Disclaimers en el capítulo 2
Debido a que el capítulo anterior fue enteramente de sólo porno, este viene para enfriarlas un poquito, con una pisca de humor cruel y enfermo XD. Pero junten ganas que aún me queda!
Capítulo 12
Después de marcar varias veces el teléfono de Ruby sin respuesta a Regina se le estaba acabando la paciencia, la loba no contestaba y le estaba preocupando la integridad de su mercedes, había planeado acompañar a Emma en la ducha pero estaba demasiado furiosa como para tener ánimos de eso. Se dio por vencida y tomó una ducha en el baño de invitados rápidamente, hizo la cama y preparó el café a la velocidad de la luz. Para cuando volvió a la habitación Emma se encontraba recolectando su ropa con cara de preocupada.
—¿No has visto mi ropa interior Regina? –le dijo encontrándose medio desnuda.
—Yo qué sé dónde la dejaste, si quieres puedes sacar una de mis tangas o unas pantaletas de mi cajón.
—¿En serio? Regina te ves molesta ¿Todo bien? Si quieres me voy de inmediato – le dijo con un rastro de tristeza.
Regina se encogió de hombros sin darle importancia al comentario.
—No pasa nada, es sólo que Ruby no contesta su teléfono, y no sé nada de mi automóvil. Mejor apresúrate y baja a tomarte un café –le dijo cruzándose de brazos.
—Ah… ya, tranquila, seguro está pasando la resaca, ya llegará.
—Y si llega quiero que nos vayamos rápido, así que vístete.
Mientras hablaban algo nuevo a la vista había en Regina que a Emma no le calzaba, al verla cruzarse de brazos notó que en su pecho había algo que era de ella.
—Regina espera, ¿Por qué tienes puesto mi colgante? –le dijo bastante preocupada por su preciada pertenencia.
—¿Qué? ¡Ah! el colgante ¿No recuerdas? Anoche me lo diste antes de dormirte, y yo a cambio te di el mío.
Emma trataba de recordar pero en ningún momento estaba ese recuerdo, se tocó el pecho y notó que llevaba una pluma. Ella sabía que ese amuleto le estaba permitiendo dormir en las noches, sin embargo encontraba muy tierno el hecho de intercambiar un objeto con Regina, aun así con la ilusión que le hacía este acto le miró con cara de súplica, necesitaba ese colgante sino sus noches volverían a ser una tortura.
—No me mires con esa cara, no pienso devolvértelo. Ya te dije ayer lo mucho que me gustaba, y me lo quedo –le dijo sonriendo- Ahora vamos que el café se va a enfriar.
Mientras tomaban su revitalizante en la cocina Emma notó lo ansiosa que Regina estaba, realmente le estaba cabreando que Ruby no se pronunciara, se levantaba de la mesa con su tasa de café, se paseaba y volvía a sentarse, la loba estaba en grandes problemas.
De pronto el teléfono de Regina sonó, e impulsivamente la morena lo recogió contestando no con muy buena cara ni voz. Emma estaba asustada, no sabía lo mucho que le importaba un simple automóvil.
—¡Ruby Lucas! ¿Dónde estás y dónde está mi mercedes? –le dijo gritándole.
—Estoy… estoy aquí afuera… con el automóvil.. o lo que queda de él –le dijo Ruby con su voz totalmente entrecortada y asustada.
—¡Mal nacida! –Regina emprendió paso firme con furia hacia el porche y cortó la llamada.
Emma la seguía caminando detrás de ella, cuando Regina abrió la puerta Ruby aún seguía con su teléfono en el oído y con cara de muerte.
La morena la hizo a un lado para ver el estado de su automóvil, se tapó la boca con ambas manos sin poder creerlo, parachoques caído, el foco izquierdo totalmente destruido y unas largas rayas y abolladuras por el costado.
—Todavía funciona Regina –Le dijo Ruby patéticamente esperando a que la entendiera.
—Mi bebé… ¿Qué te han hecho? –le dijo de una forma infantil a su propio mercedes mientras lo abrazaba y acariciaba.
—Ok puedo explicarlo… lo que pasó es que…
—Yo que tú corría en forma de lobo ahora mismo Ruby –le interrumpía Emma mientras veía como Regina se le levantaba dirigiéndose a Ruby de forma asesina.
