Veneciano saluda con la cabeza a la gente que hace cola para saludar a los novios cuando pasan por su lado, el primero es España, que tiene que hablar durante UNA MALDITA ETERNIDAD con cada una de las personas que le saludan, luego está Austria, que no le da la mano a NADIE luego él y por último Romano, a quien tiene agarrado de la mano.

Sacro imperio hace fila, como los grandes, con el ceño fruncido y mucha seguridad, teniendo que pelearse un par de veces porque no le ven o creen que esta ahí haciendo algún alboroto propio de niño. Se pone nerviosito al ver que Italia está ahí y peor aún con su hermano, ajustándose el sombrero y limpiándose el sudor de las manos en la capa. Finalmente llega su turno y probablemente España no lo vea *sigh*

España acaba de despedirse de Finlandia riendo y se vuelve sin ver a Sacro Imperio hacia el imperio Otomano.

Turquía se ajusta la capa cubriendo casi a Sacro Imperio y tirándole el sombrero mientras junta las manos y hace una leve reverencia a modo de saludo para los dos novios. España comenta lo muy guapo que se le ve y lo muy agradecido que está de que haya venido a verles, puesto que es un verdadero honor.

—Que la suerte esté con ustedes —responde el turco con una voz tan grave que Sacro Imperio sale de debajo de su capa y le mira un poco azorado y acojonado, con la boca abierta. No es hasta que no da otro paso hacia él con sus imponentes botas que recuerda que ha de buscar su sombrero que ha caído entre España y Austria, que sale de su ensimismamiento intentando ir a recuperarlo.

De repente, Veneciano sale de su estupefacción y con el movimiento poco habitual a su altura, nota a Sacro Imperio, riéndose un poquito.

Después de meterle un nada diplomático pisotón a Imperio Otomano, Sacro Imperio recupera su sombrero limpiándolo del polvo y mirando hacia arriba, frustrado porque nunca le hacen caso. En cuanto el otomano, salta por el pisotón, es cuando todos bajan la cabeza a ver qué pasa.

—¡Yo estaba adelante en la fila! —protesta Sacro Imperio con el ceño fruncido.

—Anda, ¿y este chico tan valiente quién es? —sonríe España volviéndose a él.

—¿Eh? —pregunta extrañado el Imperio Otomano porque la verdad ni siquiera lo había visto.

—El Sacro Imperio Romano Germánico —saluda haciendo una pomposilla reverencia a la que se le nota el tinte austriaco aunque no se quiera. Se quita el sombrero—. Vengo a nombre mío y de todas mis...

—Voy a felicitar a los reyes —indica el Imperio Otomano interrumpiendo al niño sin estar realmente interesado. España asiente para el turco y se vuelve de nuevo al niño. Sacro Imperio FULMINA al Imperio Otomano cruzándose de brazos.

—Ah, ¿Sacro Imperio... Romano Germánico? ¿En serio? —vacila España antes de reírse pensando en lo que diría su padre de esto... y lo que diría GERMANIA de esto—. He oído hablar mucho de ti.

Levanta las cejas y mira a Austria de reojo. Carraspea un poco.

—Decía que vengo en nombre mío, de mi bruder Preussen y del resto de mis tierras... —insiste en su discurso formal—, a... proporcionarles nuestras... más cordiales y absolutas felicitaciones por el... suceso que representa la... conjunción y consumación de este... matrimonio —recita esa última parte un poco vacilante porque aunque llevaba un buen rato ensayándolo, (días..., sí, díaaas) el Imperio Otomano le ha quitado ideas. El discurso debía ser más largo.

—Bueno, consumación aún no... —España se muere de risa y se lleva un codazo de Austria. Saco Imperio levanta las cejas sin entender eso de la consumación.

—¿Dónde está tu bruder?

—Allá —señala—, me ha mandado a hacer la felicitación oficial —infla el pecho orgulloso.

—Ya... siempre tan responsable —protesta Austria.

—Muchas gracias por las felicitaciones, es un honor para nosotros contar con vuestra presencia —responde España diplomático, sonriéndole.

Sacro Imperio sonríe levemente hacia España agradeciendo sinceramente que le tome en serio por una vez. Bueno, según él. Le extiende la mano para apretársela.

El español le devuelve el apretón sonriéndole.

Sacro Imperio mira a Austria y le extiende la mano y luego recuerda que Austria no se le da la mano, vacila sin saber qué hacer porque está contento por el austriaco y considera que debería darle alguna muestra de afecto. Carraspea. Austria suspira y le pone una mano en el hombro, sonriendo un poco también.

