Hola ne nuevooo!! Aki estoy de vuelta con un nuevo capi...Espero q os guste y q me dejeis review con vuestra opinion. Q x cierto estoy un poco triste x recibir tan pocos reviews en el ultimo capi...no se si es xq no os gusto o xq...pero en fin...no es obligatorio dejar uno, aunq ya sabeis q yo lo agradezco. 1besazo enorme y mil gracias x leer!!

(Los pensamientos de los personajes aparecen en cursiva...lo aviso para q kede claro :P jeje)

Y ahora respondo a los dos review q me llegaron...muxisimas gracias xicas! como agradecimiento..os dedico el capi! muak!!

IsaPadfoot: Hola wapisimaaaa!!mil gracias x el review!! Soy mala...lo se...pero esq esto d enamorarse lleva su tiempo...y mas si las personas en cuestion son nuetro Draco y nuestra Herm...pero creeme..el momento clave se acerca...no sabria decirte exactamnt cuando sera...pero te aseguro q sucederaa!!jajaja Me alegro un monton dq te guste el fic...no es facil escribirlo...Y personalmnt...a mi tmb me encanto como me kedo el momento Harry-Ginny...superromantico!jaja Por ultimo..siento haber tardado en actualizar...pero no tuve demasiado tiempo ultimamnt...pero x fin estoy aki!jaja Ojala t guste este capi tmb!! Un besazo y d nuevo, gracias x el review!!

kary24: Muxas gracias x tu review...me subio muxisimo el animo! de verdad!! En cuanto a la lucha contra el señor tenebroso...creo q si no lo metiese la historia seria demasiado obvia en cuanto a lo q va a pasar con Draco y Herm...en cambio metiendo este plus...hay varias posiblidades...eso creo yo al menos. Se puede jugar mas con los personajes y las cosas se pueden complicar con mas facilidad...y eso siempre le da un poco d vidilla a la historia, no crees¿?En cuanto a tu peticion...ten pon seguro q lo tendre en cuenta...es mas, ya tenia pnsado utilizar mas su personaje debido a su relacion con Draco...Espero poder complacerte! jajaja Tmb introducire momentos d los amigos...eso es seguro! jaja Pues nada..espero q el nuevo capi no te deje indiferente y q lo disfrutes como los demas! muxas gracias x leer! un besazo wapa!! y gracias x escribir! nos leemos! muak!

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Capitulo 12. Las Misiones

-¡Padre!-exclamó Draco levantándose rápidamente.

-Buenas noches, hijo.-dijo pausadamente Lucius mientras se adentraba en el despacho.

-¿Qué haces aquí?-preguntó bruscamente, mirándole extrañado.

Lo cierto era que la presencia de Lucius Malfoy en el colegio no era muy habitual. A decir verdad, Draco solo recordaba haberlo visto en un par de ocasiones y ninguna de ellas había sido ni mucho menos una visita de cortesía, más bien, eran visitas por motivos bastante distintos. Por lo que el rubio solo llegaba a una conclusión, o su padre estaba allí para comunicarle algo o estaba para castigarle por alguno de sus actos. Sin embargo, no recordaba haber hecho nada últimamente que se ganase las represalias de su padre…por lo que solo quedaba una opción.

-Te he dicho muchas veces que no utilices ese tono conmigo, Draco.-dijo lentamente mientras observaba con interés la cabeza de serpiente del bastón que llevaba.- Mejor guárdatelo para los estúpidos de tus amigos. -sentenció posando su acerada mirada en su hijo.

Draco le mantuvo la mirada unos instantes. Pero entonces el mayor de los Malfoy endureció la suya consiguiendo que Draco bajara la vista al suelo. Lucius sonrió de medio lado.

Cualquiera que hubiese visto esa escena se habría sorprendido al ver como el "Gran Draco Malfoy" perdía toda su arrogancia y seguridad en sí mismo cuando su padre estaba presente. Aunque bien era cierto que había muy poca gente a la que Lucius Malfoy no imponía respeto. No era fácil ignorar ese porte aristocrático y esa superioridad sobre el resto del mundo que destilaba por los poros. Sin embargo, lo que su padre era, lo que imponía sobre los demás, era exactamente lo que Draco admiraba. Y por tanto, en lo que él se quería convertir. Era su padre, al fin y al cabo, y para él era su icono a seguir.

-Pueden disponer de mi despacho el tiempo que precisen.-habló Snape rompiendo el silencio que se había formado mientras se ponía de pie y se dirigía hacia el monarca de los Malfoy.- Pero sería conveniente que acabaran antes de la hora en la que los alumnos deben estar en sus salas comunes.

-Descuida, Severus.- dijo Lucius mientras estrechaba la mano del profesor.- Así será. Buenas noches.

-Buenas noches, señor Malfoy. Draco.-el rubio agitó ligeramente la cabeza como contestación. Después, el profesor Snape abandonó la sala.

-Bueno, hijo… ¿Cómo va todo?-preguntó inesperadamente Lucius.

Draco alzó la cabeza y le miró extrañado. De nuevo sus miradas se cruzaron y Draco trató de encontrar en los ojos de su padre la verdadera razón por la que se encontraba allí. Ya que si Lucius Malfoy destacaba por algo, no era precisamente por preocuparse por como le iban las cosas a su hijo en el colegio, y no iba a ser ahora cuando lo hiciera. Por supuesto que siempre le exigía sacar las mejores notas y ser el mejor jugador de quiddich. Pero para eso estaban las cartas, no era, ni mucho menos, algo que mereciera su presencia en el colegio. Draco desvió la mirada y sonrió de lado.

-Sinceramente padre, dudo que hayas venido hasta aquí sólo para preguntarme cómo me van las cosas.-dijo el rubio con un tono suave.

-¿Tan raro es que un padre se preocupe por la educación que recibe su hijo?- preguntó burlón.

-No, no lo es.- admitió Draco.- Pero digamos que ese no es… tu estilo.-añadió temiendo que su padre no se tomara demasiado bien su comentario.

-¡Ja, ja, ja! Tienes razón, no lo es. -rió Lucius sorprendiendo y aliviando a Draco por partes iguales.- Sería bueno que empezaras a utilizar esa astucia para otras cosas hijo.- añadió ahora con un tono más serio. Draco arrugó el ceño pero no dijo nada.

-Me conoces bien, Draco. – continuó Lucius. Draco sonrió.- Pero no lo suficiente. Lo que me trae aquí si que tiene algo que ver con…asuntos escolares.- añadió con un tono misterioso, mientras se erguía sobre el asiento.

-Y…¿de que se trata?- preguntó desentendidamente Draco, aunque tenía una idea bastante aproximada de lo que se avecinaba.

-El profesor Snape me informó hace unos días que junto con… "la señorita Granger"-recalcó Lucius con ironía.- eres uno de los premios anuales de este curso.

-¡Ah, eso!- dijo cansinamente.- Fue idea del chiflado de Dumbledore. Intenté negarme, pero fue inútil.-resopló Draco mientras se hundía en la silla con aburrimiento.-Créeme. A nadie más que a mi le enfurece tener que compartir el cargo con la empollona de Granger. - dijo enfadado cruzándose de brazos.

-Lo sé. –dijo Lucius sorprendiendo al rubio.- No es tu culpa, hijo. Debimos quitarnos de en medio a esa sangre sucia sabelotodo antes.- Draco sintió como algo extraño le invadía cuando su padre pronunció la última frase. Pero no supo definir muy bien lo que era.

Lucius se levantó y rodeando el escritorio, se situó enfrente de Draco colocando sus blancas manos sobre sus hombros.

- Aún así, me alegro de tu nombramiento, Draco.

-¿En…en serio?- preguntó incrédulo.

-Por supuesto.- dijo con una media sonrisa que dio que pensar a Draco.

-Perdona, padre.- habló Draco con seguridad.- Pero no me creo que no te moleste que alguien como yo tenga que compartir el cargo de Premio Anual con alguien inferior como Granger.- añadió con arrogancia. Lucius rió y se sentó en el sillón de al lado de Draco.

-Es cierto que al principio la noticia no me agradó lo más mínimo. Incluso pensé en venir a reclamarle a Dumbledore por semejante insulto hacia los sangres limpia.-dijo Lucius.

-¿Y qué te hizo…cambiar de opinión?

-La pregunta, hijo mío, es quién, no qué. –Draco frunció el ceño. Algo en el tono de su padre le decía que no le iba a gustar nada lo que iba a escuchar a continuación.

-¿Qué quieres decir?

-Verás…antes de venir aquí, tuve una reunión con… el Lord. –bajó considerablemente el tono de voz y siguió hablando.- Quería felicitarme por el buen trabajo que estás haciendo aquí.

-Es un honor servirle de ayuda.- dijo Draco orgulloso.- Pero…¿qué tiene eso que ver con Granger?

