Living in Paradise

12. La Gran Explosión

Narra April

Antes de ir a la sesión de fotos, Dan y yo paramos un momento en un Starbucks para coger algo de desayuno. Y, como siempre, los paparazzi esperaban ansiosos. Se lo estaban pasando de fábula al ver que tenía a un nuevo pretendiente a mi lado. Sus gritos y preguntas cada vez eran peores. "¿Qué opina Nick Jonas de tu nuevo novio?", "¿Lleváis juntos mucho tiempo?", "¿Cómo se llama él, April?".

-¿Por qué no entras tú primero, April? Pídeme un cappuccino con mucho chocolate. Te espero aquí fuera, ¿vale? –me dijo Dan, antes de entrar. Le miré confundida.

-Está bien. ¡Pero eso no lo haría un caballero! –y entré haciéndome la ofendida al café.

Cuando estaba recogiendo mi pedido al final de la barra se me ocurrió girarme para mirar si los paparazzi ya se habían ido… pero en vez de eso me encontré a Dan hablando tranquilamente con ellos –por supuesto, mientras que ellos lo grababan todo. ¿¡Qué estaba haciendo!

Agarré rápidamente las bebidas y salí corriendo.

-¿Qué te crees que estás haciendo? –le grité, sin importarme mucho que los fotógrafos lo escucharan.

Dan se giró sobresaltado. Me di cuenta de que estaba armando un escándalo, así que compuse mi mejor sonrisa.

-Ehem… pensaba que me ibas a esperar en el coche, Daniel –le dije, con la voz más calmada que pude.

-Sí, claro. Pero estos señores tan amables han querido hacerme un par de preguntas, pichoncito –me respondió.

¿PICHONCITO?

Dan escondía una sonrisa picarona, como si escondiera algo o se estuviera divirtiendo demasiado con lo que estaba pasando. Fruncí el ceño.

-Creo… que deberíamos irnos ya. ¡Llegamos tarde! –dije. Menuda sesión de fotos me estaban haciendo los puñeteros paparazzi. En serio, ¿cuántas necesitaban?

Básicamente, arrastré a Dan hacia el coche y una vez arrancamos, le di un golpe en el brazo.

-¿Qué ha sido eso? –le pregunté, histérica –. ¿Qué hacías?

-Bueno… he intentado venderme un poco –respondió tranquilamente. Entrecerré los ojos.

-¿Qué?

Tomó aire, sonriendo con autosuficiencia.

-Digamos que… me he inventado un romance fugaz –dijo quedamente.

¡Lo sabía! Sabía que Dan me iba a dar problemas. No lo había tomado por un buscador de fama, pero había acabado siéndolo. Empecé a enfadarme.

-¿Cómo te atreves a decir que estás saliendo conmigo? Ni siquiera nos conocemos desde hace tanto tiempo y ¡he confiado en ti! ¡Te he dejado que te pusieras mi bata de estar por casa!

Dan se rió, cogiéndome de las manos para calmarme.

-April, no les he dicho a esos chupasangres que estoy contigo –ahora sí que estaba confusa –verás, lo entenderás todo dentro de unas horas, cuando lo publiquen todo en internet y las alarmas se disparen. ¿Tienes representante?

-Cla-claro que sí –estaba hecha un lío. ¿Qué se le habría ocurrido?

-Pues prepárate, porque estoy seguro de que empezará a llamarte inmediatamente después.

Llegamos al estudio donde me iban a hacer las fotos para un reportaje sobre "nuevas jóvenes estrellas". Por suerte, era un sitio privado y con vigilancia, así que allí no habría ningún tipo de molestia por parte de los periodistas.

Narra Nick

Después de tanto tiempo separados, mis padres habían insistido en que ese día fuéramos todos a desayunar a casa, como en los viejos tiempos –solo que esta vez también vendrían nuestras novias. Mamá me había dicho que quería invitar a April, pero que no sabía si yo estaría a gusto si lo hacía, así que le dije inmediatamente que ni se le ocurriera hacerlo. Ella sólo me había respondido un triste "está bien" y había colgado.

Pero ahora estábamos todos allí: Joe con Lizzie, Kevin con Summer, mis padres, Frankie y yo con Delta. Ya la habían conocido el día en que llegamos, pero aún así, la situación era un poco extraña.

