¡Heeeu!

Aquí Ayu haciendo triple post -_-, éste es el segundo xD. Gracias a los Reviews que recibí, en serio me agradaron el día *O*. Cuando tenga más tiempecito me dedicaré a contestarlos todos, lo prometo. Perdón por haber tardado en subir el capítulo, ¿pero ya qué? Aquí está y espero que lo disfruten ;). Aclaro que ésta no fue la idea original del capítulo 12 -n-, pero al momento de escribirlo, tuve una crisis de inspiración y me puse a analizar lo que llevaba y me dije, "Ugh, ¿en serio, Ayu? ¿Y así es como piensas conquistar el mundo?", y bue... Lo reescribí. Es que tenía demasiado relleno del que no quería poner -_-, y la idea nueva que surgió fue ésta. Este iba a ser el Capítulo 15 .-. pero cambié de táctica y espero que les agrade más. Me divertí como quinceañera que no soy escribiéndolo xD.


If Were a Boy

—(¯`•¸•´¯)—


Capítulo 12: Recargados


¿Quién inventó los jueves? Ah, ya sé, fue un idiota sin oficio que quiso ponerle el nombre de Júpiter a uno de los días de la semana, y tuvo que escoger el peor día al que detesto con ganas para ponerle el nombre de mi planeta favorito. Ése fue el día en el que me debían dar una soberana paliza en fútbol; nótese que no había practicado nada del juego y que sigo igual de debilucha que siempre, pero como dijo Rin, parece que no soy tan mala portera.

Palabra cierta, puesto que fui un asco como delantera cuando Big quiso hacer demostraciones por las clases, vimos fútbol; sin embargo, Gakupo, el capitán —que era de esperarse— de mi equipo, me colocó de portera y me fue mejor. Detuve unos cuantos goles, otros se me fueron de vista, pero a la final ganamos por una diferencia de tres anotaciones. En conclusión, no me fue del todo mal.

También pasó algo fuera de lo común en el colegio: Meiko y Gakupo llegaron juntos en el auto del padre de éste, cargando con unas cuantas compras. Son las diligencias de Teto, pensé al instante, pero logré reparar en que él y Meiko se estaban llevando de maravilla como si fuesen amigos de toda la vida, cuando ellos ni siquiera se miraban las caras o notaban que estudiaban juntos desde primaria. En fin, miré a Teto bastante extraña con las compras que Gakupo y Meiko hicieron, incluso emocionada.

Las chicas y Nero me han contado que los ensayos de la obra se están llevando a cabo bien. Que ya Luka no tiene pena de mostrarse como personaje principal frente a su amado Nero, que Len ha estado mejorando sus gritos de damisela en apuros y que Neru en serio parece una viejita gruñona.

Otra cosa que hicimos fue ir al maldito espá aquel. Todos los cayos en mis pies sufrieron, debo decirlo, y las muy intrépidas de las señoritas que nos atendieron me pintaron de los pies las uñas de un ridículo color rosa chicle con unas mariconas florecitas cursis. Sufrí como no tienen idea dentro de ésa cosa, aunque... debo admitirlo, me relajó bastante y parecía andar en las nubes al salir de allí, tanto así que me llamó mi hermano mayor comentándome algunas cosas de su estadía en la universidad de Kyoto, pero ya ves que ni le presté atención a nada.

Hablando de Mikuo, cuánto lo extraño...

Viernes... Sí que fue un día fuera de lo común, literalmente hablando. Ése día nos tocaba pijamada en casa de Rin. En la mañana había llegado hacia nosotras con una cara que parecía que clamaba salvación, luego nos contó entre susurros y forzando una sonrisa que le salió bastante hipócrita algo que nos dejó locas.

—Adivinen la última —había dicho entre dientes—, Len quiere estar en nuestra pijamada.

Y detrás de ella apareció su hermano de no sé dónde. Tan concentradas estábamos en la cara de Rin que ni cuenta nos dimos de que estaba siendo seguida por su hermano que nos saludó con su cálido y ahora típico «Hola, tontas».

Normalmente, cuando nos toca pijamadas en casa de Rin, Len nos ignora en redondo. Solía entrar a casa —puesto que a veces vuelve de casa de sus amigos— y ni nos miraba las caras para saludarnos o algo parecido, luego se encerraba en su habitación y de ahí no salía hasta el día siguiente para desayunar junto a nosotras, y eso era a veces porque su madre se mofaba de que él fuera tan poco social con las amigas de su hermana e incluso con la misma Rin. En pocas palabras, Len era un completo idiota con nosotras. Bueno, es que antes ni se acercaba junto a Rin a saludarnos y ahora no se despega ni de ella ni de nosotras.

Bueno, y como dijo Rin, el muy idiota de Len estuvo con nosotras en tooodo momento. Y cuando digo «tooodo», me refiero a TODO. incluso cuando salimos del colegio y las chicas decidieron irse caminando a casa de Rin puesto que la misma no queda tan lejos del instituto. Pero no saben lo terrible que fue ésa idea... puesto que Miku-como-Kenjiku los estaba acompañando y tenía que cambiarme a mí misma cuanto antes. Entonces caminamos juntos un rato, alegué que Kenji también se iba por la misma vía que ellas y, cuando divisé un restaurante, hice lo mismo del miércoles por la tarde: cambiarme rápidamente en un baño público y salir de allí recibiendo muchas miradas extrañadas encima de mí; alcancé a los chicos como yo misma saludándolas y llegamos a casa de los Kagamine al fin...

La verdad es que la velada con Len no estuvo para nada mal. Más bien fue... divertida. Épica. Algo nunca antes hecho. Lo cierto es que Len estuvo genial como anfitrión. Jugamos algunos juegos juntos como Twistter y Cranium... Toda una noche inesperada, pero a la vez genial.

Y con inesperada me refiero también a otra cosa.

¿Se recuerdan del mensaje aquel de Neru en el que decía que quería hablar conmigo? ¿Ése mismo que me envió el martes y que por mi cabeza no pasó recordárselo —o ella a mí— después de aquella salida al parque? Juh, pues adivinen qué salió a flote aquel viernes en la madrugada.

Tenía algo de insomnio y noté a Rin y a Len demasiado acurrucados en la cama de ésta. Según lo que ella me había contado, ellos ya no dormían juntos desde niños, y con tal escándalo que armaron ése mismo viernes por la mañana ya me suponía que era cierto...

—¿Qué sucede? —le pregunté en recreo a ella cuando después de comprar mi desayuno junto a Gumi, reparé en una pelea que tenían los gemelos en ése mismo instante en el que me senté junto al grupo.

—¡Éste idiota no sabe decir más que tonterías! —vociferaba Rin a oídos de todos los que la rodeábamos, aunque sólo los que estábamos más cerca de ella le prestaron atención.

—¿Qué tiene de malo que durmamos juntos como hace años?

Ok... Ése cuestionamiento de Len sí que tuvo doble sentido, y no me juzguen por mente sucia, es que viendo las caras que pusieron Gakupo y mi futuro esposo en ése momento... Dios, qué trauma.

—¡Malditos mal pensados! —Len se había sonrojado— ¡Somos gemelos, nacimos juntos! ¡Desde niños dormíamos en el mismo cuarto hasta que ella quiso el suyo propio a los nueve!

—¡Si me montabas las patas encima cómo demonios pensabas que no iba a querer mi propio cuarto! —protestaba la rubia.

—¿Qué? ¡Pero si tu me quitabas las sábanas y de paso siempre terminaba despertando en el suelo!

