(04 de Enero de 2003). Sé que prometí actualizar este fic rápidamente, pero se me atravesaron las fiestas de Diciembre y no fue posible. Pero voy a tratar de terminar con esto de las dimensiones alternas lo más pronto posible, ya que concluir este fic es una de mis prioridades. Ya va para un año y necesito tener tiempo para concluir mis otros proyectos (e iniciar las ideas que no dejan de rondar en mi cabeza) antes de Diciembre. En fin, a los admiradores de Joe espero que este capítulo cumpla con sus espectativas ya que está completamente centrado en él (del mismo modo que será con los otros 6 personajes), se harán algunas menciones de los demás, pero advierto que será algo muy ligero, ya que estos 7 capítulos son breves, así que no esperen mis rollos eternos. Originalmente, todo el choro de la personalidad de Joe lo iba a hacer en un fic aparte llamado Autoestima, siguiendo el mismo estilo de Mi Respuesta, donde me enfocaba en Koushiro. Pero me agradó más la idea de hacerlo como parte de este fic. Ahora... mi mayor problema al desarrollar al personaje de Joe, es que jamás he entendido cuál es su emblema. ¿Es confianza? ¿Sinceridad? ¿Fé? No tengo idea, porque a cada rato lo cambian en la serie (y no quiero ni meterme con el de Mimí, que ese lo entiendo aún menos). Por lo pronto, para este fic voy a tomar a la como la principal virtud de Joe, ¿de acuerdo?. Y no me refiero a la Fé en el sentido religioso, sino a la fé en uno mismo, a saber que uno es capaz de hacer las cosas por sí mismo y alcanzar nuestras metas. No sé si esa era la idea original de la serie, pero es la que tomaré para este fic. Bueno, gracias por leer esta aclaración y espero que disfruten este capítulo del mismo modo en que yo disfruté escribiéndolo (es que tanto Kou como Joe son muy parecidos a mi personalidad, así que los siento muy afines y entretenidos para desarrollar... mejor dejo el balconeo para después).

Capítulo 12a. MI VIDA SIN GOMAMON

Vacío.

Esa era mi sensación al caminar por las calles de la ciudad de Tokio... un Tokio que jamás conoció el caos en el año 1999 o el 2002.... No es que eso fuera bueno, ¡Por supuesto que no!. Sé de muchas personas a las que no les hizo ni pizca de gracia el que un vampiro gigante destruyera la mitad de Odaiba (como mis padres)... pero por alguna razón, después de ese fenómeno que tantos atribuyeron a un ataque terrorista, el barrio adquirió un ambiente especial... no lo puedo describir, pero una sensación de que algo fantástico había ocurrido aunque lo negara la mayoría... y eso se podía respirar en el aire y observar claramente en la mirada de la gente que caminaba por la calle. Creo que sólo yo lo notaba... puede que también mis amigos, pero jamás se los he comentado. En pocas palabras, Odaiaba quedó marcada por nuestras aventuras y las cosas ya no fueron las mismas.

Por eso sentía un vació, porque la gente no tenía la expresión de haber sido testigo de algo fantástico y digno de la imaginación más loca de un niño. Es probable que el Joe de esta dimensión no extrañara todo esto, ya que jamás lo vivió pero... ¿Qué habrá sido de él? Realmente dudaba que se pareciera a la persona que soy en mi dimensión...

Porque no tuvo que enfrentarse a los peligros que yo enfrenté

Porque nunca descubrió lo hermoso que es trabajar en equipo y sentirse útil

Porque jamás se conoció así mismo.

Bueno... de eso no podía estar seguro, ya que era probable que hubiera vivido experiencias que yo no imaginaba. Pero algo me hace pensar que tengo razón. Sora por ejemplo... la chica con la que me topé minutos atrás era distinta a la Sora que ha sido mi amiga por tantos años. Fue un encuentro breve, pero noté que era más frívola y superficial... no tenía esa capacidad de vínculo que hace a mi amiga tan especial. Aparentemente es muy seria, pero tiene la virtud de entender a las personas en segundos, relacionarse con ellas e involucrarse afectivamente con una facilidad que francamente envidio. Pero esta chica no... su mirada no era la misma, parecía distante... a pesar de que parecía escucharme y estaba interesada en saber que había sido de mí... aunque solo fuera por pura curiosidad y no un genuino interés.

