Todo lo que no reconozcan salió de la imaginación de Petite24 y Altea Kaur, los personajes principales y demás, son de Rowling.

Nerd.

-No creas que se me ha olvidado lo de Scorpius y tú- dijo Sam pícaramente una vez en el restaurante cuando Anabeth las dejó solas porque tenía que ir al baño.

-Lo sé- suspiró Rose bajando la mirada-. Te he querido contar, es sólo que… está bien, lo haré, pero no puedes decírselo a nadie- se decidió al fin. Scorpius sabía que Sam era su amiga, seguro no le importaría. Además, Sam era muy buena para guardar secretos pese a su constante estado de distracción.

-¿Es un espía secreto que vino aquí a descubrir una mafia en su propio negocio y te pidió que le ayudaras para después huir juntos a alguna isla exótica?

Rose rió fuertemente, he allí un claro ejemplo.

-No, sólo… en resumidas cuentas somos amigos- no veía el caso explicarle todo el drama que ella sola había armado con la propuesta de Scorpius-. Me ha ayudado en algunas cosas y le estoy muy agradecida, es un gran sujeto. El problema es que no quiero que la señorita Greengrass se entere o podría odiarme y despedirme.

Sam puso mirada soñadora.

-Y luego se enamorarán y tendrán muchos hijos pelirrojos y rubios correteando por aquí y por allá… ¡tienes que ponerle Sam a tu primera hija!- exclamó emocionada.

-A mí no me gusta Scorpius- se escandalizó Rose. Nunca había visto su vida de esa manera, con un esposo e hijos, y no pensaba comenzar ahora.

Sam rió fuertemente.

-Lo que tú digas, amiga- dijo.

Una vez que Anabeth regresó, pidieron la cuenta y regresaron al trabajo.

-Señor Malfoy, ¿desea más café?- preguntó Rose cerca de las seis de la tarde, recordando la clave que ella y Scorpius habían acordado usar, al menos era mejor que "la mula cruza el charco" que él había propuesto.

-Claro, Weasley, gracias- dijo Scorpius guiñándole un ojo.

Rose salió de la oficina y se dirigió hasta la sala de descanso. Un minuto después Scorpius la siguió.

-¿Qué sucede?- preguntó Scorpius alegremente.

-El asunto es que me di cuenta de que era tonto ocultar nuestra amistad- Rose hizo una pausa para analizar lo que había dicho-. Incluso la oración que acabo de decir suena boba, así que no me importa que nadie más sepa… excepto la señorita Greengrass.

-Por mí está bien- sonrió Scorpius.

-¿Así y ya? ¿No vas a decir nada más?

-No, la verdad no me gusta tener secretos- reconoció, encogiéndose de hombros.

-¿Entonces por qué habías aceptado?

-Porque quería ser tu amigo, por eso.

Rose no recordaba la última vez que se había sentido enternecida por algo que alguien hubiera dicho, pero esta vez estaba segura de que así se llamaba ese sentimiento que tenía en el pecho.

-Gracias- dijo sinceramente-. Y también- agregó, recordando la conversación con Albus- gracias por haber hablado con Al, arregló todo con sus padres y se ve más feliz.

-No tienes que agradecerme por nada- aseguró Scorpius-. Ustedes están bien, es lo que importa. Ahora vámonos antes de que mi tía sospeche, entra tú primero y deja el café en mi escritorio como si no me hubieras visto.

Rose asintió e hizo lo que le pidió.

Esa noche, después del trabajo, Rose se encaminó relajadamente hacia el Café granate, esperando encontrarse allí con Albus, pues no podía esperar a que llegara a casa para hablar con él.

-¡Hola, Al!- saludó Rose al entrar. El lugar estaba casi vacío, excepto por una pareja que se besaba en una mesa ubicada en la esquina más alejada.

-¡Hola, Rosie!- saludó Albus más sonriente que nunca.

-Quiero hablarte de algo- dijeron los dos al unísono y rieron.

-Tú primero- dijo Albus dándole la palabra.

-Me voy a mudar- anunció Rose sin rodeos.

Albus la miró, expectante, en espera de una explicación.

-Después de todo lo que ha sucedido, creo que necesito un tiempo sola, ya sabes… seguiremos viéndonos y todo eso, pero creo que es lo mejor para nuestra linda amistad ¿no crees?

Albus asintió y luego comenzó a reír.