-Durante la reunión notó mi enfado y quiso saber el motivo.-explicó Lucius.- A diferencia de lo que yo creía…la noticia de que compartías el cargo con la amiga de Potter, le alegró profundamente. Para ser exactos, dijo que era una "estupenda noticia."

Draco abrió los ojos sorprendido. De todo lo que se había imaginado que le podía decir su padre, eso era algo que ni siquiera se le había cruzado por la mente. ¿Alegrarle al Lord que una sangre sucia tuviera uno de los cargos más importantes que un alumno puede tener en Hogwarts, y para más inri, compartido con un sangre limpia? Ahí había algo que no cuadraba.

-Yo también puse esa cara cuando lo escuché.- añadió al ver la cara de asombro e incredulidad de su hijo.- Pero te diré algo, Draco. Algo que no debes olvidar nunca: El Lord siempre va dos pasos por delante que el resto de nosotros.

-Procuraré recordarlo. Pero sigo sin entender…

-El motivo por el cual he venido es porque el Lord te ha encargado una importante misión.-soltó de pronto Lucius ignorando el comentario de su hijo. Draco abrió la boca sorprendido. ¿El Lord le encargaba una misión? ¿A él?

-¿A mí?

-Así es. Será el último paso antes de tu iniciación. De llevar a cabo la misión con éxito, pasarías a formar parte de los mortífagos con cargos importantes.

-¿Y de que se trata? ¿Qué tendré que hacer?- preguntó ansioso el rubio.

-Tendrás que aprovechar tu cargo de Premio Anual para acercarte a Granger y ganarte su confianza.

-¡¿QUÉ?!-exclamó Draco poniéndose de pie y con una cara que evidenciaba su indignación.

-El Lord quiere que trates de sacarle información sobre lo que hacen Potter, Weasley y ella en esas visitas al despacho de Dumbledore.- le informó Lucius.

-¡No pienso hacerlo! - gritó Draco con furia.- ¡¡Es una impura!!

-¿Crees que no lo se?-inquirió su padre con desprecio.- Pero no puedes negarte, es una orden. Y como tal, tendrás que acatarla.

-¿Y qué pasa si me niego a hacerlo?- preguntó Draco desafiante.

-¿Es necesario que te diga quién sufriría las consecuencias de tal insensatez?- Draco giró bruscamente la cabeza, se acercó hacia la ventana del despacho y observó los jardines del castillo, pensativo y enfadado, muy enfadado.

¿Es que ese tipo se había vuelto loco? Toda su vida le habían educado para ignorar y despreciar a gente como Granger. Y ahora le ordenaban que se hiciera su amigo. ¡Él, amigo de Granger! Si hasta la misma frase sonaba ridícula. Era un disparate. Ellos dos se odiaban, y aunque ahora empezara a tratar a Granger con amabilidad (cosa de lo que se creía bastante incapaz), ella le mandaría al cuerno. Granger no era tonta, precisamente. Se daría cuenta de sus intenciones.

-Granger no me dirá nada. A mi menos que a nadie. - dijo Draco en un gruñido, aún dando la espalda a su padre.

Y era cierto. Si Hermione tuviera que contarle a alguien lo que tramaban con Dumbledore, él no hubiera sido, ni de lejos, el elegido. Siempre que hablaban se insultaban. Desde que se conocían no recordaba haber tenido una conversación civilizada con ella.

-Eres un Malfoy, tienes recursos. Utilízalos.

-Mis recursos no sirven con ella. Me odia, jamás confiaría en mí.

Al decir esto, algo se encogió en su pecho. Si tuviera corazón, hubiera pensado que era eso lo que se le encogía. Aún así, si algo era cierto, es que de todo Hogwarts, Granger era la única que se resistía a sus encantos. Bien era cierto que él tampoco se había esforzado en utilizarlos con ella. ¿Pero por qué iba a hacerlo? Si ella no le atraía. Era una empollona sin gracia, mojigata, y para colmo, impura. Amiguita de la Comadreja y de San Potter, su enemigo desde que empezó el colegio. Y vale, podía admitir que ese curso estaba más atractiva, pero eso no quería decir nada. Para él seguía siendo alguien con quién jamás se le ocurría tener una relación de amistad. Más bien ningún tipo de relación.

-Hijo… ninguna mujer puede resistirse a los encantos de un Malfoy.- soltó con arrogancia Lucius. Granger sí. pensó para sí Draco.

-Ya…pero es que yo no quiero usar mis encantos con Granger.

-¡Ya basta!-exclamó Lucius perdiendo la paciencia, mientras se ponía de pie.- Me importa muy poco que no te guste Granger. Harás lo que se te ha ordenado y punto. Recuerda que muchas veces el fin justifica los medios. Así que me da igual lo que tengas que hacer, pero encuentra la manera de conseguir esa información. Si no lo haces, todos lo lamentaremos, incluida tu madre.- concluyó con enfado. Draco apretó los puños con fuerza.

Esa siempre era la táctica que su padre utilizaba para obligarle a hacer algo. Sabía lo importante que era su madre para él, y por tanto, sabía que no haría nada que la pusiera en peligro.

-De acuerdo.- dijo bruscamente mientras enfrentaba a su padre.- Pero no prometo nada.

-Muy bien.-dijo satisfecho Lucius mientras le devolvía la mirada a Draco.- Mantenme informado de tus avances.-añadió.

-Yo que tú esperaría sentado.- murmuró el rubio.

-¿Qué has dicho?

-Que espero poder informarte pronto.-dijo ahora Draco más alto y taladrando a su padre con la mirada.

-No esperaba menos de ti. –dijo mientras avanzaba para ponerse enfrente de Draco.- Espero que no me defraudes hijo.- le dijo poniendo una mano sobre el hombro de Draco.

-No te preocupes. No lo haré.

-Bien.-sentenció orgulloso.-He de irme, se hace tarde. Buenas noches, Draco.- dicho esto giró sobre sus talones y abandonó el despacho.

-Buenas noches, padre.- gruñó Draco.

En cuanto se encontró solo, Draco pegó una patada a la silla en la que hasta hacia poco había estado sentado su padre, mientras maldecía.

-"El fin justifica los medios, Draco."-repitió con rintintín.- ¡Y una mierda! ¡Nada puede justificar esta gilipollez!– otra patada.- ¡Joder!

Ni en las peores de sus pesadillas se habría imaginado algo así. Era imposible…sabía que no sería capaz de ser con Granger como lo era con las chicas que se llevaba a la cama. Ella era terca, orgullosa y joder, no se callaba ni debajo del agua. Siempre tenía contestación para todo…¡era realmente insoportable! Y él, justamente él, Draco Malfoy, tendría que hacer lo imposible para que ella confiara en él. Era una locura. Pero no tenía más remedio que hacerlo, sino, su madre pagaría las consecuencias. Y eso era algo, que Draco no pensaba permitir.

Malhumorado, salió del despacho de Snape dando un sonoro portazo.

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Hermione amaneció temprano aquella lluviosa mañana de domingo. La fuerte lluvia que golpeaba los cristales de la ventana de su habitación y el fuerte viento, la habían despertado.

Alegremente se levantó de la cama y se encaminó hacia la ventana. Si había algo que le encantaba, era mirar las tormentas. Cuando era pequeña, la asustaban muchísimo, pero su padre le había enseñado a transformar en agradables, todos los terribles sonidos que éstas producían. Le encantaba el sonido de aquellas pequeñas gotas de agua golpeando el suelo y los cristales, el fuerte viento que a veces parecía hablar y los rayos que iluminaban el cielo, seguidos de aquellos ruidosos truenos. Aquel conjunto de sonidos, que en alguna época tanto le habían asustado, ahora lograban relajarla enormemente.

Tras varios minutos observando aquel espectáculo, se encaminó al baño, donde se duchó, para después ponerse unos vaqueros y una sudadera azul. Con un eficaz conjuro se secó el pelo, el cual quedó brillante y perfectamente ondulado.

Como aún era temprano y no tenía demasiada hambre, decidió que ya era hora de averiguar como era la sala de estudio de los Premios Anuales. Había estado tan ocupada que todavía no había encontrado tiempo para ir a verla. Y puesto que aún era temprano, tenía la seguridad de que no se encontraría con el desgraciado de Malfoy allí, lo que le permitiría descubrir cada rincón de la sala sin que nadie le molestase.

Cogió su mochila y salió de la sala común. Empezó a recorrer los solitarios pasillos del castillo, que debido a la que estaba cayendo fuera, estaban más oscuros de lo normal. Pero por suerte, el séptimo piso, que era donde se encontraba la sala, no estaba demasiado lejos de la sala común.

Caminó durante unos minutos y cuando giraba por una esquina, chocó con algo, más bien, con alguien.

-¡Vaya, lo siento!-se disculpó rápidamente Hermione mientras recuperaba el equilibrio.