Estaba sumido en esos pensamientos cuando me topé con un joven en una esquina. Estaba recargado en la pared, viendo a las personas pasar. Bueno, tal vez sus ojos seguían el movimiento de las personas, pero no las miraba. Su apariencia me indicó rápidamente quien era, aunque estaba un poco más descuidada de lo acostumbrado. Tenía el cabello largo y alborotado, los pantalones llenos de agujeros y una camiseta que parecía que no la había lavado en años. Era de esos tipos que mi padre siempre reprobaba... se veía todo sucio. Aunque dudo que fuera por no tener dinero... creo que era simplemente su forma de ser. Como si quisiera ahuyentar a los demás tanto con su aspecto como su indiferencia y aparente hostilidad, ya que sé que en el fondo es alguien muy sensible y cariñoso. Es probable que este Matt jamás haya entendido lo importante de relacionarse con los demás y como es gratificante. Debe haberse quedado con la impresión de que todas las relaciones acaban mal y que a la larga siempre sales con el corazón destrozado... me sentí terriblemente apenado al verlo, pero no me le acerqué. Decidí dejarlo tranquilo, ya que la tristeza en su mirada lo pedía a gritos.

Yo solía ser así en mi infancia. Mi padre no paraba de regañarme por no ser tan brillante como mis hermanos y mi madre toda la vida estaba preocupada por mis numerosas enfermedades... que ahora pienso no eran tan reales como parecían. En la escuela llamaba la atención por ser un estudiante modelo y mis maestros no dejaban de felicitarme... pero mis compañeros me rechazaban y me hacía burla. Era torpe y feo. Era el patito feo de mi familia, el inútil, el que jamás podría hacer algo por sí mismo. "¿Para qué?", pensaba yo en las noches, "No importa cuanto me esfuerce o que tanto logre... jamás seré tan bueno como mi padre y mis hermanos". Además, siempre que tenía un problema podía acudir a ellos, que gustosamente me ayudaban y me hacían sentir bien. De ese modo, dependía tanto de ellos que no podía tomar una decisión sin consultarlos. Entre las reprimendas de papá y la burla de mis compañeros, lo único que deseaba era que me dejaran tranquilo... encerrarme en mi cuarto y estudiar. Olvidar que era un inútil y lograr esas notas altas que me hacían sentir importante por unos instantes, cuando me felicitaban.

Un gritó llamó mi atención y me hizo voltear, para toparme con un muchacho de cabello castaño y corto, muy parado eso sí, que andaba en una bicicleta como si fuera invencible. Esquivaba a la gente que se protegía en las tiendas con giros bruscos y enfrenones tan fuertes que era un milagro que no saliera volando. Ni siquiera traía un casco que lo protegiera. Una conducta totalmente irresponsable. Detrás de él iba pedaleando una chica de cabello largo y castaño, pero de piel pálida, casi verdosa, y mirada triste. "Espérame Taichi", susurró mientras jadeaba al pedalear, "No puedo alcanzarte". El muchacho finalmente frenó y miró a su hermana con preocupación, "De acuerdo Kari, te espero". La chica finalmente alcanzó a su hermano "Gracias hermano... perdona por detenerte a cada rato... no soy tan buena como tú". Hikari solía ser como yo, de acuerdo con lo que me contó Takeru una vez. Vivía en la sombra de su hermano mayor, que era un niño alto, fuerte y saludable. Ella lo veía como alguien invencible y su máximo héroe Le costó mucho trabajo entender que no era tan frágil como ella creía ser y que si era bajita y enfermiza, lo compensaba con su gran corazón e inteligencia. Era más fuerte de lo que imaginaba. De hecho, fue el propio Takeru el que le hizo entender eso... cosa que me sorprende porque este chico solía ser igual. Pero la Hikari de este mundo parecía no haber conocido a Takeru o por lo menos no le hizo caso, porque se siente poquita cosa por lo visto. Hace años que ella dejó atrás sus enfermedades, pero parecía tan enferma como antes.

