Mirage

Autora: YukaKyo
Serie: Inuyasha le pertenece a su Autora.

Pareja: SesshoumaruxSango, un poco de InuxKag tambien

Categoría: T. Romance, acción, aventura, drama, angst.

Sumary: Desde cuando la exterminadora se convirtió en la presa? Tal vez desde que esta le robo su corazón.

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Tan solo por amor, ponemos nuestras manos

Al fuego de la pasión

Dejándonos quemar

Tan solo por amor

12. Decisiones

Escucho un leve gimoteo, no más bien, parecían sollozos reprimidos, de alguien que no quería ser escuchada llorar. Abrió lentamente sus dorados ojos, el saldo olor de las lagrimas invadió sus sentidos y aquellos dedos presionando con fuerza sus ropas le alertaron. Despacio miro a la mujer que se revolvía entre sueños, llorando apagadamente, seguramente a causa de algúna pesadilla.

Sus brazos que hasta aquellos momentos la habían tenido sujeta de la cintura, subieron despacio, palpando con la suavidad de sus yemas, la fina tela del kimono rosado que llevaba puesto la joven, trazando la estrecha espalda, deleitándose con la sedosidad de aquellos cabellos castaños que continuaban sujetos por la cintilla blanca que en ocasiones usaba.

Deposito suaves caricias sobre los cabellos, espalda, hombros, para finalmente volver a apresarla tiernamente entre sus brazos. Escucho como los pequeños lamentos se convertían en silenciosos suspiros, hasta que por ultimo simplemente cualquier sonido no fue presente. Los largos de dos de la exterminadora sujetaron las gruesas líneas del Kimono del youkai, como si no quisiera separarse de él.

—Tranquila, ya paso—susurro quedo Sesshoumaru, alejando algunos de los mechones castaños de la frente de la joven para poder ver aquellos ojos vidriosos que le observaban tristemente.

No supo porque, pero dentro de él, nació la necesidad de borrar aquella expresión de su rostro. Inconscientemente fue bajando su rostro, para depositar un suave beso en la frente de la mujer, al mismo tiempo que una de sus manos se encargaba de acariciar con cuidado de no lastimarla con sus filosas garras, la delicada piel de sus mejillas, alejando de las mismas algunas de las humedas lagrumas que aun por las mismas bajaban.

Sesshoumaru la observo detenidamente, su corazón latió deprisa cuando una luminosa sonrisa se formo en aquellos labios rosados, aunque se lamento cuando esta cerro sus ojos, encerrándolos celosamente tras los párpados levemente pintados de rosa. Pero no tuvo tiempo de enfadarse por aquello, ya que los delgados brazos de la joven le sujetaron de la cintura, abrazándole antes de soltar un suspiro.

Sango se sentía medianamente bien, confortada y protegida por aquellos calidos brazos que la sujetaban con delicadeza. Odiaba infinitamente soñar aquello una y otra vez, ese recuerdo que la atormentaba de forma cruel y maligna. Un sueño que empezaba como una dulce memoria de su pasado, cuando solo era una pequeña niña, una niña que no sabia nada de muertes o matanzas. Una niña que vivía en paz al lado de su madre y su pequeño hermano que apenas y caminaba.

Su pequeño hermano, Kohaku

Y luego, aquellos recuerdos donde como exterminadora viajaba junto a sus padres y compañeros, cumpliendo las misiones que les encomendaban para poder llevar algún bocado a la extensa y unida comunidad de exterminadores que formaban.

Pero aquella escena cambiaba drásticamente para mostrarla a ella, en medio de una poza de sangre, moribunda, vestida como la sanguinaria exterminadora en la que se había convertido. Herida mortalmente por su propio hermano.

Sango se abrazo con mas fuerza a Sesshoumaru, ahora que lo pensaba aquella pesadilla algunas veces le mostraba algo nuevo

Y la risa de ese demonio de cabellos negros y rojizos ojos, ataviado en la blanca piel de mandril, escupiéndole palabras ofensivas para solo terminar gruñendo.

Solo fue justicia... exterminadora

Sí, escuchaba las palabras burlonas y socarronas de Naraku en ocasiones.

Pero también desde hacia dos días

Asesina

Escuchaba esa palabra, repitiéndose una y otra vez en sus sueños, dichas con frialdad y desprecio, dignas únicamente de un youkai de largos cabellos celestes.

Abrió sus ojos asustada, había escuchado nuevamente esas palabras y esta vez si habían sido dichas, no en su cabeza como siempre, mas al ver aquel rostro relajado y tranquilo, desecho aquella idea, nuevamente su mente le jugaba bromas, los delgados párpados del youkai encerraban sus ojos, al parecer aun tenia sueño, la suave respiración de Sesshoumaru ahora le golpeaba las mejillas. Después de haberse levantado un poco de donde se encontraba acurrucada.

