.:Cicatrices del alma:.

El viento frío entumía sus mejillas. El olor a pino le daba una cierta tranquilidad, aunque sabía que de aquella situación nada podía ser tranquilo. El recuerdo de lo que había sucedido lo obligó a despertar de su inconsciencia. El cuerpo le dolía, había sufrido dos ataques en tan poco tiempo. El frio le calaba los brazos. Su mala vista combinado con la poca luz que daba le complicaba el saber en dónde se encontraba.

–Hermione- llamó a su esposa al no sentirla a su lado.

Seguía sin escucharla, buscó su varita para poder iluminar aquel húmedo lugar. Todo aquello fue inútil, era obvio que su captor no le dejaría un arma con la cual se pudiera defender. Se movió con cuidado, todavía no era capaz de descubrir en donde se encontraba. La superficie era rocosa, la humedad era demasiada y el frío calaba, estaban en una cueva, quizá en un bosque o risco. Estiró sus manos y continuó palpando, si bien sus ojos se acostumbraban a la oscuridad no era suficiente, seguía sin poder distinguir con claridad su entorno. Su pie golpeó con algo suave, era Hermione. Se agachó hasta ella y la sacudió un poco para poder despertarla.

–Hermione, despierta- le hablaba al oído-. Despierta por favor.

La castaña gimió un poco. Su cuerpo le dolía, haber pasado toda la noche en el suelo duro de una cueva no era la mejor experiencia para dormir. La voz de Harry la ayudó a volver en sí. Todo estaba muy confuso en su cabeza. Jamás había experimentado el hechizo desmaius. Aquel poderoso hechizo que usaba con frecuencia ahora le causaba estragos.

–Harry- respondió al llamado que le hacían.

El moreno la ayudó a incorporarse, la sostuvo de su brazo izquierdo. Una vez que la castaña estuvo en una mejor posición el ojiverde la abrazó con fuerza. Durante sus minutos de confusión en la oscuridad temió lo peor.

–Harry… ¿qué pasó?- la bruja se tomó la cabeza para ver si con eso dejaba de darle vueltas.

Entre esos giros de su mente, recordó todo lo que sucedió; así que no tuvo que esperar que su esposo le recordara lo horrible de su situación.

–Por Merlín- Hermione abrió rápidamente sus ojos en busca de su familia-. ¡Lily!

La bruja se separó bruscamente de Harry y se colocó de pie. El moreno se irguió a su lado.

–No está aquí- le informó el mago-. Creo que sólo estamos tú y yo.

– ¿Estás seguro?- la bruja no se fiaba de lo que decía Harry.

–No.

Hermione estaba por reclamar cuando una luz se encendió en lo que parecía ser el fondo de la cueva. La bola luminosa comenzó a cambiar de tamaño, creció hasta dejar de verse como una luciérnaga y comenzar a parecerse a una antorcha. Seguida de la llama el cabello rubio de Draco se asomaba. La radiación que emanaba de la fuente de luz fue aprovechada por el moreno para dar un rápido vistazo a su prisión. En efecto era una formación rocosa. El agua escurría por las paredes que parecían ser tan impenetrables como el mismo suelo en el que estaban parados. También comprobó con preocupación que su pequeña hija no se encontraba ahí con ellos. El eco del lugar amplificaba de una forma increíble los sonidos, así que seguramente Malfoy había logrado escuchar la pequeña charla que tuvieron Hermione y él.

La bola de fuego se detuvo a escasos metros de la pareja, segundos después la figura nívea de Malfoy se detuvo también.

–Al fin despertaron, me ahorraron el trabajo.

– ¿Dónde está mi hija?- Hermione bramó con su instinto de madre al máximo-. Te juro que si le hiciste algo lo pagarás muy caro.

El rubio sólo atinó a reír de forma estridente o al menos eso le pareció a Harry, quizá el eco del lugar hizo más burlón el gesto.

–Mira, Sangre sucia, eres la última persona a la que temería- apuntó con su varita a la castaña que ante el uso del mote denigratorio saltó hacia el rubio-. Por qué no se sientan y hablamos.

– ¿Por qué nos trajiste aquí?- Harry preguntó al tiempo que tomaba a Hermione del brazo y la sentaba junto a él.

El ex-mortifago conocía de antemano las estrategias que solía emplear Draco, lo había visto tantas veces en acción que aprendió como tomarle la medida. El mortifago era un excelente estratega y por consiguiente era extraordinario al momento de manejar los tiempos y jugar así con la desesperación de las personas. Era difícil, sino es que imposible lograr sacarle alguna información al rubio, a menos que este quisiera revelarla, por lo cual debían ser muy cautelosos al momento de intentar averiguar el paradero de su hija.

