Capítulo 12: La preocupación de Rainbow.

Rainbow no podía dormir, llevaba dando vueltas en la cama mientras trataba de conciliar el sueño. El grupo de expedición debía de haber vuelto dos días atrás y aun no sabían nada ellos, lo cual la tenía preocupada, sentía un mal presentimiento en su pecho, como un comezón que no te puedes rascar y aun así te tiene vuelto loco. En el día le era más fácil no pensar en esa comezón invisible, pero en la noche le era difícil que sus pensamientos no volaran de Scootaloo a Freeice a los problemas de la Resistencia.

Freeice había hecho muchos progresos con sus alas, ya podía volar ella sola hasta la nube de entrenamiento y volar de forma recta, aun le faltaba saber cómo controlar las corrientes de aire y con virar, pero eran cosas que con el tiempo y la practica iban saliendo.

En cuanto a su magia no podían decir lo mismo. Esta era débil y poco funcional, además que le costaba un gran esfuerzo a la alicornio el poder usarla. Rainbow le había dicho a Rarity que no quería que Freeice practicara su magia hasta que le quitaran el bloqueo, pero Freeice había insistido en practicar y en querer ir con Rarity así que ante su insistencia la pegaso tuvo que ceder.

Miro el techo del cuarto mientras pensaba en la potranca que estaba durmiendo tranquilamente en la habitación de al lado. Escucho la respiración de Soarin, el sonido la relajaba pero no lo necesario. Algo harta se levantó de la cama y salió al pequeño balcón que había afuera de su habitación.

El aire nocturno le refresco el rostro y un pequeño escalofrió le recorrió la espalda mientras caminaba hasta el barandal del balcón. Volteo a ver en la dirección de Cloudsdale, Soarin se iba a ir pronto, le dijo que en cuanto volviera Scoot él iba a volver a irse con sus demás compañeros Wonderbolts a la ciudad de los pegasos. Rainbow aún no sabía cómo decirle eso a Freeice, la verdad era que ambos se habían encariñado mucho con ella y ella con ellos, pero había cosas que aún no le habían dicho.

Soltó un suspiro, mientras pensaba sobre la posibilidad de ser madre. Desde el día en que la había llamado "mamá" la potranca sentía un anhelo extraño hacia esa idea y era casi obvio que su esposo también lo sentía. Pero aún se sentía indecisa sobre el hecho de traer un niño a ese mundo controlado por la Reina.

Podían esperar, pero no sabían cuánto tiempo se tardarían en derrotar a la Reina o cuando estaría lista Freeice o Luna para si quiera llegar al encuentro decisivo. Podía incluso ser que ella no llegase a ver ese día y eso implicaría no llegar a tener hijos jamás. Rainbow estaba en conflicto consigo misma y el no tener noticas del equipo de exploración no le ayudaba mucho para tranquilizarse.

— ¿No puedes dormir? — Pregunto una voz detrás de ella.

Rainbow volteo rápidamente y vio que se trataba de Soarin. Se veía todavía adormilado, tenía la melena despeinada y parte de las sabanas se le había marcado en el rostro. Incluso aun tenía un poco de saliva en la mejilla. Rainbow sonrió un poco al verlo así.

— No. — Contesto. — Lamento haberte despertado.

— No fuiste tú. — Aseguro el pegaso mientras se acercaba a su esposa y se frotaba los ojos con ambos cascos. — Eres bastante silenciosa. El aire de aquí afuera me despertó, entro por la puerta cuando la abriste. Sabes que para el frio soy bastante sensible.

— Si lo se

— ¿Qué pasa?

— Nada solo estoy…— La poni de color cian soltó un suspiro. — Tengo un presentimiento de que algo le paso a Scootaloo, estoy preocupada. La verdad no creo que fuera buena idea dejar que se fuera.

— Eh — Dijo Soarin envolviendo con un ala pegaso. — No es la primera vez que sale de expedición, además sabes que está muy capacitada. — Hizo una pausa mientras veía si sus palabras ayudaban a su esposa. — No creo que te pongas así cuando yo me voy a Cloudsdale, de seguro duermes ¿O me equivoco?

— Eso es porque no estás aquí y no me vez. — Contesto con una sonrisa Rainbow Dash mientras se inclinaba un poco contra el pecho de Soarin. — No es tanto el hecho de que se haya ido, si no este sentimiento… Es como si supiera que algo malo le paso, como un peso en el pecho... No sé, es extraño. Pero siento que algo salió mal. Además ya pasaron muchos días…

— Haz de estar exagerando. — Exclamo en tono despreocupado el ex Wonderbolt. — Es decir, ya se tardaron en llegar, pero los retrasos son comunes. Te aseguro que mañana veras atravesando a los tres por la puerta oeste en perfectas condiciones.