-No te prrreocupes, ha sido culpa mía.-dijo la persona con la que había chocado que para evitar que ambos se fueran al suelo había agarrado a Hermione por la cintura.

-¡Chris!-exclamó la castaña que hasta ese momento no se había fijado en el moreno.

-Bueno días, Hermione. Me alegro de verrte.-dijo Chris con una enorme sonrisa, pero sin soltar a la castaña.

-Si…esto…yo también.-dijo incómoda pues recién se había dado cuenta de que Chris la tenía sujeta y de que estaban demasiado cerca para su gusto.

-¡Oh, disculpa!- dijo Chris, que notó la incomodidad de la chica y la soltó rápidamente.

-No pasa nada.- añadió Hermione, pero ya se había colocado a una distancia prudencial del joven.- Dime… ¿qué haces tan pronto por aquí? ¿También te ha despertado la tormenta?

-No, siempre suelo levantarme pronto.-aclaró.- Y ahora me dirigía a la lechucerrria precisamente para mandarrrte una carta.

-¿A mí?-preguntó extrañada la castaña, aunque con cierta emoción.

-Sí, para quedar contigo para estudiar. La verdad es que estoy bastante perrrrdido.

-¡Ah, es verdad!-dijo Herms mientras se llevaba una mano a la frente.- Lo siento, lo había olvidado.-añadió un poco avergonzada.

-¿Tan prrronto te has olvidado de mí?-preguntó Chris poniendo cara de pena.- ¡Qué desilusión!-añadió dramáticamente llevándose una mano al pecho. Hermione rió ante su teatral escena y Chris rió después.

-No te preocupes, no es tan fácil olvidarse de ti.- soltó de pronto Hermione sorprendiéndose a si misma, pero mucho más a Chris.

-No lo creo…pero gracias.- susurró modestamente el moreno.- Personalmente, creo que es mucho más difícil olvidarse de ti.- añadió haciendo que Herms se ruborizara aún más.

-¡Basta, conseguirás que me ponga como un tomate!-dijo nerviosa Hermione mientras miraba hacia otro lado en donde no estuviesen la mirada y la sonrisa de Chris.

-Jajaja…de acuerdo.-rió Chris.- Pero ya deberías estar acostumbrada a que halagasen tu belleza.-susurró de nuevo con dulzura.

-Créeme, los únicos que me elogian en este colegio son los profesores…y no es precisamente por mis encantos.- dijo con un hilo de voz, mientras su semblante se ensombrecía notablemente.

Y es que, desde hacía varios días que ese tema le volvía algo susceptible. Y mucho más desde que Harry y Ginny salían juntos. Se alegraba por ellos, por supuesto, pero no podía dejar de anhelar lo que ellos tenían. Ella era la única chica de su curso que no había tenido una relación. Y a veces, cuando las chicas se juntaban a hablar en algún cuarto, no tardaba en salir el tema "chicos", y ella se sentía excluida y totalmente estúpida e inexperta en el tema. Por lo que no tardaba en abandonar el cuarto e irse al suyo propio a dormir. Y ahora que llevaba un tiempo sin pensar en ello, llegaba Chris y se lo recordaba. Sabía que el chico no tenía ninguna culpa, pero no pudo evitar sentirse triste de repente.

Chris no pasó por alto cómo le había contestado la castaña, y se sintió enormemente culpable, por lo que rápidamente, trato de animarla.

-Pues déjame decirte, que los chicos de este colegio, además de ser estúpidos, deben de ser ciegos para no apreciar lo linda que eres, Hermione.-la prefecta le miró fijamente con una pequeña sonrisa, agradeciéndole el comentario.- Lamento haberte incomodado.-añadió Chris al ver que el semblante de la chica no cambiaba.

-No importa.-dijo con una pequeña sonrisa. Chris alzó la ceja.- En serio no pasa nada.- añadió ahora con una sonrisa pronunciada mientras agarraba la mano del chico y la apretaba fuertemente lo que hizo que ambos se sonrojasen un poco.

- Está bien.- suspiró mientras sus manos se soltaban.- En fin…a lo que iba… ¿Te viene bien que quedemos el miércoles por la tarde? ¿Sobre las seis o así?

Hermione permaneció pensativa unos segundos. Sabía que tenía algo que hacer algo el miércoles pero… ¿qué era? El miércoles, el miércoles…¡¡la reunión con Dumbledore!! ¿Cómo se le podía haber olvidado algo tan importante? Era preocupante, apenas llevaba un mes de clase y ya estaba tan ocupada que se le olvidaban las cosas. -Para la próxima salida a Hosgmeade me compraré una agenda. -apuntó mentalmente la castaña.

-A las seis no puedo, tengo…una reunión.-decidió decir la verdad, omitiendo ciertos detalles claro. Nadie debía saber que Harry, Ron y ella se reunían con Dumbledore.- Me vendría mejor un par de horas más tarde. A las ocho, si no te importa, por supuesto.

-Claro que no, me viene bien.-dijo con una sonrisa Chris.- ¿En la biblioteca?

-Mmmm…Creo que sería mejor que fuésemos a algún aula. En la biblioteca no podríamos hablar y no podría explicarte nada.

-Tienes razón…¿Crees que McGonagall nos prestaría alguna clase?

-No lo se. Aunque…-Hermione sonrió ampliamente. En la sala de estudio nadie les molestaría. A excepción de cierto rubio prepotente, aunque con suerte, no aparecería por allí.- ¡Ya se donde podemos ir! Quedamos a las ocho en la puerta de la biblioteca. Después iremos a la sala de estudio de los Premios Anuales. Allí estaremos mucho mejor.-informó Hermione.

-Muy bien. Pues entones, hasta el miércoles.- dijo sonriente.- Y ahora, me voy a desayunar. Porr las mañanas tengo mucho apetito.- dijo riendo.- ¡Hasta luego, Hermione!-depositó un pequeño beso en la mejilla de la chica y se alejó.

-¡A…adiós!-se despidió sorprendida mientras Chris se perdía por el pasillo y ella continuaba su camino, con la mano sobre la mejilla.

Después de unos minutos, se encontró frente al cuadro que daba entrada a la sala de estudio. Pronunció la contraseña y el cuadro giró sobre sus bisagras, para dejarle pasar.

Hermione se quedó clavada en el suelo y abrió los ojos sorprendida.

-Vaya…-susurró impresionada.

La verdad es que no se esperaba una sala tan enorme. A decir verdad, se había imaginado algo bastante más pequeño, algo así como una pequeña sala con un par de mesas y unas sillas. Al fin y al cabo, anteriormente aquella sala estaba destinada para una sola persona.

Una vez superada la impresión inicial, observó cuidadosamente cada detalle de la sala. A su derecha, había una elegante y gran chimenea donde ya ardía un agradable fuego. Rodeándola, una gran sofá y una par de sillones de color beige, acompañados de una pequeña mesa de madera de pino.

A la izquierda, un par de mesas de estudio, con sus sillas correspondientes, todo hecho de madera de roble. Y al frente una escalera de mármol, la cual, tras memorizar todo lo que ya había visto, se dispuso a subir.

Al llegar arriba, se encontró en un pequeño rellano rectangular. Lo primero que vio fue su propio reflejo, ya que al término de las escaleras, justo colgado en la pared de enfrente, había un hermoso espejo. Hermione sonrió y desvió la vista hacia la derecha. Al final de un pequeño y estrecho pasillo, había una puerta.

Se acercó a ella, pero antes de intentar abrirla, observó que había un trozo de papel clavado en ella. Se aproximó un poco más para poder leerlo mejor.

Señorita Granger, Señor Malfoy:

Tras esta puerta se encuentra la habitación que el Premio Anual debería ocupar. Pero como ya saben, este año son dos, por lo que no será posible usarla como tal. Sin embargo, estoy trabajando para dotar a esta sala de características similares a la de la Sala de los Menesteres, ya que creo que podría serles de ayuda. No creo que sea necesario que les hable de las propiedades de dicha sala, ya que según tengo entendido, ustedes las conocen bien.

Por lo tanto, les comunico que esta sala permanecerá cerrada hasta que termine de arreglarlo todo. Les avisaré cuando este lista.

Atentamente:

Albus Dumbledore

-¡Genial!- exclamó la castaña emocionada. La verdad es que tener una mini Sala de los Menesteres para ella sola…bueno, técnicamente para Malfoy y para ella, era una idea genial.

Giró sobre sus talones y se dirigió hacia la otra puerta, la que quedaba a mano izquierda de las escaleras, al final de otro pequeño pasillo.

Con paso decidido se aproximó a ella y asegurándose de que no había otra nota, tomó el pomo de bronce y la abrió.