—Glückwünsche Österreich —murmura formalmente un "felicidades" antes de mirar de reojo hacia Italia.

—Danke —el austriaco hace su reverencia como respuesta e Italia sonríe soltando la mano de Romano.

—Ehm... v-voy a seguir con las... ehm... felicitaciones —indica formalmente poniéndose otra vez su sombrero.

Austria sonríe y hace un gesto con la mano para que prosiga. Sacro Imperio se toca el sombrero para saludar a España y se sonroja en automático con lo que viene.

España no le hace caso saludando a alguien más. En realidad Sacro Imperio ni se entera tampoco, girándose lentamente a ver a... Italia *gulp* Que le sonríe ampliamente cambiando el peso de las puntas a los talones, balanceándose un poquito, nervioso.

—I-I-Ita —carraspea repentinamente muy nervioso—, Italien.

—Ciao! —le toma de la mano.

—H-Hallo —le saluda como si no se hubieran visto en los últimos seis meses, por dios niños. Carraspea otra vez desviándole la mirada con las orejitas rojas—. T-Te vi... en la iglesia —declara... sintiéndose idiota.

—¿Viste que iba lanzando las flores? —sonríe llevándoselo de ahí.

Romanito frunce el ceño y les sigue a la distancia, nada convencido. Sacro imperio vacila y asiente levemente.

—Estaba... en el pasillo, con mein bruder.

—Ah —asiente—. ¿Cómo está? No he podido saludarle antes.

—Bien. Me ha enviado a mí a hacer la felicitación oficial —se lleva una mano al pecho deteniéndose la capa solemnemente

—Oh —se ríe un poquito, coquetamente—. Yo estoy un poco cansado con tanta gente... Ven, ¿quieres beber algo? Hay zumos en la cocina.

El rubio se sonroja un poquito con la risita.

—J-Ja. ¿No va a pasar nada aquí que nos perdamos?

—No, hombre, solo está entrando la gente...—cual si alguien estuviera preocupado.

—Bien. Si Italien quiere zumo, el Sacro Imperio le acompañará por zumo.

El italiano sonríe, le aprieta de la mano y tira de él corriendo hacia la cocina... de manera que seguramente se ganaría una riña de Austria porque esas cosas no son propias de una señorita.

Sacro Imperio desde luego le sigue, sintiendo que le suda la maaaaaaaaano. Romano vacila entre mirar a España y luego asegurarse de que su hermano esté bien.

Italia tira comprobando con cuidado que no les siguen, porque quiere estar a solas con el sajón y como igual en la cocina está todo el mundo histérico, no les notarán.

Sacro Imperio mira hacia atrás, preguntándose si realmente no se meterán en problemas por irse a la cocina... quizás Prusia lo busque (jaaa... sueña). Aun así, ir a donde sea con Italia no es mala noticia. Traga saliva.

—Y... ¿has hablado con tu fratello? Supongo que hoy vais a quedaros aquí, podrías pedirle que te dejara venir a casa conmigo por una noche...

—¿Ha-Hablado con... was? ¿Qué te deje ir a casa? —levanta las cejas.

—A ti, que te deje a ti quedarte —se ríe mientras busca dos vasos y la botella de zumo.

—¿A mí... q-quedarme aquí contigo? —abre los ojos como platos con la idea. Se sonroja hasta el cuello.

—Sí, porque ahora no nos vamos a ver tan a menudo y... ya que no os iréis esta noche... —le tiende un vaso, sonriendo. El rubio le mira un poco desconsolado por un instante con eso de que ahora se van a ver menos. Toma le vaso.

—Habrá que ver lo que dice Preussen. Quizás vayamos a tener que hacer algo importante mañana —asegura levantando la nariz.

—Oh —le mira un poco triste—. Bueno... ¿al menos vas a bailar conmigo?

—¿¡Bailar?! —le mira como si tuviera dos cabezas.

—Sí... —sonríe bebiendo un poco.

—Yo... b-bailar... —otra vez el balbuceo.

—Il signiore dice que el baile es una convención social y diplomática muy importante e imprescindible como esas que te gustan —mira como esto sí se lo ha aprendido.

—¿¡Di-Diplomática?! —se escucha cierto pánico en su voz porque ante ESA palabra en concreto seguida de "importante" e "imprescindible" no puede hacer más que rendirse.

—Sí, por eso bailaran todos los nobles y políticos y países serios.

—Glória in excélsis Deo! —exclama agobiado pensando en por qué Prusia no le dijo eso para que pudiera ensayar y prepararse para semejante evento.

Italia gira un poco de lado a lado, sonriendo, sin mover los pies.

