Muy bien, lo sé, esta vez me pase de verdad, lo sé, lo sé… pero aquí vengo a traerles la continuación, muchas querrán asesinarme :´D no lo dudo. Gracias a las persones que han tenido muy en cuenta "Viaje al pasado" y no han dejado de preguntarme cuando lo subiría.
Disclaimer: Inuyasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes, a exepción d elos introducidos por mí, ósea "Sayumi" es de mi propiedad, mía… Dios amo a esa niña.
Advertencia: Posible OoC
Advertencia 2: Como les comente a las personas que me siguen en Face, al final de este capítulo hay una especie de especial, espero lo disfruten. Es un detrás de cámaras.
Viaje al pasado
Esos ojos que te ven
Kikyo volvía al campamento después de que pudiera alimentarse con las almas desdichadas de los fallecidos, mantenía su cabeza en alto aunque no miraba al frente, sus ojos estaban pedidos en el suelo, se aprovechaba del dolor para poder reunir los fragmento de un modo más rápido pero era necesario, ella no era un alma pura pero tampoco estaba cubierta de oscuridad, su alma era una sufriente, destinada a vagar en el mundo terrenal hasta que cumpliera su cometido.
Suspiró cansada, agotada… no físicamente sino mentalmente, vagar en el mundo requería mucha energía espiritual, por eso tenía que recurrir a esas almas atormentadas que intentaba ayudar una vez en su cuerpo para que se purificaran y descansaran en paz, obteniendo con eso la energía necesaria para subsistir por unas horas.
—Muerte y vida.
Se llevó la mano izquierda a la cicatriz de la herida que Naraku un vez le hizo, un herida que no sólo la llevó a la muerte sino que arrastro consigo a Inuyasha, a un sueño eterno… o eso creía.
Llegó al claro en que se había instalado la noche pasada, se detuvo en el límite, observando como el humo de la ya extinta fogata se elevaba con lentitud y en espiral, sus ojos se movieron a los rostros cansados y atormentados de los acompañantes que ahora tenía, el monje era muy fuerte tanto espiritual como físicamente, ahora la unión del grupo dependía de él, era un mediador, era justo e imparcial aunque no podía dejar de notar un leve descontento que se asomaba en sus ojos azules al dirigirse a ella, no le culpaba, él vivía para velar por la exterminadora y si algo la hacía sufrir, él intentaba aligerar su carga… aunque la castaña no lo notara. Una suave sonrisa se extendió por su rostro, esos dos estaban hechos el uno para el otro, se complementaban y se protegían entre ellos… sobretodo ambos se concentraban ahora en calmar el alma atormentada del más joven del grupo, el pequeño kitsune ya no reía ni jugaba con la compañera de la exterminadora, se limitaba a sentarse y observar el cielo infinito… ya no tenía ese aura infantil, la había perdido cosa que comenzaba a preocupar a todos, hasta a ella misma, no pensó que el cachorro seguiría hundiéndose en el dolor aún sabiendo que tenían una esperanza de volver a su amiga a la vida, aunque técnicamente eso no fuera cierto dado que Kagome estaba viva.
—Shippo.
El nombre del pequeño yokai sonó incorrecto en sus labios, en unos que sólo causaban daño y traían tristeza, sacudió la cabeza, alejando esos pensamientos… por ahora necesitaba no dejar cicatrizar el dolor de la supuesta pérdida de Kagome, con ese sentimiento a flor de piel los fragmentos se reunirían más rápido.
Dio una última mirada a los muchachos dormidos.
—Disculpadme todo el sufrimiento que les causo —musitó con tristeza pero se recompuso en segundos para volver a tener esa cara sin sentimientos, que tan sólo traslucía severidad.
Se acercó con cautela hasta el árbol, en donde reposaba el hanyo, tocó con suavidad la corteza rugosa y clavó su mirada sobre el durmiente, reposaba con habilidad sobre la rama más gruesa.
—Inuyasha, despierta.
Las orejas de él reaccionaron al oír su nombre, abrió lentamente sus parpados para luego descruzarse de brazos y reincorporarse hasta quedar sentado, miró a la persona que le había llamado.
—Kikyo.
Con agilidad aterrizó junto a la mujer sin causar ruido alguno.
—¿Qué sucede?
Ella señaló con la cabeza al sur.
—Un fragmento se acerca a nosotros, despierta a tus compañeros.
Inuyasha asintió pero al querer decir algo se lo pensó mejor, su relación con Kikyo se había enfriado completamente, el estrecho que antes los separaba ahora era más grande en ese momento por lo que pasó de largo para ir a despertar primero a Miroku para que éste levantara a Sango.
