Descargo de responsabilidad: Personajes oficiales y universo de Harry Potter propiedad de JK Rowling. "Come Back to Me" propiedad de la imaginación de ChristinaFay. Traducción de vuestra servidora.
N de la T: Dumbledore es un personaje polémico. Cuidó a Harry por sobre todas las cosas, pero yo creo que siempre despreció a Severus por haberse unido a Voldemort, sin importar que se hubiera arrepentido. Aún cuando confiara en él. Sin embargo sí le tuvo compasión a Draco cuando cometió el mismo error. En fin... un ser humano con mucho ego y con muchos defectos, en mi opinión. Que no quiere decir que sea totalmente malo. Un gris... a veces más oscuro.
Perdón por la demora. El viernes simplemente no estaba lista... Gracias por la paciencia y por seguir acompañándome!
Capítulo Doce – Una segunda oportunidad disfrazada
Severus maldijo entre dientes mientras caminaba por el estrecho sendero cubierto de musgo y hojas caídas. Cada paso que daba lo alejaba más del castillo y lo llevaba más profundamente dentro del corazón del Bosque Prohibido.
«¡¿Qué demonios estaba pensando ese mocoso Potter?! ¿Cuándo va a aprender el significado de la sutileza? ¿Por qué no pudo haber heredado algo de la inteligencia de Lily y tuvo que heredar, en cambio, toda la arrogancia de su padre?» Severus dejó escapar un gruñido enojado mientras sus botas de piel de dragón trituraban las hojas secas bajo sus pies. «¿Acaso no sabe que Dumbledore nunca deja a su chico dorado sin protección, incluso en Hogwarts? ¿Por qué no pudo ese mocoso, al menos, considerar consultar al único miembro de la Orden en el castillo después de tener esa especie de visión? Oh no... ¡no el heroico Niño-Que-Vivió! ¡El famoso Harry Potter debe cumplir con las expectativas y desafiar a todos los posibles peligros en su camino!»
Para cuando Severus recibió el Patronus en forma de un perro muy grande y confirmó que Sirius Black estaba, de hecho, residiendo de manera segura en el número 12 de Grimmauld Place, el Maestro de Pociones inmediatamente se dio cuenta de lo que había sucedido: el Señor Oscuro había infiltrado con éxito la mente de Potter y manipulado el pensamiento del joven mago. Con la esperanza de que no fuera demasiado tarde para encontrar una manera de explicar la situación a la joven Gryffindor, eso sí, de una manera sutil que Potter probablemente igual no entendería, Severus regresó a la oficina de Umbridge. En lugar de encontrar la situación bajo control, sin embargo, sólo encontró a varios de sus Slytherin gimiendo de dolor en el suelo.
Cuando su Jefe de Casa entró en la habitación, el líder de la Brigada Inquisitorial, Draco Malfoy, comenzó inmediatamente un quejumbroso recuento de su pelea con los pocos estudiantes que acompañaban a Harry Potter. Severus frunció el ceño con disgusto. Casi quería abofetear al mago de cabello rubio, si tan sólo eso pudiera hacerlo llegar al punto más rápido. Apenas escuchó mencionar al Bosque Prohibido, Severus salió corriendo del castillo y se aventuró profundamente en el bosque.
Deseó poder contar con que Hermione Granger metiera en cintura al imprudente de Potter. Pero con otros cuatro de los seguidores de Potter en el medio, Severus dudaba de que cualquier posible intento de razonar con el joven mago fuera eficaz. Deseaba que ella lo hubiera buscado a él antes de irse. ¿Debería haberse quedado después de la clase un poco más ese día, en lugar de irse de inmediato como lo había hecho en los últimos meses?
Poco después de la reunión de Dumbledore con Hermione, el director trató de convencer a Severus de que considerara la amistad que le ofrecía la joven bruja. La sugerencia molestó en gran medida al Maestro de Pociones. Severus había estado tomando nota de la naturaleza manipuladora del director. Sabía que Dumbledore tenía un plan maestro para toda la guerra, y siempre sentía amargura cuando el viejo mago se negaba a compartir los detalles con él. ¿Cuál era el verdadero motivo del anciano entrometido detrás de su sugerencia de hacer amistad con la joven bruja? ¿Cómo podría cualquier forma de asociación con él, un espía y ex mortífago, beneficiarla a ella? Severus se decidió rápidamente en contra de la sugerencia de Dumbledore, y continuó con su plan para evitar a la joven bruja a toda costa.