Si ya había quedado impresionada con la parte de abajo y con tener una sala de menesteres para ellos solos, lo que ahora tenía frente a sus ojos era…realmente indescriptible. No había palabras para describir la emoción que sentía Hermione. Ante ella, una impresionante biblioteca, por supuesto, bastante pequeña comparada con la de Hogwarts, pero con numerosos estantes con los suficientes libros como para leer durante media vida.

-¡Esto va a ser mejor de lo que yo creía!-dijo en voz baja mientras comenzaba a recorrer los estantes.

Y es que, aunque tuviera que compartir la sala con Malfoy, ésta era tan increíblemente grande, que si querían no tenían porque verse la cara. Hermione amplió la sonrisa ante ese pensamiento. Si se hartaba del Slytherin no tenía más que encerrarse en la biblioteca y esperar a que él se cansase de molestarla y se esfumase.

Lo que más le impresionó a la joven, es que allí no sólo había libros que les podían servir para sus estudios, sino que también había novelas, cuentos e incluso… ¡¡había novelas muggles!!

Tras recorrer alguno de los pasillos, decidió tomar un libro sobre Runas Antiguas Avanzadas que seguro le vendría bien para preparar los EXTASIS. Lo abrió y comenzó a ojearlo mientras salía de la biblioteca y bajando las escaleras, se dirigía hacia el mullido sofá frente a la chimenea.

Lentamente, se fue sentando, pero iba tan enfrascada en el libro, que no se percató de que aquel sofá ya estaba ocupado por otra persona.

-¡Qué coño haces! ¡Quítate de encima, Granger!- bramó Draco, que se había despertado al notar que algo, más bien alguien, se le sentaba encima.

-AAAAAAAAAAAAAAH!!-gritó Hermione que del susto había tirado el libro al suelo y se había puesto de pie de un brinco.- ¡¡Ma…Malfoy!!-añadió tras comprobar que efectivamente, el rubio se encontraba allí.

Draco había pasado una de las peores noches de su vida. Tras la reunión con su padre, no le apetecía nada ir a su sala común, donde esa noche habían organizado una fiesta. Precisamente, él no tenía el cuerpo, ni la cabeza para fiestas. No quería ver a nadie. Lo único que quería era estar solo un rato y olvidarse de su padre, de la maldita misión, y de Granger… sobretodo de Granger. Cuando salió del despacho de Snape, no sabía a donde dirigirse, cuando se acordó de la dichosa Sala de Estudio. A fin de cuentas, iba a resultarle útil.

Al llegar allí, al igual que había hecho Hermione horas después, se entretuvo investigando la sala. La verdad es que también le agradó bastante y le pareció una mierda tener que compartirla con la sabelotodo.

Cuando hubo recorrido todo el lugar, volvió al piso inferior, donde empezó a caminar de un lado a otro, dándole vueltas a la conversación que horas antes había tenido con su padre. Frustrado al verse incapaz de sacarse el tema de la cabeza, había invocado una botella de whisky de fuego que guardaba en su cuarto y se había puesto a beber.

-Sin no me puedo olvidar de la ratita de biblioteca y de mi padre por las buenas…lo haré por las malas.- había dicho Draco antes de empezar a inclinar el codo. Y así había seguido hasta que logró dormirse. Lo malo fue, que durante toda la noche tuvo inquietantes sueños… Bueno, más bien Draco los había calificado como pesadillas, ya que Granger era la protagonista de gran parte de ellos. Y para su fastidio, esa misma protagonista le había sacado de su por fin tranquilo sueño para encima ponerse a gritar como una posesa. Joder, como no se callase la cabeza le iba a estallar.

-¡Maldita sea, Granger! ¿Quieres dejar de gritar?-exigió Draco mientras se sentaba y se cubría la cara con las manos. - Ves, no era tan difícil.-añadió con voz grave una vez que Hermione había logrado recuperarse del susto.

Hermione no dijo nada, sino que se detuvo a observar el decadente estado en el que se encontraba el rubio. Tenía el pelo alborotado, la camisa a medio abrochar, los ojos rojos y unas casi invisibles ojeras.

-¿Qué pasa Malfoy? ¿Ya se han dado cuenta los de tu casa de lo cretino que eres y por fin te han echado?-preguntó con malicia la castaña. Lo cierto era que le intrigaba la razón por la que Malfoy había dormido allí. Pero sabía que preguntándoselo directamente, jamás se lo diría.

-Contrólate, Draco, contrólate. - Se dijo el chico mientras apretaba los puños.

Draco había estado a punto de lanzarle un hechizo por semejante comentario…pero, a parte de que no sabía donde narices tenía la varita, a su cabeza regresó la jodida misión. Tenía que tratar de llevarse bien con ella.

-No me provoques, rata.-dijo Draco con enfado mientras descubría su rostro y le lanzaba una mirada de odio a Hermione. Ella no la pudo soportar durante mucho tiempo y la desvió, sintiéndose incómoda. Sin embargo, cuando ya creía haber recuperado las fuerzas para enfrentarlo de nuevo, sus ojos se fijaron en la botella de alcohol que había en el suelo, al lado de la pata del sofá. Abrió los ojos sorprendida…¡Eso explicaba a la perfección el aspecto del rubio! Pero…¿de donde había sacado Malfoy esa botella? ¿Y por qué razón habría estado bebiendo toda la noche hasta caer dormido?

-¡¿Has estado bebiendo, Malfoy?!- preguntó ahora escandalizada. La botella estaba más o menos por la mitad. Draco alzó una ceja, incrédulo.

-¿Ahora eres mi madre?-dijo él con una sonrisa burlona mientras se levantaba y se detenía frente a la chimenea.

-¡Está prohibido, Malfoy! ¡No puedes beber en Hogwarts!-dijo de nuevo gritando la castaña.

-¿Acaso crees que me importa? Si quiero beber, bebo y punto.- dijo en un gruñido mientras se giraba hacia ella. -¡Y deja ya de gritar, joder! Me va a estallar la cabeza.-añadió mientras se pasaba ambas manos por su platinado pelo.

-Haberlo pensado antes de emborracharte.-replicó Hermione cruzándose de brazos.

No sabía porqué, pero estaba enfadada. No le había gustado nada encontrarse a Malfoy resacoso. Y que no le gustara era precisamente lo que más le preocupaba. ¿Por qué le tendría que importar a ella que Malfoy bebiera hasta que no distinguiese el color de su pelo? Pues si, resulta que ahora, le importaba. ¡Maldita sea!

-Guárdate los discursos moralistas para tus amigos, Granger.- dijo Draco acercándose a ella.- No van conmigo.

-Me importa muy poco lo que vaya o no contigo, hurón.-habló Hermione enfada mientras andaba hacia atrás alejándose del rubio. Tenerle cerca conseguía hacerla vulnerable. –Pero, ¡por Merlín!, eres Premio Anual y Prefecto. No puedes saltarte las normas cuando te de la gana. ¡Tienes que dar ejemplo!

Draco resopló, consiguiendo que su flequillo se moviese de una forma increíblemente sexy, lo que consiguió poner a Hermione mucho más nerviosa.

-¡Mira quién habla! –exclamó Draco burlón, sin frenar su avance. Sabía que tenía que "hacerse su amigo" pero…¡Dios! Aquella mujer era jodidamente insoportable, no sólo se ponía a darle clases de moral, sino que encima le decía lo que tenía que hacer. ¡Eso era el colmo! Ahora se iba a enterar.

-¿Quieres que hagamos memoria, Granger? ¿Quieres que te recuerde todas las veces que tú y tus amiguitos os habéis saltado las normas de este colegio?

Hermione abrió y cerró la boca varias veces, intentado contestarle. Al ver que no había replica posible, cerró la boca, indignada, mientras chocaba con uno de los sillones, impidiendo que se alejase más de Draco. El muy capullo había utilizado sus palabras en su contra, y lo más desesperante era que él tenía razón.

-¡Pero claro! Sois los amiguitos de Dumbledore.-continuó el rubio.- Podéis hacer lo que os de la gana que él siempre se encargará de limpiar el rastro.- añadió enfado mientras recortaba la escasa distancia que le separaba de Hermione.- Así que ahora no me vengas tú a reclamar nada, ratita. No tengo que rendir cuentas a nadie, y mucho menos a ti.- le susurró cerca de la cara.

Hermione se había quedado muda tras el discurso de Draco, principalmente porque no le podía replicar nada. Draco reprimió una sonrisa; por fin había dejado sin palabras a Granger.

Los segundos seguían pasando, pero ninguno hacía intención de moverse. La castaña estaba realmente nerviosa pues notaba el aliento de Draco sobre sus labios. No podía salir de allí, el muy asqueroso la tenía arrinconada entre su cuerpo y aquel maldito sillón.

Pero no era ella la única que estaba perdiendo la compostura. Draco notaba como el pequeño cuerpo de la chica estaba muy pegado al suyo y cómo su tentador olor a frutas se colaba por sus fosas nasales, logrando ponerle nervioso y llevándole a un extraño estado de semi-embriaguez.