Kikyo vio todo en silencio antes de girarse y dar la espalda al grupo, sus ojos se perturbaron por unos segundos.
—Igual a ti te estoy haciendo sufrir… lo siento.
El fragmento estaba cada vez más cerca, sus pasos regresaron hasta donde reposaba su arco y el carcaj, colgándoselo con rapidez alistó el arco con una flecha, observó a los demás levantarse algo adormilados pero ya listos para presentar lucha, dirigió su mirada al frente y soltó la flecha.
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—¿Se encuentra bien?
Kagome se levantó rápidamente al ver a la aldeana en el suelo, algo aturdida después de desplomarse pero la mirada tan penetrante que le había hecho temblar aún estaba en sus ojos, aunque eso no le impidió ir a ayudarla.
—¿Yokai?, ¿tienes sangre yokai?, ¿viajas con unos yokai?
Las preguntas brotaron atropelladamente de la boca de la aldeana, Kagome torció un poco el gesto antes esas preguntas, sabía de antemano que en ese época no era muy bien visto el que una humana viajara con algún yokai y menos con un grupo pero ella no tenía ningún problema con eso, sería capaz de defender sus ideales de no discriminación pero eso de intentar contradecir a la persona que engendró a su salvador no le iba a dejar buen sabor de boca.
—Así es — declaró con la voz firme, sin titubear.
La aldeana buscó algún rastro de mentira en sus ojos, lo que vio fue determinación y verdad, un nudo se hizo en su garganta, suspiró para relajar sus hombros, que desde que su hijo le había traído a la inconsciente Kagome se pusieron rígidos, tensos.
—Ya veo —musitó, su voz cambió radicalmente, en esos momentos se escuchaba maternal y dulce como la de su madre, Naomi, pero sin perder el tono de una mujer madura.
—¿Eh? —Kagome no entendía, ¿qué pasaba con esa aldeana?
—Disculpa por haber sido tan ruda —de disculpó con una dulce sonrisa— y grosera, mi nombre es Ai.
—El mío Kagome —respondió al acto, incomoda lo cual fue notado enseguida por Ai.
—Veo que te he confundido con mi actitud —comentó con arrepentimiento—, es sólo que no pensé que pudieras entenderlo.
—¿Entenderlo?
Ai asintió.
—Sí, lo creía pero me equivoque, tú si podrás hacerlo.
—Disculpe —interrumpió Kagome muy confundida—, pero no le estoy entendiendo.
—Me entenderás muy pronto.
Dicho y hecho, segundos después se oyeron unos pasos apresurados para que un joven de unos 16 años a lo mucho irrumpiera en la cabaña con algunas frutas y pescados en brazos, Kagome parpadeó sorprendida para seguidamente sonreír, ahora entendía todo.
—Mam-
El joven se paralizó al ver a la mujer que había rescatado mirándolo fijamente, no se paralizó por eso precisamente sino porque en los ojos contrarios no encontraba rastro de desprecio u odio hacia él.
—Kaitsev déjame presentarte a Kagome —dijo Ai con una sonrisa—, Kagome él es mi hijo Kaitsev y por lo que puedes ver es-
—Un hanyo —terminó la sacerdotisa con sorpresa pero sin malicia—. Un placer conocerte, tengo que agradecerte por haberme salvado, sin ti no estaría aquí.
Él miró de reojo a su madre, quien asintió con una dulce sonrisa cosa que hizo sonreír de felicidad al joven.
—Ni lo menciones, es una suerte que te haya visto antes de que te hundieras sino… bueno no hubiera podido saber que tenías problemas, ya sabes el agua disipa el olor —replicó, se acercó a su madre para dejar las cosas que cargaba y luego se aproximó a la morena para acuclillarse frente a ella con curiosidad—. Pero hay algo raro en ti, ¿verdad?
—¡Kaitsev! —riñó su madre al ver tal descortesía, él se encogió algo asustado y Kagome rió.
—No se preocupe —quitó importancia con un movimiento de mano—, es normal que tenga curiosidad. Contestando a tu pregunta… digamos que alguien me ayudo a vivir pasándome sangre yokai.
Ese dejó perplejo al hanyo que comenzó a mirarla con más cuidado, en su escrutinio puedo observar esas pequeñas diferencias con respecto a un humano normal, su piel era a la vista más tersa y brillante, sus orejas se mostraban algo afiladas en la punta pero nada de otro mundo y su cuerpo parecía más desarrollado de lo que a su edad se requeriría pero… eso igual podría ser meramente genética.