-Sé que te alegra deshacerte de mí, pero creo que pudiste esperar al menos a que me fuera para festejar- dijo Rose sarcástica, aunque divertida. No podía enojarse con él.

-No es eso- dijo él de inmediato-. Es que justo iba a decirte que también me mudo, conseguí un empleo en Oxford y empiezo en agosto.

Rose se quedó con la boca abierta y tardó unos segundos en reaccionar, pero luego soltó tal grito de felicidad que hizo sobresaltar a los que hasta hace algunos segundos se besaban.

-¡Es genial, primo!- exclamó Rose realmente feliz por él. Quizás no era exactamente lo que quería, pero al menos eso le daría más oportunidades de codearse con la gente correcta para poder alcanzar su sueño- ¿Cómo sucedió eso?

-Vi un anuncio, me presenté a la entrevista y me contrataron. No es mucha ciencia, Rosie- rió Albus alegremente.

Rose no pudo evitar reír con él.

-Así que supongo que sólo viviremos juntos una semana más- dijo Albus un poco más apagado-. Y podrás quedarte con el departamento.

Rose negó con la cabeza.

-Si quiero empezar de cero necesito otro sitio, algo que consiga por mí misma.

-¿Y ya lo tienes?

-No, quería hablarlo contigo primero y después…

-¿Qué te he dicho de distraerte en el trabajo, Potter?- preguntó una voz seria detrás de Albus.

Un hombre larguirucho, de cabello castaño chino y ojos azules, con grandes gafas que hacían ver más grandes sus ojos y marcas de lo que parecía haber sido una mal época con el acné, y vistiendo una playera desteñida con dibujitos de Star Wars, acababa de salir de la trastienda y miraba a Albus seriamente. A Rose le sonó familiar la voz, pero no sabía de dónde.

-Que lo haga siempre y cuando Scorpius no se entere- recitó Albus riendo, chocando palmas con el sujeto.

Rose los miró, incrédula. Casi le había dado un infarto por creer que su primo estaba en problemas y ahora…

-Hola, preciosa- saludó el hombre con voz que intentaba ser seductora-. Soy Joe ¿y tú eres…?

¡Joe, el sujeto que había llamado a la editorial en su primer día como asistente y que le había dado ese recado desagradable para Scorpius! Rose no pudo hacer más que fingir una sonrisa. Aunque para ser sincera, con la buena autoestima del sujeto, había esperado que luciera diferente, como un modelo de revista, no un… nerd.

-Alto allí, Zabini- dijo Albus con voz seria, cruzándose de brazos-. Es mi prima.

-¡¿Otra?!- exclamó Joe gesticulando con las manos- ¿Qué acaso toda tu familia engendró a las mujeres más bonitas de Inglaterra que encima son intocables por tener hermanos celosos?- terminó dramáticamente.

El sujeto era tan cómico que Rose no pudo evitar reír, haciendo a Joe sonreír ampliamente.

-Al menos tú tienes sentido del humor, la otra chica… ¿Cómo se llamaba, Potter?

-Molly- recordó Albus observando la cara de Rose con diversión.

-Sí, ella. Le dije que era más hermosa que una rosa y me arrojó su café en la cara- lloriqueó Joe dramáticamente.

-Creo entonces que la última intervención sirvió ¿no crees, Al?- dijo Rose un tanto extrañada de que Molly hubiera cumplido su promesa de no más chicos, y sorprendiéndole aún más que Joe dijera que tenía sentido del humor- ¿Qué hacía Molly aquí, por cierto?

-Las chicas vinieron a visitarme- contestó Albus encogiéndose de hombros-. Creo que lo que querían era ver si no habías seguido maltratándome- terminó con una mano en la boca y la otra abanicándose mientras fingía llorar como una damisela en peligro.

Rose rió por el gesto, pero en el fondo sintió que el estómago se le contraía de vergüenza.

-¿Entonces tú eres la famosa Rose?- dijo Joe atando cabos- Este sujeto no deja de hablar de ti. Dice que trabajas en Editoriales Greengrass ¿conoces a Scorpius? últimamente vive allí…

-Yo…- Rose no sabía qué contestar. Quizás Albus le recriminaría no haberle contado nada, pero ¿qué más daba ya?

-Espera ¿Scorpius Malfoy, el dueño de este café también trabaja donde tú, Rosie?- se sorprendió Albus.

