Ms Pacman tiene la culpa

La llegada a Boston fue cálida, amorosa y rozando lo asfixiante. Sin embargo era entendible, mis padres se tuvieron que acostumbrar de verme todos los días a prácticamente a dejar de verme de golpe, porque ya saben que la decisión fue de un día para otro… o de 7 días para al otro.

En definitiva eso había sido un golpe para sus corazones sobre protectores, mi ausencia se notaba, porque lo primero que hizo Hiram al verme fue quebrarme unas dos costillas de lo fuerte que me abrazo, mientras Leroy observaba todo el acto ridículo que mi padre estaba haciendo, pero también observaba con detalle mi cambio de look, como mi sonrisa había vuelto a ser la misma, esa que siempre me recriminaba haber perdido.

Cuando el abrazo de Leroy llegó fue tan sentido como el que me había dado mi otro padre, pero en vez de decirme "te he echado de menos" él había dicho "Nueva York te sienta bien" siempre había sido así de ese modo, Leroy siempre fue el más empático en nuestra relación, al punto de saber con una sola mirada lo que me pasaba, un tanto escalofriante.

Su "Nueva York te sienta bien" venía con un entre líneas que más tarde seguramente tendría que esclarecer, tal vez con un "simple necesitaba un cambio" lo podría convencer, pero sin duda él ya sabía que había algo más en todo mi ser.

Cuando llegamos a casa, mi casa de la infancia no pude evitar sentir como la nostalgia me envolvía, como todo traía los más maravillosas recuerdos de mi infancia. Las remodelaciones que mis padres habían hecho no eran tan bruscas como para que se hubiera perdido la esencia en la que yo había crecido. Todo estaba igual, renovado pero igual, hacía nada de tiempo que había estado cenando con ellos, pero nunca me había detenido en los detalles.

Las fotos puestas de manera casi cronológica en las paredes, los trofeos de los campeonatos de matemáticas ganados sobre la chimenea, eso no había cambiado en nada.

Mi padre Hiram me rodeo los hombros con su brazo y beso mi cabeza – ¿está todo en orden?- pregunto y yo asentí con la cabeza y una inmensa sonrisa. Todo estaba en orden.

El desayuno del sábado trajo todo el amor que ellos podían darme. Y las discusiones absurdas que siempre habría en esa mesa, con nosotros tres de protagonistas.

Hiram no había parado de hablar ni una vez del nuevo local, como había peleado con el ayuntamiento para que se lo habilitaran porque en realidad, cuantos locales más podría haber en Boston? "Nunca eran suficientes" decía Hiram con esa sonrisa tan idéntica a la de Peter Pan.

Cuando Leroy llego con la bandeja cargada, mi padre (Hiram) inmediatamente se levantó para ayudarlo, porque siempre habían sido caballeros entre ellos, y fue ahí inmediatamente que pensé en Quinn… en mi extraña, nunca habíamos compartido algo tan normal como un desayuno, una cena o incluso cuando se pudo haber hecho, el almuerzo fue interrumpido por Weston.

Sí, ya sé que nuestra relación está basada en un trato idiota… pero – Hey Rach cielo, estas bien?- Leroy había chasqueado sus dedos frente a mis ojos.

Sacudí mi cabeza y asentí tomando la taza de café que me ofrecía con una tierna sonrisa.

Cuando estuvimos todos en la mesa Leroy se aclaró la garganta para que todos los miráramos – puedes comunicarle a Rachel lo de la inversora de Nueva York – abrí mis ojos tan grandes por la sorpresa, inversora? Qué demonios? Si ellos odiaban ese tipo de acuerdos.

-No enloquezcas – parecía que todos tenían la misma frase últimamente para mí.

-Explícate – me cruce de brazos ignorando el delicioso café que mi padre me había dado.