—P-Pues... claro que bailaré—asegura con la mayor seguridad que es capaz, considerando las circunstancias.

—¡Bien! —exclama muy contento y le abraza.

Sacro imperio le mira poniéndose teeeeeeenso y sonrojado como siempre y lo único en lo que es capaz de pensar es que Italita huele muy bien.

El latino se separa cuando considera que ya le ha torturado bastante, tan feliz. (En realidad no es precisamente tortura, Italia...)

El rubio, sudoroso, sonrojado y un poco en shock, le mira con carita de circunstancias.

—¿Ya habrá empezado el baile? —pregunta agobiadillo pensando que TIENE que ir a ver cómo coño se baila.

—¡No! —se ríe—. Primero sirven la comida... ¿Te gusta mi vestido?

La mira de arriba a abajo, tragando saliva y volviendo a tomar valor con el corazón acelerado porque lleva toooooooodo el día intentando decirle...

—Me lo cosí yo mismo —da una vuelta entera para que pueda verle.

—¿Tú? Te ves... te ves... t-te... ves... —toma aire sin entender por qué esto es tan, tan complejo. "Por todos los cielos, Sacro Imperio, compórtate como el imperio que eres y deja de actuar como idiota!" se riñe a si mismo.

—Mademoiselle Italia! —riñe una de la cocinera belgas, él se vuelve—. No pueden estar aquí en la cocina, ande, ande, vuelvan al comedor.

Sacro Imperio pega un saltito y cierra la boca, tapándosela como si lo hubieran atrapado haciendo algo malíiiiiiisimo.

—Ah, scusi, prego —baja la cabeza avergonzado y toma de la mano a Sacro Imperio para llevárselo, quien es arrastrado hacia afuera de la cocina, con todo y su vaso de jugo en la mano y cierta carita de agobio aún.

Y cuando salen, se topan con Prusia. El rubio, que no suele hacer cosas "ilegales" se sonroja más aun empezando a darle una explicación enorme y agobiada de qué hacían ahí adentro y por qué mientras se dirigen a la mesa que les toca para comer.

—¿Qué hacías con esa niña entonces? —pregunta el albino a su hermano cuando se sientan sin haber entendido nada de sus excusas.

—Es Italien... es mi... —sonrojito—, la conozco de casa de Österreich.

—Ah, ¿es amiga tuya?

Sacro Imperio se revuelve.

—Es... j-ja —asiente incomodito.

—No será la que me estabas hablando antes en la iglesia, ¿verdad? kesesese~ —más que nada porque no le has hablado de ninguna otra niña nunca.

Sacro Imperio le mira con la boca abierta en shock, sobra decir que está sonrojado. Prusia levanta las cejas sin estar seguro diosmiodemividacomonecesitasunlatinoentuvida,niño.

—¿Vino? —pregunta un providencial mesero.

—Eh? ja, ja... —mejor que no te pases demasiado, chico—. No para él no —tapa la copa del niño.

—¡Pero si ya soy grande! —asegura Sacro Imperio y no le vendría mal un traguito para relajarse un poco... pero solo un traguito, por favor.

—Nein, nein... si no me cuentas —esa malignidad. El rubio frunce el ceño y aprieta los ojos.

—Nein, nein... entonces no.

—Bueno... ¿y qué sabes de ella?

—¿De Italien? —levanta las cejas—. Es... —bonita, y huele bien, y es tierna y guapa y... *sonrojo*—. Ehh... yoo... ehh...

—Aja?

—E-Es... vive con Österreich.

—Eso ya me lo has dicho, ¡hombre!

El pequeño se revuelve más, sin tener idea de qué otra cosa decir.

—Ehm... y... es... una niña —carraspeo.

—Eso ya lo veo, si es tu amiga algo más sabrás...

—Pues... sabe hacerse un vestido —le presume con cierto orgullo porque eso le ha parecido muy impresionante.

—Oh... nein, nein... no eso, ¿qué sabes de su bruder?

—¿De su... bruder? Ah, ¿el que estaba... ahí? —vacila porque no sabe mucho—. Ahora va a vivir con Italien.

—¿Y se llevan bien? —pregunta—. ¿Cómo se lleva con el señorito?

—Ehh... no sé, no me ha hablado nada de su bruder —niega con la cabeza.

—Tienes que preguntarle, el señorito... lo tiene crudo —sonríe de lado—. ¡Y se acaba de casar! Vas a empezar a escribirte con esa niña, ¿me oyes? Una carta a la semana al menos y quiero que seas más amigo de ella, que te lo cuente todo... enamorala o algo.

—W-Was?!