El Taichi que tenía casi frente a mí también era distinto, no solo en el corte de cabello, sino en el carácter. Aunque tenía buenos sentimientos y quería a su hermanita, era terriblemente impulsivo e imprudente, como pude notar en cuanto se le acercó otro chico en bicicleta. "Hey Taichi, a que no brincas la valla que está al final de la calle", gritó mientras señalaba una valla bastante alta que interrumpía la avenida por obras de mantenimiento. "No lo hagas hermano", susurró Hikari, "Está muy alto". Tenía razón, si Tai no brincaba bien podía lastimarse seriamente. "No digas tonterías Kari, no me va a pasar nada". "¿Tienes miedo Yagami?" gritó el chico, lo que hizo que Taichi se trepara en el acto en su bicicleta y comenzó a pedalear hacia ella sin pensar. "¡YO JAMÁS TENGO MIEDO!"- gritó mientras se acercaba a la valla. Intentó saltarla, pero no alcanzó suficiente altura, por lo que cayó de bruces en el suelo. Hikari intentó ayudarlo a incorporarse, pero él rechazó su ayuda mientras se ponía de pie con dificultad. Vaya... este Tai no solo tenía el mismo concepto erróneo del valor que cuando era pequeño... aún no sabía aceptar una mano amiga.

Me giré sobre mis talones y me dirigí al parque, ya había visto suficiente de los hermanos Yagami. Además, tenía que encontrar mi portal o me quedaría atorado en este mundo tan vacío para siempre. El valor... yo también solía tener un concepto erróneo del valor. Pensaba que solo la gente intrépida como Taichi podía ser valiente. Y por supuesto, yo jamás lo sería por mi temperamento tranquilo. Además, temía de tantas cosas que no podía enfrentar mis problemas. Por eso la pasé tan mal en el Digimundo al principio. Estábamos en un mundo totalmente desconocido y con miles de peligros. ¡Y ni un solo adulto a la mano!. ¿Cómo podría sobrevivir sin adultos como mis padres, hermanos o maestros que me dijeran que hacer? Y lo peor... ¡Yo era el mayor!, por lo que sentía que era mi deber el bienestar de los demás. Pero si jamás había hecho algo por defenderme... ¿Cómo defendería a los demás?.

Adentrándome en el parque, me topé con una cancha de baloncesto muy modesta. En ella, un par de muchachos estaban metidos en un partido, ya que corrían si parar de un lado al otro y trataban de quitarse el balón para encestar. Estaba tan entretenido el juego que me senté en una banca para observarlos. No me di cuenta cuando alguien se sentó a mi lado. Pero de pronto, ese alguien emitió un largo y triste suspiro. El sonido me alertó y creo que pegué un brinco, porque el tipo se dio cuenta.

- "Perdona... no quería incomodarte"- dijo con un ademán de ponerse de pie

- "No te preocupes, es sólo que estaba muy metido en el partido"

- "Sí, ¿verdad? Yo vengo todos los días a observarlos, son los mejores que he visto"

- "Pues sí... son muy buenos"

- "¿Te gusta el baloncesto?"

- "Algo... ¿Y a tí?"

- "¡Me encanta! Puedo ver los partidos en la tele por horas... y por eso vengo a ver a esos chicos. Son del equipo de mi escuela"

- "¿Y has jugado alguna vez?"

- "Pues... lo he intentado"- miré bien a mi acompañante y vi que era un chico más joven que yo, pero me sacaba una cabeza y parecía corpulento, el mismo tipo de cuerpo que los jugadores que estaban en la cancha. Su rostro me indicó rápidamente de quien se trataba. Y por ello deduje que este chico era muy bueno para el baloncesto, así que decidí averiguar un poco más.

- "Oye... ¿Y nunca le has pedido a estos chicos que te dejen jugar? Te deben conocer si vienes a diario"

- "¿Estás loco?"- Takeru me observó sorprendido- "¡Estos chicos son muy buenos! Me harían polvo enseguida"

- "No sé si te has visto últimamente en el espejo amigo, pero tienes todo para ser tan bueno como ellos, en especial si te gusta tanto"

- "Ni creas... solo será la apariencia. En realidad soy muy torpe"- dijo riéndose- "Nunca he sido bueno en nada..."

El síndrome del hermano mayor invencible tercera parte, damas y caballeros. Me costaba trabajo recordar que hubo un tiempo en el que Takeru fue frágil e inseguro. Todo lo desconocido le aterrorizaba y por lo tanto lloraba a pulmón tendido. Por suerte tenía a su hermano cerca para que lo consolara y lo protegiera. A diferencia de Yamato, quien buscaba estar solo, Takeru aborrecía la soledad y por ello se aferraba a las personas queridas con tanta fuerza que podía asfixiarte. Pero con el tiempo y las experiencias en la aventura se percató, a pesar de su corta edad, de que tenía que hacer las cosas por sí mismo y que era mejor enfrentarse a lo desconocido con alegría y esperanza que con pánico y lágrimas. Eso lo hizo fuerte y seguro, de modo que dejó la sombra de su hermano y exigió que lo tratáramos como alguien crecido y no como un bebé. Tal vez maduró demasiado en el Digimundo y por eso tuvo problemas al crecer, pero eran pocos a diferencia del muchacho que tenía a mi lado. Creía que no servía para nada, y eso no era cierto.