–Tuve que hacerlo. Me vi obligado por la situación.

–No te entiendo, Malfoy.

–Potter, nunca lo lograrás entender- el rubio pasó una de sus manos sobre su platinada cabellera-. Así que de nada sirve que lo explique, ¿no?

–Quizá no, pero sería de mucha ayuda si lo intentaras.

– ¿Por dónde comenzar?- hizo un ademan de falsa confusión-. Bueno primero que nada me alegra que hayas tomado mi consejo de irte antes del plazo de tres días que di.

Hermione y Harry se tensaron. Hacía mucho tiempo que no pensaban en el hogar de la bruja. Después de que Hermione le suplicara llevarlas con él, ambos empacaron tan rápido como la condición de la castaña se lo permitió. Hermione se despidió de sus padres, los abrazó y besó por última vez; les permitió que se despidieran de igual forma de la recién nacida Lily, a pesar de que instantes después serían desmemoriados, aquella despedida quedaría en sus corazones. Ambos magos repitieron el proceso de en las personas de la villa. No fue un trabajo sencillo pero lograron el objetivo en un solo día, para después partir. Jamás lograron averiguar si la amenaza de Malfoy era cierta o no, pero ahora confirmaban que él no mentía sobre el asunto.

– ¿Qué les hiciste, Malfoy?- Hermione preguntó con furia.

–Hice lo que dije que haría, no más no menos- el rubio dirigió su respuesta al moreno, ignorando totalmente a la castaña-. Pero era claro que el Señor Tenebroso no se rendiría tan fácilmente.

–Y tú tampoco al parecer- Harry le recriminó.

–Sólo cumplo órdenes- no sonó a disculpa-. Fue difícil seguirles el rastro. Los primeros años me fue imposible saber en dónde estaban, juro que estaba por abandonar la misión, era una pérdida de tiempo, había cien cosas más importantes que resolver en el frente y más con la molesta aparición del Ejercito del Fénix. El señor tenebroso también lo sabía y estaba dispuesto a poner a otro mortifago en tu búsqueda, para poder tenerme en tareas más importantes. Yo no podía estar más aliviado al respecto, dado que sin la necesidad de perseguirte por todo el globo, podría pasar más tiempo con ella.

– ¿La chica pelirroja?- Harry preguntó un poco incrédulo.

–Ginevra.

–Así que finalmente te animaste a ir por tu felicidad.

–Todo hubiera sido perfecto de no ser por las estupideces que cometieron- los señaló furioso-. La curiosidad es un arma peligrosa y más en las personas tontas como tú.

Sus grises ojos se clavaron en la figura de Hermione. Harry no comprendía nada en lo absoluto. Había algo que no lograba comprender del todo.

–Con razón aquella comadreja idiota se enamoró de ti, son tal para cual, no saben cuándo callarse y dejar de preguntar.

– ¿De qué estás hablando Malfoy?

–La resistencia es inútil, pero tanto tú como Ronald pusieron demasiada fe en ellos, en Dumbledore- el rubio dirigía su discurso a Hermione-. ¿Dónde está él, ahora que más lo necesitas?

–Hermione- Harry miró a su esposa y notó lo pálido que su rostro se había puesto-. No comprendo.

–Nunca cambiarás los malos hábitos. Actuar antes de analizar- Draco colocó sus dedos índices sobre sus sienes-. ¿Se lo dices tú o lo hago yo?- preguntó a la castaña.

Antes de poder escuchar otra palabra rebotar en las paredes de la cueva. Un hombre interrumpió. Los tres magos habían estado tan atentos a su conversación que les sorprendió su presencia.

–Señor, ya está todo listo.

–Retírate- fue la respuesta que el rubio dio-. Es momento de terminar con esto de una buena vez.

Draco caminó hacia la parte más oscura, la cual era el camino hacia la salida. No se molestó en pedir a sus prisioneros que lo acompañaran. La pareja Potter siguió a su captor. No podían perder el tiempo en peleas y discusiones, estaban en desventaja y lo más importante, aún no tenían idea del paradero de su hija.

