Aclaraciones

Declaimer: Ni los personajes de Full Metal Alchemist ni los de D. no me pertenecen sino a sus creadores (no me acuerdo de sus nombres pero cuando los sepa los pongo)

- diálogos

-(intervenciones mías)

-"pensamientos"

-[cambios de escena]

- - - - - - - - - - - - Flash Back - - - - - - - -

Capítulo 12: Jean Havoc, la historia del sustituto

Jean Havoc siempre había sido un soldado leal que en muchas ocasiones había deseado ser su superior por un día; por eso cuando Roy Mustang le dijo:"Harás de mí mientras yo hago de ti en el norte", Jean daba saltos de alegría por la oficina ante la atenta mirada de sus compañeros. El rubio no dejaba de soñar despierto con lo maravilloso que sería ser su superior pero en cuanto llegó a la oficina haciendo del Coronel se dio cuenta de que no iba a ser tan fácil. Riza Hawkeye estaba ahí dispuesta a convertirle en el verdadero Roy.

-El Coronel no fuma ni juega con ningún mechero. El Coronel se mantiene firme y serio ante sus superiores. El Coronel no se deprime cuando le quitan la chica que quiere.

Y un largo etc. que cansó a Jean con sólo oírlo desde el sillón de su actual puesto. La Teniente no dejaba de recordarle lo que debía hacer y ni siquiera pestañeó cuando ante un montón de documentos el rubio se quejó. Además tenía que llevar peluca y lentillas lo cual no se le hacía incómodo salvo que tuviera que quitarse y ponerse la gorra constantemente.

-Vamos Jean no es para tanto. –comentaba de vez en cuando la mujer sonriendo amablemente- Ten en cuenta que lo haces por el bien de una pareja.

-¿Y? Ahora me arrepiento de haber aceptado.

-Míralo por el lado bueno. Ya no te quitará a todas las chicas que te gusten.

Esa última frase hizo que Jean mirara la situación de otra manera. Esas palabras le habían subido la moral y se puso a trabajar en seguida. Tomó la primera pila de documentos y comenzó a leerlos.

La mañana había pasado tranquila tras las primeras horas de pánico del pobre Havoc. Tanto Breda como Farman tuvieron que contener la risa cuando el General Hakuro entró de improviso en el despacho y dirigió su acostumbrada retahíla de insultos a Mustang. Pero esta vez era Jean quien tras la fachada impasible de su superior, se mordía la lengua para no llorar ante lo que le decía el hombre. ¿Cómo lo soportaba su superior sin decir ni una palabra?

Cuando por fin se hubo marchado, Jean se desmayó sobre la mesa unos instantes antes de recuperarse y entrar en pánico.

-¡¿Cómo es posible que aguante todo eso? –dijo una y otra vez mientras se levantaba con intención de irse.

-Breda, párale. –ordenó la Teniente Hawkeye yendo a cerrar con llave la puerta de la oficina y la bloqueaba con su propio cuerpo.

-Dejadme salir. Quiero irme a mi casa. –pedía mientras forcejeaba con su compañero.

De improviso sonó el teléfono y todo se quedaron quietos y en silencio. Fue Riza quien respondió con calma y según avanzaba la conversación su rostro cambiaba hasta una sonrisa divertida.

-Era Clarise. –dijo con calma sacando una pequeña agenda negra de un cajón de la mesa- Está esperando al Coronel para ir a comer. –añadió mostrándole a Havoc una foto de una chica joven, castaña de cabello largo y con una sonrisa preciosa.

-Está bien. Haré un poco más del Coronel. –sentenció Jean aceptando que no podría escapar del lío en el que se había metido.

-Aquí tienes la dirección del restaurante y toma, necesitarás las cosas del Coronel.

Jean tomó entre sus manos la agenda negra y la cartera así como el reloj de alquimista nacional de su superior.

-¿Esto es necesario? –cuestionó temiendo que fuera a implicar algo más que no le había comentado como tener que hacer alquimia o similares.

-Es necesario. El Coronel tiene crédito en el restaurante gracias al reloj. –replicó Riza riendo ligeramente- Pero tranquilo, que no vas a tener que hacer alquimia. El Coronel no puede y dudo que en unos días cambien de opinión.

Jean asintió y tras ponerse el abrigo y la gorra, salió del despacho para ir a la cita que según parecía era lo mejor que le tocaría por ser Roy Mustang.

[En el restaurante]

Clarise estaba sentada en una mesa en la zona de reservados del restaurante. Realmente era guapa tal y como aparecía en la foto, por lo que Jean se acercó con decisión tratando de no sonrojarse por la belleza con la que iba a comer. Tras un breve saludo y pedir la carta, el hombre se sentó en frente de su acompañante que no dejaba de juguetear con una pulsera de plata.

-Espero que te guste la comida Clarise. –dijo el hombre sacando una de sus mejores sonrisas.

-Seguro que esperas algo más que comer conmigo. –replicó ella riendo levemente.

-Bueno no es necesario, la verdad. –respondió Jean como pudo a semejante proposición.