- "Debes ser bueno en algo... todos tenemos un talento, ¿no?"

- "Pues no creo..."

- "¿Y por qué no lo averiguas? Tal vez eres la próxima súper estrella de la NBA y no te has dado cuenta"- Takeru rió.

- "¿En serio esperas que hable con ellos?"

- "Vale la pena intentarlo, ¿no?"

- "¿Y si me rechazan?"

- "¿Y si te aceptan? Mejor vivir con el rechazo que con la duda, ¿no crees?"- el chico meditó por unos instantes lo que le dije, para luego sonreír.

- "Creo... creo que sí. Voy a pensarlo... no sé que decirles"

- "De acuerdo, piénsalo. Pero atrévete a hablarles, nada se pierde, ¿no?"

- "Está bien... muchas gracias. ¿Cómo te llamas por cierto?"

- "Soy Joe"

- "Y yo soy Takeru... gracias Joe"

- "No hay de que... suerte"- dije alejándome y dejando a Takeru sumido en sus pensamientos.

No era la primera vez que le echaba la mano a Takeru. Bueno... es probable que en esta dimensión sí, pero en la mía lo había ayudado varias veces, incluso salvándole la vida. La primera vez fue cuando un Veggiemon lo tenía atrapado y traté de caerle encima. ¡Fue lo mejor que se me ocurrió en ese instante!. Pero aunque libré a TK, quedé atrapado y casi me hacen pomada, de no ser porque Matt reaccionó y me salvó a tiempo. La segunda vez fue cuando lo salvé en el río... casi se ahoga. No sabía nadar, pero me tiré al agua sin pensar. Había prometido a la madre de Takeru que lo protegería y tenía que cumplir con mi promesa. ¡Vaya! Creo que esa fue la primera vez que me di cuenta que podía hacer las cosas por mí mismo. Nadie me había pedido que cuidara de TK. Yo me ofrecí e hice hasta lo imposible por ayudarlo y lo logré. Podía hacer las cosas por mí mismo... podían confiar en mí para ayudarlos. Por primera vez tuve fé en que haría las cosas bien y sin pedir la ayuda de los adultos y por eso Ikkakumon evolucionó... y así me salvé.

¡Rayos! Había hablado con Takeru... ¿Y si mi charla cambiaba su vida? ¿Y si no estaba destinado a pedirle a estos chicos que lo dejaran jugar? Temí que mi impulsiva intromisión no afectara TANTO a la dimensión y al laberinto... porque si no, estaría metido en un serio aprieto. ¿Dónde rayos estaba esa puerta?

En otro rincón del parque me topé con un pelirrojo muy conocido que estaba muy ocupado tecleando en una computadora portátil. Unos niños estaban jugando con un frisbee y accidentalmente lo arrojaron hacia Koushiro. El disco chocó contra el árbol en el que estaba recargado Izumi y cayó suavemente hasta posarse en el pasto, a pocos centímetros del chico. Koushiro ni se inmutó... podría haberle caído una bomba atómica encima y no se habría dado cuenta.

- "¡Hey! ¡Pásanos el disco!"- gritó uno de los niños. Pero Koushiro no se inmutó. Daba la impresión de estar siendo muy grosero, pero yo sabía que en verdad estaba tan metido en la computadora que era incapaz de prestar atención, como cuando era pequeño en mi dimensión.

- "¡Pelirrojo! ¡Pásanos el frisbee!"- gritó una niña- "¿Qué no nos oyes?"- los niños parecían estar ya muy enojados, así que decidí acercarme al árbol para tomar el frisbee. Fue solo cuando me sintió cerca que Kou levantó la vista y me encontró.

- "Que tal"- dijo con su acostumbrada seriedad- "¿Qué se te ofrece?"

- "Esos niños te están llamando"- comenté señalando a los chicos. Koushiro pareció sorprendido

- "¿Por qué?"