—Me prometiste que Graham era buen conductor, ¡lo prometiste! –le dijo agresivamente mientras la tomaba de la solapa de la chaqueta.
—Es que, no era Graham el que iba conduciendo –le dijo apartando la cara de Regina y cerrando los ojos.
—¿Quién? –le dijo roncamente en el oído, alargando la pregunta.
—Belle –le dijo Ruby tímidamente.
—Súbanse, nos vamos donde Gold ¡Ahora mismo!
—Regina cálmate se puede arreglar –le dijo Emma.
—No me pidas que me calme, no sabes cuánto dinero me costará esto ¿Sabes cómo cuesta lograr conseguir un repuesto de este tipo en Storybrooke? ¡Quizás nunca lo logre! –le dijo mientras luchaba con la puerta para que se abriera.
Emma y Ruby se subieron al automóvil, Regina aceleró bruscamente y partieron con un horrendo sonido que hacía el parachoques caído, lo cual hacía que Regina se enojara aún más por lo ocurrido. De pronto el teléfono de Emma comenzó a sonar, nuevamente era Mary Margaret, luego de un rato de cortante y monosilábica conversación para no ofuscar más a Regina, Emma cortó la llamada.
—Cambio de planes Regina, debemos ir a recoger a Henry a casa de August, y llevarlo a almorzar.
Regina miró a Emma frustrada, no podía decirle que no a eso, era una oportunidad de estar con su hijo, estaba claro que últimamente su cabeza estaba sólo centrada en Emma, en su plan, pero lo extrañaba, y el hecho de que Emma le permitiera estar con él ahora le calmo al instante.
—Está bien, iremos ahora, luego solucionaré el tema del choque con Gold.
Luego de un rato de conducir, recogieron a Henry y lo subieron al maltrecho mercedes. Henry no pasó por alto este hecho, y como cualquier niño de su edad, las llenó de preguntas.
—Ok, esto es extraño ¿Qué pasó aquí? Y ¿desde cuándo salen ustedes tres juntas un día domingo? –preguntó Henry confundido.
—Desde que tu madre y Emma están…
—¡Ruby! –dijeron Regina y Emma al mismo tiempo callando a la loba.
—Desde que tu madre y Emma están tratando de llevarse bien por ti Henry –dijo Ruby lentamente mientras asentía con los ojos bien abiertos con una sonrisa pícara en su rostro.
—¿En serio? ¡Genial! –dijo animado- ahhhhmm ese olor… aquí hay olores extraños.
—¡Pongo! Lo llevamos a correr al bosque y luego, bueno tu sabes, el animal tiene sus necesidades y... eso –decía Ruby tratando de esconder el evidente olor a fiesta que había adentro con lo primero que se le vino a la mente.
Henry miraba desconfiado con el ceño un poco fruncido.
—Tengo hambre, ¿Comemos en Granny's? Ruby yo quiero comer hamburguesas y papas fritas, dime que todavía quedan a esta hora –dijo Henry suplicando.
—Para ti lo que quieras muchacho – le dijo desordenándole el pelo.
—Está bien Henry pero no comas mucho, ya sabes que puedes enfermar –le dijo Regina cariñosamente.
Emma los miraba con ternura, Henry estaba olvidando todo eso del resentimiento con su madre, disfrutaba con las sonrisas de cada uno mientras se hablaban.
—Gracias mamá –le dijo Henry, mientras se levantaba y abrazaba por detrás a Regina mientras esta conducía.
Luego de un rato así en silencio Henry volvió a hablar, como si algo hubiese estado en su cabeza hace rato pero no se atrevía a decirlo.
—¿Mamá?
—Dime cariño –le dijo Regina mientras le acariciaba una mano que la abrazaba sin sacar la vista del camino.
—Hueles a Emma –le dijo mientras miraba a Emma exigiendo una explicación
Las tres se quedaron mudas con los ojos abiertos, Regina miraba de reojo a Emma pidiendo que salvara la situación.
—Pues claro Henry, estábamos en casa de Regina, intercambiamos perfumes, ropa, accesorios, esas cosas muchacho, cosas de chicas –dijo Emma poniendo a todas relajadas por su creatividad.
—Me gusta cómo hueles, es como tenerla a las dos juntas –dijo sonriente, robándole una sonrisa cómplice a las dos.