En esa tarde en particular, sin embargo, Severus no podía dejar de cuestionar su decisión. ¿Podría la complicación actual haberse evitado si se hubiera reunido con ella después de clase? ¿Hubiera sido menos grave la situación si él le hubiera dicho que podía contar con él si necesitaba ayuda?
Los pensamientos de Severus fueron interrumpidos cuando advirtió una tropilla de centauros corriendo por el bosque en la distancia, arrastrando detrás de ellos a algo parecido a un cuerpo de mujer. Rápidamente levantó la varita y forzó la vista para tratar de identificar a la persona, temiendo lo peor. Afortunadamente, un grito llegó a sus oídos y le ofreció un muy necesario alivio.
—¡Suéltenme! ¡Sucios mestizos! ¡¿Cómo se atreven a tocarme?! ¡Soy del Ministerio! ¡Ayuda! ¡Bájenme...!
Severus dejó escapar un gruñido de disgusto al reconocer a la dueña de la voz aguda. Sin embargo, si los centauros habían atacado a Umbridge, ¿qué les harían a Potter y sus seguidores? ¿Qué le podría pasar a... Hermione?
—¡Potter! ¡Granger! —Severus podía sentir la ansiedad acumulándose rápidamente dentro de él—. ¡Granger! ¡Hermione! —Llamó en voz baja pero insistente.
Contuvo el aliento cuando oyó el sonido de cascos de caballos acercándose hacia él al trote. Deteniendo sus pasos, apuntó su varita hacia los espesos bosques.
Un majestuoso centauro pelirrojo emergió entre las hojas en movimiento. —¿Quién es el humano de pie frente a Ronan? —La criatura le preguntó con dureza—. ¿Eres tú, también, tan tonto como para desafiar el territorio de Bane?
Muy lentamente, Severus bajó la varita e inclinó la cabeza ligeramente hacia el centauro. —Mi nombre es Severus Snape. Soy profesor de Hogwarts, y asociado del director, Albus Dumbledore. Pido disculpas por la intromisión. Por favor, comprenda que vengo al bosque en paz, porque sólo quiero encontrar a mis dos estudiantes. Ellos se metieron en el bosque por error hace poco. Sólo son adolescentes, y no le desean ningún mal.
El centauro trotó alrededor de Severus y observó al mago con curiosidad. —Severus Snape... —murmuró—. Qué interesante...
Severus frunció el ceño ante las palabras del centauro llamado Ronan, sin saber lo que significaban sus palabras ni cómo debería responder. Un momento más tarde, Ronan continuó. —He leído sobre ti en las estrellas... el mago con una relación ambivalente con el destino... —Se detuvo frente a Severus por un breve momento, como tratando de tomar una decisión acerca de la información que debía revelar al mago. Un momento después, añadió—: Sí... el hombre inteligente que no puede reconocer una segunda oportunidad disfrazada... No diré nada más... En cuanto a los dos estudiantes, se les unieron otros cuatro. ¿Eres tú el responsable de su comportamiento ignorante?
—Sí, por supuesto —Severus se inclinó un poco más bajo—. Por favor, acepte mis más sinceras disculpas. Ellos serán disciplinados en cuanto vuelvan al castillo. Creo que también es bueno para ustedes si puedo ayudarlos a deshacerse de los intrusos no deseados, ¿verdad?
Asintiendo lentamente con la cabeza, Ronan señaló un pequeño camino que conducía fuera del sendero principal. —Se fueron tras los thestrals, y creo que se fueron para su Ministerio. —Levantó la vista en la dirección opuesta y asintió con la cabeza hacia la tropilla de centauros en la distancia—. ¿Y qué hay de la otra? ¿La hembra desagradable?
—No tengo ninguna intención de buscarla —Severus respondió con frialdad—. Pueden quedarse con ella si quieren.
El Centauro resopló con enojo como respuesta. —No tenemos ningún interés en conservarla. Todo lo que queremos es vengarnos y enseñarle una lección.
—Muy bien —Severus miró hacia la bruja que gritaba—. Voy a hacer arreglos para que sea retirada del bosque cuando hayan terminado.
El centauro pelirrojo se levantó sobre sus patas traseras y soltó un resoplido. —Vete... ve tras tus potrillos... llévate a tu guerra lejos contigo. Tu conflicto no es querido en nuestro mundo.