- "Por su disco... querían que se los aventaras"- dije tomando el juguete y lanzándolo hacia los niños, que agradecieron con la cabeza y se marcharon.

- "Oh... no los escuche. Perdona"

- "No te preocupes..."- pero vi que Izumi se puso a teclear de nuevo en la computadora.- "¿Qué haces?"

- "Trabajo"- susurró sin levantar la vista.

- "¿En qué?- no hubo respuesta.- "¿Disculpa?"- finalmente volví a tener la atención de Kou.

- "¿Perdón? ¿Decías algo?"- Koushiro se comportaba de manera distante y evasiva. Sin darse cuenta, lo que deseaba era que yo me marchara. Cuando era niño, era un chico tan aislado o puede que incluso más que yo. Temía que la gente se le acercara porque se sentía poca cosa, entre ser adoptado y bajito. Sentía que su único talento era su inteligencia y su habilidad para usar la computadora. Con el Digimundo, aprendió que tenía mucho que ofrecer además de su inteligencia y poco a poco dejó de evadirse en la computadora y a convivir con los demás. ¡Hasta tenía una novia!. Creo que por eso, Koushiro y yo nos llevábamos tan bien... teníamos mucho en común. Ambos deseábamos alegrar a nuestros padres siendo hijos modelos, ambos creíamos que solo con inteligencia se llegaba alto y ambos deseábamos estar tranquilos para no sentirnos rechazados.

- "Nada... hasta luego"- murmuré dejándolo solo. El chico comenzó inmediatamente a teclear en la computadora y dudo que se diera cuenta cuando me marché.

Ese Koushiro... vaya que le hacía falta haber conocido a Tentomon. Así como a mi me sirvió conocer a Gomamon. Debo decir que al principio me alteraba, ya que era todo lo opuesto a mí. Era burlón, inquieto, impulsivo, metiche... bueno... era lo opuesto a mí. ¡Y vieran lo que me ayudó tener un camarada así!. Me enseñó a burlarme de mis errores y a no ser tan duro conmigo mismo. A ver la vida de manera más tranquila y que hay tantas cosas tan bellas que no veía por mis nervios. Me enseñó a confiar en los demás, lo bello que es simplemente estar en el mar y fue de los primeros que tuvieron fé plena en mis capacidades. Él me enseñó con sus acciones que la gente espera de mí algo más que calificaciones y que podía ser lo que yo quisiera. Aunque debo decir, que además de Gomamon mi hermano tuvo que ver en eso. Shin era médico, pero deseaba irse lejos y hacer cosas que mi padre no aceptaba. Cuando volví a casa, me dijo que no dependiera de mi padre, que era importante que me valiera por mí mismo y que hiciera lo que yo deseara. Creo que fueron mis experiencias en el Digimundo lo que hicieron que por primera vez le prestara atención. Y tenía razón.

- "¿Hola? ¿Mitzuo?"- una voz de mujer pasó a mi lado. Era una chica preciosa de cabello castaño que hablaba sin parar por celular.- "¿Dónde estás?"

La joven era Mimí. Bella como la de mi dimensión, dulce como la de mi dimensión... pero algo había en su expresión que no era la de la Mimí de mi dimensión. Se veía muy insegura y frágil.

- "¿Cómo que vas a tardar? ¿Sabes cuánto tiempo llevo esperando en este lugar horrible? ¡Media Hora! ¡Me estoy muriendo de calor y de sed!"

Esta chica no era muy dfistinta de la niña de 10 años que viajó por primera vez al Digimundo. Mimí fue una niña sobreprotegida por sus padres, quienes siempre la trataron como a una auténtica princesa. Cualquier detallito incómodo era solucionado al instante. Mimí tenía todo lo que deseaba cuando lo deseaba. Por eso, llegar al Digimundo fue terrible para ella, ya que se vio sometida a condiciones incómodas y riesgosas para las cuales no estaba acostumbrada. Todo el tiempo se estaba quejando por cansancio y hambre, lo que la llevó a cometer varias imprudencias para satisfacer sus caprichos (como la vez en que atrajo a los Numemon o cuando fue tratada como princesa por los Gekomon). Así mismo, al haber vivido siempre en una "burbuja", no entendía el que la gente tuviera problemas y aborrecía la violencia, al grado de que dejó al grupo por una temporada después de presenciar varias muertes. A pesar de todo, Mimi era una chica muy dulce y de buen corazón, era rara la ocasión en que se metiera con alguien y solía creer que todos tenían algo bueno en el fondo (aunque solía prejuiciar un poco a partir de la apariencia). Es por eso que su emblema era la pureza, ya que irónicamente, toda esa sobreprotección de sus padres habían hecho que ella no conociera el mal y pensara que en todo ser vivo había bondad.