-Oh vamos, Madame Christmas me dijo que esperabas más de mí.

Ante esa respuesta el hombre se quedó mudo y más cuando la joven le dio la mano descaradamente sin dejar de mirarle a los ojos. Jean temió que viera la diferencia y apartó ligeramente la vista a la vez que hacía lo mismo con su mano.

-Mira Clarise no sé que te habrá dicho Madame Christmas pero…

-Shhh, no digas nada Roy. No necesito explicaciones. –replicó ella impidiendo que hablara- Sólo dejemos la comida para otro día.

Dicho eso la joven perdió todo contacto con el hombre, se levantó para ponerse su abrigo y tras un pequeño beso en la mejilla de su acompañante, se marchó del restaurante dejándole a mesa puesta.

El hombre se quedó helado ante eso. ¿Con que iba a llevarse a todas las chicas que el Coronel le quitaba eh? Pues en aquel momento no le parecía eso.

Más que molesto por el lío en el que le había metido su superior se marchó enfadado del restaurante en dirección a la vivienda del Coronel. En cuanto llegara llamaría a la Teniente Hawkeye para que se enterara de lo ocurrido.

[En casa de Roy]

Nada más cruzar el umbral, Jean escuchó el teléfono de la sala sonar. Él todavía estaba en la puerta y antes de llegar ya había saltado el contestador.

"Hola querido. Mi pequeña Clarise me ha dicho que has rechazado su oferta. ¿Creía que estabas interesado? Piénsalo bien pues se va en un par de días. Ya te pondrás en contacto conmigo. Besos Roycito."

El rubio se quedó helado al escuchar a esa mujer que él no conocía de nada tratar tan familiarmente y con tanto cariño a su superior.

Para Havoc aquella noche fue la peor que recordaba en toda su vida. Apenas había podido dormir porque en su cabeza no dejaba de darle vueltas a lo que había descubierto de su superior. Él que tenía al Coronel Mustang como un modelo, como un militar leal y comprometido con sus ideales; y en un día se había enterado que todo era una farsa. Se había sentido traicionado cuando descubrió que aquellas chicas podrían ser señoritas de compañía y esa tal Madame Christmas podría ser la mujer que llevara un local de dudosa reputación de donde las sacaba.

Cansado de estar tumbado mirando el techo, Jean se levantó y comenzó a vagar por aquella casa en la que ahora viviría hasta nueva orden. Paso a paso observaba la escasez de objetos personales más allá de alguna foto en la que se encontraba el hombre junto con el desaparecido Maes Hughes en situaciones diversas desde su graduación en la academia militar a imágenes de la guerra de Ishbal. Pudo ver en todas como el Coronel había pasado de ser serio a frío e incluso pudo ver un atisbo de esperanza en alguna foto de la guerra. Más allá de eso, fue incapaz de descifrar a su superior que contrastaba en todo con su acompañante en las imágenes pues Hughes se mostraba siempre sonriente o al menos feliz.

Jean tomó una de ellas por el marco y la miró con atención, debía de ser posterior a la guerra ya que Roy ya tenía sus galones de comandante y podía ver la cadena del reloj de plata. El moreno se mostraba sereno, tranquilo pero con la mirada distraída observando a alguien que no salía en esa imagen. El rubio sintió curiosidad por lo que habría captado la atención de su superior y se aventuró a sacar la foto del marco y ver el reverso. Allí, borrosa por el tiempo, había escrita una pequeña frase que ni siquiera era capaz de entender: "el fuego lo quema todo incluso a uno mismo" aunque creía muy acertadamente que para Roy sí que tendría sentido. Volvió a montar la foto y la dejó donde la había encontrado para luego seguir caminando por los pasillos de la vivienda sin ver nada más que le llamara la atención. A pesar de ser la casa de un militar de alto rango, el hombre no demostraba tener el dinero que Havoc creía que tenía por el hecho de ser alquimista nacional.

Tras su expedición por esa vivienda, se dirigió a la estancia que ahora ocupaba para prepararse para ir al cuartel. Aquel día sería mucho más largo y complicado que el anterior aunque el pobre Jean no lo supiera cuando cerró la puerta de su casa.

[En el cuartel]

La Teniente Hawkeye era puntual en todos los momentos importantes pero esa mañana lo era por necesidad extrema, si había algo que el Coronel necesitara la única que podía impedir que Jean se equivocara era ella. Además, el día anterior le había visto muy nervioso e incluso había temido que no apareciera esa mañana pero contra toda expectativa ahí estaba. Havoc había entrado firme como un clavo y serio como el propio Coronel. La mujer se acercó con paso firme pero vigilante pues no se fiaba de ese cambio repentino de actitud. En cuanto estuvo lo suficientemente cerca descubrió la causa de tal seriedad.

-¿No has dormido? –le preguntó una vez hubo cerrado la puerta.

-Eso no importa… -susurró antes de abrazar a Riza y echarse a llorar como un crío- No quiero seguir con esto, ese hombre es horrible. –dijo entre lágrimas.

-Vamos, no será para tanto.