Llegaron a una cuadra de Granny´s en no muy buenas condiciones, a duras penas el automóvil pudo estacionarse porque del capó salía humo, mucho humo. Todos se bajaron alarmados ante la situación, alejándose del lugar, menos Regina que abría el capó para tratar de arreglar por su cuenta el asunto, medio ahogándose, alejando el humo con sus manos.
—Llamaré al remolcador –gritó Ruby desde lejos escapando de un nuevo ataque de ira de Regina, caminando hacia el bar.
—Espérenme allá, por mientras hagan el pedido, yo ya voy –dijo Regina esperando a que el humo se fuera para poder ver bien y revisar.
Emma y Henry entraron a Granny's e hicieron el pedido, por mientras pidieron un jugo de manzana para llevarle a Regina mientras esperaba el remolque.
Regina ya se encontraba con la cabeza metida en el motor, tratando de entender qué había pasado, estaba todo recalentado, casi se quema al escuchar una voz desconocida al lado de ella, dando un salto del susto.
—Creo que tienes problemas con el sistema de refrigeración –dijo el hombre totalmente desconocido para Regina.
El hombre en una sudadera muy sexy que dejaba ver sus grandes brazos se puso al lado de Regina a revisar la situación. La morena no dejó pasar por alto tal hermosura de hombre que le estaba ayudando sin habérselo pedido. Era alto, rubio y de ojos claros, con unos brazos perfectamente esculpidos, y con una voz enigmática que le hacía quedarse muda y mirarlo de pies a cabeza sin vergüenza alguna. El hombre era consciente de ello, por lo cual no le tomó mucho tiempo coquetear con ella.
—Bien, son las mangueras del líquido refrigerante, seguramente se soltaron por el choque que estoy viendo en tu automóvil, necesitarás que te lo remolquen –hizo una mueca de dolor- te va a salir caro arreglar eso –le decía mientras apuntaba el destrozo.
—Muchas gracias, caballero –le dijo sonriendo- y usted es…
—Soy Robin, mucho gusto –le dijo mientras le extendía la mano para estrecharlas.
Regina seguía mirándolo con cara de embobada
—Y ¿está de paso por acá? –le dijo Regina mientras hacía ese gesto con el pelo cuando qoqueteaba
—Eso depende, si hay mujeres tan bellas como usted podría quedarme mucho más tiempo – le sonrió.
—Que galante, y qué osado, mucho gusto, Regina, soy la alcaldesa del pueblo, ¿Qué le trae por acá?
—Me dedico a la caza, estoy por mientras acampando en el bosque, acabo de llegar hoy.
A Regina se le borró por completo la sonrisa.
—Y ¿Qué es lo que caza Sr. Robin? –le dijo preocupándose, al notar que en su muñeca tenía tatuado unos lobos, ya sabía de qué se trataba.
—Lobos, cazo lobos, digamos que sólo por deporte. Anoche vi una manada de ellos, los perseguí, habría jurado que perseguían a una chica.
—¿Anoche? –le dijo asustada porque sabía a qué manada se refería.
A Regina inmediatamente se le pasó por la mente la idea de una Ruby cazada en el bosque por este tipo, era casi como una visión del futuro, y sin habérselo imaginado se encontraba angustiada ante tal sensación visionaria, su poder le estaba diciendo algo y no le iba a ignorar. La belleza del hombre se fue con el viento después de saber esto, lo quería fuera del pueblo como diera lugar.
Emma y Henry salieron a la puerta pero no alcanzaron a dar un par de pasos cuando la rubia se dio cuenta de que Regina se encontraba hablando animadamente con un hombre desconocido para ellos dos. Emma le pidió a Henry que esperara, quería observar desde lejos.
—¿Quién es él? –preguntó Henry.
—Ni idea –dijo Emma con el ceño fruncido.
Ambos eran una imagen calcada, los genes hacían su aparición, los dos con ceño fruncido medio ladeando la cabeza tratando de entender qué hacía Regina hablando tan coquetamente con este desconocido. Emma le hizo un gesto a Henry para que atravesaran la calle y ver desde más cerca pero desde la acera de enfrente, se sentaron en un escalón de un local que se encontraba cerrado, casi sin darse cuenta, estaban husmeando descaradamente, como si se tratara de una película, en esa posición podían verlos a los dos, incluso podían hasta escuchar la conversación.