Las manos de Sesshoumaru estaban relajadas sobre su cintura, donde solo las tenia como puestas, se separó un poco, logrando quedar arrodillada frente a él. Una de las manos de la mujer, se levanto temerosa al principio, para delinear con sus yemas la piel del rostro del youkai, pasando por el imperceptible hueso de la quijada, subiendo por las violáceos marcas de sus mejillas, palpando con suavidad, los párpados cerrados, llevándose entre los dedos un poco de la pintura roja que los coloreaba.

Finalmente llego a la luna en la frente de Sesshoumaru, dibujándola con lentitud con sus dedos, delineándola al principio para después rellenar la azulada piel con sus movimientos.

—No hagas eso— escucho que le dijo el youkai, bajo su vista para encontrarse con sus pupilas doradas, mas no las encontró, seguían ocultas tras esos delgados párpados, pero pudo ver una sonrisa en los labios del youkai.

—¿Porque? — Pregunto de forma juguetona, antes de volver a pasar sus dedos por la luna. Vio como el youkai luchaba por no dejar escapar una risilla, controlándose a duras penas.

—Me haces cosquillas—logro decir Sesshoumaru antes de soltar una débil carcajada. Sango continuo con aquello, mas en un momento cambio sus dedos por sus labios, besando la suave piel de la frente del youkai.

Sesshoumaru iba a protestar, pero, aquellas atenciones que la mujer le estaba dando eran suaves y deliciosas, como pequeños mimos. Ya que ahora esos delicados besos, no solo se concentraban en su luna, sino también por el resto de su cara. Sango sonrió entre besos, al sentir como el youkai, se dejaba hacer y sus manos que hasta aquellos momentos habían estado estáticas sobre su cintura ahora se movían. Acariciando su espalda e incluso pudo sentir las garras del youkai, enredándose en sus cabellos.

Sango detuvo sus labios sobre una de las mejillas de Sesshoumaru, abrió lentamente sus ojos, encontrándose con la mirada expectante del youkai, sintió las garras del youkai enroscándose una vez mas sobre su cintura, acercándola nuevamente, manteniéndola sumamente pegada a él.

Pero Sesshoumaru no tuvo que eliminar la distancia que les separaba de sus bocas ya que la misma mujer fue quien lo hizo. Mas le sorprendió que la misma supiera corresponder a sus labios, de la forma en que él besaba. No le dio importancia, siguió disfrutando de aquella boca tan dulce que le embriagaba.

Y al mismo tiempo, no solo quería saborear aquellos labios, sino tambien, deleitarse con el cuerpo de la dueña de los mismos.

Y si ella lo deseaba y él tambien

¿Por qué no hacerlo?

Levanto sus garras, subiendo con lentitud por la espalda, hasta detenerlas en los hombros de la mujer, sujetando con fuerza la tela de kimono, si tiraba solo empleando un poco de su fuerza, la suave tela cedería y dejaría al descubierto la blanca piel de la mujer. Sus largos dedos apretaron las lineas de aquellas prendas que estaban cediendo, pero se detuvo, cuando un ruidito proveniente de la mujer, llamo su atención.

Sango se alejo del youkai, sumamente sonrojada, quedando sentada en sus piernas flexionadas, dejando la vista baja.

¿Como se había atrevido su estomago a traicionarla de esa manera?

Aunque no negaba que tenia razón, ese gruñido se había debido a que tenia hambre, la noche anterior no había cenado, ya que solo le había preparado comida a Sesshoumaru.

—¿Por qué no vas y preparas algo como anoche? — Sango levanto la vista aun sonrojada, mas la mirada tranquila y serena del youkai la hizo sentir bien— Yo también tengo algo de hambre—

—Sí— Sango levanto sus manos dirigiéndolas a su cabello, después de tomar entre sus dedos la cintilla blanca que se había caído de los mismos. Iba a sujetarlos con la misma mas los dedos del youkai sujetaron la cintilla quitándose la de sus dedos.

—Se ve más bonito si lo llevas suelto— los largos dedos de Sesshoumaru sujetaron algunos de sus cabellos, antes de dejarles caer viendo las formas que formaban, hasta quedar quietos y lacios. Sango afirmo con la cabeza, antes de levantarse y salir en silencio de la choza, no sin antes regalarle una sonrisa al youkai que con la mirada la seguía.