-¡¿Qué no será para tanto? –exclamó a voz en grito moviendo a la mujer por los hombros- He descubierto sus secretos y… y… ¡y prefiero mi ignorancia y mi vida sencilla!

Riza Hawkeye se quedó en silencio ante esas palabras. Ella desconocía lo que Jean habría descubierto sin embargo no creía que fuera como para que se pusiera de esa manera. Sin pensarlo dos veces se liberó de su agarre y preparó su arma con rapidez, después le sonrió apuntándole con firmeza.

-Coronel, serénese antes de que lleguen los demás y vean a Roy Mustang comportándose como un niño. –dijo con seriedad en su voz pero una sonrisa en su rostro.

-Pero… -trató de replicar ante la impasible mirada de su compañera.

-Coronel no quiero repetirlo. –dijo ante el pobre intentó de réplica.

El hombre agachó la cabeza y caminó en esa posición hasta su mesa la cual rodeó sentándose pesadamente. Sus ojos no tenían ni su brillo azulado oculto por las lentillas, ni la supuesta fuerza de la mirada oscura como la noche del Coronel; en su lugar el tono negro estaba más que apagado y Jean suspiraba resignado. De improviso un joven militar, el Sargento Rish, entró en el despacho cargando una carpeta no muy grande y que parecía liviana. Nada más aparecer, Havoc se incorporó y esperó a que el recién llegado llegara.

-Traigo esto para el Coronel Mustang, es el material para la reunión de hoy. –explicó dejando lo que había traído encima de la mesa.

-¿Una reunión? –cuestionó Jean confuso mirando de reojo a la Teniente.

-El alto mando se reúne una vez cada pocas semanas para tratar la coordinación de las distintas actividades que se llevan a cabo por todo el país. –comentó la mujer ante la petición implícita en aquella mirada.

-Eso mismo. –recalcó Rish- El General Hakuro espera que se comporte mejor que en la anterior reunión.

Dicho eso hizo el correspondiente saludo militar y abandonó la oficina. Jean respiró aliviado cuando el joven ya se había marchado.

-¿En serio tengo que asistir a esa reunión?

-Por supuesto, el Coronel no se ha perdido una desde que lo trasladaron a Central tras el incidente de los hermanos Elric y la guerra con el otro mundo.

-¿Y ha ido incluso tras la degradación? –preguntó buscando alguna forma de escaquearse de asistir.

-Desde entonces no se les olvida recordárselo y por favor no digas nada sino estás seguro de poder demostrarlo, ¿vale? Si te descubren todos seremos castigados por ello. –le pidió mientras se acercaba a la mesa y leía los documentos de la reunión.

-Estaré calladito sino es imprescindible pero dime, ¿qué se supone que voy a hacer allí?

-Al parecer se tratarán temas relacionados con la instrucción en los cuarteles de las áreas sur y este.

-Menos mal que soy del este que sino…

-Has tenido suerte. –añadió Riza a las palabras de su compañero- Y ahora vete no vayas a llegar tarde. –terminó diciendo a la vez que le daba la carpeta.

-Nos vemos luego.

-Por supuesto señor. –respondió la mujer con una amplia sonrisa.

[Sala de reuniones]

Cuando Jean entró en la estancia todas las sillas alrededor de la mesa estaban ocupadas salvo la que tenía que usar él, y dio gracias porque fuera el último o no habría sabido donde sentarse. Cada uno de los militares allí presentes observaron como llegaba y se sentaba a la vez que él veía sonrisas en algunas de sus caras.

-Siento el retraso. –se disculpó dejando la carpeta sobre la mesa.

-Si ya estamos todos podemos empezar. –sugirió uno de los presentes colocándose bien visible en su posición- Como ya saben todos, la situación de tensión que vive el área sur no se puede mantener por más tiempo o terminará en una guerra con Aerugo. Para ello el primer punto del día será decretar si las tropas del área sur necesitan que se distribuyan las del área este hasta su zona para controlar la situación.

-Si tuviéramos más soldados no tendríamos que plantearnos este problema. –replicó otro con vehemencia.

-No podemos forzar a nadie a entrar en el ejército. –replicó un tercero haciendo que fuera subiendo la tensión.

-¿Y si se les da más tiempo de instrucción a los cadetes para que sus conocimientos y formación les hagan mejores? –preguntó a media voz Jean desde su asiento atrayendo sobre sí todas las miradas de los presentes.

En aquel momento se reprendió mentalmente por haber dicho aquello y recordó las palabras de Riza:" no digas nada sino estás seguro de poder demostrarlo". El General Hakuro que estaba enfrente de él le miró con curiosidad ante tal idea y sonrió maliciosamente.

-Parece que el Coronel Mustang tiene un par de ideas de cómo afrontar el problema. Adelante Coronel, le escuchamos. –dijo cediéndole la palabra como quien le cede el turno ante la muerte.

-Sólo decía que si les diéramos más formación podrían ser más útiles. –trató de explicar.

-¿Pero eso no nos llevaría a perder más tiempo en conseguir nuevos soldados? –preguntó el que había tomado la palabra primero.

