Capitulo 12

La oscuridad era su amiga, la había sentido durante tanto tiempo que ya ni siquiera se molestaba en buscar luz, sabía que se quedaría allí con él para siempre y no le importaba, a aquellas alturas, ya habría perdido lo más importante de su vida.

-Tu monstruo, despierta.

Llevaba años escuchando aquellas palabras y mucho tiempo deseando ponerle las manos encima a aquel tipo para matarlo él mismo, pero por desgracia, nada se podía hacer mientras estuviera retenido en aquella celda pensada exclusivamente para él.

Como el peor error de Bardock no le quedaba más remedio, de lo contrario podría matarlo a él, después a todos los de aquel lugar y luego irse a la ciudad para intentar aplacar su sed de sangre, ese era su castigo.

-Sabes, empiezo a pensar que quizá no te realce bien.-dijo Bardock.-...igual debería intentar otra cosa, Masaf lo hizo a perfección con la chica y no entiendo como tu no evolucionaste igual.

Quería gruñir, sobre los años le había escuchado hablar solo un par de veces sobre ese Masaf y lo que le había contado no eran más que horrores y similitudes como lo que Bardock había usado en él y ahora pretendía usar en otros.

Eres un miserable...

-Lo se y tus compañeros de las celdas de arriba lo saben.-dijo Bardock.-...pero la diferencia es que ahora tengo a la chica que Masaf altero para ser un arma, una chica que haciendo los ajustes necesarios podría ser mi billete para dominar el mundo.

Dudo que haya accedido sin más...

-¿Que importa eso?-pregunto.-...lo que importa es que es mía ahora y podre implantarle los dos realces que le faltan, después la dominare como hice contigo y...¡listo!

Idiota, no la doblegaras tan fácil.

-Contigo lo hice.-murmuro.

Yo no sabía usar mis realces, ella ha aprendido con los suyos y te pateara el trasero, lo único malo es que no podré verlo, pero sonreiré cuando te saque los ojos.

-Ya lo veremos y ahora...

Se acercó lentamente, como un gato a la espera del ataque y sin querer se tensó, cuando veía hacia él así, nunca era para nada bueno.

¿Que haces?

-Para alterarla necesito tu sangre.-murmuro tomando la muestra.-...al fin y al cabo, eres el único con todos los realces.

Sus ojos de un brillante azul se abrieron mientras rugía y apartaba a Bardock de si mismo respirando con dificultad, era imposible que quisiera hacer otra monstruosidad como la que le había hecho a él a otro ser humano.

-Gracias.

¡Te matare! ¡Juro que te matare!

Pero a pesar de que tenía fuerza suficiente para destruir el planeta, no pudo hacer nada más que quedarse en su lugar, atado por sus cadenas mientras escuchaba la risa maléfica de Bardock a través de las escaleras.


Cuando Fate despertó sintió cada parte de su cuerpo gritar de dolor mientras intentaba abrir los ojos, podía sentir una manta sobre ella y hasta eso le dolía y para colmo no tenía ni idea de donde estaba.

-Tranquila, todo esta bien.

Podía escuchar la voz a su lado aunque realmente la sentía bien lejos, era como si todo su cuerpo se negara a obedecerla y quisiera dormir para siempre.

¡Fate-chan! ¡Te quiero!

¡Vamos, vamos Fate...! ¿Que quieres hacerle a Nanoha?

Eres un orgullo, Fate.

-Respira y abre los ojos lentamente

Las voces de sus compañeras y de Nanoha la rodeaban ahora mientras otra voz irrumpía con fuerza en sus oídos haciendo volver a la realidad que quería olvidar.

¡Monstruo! ¡Me das miedo!

-No...Na...no..ha...-murmuro.

-Respira, tranquila.-susurro la voz a su lado.

Fate suspiro lentamente y luego abrió los ojos poco a poco revelando la oscuridad que había sobre ella disipada solo por una pequeña luz que alumbraba la celda. Entonces recordó donde estaba, presa de nuevo de sus pesadillas.

Volvió su mirada dolorosamente a un lado para ver a una mujer rubia, de estatura media y todavia con su bata de médico, su mirada era apacible aunque Fate podía sentir sus manos temblar sobre la frente de ella, su aura era de un color verde tranquilo y por su mente no pasaban pensamientos malvados, solo había un nombre.