- "¿Esperas que tome el autobus de regreso? ¡Pero si no tengo idea de donde estoy! ¡Por favor apúrate!"- siguió quejándose la chica por teléfono. Mimí había cambiado mucho con el Digimundo. Se hizo más fuerte e independiente, aprendió que aunque hay mal en el mundo, siempre es posible ver lo bello en los demás e incluso perdonar y dar una segunda oportunidad. Siempre será una chica un poco caprichosa, pero así mismo siempre será alguien con una capacidad de relacionarse con los demás de manera increíble. Incluso logró ver algo en Koushiro que ninguna otra chica había visto antes y se convirtió en su novia.

Me alejé de esta Mimí insegura y crucé un pequeño puente que atravesaba un arroyo. Estaba cansado de esta dimensión... ya que todos mis amigos eran prácticamente unos desconocidos para mí. Aunque por toro lado, estaba comprendiendo aún más lo grandioso que fue para todos el ir al digimundo... en especial para mí. Recuerdo que cuando Mimí se alejó del grupo porque ya no podía estar más en batallas yo decidí acompañarla. En parte fue porque no quería que Mimí estuviera sola... pero también fue porque deseaba estar solo. Todo lo que había pasado y la conversación con mi hermano me habían dado mucho en qué pensar. Así que acompañé a Mimí por unos días y cuando estuve seguro de que ella podía arreglárselas sola me marché a buscar a Matt... y reflexionar. Pasé un día completo encima de Ikkakumon, que por una vez estuvo tranquilo y me dejó aclarar mi vida. Y me sirvió mucho, ya que entendí que todos mis compañeros eran mis amigos y no les interesaba en lo absoluto si yo era inteligente o no. Me apreciaban por lo que era, incluso me llamaban Superior, en parte por la edad y en parte por cariño. Entendí lo que decía mi hermano y decidí que a partir de ese momento sería yo mismo. No trataría de complacer a nadie porque no lo necesitaba... ser yo mismo era muy bueno, podía hacer grandes cosas de esa manera y ser feliz.

Dejar a los Digimon fue muy duro para mí... no sé que haría sin Gomamon y su facilidad para hacerme reir de mis problemas. Sin embargo, sé que aunque no lo tuviera cerca sus enseñanzas ya se habían quedado en mí. No había que ser tan perfeccionista... una cosa es ser bueno y otra cosa es amargarse la vida por ello. Con el paso de los años cambié mi forma de ser... seguía siendo un estudioso de lo peor, pero lo hacía por el gusto de obtener buenas calificaciones y no por impresionar a mi papá y a mis maestros. Era más abierto con mis compañeros y logré hacer otros amigos, además de mis compañeros que esos ya lo eran para siempre. Incluso dejé de vestirme como mi papá solía decirme... le dio un ataque cuando decidí dejarme crecer el pelo... pero no saben como me agradó ser rebelde por una vez en la vida. Y si ahora deseo estudiar medicina es porque realmente quiero ser un doctor y no por tradición familiar.

Al final del arroyo me topé con un muchacho sentado a la sombra de un árbol y que leía un libro. Su expresión era nerviosa e insegura y constantemente veía hacia todos lados como buscando algo. No me le acerqué... Realmente no fue necesario. Si el fin de estar en un mundo sin Gomamon era descubrir lo afortunado que había sido al conocerlo, debo decir que lo habían logrado. Ahora más que nunca apreciaba todo lo que había pasado y lo que me esperaba en mi dimensión.

Una luz a mi derecha llamó mi atención, la puerta al laberinto se había abierto.

Y así la cruce con mucho gusto porque volvería a casa.

A mi casa... un mundo con Gomamon.

CONTINUARÁ

Bueno, espero que les haya gustado este primer capítulo. No hubo mucha acción pero fue porque más que nada eran las reflexiones de Joe en un mundo sin Gomamon. Pero les prometo que en el próximo capítulo, el de Taichi, habrá mucha acción. Trataré de ir alternando capítulos tranquilos con algunos activos para no aburrir. ¡Nos vemos pronto!