarcó una ceja, frustrado al máximo nivel. Tuvo suficiente con lo sucedido en el festival deportivo como para que le anduvieran diciendo que las cosas que hacia eran incorrectas. Él no hacia las cosas para agradar a nadie, solo actuaba conforme le dictaba su juicio. Punto.

-Qué? No vas a decir nada?- Se burló en aire triunfal.

De pronto se levantó del sofá, cruzándose de brazos alzando el mentón con autoridad. La gran actuación de Irie Naoki estaba por comenzar:

-No me puedes juzgar sin conocerme- Habló imponente, metiendo su total presencia en el círculo de personas que le observaban, echó una rápida mirada a Kotoko que le veía agradecida por su intervención y se sintió fuerte gracias a su aliento. -En qué basas mi comportamiento respecto a Kotoko? Acaso ella se ha quejado de mi? O ha proclamado a los cuatro vientos que me odia con todo su ser? Al parecer no he escuchado tales afirmaciones y no he visto en ella un rechazo total hacia mi persona- Su madre lucia conmovida con su actuación; si era Irie Naoki del que hablamos. -Los sentimientos de las personas pueden cambiar, hoy podemos odiar a alguien, pero mañana lo podemos amar- Afirmó. -En los sentimientos no se sabe lo que puede haber, así que no vengas a mi casa a decirme cómo debo de comportarme y cómo debo de sentirme- Lo refirió llenándose de valor por él mismo, y por Kotoko. -No dictes lo que un individuo puede sentir, Ikezawa- Dijo su nombre con una extraña sensación en el paladar. -Tampoco puedes obligar a Kotoko a quererte!- Todos, incluyendo a Kin-chan lo miraron boquiabiertos con los ojos saltados de sus orbes. -Por favor siéntete cómodo, si me disculpas…- Se retiró enseguida, concluyendo su gran actuación.

Entrando a su habitación se le sobrevino un mar de dudas. Qué acababa de hacer! De decir! Peor, decir indirectamente sus posibles sentimientos relacionados con esa chica! Y su madre alocada lo presenció todo… horror! Fue lo que sintió al dejarse caer en la silla del escritorio, ocultando su avergonzado rostro entre sus brazos como escudo protector.

Un portazo se escuchó venir de su habitación. Quién podía ser? Kotoko.

-Qué fue eso?- Interrogó, forzándolo a alzar la vista. Ni él mismo sabia qué fue eso. Qué fue lo que acababa de hacer frente a su familia.

Levantando la vista intentó decirle todo con solo su mirada profunda, en cierta manera vacía de experiencias, pero anhelante de vivirlas y de vivirlas teniéndola presente. No sabía cómo o por qué, pero sabia que recién le provocó una sensación ajena a su cuerpo de origen extraño.

-No se- Respondió vaciado de energía.

-Naoki-kun, no comprendo qué quisiste decir allá abajo- Dijo incrédula. -Insinúas que tus sentimientos cambiaron?- Esa chica dio en el blanco; su habilidosa intuición dio, sin duda, en el blanco de su interior. -O que, Kin-chan no debe obligarme a quererlo?-

Ocultaría parte de sus sentimientos, solo por esa ocasión, hasta tener resuelto lo que le sucedía. Necesitaba sacarla de su habitación, de su vista; temía tocarla otra vez.

-Que te obligue a quererlo- Aclaró su garganta el decirlo, luciendo acabado de energía, como un pozo sin fondo. Ella lo analizó por segundos que parecieron interminables, movía los ojos como si asimilara en su sistema la respuesta inconclusa que este le daba.

-Eres muy lindo, Naoki-kun- Dijo de repente, tomándolo desprevenido. -Me defendiste frente a todos!- Estalló en alegría, abrazándolo con los brazos abiertos, aprisionándolo.

La estática de su cuerpo le erizó la piel, dándole bienvenida a un nuevo capitulo en su vida, abriéndole curso a una calidez placentera y segura para sus miedos. La máscara se le había caído y con ella, la indiferencia.

Aihara Kotoko derretía su helado corazón.


El tiempo pasaba con fluidez, los momentos compartidos con su familia se hacían lazos de convivencia entre los Aihara y los Irie. La facilidad de palabra de Kotoko cautivaba a las personas con las que convivía, sobre todo de su madre, que le encantaba platicar con ella por su accesible personalidad.

Hasta Yuuki podía hablar con ella y no la encontraba fastidiosa como al principio. Similar a él, la habían mal juzgado.

A pesar de que las cosas cambiaban rápidamente, él seguía confundido con respecto s sus sentimientos, pensaba sin cesar qué era lo que detonó que sintiera electricidad al tocar a esa chica escandalosa, aunque ni tan escandalosa, porque la toleraba. toleraba todos sus comportamientos, sus ruidos en la casa, las pláticas que tenia con él cuando este lo permitía, verla entrenar basquetbol en el parque público de noche, su extrema amabilidad, etc. Nada le molestaba, hasta llegaba a verlo lindo. Definitivamente eso no era normal, así que decidió tomar cartas en el asunto lo más pronto posible.

Inventó el plan "Alejar a Kotoko" durante las vacaciones de verano y lo comenzó a ejercer de la siguiente manera:

Un día cualquier otro de las vacaciones, mientras él estudiaba cualquier cosa...

-Naoki-kun- Kotoko entró a su habitación de golpe. -Veré guerra de las galaxias con Yuuki-kun, quieres verla?- Viendo que sus estudios fueron interrumpidos, la ignoró con la sensación atenazando nuevamente su pecho.

-No,- Respondió secamente. -Prefiero estudiar-

-Bueno, si cambias de parecer, estaremos abajo- Avisó sin rencores. -Veremos el episodio cuatro, cinco y seis. Espero que a Yuuki-kun le gusten las películas-

Se salió de su habitación, quedándose solo, anonadado por confrontarse cobardemente a la causante de sus frustraciones.

Una voz en su interior le decía que bajara a ver la película con su hermano, que buscara un pretexto para no verse tan obvio de querer ver las reacciones de Kotoko en una película. Seria algo nuevo, porque no había observado su comportamiento frente una película, pero se imaginaba el escenario y tal vez fuese agradable ante sus ojos.

Se sentía tentado en verla en distintos panoramas, sus expresiones faciales, el movimiento de sus manos, sus ojos abrirse de par en par, su voz al reírse a carcajadas, etc. Todo eso quería ver y a la vez temía que su comportamiento no fuera normal. Mas bien, no era normal de su parte querer estar con una persona, querer verla todo el tiempo. Algo distinto crecía en él y no quería enfrentarlo por temor a lo desconocido. Necesitaba alejarse de lo nuevo para seguir con la normalidad, antes de colapsarse en el camino…

En su intento de alejarla discretamente, le pidió a su amigo Watanabe que la asesorara con el pretexto de que él quería estudiar en soledad. Por supuesto, Watanabe aceptó gozoso.

Claro, aprovechaba de su facilidad para dialogar con la gente cercana a él y hacer sus jugadas con el plan "Alejar a Kotoko" para evitar el contacto físico. Desconocía cómo reaccionaría si Kotoko lo volviera a tocar, o si por instinto la llegara a tocar. Le daba miedo el qué pasaría.

Estando en plenas vacaciones de verano, el calor que llenaba su habitación podía considerarse tolerable, siempre y cuando no usara ropa de más.

A veces se iba a la sala con libro en mano, a causa de que el aire circulaba con intensidad y frescura, y eso le agradaba.

Decidió prepararse para dormir y olvidarse de lo que su interior le pedía de forma insistente.