-Sé que no somos partidarios de este tipo de… fusiones, pero hace unos días atrás, me ha contactado un inversora de Nueva York, pero no de la forma tradicional… - llevó su café a sus labios e hizo un gesto para que yo hiciera lo mismo, quería distender la situación lo supe de inmediato – Bien ella, recorrió el Berrylandia de San Francisco, solo recorrerlo, como si fuera una clienta más…. Luego hizo lo mismo con los de Boston y finalmente se acercó a tu padre un día que estuvo en la tienda – Leroy se mantenía en silencio, como mero expectante, nunca en mis 26 años había escuchado la palabra inversora o inversor de sus labios, porque nunca lo habían necesitado.

-Me tocó el corazón – había agregado Leroy en pos de ablandar el mío.

-Ella quiere el permiso para abrir uno en Nueva York para antes de Navidad, ella solo quiere el nombre y por supuesto respetara por completo nuestra filosofía, lo primordial de Berrylandia son los niños y me lo hizo saber de inmediato – no me parecía mala la idea, ahora que tenía un poco más de información, en realidad de solo pensar en una juguetería de mis padres en la ciudad que vivía en la actualidad me parecía excelente, porque los conozco y sabía que irían con más asiduidad a la ciudad de los rasca cielos.

-En todo caso de que te pongas en plan psicótica de la familia, ella estará en la inauguración mañana – informo Leroy, mientras me deleitaba con su riquísimo café.

-Supongo que Marley hará su trabajo de manera correcta o necesitan que mire los números por ustedes? – Hiram negó agarrando mis manos con dulzura.

-Agradecería mucho que solo fueras mi hija mañana, con esa sonrisa con la que has llegado, nada de trabajo para ti cariño – beso mis manos y yo no pude estar más agradecida por tenerlos en mi vida, porque su amor incondicional me llenaba por completo.

Para después del mediodía conducimos hasta el local más cercano que guardaba una especie de lona que usaríamos para la inauguración del próximo día. Recorrer las calles de la ciudad en la que crecí, en la ciudad en la que me enamore, llenó de melancolía mi pequeño ser. Tal vez nuestro final con Jesse no había sido el mejor de todos, sin embargo, el principio había cumplido todas las expectativas, era mayor que yo y no dudo un segundo en cuidarme, en mostrarme como un mujer tiene que ser cuidada y amada… hasta que también se lo mostro a decenas de mujeres más claramente.

El cartel de la juguetería se mostró brillante y expectante y el local para ser sábado a la tarde estaba repleto, afuera el día estaba esplendido pero los niños preferían estar aquí.

Es que Berrylandia no era una juguetería más, no era la típica con góndolas y los juguetes por sectores, Berrylandia era un pequeño parque de atracciones para ellos, porque hasta una pequeña cancha de básquet había.

Hiram siempre dijo "si haces a un niño sonreír puedes llamarte dichoso" agarre un sombrero de colores lleno de flores sonrientes y me dirigí a la zona de dibujo, donde un grupito de niñas junto con la monitora del momento estaban tratando de pintar un gran castillo de princesas.

Me quedé ahí mirando, todas ellas con un lápiz de color rosa, porque un castillo de princesas tiene que ser rosa por supuesto, pero más atrás una niña no pintaba y mire a la monitora en cuestión para que me dijera algo.

Se encogió de hombros y dijo – no le gusta el rosa – fue inevitable para mí no acercarme a ella. Era rubiecita de ojos celestes, pequeña nariz y unas imperceptibles pecas que la hacían ver encantadora.

-¿Por qué no pintas? – dije sentándome a su lado y agarrando un cuadernillo con dibujos sin pintar.

-Todas las niñas quieren pintar ese castillo y yo quiero pintar un auto – tenía el ceño fruncido ligeramente y se la veía realmente enojada con todas las niñas, necesitaba hacerla sonreír con algo.

-Creo que por aquí hay un au…- ella negó con la cabeza una y otra vez – ¿no que?-

-No hay autos allí, ya he mirado – mordí mi labio, claro, los autos estaban en el sector de los niños, estúpida monitora que no sabe que a las niñas también nos gustan dibujar autos.

-¿Cómo es tu nombre?- pregunte sacando mi gorro que nada de gracia le causo.