-Pero saldrían mejor preparados y a la larga…

-¿A la larga no sería mejor conseguir alquimistas nacionales? –añadió Hakuro- Son más efectivos que un soldado normal.

-El General Hakuro tiene razón Coronel, los alquimistas nacionales tienen una gran formación y efectivamente son más útiles en batalla.

-No podemos hacer algo así. –replicó más fuerte Jean a la vez que apoyaba las manos en la mesa- Si nos permitieran tener más alquimistas nacionales no sería seguro; podría ocurrir un nuevo exterminio como Ishbal.

-¿Y está diciendo eso un alquimista nacional? Es digno de alabar Mustang, ¿o es que no tienes la conciencia tranquila? –dijo Hakuro ante el gesto de aceptación de sus palabras de la mayoría de los presentes.

Esas palabras provocaron en Havoc el silencio que seguramente aquel tipo estaba buscando. Él no podía decir nada de aquella masacre porque ni siquiera había sido llamado a filas como reserva por aquel entonces. Sin embargo ahora mismo no podía dejar que su desconocimiento de esa situación le hiciera mella por el bien del Coronel y de él mismo.

-Todos aprendemos de nuestros errores, General. –dijo con voz firme aunque estuviera todavía algo nervioso y temblara ligeramente- Aquello no tiene que ver para que ahora piense que tener un exceso de alquimistas nacionales podría ser un error.

-¿Y está dispuesto a ser el primero en dejar de serlo? –cuestionó de nuevo Hakuro sus palabras- Porque de todos los alquimistas nacionales de nuestras filas, eres el que menos necesita serlo en estos momentos.

-No puedo hacer eso. –murmuró bajando la vista a la mesa- No puede hacer eso.

-Habría que evaluarlo Hakuro. –intervino otro General que estaba sentado a varias sillas de ambos.

-Sólo era una suposición. –replicó el hombre para llevar algo de calma a la reunión.

Desde ese instante Jean no volvió a hablar se dijera lo que se dijera. Por su culpa su superior podría perder su título y aunque él nunca encontró necesario ser un alquimista nacional para ser un buen soldado, para Roy era una parte de su vida y se enfadaría mucho si se enteraba de que perder el título habría sido culpa de su subordinado.

Hakuro por su parte sonreía disimuladamente desde aquel pequeño enfrentamiento. Había sido un intercambio de palabras bastante revelador pues aunque en broma, se había comentado la posibilidad de que Roy Mustang perdiera su título de alquimista nacional y eso era un logro con sólo pensarlo.

-Pues ya está todo. -dijo el mismo hombre que había empezado la sesión- Espero que las medidas tomadas en esta reunión sean aceptadas por el parlamento.

Tras esas breves palabras todos los presentes incluido Havoc se pusieron en pie y comenzaron a marcharse en reducidos grupos haciendo comentarios sobre la sesión. El General Hakuro salió de la sala antes que él deteniéndose en la puerta y mirando a Mustang con desprecio.

-Si por mi fuera te haría besar el suelo que piso, no lo olvides chaval.

Y dicho eso dejó al hombre solo en el pasillo mientras que él se marchaba mostrando con su forma de andar que siempre consideraría a Roy escoria.

[En la oficina de Roy]

Farman y Breda estaban sentados charlando de los juegos de estrategia mientras que Fuery revisaba unos papeles cuando el Coronel entró en el lugar. Su habitual desgana por hacer lo que hacía había pasado a una actitud de autentica derrota que no pasó desapercibida por los presentes.

-¿Te encuentras bien? -preguntó el de gafas acercándose a su compañero- No traes buen cara.

Havoc alzó un poco la mirada para ver al joven y suspiró. Ese gesto alertó a los otros dos presentes que dejaron su charla y también se acercaron. Entre los tres consiguieron que se sentara pero sus intentos por saber qué había pasado se quedaron en eso: intentos. Jean no decía nada y apenas les miraba, aún vestido como su superior se notaba que no era el Coronel.

-¿Qué pasa aquí? -preguntó de repente una voz femenina que resultó ser la de Riza Hawkeye.

La mujer había entrado apenas unos segundos antes y se había encontrado con ese panorama. No podía creer lo que veía y se atrevió a preguntar. Ahora tras haberlo hecho esperaba algún tipo de respuesta. Fue Farman quién se puso en pie para relatar la forma en como había entrado Havoc y como se comportaba desde entonces. La rubia escuchó con atención y tras un breve silencio ordenó que los dejaran a solas. Ninguno de los presentes dijo algo al respecto y cumplieron las órdenes en cuestión de segundos.

Cuando por fin estuvieron a solas, Riza se acercó a Jean y se sentó a su lado.

-¿A mí me lo vas a contar? -le preguntó con voz suave y tranquila.

-El Coronel me va a matar; me quemará una y otras vez, y me convertiré en polvo. -dijo sin apenas respirar para luego volver a callar agachando la cabeza.

Riza sonrió con ternura y puso una de sus manos en el hombro de su acompañante.

-Jean, no creo que hayas hecho nada para que el Coronel piense en hacer algo así.