Paseó sus grisáceos e intensos ojos sobre los brillantes ojos castaños de ella, esperando encontrar odio, nerviosismo, rechazo. Sin embargo, éstos le observaban curiosos, sin rastro de odio en ellos, lo que logró inquietar aún más al Slytherin. De repente, Draco dejó de pensar e inconscientemente, una de sus manos se elevó hasta el rostro de la chica. Deslizó el dorso de su mano sobre la increíblemente suave mejilla de Hermione, logrando que un estremecimiento recorriera a la chica cuando sus fríos dedos la tocaron. Sin embargo, no hizo nada por apartarle. La traviesa mano del chico siguió su recorrido hacia el mentón de la chica y de allí bajo al cuello, donde sus dedos enredaron uno de los perfectos rizos de la castaña.

Ambos se miraban fijamente, sin saber muy bien que era lo que estaba pasando, y sin poder salir de aquel agradable trance. Segundo a segundo, sus rostros se encontraban más cerca, sus labios casi se rozaban…

-Malfoy.- susurró la castaña saliendo del trance, mientras ponía sus manos en el pecho del chico y lo empujaba para alejarle de ella, a pesar de que su cuerpo le pedía lo contrario. Draco la miró confundido…¿le estaba rechazando? ¿A él? – ¿Qué crees que estás haciendo?-dijo asustada sin poder ocultar su nerviosismo. ¿Draco Malfoy había estado a punto de besarla?

-Nada.- dijo él secamente cuando se dio cuenta de lo que había estado a punto de suceder. Al instante, se separó bruscamente de ella y se apoyó en la repisa de la chimenea.

-¿Qué coño me ha pasado? ¡He estado a punto de besarla, joder!-pensó Draco enfadado consigo mismo por dejarse llevar.- Esto no forma parte de la misión…¡Maldita sea! ¡Sólo tengo que sacarle información, no ligármela!

-¡He estado a punto de besar a Malfoy!-pensó a su vez asustada Hermione.- ¡Por Merlín! ¿En que estaba pensando? ¡Menos mal que reaccioné a tiempo!

Tanto Draco como Hermione estaban francamente confundidos. Era cierto que llevaban un tiempo sintiendo cosas extrañas cuando estaban uno cerca del otro. Pero de ahí, a entrar en una especie de trance mientras se miraban y haber estado a punto de besarse, era diferente.

Un silencio incómodo se había formado en el lugar, pero ninguno se miraba. Draco observaba el fuego, tratando se buscar una explicación a lo que había pasado. Y Hermione, sintiéndose estúpida por la situación, recogió el libro que había caído al suelo antes, y lo guardó en la mochila que llevaba a la espalda. Cerró la cremallera, para después abrir un pequeño compartimento de dónde sacó un pequeño frasco con lo que parecía una poción de color violeta.

-Será mejor que me vaya.-anunció lo suficientemente alto como para que Malfoy la oyese.

-Vale.- dijo él secamente pero sin girarse.

-Malfoy…-llamó dubitativamente Herms acercándose un poco al chico. Ahora Draco si se giró para verla.- Toma.-alargó la mano ofreciéndole el frasquito. Draco alzó la ceja.

-¿Quieres envenenarme?-preguntó desconfiado.

-No es ningún veneno, idiota. - aclaró molesta al ver la cara del chico.- Te quitará el dolor de cabeza.- Draco alzó una ceja, sorprendido.

Hermione continuaba con la mano estirada y estaba comenzando a sentirse realmente estúpida por querer ayudar al rubio. Pero Draco parecía no tener intención alguna de aceptar nada que viniese de ella. Hermione rodó los ojos mientras soltaba un bufido y con un golpe seco dejó el franquito encima de la mesa.

-Tú mismo. Si quieres estar con ese dolor de cabeza todo el día es tu problema. -se encogió de hombros, giró sobre sus talones y se encaminó a la puerta.

Draco pasó la mirada del frasco a la espalda de la chica y después de nuevo al frasco. Al instante, reconoció la poción. Su padre la utilizaba en contables ocasiones cuando volvía de alguna misión peligrosa para aliviar todo tipo de dolores. Alzó la vista de nuevo y Granger ya estaba cerca de la puerta para salir de allí. Inconscientemente, recorrió toda la espalda de la chica hasta llegar a su trasero, deteniendo allí su avance. Se quedó embobado observando como se movía según la chica andaba. Aquellos vaqueros que llevaba le marcaban todas sus curvas a la perfección. -Creo que esos pantalones es lo único útil que han inventado los muggles. - pensó para sí mismo Draco mientras una traviesa sonrisa se dibujaba en su cara. Siguió entretenido mirando aquella zona y no salió de su ensimismamiento hasta que escuchó chirriar las bisagras del cuadro. Sacudió la cabeza y volvió a fijarse en Granger que ya tenía un pie fuera de la sala.

-¡Granger!- llamó con un tono brusco.

Ella dudó un momento, desconfiada, pero finalmente se giró dejando ver tan solo su perfil y miró de reojo al rubio. Draco sabía que se arrepentiría de lo que estaba a punto de decir, pero tenía una misión que cumplir, y si quería ganarse a la chica, tendría que empezar a ser amable con ella. Conocía a las mujeres…un poco de cariño, palabras bonitas, unos cuantos besos y en el bote. Pero claro Granger no era como las demás mujeres…se lo llevaba demostrando bastante tiempo y no estaba muy convencido de que esas artimañas funcionasen con ella. Pero por intentarlo, no perdía nada. Aunque el tema de los besos, no estaba dispuesto a usarlo con ella. A pesar de que apenas unos minutos antes hubiese estado a punto de hacerlo.

-Gracias.-susurró finalmente Draco, lo más bajo que pudo, deseando que aquel pequeño murmullo con el que salió camuflada de su boca la palabra, no hubiera llegado a oídos de la castaña.

Sin embargo, la palabra llegó sin problemas a Hermione, que no sabría decir si estaba más sorprendida o más complacida. No sabía porque le había dado la poción, fue como un impulso…pero jamás se habría imaginado que Malfoy se lo agradecería. Sorprendida, sintió como aquella palabra hacía que mil mariposas se pusieran a revolotear en su estómago. Estaba inexplicablemente contenta, así que sonrió de lado, como solía hacer él y le contestó.

-De nada, Malfoy.- dijo lo más indiferente que pudo pero sin poder borrar aquella sonrisa estúpida que, según abandonaba la sala, se hacía más pronunciada.

Draco no la perdió de vista hasta que el cuadro se cerró. Había sido la situación más extraña que había vivido nunca. En parte porque jamás se había sentido así al estar tan cerca de una chica. ¡Y eso que había estado mucho más pegado a una mujer de lo que lo había estado con Granger hace unos minutos!

Pero con ella había sido distinto. Era una sensación nueva y extraña, que le intrigaba y le daba miedo por partes iguales. Intriga por saber que era y miedo por lo que pudiese llegar a ser.

Aún confundido, se dejó caer en uno de los sillones y observó el frasquito. Alargó la mano y lo cogió. Quitó el tapón de corcho que lo sellaba y se bebió de un trago la poción. En cuestión de apenas un minuto, el dolor de cabeza y el de estómago se habían esfumado.

Y fue en ese mismo momento cuando cayó en la cuenta de otra cosa. Granger acababa de darle una poción para que se sintiese mejor. ¡A él! Era increíble, estaba seguro de que si hubiese sido al revés, él se hubiese puesto a chillar sólo para molestarla. Jamás le habría dado una poción para que el dolor se le pasase. Y en cambio ella lo había hecho. Había dejado de lado el odio mutuo que se supone que se tenían y le había dado el dichoso frasco.

Estaba claro que algo había cambiado de repente entre ellos. Pero también estaba claro, que ninguno de los dos estaba dispuesto a averiguarlo…pues podía llegar a ser peligroso, muy peligroso. Y Draco no estaba en posición de arriesgar nada…había mucho en juego.

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Draco y Hermione no volvieron a cruzar palabra en los siguientes días, ni tan siquiera para insultarse. Se limitaban a ignorarse mutuamente. ¿Y cómo no hacerlo después de lo que casi había pasado?

Hermione tenía un conflicto interno bastante serio. Se preguntaba que hubiese pasado si ella no hubiese parado al Slytherin. ¿Malfoy la hubiese besado? Parecía bastante improbable, pero la realidad era otra. La castaña no podía estar más confundida, ya que a ratos se sentía aliviada de haber parado al rubio, era su enemigo, no era posible que quisiera besarla. Se convencía a si misma que era otra de sus artimañas para humillarla. Pero otras veces, sentía algo parecido al arrepentimiento por haberlo alejado de ella. Se arrepentía de no haberle besado…y eso era lo que lograba enfurecerla aún más. Se suponía que ella tenía que repudiar al Slytherin. Llevaba toda su vida tratándola mal y enfrentándola, y sin embargo, solo pensaba en como sabrían sus labios.