Sin esperar respuesta por parte del mago, el centauro se dio vuelta y galopó dentro de los espesos bosques, dejando a Severus solo en el silencioso claro, contemplando la nueva información recibida acerca de sus seis alumnos errantes.
Con un movimiento de su brazo, una cierva plateada brincó fuera de la punta de su varita. Observando su Patronus desaparecer en el cielo, Severus sabía que los miembros de la Orden pronto estarían al lado de Potter, probablemente listos para pelear una intensa batalla contra los más leales mortífagos del Señor Oscuro. Se preguntó qué miembros de la Orden serían capaces de llegar en tan corto plazo. ¿Tendrían tiempo para transmitir el mensaje y aparecerse al Ministerio de inmediato? ¿Tendrían suficiente fuerza para proteger a Potter y sus seguidores... y... a Hermione?
Sintiéndose completamente frustrado con una situación que estaba claramente fuera de su control, Severus dejó escapar un gruñido bajo y tomó una decisión. Con un remolino de humo negro, el mago desapareció en el cielo bajo la cubierta de las alas de una bandada de cuervos asustados.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que Severus había lanzado un encantamiento desilusionador sobre sí mismo. Nunca lo encontró necesario en sus muchas misiones como espía de la Orden, porque él siempre era capaz de encontrar una manera pasar desapercibido al escuchar conversaciones privadas. Pero en este día, escuchar una conversación a escondidas no era su objetivo. Si tenía que ser honesto consigo mismo, tenía que admitir que, para un espía como él, ir a la escena de una batalla no era la idea más brillante. El encantamiento desilusionador podía desvanecerse rápidamente si era golpeado por cualquier hechizo o maldición, sin importar qué tan insignificante. Si eso sucediera, se revelaría a sí mismo frente a los otros mortífagos, y crearía complicaciones indeseadas.
Sin embargo, la preocupación por mantener el encantamiento se convirtió rápidamente en la última cosa en la mente de Severus. Se sentía cada vez más alarmado mientras buscaba a través de los primeros niveles en el edificio del Ministerio, incapaz de hallar rastro alguno ni de los adolescentes ni de los mortífagos.
No fue sino hasta que llegó al Nivel Nueve que Severus escuchó maleficios y maldiciones estallando en las cámaras. Haciendo su camino con rapidez hacia el caos, intentó reconocer las voces. Para su mayor preocupación, no pudo reconocer ninguna voz de miembros de la Orden, sólo los gritos y los alaridos de los adolescentes tratando desesperadamente de defenderse de sus atacantes.
Ni siquiera se dio cuenta de que había empezado a correr hacia los sonidos cuando escuchó la voz familiar que pertenecía a la joven bruja que había estado tirando de las fibras de su corazón por incontables meses. Sonaba como si Hermione Granger estuviera batiéndose a duelo con dos o tres mortífagos. Cuando Severus corrió a toda velocidad a través de la Cámara del Tiempo, escuchó a la bruja lanzar un hechizo aturdidor. Su grito fue seguido por un fuerte ruido, como si su hechizo hubiera golpeado a alguien de gran tamaño. Justo cuando Severus llegó a la final de la Cámara, la escuchó lanzar un hechizo silenciador. Un poco confundido por la elección de los hechizos, Severus siguió el ruido y se corrió dentro de una oficina fuera de la Cámara, justo a tiempo para ver una luz púrpura que salía disparada de la varita de un mortífago.
Severus levantó su varita instintivamente y lanzó un hechizo de protección entre la bruja y el mortífago, sólo para descubrir que era demasiado tarde para bloquear la maldición. La luz violeta golpeó a Hermione directo en el pecho. Severus sintió que su corazón le quedaba atrapado en la garganta mientras su percepción del tiempo se ralentizó y los eventos se desarrollaban en cámara lenta frente a él. Los ojos de Hermione se abrieron más grandes cuando la maldición hizo contacto con ella. Su boca se abrió ligeramente, exponiendo claramente que había sido tomada por sorpresa. Severus observó, impotente, cómo la joven bruja dejó caer su varita y dio un traspié hacia atrás, derribando una lámpara del escritorio antes de caer al suelo.
Sintiendo su sangre hervir de ira, Severus apuntó su varita hacia el mortífago y siseó una maldición entre dientes. Una luz verde salió de su varita y golpeó el mortífago en el rostro, haciéndolo callar de forma permanente.