En fin, lo cierto es que ése viernes en la madrugada ellos se veían muy abrazados y, resulta ser, que Len sí le montaba una pierna encima a ella mientras Rin clamaba un poco las sábanas. Para poder conciliar el sueño de nuevo —y para poder quitar ésa imagen de amor-de-hermanos de mi mente— salí a la cocina sin reparar más en la oscura habitación de Rin. En eso me encontraba frente a Neru, quien escribía frenéticamente en su celular algunas cosas que yo no supe, sólo hasta que por arte de magia se sinceró conmigo.

Neru es... una chica bastante asocial. Ella no suele hablar demasiado y mucho menos hace amigos tan fácilmente, eso ya lo sabrán. Aún recuerdo cómo fue que la juntamos al grupo... Ella estaba sentada en su pupitre en medio del solitario salón de clases leyendo un manga shoujo. Yo había entrado al aula casualmente y la había invitado a jugar matantena conmigo y Luka, y ella desistió. En eso Rin había entrado junto a Meiko y la vieron, la invitaron también a jugar y la jalonaron hasta que accedió y se dejó llevar. Fue una tarde "normal" de kínder...

Ella al verme me dijo al fin lo que me quería decir con tanta urgencia. Yo, sin embargo, casi me caigo de la silla al descubrir tal drama en el que se había metido ésta niña. Es una gran amante de Paramore, la banda de rock alternativo, misma que no me llama la atención demasiado, y está inscrita en un club de fans online según me hubo dicho. Mismo fanclub que entró a la conversación ésa madrugada. Parecía que otro fanático —o Parawhore, como se hace llamar el fandom— se había hecho muy amigo de ella por medio de la página donde se hablaban por nombres de usuarios o nicks, mas no por sus verdaderos nombres de pila.

La historia del "anoname" que tanto mencionaba comenzaba a cobrar algo de sentido.

Lo cierto es que Neru se escribía con un anónimo desde hace unos cuantos meses atrás. Pero, como siempre... la verdad debía descubrirse algún día, pues parecía ser que él quería conocerla en persona a ella. Según Neru, su amigo-sin-nombre vive aquí en Tokio y ella quería pedirme una opinión al respecto.

Santo Dios, ¿qué podía pensar yo en ése momento? Sólo era una chica con unos pesados trece-casi-catorce años de vida la cual se estaba volviendo loca en descubrirle un supuesto secreto al chico que más quería, y la mejor manera parecía ser vistiéndose como un chico. Pero el único consejo que le pude dar fue que descubriera quién era más o menos el muchacho.

Y es así como nos encontrábamos el resto del fin de semana las chicas y yo. Neru y yo pusimos al tanto del asunto a las chicas, incluso a Len, y llegamos a la conclusión de que debíamos sospechar de aquellos a los que les había sonado el celular en el momento en el que conversábamos sobre ir al parque de diversiones el martes, puesto que la rubia estaba hablando con él en ése instante, además de que me envió un mensaje a mí lo que me descarta de la lista.

Es aquí donde llegamos al lunes. Éste maldito lunes.

Llovía. Era una lluvia tormentosa que sólo alcanzaba a volver el panorama deprimente, pero eso no impidió que muchos padres agresivos y estrictos mandaran a sus hijos al instituto. A mí, a mis amigas y a los amigos de Kenji, por ejemplo. Con la piel hidratada, gracias al ridículo espá aquel, asistí a clases este día con un ánimo un poco caído por los pisos del edificio.

Rin estaba que se dormía en su pupitre junto a una libreta que le tapaba la cara, tal parecía que los parloteos de la profesora le valían un rábano porque se le notaba cansada. Luka y Meiko hablaban entre susurros. Gumi adelantaba su desayuno a escondidas de la profesora con la cabeza metida dentro de su mochila. Neru raramente no estaba usando su teléfono y estaba algo atenta a la clase, o eso quería hacer creer porque, al igual que Rin que ya debía estar en el quinto sueño, estaba cabeceando con ganas de dormir.

Yo por mi parte me encontraba mirando a los lados con toda la carga de odio-la-lluvia encima de mi. No tendríamos recreo, eso era obvio, y al parecer los que iban a comprar desayuno se les difilcutaría su tarea porque toda la planta estaba empapada por la lluvia, ¿y abajo?, ni se diga.

Quería encontrar algo más interesante con lo cual distraerme, pero sólo habían chicos adormitados, y la persona delante de mi sólo me haría perder la cabeza sumida en pensamientos románticos y cursis. Sí, nuevamente Nero cambió puestos con Kaito, y parecía que el muy despistado de mi no-novio no se daba cuenta de que todo era sospechoso.

—Y ahora... —La profesora de Historia hacía sus amenos intentos de que los alumnos le prestaran atención. Hablaba fuerte mientras borraba el pizarrón con parsimonia— Les haré un anuncio que sé que les gustará mucho —Y luego de decir eso sacó una hoja de su carpeta. ¿Díganme que eso fue sarcasmo? ¿Lo fue?

La puerta y las ventanas del salón estaban cerradas. Los ventiladores de techo estaban apagados porque hacía frío gracias a la lluvia, y con aquel escalofrío que sentí estaba segura de que pronto me iba a dar hipotermia. Menos mal que cargaba puesto mi abrigo.

—No sé si se habrán dado cuenta, pero sólo nos falta culminar con un parcial —comentó mientras en sus manos bailaba el papel—. Así que... —pausó. Prepárense para el bombardeo— He decidido hacer un trabajo en equipo de una exposición para finalizar con el objetivo.

Todo el salón, que anteriormente se podía notar sin ánimos de la vida, dejó de hacer lo que antes estaba haciendo: no prestar atención, y dedicó miradas estupefactas a la profesora. La mayoría entendía "trabajos en equipo" por excusas para armar fiestas salvajes junto a los amigos, a los demás les da severendamente igual. Mis amigas, como Meiko y Rin, comprendían estos como el primer concepto y en cambio a las demás no nos entraba ni frío ni calor. Pero hoy era algo distinto, a todos nos daba pereza el escuchar que aún nos faltaba terminar un objetivo.

—Y los grupos... —prosiguió la profesora ante la expectación de todos porque nos dejara a nosotros la escogencia.

—¿Los podemos escoger, verdad? —anticipó Len con una sonrisota de comercial, intentando convencer a la profesora.

—Pues no, a esos los escojo yo —Su mirada se tornó algo maligna.

Fue entonces cuando todos los chicos del salón parecieron despertar de sus ensoñaciones, y no lo digo nada más por Rin... Todos menos yo, que tan sólo me encogí en mi pupitre, se pusieron a protestar. La profesora hizo oídos sordos de toda la palabrería de los chicos y simplemente desplegó el papel que tenía en mano. Nuevamente ésa aura maligna se apoderó de ella y todos tuvimos el mismo mal presentimiento.

—Los distribuiré entre cuatro alumnos —dijo—. Y los equipos serán...

Mientras nombraba a los integrantes de un grupo, cada uno de ellos se ponía de pie y se hacía presente. Cuando terminaba de decir un grupo, ella les permitía ubicarse juntos en una esquina del aula para poder ponerse de acuerdo con su proyecto. Somos treinta y seis alumnos en la totalidad de la clase y ya se habían agrupado tres grupos, faltando sólo seis más.

En eso nombran a mi Kaito, quien se pone de pie atendiendo. Seguidamente nombran a Rin y a Meiko, pues vaya suertudas que son... Sólo falta uno.

—... y Ryuusuke.

Las miradas de mis dos amigas que estaban de pie se posaron ante mí al reparar que yo no atendía al llamado. O me había distraído, o era que no recordaba que ya no soy Miku Hatsune.

—¿Está Ryuusuke aquí?