—¿Terminaste?
Él se sonrojó de golpe al ver una ceja encarada de Kagome, acompañada de una sonrisa burlona, no es que ella se estuviera burlando de él sólo que hace tiempo que nadie la veía como ese joven, con la curiosidad y el interés brillando en sus ojos.
—Lo siento —se apuró a decir para desviar su mirada.
—No hay problema —su rostro se volteó hacia Ai—. Ahora entiendo y no tiene por qué avergonzarse de cómo actuó, yo igual lo hubiera hecho en su lugar, hay personas que no pueden entenderlo.
Entonces ella por fin pudo fijarse en detalles que antes se le escaparon, la aldeana a pesar de tener las manos callosas por trabajar habían más heridas en sus muñecas y en la piel de sus brazos o hasta donde alcanzaba a ver antes de que las mangas cubrieran lo demás. Su corazón se apretujó al comprender el origen de esas heridas.
Ai al ver el repentino cambio de ánimo en la morena, siguió el trayecto de la vista contraria y se sobresaltó al ver que era lo que había cambiado a Kagome, estiró sus mangas con delicadeza, haciendo como si fuera un movimiento involuntario.
—Kaitsev y yo hemos vivido apartados de la aldea, la vida nos ha tratado muy bien —sonrió como sólo la persona que ha sufrido bastante pero que sigue en pie con la cara en alto podría hacer.
Kagome admiró a la mujer, ese era el tipo de voluntad inquebrantable lo que quería forjar en sí misma, la voluntad para enfrente cara a cara sus miedos, cara a cara su pasado porque sí, Inuyasha ya no podía influir en su futuro, no quería permitirlo, quería… quería seguir adelante sin deberle nada al pasado.
Suspiró melancólicamente, cosa que fue notado por la aldeana y sus años de experiencia le indicaron que ese suspiró era por un desamor, había vivido lo suficiente para saber que esos ojos que brillaban ausentes y tristes no podían ser otra cosa que de una persona con el corazón roto.
—Kaitsev —él volteó hacia su madre, algo confundido por el extraño comportamiento de la humana—, ve a buscar algunas hierbas medicinales, nos serán útiles ahora que se acerca el invierno.
—Enseguida, madre.
Se levantó rápidamente, captó que su madre quería estar a solas con Kagome puesto que ayer había salido a buscar plantas medicinales pero tal vez no le haría mal ir a por más pero antes de cruzar por completo la salida sus ojos se posaron en la figura de la humana que rescató, un pensamiento cruzó por su mente.
Hermosa.
Ai al constatar que su hijo ya se había alejado lo suficiente, encaró a la joven.
—¿Por qué tus ojos lucen tan tristes y ausentes?
Ella se sobresaltó antes de bajar la mirada apenada.
—Porque tengo un sabor amargo en la boca al recordar cosas de mi pasado.
—¿Un amor?
Kagome soltó una risa dolorosa al verse descubierta tan fácilmente y se llevó la mano derecha al rostro tratando de ocultar sus sentimientos.
—¿Soy tan fácil de leer?
—Lo eres, tienes un corazón bastante puro no es difícil imaginar lo que pasa en tu cabeza o corazón.
—Sigue siendo vergonzoso —murmuró, negándose a bajar la mano.
La aldeana comprendió por lo que decidió que para que la muchacha confiará en ella, tendría que abrir ese corazón que hace mucho cerró.
—Cuando me enamoré tendría un poco menos que tú, ¿sabes? —Kagome bajó un poco la mano, mirando a la aldeana que parecía perdida en sus recuerdos, absorta, tratando de recordar cosas de hace mucho tiempo atrás—. No habría problemas si hubiera sido uno de los muchachos de la aldea, sin embargo mis ojos se desviaron a ese yokai que una noche me ayudó a sobrevivir en el bosque, era ingenua y torpe, había salido por un poco de leña y terminé internándome muy en lo profundo, por ende terminé perdida… hubiera muerto de hambre y por los muchos demonios que rondaban por ahí pero —ahí su relato tomó un matiz más melancólico pero no menos enamorado—, apareció él… cuando todo parecía perdido él me salvó y me sonrió —para ese entonces Kagome ya tenía su mano derecha en su regazo junto a la izquierda, sus ojos no se aparataban del rostro maduro que brillaba al contar esa anécdota—, sonará algo patético decir que me enamoró su esa sonrisa pero eso ocurrió.
