Capítulo 12

Una semana, hacía una semana que Emma era testigo de los intentos de acercamiento del pirata hacia Regina. Hasta el momento no había tenido ninguna razón para inquietarse, cada intento de Hook se saldaba con un fracaso. Regina lo mandaba sistemáticamente a paseo. Emma había tenido razón al pensar que SU morena nunca dejaría que ese hombre se le acercara, la conocía muy bien. Por supuesto que los había visto en plena conversación varias veces, pero nada en la actitud de Regina le hacía pensar que ella estuviera feliz. Todo lo contrario.

«Se supone que debe entrar en el juego…le recuerdo…¿cómo quiere poner a Emma celosa si ni siquiera me habla?»

«¡Encuentre algo inteligente que decir y le dirigiré la palabra!» replicó Regina antes de dejar el restaurante con la cabeza alta.

«Espere…» gritó el pirata corriendo detrás de la morena

«¿Qué quiere ahora?»

«¿Y usted? ¿Qué quiere usted exactamente?»

Regina frunció el ceño en señal de incomprensión y cruzó los brazos sobre su pecho molesta. Este Killian definitivamente la ponía de los nervios. ¿Qué se creía con esos aires de "sabelotodo"?

«Emma nos está mirando…» susurró suavemente el pirata.

«¿Y?»

«No sé…haga algo…échese a reír o sonría al menos….¡cualquier cosa que le haga creer que está pasando un buen momento conmigo!»

«¿Acaso quiere que le salte al cuello?»

«¡Por qué no! Es una buena idea…»

«¡No tome sus sueños por realidad, señor Jones!»

«¡Y déjeme de llamarme señor Jones! ¡Es demasiado serio! Emma nunca se creerá que estamos juntos si me sigue llamando de esa manera»

Regina inspiró profundamente, miró hacia el interior del restaurante y comprobó que Emma los continuaba espiando sin recato. Ofreció su más bella sonrisa al pirata, posó su mano sobre su brazo, y se adelantó para murmurarle algo al oído.

«Ok…a partir de ahora lo llamaré Killian…pero una última cosa, señor Jones…si lo sorprendo una vez más dejando vagar su mirada por mi escote, va a necesitar un parche de pirata…¡porque le arrancaré un ojo!»

«Se supone que tengo que sentirme atraído por usted, ¿se acuerda?»

«Solo en presencia de Emma, Killian…» soltó Regina acentuando el nombre del pirata.

La morena depositó un beso en la mejilla de Hook y siguió su camino con una sonrisa en su rostro. Había observado la reacción de Emma durante su pequeña conversación con el hombre, y lo menos que se podría decir es que la rubia no parecía haberlo apreciado.


En efecto, Regina no tuvo tiempo de llegar a su trabajo cuando su teléfono móvil ya vibraba en su bolso.

«¿Qué fue eso?»

«¿De qué hablas?»

«¿Desde cuándo besas a Hook en la mejilla?»

Regina estaba que saltaba de alegría. Mary Margaret tenía razón, poner a Emma celosa era probablemente la mejor solución para hacer que confesara sus sentimientos. Decidió no responder a la mujer que amaba, para dejarla que se carcomiera un poco más.

«¿Regina?»

«Estoy trabajando»

«Pero, ¡respóndeme, joder! ¿Qué está pasando con Jones?»

«Me niego a hablarte si te comportas así de agresiva…así que…¡qué tengas un buen día, Emma!»

«¿Te estás quedando conmigo? ¿Agresiva? ¡No me lo puedo creer!»

Emma estaba echando chispas. Por supuesto solo había sido un beso en la mejilla, pero ella sabía que Regina no era una mujer muy dada a los cariños, a excepción de con Henry y con ella misma, así que se había quedado muy sorprendida al ver a la morena posar sus labios en la mejilla del pirata.