Por su parte, Draco procuró borrar aquel momento de su mente, como si hubiese sido otra de esas pesadillas que tuvo antes de que la castaña apareciese. Sin embargo, en el fondo tenía el mismo conflicto que Hermione. ¿En serio la hubiese besado? ¡Claro que no! Tan solo la estaba probando…quería saber si realmente era inmune a sus encantos como se esforzaba en demostrar. Y al parecer, así era, aunque por unos segundos pareciese lo contrario. La chica le había apartado y le había mirado de una manera extraña. Como si estuviese loco. Y lo cierto es que Draco también pensó lo mismo de sí mismo. ¡Por Merlín, que era lo que le estaba pasando con Granger! Seguro que la culpa de todo la tenía la maldita misión. Si no fuera por eso, él no estaría las tres cuartas partes del día pensando en ella.

-Malfoy. -llamó Blaise.- ¡Malfoy!

Estaban en la última clase del miércoles, Transformaciones con Ravenclaw. Draco estaba sentado con Blaise y éste llevaba bastante rato tratando de llamarle la atención. Hacía dos minutos que el timbre había sonado y el rubio no se había movido de su asiento.

- ¡¡Draco!!-le gritó ya desesperado en el oído logrando que el chico diese un respingo.

-¿Se puede saber que coño haces, idiota?.-protestó Draco parpadeando varias veces para volver a la realidad.- No hace falta que me chilles, no estoy sordo.

-Permíteme que lo dude.-dijo el moreno burlón. Draco le miró sin comprender.- Hace cinco minutos que ha terminado la clase y no has movido tu elegante culo de la silla. ¿Se puede saber en que mundo estabas?

-No te interesa.- contestó malhumorado tras comprobar que los últimos alumnos, a excepción de ellos dos, abandonan el aula.

-En realidad, si me interesa. Últimamente estás muy raro. Más de lo normal.-dijo en tono serio. Al ver que Draco no decía nada, continuó hablando.- Se supone que somos amigos, ¿no? Lo que a ti te preocupe, también me preocupa a mí. Puedes contármelo-dijo Blaise con un tono de seguridad que Draco no recordaba haber escuchado nunca.

-¿Amigos?-preguntó incrédulo el rubio levantando una ceja.- Nosotros no somos amigos, Zabini.-afirmó, aunque en el fondo no lo pensaba. Blaise era el único, junto con Pansy, que a veces mostraba preocupación por él. Y lo cierto era que, o eran unos excelentes actores, o lo hacían realmente porque le sentían como un amigo.

-Lo somos…a nuestra manera, pero lo somos.- aclaró.- Somos Slytherins, al fin y al cabo. Nuestra relación no puede ser tan cordial como lo son las de los Gryffindors.

-De acuerdo, si te hace feliz, somos amigos.- dijo Draco con voz cansina.- Pero como bien has dicho, somos Slytherins, por lo tanto, te contaré lo que YO-recalcó.- quiera contarte. Y lo que me preocupa ahora, no es algo que me apetezca compartir.-sentenció recogiendo sus cosas y encaminándose a la salida.

-Te sentirías mejor si me lo contases.-insistió Blaise saliendo detrás de él.

-No lo creo.- dijo sinceramente.

-¿Tiene algo que ver con la visita de tu padre?-soltó de pronto el moreno. Draco se paró en seco y lo miró intensamente.

-¿Cómo sabes que mi padre estuvo aquí?- preguntó bruscamente afirmando indirectamente la sospecha de Blaise de que estaba así por culpa de aquella repentina e inesperada reunión.

-Iba de camino a la sala común cuando lo vi salir del despacho de Snape. Supuse que se había reunido contigo.-explicó encogiéndose de hombros. Draco soltó una especie de gruñido, desvió la mirada hacia la pared y resopló.- ¿Qué te dijo?-preguntó Blaise con cautela.

Lo cierto era que estaba preocupado. Ese curso, el rubio y él habían "estrechado" su relación, se podría decir que hasta le había cogido cariño, y Blaise sentía que tenía que hacer algo para ayudarle. Draco llevaba unos días más pálido de lo normal, apenas hablaba y comía y siempre estaba de mal humor. Y a diferencia del resto, también había notado que ya no se metía con los más pequeños y que sobretodo no practicaba su deporte favorito: insultar a Hermione Granger.

-Me encargó una misión.-dijo directo y conciso, sin dar rodeos. Quizás Blaise tenía razón y le venía bien compartir aquella carga. Incluso el moreno le podía ayudar a sacar esa información que tanto deseaba el Lord.- Mejor dicho, Él me la encargó.- corrigió enfadado en un murmullo.

-¿Qué misión?-prosiguió Blaise mirándole con nerviosismo. ¿Qué clase de tarea le había encomendado el Lord para que llevase varios días metido en su mundo, sin hablar con nadie? Sin duda debía de ser algo que no agradaba demasiado a su rubio amigo.

-Una misión que no tiene ni pies ni cabeza. ¡Es una completa gilipollez, joder!-Blaise lo seguía mirando, intrigado.-Tengo que…-pero se interrumpió de repente ya que un grupo de Gryffindors pasaba por allí.- Mejor te lo explico luego. En mi cuarto.-sentenció. Blaise asintió y juntos se dirigieron al Gran Comedor.

La mayor parte de los alumnos ya se encontraba allí, incluidos Harry, Ron y Hermione. Cuando la puerta se abrió dejando paso a los dos Slytherins, la castaña no pudo evitar dirigir la mirada hacia allí para ver quién entraba. Pero en cuanto sus ojos miel se encontraron con la acerada mirada del rubio, bajó la vista al plato inmediatamente, al tiempo que Draco, desviaba también su vista bruscamente. Blaise miró de reojo a Draco con asombro…era extraña aquella reacción en él. Pero también lo había sido la de la castaña. ¿Habría pasado algo entre ellos? El moreno sonrió ante esta idea, pero no dijo nada.

Dos bancos más allá de la mesa Slytherin, tres Gryffindors tenían las cabezas muy juntas y hablaban en susurros.

-Recordar que después tenemos que ir… donde ya sabéis.-les susurró Hermione a sus amigos. Hoy era el día de la reunión con Dumbledore y después, tendría que estudiar con Chris. Iba a ser una tarde muy larga.

-¿Dffe qoue hagflas Hegmione?-preguntó Ron mientras masticaba un trozo de tarta.

-Por favor, Ronald. No hables con la boca llena.- le reprochó la castaña.

-Perdón.- susurró poniéndose rojo después de haber tragado lo que tenía en la boca.- ¿A dónde se supone que tenemos que ir esta tarde?-volvió a preguntar esta vez mirando a Harry que se encogió de hombros. Al parecer, el pelirrojo no era el único que no entendía de lo que estaba hablando su amiga.

-¿Cómo podéis haberlo olvidado?-siguió susurrando la castaña, pero su tono de voz era más severo.- ¡La reunión con quién ya sabéis!

-Hermione… ¿te encuentras bien?-dijo preocupado Ron.- ¿Cómo vamos a tener una reunión con-quién-tú-sabes?

-¡Uf! ¡Por Merlín!-resopló la castaña.- ¡Con Dumbledore, Ronald, con Dumbledore!

-¡Es cierto!-exclamó de repente Harry.-Lo había olvidado por completo.

-Seguro que mi hermana tiene gran culpa de ello.- dijo divertido Ron consiguiendo que Harry enrojeciera y que Hermione esbozara una tímida sonrisa.

-La reunión es a las seis. –continuó Herms, cosa que Harry agradeció enormemente.- Así que aún tenemos tiempo para hacer los deberes que nos han mandado hoy.

-Podemos hacerlos después de la reunión.-replicó Ron.

-En realidad….yo no puedo hacerlos después.

-¿Por qué no?-preguntó Harry.

-Porque_he_quedado_con_Chris_para_estudiar...-soltó rápidamente.

-¿Qué?-preguntaron al unísono Harry y Ron pues no habían entendido una palabra. Hermione suspiró.

-Que después de la reunión he quedado con Chris para estudiar.-dijo vocalizando y sonrojándose ligeramente.

-Genial.-soltó con un bufido Ron.

-En ese caso…-habló Harry para romper la tensión.- Será mejor que vayamos a hacerlos ahora, ¿no Ron?

-Claro, por supuesto.-dijo con ironía el pelirrojo.

Los tres amigos se levantaron y salieron del Gran Comedor bajo la atenta mirada de unos ojos grises.

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-Espera, espera, espera… ¿Me estás diciendo que te tienes que ligar a Granger?

-Claro que no, no seas estúpido. Solo tengo que sacarle información.