—No —musitó Kagome—, no es patético, es hermoso.
—Me da gusto que piense eso.
Kagome se removió incomoda y curiosa.
—¿Qué pasó con él?
Fue ahí cuando la Miko observó por primera vez dolor en las facciones de Ai.
—Murió.
El silencio y la culpa por hacerle recordar algo tan doloroso, aplastó a la morena.
—Yo lo sie-
—No te disculpes —interrumpió Ai con un movimiento de mano—, no negaré que su muerte me dolió mucho pero murió protegiendo lo que más amaba.
Ella no tuvo que preguntar qué era lo que él más amaba, ya lo sabía, eran Ai y Kaitsev.
—Ojalá me hubiera enamorado de esa manera y él de mí… pero sus ojos ven en mí a su amor del pasado.
Ai sintió el dolor emanar de la morena, era tan joven y su corazón ya estaba herido, se acercó después de reincorporarse para llegar hasta Kagome, inclinarse tomar sus manos, obligándola a levantarse cosa que la otra hizo sin cuestionar nada. Al quedar por fin, frente a frente, ella mencionó:
—Siempre hay otro comenzar, siempre, el pasado te enseña para el futuro… ¿o acaso permitirás que el destino te ate como a los demás?
Kagome sintió sus ojos aguarse antes de echarse a los brazos de la aldeana en busca del calor de un abrazo, necesitaba ese abrazo. Ai se limitó a envolverla firmemente y dejarla llorar en su pecho, las lágrimas bien derramadas podían sanar el corazón.
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Kaitsev miraba el cielo azul, el medio día ya había pasado aunque el sol calentaba no lo hacía tanto como en verano, era una sensación reconfortante, salió de su ensoñación al ver algunas flores silvestres crecer, una sonrisa se plasmó en sus labios.
—Tal vez deba llevarle unas a Kagome.
Su mente de adolecente fue apartada de las flores cuando sintió unas auras demoniacas acercarse muy rápido hacia la cabaña de su madre, sin perder ningún segundo se precipito en dirección a donde su madre y su huésped se encontraban ajenas al peligro, sus ojos esmeraldas se estrecharon, su cabello corto castaño igual al de su madre ondeó al viento mientras que su cola no dejaba de moverse mostrando el nerviosismo y el miedo que sentía.
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Sayumi frunció el ceño al oler alrededor de su madre un aroma a hanyo, no es que le desagradará, sólo temía que le hubiera hecho algo, Kitto aulló suavemente para calmar a su compañera, quien lo agradeció.
De pronto su camino se vio cortado abruptamente cuando una sombra se interpuso, haciendo que Kitto frenara su carrera, gruñó mientras se erizaba, Sayumi clavó sus ojos en los contrarios, vio claramente la amenaza en ellos y por supuesto el miedo, bajó de un salto del lomo de Kitto llevando su mano a la empuñadura de su espada.
—Contesta, ¿tú tienes a una humana que responde al nombre Kagome?
Kaitsev se sorprendió por lo que relajó su postura de ataque pero seguía sin confiar totalmente en ellos, podría ser una trampa.
—¿Quién desea saber eso?
—Alguien a quien ella considera una hija.
—¿Cómo sé que no mientes?
Pero la voz que esperaba que le contestase no fue quien aclaró su duda.
—No te debemos explicaciones, hanyo, entréganos a la humana.
Kaitsev se paralizó el yoki que sintió emanar del hombre que apareció tras la cachorra fue monstruosamente poderoso, no había comparación de poder entre él y el yokai de cabello plateado, si peleaban saldría mortalmente herido sino era que muerto.
Tragó saliva.
—Yo la rescaté de morir ahogada en el río, no permitiré que le hagan daño —refutó con las manos temblando.
Sayumi se relajó al ver que ese hanyo no había lastimado a su madre, es más le estaba protegiendo, Sesshomaru en cambió gruñó haciendo que Kaitsev temblará pero que no se apartara.
—No queremos hacerle daño —intervino Sayumi al ver a su padre en ese plan—, hemos venido a buscarla, Kagome viaja con nosotros.
El hanyo seguía algo reticente a dejarlos acercarse a la cabaña, con la niña no tenía problema ni con el kitsune, sabía que estos nunca atacaban a no ser que su compañero se lo ordenara o sienta peligro a su persona o a la de su compañero, no, la desconfianza era para el yokai de dura mirada y poderoso yoki.
—No confió en él —declaró al tiempo que señalaba a Sesshomaru.
