Asesinado
El infierno asechaba la salida del refugio. Tragué saliva mientras mis ojos contemplaban como a la salida de la cueva volaban disparos de las pocas armas de los humanos, como los buscadores se defendían con sus propias armas para paralizar a los humanos, y como otros usaban armas blancas para cortar gargantas. No veía ni a Luna, ni a mi padre alrededor, sólo deseaba ardientemente que nada les hubiese ocurrido. Y así decidí finalmente salir del lecho protector de la cueva. Rex me siguió el paso, como buscando algo, a la vez que yo me escondía entre los cadáveres que yacían en medio de la arena del desierto. Suspiré con horror mientras me arrastraba en medio de la guerra; no podía dejar de admitir que estaba aterrado, tanto que ni siquiera era capaz de echar un vistazo a la pelea, sólo continuaba arrastrándome por la arena en busca de mi padre y Luna, rezando porque estuviesen sanos y salvos. Una sincera lágrima cayó de mis ojos cuando sentí el brazo de un alma agonizante pidiendo ayuda. Si hubiese tenido el equipo, me habría dado el tiempo de salvarla, pero no podía, y así continúe por el camino de la muerte, el cual esperaba pronto llegase a su fin. Sentí que el corazón me dio vuelta cuando Jamie me giró. Nuestros ojos se encontraron en la noche y él parecía aliviado, ¿Acaso creía que les iba a ayudar? Sí, eso pensaba, pero no prestándoles asistencia en el combate; el tomó mi cuchillo y me levantó poniéndolo en mi garganta.
-¡Un solo disparo más y Matthew Stove muere!
Mi nombre, en circunstancias normales, no les habría significado nada a los buscadores más que un sacrificio necesario, pero los disparos si cesaron, por ambas partes, debido a que quien dirigía a los buscadores era mi padre. Y así se abrió paso entre el resto de los buscadores para exponerse frente a los refugiados. Su cuerpo alto y musculoso, que siempre miré como fuerte y protector, estaba completamente expuesto al arma de Jeb y a los cuchillos de Jared y Kyle. Su delgada y un tanto cuadrada cara me miró con tristeza, sus ojos pardos me mostraban las semanas de preocupación que le había causado, las interminables lágrimas que habían caído por su cara.
Entonces lo noté, Luna estaba detrás de él y me miró no con rabia, sino con frustración y tristeza, ¿Sería que había arruinado su oportunidad de salvarlo? No, no podía ser, debía haber algo que yo pudiese hacer para cambiar la situación. Mis ojos esperaron por una apertura, un momento de distracción en el que pudiese quitar el cuchillo de mi cuello. Para mí sorpresa, recibí asistencia de mi otro yo. Él me miró con un dejo de compasión, y determinación; me sorprendió que pudiese detectar eso en su mirada, para mí él siempre había sido nada más que odio y oscuridad, pero esos no eran ojos oscuros, eran ojos compasivos que me abrían el paso. Quitó el brazo de Jamie de con los suyos y yo con el mío le arrebaté el cuchillo y ahora la situación era inversa, yo con el cuchillo en el cuello de Jamie.
-¡¿Qué carajo hiciste?- me preguntó aterrorizado-. ¡¿Cómo te quitaste el cuchillo?
Para él era inconcebible, ya que, por alguna razón, no era capaz de ver a mi otro yo. Los únicos que sabía que podían verlo eran Jared y Luna.
Melanie me miró con odio mientras se acercaba, pero entonces hice que el cuchillo tocase su piel y ella se detuvo en seco. Nuestras miradas se cruzaron con intensidad, ninguno de los dos queríamos que esta situación se convirtiese en algo peor.
-¡Es suficiente!- grité-. ¡¿No ven la perdida en ambos lados? ¡Padre, llama a la retirada!
-No puedo hacerlo Matt- me contestó con pesar.
-¡Hazlo!- le repliqué-. ¡Por favor, quiero ir a casa!- en este punto ya se me escapaban las lágrimas-. ¡Quiero ver a mamá! Quiero irme de aquí…
Mis lágrimas lo tocaron, y retrocedió; estaba a punto de dar la orden.
-Una vez que lo haga, ellos se irán del refugio- me advirtió-, y quizás no los vuelva a encontrar… pero encontrarte a ti es suficiente.
Lloré de alegría, y de mi boca salían gemidos mientras abandonaba a Jaime intacto y corría hacia mi padre para abrazarlo. Se sentía tan bien, como en los viejos tiempos, cuando mis lágrimas caían en el pecho de mi padre y su bondad me hacía sentir pleno. Me acurruqué en su pecho mientras los buscadores se retiraban a sus helicópteros y yo sentía que el viaje finalmente llegaba a su fin, pero una voz mortal terminó con mi alegría.
-Tenemos a un condición- alzó la voz de Melanie-. Deben dejar a Luna aquí.
No… esa petición me destruyó, me dejó helado. ¿Por qué? ¿Qué era lo que querían de Luna? Lo recordé, Jamie me lo había dicho. Temían que con su habilidad, los buscadores pudiesen encontrarla nuevamente, por eso tenían que deshacerse de ella. Melanie notó en mí el terror y habló.
-¡No hay porque preocuparse! ¡Tenemos almas con nosotros! ¡Luna no será discriminada!
-No podemos entregarles a Canción de la luz estelar en una noche de luna llena- replicó mi padre-. Al igual que no dejaríamos a Matt atrás, jamás dejaríamos a ninguno de los nuestros atrás.
Escuché el disparo, pero no quería creerlo. La puntería fue perfecta y perforó el cráneo en cuestión de segundos. Su cabeza cayó en mis hombros a la vez que el chorro de sangre que salió de su frente cubrió mis ropas y los brazos muertos de mi padre rozaron el mío. Mis ojos ardieron y temblaron, mientras las lágrimas salían, mi voz no era capaz de alcanzar una nota que expresase el dolor que yacía en mi pecho. Mis cejas se alzaron tan arriba como pudieron, mis brazos temblaban mientras recogían el cadáver de mi padre. Miré a Luna cuya cara estaba destruida, machacada en lágrimas ante el espanto. Mi padre había sido victima de la imprudencia humana.
-Papá…- murmuré-. Papá, papá, ¡Papá! ¡PAPÁ!
Me largué a llorar. Mis brazos abrazaron su torso muerto, mientras que las lágrimas se diluían en su sangre que cubría todo mi cuerpo. No me interesaba lo que ocurría ahora, podía escuchar más disparos, como los humanos corrían y no abrí los ojos hasta que alguien me tomó el brazo.
-¡Tenemos que irnos!
La voz de Luna fue lo único que me guío a dejar a mi padre, ya que no estaba dispuesto a perderla también. Ella me alejó de su cadáver mientras que mis ojos no se separaban de su cuerpo muerto, mientras que las lágrimas intentaban limpiar en vano la sangre en nuestros rostros. Y como si en nuestra asistencia viniesen, Lexi y Rex aparecieron para guiarnos a un escape en medio del espanto que se producía atrás nuestros.
Había comprendido que la naturaleza ofrece más fácilmente un cambio de especie que un cambio de consciencia, incluso después de haber sido invadidos por las almas los humanos eran incapaces de empalizar con el dolor ajeno, estaban listos para sacrificarlo todo por ellos mismo. Los miré con profundo odio, a todos y a cada uno, mientras las lágrimas seguían cayendo por mi rostro en el camino desconocido que Luna y yo cruzábamos. Los perdimos de vista en cuestión de minutos.