— Espero que tengas razón, Soarin.

Se quedaron en silencio mientras los dos contemplaban el cielo nocturno, al pegaso le gustaba poder envolver así a su esposa y a ella igual, se sentía protegida y cómoda, además que así el olor de su esposo le llegaba de forma casi directa. El aroma era una mezcla de pie de manzana, lluvia, viento, vainilla y un olor que Rainbow no había olido jamás hasta que lo conoció,

En cuanto a Soarin también podía olerla a ella, lo cual le fascinaba, ya que el olor que desprendía de Rainbow era un aroma mu extraño que muy pocos ponis podían llegar a detectar. Dashie olía a arcoíris en su mayoría y era un olor que le encantaba al pegaso. Con el paso del tiempo este pudo identificar más olores, como la lluvia, el aroma floral que desprendía y a jabón, pero el que predominaba era el de arcoíris.

— ¿Soarin? — Pregunto Rainbow rompiendo el silencio de la noche.

— ¿Si?

— Sabes he estado pensando en… Bueno, ya sabes… La propuesta que me hiciste la primera noche que vino Freeice a quedarse con nosotros.

— ¿Lo de tener hijos?

— Aja

— ¿Y qué has estado pensando amor?

— Pues… Que me gustaría tener uno. — Dijo lentamente la pegaso, como si la lengua no le funcionara bien. Sintió que Soarin se ponía tieso detrás de ella y se empezó a sentir nerviosa. — Claro, solo si tú lo quieres también.

— Por supuesto que lo quiero. — Respondió Soarin rápidamente y busca el rostro de su esposa para mostrarle su sonrisa. — No insistí porque te veías decidida a no tener el día que te lo comente… Pero dime ¿Qué te hizo cambiar de opinión?

— Pues, aun no estoy segura. — Murmuro Rainbow que se había empezado a ruborizar y sonría de forma tímida. — Creo que es tonto esperar a que esto termine… Puede que nosotros solo hayamos iniciado con esta Resistencia para vencer a la Reina y nosotros nos volvamos viejos sin poder derrotarla y jamás podríamos tener alguno.

— Bueno, si lo que quieres es tener un hijo, cuenta conmigo. — Le dijo sonriente el ex Wonderbolt a la pegaso mientras la abrazaba con sus dos patas delanteras y la pegaba a su pecho.

— Aun no he decido pero gracias. — La poni color cian cerro los ojos y sintió el pecho de su marido bajar y subir, de pues un bostezo la interrumpió.

— Creo que es hora de que volvamos a la cama, tienes que descansar un poco Dashie. — Soarin soltó a su esposa y empezó a caminar hacia la puerta de vuelta a la casa.

Rainbow apenas estaba asintiendo y caminando también hacia su habitación cuando escucho el sonido de unos cascos la interrumpió. Iban directamente hacia la casa y con gran velocidad.

— ¡General Rainbow Dash! — Grito el soldado, la pegaso se limitó a verlo desde arriba, era un poni terrestre, no lograba acordarse de su nombre. Hizo una señal con su casco en forma de saludo.

— Descanse soldado. — Murmuro para que el poni bajara el casco. — ¿Qué pasa? ¿Por qué vienes tan apurado?

— ¡Me mandaron a avisarle que alguien está llegando por la puerta oeste del pueblo General! ¡Creemos que pude ser el equipo de expedición que salió hace más de una semana!

Soarin se había regresado al ver que su esposa se había quedado afuera y escucho el mensaje del soldado. Se voltearon a ver al mismo tiempo.

— Scootaloo… — Murmuro la pegaso mientras abría las alas y se disponía a ir hasta la puerta oeste. — Soarin, quédate aquí, no podemos dejar a Freeice sola.

El ex Wonderbolt asintió y Rainbow salió volando a toda prisa hacia donde le había dicho el soldado. "Por favor que este bien" Deseo con todas su fuerzas.

La entrada oeste no estaba lejos de su casa y cuando la vio desde lejos dio que estaba más iluminada de lo normal. Ancientdust estaba parado en la muralla iluminando con su cuerno un poco el otro lado de la barrera. El escuadrón del viejo unicornio también estaba alrededor de la puerta y algunos estaban en posición de ataque.

— ¡Ancientdust! — Llamo mientras aterrizaba enfrente de la puerta. — ¡¿Para que necesitas a todos estos ponis aquí?!