Sayumi hizo una mueca al oír cómo le hablaba a su padre por lo que se apresuró a aclarar unos puntos antes de que Sesshomaru matara al ingenuo hanyo.
—No deberías hablarle así a uno de los lores —comentó inocentemente.
Cuando la mente de Kaitsev pudo comprender la palabra lores, ahora sí, perdió todo el color que tenía en su rostro quedando tan o hasta más pálido que una hoja de papel, desde pequeño le contaban historias de lo poderoso que eran los 4 lores, tan letales y magníficos que eran venerados casi como deidades.
—Yo… yo…
—Sesshomaru-sama acepta tus disculpas —rió Sayumi—, ahora llévanos con Kagome.
Sesshomaru prefirió no intervenir, aunque ganas de matar al hanyo no le faltaban pero intuía que Sayumi no le dejaría asesinarlo, odiaba esa parte de la niña heredada de la humana.
—Claro… po-por aquí.
Sayumi rió y se limitó a seguir al hanyo.
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Ai colocó la cabeza de Kagome sobre su regazo, con delicadeza y cariño, miró el camino de lágrimas que se habían formado en sus mejillas, con suavidad limpió éstas, logrando hacer que la morena se removiera antes de volver a quedarse quieta, respirando pausadamente, Ai sonrió.
—Eres tan joven —murmuró—, encontrarás a esa persona para ti.
Su rostro giró con dirección a la entrada al escuchar unos pasos, frunció el ceño al oír más y no sólo a su hijo, su cuerpo se tensó en alerta y expectación. Al apartarse la cortina de la entrada esperó ver a su hijo pero eso no ocurrió, sino que en su lugar entró una niña, una muy hermosa niña, todo en ella parecía mágico, sublime, se quedó sin aire por unos segundos.
Sayumi suspiró completamente aliviada, aunque sabía que su madre se encontraba viva eso no le quitaba la inquietud de su alma y el nerviosismo de saberse lejos, pero todo eso se fue al verla reposar tranquilamente sobre esa mujer… y hablando de esa mujer, sus ojos dorados se entrecerraron con un tic al ver la mirada tan penetrante en su persona, se sintió incomoda pero no lo demostró, sino que dio un paso adelante.
—Muchas gracias por cuidar a Kagome —musitó con verdadera gratitud.
—Fue un verdadero placer.
La niña al ver la sinceridad de la aldeana se acercó sin ningún titubeo, arrodillándose para estar de frente a Ai, estiró su mano para acariciar los mechones azabache con cariño, todo eso fue visto y analizado por la mayor, que poco a poco empezó a darse cuenta de las similitudes entre la niña que recién acababa de ingresar a su cabaña y la morena que yacía en su regazó, era extraño… Kagome no le había mencionado nada sobre tener una hija, porque sobretodo no se explicaba que siendo hija de la miko aún fuera yokai y no hanyo. O tal vez fuera su imaginación.
—¿Debo despertarla? —preguntó.
—No, es mejor dejarla descansar. Pequeña…
—¿Sí?
Sayumi puso toda su atención a la mujer que había cuidado a su madre.
—¿Cuál es tu nombre?
—Oh, me llamo Sayumi, un gusto.
Formal.
Eso fue lo primero que atravesó la mente de Ai, era muy formal, por lo que dedujo que había sido criada de una manera muy firme pero amorosa, lo veían en sus además suaves y sonrisa despreocupada.
—El gusto es mío, puedes llamarme Ai y —hizo una pausa—, te presentaría a mi hijo pero pensé que vendría contigo y no ha entrado.
Sayumi se levantó con ímpetu, recordando que su padre se encontraba fuera con el hanyo, percibió el aumento del yoki del Lord de Oeste y precipitó a la salida, bajo la sorprendida mirada de Ai.
—¡Sesshomaru-sama!
Éste se detuvo al oír semejante llamado y porque segundo después ya tenía a Sayumi frente a él, volvió a envainar la espada a medio sacar, Kaitsev recuperó un poco de color.
Sayumi meneó la cabeza, su padre estaba más susceptible que nunca, cuando notó que le seguía pudo observar el enojo que emanaba de sus ojos, sus ademanes se transformaron completamente a unos más duros y emanaba un aura completamente endemoniada, nunca lo había visto así.
—¿Qué hiciste?
—No hice nada —replicó Kaitsev, en esos momentos su confianza volvía a él, sabía que el Lord no atacaría, no mientras la niña estuviera presente.
—Kaitsev.