-Es sobrino de la señorita Greengrass- contestó Rose-. Trabajamos en la misma oficina.

-Eso no me lo esperaba- reconoció Albus pasándose una mano por el cabello, pensativo.

Joe rió.

-Y eso que lo conoces hace poco. Yo lo conozco hace años y siempre sale con cada cosa… el sujeto está lleno de secretos.

Ese comentario sorprendió a Rose, pues ¿no le había dicho Scorpius que odiaba mentir? ¿Sería lo mismo a guardar secretos? ¿Debería comenzar a desconfiar de él?

-Oye, Rose- llamó Albus, sacándola de sus terribles conclusiones- ¿por qué no le pides ayuda a Joe con lo de tu departamento? Él sabe de esas cosas.

-¿Buscas lugar donde quedarte, preciosa? Mi departamento tiene una habitación extra por si te interesa…

Rose se puso completamente roja y llevó sus manos a su cintura, molesta.

-No es bueno hacerla enojar, Zabini- rió Albus-. Se crío en los campos de entrenamiento de Scotland Yard y podría matarte de un golpe.

Joe tembló.

-Era broma- rió con nerviosismo-. Te daré el número de un amigo y él te ayudará a ver cuál lugar se adapta más a ti- tomó una pluma y la libreta de los pedidos y anotó unos cuantos números-. Dile que yo te recomendé y te atenderá de inmediato.

-Gracias- musitó Rose observando el papelito que Joe acababa de darle.

-Podrías agradecerme con una cita, ya sabes…

-Zabini, déjala en paz- advirtió Albus entornando los ojos, aunque parecía divertido por las reacciones de Rose, a quien nunca le habían pedido una cita, al menos no tan descaradamente.

R&S

La semana pasó muy rápido para Rose, pues entre tantas cosas que hacer en la editorial, buscar departamento, ayudar a Sam todas las noches con los planes de la boda y el trabajo extra que se llevaba a casa, el estrés había terminado por agobiarla nuevamente y ahora la felicidad experimentada el fin de semana anterior parecía más un sueño demasiado fantasioso.

Lo único que había salvado sus tardes era la agradable compañía de Lorcan Scamander, con quien salía a comer porque casualmente siempre se lo topaba cuando salía a disfrutar algo de libertad. A Rose le agradaba pasar el tiempo con él, pues era serio y no hablaba más que cuando necesitaba hacerlo. Así Rose se evitaba charlas inútiles. Incluso a veces le hablaba de las historias que tenía que editar y lo que pensaba de ellas. En algunas ocasiones habían coincidido con Sam y Anabeth y habían salido los cuatro juntos.

Afortunadamente, el número que Joe le había dado para preguntar sobre dónde podría conseguir un buen departamento, le había sido de mucha utilidad, pues al día siguiente un hombre muy amable se había ofrecido a mostrarle algunos lugares el fin de semana que pudieran ser de su agrado. Rose había aceptado de inmediato y ahora estaba en el que sería pronto su nuevo hogar.

Albus la había acompañado, alegando que no quería dejarla sola con vendedores pervertidos, así que ahora ambos se encontraban observando el lugar que le había gustado más a Rose.

Era simplemente perfecto.

Estaba en un último piso, pintado de blanco, con grandes ventanas que dejaban entrar el sol y desde las cuales estaba segura que podría ver el atardecer, pues tenía una vista impresionante de Londres. Tenía dos habitaciones y un baño. Tendría que comprar la mayoría de los muebles y electrodomésticos, pero tenía algo de dinero ahorrado y estaba segura que poco a poco podría costear todo. Lo mejor de todo era que como el dueño estaba ya desesperado por alquilarlo porque pronto saldría de la ciudad, podría ocuparlo en cuanto quisiera.

Y si a eso agregaba que quedaba cerca del trabajo y podía llegar caminando, era más que perfecto. Lo único que Rose lamentaba era que no podría seguir disfrutando de la agradable compañía de Scorpius, quien siempre se ofrecía a llevarla a casa. Ahora ya no tenía excusa para verlo fuera del trabajo.

-¿Quieres comer algo antes de ir a casa?- preguntó Albus cuando caminaban tranquilamente por la calle después de haber firmado el contrato de alquiler.

-¿Podemos comprar algo para llevar y comerlo en el departamento?- sugirió Rose, un tanto nerviosa.

-Sí, claro- dijo Albus mirándola suspicaz, pero sin preguntar nada más.