Me levanté de mi pupitre tan rápido como pude y las risas por parte de algunos de mis compañeros no tardaron en aparecer. Mi rostro se había puesto tan blanco como las páginas de mis cuadernos y como las nubes que hoy éste día estaban ausentes en el cielo, siendo reemplazadas por las de tristes colores grisáceos.

No era por las risas, ni porque me puse nerviosa al no haber atendido antes más rápido, sino porque por fin había quedado en un grupo escogido con Kaito... aunque no era yo en realidad, ¿sí me entienden, no?

—Pueden agruparse en una de las esquinas del salón —permitió la profesora mientras nosotros la obedecíamos.

Como Kaito y yo estábamos sentados contiguamente cerca, observamos a Rin y a Meiko quienes también lo estaban. Ellas nos miraron entrecerrando los ojos con unas claras ganas de que nosotros fuésemos quienes nos acercáramos a ellas, pero ni Kaito ni yo lo íbamos a hacer. Él negó con la cabeza sonriendo con socarronería hacia su prima y ésta sólo frunció un poco el ceño y jalonó a Rin para que se nos aproximaran. Ambas tomaron unos pupitres vacíos frente a nosotros, los cuales eran de otros que intercambiaron puestos más cercanos a sus compañeros de grupo.

Suspiré mientras abría el libro en el último objetivo que habíamos visto hasta la fecha, el cual era el mismo que habíamos visto hoy: hechos que ocurrieron antes de finalizar medioevo.

—¿Y bien? —habló Rin— ¿Dónde nos reuniremos?

—Puede ser en mi casa —ofreció Meiko—. Y desde ya adelanto que le hagan el menor caso a Meito. A veces ése niño se pasa de las copas de helado...

—En mi casa también podremos reunirnos algunos días —dijo la rubia—. Digo, es que es la zona más central entre cada uno, ¿no creen?

Yo asentí recordando el día lunes que fui a su casa y ahí estaba Kaito. La vergüenza de repente se apoderó de mi cara de tan sólo pensar en aquel incidente... Relájate Miku, relájate.

—¿Y qué tal en tu casa, Kaito? —inquirió Meiko recibiendo una mirada reprobatoria por parte de él— ¿No me digas que ella—?

—No, aún no llega —respondió Kaito entrecortándole lo que iba a decir—. Pero debe hacerlo pronto según me dijo. Así que en la mía mejor no.

¿Quién es «ella»? ¿Pasa algo? ¿De qué me estoy perdiendo?

Meiko intercambió una sonrisita conmigo, como diciendo "Será para la próxima que conozcas la casa de tu espo, querida". La miré con ojos levemente entrecerrados. Parecía que ella sabía algo que yo no; se lo preguntaría, pero más tarde.

Los otros grupos fueron distribuidos de distintas formas. Gumi quedó junto a Luka, Gakupo y Lily; Neru junto a Len, Nero y Akaito.

En eso suena el timbre y tenemos otra clase más antes de la hora de recreo, la cual aparentemente la pasaremos aquí si no escampa la lluvia.

—(¯`•¸•´¯)—

—Taller para el lunes —dijo la profesora de matemáticas—, sólo equipos de tres.

Al igual que en historia, todos se volvieron hacia la profesora de manera estupefacta y expectantes, con unas bien anchas sonrisotas de esperanza marcadas en sus rostros, sobretodo Len, quien iba a ser el que preguntaría si los podíamos escoger.

Sólo que la profesora se le adelantó—: Los escogeré yo, por si Len quería ponerse con el más listo.

Toda la clase explotó en risas, aunque algunos adelantaron sus lloriqueos de no poder arrimarse con los sobresalientes de la clase así como Len tenía planeado. Aún así, podíamos quedar junto a uno de los cerebritos, pero las probabilidades de eso eran algo remotas.

—Y los equipos serán... —Sacó una hoja de su portafolios y la leyó en voz alta— Equipo uno: León, Ann y Gumi.

Mi amiga les guiñó un ojo a sus nuevos compañeros. Y de nuevo quedamos en lo mismo, yo mirando cómo se hacían notar mis amigas al haber sido nombradas en otros grupos. Luka y Meiko quedaron juntas con Akaito y, en otro equipo, Rin y Gakupo estaban con Len. Raramente los amigos hemos quedado juntos casi todos hasta ahora, aunque claro... aún falta mi grupo, el cual no tardó demasiado en ser nombrado.

—Equipo ocho: Neru, Kaito y Ryuusuke.

Muero lentamente... ¡¿Acaso quedé junto al amor de mi vida otra vez?!

Neru me miró por encima de su hombro, puesto que ella estaba sentada a unas tres filas de la mía y en puestos delanteros. Fue casi invisible, pero lo noté: ella me sonrió pícaramente. Sólo espero que ésta sea la última de todas, porque entonces me volveré más loca de la que estoy.

¿A quién engaño? Mientras más tiempo pase con él mejor será para mi pícaro corazón...

—(¯`•¸•´¯)—

—Examen el martes, dijo Inglés. De los últimos dos objetivos —nos recordó Luka mirando su libreta de apuntes—. Y eso que no quiso esperar hasta mañana, que nos toca la materia, para decírnoslo.

—Estoy perdida... —musitó Meiko llevándose las manos a la cara mientras se sentaba en las gradas del gimnasio.

Teto ensayaba unas rutinas de estiramientos con los chicos en el campo de juego. Hoy Howard y Louis estaban encargándose de unos asuntos con el grupo de su promoción de graduación, al parecer, conversaban sobre los intercursos.

Hace rato que habíamos salido de clases y nos tocaba ya práctica de porristas. La lluvia ya había parado y tan sólo quedaban una simple llovizna que no hacía daño a nadie; a pesar de todo y el problema con la lluvia, pudimos bajar a la práctica con el permiso de la profesora guía y claro, por orden de Teto. Prácticamente salimos todos mareados de ése salón de clases y no saben cuánto nos alivia el poder alejarnos un rato de ése entorno el cual ya estaba comenzando a marearme.

—Seguro no lo quiso decir mañana para no quitar tiempo a la clase con los estate quieto, los «cállense todos o doy clase vista» y los «¿profe qué significa lo-que-sea-que-está-escrito-en-el-pizarrón?», y de paso, pronunciándolo mal —acoté con gran parte de mi apoyando en eso a la profesora. Luego dirigí mi mirada hacia Meiko, que tenía una expresión preocupada, señalándola como claro ejemplo de lo último que dije, a lo que ella, dándose cuenta de ello, sonrió inocente sin quitar su angustia.

—Además de eso —prosiguió Luka—, prueba de los últimos tres objetivos para el jueves de arriba, dijo Artes —avisó mientras arrugaba el labio—. Hoy tampoco tocaba ésa clase.

—Parece que los profesores se pusieron de acuerdo para hacernos sudar el cerebro —hiperbolizó Rin frunciendo el ceño con asco.

—¿Y qué hay de Kanji? —inquirió Gumi, no recordando ningún aviso por parte de la profesora.

—Pues no nos ha dicho nada, en cambio Haku ya anunció un proyecto pre-laboratorio el cual tenemos que hacer en casa para la próxima semana también —contestó Luka mostrando su cuaderno con el cronograma transcrito en una de las páginas finales.

—¿Individual? —cuestioné con un deje de esperanza de que no fuese así.

—Aparentemente sí.

Joder.

—¿Castellano qué dijo? —volví a hacer una pregunta ya dándome cuenta del plan de los profesores.

—Sólo que adelantemos el proyecto del glosario ilustrado con palabras de la geografía en castellano que a principios del lapso nos explicó.

Todas suspiramos pesadamente, sobretodo Meiko quien ya se le notaba la preocupación a flor de piel.

—¿Era en grupos, no? —inquirió Rin tratando de recordar aquel día en que nos explicaron el trabajo del glosario.