—Creo que están coqueteando –dijo Henry- y no me gusta.
—A mí tampoco me gusta –le dijo a Henry levantando los hombros sin estar dispuesta a dar una explicación por su comentario.
Vieron que el remolque ya llegaba y comenzaba a hacer su trabajo en el mercedes de Regina para llevárselo, Robin ni siquiera se había dado cuenta debido a que estaba totalmente concentrado en galantear a la morena, tampoco notó que desde el frente los estaban observando, al contrario de Regina que ya estaba al tanto de que tenía audiencia, le había echado un par de miradas a Emma pidiendo ayuda para que la salvaran de la conversación, de la cual ya estaba bastante hastiada.
—Creo que mamá no está a gusto –le dijo Henry a Emma medio entrecerrando los ojos- me ocuparé de él.
—¡Henry no! –le dijo con prudencia- ¿Qué puedes hacer tú? Eres sólo un niño –le dijo mientras no alcanzaba a levantarse para retenerlo.
Henry no le contestó nada, simplemente sonrió traviesamente para luego atravesar sin ser visto por Robin. Emma se tapó la cara y en cierto modo sabía que se metería en problemas por dejar que Henry hiciera quizás qué cosas. Se resignó y simplemente se cruzó de brazos atenta a Henry por si necesitaba ayuda.
Regina hacía como que escuchaba las palabras y la animada conversación que estaba teniendo en solitario Robin, cuando de pronto notó que Henry estaba en algo en el remolque que aún no partía, sacando unas cuerdas, yendo de aquí para acá, en total silencio, agazapado. Cuando Regina entendió lo que Henry estaba haciendo no pudo evitar sacar una sonrisa, la cual Robin tomó como parte de su coqueteo con él, sin percatarse de nada de lo que ocurría tras su espalda. Regina trataba de llamar la atención de Emma moviendo sus ojos, tratando de mostrarle lo que Henry hacía, como pidiendo explicación pero sin dejar de sentirse entretenida por su hijo en esta situación.
Henry sacaba cuerdas del remolque y las ataba a este, muy firme con los nudos que August le había enseñado para poder levantar su carro de carreras que habían estado terminando esa mañana, desenrolló la cuerda y se dirigió sigilosamente hacia la mochila que estaba en el suelo al lado de Robin, que suponía debía ser de él, y ató el otro extremo a la mochila con otro nudo casi tan bien hecho como el anterior. Contento con su tarea, y satisfecho de haber sido muy calculador, se apartó a un lado esperando a que el remolque emprendiera su partida, riéndose ante su gran creatividad. Lo que no esperó Henry es que su travesura iba ir más allá de lo que había imaginado.
—Sr. Robin, si me disculpa, debo retirarme, me están esperando para almorzar, que tenga un buen día –le dijo Regina con una sonrisa frustrada, porque estaba a punto de reírse en su cara.
—Espero poder volver a verla, fue un placer conocerla alcaldesa –le dijo mientras sin despegar la vista de Regina tomaba su mochila y se la ponía en su espalda.
Emma desde el otro lado se apretaba el vientre de tanto reírse, era una risa contenida, definitivamente ella habría hecho lo mismo, esperó el desenlace con total atención dentro de su jocosidad.
La morena se tapó la boca al ver cómo el remolque partía y tiraba a Robin por los aires con violencia hacia atrás ahogando su despedida en una cara de pánico, aterrizando unos cuantos metros más allá, perdiendo su mochila que se le resbaló por sus brazos. Henry se quedó con la boca abierta y sabiendo que estaba en problemas se fue corriendo detrás de Regina buscando protección.
—Tranquilo, quédate ahí y no digas ni una sola palabra –le dijo Regina sin despegar la vista de Robin, aun riéndose.
Robin se levantó adolorido desde el suelo, mirando hacia atrás como su mochila era arrastrada por el remolque, perdiéndole la vista dos esquinas más al fondo, tomándose la cabeza al haber perdido sus pertenencias. Luego volvió a voltear para buscar al responsable, se acercó a paso enfurecido apuntando a Henry.
—¡Tú! Tú hiciste esto –le dijo gritándole.
—¡Hey! No le grite así a mi hijo, él ha estado en todo momento allá al frente con la Sheriff –le dijo mientras apuntaba a Emma que rápidamente cambiaba su cara por una seria y preocupada.