Tardaron cerca de cinco minutos en salir. La luz del día le cegaba, agradeció no haber permanecido más tiempo en la oscuridad. Ahora tuvo que esperar a que sus verdes ojos se acostumbraran a la enorme cantidad de luz. Confirmó sus sospechas, estaban en un bosque, no sabía que tan lejos estaba de algún otro muggle o mago. Hermione se colocó a su lado. Tomó con fuerza su brazo y se pegó a él, no quería separase. Con un movimiento de su varita, Malfoy obligó a Harry y Hermione a colocar sus manos detrás de sus espaldas. Oficialmente se habían convertido en las presas de los mortifagos.

–Ronald Weasley cometió el error de afiliarse al Ejercito del Fénix- el ojigris volvió a entablar la conversación-. Supongo que siempre fue su intención pero el pasó que necesitó para armarse de valor fue cuando lo rechazaste, cerca de cinco años atrás.

El moreno, ahora a plena luz del día, podía observar que en efecto, su mujer estaba tan blanca que podía reflejar los rayos del sol con facilidad.

–Durante todo ese tiempo estuvo tranquilo. Dumbledore y su gente habían entendido que usar a los Weasley para sus misiones, sólo generarían más conflictos que beneficios. Era claro que ellos podrían enfrentar al Señor Tenebroso sin usarlos, pero no fue hasta que la señorita Granger… perdón, perdón- el mago hizo un ademan de falsa confusión-, la señora Potter, recurrió a ellos, a los miembros del Fénix.

La declaración le cayó como un balde de agua fría a Harry. Miró incrédulo hacia la castaña, esperaba una reacción ante lo dicho por el mortifago, pero simplemente ella palideció aún más y no quitó la vista del rubio. Hermione pasó de la sorpresa a la ira, sus castaños ojos miraban con profundo odio a Malfoy.

–Gracias a tu afiliación a ellos y a la información que les diste sobre Potter, Dumbledore y su gente comenzaron a tener una gran curiosidad. Sabiendo la posición que Ginny ocupaba, le designaron la misión de confirmar lo dicho por ti y de ser posible averiguar más.

Harry no podía creer lo que estaba escuchando. En los días difíciles que se vivían debía estar al tanto de todo lo que involucrara a Voldemort, desde sus aliados hasta sus detractores. Él había investigado todo lo que le fue posible acerca del grupo del Fénix, pensó en numerosas veces pedir ayuda, pero se arrepentía tan pronto reconsideraba su condición y su posición en la guerra.

–Y cómo era de esperar el Señor Tenebroso se enteraría de la traición. Tuve que hacer un trato con él.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::Seis días antes:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

–Así que esos malditos traidores a la sangre son los que han estado metiendo las narices donde no los llaman. Los quiero aquí, ¡AHORA!

Los ojos de serpiente de Lord Voldemort se habían agudizado al máximo, la ira los recorría, comenzaban a tornarse de un rojo sangre; Malfoy nunca lo había visto tan furioso, no al menos desde la desaparición de Harry.

–No- Draco se armó de todo el valor que pudo para contestarle.

– ¡¿CÓMO OSAS?!- el mago oscuro sacó su varita y atacó directamente al rubio, pero él joven detuvo el ataque.

–Aún no termino.

–No me interesa lo que más tengas que decir un ser insignificante como tú. Con un solo movimiento estarás muerto, no eres indispensable Draco.

–Sé cómo llegar a James Potter.

El ojigris temblaba por dentro, su miedo no le permitió moverse, esperaba que el nombre de Harry fuera suficiente para evitar ser asesinado por su osadía. Riddle se tragó sus palabras, se guardó la maldición imperdonable que tenía destinada para su seguidor.

–Espero y no sea un patético intento por evitar tu destino, Draco, porque de ser así ya no gozarás del privilegio de tener una muerte rápida.

–Si quiere, mañana mismo lo tendría en sus manos.

– ¿Por qué habría de confiar en ti? Tú que con tal de salvar a esa traidora eres capaz de todo, hasta de alzarte en contra mía.

–Porque sé que sin importar cuanto tiempo logre comprar, como dijo, eso no evitará que cumpla con nuestro destino. Es por ello que le ofrezco un trato.

–Jaja- la espeluznante risa del mago le erizó los rubios vellos de la nuca-. Eres un gran idiota, ¿querer negociar con el gran Lord Voldemort? De verdad eres tan patético como tu padre. Crucio.

Voldemort castigó por tanta insolencia al Malfoy. Sin importar que deseara conocer la información que lo llevaría hasta Potter, su objetivo más anhelado, dejaría que alguien inferior le hablara de ese modo. Draco se retorcía en el piso del despacho. Después de un par de minutos lo dejó. Esperó a que se levantara. No fue necesario indicarle que continuara, él así lo hizo.