La verdad es que no recuerdo nada de eso. Sí me acuerdo de que tenemos ésa tarea como parte del veinte por ciento de la nota, es decir, un golpe bajo para la pobre Meiko; pero de verdad no recuerdo si nos permitieron hacerla en grupos.

—Sí, en parejas, dijo —aseveró Luka—. Y nos dejó escogerlas.

—¡KENJI! —Rin me señaló como si de un fiscal juzgando al acusado del caso se tratase— ¡Estamos juntos!

Casi ni me dio tiempo de responder un decente «Ok» cuando ya me tenía abrazada mientras saltaba por todas partes diciendo que tendría un limpio y fácil veinte gracias a mí. Algo extraño que noté fue una mirada seria de Len hacia mi, ¿acaso también quería estar conmigo en el trabajo o qué?

—¡Maldición! —exclamó Meiko— ¡Le iba a pedir que estuviéramos juntos, Rin!

—Demasiado tarde, Meiko —le guiñó la rubia, a lo que la pobre castaña bufó.

—Luka, ¿juntas?

—Lo siento, Meiko —desistió la pelirrosa—. Es que ya quedé con Nero.

La chispa de esperanza en los ojos de Meiko se iba apagando cada vez más.

—¿Neru?

—Con Gumi.

En eso se acercó Gakupo hacia las gradas con la respiración entrecortada luego de haber trotado siete minutos por orden de la capitana Teto. Rebuscó su botella de agua entre sus cosas justo cuando una nueva chispa de esperanza iluminó a Meiko.

—¡Gakupo! —le llamó— Dime que no tienes pareja.

El atleta la miró extraño mientras tomaba su agua.

—¿Acaso quieres ser mi novia?

—¡Sí! —Justo cuando Meiko cayó en el malentendido— ¡Digo, no! —exclamó rápidamente mientras, revolviéndose el pelo, trataba de ocultar el sonrojo que estaba creciendo en sus mejillas— Me refiero a si ya tienes pareja para el glosario de Español.

—¿A poco era en parejas? —espetó volviendo a meter su botella de agua en su mochila. A juzgar por su expresión, ya estaba tentado a decirles a Kaito o a alguno de sus amigos que estuvieran juntos, pero al ver la cara que estaba poniendo Meiko en ése momento, una de preocupación combinada con imploración, arrugó los labios de manera pensativa.

—Por favor, Sensei —Meiko puso ojos de cachorro.

¿Dijo «Sensei»? Pues sí... Ya que ahora resulta que Gakupo, además de volverse su nuevo amigo, se hizo también su tutor de las materias en las que ella más fallaba, obviamente Idiomas.

—Está bien —respondió Gakupo con una sonrisa—. ¿Para cuándo es?

—Para el jueves de la próxima semana —contestó Luka señalando su cuaderno.

—Mañana después de ensayo en mi casa, Meiko —dijo el atleta mientras le guiñaba un ojo en forma de despedida y se volvía al entrenamiento.

Al fin soltó un suspiro aliviado la castaña.

¿Ven lo que digo? ¡Antes ni se daban cuenta de que estudiaban juntos y ahora andan hablándose con tal confianza que pareciera que se conocieran de siempre! Y esto que acabamos de presenciar no es nada, amigos míos, comparado con lo que las chicas y yo tuvimos que ver jueves y viernes.

Nero sonó el silbato que Teto le había cedido como «entrenador» que es. Como hoy no tenía asuntos pendientes con el club de teatro ni de la obra, decidió asistir al entrenamiento. Al instante de haber resonado en todo el gimnasio el pitido del silbato, los chicos en su entrenamiento se dedicaron a hacer estiramientos hacia adelante desde el piso. Con tan fuertes calentamientos junto a Howard y Louis, los chicos ya habían logrado casi por completo estirar todo su cuerpo de manera horizontal hasta sus pies.

—Los demás acá —demandó la capitana dejando a los chicos calentando solos con Nero. Seguramente porque ya ellos se sabrían de memoria todo.

Ante la orden, las chicas y yo junto con los demás compañeros accedimos a ir. La capitana lucía un rostro sereno, todo contrario a lo que estos últimos días la habíamos visto: estresada y malhumorada.

—Supongo que a muchos de ustedes les habrán dado las fechas de los últimos parciales —inició mientras echaba un vistazo a su pisapapeles, donde seguramente tendría algunas anotaciones que yo desconozco. Sin esperar respuesta continuó—. Los profesores deben haberlos bombardeado y apuesto a que en los finales lo seguirán dando con todo. Y no sólo a ustedes, también a mi curso y apuesto que también a los superiores —afirmó al mismo tiempo que brindaba una mirada a todo el equipo—, aunque ni Howard ni Louis están aquí para confirmarlo.

Tragué fuerte. Con tantos arreglos a mi plan no me detuve a pensar un poco en los exámenes ni en los estudios... Espero que todo vaya bien.

—Y, como dije el miércoles pasado, eso significa que los intercursos e intercolegiales se acercan cada vez más —recordó Teto—. El viernes tuve una reunión con el director del colegio donde hablamos de la fecha de estos, y sólo les puedo decir que no faltan más de quince días para el comienzo de los intercursos.

—¿Eso significa que—?

—Así es, Sakine. Hay que irnos alistando para todo lo que se nos viene encima.

Todos dentro del ámbito del gimnasio estallamos en bufidos y quejas. ¿Cómo es que de repente nos hemos visto envueltos en tantas cosas y aún no hacemos casi nada? Los ensayos y entrenamientos que hemos llevado a cabo son para las nacionales, y esas aún están lejanas, puesto que son para finales de junio y al terminar la quincena, pisaremos abril.

El sonido del silbato de Nero hizo que acallaramos. Al unísono, los chicos que entrenaban se postraron sobre la alfombra de manera que le daban la espalda al techo; ahora comenzarían con los estiramientos de espaldas. A juzgar por la cara de Teto, agradecía que Nero haya sonado el silbato, para así proseguir con su discurso.

—No se adelanten a lloriquear, equipo. La Semana Santa de 2014 da inicio el 13 de abril al ser Domingo de Ramos. Al terminar la semana, iniciará el tercer lapso y con ello, los intercolegiales. Por lo tanto, los exámenes finales deben empezar la semana del último de marzo, dependiendo de cuántas materias vean sus cursos. Hoy es 10, la próxima semana será el bombardeo de los últimos parciales y el 24 la semana de intercursos —esclareció dando vistazos a su pisapapeles—. Pero, como se acordó el miércoles pasado, haremos cliché en las rutinas para concentrarnos más en los estudios, en sus asuntos con otros clubes, como la obra y, sobretodo, en practicar para las nacionales de junio. ¿Quedó claro?

Al unísono se escuchó un coro se síes que fue acompañado por el sonido del silbato de Nero. Teto nos indicó que fuésemos a entrenar y al rato nos vimos envueltos en una práctica de las rutinas que haríamos en los intercursos e intercolegiales; nada fuera del otro mundo, como nos esperamos tras el acuerdo del miércoles.

El resto de la mañana se fue en eso, y no volvió a llover más.

Dediqué toda mi tarde de lunes en estudiar para matemáticas, como me había puesto de acuerdo con Neru y Kaito. Los tres estudiaríamos los mismos objetivos, pero a la final nos echaríamos una mano en el taller con los ejercicios que nos fuesen a tocar, por si acaso alguno tendría una dificiltad con uno de ellos. Tan absorta estuve en mis pensamientos esta tarde que ni cuenta me di de que se habían hecho las seis de la tarde. Le di un descanso a mi mente luego de haber repasado unos cuantos ejercicios de factorización que me deben dejar soñando con las reglas de factor común y vanidosos cuadrados perfectos.