-Emily, pero mi madre me dijo que no hablara con extrañas – fruncí mi frente y rasque mi barbilla, la niña podría ser tranquilamente hija de Quinn, el parecido era espeluznante.

-Pero yo soy la dueña de la juguetería – ella volvió a negar con su cabeza, de acuerdo que la niña era bastante listilla.

-Hiram y Leroy lo son- contesto ella con aire de superioridad, si definitivamente la niña podría ser de Quinn.

-Y yo soy su hija – respondí mostrándole todos mis dientes en una gran sonrisa – Rachel Berry… de Berrylandia un gusto Emily – estire mi mano y ella por fin se dignó a mirarme, como si ahora si fuera importante estar a mi lado, niños, pensé. – Me esperas aquí, que…-

-Tú no puedes ser su hija, ellos son gays – wow, wow niña ¿qué edad tienes? – mi madre me ha explicado que ellos dos se quieren y que por eso están juntos, pero como puedes ser su hija?- su madre es una madre muy inteligente. Sacudí mi cabeza, la niña me tenía abrumada.

-Ven, vamos a preguntarle a mis padres – estire mi mano, pero ella para mi sorpresa si la tomo esta vez, así que en silencio y con el sombrero puesto caminamos hasta encontrar a mis padres.

Leroy estaba en el área de cajas saludando a una señora que no era más que conocida para mí, porque era la misma que me había dado clases de canto cuando era pequeña. Y al verme sus ojos se llenaron de brillos.

-Rachel hija – exclamó la Sra Roger e inmediatamente me abrazó.

-Ves te dije que no eras su hija – Emily me miró acusándome de brazos cruzados y mi padre la miro algo consternado. La Sra Roger a mi lado volvió a su actividad como compradora y ambos nos giramos a la pequeña rubiecita sabelotodo.

-¿Quién es tu amiguita cariño? – pregunto Leroy despeinando el flequillo de la niña.

-Emily no me cree que seas mi padre – respondí y mi padre me dio una mirada incrédula, como diciendo "realmente estas peleando con una niña" pero en vez de cuestionarme se giró hacia la niña.

-¿Por qué no le crees Emily? Rachel es nuestra hija, sabes lo que es la adopción? – y el rostro de Emily se vio iluminado de repente, me miro con una gran sonrisa y asintió.

-Yo también lo soy, mi madre no puede tener bebés entonces con mi padre me adoptaron – dijo ella como si no fuera tal cosa importante. Leroy le sonrió y se arrodillo a su altura, al mismo tiempo que Hiram aparecía lleno de polvo porque nadie lo ayudo a guardar aquella lona.

-Quien es está pequeña tan bonita? – pregunto el abrazándome de inmediato.

-Emily – respondí antes de que ella se abrazara a mi otro padre – ella no creía que fuera su hija, entonces papi le explico que soy adoptada… ella también lo es, es la historia corta – mi padre a mi lado se agacho junto a mi padre y en un abrir y cerrar de ojos Emily era abrazada por mis hombres. Cuando se pararon, ambos me miraron.

-Mañana será nuestra invitada especial – dijo Hiram con una gran sonrisa. Mire a Emily que portaba la más tierna de todas las sonrisas que existían en el mundo, agarre su mano y nos dirigimos hacia la zona de dibujo de los niños, donde seguramente tendría que estar el dichoso dibujo de un auto para pintar.

Y mañana llegó más rápido de lo que pensé, porque pasar un día entero con mis padres era algo que no hacía en tanto tiempo que el sábado se fue tan pronto como llegó y el domingo fue una imagen borrosa mirada desde la ventana de una auto a cientos de kilómetros, hasta el momento espero por supuesto.

Todo estaba perfectamente ordenado, la tela que mi padre había ido a buscar al otra local, estaba en su lugar, no era más que la bandera de nuestro país, que sería el trasfondo de un pequeño escenario que estaba dentro del local.