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Sango suspiro cansada, realmente era algo estresante estar viviendo de aquella manera, aparte de terminar de confeccionar su traje y armas, debía encargarse de las oraciones, de Sesshoumaru y de sus demás amigos. Lo primero ya lo había prácticamente terminado, bueno fue así hasta que Sesshoumaru le dio el visto bueno a su traje, el mismo que ahora llevaba puesto.

Sesshoumaru

Estar ahí para él no se le hacia cansado, aunque si era algo inquietante cuando se encerraba en sus mutismos o bien cuando se le quedaba viendo por demasiado tiempo sin decirle palabra alguna. Aunque ahora ya era un poco más comunicativo con ella. También se comportaba amable y dulce. Aunque después de aquel beso de la mañana no habían hablado de lo mismo, y tampoco lo habían repetido, pero al menos se habían pasado varias horas del día hablando, de su gente, los exterminadores.

Parecía que el youkai, sabia algunas cosas de ellos, para ser exactos sabia demasiado, siendo un youkai, aunque no le pareció extraño a la joven, después de todo, Sesshoumaru era uno de los más fuertes youkais y no solo fuertes sino de los mejores instruidos en combates y enseñanzas.

Aunque algo le decía que el padre de ambos, de Inuyasha y Sesshoumaru, fue quien le había dejado, aunque solo fuese al hijo mayor, aquellas enseñanzas de su gente, los exterminadores.

Y estaba Inuyasha y los demás, definitivamente con ellos se cansaba, aunque en esta ocasión el hanyou no se quedo demasiado tiempo junto a ellos. Inuyasha se había levantado en silencio y se había alejado. Sango había dividido su tiempo para poder estar con sus actividades, arreglar sus cosas, estar con Sesshoumaru y permanecer algunas horas con su antiguo equipo. Que por cierto no dejaban de acosarla con preguntas sobre el youkai.

Mismas que no respondia o bien solo daba respuestas a medias

Despues de todo, nada interesante por contar habia sudedido entre el youkai y ella...

El monje era el unico que no le preguntaba absolutamente nada, no se incluía en las continuas platicas que solo trataban del youkai con el que ahora estaba, solo permanecia alejado, sentado en posición de loto, meditando incansablemente. Aquello sí que extraño a Sango ya que durante el tiempo que había pasado con ellos anteriormente nunca lo había visto durante tantas horas en meditación. Pero después de un tiempo de verle, le pareció común y dejo de pensar en él.

Se levanto aburrida de la platica de Kagome y Shippo, quienes nuevamente trataban de convencerla para que dejara a Sesshoumaru y volviera con ellos. Sacudió sus ropas negras, acomodando la cinta roja que llevaba atada en su cintura y servía para sujetar su espada, aunque en aquellos momentos, no llevaba arma alguna.

Se había puesto el traje de exterminadora para que Sesshoumaru lo aprobara y no solo eso, también para que fuese él quien probara su resistencia. Una sonrisa se formo en sus labios, recordaba como el youkai, había puesto sus garras en una de sus piernas. Arrañadientes, despues de que ella misma se lo hubiese pedido con inistencia, halando la tela negra con sus uñas sumamante filosas, sorprendiéndole aquello al youkai de lo elástica y resistente que era. Como una segunda piel, le había dicho y era verdad, depues de todo el traje negro era sumamente flexible y se pegaba al cuerpo tomando su forma exacta.

E incluso, resaltando provocativamente, sus formas femeninas

Sango levanto sus castaños ojos mirando al anaranjado cielo, el sol estaba apunto de ocultarse y quería volver al lado de Sesshoumaru

—Me voy— miro como Kagome y Shippo se entristecían y se apresuro a decir algo mas— Mañana vendré temprano— ambos afirmaron con la cabeza antes de ver como la joven se daba vuelta y comenzaba a caminar, regresando a la aldea de los exterminadores.

Después de todo ella misma les había pedido que no se quedaran ahí

No quería incomodar a Sesshoumaru

Mentira. No quería que los interrumpieran, si es que algo pasaba entre ellos

Aunque aun no estaba tan segura de aquello, tal vez solo estaba confundida y estaba haciendo aquello para tratar de celar a alguien, tal vez.

Aunque no sabia con exactitud a quien

Sintió la mano de alguien sobre su hombro y giro levemente la cara, mirando fijamente aquellos ojos azules que le observaban. Aunque gracias a eso ahora podía comprobar lo que sentía.

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—Sango yo, necesito hablar contigo— la exterminadora siguió mirando hacia el frente, caminando despacio, siguiendo al monje que le llevaba sujetada de una de sus manos.

—¿Y a donde me lleva? — pregunto la mujer sin ganas.

—A donde ellos no nos molesten— Sango asintió, pero se soltó de la mano del monje, haciéndole una seña con su cabeza de que caminara y ella lo seguiría. Llegaron hasta un pequeño claro rodeado de enormes e imponentes árboles.