De manera casi automática me acosté en la cama de mi hermano y me dediqué a encerrarme en el mundo de mi celular cual Neru Akita. Abrí una vez más el perfil de Blackberry Messenger de Kaito y no pude evitar plegar su foto en la pantalla de mi celular; seguía siendo la misma desde que me agregó el miércoles, pero con diferentes estados y mensajes personales. El último estado que tenía hasta ahora era «Estudiando», junto con una emoticono que señalaba que no lo molestaran mientras marcaba «Ocupado».

Jamás me había adelantado una semana para estudiar matemáticas, debo destacar. Siempre tomaba los cuadernos tres o cuatro días antes y repasaba rápidamente los ejercicios más difíciles que nos habían puesto, sin caer con los fáciles para no perder tanto tiempo. Pero esta vez fue distinto. No sé si es porque ahora soy una «persona nueva» o porque Kaito está en el equipo... La verdad es que ahora que soy una chica enamorada no me he puesto a reparar en varias cosas.

Una de ellas era en mi hermano mayor. Como dije, me había llamado para charlar, pero yo ni atención le presté y la verdad es que me siento culpable por ello. Mi hermano es el mejor amigo que tengo. A veces era muy irritante y fastidioso, pero ahora me doy cuenta y eso sólo lo hacía ser como es él, divertido. Quisiera tanto que volviera, pero al mismo tiempo agradezco que está lejos, porque si no lo estuviera, arruinaría todos mis planes...

Suspiré con fuerza y volví mi atención a mi teléfono una vez más. Allí seguía la foto de Kaito, y ahora que me lo planteo, ¿cómo es que no la he guardado todavía? Sonreí ante ésa idea descabellada, sin embargo no pude contenerme. Ya lo tenía entre mis contactos, ¿debería aprovechar, no?

Hablando de Kaito, recuerdo lo extraño que actuó ésta mañana cuando, en Historia Universal, acordamos los sitios de reunión y él se había resistido por alguna razón, mejor dicho... por alguien. ¿Me pregunto a quién se referiría? ¿Quizás... a una novia? Cerré fuertemente los ojos ante esa idea. ¡Vamos, que yo sepa él no tiene novia! Aunque yo —Kenjiku— no soy nadie para poder asegurar eso, ahora que lo pienso.

¡Maldición, Miku Hatsune! ¡¿Y dices que has avanzado con el plan "Acercarse a Kaito y ganar su confianza"?! ¡Patrañas, Hatsune, nada más que eso!

Automáticamente me senté en la cama de un salto reteniendo mi cabeza entre mis brazos. Estoy frustrada. Hay tantas cosas en mi mente ahora que no sé qué comenzar a solucionar. Necesito vacaciones...

Relájate, Miku. Todavía queda el resto de la semana.

Apenas me plantee ésa frase, se hizo el martes sin siquiera darme cuenta. Las clases, tediosas; los anuncios de exámenes, iban y venían como las olas del mar; el entrenamiento de porristas, nada fuera de lo común. Parecía que ésta semana se volvería un completo cliché, pero al menos iba a ritmo rápido, pensé el martes en la noche. Lástima que la vida era demasiado irónica conmigo...

El miércoles me saludó con la mano cuando desperté de repente gracias al estridente sonido del despertador y, como últimamente no estaba teniendo problemas con mis padres al salir, me di el privilegio de colocarme el uniforme masculino junto a la peluca de Nero y desalojar mi casa relajadamente, cosa que suelo hacer cuando mis padres acuden al trabajo temprano.

Después de las fuertes y tediosas materias que vimos hoy, llegué a mi casa muerta del cansancio mientras observaba el techo pensativa. Durante la jornada, tuvimos un largo repaso de los objetivos y temas que nos tocarían para los exámenes de la próxima semana y puedo jurar que me molí el cerebro. Rin, Meiko y yo nos pusimos de acuerdo junto con Kaito para reunirnos ésta tarde en casa de la gemela de Len para avanzar con nuestro proyecto.

Y ésa es obviamente la razón de mis cavilaciones vespertinas de hoy.

Ayu frente a mi había intentado no prestarle atención a sus fanfics online para darme la cara e iniciar con su interrogatorio de todos los días, pero parecía más sumida en su lectura que se rindió minutos atrás y comenzó a fangirlear con sus historias. ¿A poco y me quejo?, agradezco que no hubiera comenzado a apuntarme con una linterna cual policía de aventura gráfica misteriosa, y todo para dar comienzo a una ronda de preguntas con una extensión casi comparable con la de un juego de trivia popular.

Miré la hora en mi celular y refunfuñé por lo bajo. Era la una de la tarde y nos habíamos citado los cuatro entre las 2:30pm y las tres. ¿Y a que no saben? Ya estoy vestida, maquillada y perfumada... Obvio, como un chico.

Suspiré mientras me llevaba las manos detrás de mi nuca. Lo único que me faltaba para estar completamente lista era la peluca, y agradecería tanto salir de la casa sin que mi mamá notara el falso cabello negro que tendría en mi cráneo en lugar de mi característica melena aguamarina peinada en coletas. Pero no me arriesgaré; voy a salir sin la peluca y me la pondré en algún baño público como he venido haciendo cada vez que salgo. Como ya no me queda dignidad frente a las personas que ven a un joven salir del baño de damas...

Un bufido combinado con un grito de exasperación y un lloriqueo, me sacaron de mis pensamientos e hizo dirigir mi mirada hacia la persona —si es que a eso se le puede llamar así— que originó tal escándalo en el cuarto. Tal acción por parte de ella había conseguido hacer que mi cuerpo respondiera con un respingo por lo repentino, además de inesperado. Enarqué una ceja mientras varias lágrimas dramáticas surgían de los ojos de mi compañera. ¿Le rompió el novio o qué?

"¿Y a ti qué cojones te pasa?" pregunté sin evitar utilizar un tono desdeñoso, es que ella interrumpió de manera abrupta los pocos momentos que tengo —casi— a solas para pensar.

¡Maldicióoooooooooon!

En éste momento debo tener un cartel pegado a la frente que debería decir: «Forever me ignoraron». Entorné los ojos y ella continuaba lloriqueando.

"¿Ayu, qué pasa?".

¡Pasa que estoy leyendo un hermosísimo fanfic NejiHina y resulta que la autora no lo continua desde 2009!

¡Y vaya forma de despertarme de mis pensamientos, con cuestiones fargirlísticas propias de Ayu! ¡Recontra joder!

Arrugué la nariz por el disgusto de sus palabras, tanto que me dolió en una espinilla que recientemente me había salido ahí y ahogué un gritito. El maldito grano debía ser grande para que me doliera tanto. Volviendo a lo— Bueno, esto para mi no es importante, ¡pero por decirlo así...!

"¿Acaso has dicho «NejiHina»?". Sí, evidentemente eso fue lo que más me molestó de su discurso.

Sus ojos, antes cafés, se encendieron con la luminosidad de un parque de diversiones, se volvieron brillosos de pronto quizás por las lágrimas de ensoñación que retenía. Se llevó las manos al nivel de la cara y se tocó sus sonrojadas mejillas al mismo tiempo que soltaba un suspiro de quinceañera enamorada, muy parecidos a los de Meiko cuando cachaba con la mirada a guapotes que caminaban por ahí, también a los de Luka cuando veía a Nero. Quise vomitar al momento de oír sus palabras.

¡Síiiii, ellos! Owww, son tan hermosos juntos. Y luego pronunció algo tan inentendible que lo asemejé con los balbuceos de un bebé aprendiendo a hablar. Y ése Neji del fic, Dios, ¡no podía ser más perfecto! Aunque ya de por sí lo es pero...