La segunda semana, Emma comenzaba a sufrir la falta de sueño, su mente estaba permanentemente centrada en Regina y en Hook que empezaban a acercarse peligrosamente. Los había sorprendido varias veces comiendo juntos, e incluso una noche cenando los dos en Granny's. Y cada vez que Emma mencionaba el tema con la morena, esta se cerraba y se negaba a hablar, y era inútil ir a Hook, el pirata estaba en paradero desconocido siempre que no estaba con Regina. A veces, cuando Emma no lograba dormir, se levantaba, cogía el coche y se dirigía hacia la gran mansión en la que hasta hacía quince días vivía. Estacionaba algo alejada, y observaba la casa dormida. Si alguien le hubiera preguntado lo que hacía allí en plena madrugada, habría respondido que no tenía ni idea. Pero la realidad era otra, Emma quería asegurarse de que el pirata no estaba ahí. Los había seguido varias veces hasta la casa de Regina, y había esperado pacientemente a que Hook se marchara algunas horas más tarde. Solo una noche se había inquietado de verdad al no ver salir al pirata, y había decidido acercarse un poco más para intentar divisar algo y se había tranquilizado al verlos en el salón a una buena distancia el uno del otro. Casi se hizo pillar cuando el pirata se marchó, y había decidido no espiarlos tan de cerca a partir de ese momento. Debía mantener las distancias.

Cuando salió de la comisaría, Emma decidió pararse a beber una copa en Granny's como casi todos los días desde hacía tres semanas. Por supuesto, no tenía nada que ver con comprobar si Regina estaba allí, ni si estaba en compañía de alguien. Era únicamente para relajarse después de una larga jornada de papeleo. Se sentó como de costumbre en la barra, y pidió una cerveza sonriéndole a Ruby. Estaba comenzando a relajarse cuando escuchó una risa que conocía muy bien. Dados del brazo los vio entrar en el restaurante y sentarse en una mesa al final del recinto. Emma ardía por dentro, Regina había pasado cerca de ella y ni le había concedido una mirada. Adaptó ligeramente su posición, para poder observar a la pareja a través del espejo que tenía en frente.

«Siempre tan previsible, Swan…está fusilando con la mirada a ese pobre espejo…¡y a mí al mismo momento!»

«¿Qué hacemos ahora?»

«Voy a apoyar una mano sobre la suya…usted me va a dar una sonrisa de quitar el aliento»

«¡No me gustaría que me tocase!»

«¡No la voy a violar! Solo voy a poner mi mano en la suya»

«Bien…si no tengo otra elección…»

«Francamente, esconda su alegría…es un placer estar a su servicio»

«¡Tengo por costumbre llevar yo las riendas…y no a la inversa!»

«Oh…Regina, tome las riendas sobre mí…soy todo suyo…» le respondió Hook dándole una sonrisa sugestiva

«¡Calme sus ardores, pervertido! ¡Hablaba en general!»

La rubia se incorporó bruscamente cuando la mano de Hook se posó sobre la de Regina. Sintió un gran dolor en el pecho al darse cuenta de que la morena no hacía nada para rechazarlo, al contrario, parecía aceptar el contacto. Cogió su teléfono de su bolsillo posterior y escribió un mensaje rápidamente.

«¿A qué estás jugando?»

Observó la reacción de la morena por el espejo y se alegró al ver que ella respondía inmediatamente a su mensaje

«Por si no te has dado cuenta, estoy ocupada»

«¡Ocupada dejándote sobar!»

¡Estás agresiva de nuevo, Emma! Y te estás volviendo insultante. ¡No me gusta tu actitud!»

«¡No, prefieres la suya! ¿Qué viene ahora? ¿Te lo llevas a tu casa? ¿Lo vas a meter en tu cama?»

«No me voy a tomar la molestia de contestar a eso…te recuerdo que fuiste tú quien decidió poner distancia…¡NO YO!»

Se dirigió furiosamente hacia el servicio y se tomó la cabeza entre las manos. Tenía ganas de pegarle a ese maldito pirata por intentar quitarle a su Regina, y sobre todo se maldecía por haberle dado su permiso para hacerlo. ¡Qué idiota! Pensó ella.

Miró su reflejo en el espero del baño, y antes de darse cuenta, su rostro desapareció en un centenar de pequeños trozos. Acababa de golpear con su puño, con todas sus fuerzas, su reflejo para sacar toda esa cólera que no conseguía comprender.