—Sango quiero aclararte algunas cosas— murmuro tranquilo Miroku, acercándose a la exterminadora, levantando una de sus manos, acariciando la mejilla de la misma, mas la mujer simplemente alejo aquella mano de ella, mirando fastidiada al monje.

—¿Qué cosas? —

—Sango, yo, lo que te dije antes que partieras, fue una mentira—La joven de cabellos castaños no dijo nada, solo espero a que el monje continuara con su explicación.

—Yo no la amo, si hice aquello fue solo por interceder por la pequeña Koharu —

—¿Ha sí? Vaya, que cosa—

—Sango créeme, Koharu, necesitaba que la ayudara, trabaja para los señores feudales de esa aldea yo soy la única persona a la que puede recurrir—

— Sí, ya veo— Sango giro los ojos desinteresada— Eres la única persona a la que se le puede pedir esa clase de favores—

—Sango— murmuro el monje extrañada por las irónicas palabras de la exterminadora, aunque esperaba que le golpeara y le gritara, le dolía que se mostrara tan indiferente y desinteresada. —No te importa ¿Verdad Sango? —

—¿Y tiene que?. ¿Acaso a ti te importo si me lastimaría lo que en esa ocasión me dijiste? —exploto al fin la exterminadora, acercándose peligrosamente al monje.

—Sango yo no quería, y necesitaba explicarte y después te fuiste. No supimos nada de ti y ahora que te encontramos, quiero decírtelo, explicarte todo—

—Pero ya no me interesa—la exterminadora bajo la vista, dejando verle al monje su semblante entristecido—Ya no— quería convencerse la mujer. Los azules ojos del monje se fijaron en aquellos ojos castaños vidriosos, que amenazaban con dejar caer algunas lagrimas de un momento a otro.

La abrazo suavemente, alegrándose de que la joven de cabellos castaños no le rechazara. Sintio las calidas lagrimas de la mujer, cayendo sobre sus ropas humedeciendolas, la abrazo un poco mas fuerte, diciendole sin palabras que, ahora ya nada los separaria.

—Béseme— Miroku vio como la mujer levantaba su rostro—Por favor— Y accedió, juntando sus labios con los de la exterminadora.

Mas lo que no sabían era que alguien los estaba viendo. Alguien que había salido a buscar a esa exterminadora.

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Sesshoumaru giro los ojos e imperceptiblemente su semblante fue cambiando lentamente, sus puños fueron cerrándose con rapidez, hasta que sus garras se clavaron en su piel haciéndole sangrar. Se regaño mentalmente una vez mas.

¿Porque diablos sentía aquello?

Bien, una cosa era que sintiera que Sango le perteneciera, pero aun no hacia absolutamente nada por demostrarlo, pero aquello que estaba sintiendo en aquellos momentos al verles juntos, era rabia.

Coraje, impotencia, ira, de aquellos labios sobre los de la exterminadora, aquellas osadas manos sujetándola de la estrecha cintura y la otra acariciando con suavidad la tersa mejilla.

Sentía dentro de él la sangre hirviéndole de rabia.

Alguien que no era él tocaba lo que le pertenecía. La besaba y disfrutaba, solo como él podía. Sango era suya, solo suya y ni siquiera ese insignificante humano se la quitaría. Ahora mas que nunca estaba de acuerdo en tomar una drástica decisión.

Y realmente no le importaba si la mujer estaba de acuerdo o no.

Estaba decidido, esa noche, Sango realmente seria suya

¿Pero que diablos?

Nuevamente pensaba otra tontería

Esa mujer nunca seria suya

Porque seria una gran ofensa para su especie

Ya que era una humana

Peor aun

Una exterminadora

El youkai, vio con desprecio una vez mas frente a él, mirando el descarado beso que aquellos dos humanos se daban. Una mueca asqueada se formo en sus labios y negó con la cabeza, antes de girarse para largarse de una buena vez de ahí.

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Sango abrió lentamente sus ojos, mirando desinteresada al joven de cabellos negros que le besaba.

¿Cuánto tiempo había esterado para que algo si pasara entre ella y Miroku?

Demasiado, pero el joven monje jamás lo había permitido. No cuando ella asi se lo habia pedido.

Hasta ahora, pero a Sango. Aquello ya no le importaba

Hacia unos momentos lo había hecho, para decidir

Y ese beso solo le había hecho hacerse conciente de lo que en realidad quería

Tenia que decidir entre quedarse junto al youkai o volver una vez mas junto a con aquel monje y

Miroku

Miroku no era mas esa persona a la que su corazon, desesperado necesitaba

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