Mientras ella seguía hablando yo observé la hora en mi celular y me sorprendí tanto que rodé los ojos con notoria exasperación. ¡Una y diez, por el amor a Kaito! Pegué la cabeza contra el colchón e imité la misma reacción de Ayu de hace un rato: un bufido combinado con un grito de exasperación y un lloriqueo.

Mi compañera, por fin notándome, detuvo su monólogo propio de su fangirladiction y me miró, seguramente con su típica ceja enarcada estudiándome de arriba abajo.

¿Y a ti qué te pasa, Kenjiku?

"Detesto tanto que la hora de irme se retrase tanto".

Sin levantar el rostro, sentí cómo Ayu se acomodaba en la cama boca arriba, con la vista clavada en el techo.

Hablemos para pasar el rato, entonces. Hace tiempo que no me entero mucho de tu vida, Kenjiku.

Y tenía razón, puesto que los días pasados casi ni nos habíamos visto las caras. Ella por un lado y yo por otro... Pero Ayu se ponía a vagar de allá para acá como si tuviera algo importantísimo que hacer y lo atendía con extremo cuidado. Asentí aún con la frente pegada al colchón y esperé a que ella iniciara. Vamos, a pesar de que no nos habláramos ella sabía más de mi vida de lo que uno creería.

¿Conque desesperada para ver al novio?

Aunque claro, eso era demasiado evidente...

"No es mi novio".

Pero estás admitiendo estar desesperada. Afirmó. Qué ternura.

"Ay Ayu no me—". Iba a completar la frase con una hermosa blasfemia del diccionario de camioneros, pero mi querida compañera interrumpió mi diálogo con un cuestionamiento que me heló.

¿Cuándo será la entrega de boletín? Y se llevó un dedo al mentón de forma pensativa. Es que quiero ver tu promedio.

¡Maldición! ¡Se supone que el maldito boletín lo busca mi representante, es decir mi madre, y es obvio que lo busca por Miku Hatsune!

¡¿Cómo fue que no pensé en eso?!

¿Te preocupa algo?

Sí, grandísima idiota, gracias por recordarme otro de esos "insignificantes" detallitos que por estar enamorada he olvidado. Malditaseamalditaseamalditasea... Estoy perdida.

De mi boca dejé escapar el más sonoro bufido de angustia que estoy segura que si Hatsune Zumi, mi querida madre, no estuviese dormida, habría venido para acá con el primer objeto contundente que se le tope en frente y amenazaría a la nada por lo que estuvieran haciéndome. Claro, ella no sabría por qué estoy bufando, y tampoco es que me gustaría decirle de un momento a otro «Mamá, he crecido, me he enamorado y me convertí en un hombre sólo por él y no, no es gay, es muy inocente», ¡y, por supueeeeestooo, se reirá en mi cara y cuando vea el boletín frente a ella va a pegar el grito en el cielo y no dejará escapar un castigo de un año por semejante locura que estoy haciendo!

Me jalé las coletas levemente siendo ésta la única forma de ahogar en mi un grito contenido de exasperación total y estrés. En estos momentos me vendría de maravilla dormir y despertar sin tener la consciencia de que voy a ir al colegio como Ryuusuke Kenji. ¿Por qué tuve que hacerle caso a Neru y—? Bueno, obvio Neru lo único que hizo fue asentir y aparentemente escuchar todo lo que yo decía hasta que se me ocurrió la grandísima idea ésta de volverme hombre, pero... ¡¿Por qué demonios tuve que hacerme caso?! ¡¿Y cómo es que mis amigas no me detuvieron?! Alto, sí lo intentaron... ¡Bueno, es igual!

Finalmente levanté mi rostro del frío colchón y encaré a Ayu. A juzgar por la expresión de su rostro y su típica ceja alzada, mi rostro en éste momento es el de una completa loca. "¿Qué debo hacer ahora?".

Obviamente quería seguir con el plan que estaba dando sus frutos poco a poco, pero al momento del boletín... Estoy segura de que entregarían los objetivos que cumplí, que obviamente fueron todos menos los que la próxima semana presentaré, más los exámenes de final del trimestre, eso sería un total del 60% de la nota o menos; al mismo tiempo, también hay una posibilidad de que digan que mis notas están en Hokkaido por el asunto del intercambio, puesto que se supone que estoy allá y no acá en Tokio. Las dos formas son totalmente posibles. Así que estoy perdida.

Ayu supo lo que estaba pensando porque asintió con la cabeza y suspiró. Piénsalo bien, Kenjiku. Y mejor vete, ya son las dos y veinte.

Sorprendida miré la hora en mi celular y era cierto, ¡todo pasó tan rápido que ni cuenta me di mientras hablaba con Ayu y pensaba! ¡Aleluya!

Tomé mi bolso con los libros y guardé la peluca en él. Me dirigí por los pasillos hacia el cuarto de mis padres, Zumi no estaba ahí. Bajé las escaleras al primer piso y en la cocina estaba ella, secando los platos que yo había lavado después del almuerzo; me acerqué y anuncié mi salida, recibiendo las típicas frases maternas "Ten cuidado", "No llegues tarde" y "Salúdame a la madre de Rin". Finalmente, al salir de la casa, me dirigí en dirección a la residencia Kagamine, antes pasando por una heladería a la cual pedí el baño y me puse la peluca. Rara vez los pocos clientes del sitio no me miraron extrañados puesto que estaban distraídos con sus propias cosas; internamente agradecí al cielo por esto.

Cuando llegué a la casa de mi amiga, ella me recibió en la puerta con Len detrás, quien me miró algo desdeñoso. No le hice caso y me interné dentro, ya ahí se encontraban Meiko la cual estaba telefoneando junto a Neru. Me extrañé de ver a ésta última acá pero al notar la presencia de su hermano gemelo, supuse que Len, al igual que nosotros, había acordado reunirse con su equipo hoy. Vaya suerte... ¡Y que se note el tonito irónico!

Sólo faltaban los Shion. Y al pensar en ello no pude evitar sentir un cosquilleo que recorría mi espalda hasta llegar rápidamente a los vellos de mi nuca. Me senté a un lado de Neru y Meiko y nos pusimos a conversar de trivialidades, en eso Rin también se nos acerca y ahí fue donde la conversación dio un giro hacia otra cosa, y eso fue referente a mí. Tal parece que habían pensado igual que Ayu con respecto al boletín de notas, puesto que todas se preguntaban lo mismo:

—Kenjiku, ¿cómo harás con eso?

Y yo sólo respondía—: No tengo idea.

—Juh, si tan sólo fuésemos espías —musitó Rin hacia nosotras con burla en su tono de voz—, es decir, es que así podríamos aparecernos en el colegio y cambiar las notas desplazándonos en el techo como arañas y— ¿Saben qué? No me hagan caso —calló al ver las expresiones en nuestros rostros.

Ésta niña últimamente estaba viendo demasiada televisión.

—No sería mala idea, Rin —articuló Neru sin mirarnos, puesto que cargaba la vista pegada a la pantalla de su celular, y con tono parecido al sarcasmo.

—Sonará tonto, pero creo que Neru tiene razón... —dijo Meiko y, tras esto, todas estallamos en carcajadas menos ella.

¡Oh vamos, Sakine Meiko! ¿Hablas en serio?

Y parece que Rin me leyó la mente, puesto que lo dijo.

—¡Vamos, sólo piénsenlo! —insistió la castaña— Sé que Rin lo dijo en plan de broma, pero analicemos las posibilidades.

Todas nos callamos esperando que de la boca de Meiko saliera cualquier locura relacionada con el actual tema de conversación.