–Soy consciente, más que nadie, de su ferviente deseo de ver muerto a Potter. Pero también sé, aunque no comprendo, que muerto no le sirve de la misma forma que vivo. Lo que usted quiere es que él no forme parte de la guerra, quiere dejarlo fuera de combate y que cuando se levante en el poder finalmente terminar con la existencia de James.

–Al parecer tú mujer no es la única entrometida- le escupió tal hecho. Pero lejos de enfurecerse, finalmente logró poner atención en la propuesta que plantearía el rubio-. Aparentemente sabes más de lo que deberías, eso sólo confirma que no debes seguir con vida.

–Y para ello le ofrezco encargarme de ello- Draco intentó ignorar la amenaza, no podía flaquear ahora-. Haré que Harry James Potter no sea ni la sombra de lo que alguna vez fue. Haré papilla su alma, su fuerza y su espíritu. Deseará con todo su ser la muerte, es más vendrá hasta usted por su propio pie, suplicando, implorando que termine con su agonía.

Voldemort finalmente había bajado su varita. La seguridad y decisión con la que el rubio se expresaba era sumamente convincente. El hablante de pársel no comprendía por qué Malfoy estaba tan determinado a salvar a aquella mujer, porque todo esto se debía, sin duda a ella.

– ¿Y cómo lo harás?

–Eso no importa, lo que realmente debe saber es que él ya no significará ningún problema. Sólo debe prometer que no le hará ningún daño a Ginny.

– ¿Qué garantía tengo de que cumplirás con lo que estás diciendo? ¿Cómo sé que no es un engaño para ganar tiempo y llevártela lejos?

–Porque haremos el Juramento Inquebrantable. Si no cumplo con lo dicho moriré, sin importar que tan lejos esté.

El Señor Oscuro pensó detenidamente el trato. La cabeza de Malfoy estaba por estallarle, había experimentado demasiadas cosas en cuestión de par de minutos. Rezaba internamente que su plan diera resultado, que el Lord aceptara sus condiciones.

–Está bien. Tienes de plazo hasta mañana. De no cumplir, te haré sufrir tanto que no sentirás a la muerte llevarte una vez que rompas el juramento.

Draco estiró su brazo izquierdo. Alzó su manga, dejando ver la marca tenebrosa que se movía con intensidad debido a la cercanía con el mago que la creó. Voldemort lo imitó, pero no se movió de su lugar. El rubio fue quién tuvo que eliminar la distancia restante entre ellos. Juntó su brazo con el de su amo. Era tan frío que dudaba que por él circulara sangre.

– ¿Quién será el testigo?- preguntó el ojigris.

–Snape- más que una respuesta fue un llamado.

Segundos después de haber mencionado el nombre del mago de pelo grasiento, éste entró.

– ¿Me llamaba mi Lord?

–Así es Severus. Entra, hoy serás testigo de una de las insolencias más grandes que he sufrido. Aunque si lo logra el pequeño Malfoy, será toda una hazaña y una reivindicación de para toda su estirpe.

–Inicia el Juramento Inquebrantable, Severus.

El hombre de ojos negros, sacó su varita y comenzó con el conjuro. Era claro que había estado escuchando todo el tiempo, por ello no hizo pregunta alguna. Y sólo se dedicó a preguntar lo que ambas partes estaban dispuestas a cumplir.

–Draco Malfoy, juras destruir a Harry Potter.

–Lo juro.

Una serie de hilos dorados comenzaba a emanar de la punta de la varita de Snape. Los hilos se movían como una serpiente que se arrastraba con sigilo tras su presa. El conjuro estaba hecho. Draco esperó a que Severus continuara con la otra parte, pero éste no hacía nada por seguir, así que el rubio tomó con fuerza el brazo de Voldemort.

–Jure que no le hará daño, a ella ni a nadie de su familia. Jure que ningún Weasley morirá.

El Señor Tenebroso enterró sus uñas en el brazo del chico. Había soportado suficiente de aquel alzado.

–No termines con la poca paciencia que te tengo, Draco- sus ojos de serpiente se afiliaron todavía más, parecía que en cualquier momento lo atacaría, que mordería su cuello hasta desangrarlo.

–Tom Marvolo Riddle.