-Yo creo que sí que lo he hecho. -replicó el hombre levantándose- Por mi culpa puede perder su título de alquimista nacional. Sé que ese General Hakuro lo intentará y todo por abrir la boca.

-Vamos, no creo que sean capaces de prescindir de alguien como Mustang sólo por tus palabras.

-¿Tú crees? -la preguntó mirándole con dudas- Ese hombre es capaz de cualquier cosa y yo en vez de callarme como tu me dijiste, voy y abro mi bocaza.

-Jean cálmate. Tú no tienes la culpa. Sabes que el General siempre ha querido hacer sentir al Coronel que no vale nada así que no cargues con esa responsabilidad.

-Pero Riza...

-Nada. Tú ahora tienes que actuar como Roy y pase lo que pase él nunca se deja asustar.

El hombre se quedó en silencio sin saber qué decir. Las palabras de su compañera le hicieron darse cuenta de que él solo estaba haciendo un papel y que aún siendo teatro, debía mantener la compostura y seguir adelante. A su lado Riza respiraba más tranquila; había conseguido animar a Jean pero aún así seguía preocupada, las palabras de su compañero no le daban mucha tranquilidad y temía que Roy no llegara a poder quemarle. Sin embargo esas dudas debía quedárselas por el bien de la misión y de la cordura del hombre; ella sabía que estar en el pellejo del Coronel no le haría bien al rubio por mucho tiempo pues tenía demasiadas cosas sobre sus hombros, demasiadas.

El resto del día transcurrió con normalidad. Breda, Farman y Fuery aparecieron al poco viendo como el humor de su superior había mejorado notablemente tras la charla con la Teniente Hawkeye. Los tres se pusieron a trabajar en cuanto se cercioraron de que todo estuviera bien. Por su parte el Coronel Mustang seguía firmando papeles ante la atenta mirada de la rubia que no se le había despegado ni un instante desde su pequeño intercambio de opiniones. Y así con total armonía las horas fueron pasando y el día avanzando.

Cuando por fin era hora de irse Jean decidió quedarse algo más para terminar de revisar algunos informes y que pese al ofrecimiento de Riza, lo hizo solo. No era raro que Mustang se quedara unas horas más después de su jornada para terminar la cantidad ingente de trabajo que le daban sus superiores por lo que simplemente le dejó en la oficina y se marchó a casa. Un par de horas más tarde era el rubio quien dejaba el cuartel camino a casa.

[En alguna calle de Ciudad Central]

Havoc había dejado atrás los muros del cuartel y las calles colindantes, y caminaba con paso tranquilo por la acera de aquella calle algo silenciosa sólo animada por los locales de la zona. Fue mirando esos locales mientras caminaba que se encontró con una sorpresa: Clarise estaba en la puerta de uno hablando con un hombre que la doblaba fácilmente la edad. El rubio se subió el cuello de su abrigo y se encogió ligeramente usando a su favor el frío que ya empezaba a hacer en la ciudad para pasar desapercibido cuando se cruzaron. Al haberla visto no olvidó el camino hasta ese local con la idea de volver la noche siguiente aprovechando que saldría antes del cuartel y que el día de después no tendría que trabajar. Sin más retrasos caminó rápido a casa para darse una ducha y meterse en la cama hasta el día siguiente.

[En algún despacho en el cuartel de Ciudad Central]

Aquella mañana el cielo apareció algo nublado y el frío que se había empezado a notar en el ambiente la noche anterior, dejaba muestras de su existencia por doquier. Sin embargo las cosas estaban algo caldeadas en algún despacho donde varios militares de alto rango discutían el futuro de uno de sus hombres.

-Es necesario revisarlo con detenimiento. No podemos prescindir de su título así como así. –decía un hombre de pie junto a una mesa donde reposaba un expediente bastante abultado.

-Se supone que debíamos castigarle por lo que hizo y sin embargo su actitud no demuestra que esté aprendiendo de sus errores. –le replicó otro hombre.

-Señores, ese chico está provocando que seamos nosotros los que suframos por sus insolencias. Si le diéramos un escarmiento ahora sería una buena manera de mostrarle que no puede reírse del alto mando. –comentó Hakuro que estaba presente en esa improvisada reunión.

-Se pensará con detenimiento. –sentenció el primero que había hablado tomando el expediente entre sus manos- No vamos a prescindir de ese alquimista sin meditar las consecuencias. Hasta otro momento señores.

El hombre abandonó el despacho seguido de otros militares dejando sólo a dos en el interior. El General Hakuro y el Coronel Douglas no se habían quedado conformes con esa resolución, y más con las sospechas del señor Clains al respecto de la comunicación entre Mustang y Harada. Sin embargo todavía no tenían pruebas de ello y eso les impedía actuar; pero en cuanto pudieran demostrar que ese perro había incumplido su sentencia ambos serían los militares más felices del mundo al poder deshacerse de la molestia.