El nombrado se tensó, completamente, su cola dejó de moverse poniéndose tiesa, sus ojos miraron a la mujer que ahora salía de la caballa.
—Madre —murmuró.
—¿Qué fue lo que hiciste? —preguntó amablemente.
El hanyo se removió incomodo antes de hablar.
—Realmente no hice nada, tan sólo le comente a… —miró a Sesshomaru, quien le atravesó con la suya logrando hacerle desviar la vista— al lord que Kagome me parecía muy hermosa y-
Ai sintió el vello de sus brazos y de su nuca erizarse, sólo una vez sintió tal cosa cuando el padre de Kaitsev les protegió esa fatídica noche, entonces dirigió todo su atención al yokai de cabellos plateados, se sorprendió al constatar que era la viva imagen de la niña, su padre, no cabía la menor duda de eso, entonces se preguntó, ¿en dónde entraba Kagome?
Tal vez, sólo tal vez podría ser que los rasgos que vio en la niña no fueran de Kagome sino de la persona que decía la morena que el hombre o más bien yokai no podía olvidar, eso explicaría las similitudes entre Sayumi y Kagome.
—No deberías decir eso, Kaitsev —Kaitsev abrió la boca pero la cerró inmediatamente al ver la advertencia en la mirada de su madre—. Ofrezco una disculpa por mi hijo, ahora, ¿se llevarán a Kagome?
Sayumi miró a su padre antes de responder.
—Sí, los demás deben estar preocupados por ella, tenemos que regresar ya.
—Entonces esperen aquí —hizo una leve inclinación a Sesshomaru e indicó a Kaitsev que le siguiera.
Lo último que Ai vio antes de entrar a la cabaña fue a Sayumi acariciar al kitsune -que había estado todo el tiempo tumbado al lado izquierdo de Sesshomaru, sólo esperando a su dueña-, y a Sesshomaru mirarla con advertencia.
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—¿Por qué fuiste tan amable con ese lord? —preguntó con amargura.
Ai rió.
—Por lo mismo que es un lord y se les debe respeto, no lo olvides Kaitsev, en tu sangre corre sangre yokai y las leyes de ellos te rigen al igual que las nuestras, las humanas. Además, no deberías hacer ese tipo de comentarios tan a la ligera y menos cuando se trata de una humana bajo la tutela de un yokai, ellos tienden a ser muy protectores y mucho más ese que está ahí afuera.
—¿Por qué?
—Porque no cualquier yokai da su sangre, ¿no?
Fue cuando la comprensión iluminó la mente del joven hanyo, la desilusión no se hizo de rogar para aparecer en su pecho, Kagome le atraía de alguna manera nunca pensó que ella ya estuviera unida a alguien más.
—Sólo sería por un año —refunfuñó.
—Pero en esa año podría pasar mucho, no seas terco, Kaitsev —replicó Ai mientras se agachaba para mover suavemente el hombro de Kagome—. Kagome, venga levántate.
—… — la morena se removió antes de abrir sus parpados, no sin cierta pesadez—, ¿Ai?
—Hola, pequeña, debes levantarte, te esperan.
—¿Eh?
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Sayumi sonreía mientas Kitto restregaba su cabeza contra la de ella, amaba a ese kitsune, era su adoración y no lo ocultaba, rió al sentir la lamida en su mejilla derecha.
Sesshomaru vigilaba de cerca a la cachorra mientras que mantenía un ojo avizor en la cabaña, podía oír claramente todo lo que decían dentro, entrecerró lo ojos, ya se había percatado pero ahora lo afirmaba, ese inútil hanyo se sentía atraído por la humana. Gruñó por la espera, el límite de su paciencia se agotaba, no le gustaba estar entre desconocidos, giró al oír como Kagome se levantaba y se precipitaba a la puerta.
—¡Sayumi!
Ésta se sobresaltó pero una sonrisa se formó de inmediato en sus labios al ver quien le llamó.
—¡Kagome! —se separó de Kitto para ir al encuentro con su madre.
La morena abrazó con fuerza el cuerpo de la niña al tenerla a su alcance, cuando Ai le dijo que Sayumi le esperaba no lo pensó dos veces antes de salir de la cabaña para comprobar si era cierto, suspiró con alivio y alegría al tener el pequeño cuerpo de la niña entre sus brazos, hundió su rostro en la cabellera contraria.
Sayumi sin poder evitarlo derramó unas lágrimas, tuvo mucho miedo de perderla, de saber que podría volver a ver a su madre morir, no lo soportaría, no de nuevo, se aferró a la espalda baja de su madre, Kagome sintió temblar a la menor, se sorprendió.