Se dio la vuelta al escuchar abrirse la puerta a su derecha, y se sintió aliviada al ver a Ruby acercarse a ella con inquietud.

«Emma…»

«Lo siento, Ruby…pagaré el arreglo…»

«Pero, ¿qué dices?...no te preocupes por eso…enséñame tu mano…»

«No es nada…yo…tengo algunos cortes, nada grave…he estado peor…»respondió Emma intentando soltar una pequeña risa para relajar el ambiente.

«Ven conmigo…te lo voy a curar…»

Cuando había escuchado el ruido proveniente del baño, Regina había querido precipitarse para comprobar que Emma estaba sana y salva, pero Hook le había impedido levantarse recordándole que no debía correr hacia la rubia a la menor alerta, pero al verla salir con Ruby con la mano ensangrentada, el pirata ya no pudo hacer nada para retenerla. Llegó a la rubia en pocos segundos y tomó la mano de Emma entre las suyas.

«Emma…¿qué ha pasado?»

«Nada. Nada en absoluto…» respondió la rubia en tono glacial retirando su mano de las de la morena

«Emma…»

«¡Ruby va a ocuparse de mí! ¡Tú deberías volver con tu príncipe azul»

«Emma…»

«¡Déjame en paz, Regina, de acuerdo! ¡Suéltame! ¿Qué te importa de todas maneras que me haya herido? ¡Vives en tu mundo desde hace tres semanas! ¡Ni siquiera respondes a mis mensajes! ¡No te tomas la molestia de preguntar por mí, o saber cómo estoy…te pedí un poco de tiempo y espacio, no que me barrieras completamente de tu vida! ¡Pero por lo que se ve no has perdido el tiempo para concederte otras posibilidades, eh!»

«Emma…no es lo que tú crees…»

Emma se echó a reír con una risa que ella no conocía. Era una risa irónica, fría, casi cruel. Clavó su mirada en la de la morena y le respondió con un tono aún más glacial que antes.

«Es la excusa que ponen todos los maridos infieles…no creo nada, Regina…lo constato»

Emma cogió su chaqueta, que estaba apoyada en el taburete, y salió del restaurante antes de que Ruby volviera con lo necesario para curarla. Sostenía su mano derecha con la izquierda, cogió un foulard que había en su coche y rodeó con él la mano ayudándose de los dientes para evitar manchar todo de sangre, después arrancó. Circuló durante más de dos horas antes de darse cuenta de que hacía tiempo que había pasado los límites de Storybrooke. Mucho mejor. Necesitaba cambiar de aires.


Después de la marcha de Emma, Regina se dejó caer en uno de los taburetes cercanos. Se tomó la cabeza entre las manos, intentó controlar toda la rabia que sentía apoderarse de ella. Hizo lo que la bella rubia le había enseñado, concentró su mente en los momentos felices, y el flujo de rabia que atravesaba su cuerpo fue disminuyendo poco a poco.

«No podemos continuar con esto…hay que parar…» soltó Regina mirando a cada uno de sus dos compañeros.

«¡Al contrario! ¡Está a punto de derrumbarse! Si paramos ahora, ya no tendrá ninguna razón para tener miedo de perderla…hay que continuar…» respondió Killian buscando la aprobación de Ruby con la mirada

«¡NO! Se ha herido…Solo Dios sabe lo que es capaz de hacer a continuación…no quiero correr el riesgo…¡no quiero perder a Emma! ¡Que quede claro!»

«Regina…si me permite…pienso que Killian tiene razón…no nos podemos permitir parar ahora…»

Regina se levantó despacio, posó sus manos en la mesa delante de ella y lanzó una mirada asesina a Ruby, que de repente se sintió fatal.

«¡Cuando acepté jugar a este juego estúpido, dejé claro que Yo ponía las reglas! ¡Y YO he decidido que esto se para ahora mismo! Si algo le sucede a Emma, nunca podría perdonármelo, así que, a partir de ahora, Yo voy a hacer todo lo posible para no hacer sufrir a la mujer que amo. ¡Incluso si tengo que renunciar a ella! ¿He hablado claro?»