—Prácticamente cada lapso, los idiotas de 9no se vuelven locos y hacen desastres en el colegio yendo por la noche —dijo—. ¿Recuerdan cuando le echaron pegamento al candado de la puerta principal y al día siguiente nos vimos en necesidad de entrar por el estacionamiento?

Todas asentimos.

—Y claro, hasta ahora la directora no se ha preocupado mucho de eso. Así que—

—No, Meiko, no nos rebajaremos al nivel de aquellos gorilas —desdeñó Rin de una vez—. Sé que es por el bien de Miku y todo, pero... ¡Sólo piénsalo bien, querida! Sería una completa locura que la mujer nos encontrara en su hermoso instituto por la noche cambiando notas.

Odio admitirlo, pero Rin tiene toda la razón... Esto sólo me está causando fuertes punzadas en la cabeza que muy pronto causarán una jaqueca.

—Entonces, deberíamos hacerlo durante el día, o una tarde de ensayo —prosiguió Meiko y entre susurros añadió—. Mira que si la tía Zumi se entera de que su hija aparentemente está en un intercambio escolar en Hokkaido, nos castigará a la niña.

Bufé. El dolor incrementó.

—Vale, que así sea entonces —dijo Rin—. Porque de verdad no quiero escabullirme por la noche en el colegio... Deben salir fantasmas.

Las risas volvieron y fue entonces que la puerta del frente fue abierta por Len, dejando pasar a los jóvenes Shion. Mi corazón palpitó mientras veía a Kaito recorrer la casa y sentarse en el sillón frente a nosotras, junto a su hermano y Nero. Parece que al fin mi deseo de verlo se había cumplido.

—Bien, chicos, vayamos a mi habitación —consideró Rin mientras se levantaba rápidamente del sillón e invitaba a nuestro grupo a pasar a su alcoba.

Los nervios me invadieron en el momento en que me vi junto a Kaito en el helado cuarto de Rin. Tenía el aire acondicionado prendido en veintidós grados, pero yo sentía todo mi cuerpo frío a diferencia de Meiko quien soltó un suspiro de alivio y se abanicó con la mano recibiendo el aire sobre su cuerpo. Rin hizo lo mismo y Kaito permaneció normal.

La castaña se sentó en la cama de Rin junto a mi mientras que los otros dos prefirieron sentarse cómodamente sobre la alfombra del piso. Todos procedimos a sacar nuestros libros de historia junto con los materiales esenciales para la exposición. Meiko traía dos láminas de papel bond junto a sus marcadores de olores frutales, Kaito unos cuantos recortes de revistas, Rin tenía el prototipo de lo que vendría a ser el mapa mental mientras que yo traía el resumen de todo nuestro tema: los hechos que ocurrieron al final del Medioevo.

Dejé que todos escogieran sus puntos y de casualidad me tocó el que más quería: los pensamientos de los célebres Juan Locke, Montesquieu y Rousseau. Me dio tanta risa cuando, en Historia Universal, la profesora estaba haciendo intervenciones sobre esto y le dio la palabra a la pobre Luka, la cual dijo los nombres de una manera bastante... folklórica. "Loco, Mosquiteu y Rouseau", Dios, perdónala.

Ya con nuestros temas listos, procedimos a hacer la lámina de nuestra exposición. Dejamos que Meiko hiciera de las suyas con la espectacular letra cursiva que tenía; Rin remarcó un borde entre los recortes de las imágenes y los pegó. Kaito y yo nos miramos las caras. Sí, no hicimos casi nada para ayudarlas.

Es que las mujeres siempre hacen los trabajos de una manera delicada y cuidadosa, y todo hasta que salga bonito o favorable. Los chicos no siempre son así. Muchos lo podrán juzgar cuando ven una lámina hecha por un chico, o un trabajo sin colores y con sus típicas letras casi chuecas; claro, no son todos, muchos chicos son tan delicados como una flor para hacer sus trabajos, sobretodo los que son perfeccionistas y artistas. Yo no soy así... Obvio, yo soy una chica, pero mi temperamento y mi forma de hacer las cosas no es exactamente tan cuidadoso como la mayoría de las féminas. Rin y Meiko están conscientes de mi poca gracia al momento de hacer láminas, así que ellas siempre terminan encargándose de ello en nuestras exposiciones, gracias a Dios.

Creo que si hubiese sido hombre... todo sería más fácil.

Y una de las razones por las que habría deseado ser hombre es por esos hincones en mi vientre que me vuelven loca hasta el punto de retorcerme del dolor. Ayer tuve unos por quince minutos, corrí al baño como si mi vida dependiera de ello y resultó ser falsa alarma de todo código rojo. Pero, eso quiere decir que en cualquier momento la sirena de emergencia puede sonar y avisar la llegada de mi "mejor amiga"... María Rojas.

Las punzadas en mi cabeza no se hacían esperar. Iban y venían como un columpio de allá para acá. Lo bueno fue que estaba siendo leve y no tan terrible como otras veces.

Mientras hacíamos— Bueno, mientras Rin y Meiko se encargaban de maquillar la lámina, nos la pasamos entre conversaciones para dejar pasar el tiempo. Además de los "Kaito, pásame el azul" y "Kenji, deja de oler el de olor a moras", junto a los "¿Sabes? Te está quedando horrible eso, Meiko" por parte de Kaito y yo y las respuestas de ellas "¿Y por qué no lo vienes a hacer tú?"; hubo temas de conversaciones a los que le pegué el oído y estuve atenta a ellos a cada momento.

—¿Kenji? —llamó Meiko.

—¿Sí?

—¿Hokkaido es bonito?

De haber visitado esa ciudad alguna vez en mis trece años de vida, contestaría de inmediato y diría mi verdadera opinión. Pero, como nunca he estado ahí, tendré que fiarme de las fotos que he visto online.

—Es hermoso.

En ése momento, la puerta se abrió sin antes pedir permiso de ello y nos hubiésemos asustado de no ser porque era Len quien asomó la cabeza. Viene a espiar nuestro trabajo, pensé al instante.

—¿Qué hacen? —preguntó.

—Lo que ves —contestó Kaito encogiéndose de hombros.

—¿Quieren algunas bebidas? —inquirió el hermano de mi amiga, siendo ésta su excusa para venir a espiar nuestro trabajo.

Todos asentimos y Len permaneció un ratito más acá diciéndole unas cosas a Kaito que no llegué a oír. Rin, por su parte, mientras pegaba unos recortes a la lámina, continuó con el tema antes tocado.

—¿Sabes, Kenji? Siempre he querido ir para allá —agregó de manera soñadora—. Quizás deberías llevarme algún día, ¿no crees?

Len frente a Kaito detuvo su conversación y miró a su hermana con una ceja alzada.

—¿Llevarte a dónde, Rin?

—Tú no, idiota. Me refiero a Kenji.

Ahora fue cuando sentí la mirada fría de Len en mí. ¿Qué es esto? ¿Un ataque de celos de hermano? Me encogí un poco y fue entonces que las voces afuera se escucharon.

—¡Leeeen! —Era Nero, imitando chillonamente la voz de una chica— ¡Ven acá, cariño, tenemos cosas pendientes!

La cara del hermano de mi amiga se tiñó de un color rojo intenso mientras vociferaba—: ¡Cállate, maldición!

Y, sin hacerle el mínimo caso a Len, Nero continuó:

—¡LENIEEEEE, MI VIDITAAAA! ¿ADÓNDE SE METIÓ EL PECADOR DE MIS NOCHES PLACENTERAS?