— Solo es precaución General. — Respondió el unicornio mientras bajaba de la muralla hasta llegar a donde estaba Rainbow. — Es de noche y no sabemos que pueda venir de haya afuera y lo sabe.

— Aun así es un número exagerado de ponis para abrir la puerta. — Rebatió enojada la pegaso. — ¿Ya están cerca?

— Si bastante, aunque por lo que pude ver solo vi a un poni caminado hacia aquí, pero se veía muy grande, como si no estuviera cargando algo.

Rainbow sintió como si le cayera un peso horrible en el estómago por la preocupación, pero mantuvo el rostro con una máscara de frialdad que había aprendido a hacer muy bien durante todos los años que llevaba dirigiendo la Resientncia.

— ¿Qué están esperando para abrirles las puertas?

— Que se acerquen un poco más General. — Ancientdust volteo a ver a uno de sus soldados que estaba aún arriba de la muralla. — ¿Cuánto les falta soldado?

— ¡Unos treinta metros señor! — Respondió — ¡Creo que sería bueno momento para abrir la puerta, señor! ¡No se ven en muy buenas condiciones!

— ¡Ya escucharon habrán la puerta! — Exigió Rainbow volteando a ver a los encargados de la puerta.

— No le dé órdenes a mis muchachos General

— Te recuerdo que también son mis muchachos Ancientdust. — Respondió la pegaso, aun se sentía algo enojada con el unicornio. No se había dignado a ir a ninguna reunión del Consejo en todos esos días y se estaba portando de forma rebelde. — Tú eres parte de mis muchachos también, así que tengo la autoridad para dar las órdenes que me vengan en gana. Que no abuse de ese poder no signifique que no lo tenga.

El ex soldado fulmino con la mirada a la poni de color cian que le sostuvo la mirada hasta que esté la aparto. Los soldados alrededor de ellos sabían bien que ambos ponis habían tenido bastantes diferencias en los últimos días desde la llegada de Freeice, pero jamás habían presenciado en si una escena de conflicto.

— ¡Abran las malditas puertas! — Exclamo de mala gana el unicornio mientras se alejaba de Rainbow y se dirigía a la puerta para estar más cerca de ella. — ¡Estén preparados para lo que sea que pueda entrar por esa puerta!

Dash se contuvo antes de replicar algo ácido y se limitó acercarse también a la puerta que en ese momento se estaba abriendo poco a poco. La luz que tenían los soldados en el lado de Ponyville casi en seguida ilumino la oscura entrada al bosque Everfree y pudieron ver la silueta del poni que se acercaba lentamente y de forma casi penosa.

Conforme se acercaba vieron que no se trataba de un solo poni, si no de dos. El que estaba caminando era Bulk Biceps que parecía estar como en un trance ya que no notaba las luces, las voces o los ruidos que provenían del pueblo, el otro poni estaba en la espalda del pegaso y vieron que se trataba de Scootaloo, que estaba inconsciente y con la armadura rota de varias partes, no se veía como si estuviera viva. Rainbow tuvo que contener un sollozo de angustia y sus ganas por volar hasta ellos para ver cómo estaba su hermana.

Bulk Biceps no sabía cuánto tiempo llevaba caminando o porque no había volado hasta Ponyville, solo sabía y era consciente del cansancio físico y emocional que cargaba su persona. No había parados de caminar en días, ni para dormir, ni para comer y cada paso que daba era un suplicio para su músculos, huesos y piernas. Había llevado su cuerpo al máximo y no sabía cuánto más podía aguantar.

Siguió caminando, aun sin saber mucho de lo que pasaba su alrededor, lo que le importaba era dejar a Scootaloo en un lugar donde la fueran a ayudar y dejar los libros con sus superiores. No le empotraba lo que le pasara a él siempre y cuando lograra llegar a Ponyville.

Se había puesto como en un estado de conciencia/inconciencia en el que dejo que su cuerpo y sus patas recorrieran y se mandaran solos de regreso al pueblo. Era la única manera en la cual había podido seguir adelante, si no el dolor lo habría derribado y no hubiera podido dar un paso más.

Todos los soldados veían con atención al pegaso que caminaba de forma tambaleante hasta ellos, en sus ojos no reconocieron brillo ni reconocimiento de algo en ningún lugar, el poni musculoso había perdido también parte de su armadura, ya que no llevaba el casco. Bulk atravesó la puerta y se detuvo en seco, mirando enfrente de él. De repente sintió como si se despertara y fue de nuevo el dueño de sus extremidades, del peso de la pegaso en su lomo, de sus alforjas con libros.