—¿Quién está ahí? —Harry Potter levantó su varita, apuntando a la sala vacía—. ¡Muéstrese!
Severus hizo caso omiso del joven mago y rápidamente llegó al lado de Hermione. Arrodillándose junto a la joven bruja con la intención de tomar su pulso, se encontró con que sus manos temblaban incontrolablemente. ¿Era demasiado tarde? ¿Había sido ella capaz de silenciar al mortífago antes de que él lanzara la maldición? Porque si no... Severus cerró los ojos y apretó los puños con fuerza. Tenía miedo como de suponer. Después de todo, había muchas opciones en la magia oscura que no eran la maldición asesina para infligir heridas mortales.
—Harry... no veo a nadie. No hay nadie allí. Tal vez sea una especie de artilugio de seguridad en la Cámara... —Neville Longbottom salió de atrás de una silla.
—Hermione... —Harry corrió al lado de su mejor amiga, luchando por contener las lágrimas—. ¿Está...?
Silenciosamente, Neville se acercó a la joven bruja en el suelo y tomó la muñeca de Hermione. —Tiene pulso, Harry. Estoy bastante seguro de que ella tiene pulso.
Las palabras de Neville trajeron alivio a los otros dos magos en la sala. Pero la atención de Harry se desvió rápidamente hacia un gran estruendo y gritos que venían desde la habitación de al lado.
—Tenemos que ir a ayudar a los demás —dijo Harry—. Pero no podemos dejar a Hermione aquí. —Miró con recelo a su alrededor—. No confío en este lugar.
Las palabras de Harry desviaron los pensamientos del mago invisible, de la bruja inconsciente a la batalla en la cámara adyacente. Antes de que Severus pudiera decidir sobre si debía mostrarse, sin embargo, Neville se agachó junto a Hermione y la levantó en sus brazos.
—Eres mejor para los duelos, Harry. Yo voy a llevarla.
Severus hizo una mueca al joven mago regordete, sin entender por qué de repente se sentía tan celoso al ver al adolescente llevando en sus brazos el cuerpo inerte de Hermione. ¡Él, Severus Snape, nunca, nunca, podía sentir celos de Neville Longbottom!
—Vamos, entonces —Harry recogió la varita de Hermione y ayudó a Neville a levantarse. Sin mirar hacia atrás a los cuerpos de los dos mortífagos en el suelo, los jóvenes magos hicieron su camino fuera de la Cámara del Tiempo, con un guardián invisible a la zaga.
Severus casi temió lo peor cuando lanzó otro fuerte escudo protector: los adolescentes estaban perdiendo terreno rápidamente. Fue entonces cuando cinco luces brillantes volaron dentro de la Cámara de la Muerte anunciando la llegada de Shacklebolt, Ojoloco, Tonks, Lupin y Black.
—Era hora —gruñó Severus mientras miraba a los miembros de la Orden hacerse cargo de la batalla. Durante los últimos diez minutos, él había estado tratando de hacer tiempo para los jóvenes magos y brujas disparando hechizos y maldiciones sutiles. Ahora que los miembros de la Orden habían llegado a tomar su lugar, no tenía que pensar antes de irse a encontrar a esa persona en la habitación.
A Hermione la habían dejado apoyada contra la pared más temprano, cuando Neville había tratado de defenderse de una cadena de maldiciones Cruciatus de Bellatrix Lestrange. Severus no tenía idea de dónde estaba el joven mago, pero sintió cierta satisfacción al saber que aún no lo habían matado a pesar de su torpeza. Mirando hacia abajo al pálido rostro de la joven bruja, Severus recordó las pocas palabras que le había escuchado decir a Dumbledore cuando ella visitara al director poco después de las vacaciones de Navidad. A pesar de que el director no le explicó su encuentro en mucho detalle, Severus comprendió que ella había negociado su compromiso de ayudar a Potter por un plan de contingencia para su propia seguridad. Cuidadosamente, él hizo a un lado un mechón de los rizos de color marrón oscuro, deseando que ella pudiera devolverle la mirada con sus ojos de color marrón y miel. Pero ella no se movió. Con el ceño fruncido ante la falta de heridas visibles en la bruja, Severus señaló a Hermione con su varita y lanzó con rapidez unos encantamientos de diagnóstico. No pasó mucho tiempo para que él confirmara sus sospechas: el daño causado por la maldición oscura estaba enfocado en su corazón y sistema nervioso. Rápidamente decidió que iba a necesitar algo más que pociones.