-Ya veo… ¿Y cómo pretendes hacerlo sin que te mande al cuerno?

Los dos Slytherins se encontraban en el cuarto del rubio y Draco acababa de contar a Blaise la dichosa misión que el Lord le había encomendado. El moreno se había quedado con los ojos abiertos y la boca desencajada. Al igual que Draco, se habría esperado cualquier cosa menos eso. ¿Encomendar una misión así a un Malfoy, que durante su larga dinastía tanto habían defendido la pureza de la sangre y el odio hacia los mestizos o hijos de muggles? Realmente era una estupidez…pero si algo había aprendido de su padre es que el Lord siempre sabe lo que hace.

Pero por otro lado…él seguía con su plan de hacer reconocer al rubio que la castaña se había vuelto atractiva. Con la misión, Draco tendría que pasar mucho tiempo con ella…y quizás…No, eso no cambiaría nada. Lo único que sucedería es que el rubio la odiase más. De pronto, cruzó por su cabeza una brillante idea.

-No tengo ni puta idea.- contestó malhumorado Draco mientras daba una calada al cigarro que tenía en la mano.

-Creo que tu padre tiene razón.- el rubio le miró con el ceño arrugado.- La mejor forma de hacer que hable es conquistándola. Enamórala y te dirá todo lo que quieres saber.

-¿Quieres dejar de decir gilipolleces? Yo no voy a… "enamorar" a Granger. Antes me haría amigo de Potter.-añadió sarcástico.

-Jajaja. ¡Eso me gustaría verlo!-rió Blaise.- Pero Draco, reconoce que te resultaría sencillo hacerlo.- añadió Blaise encogiéndose de hombros.

-¡¿Sencillo?!-exclamó indignado.- ¿Acaso se te olvida de quién estamos hablando? ¡Es Granger! Es, es… -otra vez se le atragantaba el maldito insulto en la garganta.- Joder, ¡es una maldita hija de muggles!

-¿Hija de muggles?-Blaise le miró extrañado. Le resultaba extraño que Draco utilizase aquel calificativo. A fin de cuentas, sangre sucia era la palabra más utilizada de su vocabulario.- Pensé que era una sangre sucia.-añadió con malicia.

-No me jodas, Blaise.-le contestó enfadado Draco.- Hija de muggles, impura…llámalo como quieras, es lo mismo.-atajó el rubio con maestría. En el futuro, tendría que cuidarse de no volver a cometer tal error delante de Blaise, más bien, delante de nadie. O podría lamentarlo.

-De acuerdo, de acuerdo.- dijo Blaise con una sonrisa pícara.- Pero piénsalo…desde que entraste en este colegio has conquistado a cuanta chica has querido sin esforzarte demasiado. Y aunque a veces cueste creerlo, Granger también es una chica…quizás más difícil que las demás. Pero chica al fin y al cabo. Acabará cediendo a tus encantos como todas las demás. Además… ya no es tan fea y poco atractiva como solía ser.

-Primero: - el rubio levantó un dedo.- ella se daría cuenta de que tramo algo. ¿Quién se tragaría que después de años de insultos y humillaciones la quisiera conquistar? Segundo: -levantó otro dedo.- Granger no ha sido ni será nunca atractiva, así que deja ya el tema. Y tercero: -levantó un último dedo.- aunque tratase de enamorarla, cosa que no pienso hacer, y lo consiguiese, seguiría sin decirme nada.-cerró la mano en un puño y dio otra calada.- Esa mujer es más terca que una mula…ni aunque estuviese loquita por mis huesos y muerta de amor por mí, me diría que están tramando con Dumbledore. Si yo fuera ella…tampoco lo haría.-concluyó sinceramente.

-Para empezar…discrepo totalmente con tu segundo punto.- dijo con una sonrisita que puso de los nervios al rubio.- Y en cuanto al primero, estoy de acuerdo contigo. Granger no es tonta, no se tragaría que de la noche a la mañana le interesases. –admitió el moreno.- Pero bien dicen que del odio al amor hay solo un paso y a lo mejor resulta que Granger si se cree que tú…

-Basta, no insistas. Pensaré en otra cosa. Como por ejemplo…darle veritaserum.-dijo más para si mismo que para que Blaise le escuchase.

¿Cómo no se le habría ocurrido antes? Era brillante…le daría la poción y la ratita de biblioteca soltaría todo lo que el quería oír. Después, le haría un hechizo desmemorizante y asunto zanjado. Todo sonaba muy sencillo…pero tenía que planear cada detalle para que nada fallase.

-Está bien, como quieras. –Se rindió el moreno.- Pero no deberías descartarlo. Podrías utilizarlo como último recurso si todo lo que pruebes antes fracasase.-aconsejó el moreno.

Draco permaneció pensativo unos instantes y luego Blaise pudo apreciar como hacía un leve asentimiento con la cabeza. Por mucho que le fastidiase su amigo tenía razón. Era una baza que no podía descartar. Pero tenía claro, que para usarla, antes tendría que fracasar su plan del veritaserum...

-Bien… Supongo que tendrás que empezar a elaborar el plan. Lo primero… ¿se puede saber de donde piensas sacar el veritaserum?

-Snape.-dijo sencillamente.- Es mi padrino…no me lo negará si le doy un buen motivo.

-¿Y ese motivo es…?

-Ya se me ocurrirá algo. –lo cierto era que Blaise ya estaba demasiado implicado, no quería que supiese más de la cuenta.

-Está bien… Y una vez que lo tengas… ¿cómo conseguirás que nuestra leoncita se lo beba?

-No lo se…-admitió tranquilamente.- Pero sé que ella no se beberá nada que yo le ofrezca. No confía en mí.

-Y con razón.-pensaron a la vez ambos Slytherins.

-Pero se me ocurrirá la manera de hacer que se lo tome. Estoy seguro.

El moreno sonrió. Era hora de poner en marcha su brillante idea. Por un lado, podría ayudar a Malfoy con la misión; y por otro, él mismo saldría beneficiado. Era rastrero aprovechar aquella situación para sus propios intereses, pero era un Slytherin. Draco era su amigo, es cierto, pero a él no le interesaba lo más mínimo la castaña. En el fondo, no estaba haciendo nada malo. Además, sería sincero, le contaría a Draco lo que pretendía hacer. Con suerte, el rubio aceptaría.

-Creo que en eso yo podría ayudarte- Draco miró fijamente a Blaise y no le gustó nada la mirada que en esos momentos tenía su amigo. El rubio alzó la ceja.- No me mires así. Es un plan perfecto.

-No me digas…-ironizó mientras daba de nuevo una calada.- A ver… ilumíname.

-Yo seré el que conquiste a la castaña.-lo mejor era ir directo al grano, sin rodeos.

-¡¿Cómo?!-exclamó Draco apagando el cigarro en la repisa de la ventana con furia. De repente, una sensación extraña le recorrió.

-Eso, que yo me acercaré a ella. Ya sabes que a mi me encanta esa leona. No tengo ningún problema en intentar ganármela. De hecho, ya he empezado a hacerlo, como supongo que comprobarías en la clase práctica de defensa.-dijo con suficiencia Blaise. Draco le fulminó con la mirada, pero Blaise siguió con su discurso, ignorándolo.

-Primero me haré su amigo, y cuando consiga que confíe en mi, entonces le hablaré bien de ti. Te allanaré un poco el camino para que confíe en ti también. Todos salimos beneficiados. Tú no te acercas a ella lo más mínimo, es más, ni siquiera tendrás que hablarle hasta que sea el momento de darle el veritaserum y sacarle la información. Y yo…bueno… yo me quedo con ella. Es un plan perfecto, ambos sacamos algo positivo.

-¿Y qué te hace pensar que a ti si te creerá?- la sola idea de que la castaña confiaría antes en Blaise que en él, le enfurecía extrañamente.

-Tengo mis métodos, Draco.- dijo arrogante.- Además, yo nunca la he tratado demasiado mal. Es más, diría que soy el único Slytherin al que tolera un poco. Créeme, lograré que esa gatita confíe en mi.

Draco volvió a guardar silencio. La idea de que Blaise estuviese revoloteando sobre Hermione en los próximos días, no le agradaba para nada y no sabría decir por qué. Aunque pronto acudió a él una solución a su conflicto: Blaise era un Slytherin, no podía hacerse "amigo" de una impura. Pero por mucho que le pesase, tenía que admitir que el plan no era del todo descabellado. Además, no tenía ningún Plan "B".

-Está bien. Es lo único que tenemos.- aceptó el rubio con muy poco entusiasmo.

-Genial.- exclamó Blaise con una amplia sonrisa. Esto iba a ser mucho más divertido de lo que él había esperado.

A partir de ese momento…comenzaba de verdad la misión.

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Mientras tanto, en el despacho del director, Ron, Harry y Hermione recibían más información acerca de aquel extraño colgante.