Compraron unas hamburguesas y algunas otras cosas, algo de helado y regresaron a casa en menos de media hora. Comieron en silencio hasta que terminaron y después llegó el interrogatorio:

-¿Qué sucede, Rose?

-¿Suceder? ¿Qué? A mí no me sucede nada…

-Es muy fácil saber cuando mientes si estas nerviosa ¿qué me ocultas?

Tal parecía que sus habilidades como actriz ya no engañaban a Albus. Rose se limpió las manos con una servilleta y dijo con la mirada gacha, entre dientes:

-Voy a extrañar este departamento.

Albus soltó una carcajada.

-¡Al fin admites que te gusta!- exclamó contento- Lástima que lo hayas dicho un día antes de que me vaya.

Rose arrugó la nariz y se cruzó de brazos.

-Sigues en negación, veremos si estás igual mañana- canturreó Albus.

Rose no tuvo tiempo de contestarle, pues le había llegado un mensaje de Scorpius.

¡Hola, Rose! ¿Aún quieres salir hoy?

¡Rayos! Se había olvidado por completo que vería a Scorpius a las cuatro y ya eran las tres y media. Debía darse un buen baño en ese mismo instante.

-¿A dónde vas?- se extrañó Albus al verla irse tan abruptamente.

-Olvidé que tengo un compromiso a las cuatro- explicó Rose desde el baño, justo mientras contestaba a Scorpius que lo vería a la hora que habían acordado. Él le contestó enseguida diciendo que pasaría por ella y que llevara ropa cómoda.

Y es que al final, esa semana había decidido que sí quería cambiar por ella misma, pues ya no podía soportar seguir viviendo como lo hacía. Necesitaba perdonarse, mejorar, y ¿quién mejor para ayudarla con eso que Scorpius Malfoy?

Cuando salió del baño envuelta en una toalla, escurriendo el piso, se escabulló hasta su habitación bajo la mirada divertida de Albus por verla en tal apuro.

-¿Esos son jeans?- preguntó Albus sorprendido, señalándola con el dedo en cuanto la vio salir de su habitación- ¿y esa una camiseta con dibujitos? ¿y esos son tenis?

Rose levantó las cejas.

-¿Qué tiene de malo?

-Nada… sólo que no te veía vestir así desde hace años ¿a dónde vas?

-Sinceramente no lo sé- contestó Rose encogiéndose de hombros, alisándose la playera azul con estampado de un feliz Piolín. En ese momento sonó su celular, era Scorpius llamándole para decirle que ya estaba abajo-. Nos vemos, Al- se despidió Rose alegremente, tomando un pequeño bolso y saliendo por la puerta, cerrándola tras de sí.

Mientras bajaba las escaleras, Rose no podía dejar de pensar en lo que sucedería a continuación. Incluso el cansancio acumulado en la semana se esfumó por completo al ver a Scorpius sonriéndole recargado en la puerta del auto con una sonrisa que logró contagiarla.

-¡Hola!- la saludó Scorpius- te ves muy linda así.

Rose se sonrojó, pero no dejó de sonreír.

-¿A dónde iremos?- preguntó para cambiar de tema.

-Te explico en el camino ¿quieres? Antes de que se haga más tarde.

Rose asintió y dejó que Scorpius le abriera la puerta para poder entrar. Una vez juntos en el auto, Rose no pudo evitar sentir eso que siempre sentía cuando estaba con él, esa mezcla de confianza aunada a lo más cercano que conocía a la felicidad, de saber que podía contar con él así fuera una tontería. Todas las preguntas que habían surgido antes sobre él, se disiparon por completo y no quedó ni siquiera el sentimiento de duda. Además, el olor de su colonia lograba atontarla, ese olor ligero de cítricos y algo que no alcanzaba a distinguir ¡benditos los químicos por las feromonas artificiales!

-Iremos al parque, quiero enseñarte algunas cosas- comentó Scorpius completamente relajado, tal y como él era.

-¿Qué cosas?

Scorpius esperó a dar una vuelta en u para después contestar:

-Estos años aprendí que lo necesario para aceptar a los demás es aceptarse a uno mismo, conocerse mejor ¿me explico? Pero no puedes esperar a conocerte completamente para interactuar con los demás, porque eso sería aislarte y después sería como comenzar de cero. El autoconocimiento y la aceptación de los demás son casi simultáneos.