Deseando que la batalla terminara pronto, Severus levantó la vista para observar la habitación. Parecía como si los miembros de la Orden se hubieran encontrado con sus pares de duelo. Maleficios y maldiciones volaban por todo el lugar cual descargas eléctricas y fuegos artificiales. Las maldiciones perdidas estallaban por toda la habitación, lanzando chispas de colores a su alrededor. Sin importar lo mucho que combatieran, sin embargo, no había ninguna señal de que la situación estuviera, para nada, bajo control.
La atención de Severus se centró rápidamente en el duelo entre Bellatrix Lestrange y Sirius Black. Ambos imprudentes, ambos arrogantes, y ambos ligeramente oxidados después de los años que pasaran tras las rejas en Azkaban, el mago y la bruja hacían una gran pareja. Observando a Bellatrix con los ojos entrecerrados, Severus pensó que ella estaba a punto de convertirse en un animal salvaje. Ser un animago podría no ser la única manera de perder la forma humana, si uno estuviera dispuesto a considerar los chillidos y gritos que acompañaban cada movimiento de la bruja. Y entonces, de repente, Severus notó que la mano izquierda de la bruja se curvaba poco a poco en una garra, como las de un halcón hambriento. Fue entonces cuando se dio cuenta de lo que ella estaba a punto de hacer. Bella siempre tenía la costumbre de hacer ese gesto justo antes de lanzar la...
—Avada Kedavra! —gritó ella. Una luz verde salió disparada de la varita de Bellatrix.
En medio del caos, nadie notó la fuente de una luz blanca que voló a través de la habitación y explotó justo sobre la cabeza de Sirius Black un instante antes de que la luz verde alcanzara al mago. Sorprendido por la explosión, el merodeador bajó la cabeza, justo a tiempo para esquivar la maldición asesina.
—¡Cómo te atreves! —gritó ella.
—¿Cómo has podido! —gritó Black gritó—. Tú... bruja de sangre fría... parásito miserable... eres una vergüenza para la humanidad...
Severus puso los ojos en blanco mientras escuchaba despotricar a Black. ¡Si el hombre tan sólo pudiera callarse y prestar más atención al duelo que tenía en las manos!
Fue entonces cuando una brillante luz atravesó la habitación, proclamando la llegada del antiguo director de Hogwarts. A los mortífagos no les tomó mucho tiempo darse cuenta del cambio en la fuerza de sus oponentes. Uno a uno se retiraron a través de diversos portales, con Shacklebolt y Ojoloco siguiendo rápidamente el ejemplo de Dumbledore para arrearlos hacia los niveles superiores. Después de tirar al suelo a un mortífago con una maldición aprisionadora de cuerpo completo, Lupin se lanzó hacia un lado para examinar la metamorfomaga herida.
Aún no había ninguna señal de que el duelo entre los dos descendientes de la Casa de Black se desacelerara. Severus se preguntó si el mago había siquiera tenido alguna oportunidad de meterse por entre medio de las maldiciones de la bruja y lograr un golpe efectivo con sus hechizos. Severus pensó que si él hubiera sabido que Black era así, no hubiera temido el desafío del merodeador para batirse a duelo cuando ambos eran estudiantes en Hogwarts.
Sintiendo el cambio en la marea, la bruja se volvió aún más y más agresiva. Gritando lo más fuerte que pudo, le envió otro ataque. —¡Sectumsempra!
Severus se sorprendió al oír la familiar maldición de boca de la mortífaga. A medida que la maldición se puso en contacto con Sirius Black, su cuerpo se puso rígido de repente, como si hubiera sido golpeado por una maldición aprisionadora. Un ruido extraño como de gorgoteo escapó de su garganta. Mirando directamente a la bruja con la que compartía la misma sangre, el mago dejó escapar una pequeña y miserable risa. Su varita resbaló entre sus dedos mientras sus rodillas se vencieron. Y el mago cayó al suelo con un golpe doloroso.
—¡No! ¡Sirius! —De repente, Harry apareció de la nada, corriendo directamente al lado de su padrino. A medida que el joven mago ayudaba al mago herido a darse vuelta, Severus pudo ver la sangre que goteaba por las comisuras de los labios de Black, y las manchas rojas que se filtraban a través de su abrigo.
Bellatrix rió maniáticamente mientras corría hacia una puerta lateral que conducía al vestíbulo. —¡Sirius Black está terminado! ¡Jajaja! ¡No pierdas tu tiempo en un hombre muerto, bebé Potter!