[En la oficina de Roy Mustang]

En otra oficina un par de pisos más arriba un hombre moreno acababa de llegar envuelto en su habitual abrigo negro y una mujer rubia le esperaba con un café listo para tomar. Jean sonreía bajo su fachada de Roy Mustang agradecido a esa mujer que siempre velaba por su superior y por todo el grupo en general; si Maes Hughes levantara la cabeza seguro que diría lo mismo. Ese recuerdo le hizo sentir desdichado; él sabía que su superior no tenía muchos amigos y la pérdida del General de Brigada Hughes había sido un duro golpe para Mustang. Pero él ahora no podía preocuparse por los demonios internos de Roy, él tenía que fingir que era de hielo de puertas para fuera cuando por dentro era un mar de contradicciones.

-Buenos días señor. –le saludó Riza con una amable sonrisa sacándole de sus pensamientos.

-Buenos días Teniente. –saludó él con gentileza- Gracias por el café. –añadió tomándolo con sumo cuidado pues seguro que estaba bastante caliente.

-El Sargento Rish ha traído el acta de su reunión de ayer. Al parecer debería leerla con detenimiento antes de firmarla.

-Eso dará igual, ¿no Teniente? Aunque no esté conforme no podré negarme…

La mujer no dijo nada y simplemente esperó pacientemente a que su superior leyera lo escrito en ese documento. Observaba con detenimiento el ambiente que se vivía en ese momento en la oficina, los tres de menor graduación estaban sumergidos en sus propios reportes y su superior no apartaba sus ojos de lo que tenía entre manos. Era la típica estampa de un día de trabajo sino fuera por la interrupción de un extraño en el grupo; el Coronel Douglas acababa de entrar y se dirigía sin dudar hacia la mesa de Mustang.

-Vengo a buscar el acta firmada. –dijo con su voz altanera y fría.

-Un minuto. –respondió por inercia Jean antes de levantar la vista y encontrarse con los ojos de Douglas taladrándole- Coronel Douglas, será un segundo que firmo. –añadió garabateando con rapidez en los papales.

Apenas hubo estampado su firma, el mencionado militar los tomó y revisó antes de sonreír altaneramente, tras eso dio un vistazo a la oficina en la que todos los presentes le estaban mirando y se marchó. Cuando la puerta se cerró Jean respiró aliviado y Riza le puso una mano en el hombro.

-Ha estado cerca. –dijo ella.

-Demasiado, si llego a comportarme como siempre hubiera sido un problema.

-Por eso el Coronel te escogió, porque sabrías hacerlo mucho mejor que cualquiera de nosotros.

-Sabes que sigo dudando sobre eso, ¿verdad?

-Él sabe lo que hace, estoy segura. –dijo y sin más volvió a su propio trabajo dejando al hombre con la duda aún en mente.

Douglas caminaba con calma por los pasillos revisando el documento que tenía entre sus manos y comparándolo con otro de unas semanas atrás. Si Clains tenía razón, tendrían que revisar algo más que una firma mal hecha. Sin embargo los trazos que siempre le parecieron fríos ahora le parecían temerosos de algo; y ahí su pequeño indicio de que había un cambiazo notable. Con rapidez se dirigió a su propia oficina y nada más llegar marcó la extensión del cuartel del Norte.

-Con el Coronel Kimbley, es urgente.

-¿Diga? –contestó la voz del hombre con el que tenía que hablar.

-Quiero que me digas todo lo que has descubierto y lo quiero ahora.

-Pues que el Teniente Havoc que yo recordaba era un obseso del tabaco que fumaba tres cajetillas al día, y el que está aquí aún no ha terminado la primera. –le respondió con altanería.

-¿Algo más?

-Claro, sus continuos intentos de desestabilizar mi inquebrantable ánimo de protección hacia la joven Harada pero eso es lo de siempre. ¿Algo por allí? ¿Alguna orden, señor? –preguntó con curiosidad.

-Sí peor ya te las daré por otro vía. Tú solo asegúrate que no escapa.

-Por supuesto, aún les queda un día aquí y ese tiempo es suficiente para lo que sea. –dijo riendo ligeramente al otro lado de la línea haciendo que a Douglas se le erizara la piel.

-Entonces hasta pronto.

El Coronel Kimbley sería la solución a todos sus problemas pero antes debía consultarlo con otra persona, seguro que de esa charla sacarían conclusiones que a ambos les gustaran. Lo que el hombre se preguntaba es que si el falso Mustang era en realidad Jean Havoc, ¿cómo lo hacía para no fumar? Y la misma pregunta se hacía el propio Jean mientras caminaba por los pasillos del cuartel que notaba como la abstinencia comenzaba a hacer mella en él. Todavía faltaban unos minutos para irse a casa y ya lo estaba deseando así que cuando su reloj de alquimista nacional marcó las 6 p.m., se dirigió a toda prisa a su oficina para recoger e irse. Tenía que darse prisa en llegar a casa y cambiarse. Su deber de investigador le reclamaba.

[En el local regentado por Madame Christmas]

El hombre había tardado menos de lo esperado en arreglarse y tomando una ropa casual (según la estética del Coronel) se había dirigido al local que había descubierto el día anterior. Allí sentado en la barra observaba a las diferentes chicas y a la multitud más o menos relativa de hombres que entraban y salían; y en medio de ese jaleo divisó a Clarise. Sin embargo cuando fue a levantarse de su taburete una mano le detuvo.