-¿Quieres más gofres, Lizzie? –le preguntó mamá a la novia de Joe. Ya eran tan amigas que incluso se llamaban por teléfono de vez en cuando para quedar y verse a solas, para cualquier cosa. Joe parecía bastante contento por eso, y miraba a Liz como si fuera la cosa más preciosa del mundo. Me pregunté si yo miraba así a Delta.

Era guapa, eso estaba claro. Y, además, era la mujer más madura con la que había salido. Madura en todos los sentidos. Sí, era mayor que yo, pero ¿y qué? Me hacía… ¿feliz?

¿La miraba a ella como solía mirar a April? ¿O como Joe miraba a Liz? ¿O Kevin a Summer?

¿Estaba realmente enamorado de ella?

-Nicholas, tus padres casi no me hablan –me susurró Delta cuando se dio cuenta de que su presencia allí era bastante rara –. ¿Crees que les caigo mal?

A ver cómo se lo explicaba…

Puse mi mano sobre su hombro, protector.

-No, claro que les caes bien. ¿A quién podrías caerle mal? –respondí.

-No sé… estoy segura de que April me odia –dijo. Puse los ojos en blanco.

-¿Por qué?

Delta iba a decirme algo, pero mi madre me interrumpió.

-Nicholas, ¿puedes venir a la cocina un momento a ayudarme? –me dijo.

-No hace falta, si quiere la ayudo yo –intervino Delta, a punto de levantarse.

-No. No, Delta. Quédate sentada, sigue con tu desayuno –contestó mi madre tajantemente, eso sí, con una sonrisa.

Delta empezó a ponerse roja (de la rabia o de la vergüenza, no estaba seguro), así que asentí brevemente y me levanté para acompañar a mi madre. Me pareció oír a Liz y Summer disimulando una risita ante la situación. Seguro que ellas sí que odiaban a Delta. Y lo más seguro era que me odiaran a mí también, por tratar tan mal a su querida amiga April.

Todo se había complicado demasiado.

En la cocina, mi madre me hizo sentarme en uno de los taburetes. La cocina de casa de mis padres seguía como siempre… y me recordaba a esa primera noche con April, por supuesto. Aparté la vista del trozo de mármol en el que empezamos a quitarnos la ropa y centré mi atención en mi madre.

-¿Qué tal te va con Delta? –me preguntó, sentándose ella también.

-Bien. Supongo que bien –respondí. Mamá alzó una ceja.

-¿Les cae bien a tus hermanos? ¿Y a las chicas? –siguió con su interrogatorio.

-Creo-creo que sí.

-Pues eso no es lo que me ha dado a entender Liz cuando le he preguntado –dijo.

La miré fijamente, como si ya me lo imaginara.

-¿Qué te ha dicho?

-Ha dicho, y repito textualmente "lo que esa señora pueda hacer con tu hijo, Denise, me importa un pimiento. Me cae mal, a todos nos cae mal. Y, sobretodo, pensar en la pobre April y cómo se acabó todo entre Nick y ella hace que todos nos sintamos mal por ella. Parece que tu hijo haya sido hechizado o algo así, como si le hubieran lavado el cerebro. No es el que era".

Vaya.

Wow.

-¿Liz te ha dicho eso? –pregunté. Mamá asintió.

-Comprenderás que esté preocupada por ti, ¿no? –tomé aire. ¿Cómo se había atrevido Liz a decirle eso a mi madre?

-No tienes que preocuparte por mi, soy bastante mayor como para saber lo que hago –respondí, molesto.

-¿Lo eres?

Me quedé mirándola, desafiante.

-Lo soy. Ya era hora de que empezara a hacer algo por mí mismo, a tomar mis propias decisiones.

-No cuando esas decisiones son pésimas, cariño –me dijo, intentando suavizar el tono.

-¡Todo esto es por culpa de April y su forma de dramatizar las cosas! –exclamé, levantándome rápidamente –; no soporta que las cosas no salgan a su manera, es como si todos tuviéramos que hacer todo lo posible para contentarla, siempre.

-¿Por qué hablas así de ella, Nicholas? ¡Estabais enamorados! ¡Ibais a casaros! –replicó mi madre.

Habíamos empezado a alzar la voz, haciendo que todos vinieran a la cocina para ver qué pasaba. Papá se acercó rápidamente al lado de mamá.

-¿Qué está pasando? –preguntó. Todos nos miraban expectantes.

-He intentado hablar con él sobre la… situación actual, pero parece que no lo entiende –le dijo mi madre.