El "aludido", quien estaba rojo en todas sus tonalidades, frunció el ceño mientras salía de la habitación prometiendo volver con las bebidas, cosa que no hizo y a la final tuvimos que salir a buscarlas. ¿Adivinen quiénes? Juh, obvio los que no estábamos haciendo nada: Kaito y yo.

Había un silencio algo incómodo —al menos para mí— mientras caminábamos en dirección a la cocina, cosa que decidí romper con lo primero que se me viniera en mente. Sólo que lo único que pensaba era en una boda entre él y yo...

—Kaito —inicié ahora o nunca. Estoy segura de que pronto iba a arrepentirme de esto que iba a preguntar, pero...—, ¿has ido alguna vez a Hokkaido?

¡Culpo a Rin y a Meiko de meterme la bendita ciudad en la mente! Joder.

—Sí, la verdad es que a Kaiko le gusta mucho ése sitio desde la primera vez que fuimos.

¿Con "Kaiko" se refería a quién? Quise preguntar, pero me dio vergüenza y lo dejé pasar. Él siguió hablando.

—Visitamos muchos lugares como la fortaleza Goryokaku en Hakodate —comentó—. Has ido allí, supongo... Vives allá. Pero a ella le gustaba más Sapporo, lo cierto es que Kaiko es más amante de las ciudades cosmopolitas y es por eso que adora tanto Tokio.

Yo asentí a todo lo que dijo, escuchando y a la vez no. Si tan sólo supiera de qué demonios me estaba hablando. ¿Dijo Hakodate? ¿Sapporo? ¿Son esos municipios de Hokkaido? ¿Tan grande es la ciudad?

Llegamos a la cocina y frente a ella se hallaba la sala, donde el grupo Len se encargaba de hacer su lámina. Nero y Akaito la maquillaban, mientras Neru se recostaba cómodamente en el sofá y veía con desdén a mi futuro cuñado. Apuesto a que han peleado, como ya se hizo típico eso entre ambos. Sigo preguntándome qué demonios ocurre con ellos, pero es que Neru no lo dice; si tan sólo la hubiera aprovechado el viernes pasado en la pijamada cuando se había abierto tanto hacia mi... Pero claro, en ése momento mi memoria sobre lo que sucedía entre Akaito y ella se había ido de vacaciones.

Cogí cuatro vasos mientras Kaito sacaba el refresco de la nevera y lo servía. Le ayudé sosteniendo los vasos para que no se derramara el líquido.

—Oye Kenji, ¿en qué parte de Hokkaido vives? —La repentina pregunta de mi amado me dejó helada en mi sitio y casi hago derramar el refresco que Kaito estaba sirviendo en éste momento.

Sí, Hokkaido debe ser una ciudad enorme.

—Pu-pues... —tartamudeé, pero gracias a Dios Kaito lo ignoró, o simplemente no lo notó— E-en Sapporo —dije lo primero que se me ocurrió y se me vino en mente. Creo que agradezco la anterior conversación con mi príncipe.

¡Pero qué demonios es Sapporo! Santo Cristo, me tocará investigar apenas llegue a mi casa...

—¡Genial! Es un sitio muy lindo, debo decir —comentó—. El invierno de Hokkaido es muy hermoso.

—Claro... —musité poniendo mi mejor sonrisa de falsa-sinceridad.

Querido príncipe, odio mentirte pero es que de veras que no sé de que demonios estás hablando.

Tomamos los cuatro vasos con refresco y nos los llevamos de regreso a la habitación de Rin, donde ella y Meiko estaban sentadas en la cama observando el producto de la lámina, y debo decir que quedó perfecta. No habían demasiadas palabras, las imágenes hablaban por sí solas y eso me agradó, puesto que nuestra profesora es exigente con esto de los mapas mentales. Siempre los quiere repletos de recortes e imágenes, pero muchos no le hacían mucho caso y hacían intentos de mapas conceptuales. A mi me gusta acumular mis puntos, sin embargo, y agradezco al cielo que Meiko y Rin son las que embellecieron la lámina con los recortes que trajo mi futuro esposo. Suspiré mientras procedíamos a recoger todo lo que habíamos regado —entre ellos, marcadores, tizas y algunos que otros recortes de papel. Aunque no pareciera, habíamos tardado una hora y media en hacer la bendita lámina hasta terminarla.

Ya con más tiempo de sobra, nos quedamos un rato en la habitación de Rin conversando. Kaito la verdad es muy amigable... Dios, es tan perfecto y tan hermoso, ¡no puedo evitar mirarlo embelesada! Creo que en una de esas me notó y sonrió, pero yo rápidamente giré mi vista hacia otro sitio y eso hizo que no me diera tiempo de contemplar la perfecta curva que sus labios formaban.

—Kaito —le llamó Meiko—, ¿ya llegó?

—No. Sabes cómo es Kaiko, Meiko —dijo con algo de molestia, pero a la final sonrió un poco—. Nunca avisa cuándo va a venir, es como si quisiera darnos la sorpresa... Más para Akaito que para mí.

¿Ok? ¿La novia de Kaito gusta más de su hermano que de él? Esto sí que es raro. Sin embargo, no pude evitar sentirme un poco celosa... Conque la tal Kaiko está de viaje o no vive aquí y parece que se queda en casa de mi príncipe. Disimuladamente arrugué el labio mientras nos dirigíamos afuera. Rin apagó el aire acondicionado, que para mi preferencia lo hubiese hecho desde hace rato.

Len, Akaito y los Akita se hallaban en el piso observando el resultado de su lámina. No estaba nada mal, se veía muy bonita con todos los colores eléctricos que decidieron colocarle, pero cabe destacar que no quedó mejor que la nuestra con todo el esfuerzo de Rin y Luka —mujeres al fin y al cabo. Los ocho nos sentamos en la misma sala luego de ayudarles a ellos a recoger las cosas y nos pusimos a conversar.

Akaito y Neru se lanzaban miradas de puro odio como pude notar.

—(¯`•¸•´¯)—

Suspiré en el momento en que me dejé caer sobre la cama de mi hermano. Vaya tarde tuve... ¿Quién diría que Hokkaido es un estado —y el más grande de la nación— y Sapporo su capital? Dios, y yo que pensar que era una ciudad. ¿Dónde demonios vives, Miku Hatsune? ¿En las nubes? Pues parece que sí. No sé cómo pasé Geografía en 7mo...

Observé a Ayu juguetear con mi teléfono y, a juzgar por su cara de ensueño, estaba leyendo otro de sus fics.

Agradezco al cielo que al menos terminamos de arreglar la exposición y ya sólo nos quedaba estudiar y analizar el tema. Como es para el lunes y éste viernes nos toca pijamada en casa de Meiko, estudiaré mañana para adelantar y no volverme loca el viernes sin dejar de asistir a su casa. ¡Es que las pijamadas de Meiko son realmente buenas!

¡NO PUEDE SER! El grito de exasperación de Ayu volvió a asustarme hasta tal punto de casi caerme de la cama. ¡DIOS MÍO! ¿ES QUE ESTOY MALDITA O QUÉ?

"¡¿Qué demonios te pasa a ti?!" bramé.

¡UN HERMOSO FIC NEJIHINA SIN CONTINUAR DESDE 2006! ¡QUÉ MÁS VA A SER!

Lo lamento por ella, ¡pero es que en serio lo dijo de una manera tan graciosa que no pude evitar reírme con fuertes carcajadas! Sinceramente cosas como éstas sólo le pasan a Ayu y al Pato Lucas.

"Hasta mañana, Ayu".

¿Qué? Miku... ¡Miku no me dejes!

Hasta la próxima. Los quiere Miku.

¡MIKUUUUUUU! ¡MIKU NO ME DEJES HABLANDO SOLA!

Y, aunque no lo esté diciendo en estos momentos, ella también los quiere.