Severus lo llamó por su nombre real. Malfoy se sorprendió al escuchar aquel nombre tan común, nada que ver con su actual apodo. Era clara la diferencia de ambos nombres, uno causaba tanto temor que ni siquiera podía ser pronunciado y el otro podía pasar desapercibido en cualquier conversación. Draco sintió como el agarre se hacía más fuerte, lastimándolo aún más; ya podía sentir la sangre, los dedos habían perforado ya su piel. Era evidente que no quería que más personas supieran su verdadero origen. Pero para la realización del juramento era necesario usar los nombres reales de los involucrados. Aquel error le costaría un castigo a Snape, pensó Draco.

–Jura no hacer daño a Ginevra Weasley, ni a ninguno otro Weasley.

–Lo juro- escupió con odio y veneno. No olvidaría jamás esta humillación.

De nueva cuenta los hilos entrelazaban y ataban a ambos magos. Una vez que terminó. Se separó de él tan rápido cómo pudo. Hizo una leve reverencia y salió del despacho sin quedarse a nada más, el tiempo corría y era en su contra.

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–El tiempo se acaba.

–No puedes entregarme a él. Únete a mí, juntos podremos terminar con él, sé cómo derrotarlo- Harry le pedía al que una vez fuera su amigo. Temía dejar desamparada a su familia.

–Lo sé. Y por eso debo terminar contigo- con su blanca mano hizo un gesto, el cual fue recibido por uno de los otros tres mortifagos que estaban ahí-. Además yo no te llevaré ante él, tú serás al final de toda esta locura, quien vaya hasta su encuentro.

Con su varita atacó las piernas de Hermione, haciéndola caer de frente. El golpe sonó hueco. El dolor físico agobiaba a la castaña, mientras Harry reventaba de ira. Se en carreo hacia Malfoy, pero éste lanzó un hechizo que lo derrumbó. Su espalda recibió el golpe.

–Es sólo el comienzo y tú ya estás perdiendo el control.

– ¡Suéltame!

Hermione y Harry se levantaron sobre sus rodillas al reconocer que aquel grito era de la pequeña Lily.

– ¡Lily!- Hermione gritaba desesperada. Por lo que veía no parecía haber daños en su hija.

–Lily, cariño, ¿estás bien? ¿No te hicieron daño?- su padre preguntaba preocupado.

–Mamá, papá- la niña se removía con todas sus fuerzas tratando de soltarse del agarre.

–Recuerda Potter, las cicatrices del alma duelen más que las físicas- le dijo señalando la marca que posaba sobre su frente-. Y nunca olvides que ambas han sido por obra de la voluntad del mismo hombre. Lord Voldemort.

–No Draco, tú no eres así- Harry sintió pánico. Su respiración se había detenido, como todo alrededor.

Avada Kedavra- conjuró.

El corazón de Harry se había detenido. No podía escuchar nada. No fue capaz de escuchar el desgarrador grito de Hermione. Ni siquiera su propio grito. El viento o las aves que habitaban con toda normalidad en el bosque. Sólo logró oír el cuerpo de Lily Jane Potter caer. La niña dejó de pelear al fin. El shock era tal que nadie dijo o hizo algo. El aire movía con suavidad las hojas de los árboles. Los rayos del sol acariciaban con delicadeza a los presentes. Era un día hermoso. De esos que en épocas de guerra, eran esporádicos, casi mágicos.

Harry no podía creer lo que sus verdes ojos veían. Su pequeña, su amada Lily, ahora estaba ahí acostada, sin vida. El color comenzó a invadir su rostro, estaba rojo del odio. Voldemort habría dado la orden, pero Draco Malfoy fue quién apunto la varita a su hija. Que tan vil y despiadado se tenía que ser para asesinar a sangre fría a un pequeño ser humano, indefenso y frágil; a un inocente. El moreno se levantó y corrió hacia Draco, mientras que Hermione lo hizo hacia su hija.

Ninguno pudo avanzar más de tres pasos. El rubio los volvió a dejar en el piso. Hermione perdió el poco coraje que le quedaba, se desplomó sobre sí, llorando descontroladamente y llamando entre sollozos el nombre de Lily.

– ¡TE MATARÉ!- Harry gritaba al suelo llenó de hojas y tierra. Su rostro con las lágrimas y el polvo del suelo, crearon un poco de lodo sobre su cara-. TÚ Y VOLDEMORT LO PAGARÁN. TE LO JURO.