—Ya sé que no es la otra chica o lo que sea, pero es un asunto de estado, necesitamos saber cómo se mueven las aguas en este lado de Europa y ella es la clave para saberlo.

—Italien? —pregunta flipando sin entender, la verdad y sin poderlo creer. Italia tan dulce, suave e inocente... cómo va a ser la clave para saber... algo.

—Ja, le escribirás cartas de amor y le preguntarás las cosas que ocurren en la casa. Ella, como vive ahí, sabrá las cosas y te las contará. ¡Así llevaremos sus cartas y las usaremos en contraste de lo que sepamos de métodos oficiales! Será como tener un espía infiltrado—le brillan los ojos... Prusia, se te va la olla, mi amor.

—¡Yo no le voy a escribir cartas de amor! —chillido completamente agudo y tsundere. De verdad, es que no es que sea tsundere, pero joder! él va a su ritmo, no al ritmo que le pide Prusia. Además si Prusia conociera a Italia, más aún a esa edad se daría cuenta que lo que le va a contar es la tragedia de que a Austria se le desafinó el mi de la tercera octava del pianoforte o a él se le rompió una aguja de coser. Sea como sea, Sacro Imperio mira a Prusia completamente His. Te. Ri. Co.

—Claro que se las vas a escribir y no pienso discutir contigo sobre este asunto. O las escribes tú o las escribiré yo en tu nombre —sentencia frunciendo el ceño.

—Neeeeeeein! B-Bruder... es... —se revuelve más pensando además en las cosas que sería capaz de escribir Prusia para molestarle. Abre los ojos en pánico—. Yo le escribo.

—Bien —sonríe—. Y más te vale ser cariñoso, dicen que la gente del sur necesita muestras de cariño constantes. ¿Ya le has dicho que te gusta?

Sacro Imperio se lleva las manos a la cabeza, cada vez más sonrojado a punto de implosionar.

—Se lo dirás hoy. Quiero que bailes con ella toda la velada y la enamores para que confíe en ti... esto es muy importante, bruder, si lo haces bien... podrás entrar a las reuniones de estado en las que utilicemos la información que consigas —Lo siento pequeño lo siento de verdad, porque además no está ni enterado del estado en que estás.

—Brudeeeeer —protesta bajito escurriéndose en la silla repentinamente MUY agobiado con este asunto.

—Tranquilo, tranquilo, tienes toda la noche para hacerlo —y a ti, gracias a dios, Francia te va a distraer una buena parte de la noche—. Te estaré vigilando para que lo hagas —asegura como probablemente el peor consuelo de la historia.

—Ni siquiera sé bailar, nunca me enseñaste —protesta Sacro Imperio odiando a su hermano.

—¿No es una de esas cosas que te enseñó el señorito? —gesto vago con la mano.

El niño niega con la cabeza.

—Bueno, es muy fácil —atención a las ideas de Prusia—. Tienes que tomarla de la mano así con esta y esta otra en la cintura —pone las manos en posición—. Y luego sigues la música sin tropezarte ni pisarla... pero no la mires a los pies, porque pensara que le miras los pechos y se enfadará... aunque si bajas un poco la mano de la cintura o la atraes hacia ti con mucha seguridad y sonriendo, les gusta —claro, Prusia, claro.

Sacro Imperio le mira y quiero decir que de verdad le está poniendo atención... es decir, se está GRABANDO las instrucciones en el cerebro.

—Mano... cintura. Seguir música sin tropezarle ni pisar, no mirarle los... Italien no tiene pechos.

—Bueno, ya los tendrá y no se los toques, ni se los mires ni pienses en ellos porque es pecado... pero creo que sí puedes besarla... creo que deberías hacerlo.

—Was?!

—Un beso, ya sabes —se encoge de hombros. Es que de verdad le va a dar un colapso—. Pero no hagas nada raro con la lengua, creo que es muy pequeña todavía y podrías asustarla... —claro, él no es pequeño.

—W-W-W-Wa-Was? Lengua? —Sacro Imperio está un 90% abajo de la mesa, un 10% encima de ella, metido adentro de su sombrero, completamente agobiado.

—¿Qué haces? Siéntate bien.

—No tengo hambre —declara. Es decir... ¿BESAR a Italia? ¿En serio?

—Aun así, siéntate bien.

Sacro Imperio gruñe un poco mirando hacia la mesa en la que está sentado Italia, con completa mortificación. Veneciano se ríe de algo que está contando España y desvía la mirada al notar la de Sacro Imperio, quien se sume en su asiento otra vez de GOLPE.


Un review para darle un abrazo a Sacro Imperio... por que Prusia es TERRIBLE aun sin darse cuenta de lo que hace.