Robin se vio confuso, no había nadie más alrededor, sólo ellos, sabía que le habían jugado una mala broma porque Regina trataba con todas sus fuerzas de no reírse en su propia cara, esto lo molestó profundamente, la miró tratando de comprenderla, cuando cayó en cuenta de lo que le había dicho recién.
—¿Tienes un hijo? Entonces quizás ¿Estás casada? –le dijo tomándose el hombro que le estaba matando por la caída.
—Eso no le incumbe Sr. Robin, debería preocuparse por su hombro, ¿por qué no va donde el Dr. Whale?, seguro lo atiende con gusto, siento que se haya arruinado su estadía, en su estado volvería a casa y no acamparía –le dijo ahora cambiando a un semblante serio.
—Sin mis cosas no puedo hacer nada, y ya no las tengo.
—Ahhh pero no se preocupe, su mochila está dos esquinas más allá, doblando a la derecha, de seguro el mecánico ya la encontró. Que tenga buen día Sr. Robin, y tenga cuidado en el bosque, podría volver a lesionarse –le dijo casi como una amenaza.
Robin partió a recuperar sus pertenencias a pie firme, estaba totalmente molesto, no entendía muy bien por qué el cambio de ánimo de la mujer con la que hace unos minutos estaba sonriendo y charlando tan graciosamente, pero no se iría así tan fácil, no le daría en el gusto, entendió muy bien que no era bien recibido en el pueblo, pero a él no le importaba, venía a pasar unas buenas vacaciones haciendo lo que más disfrutaba y se quedaría, todavía más ganas le quedaban sabiendo que en el bosque había lobos que hacían de la gente sus víctimas.
La alcaldesa se quedó mirándolo mientras se alejaba, de pronto pudo entender qué había pasado ayer con su automóvil, y por qué era Belle quien conducía. Sintió que no era prudente hablarle de este tipo a Ruby aún, sin embargo le pediría que no fueran al bosque hasta que pudiera trazar un plan con Emma de cómo alejarlo lo más pronto posible. Lo que le interesaba ahora es saber qué había ocurrido de la boca de Belle.
Luego de almorzar y pedirle expresamente a Ruby que no se acercaran al bosque ni por entretención, de darle unas vagas explicaciones y concretar una reunión con toda su tropa al día siguiente se fue donde Gold, la información que Belle le diera era primordial, debía saber si era a ellos los que Robin había visto.
Gold la miró con desconfianza, sabía la razón de su visita porque Belle le había contado el incidente con el mercedes, y probablemente venía a que le remediaran su situación, lo que no entendió era por qué Regina no venía pateando cosas enfurecida, todo lo contrario, cuando vio a Belle se le acercó preguntándole si estaba bien.
—Regina, no te preocupes, puedo reembolsarte lo que gastes en la reparación de tu automóvil –le dijo Gold antes de darle cualquier oportunidad de agresividad contra Belle.
—No te preocupes Gold, sólo necesito que apures la reparación y me consigas lo antes posible los repuestos, no puedo estar tanto tiempo sin él, lo necesito.
—Cuenta con ello, antes de un par de días lo tendrás estacionado como nuevo en tu casa.
Regina asintió sonriente, sabía que Gold cumplía sus promesas.
—Belle, necesito que me digas exactamente lo que pasó anoche desde que llegaron al bosque –le dijo Regina mientras se percataba que tenía un moratón en la frente y le apartaba el pelo para verlo bien.
—Sólo estábamos jugando, corríamos por el bosque, Graham me subió a sus espaldas y me llevó tele transportándome con él, así podía seguirle el paso a todos –le dijo Belle agachando la cabeza, aún traumatizada por lo ocurrido.
—Entonces todos los demás estaban como lobos, menos Graham ¿Verdad?
Belle asintió con la cabeza.
—Luego me bajé de las espaldas de Graham y Ruby comenzó a perseguirme jugueteando, yo gritaba entretenida mientras corría hasta que sonó un fuerte sonido de escopeta. Nos quedamos paralizados, Graham le hizo una seña a todos para irnos. Me teletransportó junto con él a los vehículos y prendimos los motores, cuando llegaron todos emprendimos una escapada frenética. Lo siento Regina, no fue mi intensión chocar tu automóvil, yo estaba muy asustada.