-Los que parece que no me entendéis a mi sois vosotros. ¿No podéis dejarme vivir tranquilamente y hacer lo que a mí me parezca? –exclamé, exaltado.

-No hables así a mamá, Nick –intervino Kevin.

-¿Ahora tampoco puedo hablar como me apetezca?

Notaba que estaba pasándome de la raya, pero ahora ya había empezado y era imposible frenarme.

-Nick, déjalo ya –dijo Joe. Estaban todos tan serios que de verdad se notaba que la cosa era grave.

-No, Joe, no voy a dejarlo. ¿Por qué todo el mundo tiene la necesidad de hablar de mi y de mis asuntos a mis espaldas? Como tu novia, por ejemplo –miré a Liz, acercándome para hablar con ella – ¿qué derecho tienes para decirle a mi madre que no te gusta Delta o que no te parece bien lo que ha pasado entre April y yo? ¿Cómo te atreves a ir a hablarle de eso?

-Nick, no metas a Liz en esto –Joe se colocó entre ella y yo, separándonos. Parecía molesto.

-¿Por qué no? Ha sido ella la que lo ha empezado. ¿O te has olvidado de la escenita que montó el otro día? Siempre me he portado bien con ella, no entiendo a qué viene todo esto.

-Te estoy diciendo que te apartes. Déjala en paz –repitió Joe, sin moverse. Liz estaba callada, roja hasta las orejas.

-Ya vale, dejadlo estar –dijo Kevin, cogiéndome del brazo para alejarme.

Y, como una reacción traicionera, le di un empujón a mi propio hermano mayor… pasándome de fuerte, porque acabó de espaldas contra la mesa de la cocina.

-¡Nicholas! ¿te has vuelto loco? –gritó Joe, rojo de la rabia. La tensión del ambiente estaba rozando límites insospechados -¿qué te crees que estás haciendo?

Me quedé paralizado, dándome cuenta de lo que acababa de hacer. Bajé rápidamente la cabeza, nervioso. Tenía que salir de allí cuanto antes.

-Me-me voy –respondí. Cogí a Delta de la mano y salimos disparados hacia la puerta, sin que nadie nos detuviera.

Subimos a mi coche, arranqué lo más rápido que puse y conduje fuera de allí aceleradamente.

Narra April

Era casi la hora de cenar cuando por fin el fotógrafo se dio por satisfecho y me dijo que podía irme a casa. Las que se iban a encargar del artículo habían estado tomando nota de todo, desde lo que bebía entre foto y foto a lo que pedía que pusieran como música de fondo. Mientras tanto, Dan había hecho una interpretación magnífica de mi mejor amigo gay, comentando sobre todos los conjuntos que me ponían, ensalzando o criticando mi peinado y maquillaje y tonteando con el fotógrafo, a pesar de que le había dicho al principio que tenía novia.

De hecho, casi todas las fotos en las que salía riéndome era por su culpa.

Recogí mis cosas, manteniendo el último peinado y maquillaje. Había comido una triste ensalada porque no habíamos tenido tiempo para salir del estudio, así que mi estomago rugía hambriento.

-¿Vas a sacarme a cenar? –le pregunté a Dan, subiéndonos al coche. Había apagado mi móvil durante el día, así que lo saqué de mi bolso y lo encendí, dispuesta a mirar si tenía algún mensaje.

-Sólo si tú pagas –respondió Dan, recostándose sobre el asiento de cuero. –Llévame a un sitio bonito, ¡me lo debes! Llevamos todo el día metidos en un estúpido estudio y he tenido que agudizar tanto la voz que ahora me pica la garganta. ¿No tendrás un caramelo por ese gran bolso de piel?

Me reí brevemente.

-¡Pero si te lo has pasado de maravilla incomodando al pobre fotógrafo!

-Es cierto. ¿Viste su cara? –Dan se rió. Sabía que se lo había pasado bien.

Mi móvil empezó a sonar como un loco, avisándome de que tenía 30 llamadas perdidas, todas de Liz, Summer, Joe, Kevin e incluso una de Denise. Me quedé parada.

-¿Qué pasa? ¿Quién te requiere? –preguntó Dan, sin apartar la vista de la ventanilla. Estaba empapándose de Los Ángeles, al menos desde dentro del coche.

-¡Me ha llamado todo el mundo! Espera un segundo…

Llamé enseguida a Liz.

-¡Por fin apareces! ¿Dónde estabas? Hemos ido a tu casa y todo, pero no te hemos encontrado –gritó nada más descolgar.