—¡No! —gritó Harry y corrió tras la bruja.
—¡No, Harry! —Remus gritó desesperadamente y trató de detener al joven mago de ir tras Bellatrix Lestrange. Sin embargo, Harry era como un toro al que acababan de dejar suelto en el ruedo. Incluso el hombre lobo no tenía fuerza suficiente para detenerlo.
Dejando escapar un grito de frustración, Remus lanzó una mirada dolida hacia Tonks y Sirius, y corrió tras el mismo Harry.
El silencio pronto reemplazó el caos en la habitación. Con largos y rápidos pasos, Severus se acercó a Sirius Black. Mirando hacia abajo al mago que luchaba por respirar, reconoció las heridas infligidas por la maldición que él conocía tan bien. Qué irónico... todas esas semanas y meses, cuando trabajaba en la maldición, tenía la imagen de un Sirius Black derrotado ante sí. Y ahora, casi veinte años después, la maldición finalmente se había hecho con el mago que fuera responsable de tantas pesadillas que estropearan la adolescencia de Severus. Pero ¿por qué? Severus negó con la cabeza. De repente se compadeció del mago que tenía ante sí. Sirius Black no entendía. No entendía por qué no era lo suficientemente bueno como para cambiar el mundo, por qué tenía que esconderse en su casa mientras veía que los otros luchaban en la guerra y por qué él no era el héroe en que pensaba que iba a convertirse.
Sí, a Severus aún le caía mal Sirius Black. Lo detestaba, e incluso tal vez todavía lo odiaba. Pero no veía ninguna razón para que el hombre muriera.
—No te he salvado de la maldición asesina sólo para que puedas desangrarte hasta la muerte —le susurró en voz baja, dirigiéndose al mago que poco a poco iba perdiendo la conciencia. Apoyándose sobre una rodilla, Severus cantó el hechizo de curación en un tono tranquilo y parejo. Con cada golpe de su varita, observaba desaparecer el corte sobre el cuerpo del mago. A medida que la magia borraba los cortes, también parecía aligerar algo dentro de Severus, como si se estuviera liberando de una carga que había estado llevando durante todos esos años.
Severus terminó con el hechizo de curación justo a tiempo. Mientras los gritos y alaridos procedentes del Atrio arriba disminuyeron lentamente, él podía oír los pasos apurados que rápidamente se acercaban a la Cámara de la Muerte acompañando a las voces de Shacklebolt y Lupin. Severus dio un rápido paso al costado alejándose del mago herido cuando se dio cuenta que el hombre lobo que corría hacia él.
—Sirius —Lupin corrió al lado de su mejor amigo, sorprendido de encontrar que el hombre no sólo estaba vivo, sino que tenía también se había librado de muchos de los profundos cortes por arte de magia.
—Bien. Vienen más Aurores en camino. Vamos a hacer que los trasladen a todos a San Mungo —Shacklebolt declaró con calma.
—No a los estudiantes —de repente Dumbledore entró en la habitación y dio sus propias instrucciones—. Debemos transferirlos de nuevo a Hogwarts. Hay muchas posibilidades de que se produzca un caos ahora que Voldemort ha aparecido delante de medio Ministerio. Antes que nada, la posición del ministro es clara, y no puedo arriesgarme a que mis estudiantes sean expuestos a los medios de comunicación.
Observando a varios Aurores correr dentro de la habitación y cuidar de los heridos, Severus finalmente dejó escapar un suspiro de alivio. Lanzando otra mirada anhelante a una joven bruja en particular, salió de la habitación en silencio. Pronto podría verla en Hogwarts. Pero antes de eso, incluso antes de darle las instrucciones a Poppy para que preparara las pociones, tenía que hacer un desvío y buscar algo que sería de gran importancia para ayudar en la recuperación de Hermione.
—¿Se ha despertado? —Una voz aterciopelada preguntó suavemente en la oscuridad.
—Sí, pero sólo brevemente —la respuesta de Poppy no era más que un susurro. Hizo a un lado una pantalla de color blanco, dejando al descubierto una joven bruja que dormía plácidamente en la cama del hospital—. Le di tres de las pociones que su Patronus mencionó. Esas son las únicas que tengo aquí. A las otras siete no las tengo.