Rose no supo qué más decir, pues eso que había dicho Scorpius tenía sentido para ella. En realidad nunca había llegado a conocerse realmente.

No se lo habían permitido.

Hermione siempre había sido muy estricta con ella y su educación, y Rose siempre creyó que lo que ella le decía era lo correcto, por lo que no lo cuestionaba, siempre callaba.

Cuando llegaron al soleado Bushy Park, Rose se sintió aplastada, había demasiada gente y a ella nunca le habían gustado los lugares demasiado concurridos porque sentía que se desmayaría. De no ser porque no quería defraudar a Scorpius, seguramente le habría dicho que regresaran otro día.

-Ven, ahora vamos al área de juegos, hay algo que quiero que veas.

Rose siguió caminando a su lado, sintiéndose cada vez mejor. Al llegar al lugar, Rose vio a cientos de niños jugando de un lado al otro, persiguiéndose, jugando con tierra, en los juegos, felices completamente.

-¿Qué es lo que ves?- preguntó Scorpius cuando se detuvieron bajo la sombra de un árbol para ver mejor.

-Niños muy felices- contestó Rose sin despegar su mirada de ellos.

-¿Y por qué crees que sea?

Rose frunció el ceño y dijo:

-No lo sé ¿Porque son niños?

Scorpius soltó una risa ligera.

-No creo que se pongan a pensar en eso razonablemente. No, ve más allá de las limitaciones de tu mente, trata de pensar como ellos. Cierra los ojos si eso te ayuda.

Rose le hizo caso y en ese momento comenzó a recordar pequeñas partes de su infancia, algo que nunca hacía sin saber realmente por qué. Jugaba con sus primos en el jardín de la casa de los abuelos Weasley, a veces reían juntos, otras peleaban por algo, pero siempre defendían lo que pensaban. Era espíritus libres.

-Porque son ellos mismos- dijo Rose al fin con algo de nostalgia.

Scorpius asintió, más contento que nunca.

-Así que lo que queda averiguar aquí, Rose, es ¿quién eres tú?

Rose se vio en un apuro, pero sabía que podía ser sincera con él.

-La verdad ahora estoy muy confundida. Siempre me había tomado como alguien seria, terca, fría, sarcástica, pero ahora… siento que esa persona que siempre creí que era no se habría atrevido a sacrificar su ego por el amor de su familia.

-Por eso es que ahora viene la introspección. Yo no puedo decirte quién eres, y no se lo preguntes a nadie, no te lo aconsejo- siguió Scorpius sin perder su buen humor-. Pero lo difícil de todo, Rose, es que cada día eres una persona diferente, tu cuerpo se regenera durante la noche, así que en la mañana ya eres distinta; cada día tienes nuevas experiencias que te van forjando. Tenemos la capacidad de volver a empezar de cero cada mañana, cada hora, cada minuto, pero en nosotros está la decisión.

Rose vio tal convicción en su mirada que simplemente le creyó. No tuvo que analizar sus palabras, sabía que era sincero.

-¿Cómo hiciste tú para descubrir quién eras?- no pudo evitar preguntar, la duda la estaba carcomiendo por dentro lentamente.

-Visité muchos lugares, conocí muchas personas y trabajé en muchos sitios, pero al final comprendí que no importaba dónde estuviera, no podía huir de mí. Era lo que era y punto, pero tenía que descubrirlo. Me llevó mucho tiempo y esfuerzo, pero al final medianamente lo logré.

-¿Medianamente?

-Sí, como dije, cambiamos constantemente, pero eso está bien, porque nos hace ser mejores.

-¿Y si aprendemos cosas que nos hacen malos? ¿Qué hay de nuestros defectos?

Scorpius rió.

-Depende de cómo definas defectos. Para mí eso no existe realmente, al menos no como los demás lo ven. No, un defecto puede ser una bendición si sabes utilizarlo.

-No te creo- casi se burló Rose, cruzándose de brazos, recargándose en el árbol de nuevo.

-Bien, es justo que te lo cuestiones- razonó Scorpius-. Pero dime ¿Cómo le serviría a alguien frío o sarcástico su temperamento ante una tempestad? O ¿qué tal a alguien muy impulsivo en situaciones donde se necesita pensar rápido? Hay muchos ejemplos, por eso hay que saberlo analizar bien todo.

-¿Y qué tal si hay alguien muy controlador y exageradamente terco?- sugirió Rose refiriéndose a su propia madre.