Sintió el cansancio de los días acumulados sin dormir, de los kilómetros caminados y del hambre y fue como si algo lo aplastara. Tuvo que hacer mucho esfuerzo para no quedarse desmoronarse en ese instante. Busco con la mirada a Rainbow Dash y la vio parada casi al lado de Ancientdust. Levanto una pata que puso en su frente y tomo aire.

— General Rainbow Dash. — Dijo con voz cansada y en apenas un susurro. Se quitó con cuidado las alforjas, solo tenía que dejarlas ahí, enfrente de ellos y todo habría acabado. Las abrió y dejos los libros enfrente de todos, asintió para el mismo. — Misión cumplida. — Murmuro antes de desplomarse.

Zecora extrañaba su tierra natal y se preguntaba si algún día podría volver a ella. Lo había intentado, pero los Guardianes evitaban que cualquier poni, burro, Griffin o cebra salir de Equestria. Recordaba con una anhelo extraño y lleno de nostalgia los paisajes de su juventud y niñez, lugares llenos de hierbas altas, arboles frondosos de formas muy diferentes a cómo eran en Equestria, los animales que se cuidaban por su cuenta, los temporales de lluvia y los largos viajes que hacia cuando era la temporada de sequía,

Con frecuencia tan bien recordaba a su madre, una cebra muy sabía que le había enseñado casi todo lo que sabía sobre plantas, posiciones y brebajes. En la Pradera no existía la magia como ahí en Equestria, así que tenían que recurrir a otras cosas para poder cuidar y curar a sus heridos. Cuando Zecora creció y se convirtió en una joven adulta se dio cuenta que hay en ese país no existía todo lo que ella quería hacer, todos los descubrimientos que podía haber. Había escuchado de Equestria con frecuencia de sus mayores o de alguno que otro viajero poni que a veces hablaban con su tribu antes de seguir su camino.

Así que llena de curiosidad y convencida que en esa tierra encontraría lo que tanto anhelaba pidió el permiso de su madre y de los ancianos de la tribu, los cuales le dieron permiso y la dejaron ir en su viaje hasta Equestria. Cuando llego a esa nueva tierra se sintió perdida, no encontró ningún rostro amigo en todo el reino de Celestia y muchas veces pensó en regresar, pero aun así se quedó.

Escogió vivir en el bosque Everfree porque tenía cierto parentesco con la Pradera, los animales se cuidaban solos, el clima igual y las plantas que había ahí eran exóticas y algunas ya le eran conocidas. Cuando conoció a Twilight Sparkle, jamás se habría imaginado que esa unicornio podría terminar convirtiéndose en una tirana poderosa y enojada.

Cuando los Guardianes acabaron con su casa y con Ponyville, la cebra pensó que era momento de volver a su país, pero cuando estaba a punto de cruzar la frontera los Guardianes la retuvieron y la volvieron a llevar de vuelta al centro de Equestria. Atrapada en ese Reino lleno de oscuridad Zecora se dedicó a viajar de pueblo en pueblo hasta que Rainbow Dash la encontró.

La pegaso convenció a Zecora que les ayudara en su Resistencia, no importaba que no fuera una soldado, lo que necesitaban eran médicos o ponis que supieran curar lo mejor posible a los demás. La cebra acepto casi de inmediato, se había cansado de viajar de un lado a otro y quería derrotar a la Reina para volver a su país.

Todos esos pensamientos pasaban por la mente de Zecora mientras revisaba a Scootaloo en la cama del hospital de Ponyville. Este a pesar de todos los años que había pasado seguía siendo eso, el hospital, quedaba mucho del mobiliario de los tiempos anteriores a la Reina y sus Guardianes y tenía el espacio suficiente para los ponis heridos.

Además de la cebra había cinco enfermeras y cuatro doctores, también estaban los ayudantes que eran ponis de la Resistencia que de dedicaban a llevar material o cerrar heridas fáciles. En su mayoría eran voluntarios, como Fluttershy que no tenían madera de soldado, pero que aun así aportaban con su ayuda.

— ¿Cómo esta Zecora? ¿Despertara pronto? — Pregunto Rainbow Dash que no pudo ocultar que se le quebrara la voz.

Después de la llegada de ambos pegasos los llevaron de inmediato al hospital, lugar donde les quitaron las armaduras y los limpiaron antes de dejarlos a cada uno en un catre y darles de tomar agua y dejarlos descansar. Ninguno de los dos había despertado hasta ese momento y Zecora fue a revisar a Scootaloo primero, era la que se veía en peores condiciones.