-He tenido una sesión de fotos y la cosa se ha alargado muchísimo. Han decidido hacerme la entrevista y todo, pero ya estoy libre. ¿Qué ha pasado? –pregunté. Empezaba a estar preocupada.

-Espera, que me están pidiendo todos que ponga el altavoz –oí un pitido –vale, ¿me oyes?

-Sí, ¿qué pasa?

-Estoy en casa Jonas, con todos… menos Nick y la furcia –oí una pequeña tos –oh, lo siento Denise, pero es lo que todos pensamos…

-No pasa nada. April, ¿nos oyes bien? –era Denise, mi exsuegra (que raro era pensarlo).

-Sí, sí… ¿podéis contarme ya qué ha pasado?

-Nick y Delta han estado aquí esta mañana en el desayuno, hemos tenido una pequeña reunión para intentar normalizar las cosas ahora que ha vuelto y eso… y… bueno, ha habido un pequeño problema.

Me contaron entre todos –se iban turnando las frases- cómo Nick había explotado y les había gritado a todos como un energúmeno. Ahora no contestaba las llamadas de ninguno de ellos y estaban preocupados.

No me lo podía creer.

-Pero… ¿es en serio? Nick no haría eso…

O quizá sí, después del pequeño encontronazo que habíamos tenido nosotros el día anterior en la cocina… me esperaba cualquier cosa.

-¡Claro que es en serio! –respondió Liz.

Oí unos ruidos extraños, seguido de la protesta de todos. Supuse que Liz había puesto el móvil en privado otra vez. Oí sus pasos alejándose del barullo.

-April, estoy sola. ¡No te imaginas cómo se puso Nick! Joe está súper cabreado con él, ¡empujó a Kevin! –me contó –creo que como se lo vuelva a encontrar hoy, le pega un puñetazo o algo. En serio, no había visto a Joe tan serio en mucho tiempo. Estoy muy preocupada. Me da igual lo que Nick piense de mí, o que esté enfadado conmigo, pero no quiero que ellos estén peleados.

-Ya, ya… -sólo se me ocurrió decir eso.

-¿Crees que podrías hacer algo? –dijo. Me quedé callada –ya sé que no quieres saber nada de él, y mucho menos después de lo de anoche… sé que discutisteis, así que no intentes negarlo. ¿Podrías hablar con él? Tú eres la única que consigue hacer que se calme.

-Ya no creo que pueda hacerlo, Lizzie –le dije. Seguía paralizada por lo que me contaban de Nick… ¡era imposible!

-Sé que han cambiado las cosas entre vosotros, pero estoy segura de que en el fondo sigue queriéndote… ¡fuiste la primera! –siguió Liz –esa víbora ha sido una mala influencia para él. ¿Podrás llamarle y hablar con él? ¿Por favor?

Tragué saliva, pensándomelo bien. Acabábamos de llegar al elegante restaurante de sushi Katsuya en Los Ángeles, y Dan me miraba ansioso. Mi estomago rugió de nuevo.

-Le llamaré… mañana. Siento mucho lo que ha pasado, dile a los chicos que les veré pronto. Veré qué puedo hacer… -sentí que Liz iba a seguir protestando, pero la corté –Lizzie, voy a cenar y no sé lo que haré esta noche, pero ya hablaremos mañana, ¿vale? Hasta luego.

Colgué rápidamente.

-¿Qué ha pasado? –me preguntó Dan, al ver mi cara.

-Buf, demasiado drama… te lo contaré cuando tenga el estómago lleno. ¿Vamos? –le dije, esbozando una sonrisa forzada.

Bajamos del coche y corrimos hacia el restaurante. El chófer me dijo que esperaría justo enfrente hasta que acabáramos de cenar, así que no tenia que preocuparme por coger taxis o algo así.

¿Cómo había sido capaz Nick de hacer algo así? Había cambiado demasiado…

y lo único que quería hacer yo era ir corriendo a su casa y darle un bofetón.

Vaya, sí que habían cambiado las cosas.


¿Os ha gustado? ¿Qué os parece la nueva versión (oscura) de Nicholas? ¿Seguirá así mucho tiempo? ¿Qué opináis?

Como siempre, muchas gracias por seguir leyendo y comentando.
Oh, y ¡feliz Navidad! :D espero poder subir algún capítulo nuevo antes de fin de año... ¡pasadlo bien!

-Vicky