—¿Sayumi? —murmuró—. ¿Qué te sucede?, ¿estás bien?
—Creí que te iba a perder —respondió quedo, sin alzar la voz.
Los ojos de la morena se estrecharon con ternura y culpa.
—Perdona, Sayumi, perdona.
La abrazó aún con más fuerza, Ai observaba todo desde el umbral de la cabaña, en su mente pensaba que ese brillo en la mirada de la joven morena era el brillo de una madre.
Extraño.
—Humana.
Kagome se tensó antes de separarse, lo presentía, Sesshomaru debía estar furioso al borde de querer matarla, no esperaba menos pero al cruzar sus ojos con los contrarios no espero leer en ellos lo que veía, sí, había enojo brillando en ese dorado intenso pero había igual cierto sentimiento que no pudo identificar, no en ese momento pero que más adelante sabría identificar como alivio pero un alivio muy a su modo.
—Sesshomaru yo-
—Muévete.
—¿Eh?
Parpadeó rápidamente al ver que el yokai se daba la vuelta, comenzado a alejarse sin siquiera despedirse o algo, aunque eso fuese demasiado grosero no le diría nada no se arriesgaría a poner a prueba el límite de la paciencia del ambarino por lo que soltó a Sayumi para poder despedirse rápidamente de sus salvadores.
—Gracias por lo que hicieron por mí —murmuró para inclinar medio cuerpo, siendo imitada por Sayumi unos pasos atrás de ella.
La ambarina no espero mucho antes de erguirse, para tomar la mano de su madre y jalarla para que Sesshomaru no se adelantara tanto pero antes de que pudieran alejarse unos cuantos metros, Ai exclamó:
—Mi niña —con eso logró hacer que la cabeza de la morena girara para mirar a la aldeana mientras seguía siendo arrastrada por Sayumi—, sus ojos te ven a ti.
Cuando esas palabras tuvieron sentido, ella sonrió nerviosamente.
—Pero él no e-
—¡Mujer, muévete!
Sin poder sacar a Ai de su error tuvo que agitar su mano para de esa manera finalizar su despedida, dejando atrás a una mujer con una sonrisa y a un hanyo con el ceño fruncido.
—Ella no es para ti, Kaitsev.
—Lo sé.
Ai palmeó la espalda ancha de su hijo antes de ingresar a la cabaña a descansar un rato, deseando en silencio que Kagome pudiera ver que ese yokai le miraba a ella, solamente a ella.
Continuara.
Detrás de cámaras.
—Y corte —exclamó Lili con una sonrisa agotada, habían sido meses para poder filmar el capítulo 12 de "Viaje al pasado" puesto que a su escritora le había dado una crisis de pérdida de inspiración sumado a los muchos proyectos que tenía que atender—. Bien hemos acabado.
En el set se oyeron gritos de alegría y muchos suspiros de alivio, sí, alivio ya que muchas fans que seguían de cerca la historia había ido hasta el set para exigir la continuación, fue muy agotador tratar con ellas pero al final se fueron contentas al saber que Fira se apuraría.
—Gracias por su trabajo, Lili.
La nombrada se volteó para encontrarse con Kagome, quien le sonreía.
—No, eso debería decir yo —replicó con un movimiento de mano—, no sé como sigues aceptando trabajar con Fira, sabiendo que siempre tiene retrasos monumentales con el argumento.
La morena agrandó su sonrisa.
—Sería lo mismo para ti, ¿no?
Lili soltó una pequeña carcajada.
—Bueno, no lo puedo evitar, sino estuviera aquí Fira colapsaría entre escribir el guión y filmar, además sabes lo loca que puede ponerse al ver a Sesshomaru.
Kagome asintió.
—Eso es verdad —murmuró ida.
—Hablando de Sesshomaru —eso hizo volver a la realidad a Kagome—, ¿cómo van ustedes dos?
Un sonrojo acudió a las mejillas de Kagome, la cual se hizo a la desentendida logrando hacer reír a Lili, lo cual le duró poco cuando vio venir a Sesshomaru, no es que le tuviera miedo o algo pero es que su presencia imponía respeto.
—Lili —comenzó a decir Sesshomaru, a ésta le dio un escalofrío al oír tan seca a voz de él—, Fira te busca.
—Gracias, voy enseguida. Buen trabajo, muchachos.