—Yo puedo ayudarte a prepararlas esta noche —un mago de negro asintió y metió la mano en el bolsillo del pecho—. —Ten, pónselo a ella, y dile que la mantenga durante los próximos diez ciclos lunares.
La enfermera se quedó sin aliento ante el objeto brillante que el Maestro de Pociones había colocado en la palma de su mano. —¿Por qué? ¿De dónde sacaste esto?
—Era de mi madre. Una piedra lunar activada es un elemento clave para curar las lesiones causadas por la magia oscura. Las piedras lunares activadas son raras. Resulta que tengo ésta en mi poder... y ya que está ahí...
—Ella va a estar muy agradecida por tu ayuda, Severus —Poppy sonrió a su colega sinceramente.
—No —respondió él de inmediato—. No hay necesidad de hacerle saber que yo le di esto. De hecho, te agradecería que tuvieras a bien mantener el secreto. Sólo dile que lo conseguiste de un amigo. La propiedad de este pendiente no debería preocuparla.
La enfermera dejó escapar una risa suave y negó con la cabeza. —Tú, Severus, eres un hombre muy extraño.
El Maestro de Pociones puso los ojos en blanco. —Simplemente no podría aguantar más parloteo de la insufrible sabelotodo. Es por su propio bien que ella no lo sepa todo.
Hermione pensó que sus ojos estaban abiertos, pero lo único que podía ver era oscuridad. Ella trató de levantar la cabeza, pero no podía mover ni un músculo. Podía oír las voces de Harry y Luna combatiendo en un lugar aparentemente muy lejano, pero no podía ver nada. Se estaba poniendo muy frío, y la oscuridad amenazaba con asfixiarla. A medida que una ola de dolor se movía a través de su pecho, no tuvo más remedio que entregarse a la oscuridad sin fin...
Se sintió acostada sobre algo blando. Podía sentir las sábanas de algodón tocando su mano. Tratando con todas sus fuerzas, ella abrió sus pesados párpados , pero una ola de mareo la obligó a cerrar los ojos de inmediato.
Es posible que Hermione dejara escapar un suave gemido. No estaba segura. Pero eso podría haber explicado el brazo suave ayudándola a levantarse.
—Aquí, mi querida niña —era la suave voz de la señora Pomfrey—. Sabemos lo que te está haciendo daño. Estas pociones ayudarán con el dolor. Pero sólo tengo tres. Estoy segura de que el profesor Snape nos ayudará a conseguir el resto. Bebe esto... y tratar de dormir un poco.
No era una opción para Hermione. Antes de que su cabeza tocara la almohada estaba inconsciente de nuevo, de regreso a la oscuridad, la oscuridad que estaba extrañamente tranquila y solitaria. Se sentía como si estuviera despierta, sólo que en una pesadilla interminable.
Un suave resplandor de luz blanca de repente rompió la maldición de la oscuridad que la rodeaba. Hermione levantó una mano para protegerse los ojos de la luz, sorprendida al descubrir que no sentía más dolor al mover su brazo. Observó con asombro cómo la oscuridad a su alrededor se rompía en mil pedazos. Acompañada de una ola de calor, luz blanca se vertió desde las cuatro direcciones de la habitación donde se encontraba. Mirando a su alrededor, se encontró con paredes que eran de un tono marfil translúcido. No había ventanas en las paredes ni muebles en la habitación; sin embargo, de una manera algo extraña, el vacío era reconfortante. Mirando hacia abajo, se dio cuenta de que estaba de pie sobre un piso de mármol blanco, vestida con una especie de túnica blanca. La prenda estaba hecha de un material ligero y suave, con un brillo plateado que irradiaba de ella. Ciertamente, no era parte del uniforme que se ofrece a los estudiantes de Hogwarts.
Miró a la distancia cuando escuchó suaves pasos que se acercaban a ella. Muy lentamente, una figura delgada emergió del centro de la luz distante. Hermione rápidamente divisó la imagen de una mujer joven con el pelo largo, negro y ondulado. Llevaba un vestido blanco igual al de Hermione. La forma en que sus caderas se balanceaban con elegancia al andar, recordó a Hermione la reflexión de la luz de la luna bailando en el Lago Negro.
—¿Eres... un... ángel? —Hermione preguntó vacilante—. ¿Estoy... muerta?