—No le des más vueltas a eso ¿Los vieron? ¿Alguien te vio?
—No lo creo, aunque no estoy segura, es muy probable que el disparo fuera a alguno de nosotros sin acertar.
—Belle, anda un hombre por el pueblo que dice ser cazador de lobos, se llama Robin, si llegases a topártelo por ahí no le des ningún indicio de que eras tú quien se encontraba en el bosque, inventa algo o lo que sea, no quiero que te pida explicaciones, nos meterías en un gran problema. Ahora debo irme, deberías descansar y recuperarte.
—Aún no te vayas Regina, quiero hablar contigo –le dijo Gold que había permanecido en silencio escuchando lo que ya Belle le había contado- Belle ¿Podrías dejarnos a solas por favor?
Belle asintió y se retiró
—¿Pasa algo? –le preguntó Regina.
Gold se le acercó y posó su mirada en el colgante que Regina traía, lo tomó y apreció desde cerca.
—Esto no es tuyo, ¿Qué estás haciendo Regina? –la miró inquisitivo.
Regina se quedó con los ojos abiertos, hace unas semanas atrás ella tenía bien claro todo, y no es que pensara echar atrás su plan, era sólo que ya se estaba acostumbrando a ser amable con la gente, más que nada estaba confundida con sus sentimientos hacia Emma, era como si tuviera una constante pelea en su interior, a veces la odiaba a veces la quería, se estaba metiendo en la cabeza que la quería y la reclamaba suya sólo porque se daba el derecho de dañarla, sólo ella y nadie más que ella, como un capricho. Ahora mismo se sorprendía que estuviera simulando que le preocupaba la integridad del pueblo y no que Ruby saliera herida en el bosque por culpa de este cazador, hace un tiempo atrás ni siquiera se hubiera molestado en venir. No dejaría que Gold supiera tanto, no nombraría a Emma, no le diría nada que la comprometiera.
—Jugando mis cartas Gold, ya te dije, hago que el pueblo me quiera, ahora los manejo a mi antojo con un par de sonrisitas, nada del otro mundo –le dijo calmada.
—Estás robando magia Regina, puedo sentir que hay algo en ti que no te pertenece, que no lo has creado tú, y no me refiero al colgante, ya te lo dije, tu magia viene directamente de tu ira, y la que llevas ahora se mezcla con la tuya, no es necesario que me digas nada, estás confundida, no eres la Regina que conozco, de hecho me recuerdas mucho a tu madre, antes de decidir quitarse el corazón, ahora llevas el mismo semblante. Si no tienes cuidado, las cosas pueden salir realmente mal.
—Sé lo que hago Gold, y te pediría que no te metas en esto, no sé lo que tu poder vidente esté captando ahora pero no me interesa, vive tranquilo y déjame en paz. –le dijo tratando de no enojarse, mostrando total sinceridad.
—Vendrás por mi ayuda Regina, y no sé si pueda ayudarte, cuando eso pasa es porque está fuera de mis manos, por eso te estoy advirtiendo. Que tengas una buena tarde.
—Buenas tardes Gold.
Regina se dio la media vuelta y se fue cerrando la puerta, mientras caminaba repasaba las palabras de Gold, si él tenía razón entonces era probable que su confusión y su raro comportamiento se debiese a la magia de Emma, iba a tener que aprender a manejar mejor eso, ahora sería más fácil ya que estaba consciente de lo que estaba pasando. No estaba en sus planes deshacer el hechizo, al menos no por ahora. Sacó su teléfono y llamó a Emma avisándole que iba a buscarla para que la fuera a dejar a su casa en el escarabajo.
Chicas… no sé si se asustaron con la aparición de Robin (sí Hood XD) pero al menos pude calmarlas de inmediato, porque Regina no lo tolera jeje. El próximo se viene interesante debido a este personaje y dejará a más de alguna con el alma en un hilo. Gracias por sus comentarios, me emocionan a morir! Dejen sus reviews, no importa si no tienen cuenta o si quieren dejar un anónimo está bien, siempre quiero saber lo que piensan. Alguien por ahí dijo que se me había acabado el porno? Mmmmm les prometo que todavía hay escenas por ahí que tengo guardadas, sólo estoy buscando el momento propicio jejeje. Besos y abrazos!.