Leroy llegó a mí, rodando sus ojos por mi vestimenta, bastante divertida a decir verdad. Porque los tres estábamos combinados, Hiram llevaba un traje azul oscuro con una corbata roja lisa, mientras Leroy iba de negro con una peculiar corbata azul con estrellas blancas. Mi vestido que era el complemento de nuestra familia, era de estilo pin up, azul marino en la parte de arriba y una falda con volados blanca llena de estrellas rojas, el flequillo lo había tirado hacia a un lado con todo el resto del cabello que terminaba con las puntas en ondas.

Era típico de los Berry´s ir de ese modo en alguna inauguración, "serios pero simpáticos" decía Leroy siempre.

El local a comparación del resto que teníamos era inmenso, divido por zonas temáticas y la típica zona de juegos de mesa con dos monitores que supervisaban y explicaban como se utilizaban los mismos.

Sonreí satisfecha observando el escenario en el medio del local, mis padres terminando de centrar un atril mientras dos hombres más terminaban de colocar la bandera de fondo.

-Será un gran evento – susurraron en mi hombro, la voz totalmente conocida me hizo sentir en casa.

-Marley… que alegría – dije al verla tan esplendida como la recordaba, había una inocencia tan particular en sus ojos que me daba ternura.

-Rachel que gusto verte – exclamó ella – hasta hay un show de fuegos artificiales para el cierre – agregó llena de ilusión, esta sería su segunda inauguración desde que había ocupado mi lugar.

Debo decir que era todo un evento esperado, Berrylandia era bien conocida por sus grandes y exuberantes inauguraciones, así que era de esperar que afuera se estuviera llenando de gente, de vecinos, de curiosos, sobre todo en una fecha tan especial como esta.

-Esta vez eligieron una fecha en la que deben lucirse – guiñe mi ojo y ella rio alegremente, se prendió de mi brazo para caminar por las instalaciones.

Luego de un rato de vueltas y jugar con algún juguete de acción ella dijo – tu padre no lo ha invitado – sé que su comentario fue aleatorio, ni siquiera tuvo necesidad de nombrarlo para saber de quien hablaba.

-Espero que no se le ocurra venir – espete seria, Jesse era una caja de sorpresa después de todo.

Entonces la gente comenzó a entrar, emocionados ante lo que venían, porque era verdaderamente algo nuevo, esta juguetería en particular estaba mucha más desarrollada que las demás en muchos sentidos, sobre toda la tecnológica. Habia demasiadas pantallas planas que de manera didáctica explicaban dónde estaba cada sector y el nombre del monitor de turno para que sus niños pudieran ir en busca de respuestas a las seguramente miles de preguntas que tuvieran.

Los niños se esparcieron por las zonas que le interesaban y las sonrisas junto con las risas y exclamaciones de sorpresa no tardaron en llegar. Y eso era todo lo que necesitábamos para saber que todo iba a marchar bien.

Había madres que rozaban la irritación, misma que desaparecía cuando uno de sus hijos corría a sus brazos solo para llenar su rostro de besos y porque no de mocos también. Marley sostuvo mi brazo hasta que fue llamada por uno de mis padres.

En mi soledad momentánea pude disfrutar de pequeñas princesas que modelaban para sus padres, futuros bomberos dispuestos a dar su vida para salvar otra. El mundo siempre iba a estar bien mientras un niño sonriera, por eso mi orgullo hacia mis padres estaba intacto, como no estarlo cuando lograban estos momentos inolvidables.

-Cariño, cariño – exclamo mi padre Leroy llegando hacia a mí – tu padre quiere presentarte a alguien – continuo con completo entusiasmo una vez que mis ojos se habían posado en él. Entrelace mi brazo con el suyo y lo seguí ensanchando una gran sonrisa.

-Amo que seas tan entusiasta – susurre besando su mejilla. Él sonrió enormemente y camino hacia la zona donde estaba el escenario.

Cuando giramos hacia el lugar de destino, mi corazón se paralizó por completo, por la puerta a mi derecha entraba Jesse arreglando su corbata, como un acto tan casual, mientras que mi padre Hiram reía por algo que…

Me detuve de golpe, porque no había ninguna puta casualidad que ella estuviera haciendo reír a mi padre, o ¿si? Y en todo caso ¿cómo?