Signum...

-Es una realzada.

Fate no podía ver quien había hablado, apenas y podía moverse pero la rubia si lo hizo saliendo de su campo de visión.

-Ya me he dado cuenta.-murmuro Shamal.-...¿puedo hacer algo?

-Puedes curar sus heridas externas, lo que Bardock le haya hecho o pueda hacerle no creo.-murmuro otra voz.

-¿Qui...en?-pregunto Fate.

Shamal se acerco de nuevo a Fate, estaba preocupada por su estado físico pero le preocupaba todavía más el psicológico si no la sacaban de allí pronto.

-Tranquila, mi nombre es Shamal, soy médico.-dijo la rubia volviendo a su campo de visión.-...y con los que estaba hablando son Erio y Subaru.

-Vaya...-murmuro Fate.

-No te esfuerces ahora, voy a intentar curarte esas heridas con lo poco que tengo aqui.-dijo Shamal.-...esto va a doler, pero necesito que no grites, ¿vale? No quiero que los guardias me quiten el poco material de cura que pude esconder y no quiero que te hagan más daño.

-Hecho...

No era como si no estuviera acostumbrada al dolor, de hecho lo llevaba con orgullo por eso no le importaba si debía o no hacer ruido, ella podía aguantarlo. Vio a la rubia agacharse hacia ella con una pequeña sonrisa después de haber quemado la aguja con la vela y comenzar a desinfectar las heridas una por una con sumo cuidado.

-Duele...más de...lo que...esperaba...-murmuro Fate.

-Lo se.-dijo Shamal.-...para que dejes de pensar en eso, ¿que tal si me cuentas algo?

-Como que...-suspiro Fate.

-¿Cual es tu nombre?-pregunto Shamal.

Fate suspiro mientras la aguja desinfectaba otra herida, no estaba segura de poder hablar con calma, pero a esas alturas, ya ni siquiera le importaba. Si Nanoha no la aceptaba, ya no le importaba.

-Fate...-dijo.-...Fate T. Harlaow, el arma final de Anton Masaf.

Tan rápido como la conversación había empezado, acabó y Fate supo entonces que ya no tenía sitio en aquel mundo. Los humanos la odiaban por ser distinta y los realzados la temían por ser poderosa.

¿Que le quedaría cuando todo acabará?


El rugido que siempre acompañaba a aquel lugar se hizo eco otra noche más, solo que esta vez, era más fuerte que nunca por eso dos guardias decidieron que irían a ver que era lo que su jefe escondía con tanto celo y no quería que nadie más que él viera.

-No puede ser nada serio.

-¿Tu crees?-pregunto el otro.-...tiene que ser algo como un león.

-¿Un león realzado?

-Puede ser...

La risa de uno de ellos resonó por las escaleras mientras las bajaban, uno seguro de que era algo importante mientras el otro parecía más despreocupado por lo que se escondía allí abajo.

-Oye, tío..-dijo el guardia.-...no creo que debamos.

-Venga hombre, no será nada.

Llegaron a la puerta donde los scaners los esperaban, obviamente se necesitaba ser Bardock para entrar así que los guardias suspiraron, uno de alivio y otro de frustración ya que no podía seguir.

-Hay podría haber algo importante.

-Por eso es mejor irse, vamos.

Comenzaron a caminar hacia arriba cuando, de repente, el scaner dio positivo y la puerta principal se abrió delante de ellos.

-¿Que a sido eso?

-No se, pero voy a ver.

El guardia camino hacia la puerta, su arma y su linterna sobre sus manos mientras caminaba hacia dentro con su compañero, asustados y temblando cerca de él.

-Vamonos...

-Cállate.

Entonces dos círculos brillantes de color azul miraron en sus direcciones y un gruñido se dejo escapar por los barrotes asustando a los guardias que no querían dar un paso más y estaban demasiado asustados para huir.

-¿¡Que es esa bestia!?

-Madre de Dios...

¿Queríais saber que tiene Bardock aquí? Bien...porque aquí tiene el mismísimo infierno.

Lo último que se escucho de los guardias fue un murmullo de miedo, después todo fue silencio.