-Ya bastante mal quedaste la última vez Roy. Deja de confundir a mis chicas y a mí misma.

-Bueno yo no quería hacer nada similar. –replicó mientras se giraba encontrándose con la cara de una mujer algo regordeta y maquillada.

-Deja las disculpas para luego chaval y dime por qué primero dices que te interesa que lleve la información y luego le dices a ella que no sabes de qué habla.

-¿Información? –preguntó entonces al no entender nada de lo que esa mujer le decía.

-Vamos a mi despacho. ¡Eh Jacqueline, quédate al mando!

Esas palabras le trajeron la sensación de haberlas escuchado antes y en un giro repentino le pareció ver el semblante de su superior. "No puede ser" Se repitió mentalmente mientras seguía a la mujer. Una vez en su despacho ella se quedó en silencio observando detenidamente a su invitado.

-¿Has perdido peso? Yo diría que te preocupa algo, pero no se lo vas a contar a mami ¿verdad? –dijo tomando aire antes de seguir hablando- Claro, solo quieres saber de Madame Christmas cuando se trata de tus intereses pero cuando se trata de informar a tu madre no dices nada. Espero que pienses que eso tiene que cambiar.

-Disculpa, no quería ofenderte. –replicó Jean agachando la mirada sin saber qué más decir pues se sentía como un niño regañado.

-¿Mi Roycito pidiendo disculpas? ¿Qué han hecho con ese descarado que siempre tenía que salirse con la suya? –cuestionó ella dejando a su acompañante la oportunidad de replicar pues Roy siempre lo hacía aunque fuera una tontería- Claro, que si fueras Roy no me pedirías disculpas ¿verdad chico que tú no eres mi pequeño?

Jean se puso rojo ante esas palabras y ocultó como pudo su vergüenza hasta que la mujer le quitó de un tirón la peluca dejando al descubierto su pelo rubio. Ante eso él levantó la vista encontrándose con una más bien amorosa e incluso comprensiva. No supo muy bien porqué pero la mujer se le echó a los brazos y comenzó a llorar en su hombro. Él por su parte estuvo en silencio esperando a que se calmara.

-Gracias. –dijo ella cuando Jean el tendió un pañuelo- Gracias por hacerle feliz por mí. –añadió sonriendo realmente agradecida a la vez que se secaba las lágrimas.

-No hay de qué. Él me lo pidió y yo simplemente acepté.

-Eres un buen chico y siento que Roy te haya metido en todo esto.

-No se preocupe Madame, al menos no me han descubierto así que estoy tranquilo. En un par de días más él volverá y podré dejar de fingir ser quien no soy. –contó el rubio sonriendo quizá con algo de nostalgia.

-¿Pasa algo?

-No, es sólo que pensaba en lo triste que estará cuando vuelva y en lo peligroso que será decirle lo que ha pasado.

-Pues no se lo digamos. –replicó la mujer con sonrisa maliciosa- Así por fin tendré algo de información que a él no le podría haber sacado ni a golpes.

-Bueno, será mejor que me marche. Usted tiene un negocio que mantener y yo unas ganas locas por pillar mi cama, bueno la de su hijo.

-¿Mi hijo? –río la mujer ante esas palabras- No es mi hijo, al menos biológico. –explicó ante la mirada sorprendida de Havoc que se ponía de nuevo la peluca en su sitio.

-Eso tampoco se lo diremos, ¿verdad? No quiero terminar chamuscado por saber más de la cuenta.

-Claro, espero verte en tu propia piel algún día. Ha sido un buen rato.

Tras esas palabras abandonaron la estancia haciendo como si realmente fueran Roy con Madame Christmas en vez de Havoc y una mujer que apenas conocía. La mujer se despidió de él como lo haría de Roy y el hombre aún algo confuso simplemente salió del local aún con la información descubierta en mente. Todo había sido una confusión y su primera impresión se desvanecía dando paso de nuevo al Roy Mustang que admiraba. Con esa pequeña ilusión restaurada, caminó rápidamente hacia su casa.

[En casa de Roy Mustang]

A la mañana siguiente cuando el sol ya estaba bastante alto, unos golpes en la puerta de al casa y el timbre sonando todo el tiempo sacaron a Jean de la cama a marchas forzadas. Aún en pijama pero con la peluca puesta abrió para encontrarse a la Teniente Hawkeye notablemente agitada a la que dejó entrar sin preguntar nada.

-Son la una y media de la tarde, ¿se puede saber qué ocurre?

-Tienes que ver algo. –respondió encendiendo el televisor buscando un canal en concreto.

-¿Las noticias a esta hora?

-Calla y escucha. –le ordenó la mujer.