En algún momento había dejado de caminar porque mi padre tironeaba de mi brazo, hasta que inspecciono mi mirada, atónita y aterrada a niveles iguales.

-Rachel cielo, ¿qué sucede? – quiso saber, solo fue cuestión de ver la línea de mis ojos y que su frente se arrugara por completo. Porque Jesse caminaba hacia a mí torciendo su sonrisa, con el pelo impecable y esa seguridad que en algún otro momento hubiese hecho temblar mi mundo. Sin embargo, fue cuestión de girar mi rostro unos centímetros y ver a Quinn conversar como si nada con mi padre, verla reír un tanto avergonzada y girar sus pies por pedido de mi padre para hacer lucir su vestido. Un vestido completamente sobrio, de color negro, largo que apenas mostraba sus pies. Fue a medida que daba la vuelta que sus ojos colisionaron con los míos y quedó congelada con su visión.

Fue un golpe estelar, sus ojos finamente delineados resaltaban el verde ambarino que sus ojos vestían, pero Jesse se interpuso en el viaje galáctico de nuestra mirada con una fuerza violenta.

-¿Qué haces aquí? – reprochó Leroy mientras percibía como Hiram se acercaba a nosotros con pasó ligero.

-Siempre es bueno volver a la familia Leroy – su respuesta, arrogante, cargo mi garganta de un ácido que necesitaba escupir.

No obstante Quinn apareció detrás de Hiram con el ceño fruncido.

-Sr Hudson no creo haber sido tan amable para haberle mandado la invitación – musito Hiram con elegancia, no era el momento ni mucho menos el lugar para una discusión.

-Soy buena publicidad – replicó alisando su traje con su típica sonrisa.

-Creí escuchar que la Srta Berry era buena publicidad… no veo como un candidato a senador que no puede mantener sus pantalones puestos pueda serlo – y para la sorpresa de todos había sido Quinn la que había pronunciado aquello – Me pregunto si es una cuestión de los políticos – dejó flotando el pensamiento en el aire y agregó – hablo de no tener escrúpulos, ni siquiera vergüenza – Jesse comenzó a tomar color rojizo y sus ojos volaron a los míos, mis palabras junto con el ácido estomacal habían desaparecido. Quinn agarró mi brazo y el de Leroy, para cuando pude reaccionar estábamos viendo un partido de Basquet de nenes contras nenas. Ella… mi extraña sonreía de la forma más encantadora que podía existir.

-Eso fue grandioso – le susurro Leroy, yo por mi parte seguía tratando de entender qué demonios fue todo eso! ¿Qué hacía agarrada de su brazo? ¿Qué hacia ella en la inauguración de la juguetería y porque tenía tanta confianza con mis padres?

-Y todo gracias a Ms Pacman – Leroy rió divertido contagiando a mi extraña, ella nunca había reído así conmigo y de repente sentí celos de mi padre… una ridiculez. ¿Qué demonios estaba pasando?

-Me disculpan – atine a decir, me desprendí de su brazo y camine derecho a los servicios, necesitaba alejarme de toda esa fantasía de mal gusto y pensar, aclarar mis pensamientos sobre todo. No estaba feliz… pero tampoco estaba disgustada, la sensación era incierta en todo caso.

-Todos los caminos conducen a Roma – por supuesto que me había seguido y ahora se encontraba en el marco de la puerta mirándome con detenimiento – o todos los caminos me conducen a ti – dio un paso adelante y yo uno hacia atrás, tenía la cabeza hecho un lío y lo último que necesitaba en aquel momento era su cercana cercanía.

-¿Qué…qué haces aquí? – cuestione sintiendo la pared en mi espalda.

-Es gracioso como el destino obra de maneras misteriosas verdad? – respondió en su lugar, se detuvo a un paso de mi con su mirada clavada en mis ojos – estas hermosa Rachel – musito ahora sí, mirando cada parte de mí.

Hasta ayer a la noche en que sentí que dejaba caer ciertas barreras, no me di cuenta o realmente pase por alto todas nuestras coincidencias. Desde la primera vez todo había sido un tropiezo casi planeado, ella parecía saber dónde tenía que estar, la vez que la vi salir de la oficina de Weston… luego el restaurante… el taxi, todo lo que nos rodeaba, nos atraía de alguna manera.