–Sólo recuerda, cuando estés en camino a cumplir tu venganza- Draco se había acercado al moreno. Se agachó hasta él y tomó su barbilla, lo obligó a mirarlo a los ojos-, todo lo que se te enseñó como mortifago. Recuerda que sin importar que hayas logrado borrar la marca de tu piel, eso no quita el estigma que llevas en tu alma. Tu vida como mortifago nunca te dejó, y ella lo sabía, por eso jamás confió en ti- volteó el rostro de Harry hacia la castaña que seguía llorando en el suelo-. Ella recurrió al ejército del Fénix, sin consultártelo, porque no confiaba en ti, temía que algún día volvieras a los viejos hábitos y dañaras a su hija. Nunca creyó que tú pudieras ser un buen padre- volvió a girar el rostro de Potter hacia él, y lo acercó al suyo, quería que su último mensaje se le quedara gravado de por vida-. Y por sobre todas las cosas no olvides que un mortifago no sólo es aquel fiel seguidor del Señor Tenebroso, sino que también son todos aquellos que no podrán ser felices nunca. Es por ello que siempre fuiste y siempre serás uno de nosotros.

Soltó el rostro de Harry de un solo movimiento y con toda la brusquedad que pudo. Las palabras de Draco quedaron talladas en su mente. Él tenía razón, en todo lo que le dijo. El rubio se acercó a Hermione, también tenía unas palabras para ella. Se agachó y le susurró, sin importar si seguía llorando o no, él entregaría su mensaje.

–Recuerda que si tu hija está ahí sin vida sólo es por tu culpa. Pero no hace falta que te lo diga, ¿no? Lo sabes de ante mano. ¿De qué otra forma pude averiguar su dirección?- se calló por unos instantes y después continuó-. Puedo salvarte del remordimiento si lo deseas, puedo terminar con tu vida ahora, estarás junto a ella en cuestión de instantes.

Hermione no podía detener el llanto, pero había entendido a la perfección las palabras de Malfoy. No logró dar su respuesta. Una lluvia de luces comenzó a atacarlos. Un par de los mortifagos que acompañaban a Draco cayeron. El ojigris se movió con agilidad, esquivó los hechizos y contraatacó un par de ellos. Corrió hasta el cuerpo de Lily y el mortifago que la tenía sujeta, cuando aún estaba con vida. Se agachó hasta ella y desapareció con el cuerpo, y su compinche. La crueldad de aquel hombre no era normal. Como después de haber arrebatado la vida de una inocente, huye con el cuerpo, con el único recuerdo que quedaba de que alguna vez existió un ser humano, la evidencia de que Lily Potter habito en el mundo. Ahora no podría nunca recibir el descanso que merecía.

Los encantamientos seguían volando, pero ninguno de los padres hizo algo para huir. Todo lo contrario, una parte de ellos deseaba que uno de los hechizos lo golpeara y quizá así podrían evadir la horripilante realidad a la que ahora tendrían que enfrentarse. Y lo hubieran logrado de no ser porque Harry sacó la miseria de coraje que le quedaba. No permitiría que nadie más muriera por su culpa. Primero sus padres, después Lily, quizá también la familia de Hermione estuviera muerta, no podía perderla a ella también. Corrió hasta ella y la abrazó. No podía hacer más, no tenía como defenderse, no podía cargar con el peso de él y el de ella. Sólo se aferró a la castaña. Cerró los ojos y esperó lo que viniera.

– ¿A dónde se fueron los mortifagos?- una suave voz preguntó con determinación.

Harry levantó la mirada y se encontró con cinco varitas apuntándole. Se fijó en las personas que empuñaban el arma. Una mujer de rubios cabellos y ojos grises, era la que le apuntaba directamente.

–No lo volveré a repetir. ¿A dónde se fueron?

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Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J.K. Rowling y a los correspondientes

Han pasado muchas cosas desde la última subida, pero bueno, ahora tengo un poco de tiempo y aquí me tienen. Juro que cuando terminé el capítulo pasado tenía miles de ideas para seguir con la historia pero después no logré concretar nada y ahora no recuerdo que iba a escribir jaja así que salió algo parecido a lo que tenía pensado en un inicio.

Se me hizo irónico al momento de escribir el dialogo de Voldemort cuando menciona lo de meter las narices jaja

Okay pasando a notas un tanto no tan felices, he de decir que esta parte importante de la historia ya la tenía planeada desde cuando, y ahora por fin se ve hecha realidad. Y bueno tengo mis dudas acerca del Juramento Inquebrantable, dado que yo supongo que para que sea válido, se debe usar cosas reales, información real, por ello que fue necesario o al menos vi necesario que se dijera el nombre real de Voldemort.

Bueno sin otra cosa más los dejo! Espero estar un poco más pronto con nuevo capítulo.