Como llevamos informando desde hace un rato y por orden de las autoridades par colaborar con ellas, un tren que salió de North City sobre las 11:45 ha sufrido un atentado cuando se acercaba a un puente. Según fuentes militares, la mayor parte de los pasajeros están bien y apenas hay heridos; sin embargo dos de los vagones del mismo transporte han quedado bastante dañados y entre sus ocupantes hay desaparecidos y muertos sin identificar. Las autoridades ruegan a los ciudadanos que si conocen a alguien que viajara en ese tren se acerquen cuanto antes a las dependencias militares de North City para tratar de identificar a las víctimas.

-¿Y qué pasa con eso? –preguntó Jean interrumpiendo.

-Él podría estar en ese tren.

-Vamos Riza, según el horario ellos cogían el siguiente.

-Mira nueva información. –dijo ella de improviso golpeando suavemente a Jean en el brazo.

Información de última hora. Al parece las autoridades han encontrado restos de un uniforme militar así como algunos objetos personales de dicho persona. Sin embargo todavía no se ha hallado su cuerpo. Según informar se trata del hombre que ven a mi derecha. Al parecer se trata de un Coronel del ejército que estaba en el Norte por motivos que no se han revelado, así como tampoco se ha revelado más datos sobre él. Se ruega que si alguien lo ve se comunique inmediatamente con las autoridades.

-¿Han enseñado al Coronel? –preguntó el hombre mirando confundido a su acompañante- ¿Cómo han sabido que no era yo?

-No lo sé pero tenemos que contactar con él como sea.

-Riza que han encontrado el uniforme lleno de sangre. No saben si sigue con vida así que dime cómo vamos a contactar con él.

-Yo… no lo sé… no lo sé…

Ambos estaban tan sorprendidos e impactados con la noticia que no sabían qué hacer. Esa era la única variable que Roy no había previsto y que había sido su tumba. Tenían miedo por lo que pasaría de ahora en adelante y más cuando llegara el lunes. Ese día sería su final hicieran lo que hicieran aunque si no iban sería aún más sospechoso. De improviso sonó el teléfono haciendo que los dos se sobresaltaran.

-Cógelo Jean.

-Cógelo tú.

-Jean…

-Está bien pero que conste que no pienso volver a hacerle un favor así en la vida. –replicaba mientras descolgaba- ¿Diga?

-Havoc… -susurraba una voz al otro lado de la línea.

-Sí soy yo, ¿quién es?

-Soy Riku.

-¿Riku? ¿Qué haces llamado a esta casa? –preguntó mientras le hacía señas a Riza para que se acercara y que cogiera el otro teléfono que estaba en el despacho que Roy tenía en su casa.

-Riku, lo siento. –dijo entonces la rubia.

-¿También estás ahí? Vaya, ya sólo falta él. –dijo con risas intentando aguantar las lágrimas.

-¿Pero como es que has llamado? –preguntó la mujer dejando a Jean como oyente.

-La General Armstrong me ha dejado ahora que Kimbley está ocupado con otras cosas. –dijo con toda la calma que pudo mantener- ¿No sabéis nada de él?

-No, dudo que le de tiempo a llamarnos ahora que le están buscando públicamente; y Jean no sabe que hacer el lunes si ir como él o como el Coronel.

-Yo no sé que deciros, apenas pudimos hablar antes de que se fuera. –respondió antes de quedarse en silencio y comenzar a hipar.

-Seguro que está bien ya lo verás como cuando menos lo esperemos aparecerá. –trató de confortarla Havoc.

-Gracias a los dos… Tengo que irme. Adiós.

Y sin apenas darles tiempo se cortó la llamada dejando a Jean pegado al teléfono con cara de bobo mientras Riza se acercaba a él.

-Es nuestro fin. –dijo el hombre al colgar.

-No. Debemos confiar en él.

-¡No Riza! ¡Está muerto y no volverá de la tumba! ¡Nadie vuelve! –le gritó perdiendo los nervios y dejándose caer al suelo.

-¡¿Y qué quieres que haga yo Jean? ¡No eres el único que se siente desbordado! –le replicó ella también a voces- No eres el único, no lo eres… -añadió dejándose caer junto al hombre.

-¿Y entonces qué hacemos?

-No lo sé… No lo sé…

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L:Bueno…. Aquí otro capítulo nuevo xDD la cosa está que arde *se pone pensativa y mira a su compañera* nunca mejor dicho jajajajajaja

K: *la da un zape* Deja de decir tonterías; que en este chap solo aportaste una idea *la coge de las solapas de la camisa* ¡ME TIENES EXPLOTADA!

L: Karu~~~~~~ tranquilízate por favor . *la cabeza le da vueltas*

K: *la suelta dejándola caer como si nada* Sin mí este fic no estaría como está APORTA MÁS *la señala con el dedo*

L: Gomen gomen . *se arrodilla pidiendo disculpas* Prometo aportar más, me perdonas ne?

K: *No dice nada y se va*

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Bueno y también se acabó esa parida que se me acaba de ocurrir xDDD

Me entristece que no haya ningún comentario en los dos últimos capítulos.

Para que subamos el 13 tanto Karu como yo esperamos al menos unos cuantos RR para ponerlo, sino nos pensaremos la idea de seguir subiéndolo si no tiene fruto alguno u.u