—¿Muerta? —La mujer, que estaba sólo a un par de metros de Hermione, se detuvo en su camino y arqueó una ceja—. Espero que no. Porque yo, por cierto, no poseo el poder de resucitar a un alma. —Ella inclinó la cabeza un poco como un pájaro curioso. Al observar a la joven bruja cuidadosamente, ella sonrió—. Aunque no me molesta el cumplido.
Hermione frunció el ceño ante la respuesta de la mujer. —¿Entonces no eres... Dios?
—¿Dios? —La mujer con el pelo largo y negro parecía estar aún más divertida—. ¿Cómo se ve tu dios? Yo todavía no he tenido el privilegio de conocer a ese ser todopoderoso.
—Oh, lo siento... —Hermione se cubrió la cara con las manos—. ¿Es esto un sueño? Estoy tan confundida.
—Por supuesto que sí —la voz de la mujer se suavizó—. Y éste es, en efecto, un mundo de ensueño, creado por mí, sólo para ti, para mi propio entretenimiento. Tenía un fuerte deseo de conocerte en persona.
—Ah... bien... —el ceño de Hermione se profundizó. O su lesión estaba jugando trucos en su cabeza, o la mujer estaba hablando en clave.
—Hermione... Granger... —La mujer dio unos pasos hacia delante y examinó a la joven bruja de cerca. Ella dijo el nombre de Hermione como si hubiera estado escrito en el rostro de la chica—. Cuán peculiar...
Luego de otro momento incómodo, la misteriosa mujer dio un paso atrás, y sorprendió a Hermione con una breve auto-presentación. —Soy Ío. Mi señora favorita me dio el nombre de una diosa de la luna. Supongo que es adecuado, creo. Lo que no entiendo es por qué me enviaron a ayudarte a ti.
—¿Quién? ¿Quién es tu señora favorita? ¿Ella te envió para que me ayudes?
—Yo no creo que ésa sea una pregunta que yo pueda responder —la mujer llamada Ío dijo con frialdad—. Pero debes saberlo, hace siglos prometí mi lealtad a la Casa de Prince. Durante años me dejaron en la pequeña caja de plata, olvidada en un lugar tranquilo. Me temo que ellos piensan que mi poder no es digno de servirlos —las últimas palabras salieron en un susurro.
—Lo siento mucho, Ío. Probablemente no se dieron cuenta de lo que se estaban perdiendo. —Hermione tragó saliva, insegura acerca de qué clase de extraño sueño estaba teniendo. Aunque esto era mucho más reconfortante que la oscuridad, tratar con una diosa enojada no parecía ser una alternativa muy atractiva.
—Eso es lo que he estado diciéndome, también. —Ío dejó caer la cabeza mientras caminaba lentamente alejándose de Hermione—. Pero entonces el señor me envía a ayudarte. ¿Por qué... a ti?
—¿Qué... qué quieres decir? Tu señor... ¿no tu señora? —Las cejas de Hermione se fruncieron—. ¿Y por qué te parece extraño que tu señor te envíe a ayudarme... a mí?
—¡Por qué! Porque no hay una sola gota de sangre Prince en ti. ¡Ése es el por qué! —La mujer de pelo negro se dio vuelta y respondió con fastidio, como si la respuesta fuera tan obvia que era ridículo que Hermione siquiera hiciera la pregunta.
—¿Por qué todo siempre tiene que reducirse a un tema sobre líneas de sangre? —Hermione rodó los ojos. Ella no estaba segura de tener la energía para un debate.
—A menos que... —Ío empezó de nuevo a caminar en círculos alrededor de Hermione—. Ya veo... Muy interesante... —Una sonrisa maliciosa apareció en su rostro.
—¿Qué ves? —Hermione arqueó las cejas—. ¿Qué tiene de interesante? ¿Qué has descubierto?
—Eso no es de tu incumbencia —Ío respondió, tranquilizada—. Pero yo he encontrado mis respuestas. —Haciendo caso omiso de las protestas de Hermione, la mujer de pelo negro saludó con gracia a la joven bruja con la cabeza antes de alejarse dentro de la luz que las rodeaba en la distancia.
—¡Espera! ¡Ío! —Hermione trató de correr tras la misteriosa mujer, pero algo invisible en el suelo tomó su tobillo. Ella dejó escapar un pequeño grito y se contuvo de caer. Cuando volvió a mirar hacia arriba, vio la luz del día colándose a través de los espacios que dividen un conjunto de pantallas de privacidad blancas: estaba acostada en una de las camas de hospital de la señora Pomfrey en Hogwarts.