Hook y Ruby asintieron al mismo tiempo completamente petrificados ante la oscura mirada y el halo violeta que emanaba de la ex Reina. Regina dejó el restaurante dejando tras ella a los dos acólitos y se dio prisa en sacar su teléfono que había metido en el fondo de su bolso después de los últimos mensajes intercambiados con la rubia. Intentó llamar a Emma varias veces, pero siempre salía el contestador. Sabía que la rubia evitaba su llamada, porque el contestador solo saltaba después de uno o dos toques. Resopló de exasperación y se resignó finalmente a enviarle un mensaje.

«Tenemos que hablar»

«…»

«Emma…por favor…respóndeme»

«…»

«¡Descuelga ese maldito teléfono, Emma!»

«…»

«O al menos mándame un mensaje…te lo ruego…me preocupo»

«…»

«Te espero en casa…no me moveré de allí hasta que no hayas venido a hablar conmigo…»

«…»

«No hagas ninguna locura…por favor…lo siento, Emma…lo siento mucho…»

«…»

«Dame una oportunidad de explicártelo…»


Emma vio llegar los mensajes, uno detrás de otro, y no pudo evitar gritar de rabia en su coche. ¿Por qué tendría Regina que ponerla en ese estado? ¿Por qué tenía que sentirse culpable ahora al permitir que la bella morena se culpara? ¿Por qué tenía que estar sintiendo un deseo irreprimible de dar media vuelta y lanzarse a los brazos de la mujer que ocupaba todos sus pensamientos?

Mañana, iría a verla mañana. Esa noche necesitaba dejar salir todo lo que tenía en el corazón, y sobre todo olvidar. Necesitaba olvidar que había tenido la sensación de ahogarse durante estas tres últimas semanas, necesitaba olvidar que lo que, en un principio, había tomado por una atracción era quizás en realidad otra cosa. Necesitaba olvidar que sentía que estaba enamorándose, poco a poco, de la madre adoptiva de su hijo, de su peor enemiga, de la persona que era responsable de tanto sufrimiento en su vida. Solo quería olvidar. Y para olvidar, iba a hacer lo que siempre había hecho, una gran cantidad de alcohol, un desconocido encontrado en un bar, y una noche de la que probablemente no se acordaría al día siguiente. Esa noche, no dejaría que Regina obnubilara sus pensamientos, esa noche se iba a dar un descanso bien merecido.

Apagó su teléfono, salió de su coche, después entró directamente en el bar que tenía delante. ¡Qué comience la fiesta!, pensó sentándose a la barra y comenzando a escrutar los posibles objetivos.

Después de varias copas, Emma ya no lograba pensar correctamente. Sintió unas manos pasearse por su cuerpo y se giró bruscamente para rechazar al hombre que se estaba sobrepasando un poco. Aunque hubiera decidido pasar la noche con él al principio, el alcohol que había ingerido, casi la estaba ayudando a recobrar el sentido. No podía hacerle eso a Regina. No podía lanzarse sobre el primer desconocido con la excusa de que estaba celosa del acercamiento entre el pirata y su bella morena. Tendría la sensación de estar engañándola, y esa confirmación le estrechó dolorosamente el pecho.

«Regina…» susurró Emma con desesperación

«¡Deja de hablar de esa zorra! Ven a pasártelo bien conmigo…»

«¡Apártate, pesado! ¿Todavía no has comprendido que no me interesas?»

Sin tener en cuenta las protestas de la rubia, el hombre la atrajo hacia él y comenzó a violentar su cuello con besos demasiado insistentes. Emma atrapó lo único que tenía a mano, es decir, una botella a medio vaciar de ron, y golpeó a su asaltante con ella. Salió corriendo del bar sin ni siquiera pagar lo que debía y se precipitó al coche. Arrancó deprisa, casi chocando con un coche que llegaba a su altura, se saltó un semáforo en rojo, y después todo se volvió completamente negro a su alrededor. Escuchó un ruido ensordecedor de carrocería aplastada, y después se desmayó dejando caer la cabeza sobre el volante.