Tenía múltiples rasguños en las patas traseras y un ala la tenía con una herida de los Guardianes y la otro la tenía fracturada, una de sus patas delanteras estaba esguinzada. Pero eso no era lo que le preocupaba a Zecora o a Rainbow, la herida del pecho tenía un aspecto aun peor que el resto. Parecía como si le hubieran enterrado algo en este y dejado algo en el interior de la pegaso, ya que era de color negro aunque no había logrado llegar al corazón, pero el daño se veía que era grande. Además que era de color negro y ampollaba la piel de la pegaso conforme avanzaba.

— Una respuesta no te puedo dar, ya que esta dispuesta no está. — Contesto la cebra mientras se inclinaba para ver el hoy.

— ¿Cómo que no tienes respuestas?

— Es la verdad.

— ¿Al menos sabes que es lo que tiene?

— La repuesta a esa pregunta tampoco te la puedo dar. — Respondió Zecora. — Este mal es desconocido incluso para mis medios. Poco sabría decirte sobre lo que este es capaz.

— Bueno, pero debes de tener algún brebaje o algo que la ayude.

— Creer me gustaría, pero exageraría si te dijera que conozco la poción que curaría a Scootaloo. — Rainbow sintió como se le cayera un peso en los hombros. — Despertar ya debería, el daño físico no es tanto como para discapacitar a un pegaso.

— ¿Entonces cuál es el problema? — Pregunta ya algo desesperada la poni color cian, le molestaba que Zecora no hablara de forma clara y concisa.

— Eso, el hoyo que yo veo. — Contesto la cebra apuntando a la herida del pecho de la pegaso. — Es algo que jamás había logrado ver. Temo que mis conocimientos no sean los más listos para tratar eso.

— ¿No sabes… Como curarlo...? — Murmuro Rainbow agachando la cabeza y conteniendo las lágrimas. — ¿Se va a quedar así para siempre?

— Esperanzas falsas no quiero dar, pero posible es que el problema ahora visible se acabe por sí solo. Lo único que nos queda es esperar o que otro poni más nos diga cómo se puede curar.

Rainbow se quedó aun con la cabeza mirando al suelo, dejando que las lágrimas rodaran por sus mejillas. Zecora supo que era mejor dejarla sola, así que se retiró y dejo a las hermanas solas en la habitación. Internamente sabía que si Zecora no sabía cómo tratar una herida posiblemente nadie podría, pero no se iba a rendir tan fácil, si otro doctor podía ver a su hermana y darle más información so re lo que le pasaba, haría todo lo posible para que eso pasara.

Se acercó a su hermana y la abrazo con un casco, el cuerpo caliente no le devolvió el abrazo y sintió un nudo en la garganta. Ni siquiera había tenido tiempo de ir a avisarle a Soarin donde estaba, pero de seguro ya se enteraría en cuanto amaneciera de que era lo que estaba pasando.

— Ay Scoot… — Dijo entre sollozos mientras le tomaba un casco a su hermana. — ¿Por qué tenías que hacer esto? No tenías que demostrarle nada a nadie… Siempre he estado orgullosa de ti desde que te veía manejando esa vieja scooter, no necesitabas mostrarme que eras capaz de manejar esto… Y ahora estas aquí… como un vegetal.

Cerró los ojos, dejando caer otras dos lágrimas. Sentía como si el corazón se le partiera, quería que la pegaso de repente despertara y la saludara, le sonriera contándole sobre sus aventuras en el bosque, quería escuchar la voz de Scoot por lo menos una última vez… Podía ser que ya jamás pudiese escucharla….

"No" pensó con fiereza una parte de ella que se acaba de sobreponer a la tristeza "Ella no va a morir" Abrió los ojos, ahora ya no lloraba de tristeza si no de rabia.

— ¡No te puedes rendir Scootaloo! — Grito con la voz quebrada. — ¡No debes irte! ¡¿Me escuchas?! ¡No te atrevas a dejar de luchar! — Dijo ahora en una nota aguda y las lágrimas volvieron a sus ojos y el nudo en la garganta volvió. — No dejes de luchar… — Susurro entre sollozos.

NOTA

Disculpen si los diálogos de Zecora no me quedaron con rimas exactas, pero la verdad es muy difícil hallar que digan cosas coherentes en rima ._. No se cómo le hace Yoda, pero bueno en fin. Si alguno de ustedes tiene mejores diálogos (Con rima) déjenlo en los reviews y si son buenos con gusto los pondré. J Nos leemos luego!

Rombla