-No tengo demasiado tiempo.- habló el profesor Dumbledore.- Así que trataré de contarles lo esencial.- los tres chicos asintieron. Estaban ansiosos por saber que tenía que ver ellos con el dichoso colgante.

-Verán…desde que acabó el curso pasado, el Ministro y yo hemos estado intentando localizar las partes que conforman el Colgante de los Elementos, del que les hablé en la reunión pasada y que espero recuerden.- nuevo asentimiento por parte de los Gryffindors.- Bien…nuestra búsqueda dio sus resultados y conseguimos encontrar la parte central y dos de las piezas anexas. Para ser exactos, las piezas que corresponden al fuego y al aire.

El profesor Dumbledore hizo una pausa en su relato. Se veía cansado y más viejo que de costumbre. Pero no por ello dejaba de imponer respeto. Los tres amigos esperaron en silencio, pacientes, a pesar de que muchas preguntas se estaban formando en sus cabezas.

-Como ya habréis supuesto…seguimos buscando las dos piezas restantes.-continuó el anciano director.- Por desgracia, llevamos un mes sin obtener ninguna pista al respecto.

-¿Por eso estamos aquí, profesor?- preguntó Hermione ya sin poder contenerse.- ¿Por qué podríamos servir de ayuda para encontrarlas?

Tanto a Harry como a Ron se les iluminó la cara ante la idea de tener que comenzar una nueva aventura…sin embargo, tenía que ser prudentes y esperar a que Dumbledore contestara antes de hacerse ilusiones.

-Entrometer a los alumnos en asuntos que atañan al Ministerio de Magia es algo que nunca me ha gustado, señorita Granger.- reconoció. Los tres Gryffindors se hundieron en sus sillas, decepcionados.

El profesor Dumbledore sonrió levemente. Le sorprendía sobremanera la entrega y valentía de los tres jóvenes que tenía delante de él. Sabía que ellos harían lo que él les pidiese, sobretodo Harry. Y si Harry lo hacía, Hermione y Ron irían con él sin pensárselo. Se irguió elegantemente y juntó las manos sobre su regazo, mientras les enviaba una tierna mirada a sus alumnos. Cogió aire y continuó hablando.

-Sin embargo… -Harry, Ron y Hermione fijaron de nuevo su vista en él.- En esta ocasión no tengo otro remedio que hacerlo.-una mezcla de sorpresa y emoción se dibujo en la cara de los tres amigos.- Buscamos otras salidas para evitar meteros en esto, pero no las encontramos. Así que, aunque no nos guste… tenemos que pediros vuestra ayuda.

-Cuente con ella, profesor.- dijo enseguida Harry.

-Por supuesto.- dijeron al unísono Hermione y Ron.

-¿No deberíais preguntar primero que es lo que os voy a pedir que hagáis?- los tres se miraron temerosos. No había pensado en lo peligroso que podría resultar aquello en lo que se estaban metiendo sin pensar.

-Puede que sí, profesor.- habló Harry.- Pero nosotros lo que queremos es que la guerra termine lo antes posible y si para eso tenemos que correr peligros y riesgos, pues que así sea.

Dumbledore sonrió de nuevo, sabía que Harry diría eso.

-¿Ustedes piensan lo mismo?- sabía que si lo hacían, pero era su deber preguntarlo y asegurarse de que no se sentían obligados a hacerlo.

-Claro que si, profesor Dumbledore.- dijo Hermione mientras Ron asentía seguro.

-Bien, me alegro entonces. Aún así, si queréis dejarlo en algún momento, podéis hacerlo, ¿De acuerdo?- un nuevo asentimiento de los Gryffindors hizo que el profesor suspirara de nuevo.

-De acuerdo, lo primero que tenéis que saber es que no será necesario que abandonéis el colegio para servirnos de ayuda.- Hermione suspiró aliviada.- Precisamente porque estáis aquí, podéis sernos de utilidad.

-¿Y eso por qué, señor?- preguntó el pelirrojo, que al contrario de Hermione, no le había hecho ninguna gracia tener que seguir asistiendo a las clases.

-Porque ciertas pistas nos han llevado a pensar que una de las piezas del Colgante de los Elementos esta escondida aquí, en Hogwarts. Y puesto que yo tengo que seguir trabajando con el Ministro para tratar de averiguar donde está la pieza restante, no puedo buscarla.

-Pero profesor…Hogwarts es enorme…-replicó Harry.- No sabríamos por donde empezar.

-En eso yo puedo ayudaros.- dijo sonriente el profesor.- El bosque prohibido, las torres y los exteriores del castillo en general, están descartados.

-Aún eliminando esas zonas quedan millones de lugares donde podría estar…-intervino ahora Hermione.- Y eso sin contar con los pasadizos y lugares secretos del castillo que ni si quiera sabemos que existen.

-¡Bingo, señorita Granger!-exclamó Dumbledore mientras se ponía de pie. Los tres chicos le miraron sin comprender.- Verán…tenemos la sospecha de que esa pieza fue entregada a los fundadores del colegio para que la escondieran en un lugar donde nadie pudieses encontrarla. Y que mejor lugar que alguna sala secreta del castillo que solo ellos supieran donde está y donde pudiesen vigilarla de cerca.

-Puede ser…-caviló Hermione.- O quizás en un lugar transitado y a la vista, donde nadie prestase atención a algo tan pequeño y a primera vista, insignificante.

-Si…-habló Harry.- Si escondes algo, lo más seguro es que el que vaya a buscarlo piense que lo has escondido en un lugar muy oculto y difícil de encontrar. Jamás se le pasaría por la cabeza buscar en un lugar público.

-Exacto.- dijo Dumbledore.- Ambas posibilidades son posibles…tenéis que pensar como lo haría Godric Gryffindor. Además…sé que tenéis en vuestro poder el mapa del merodeador, podría serviros de mucha ayuda.

-De acuerdo…¿Alguna sugerencia de por donde empezar, profesor?-preguntó Harry esperanzado. No sabía porque, pero tenía la ligera impresión de que Dumbledore sabía más de lo que decía. Y por alguna extraña razón, no quería revelárselo.

-Yo mejor preguntaría cómo es lo que estamos buscando.-intervino Ron.- ¿Dice que ya han encontrado dos piezas de esas no? Podría enseñárnoslas para saber qué es lo que estamos buscando.

-Esas piezas, señor Weasley, están guardadas bajo rigurosas medidas de seguridad en varias cámaras de Gringgots.-explicó.- Sin embargo…-hizo una complicada floritura con la varita y ante ellos apareció el colgante. Era como una ilusión, parecía humo.- Puedo mostrarles esto. Lo que tienen que buscar exactamente es esto.- señaló una de las cuatro piezas idénticas que estaban unidas a la zona central. Tenía la forma de una media luna y en el centro de cada pieza, también con esa forma, un zafiro, cada uno de un color, representando el elemento de cada una: Tierra, verde; agua, azul; Fuego, rojo y Aire, amarillo.

-Vaya…es precioso.- opinó Hermione maravillada ante la belleza del colgante.

-Si lo es… pero tendremos que destruirlo Hermione.- le dijo Harry, ante lo que ella se limitó a asentir.

-Bien, se me hace tarde. Ya saben lo que tienen que hacer.

-Pero… ¿Y la pieza que falta? ¿Saben también donde está?- preguntó la castaña.

-No, aún no. Pero estamos tratando de averiguarlo lo antes posible.- los tres asintieron.- Estupendo, es todo por hoy. Me volveré a comunicar con ustedes más adelante. Tengan cuidado y procuren no levantar sospechas. Siempre que salgáis a investigar, procurar llevar la capa invisible, ¿de acuerdo, Harry?

-Por supuesto, profesor.- los tres chicos se levantaron y se dirigieron a la puerta, seguidos del director. Ya cuando estaban a punto de perderse por la escalera escucharon la voz de Dumbledore.

-Por cierto…yo empezaría a buscar por las primeras plantas del castillo, antes que por las últimas.

-¡Pues vaya una pista!- susurró Ron cuando escuchó la puesta cerrarse. La verdad es que había esperado algo más concreto.

-Algo es algo…-le dijo Hermione encogiéndose de hombros.

Segundos después la gárgola que daba entrada al despacho se abría para dejarlos salir. No habían dado ni siquiera tres pasos cuando una voz a sus espaldas les sobresaltó, sobretodo a Hermione.

-¡Por fin te encuentro preciosa!

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Bueno...hasta aki el capitulo 12...Esto se va poniendo mas interesante x momentos!! q emocion!! jajajaja Perdon...esq me vengo arriba en seguida! jaja

En fin...espero q os haya gustado...espero vuestras opiniones, sugerencias y criticas con gustooo!!

Dar al go! y hacerme feliz si¿?

Un besazo y hasta la proxima!!

.¨·AllegraPM·¨.