-Enseñaría a los demás a no dejarse intimidar, con el tiempo, supongo.

-¿Realmente crees que los defectos pueden enseñarte algo?

Scorpius seguía sonriendo, sin dejarse molestar por los comentarios poco agradables de Rose.

-Mira a tu alrededor, Rose. Todos somos humanos, hay algo muy especial que nos une. Y todos somos maestros de todos. Cada persona con la que te topas en tu vida te enseña algo diferente a las demás, algo que necesitas aprender. Si no fíjate bien. Quizás al principio no lo parezca, puede ser incluso hasta molesto, pero al final del día, cuando analizas lo que te ha sucedido, podrás darte cuenta de que alguna buena o mala experiencia, te forjó como la persona que eres ahora.

Rose se quedó un buen rato en silencio, analizando sus palabras. No sabía si creerle. Cuando lo decía tenía tanto sentido que era imposible cuestionarlo, pero debía recordar que estaba loco y debía usar la lógica.

-¿Quieres ir a caminar?- preguntó Scorpius poniéndose en pie completamente.

Rose se encogió de hombros y comenzó a caminar a su lado.

-Mira a la gente a los ojos- dijo Scorpius- a la par que les sonríes.

-¿Para qué?- se sorprendió Rose, observando su tranquilo semblante.

-Ya verás- contestó misterioso.

-¿En serio tengo que hacerlo?- preguntó, reacia a sonreír a extraños.

Scorpius negó con la cabeza.

-Es decisión tuya. Todo lo que haces es decisión tuya, Rose, no lo olvides.

¿Era ella o eso era demasiada presión? Comenzó a sentirse acalorada, pero al final decidió hacerlo. Esas últimas semanas había sonreído lo que no había sonreído en años, así que un poco más no podía doler ¿o sí? El problema era que había demasiada gente como para concentrarse en una sola ¿qué haría?

-Respira profundo- aconsejó Scorpius, caminando sin prisa a su lado.

-No puedo hacerlo si estás observándome- dijo Rose luego de un rato, deteniéndose derrotada.

-¿Segura que no es porque no quieres? Porque podríamos irnos ya- aseguró Scorpius, sin presionarla en ningún momento.

-No, no es por eso- saltó Rose de inmediato.

-Bien, entonces ¿qué te parece si yo me voy por ese lado y nos encontramos en ese sitio?- sugirió señalando el lugar, donde había una banca vacía.

-De acuerdo.

Con una última sonrisa, Scorpius se alejó de ella, dejándola algo desorientada. Rose comenzó a caminar despacio, tratando de encontrar una manera de que su sonrisa fuera convincente, real, pero no podía, es decir ¿para qué sonreírle a un montón de extraños? ¿qué habían hecho ellos por ella?

Súbitamente, la asaltó la imagen de sus primos rodeándola en su departamento, atacándola por su mal comportamiento. Un escalofrío recorrió su espalda, a pesar del día soleado, y se apresuró a sonreírle a una mujer que llevaba a su bebé en una carreola.

-No fue tan malo ¿no crees?- opinó Scorpius cuando Rose llegó a su lado.

-Eso creo- contestó Rose no muy segura.

-¿Crees ser capaz de hacerlo durante una semana?

-¿Una semana?- se escandalizó Rose, algo reacia al contacto humano, pero decidida a hacer lo necesario.

Scorpius estaba divertido con la situación, incluso Rose lo notaba.

-Es decisión tuya, Rose, ya lo sabes, pero creo que eso te ayudaría mucho- le dijo.

Rose se mordió el labio y al final accedió.

Si quería ser una buena persona, lo mejor sería que siguiera los consejos de Scorpius.

Hola! ¿Qué les pareció el nuevo capítulo? Yo me sentí aliviada de al fin poder actualizar, ha sido una semana de locura!

¿Qué les pareció Joe? ¿Creen que Rose sobreviva una semana sonriendo? ¿Qué secretos oculta Scorpius?

Quiero agradecerles por todos sus maravillosos comentarios, son más que nada lo que me hacen querer seguir escribiendo esta historia (y a veces distraerme de clase y escribir capítulos nuevos en mis libretas xD) gracias por todo el apoyo, en verdad. Ximena y yo nos ponemos muy felices cuando los leemos =D

Espero que tengan una hermosa semana!

Hasta el siguiente!