Se separó de sus actores principales para dirigirse a la oficina donde Fira seguramente estaría prácticamente muerta al escribir 6 horas seguidas para poder terminar el capitulo, tocó a la puerta y al ver que no contestaba, la abrió.
—¿Fira?
—¡Lili!
Ésta sintió como fue rodeada por dos fuertes brazos.
—¿Qué sucede, Fira?
—¡Quieren hacerme una entrevista! ¡No quiero!
La productora suspiró mientras meneaba la cabeza con resignación.
—Fira te comprometiste a dar esa entrevista, ahora lo cumples —replicó Lili con voz autoritaria.
Fira se separó mostrando un puchero.
—¡Pero me embaucaron! —exclamó alterada—. ¡Me la pidieron cuando estaba distraída comiendo mi sagrado chocolate, no es justo!
—Justo o no justo, te comprometiste a dar la entrevista, así que andando.
—¡NO!
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—¡Bienvenidas queridas Fira y Lili! Un placer tenerlas hoy en nuestro set.
—El placer es nuestro, ¿no es verdad, Fira?
Un discreto codazo hizo saltar a Fira, quien fulminó con la mirada a su productora al haberle hecho venir a esa entrevista.
—Sí —fue la seca contestación.
—Bueno, queremos hacerles unas preguntas, Fira, ¿cuántos capítulos crees que te llevaran hacer para dar por finalizado "Viaje al pasado"?
La escritora se removió incomoda, no le gustaba las cámaras.
—Aún no tengo un número de capítulos seguro, pero serán más de 20 si la historia sigue su rumbo.
—¿Cuándo veremos un acercamiento con más romanticismos entre Sesshomaru y Kagome?
—Verás, ahora estoy yendo un poco lento respecto a ese tema pues necesito hacer a Kagome más segura de sí misma, no quiero hacer un acercamiento más "romántico" cuando Kagome aún tiene presente a Inuyasha en su corazón, quiero que cuando ella quiera acercarse a Sesshomaru sea por verdadero interés, que se acerque a él de corazón.
—Ya veo —murmuró la entrevistadora con una sonrisa—, me parece magnífico. ¿Dices que ese momento aún está muy lejano?
Fira sonrió con algo de misterio mientras Lili suspiraba con burla.
—No está cerca pero tampoco muy lejos, aquí entre nosotras —Fira le hizo un ademán para que se acerca, cosa que la entrevistadora hizo, con curiosidad y expectación—… sus minutos de entrevista ya acabaron.
—¡¿Eh?!
Cuando la entrevistadora logró reaccionar Fira ya se encontraba a medio del camino hacia la salida arrastrando consigo a Lili, ésta se disculpa con todo aquel con el que se cruzaban, en verdad un dúo singular.
¡Listo! Ese fue un pequeño especial sólo para aliviar las asperezas :´D Agradezco de corazón todos los review, además de a todas las personas que ya pusieron like a la página de "FiraLili" así podemos tener una comunicación más cercana. Un beso. Y si quieren que siga con esos especiales como el que vieron pueden pedirlo y preguntar algo que quieran que responda por medio de esos especiales y lo haré.
Veruto Kaname: Muchas gracias por el review, si, intento hacer a Sesshomaru lo más apegado a su personalidad para hacer más real la historia, pero me da gusto que este satisfecha este Sesshomaru.
RIOVI: Gracias por el review, y perdona la espera, sé que me pase pero tuve muchos problemas pero aquí estoy, si quieres saber con más regularidad sobre las continuaciones hice una página para eso, ahí pongo cuando voy a publicar. Un beso.
Guest: Aquí tienes la continuación.
Darkangel.21: No, no era Kitto. Jajaja sí, los dos son muy orgullosos y no me van a sacar ya me las sacaron pero poco a poco, ya verás. Bueno sí, Sayumi es del tiempo de Kagome, dejame decirte que ya te adelantaste porque en un futuro no muy lejano sabrás si Sayumi es capaz de cruzar el poso o no. Sí, la canción de "A thousand years" es la que me pongo a escuchar para hacer este fanfic, O.o quién lo diría. Un beso.
Natita Morrison: Lo sé, lo sé,. No fue mi intención hacerlo corto, hasta ahí dio mi imaginación, si, adore como arme la historia de los kitsune para que calzaran bien con Kitto y Shippo. No te preocupes, yo igual ando ocupada por aquí. Un beso. Gracias por el review.
Sai: Me encanta tener lectoras nuevas :D sobre todo si estas me dejan review :´D de verdad lo aprecio mucho, y aquí ya tienes la continuación para calmar ese corazón. Un beso.