-Si hubiese sabido que Jesse era tu ex… hubiese venido a la ciudad a golpearlo, él es todo un idiota – su voz era por sobretodo seria y honesta.

- ¿Lo conoces? – quise saber con temor de saber la respuesta.

Ella saco su flequillo de su frente y respondió – Hubo una vez una reunión… él intento algo conmigo – hizo una pausa para observar mi rostro, pero ya nada me sorprendía a esta altura – no es mucho de aceptar un no verdad? Yo tuve que contenerme de golpearlo por decir "eso porque no estuviste con un hombre de verdad" – el sentido irónico que le dio fue lo que necesite para sonreír.

-Suena como algo que él diría – espete llena de seriedad.

-Yo no sé qué le viste, parece un gigante a tu lado – bromeo pero igualmente se veía molesta pero era educada, como si supiera cual era límite – yo no soy como él- dijo segundos después.

Mis ojos viajaron por su rostro, que pedía con su mirada que le creyera – Yo lo sé- le dije con convicción – ¿qué haces sonriendo a mis padres? – cuestione cambiando de tema.

-Ya sabes… el destino obra de manera misteriosa – repitió guiñándome un ojo acompañada de una gran sonrisa. Ella podía sonreír y yo me quedaría contemplando ese gesto por tiempo indefinido.

-Deberíamos salir – sugerí y ella se apartó, ofreciéndome su brazo en el camino a la puerta. Eran estos detalles que me gustaban de ella, al salir al pasillo que conducía al local en sí visualicé a mi padre Leroy que estaba cerca de los juegos de mesa cuando.

-Sana y salva – dijo mi extraña entregándome a mi padre, Leroy le dio un gracias con un toque suave en su hombro complacido por la tarea que había realizado.

-Vamos cariño, es hora del show – anunció él tan entusiasta como siempre.

Hiram comenzó hablar de la importancia que tenía poder hacer feliz a un niño, su ímpetu, su bondadoso corazón era el motor de toda su empresa. Porque Berrylandia donaba todos los años miles de dólares al hospital de niños de Boston, no era todo lo comercial lo que importaba.

Hiram junto con Leroy compartían una visión sobre lo fundamental que es la niñez en sí, "Es el cimiento lo más importante para que un edificio no se venga abajo, la infancia es el cimiento en la creación de hombres y mujeres honestos, responsables y conscientes de que tienen que devolver lo mismo a sus hijos… o a otros niños del mundo"

Mis ojos volaron a Quinn que miraba de pie con suma atención las palabras que salían con fluidez de mi padre.

"Hoy celebramos nuestra independencia, hoy celebramos este espacio común donde todos los niños pueden ser lo que quieran ser"

Mi extraña sonrió llena de orgullo, lo sabía porque sus ojos brillaban, porque su pecho se inflaba más de lo normal, no debería saber esos detalles de ella, pero la verdad era que me encantaba cada cosa de ella.

Los aplausos dieron lugar con una invitación a dirigirnos a un patio trasero con el fin de ver el show de fuegos artificiales.

-Esto me encanta – susurro Leoy a mi oído, Hiram iba al lado de Quinn por alguna razón que desconocía, yo seguía sin saber que hacia ella aquí y porque tenía tanta confianza con mis padres.

-¿Qué hace ella aquí? – pregunté a mi padre haciendo referencia a mi extraña.

-¿La conoces? – cuestiono sorprendido, demonios demonios.

-Es amiga de Weston… ahora mi respuesta – presione amablemente.

-Oh cariño con todo lo de Jesse no te lo dijimos… es la inversora de Nueva York – contesto a la altura de mi oído.

-¿Qué? – exclamé, no podía ser, ella no podía - ¿cómo? – di media vuelta para encararla bajo la atenta mirada de Leroy, pero al ver el rostro de Hiram inmediatamente recordé su pedido "Solo se mi hija" guiñe mi ojo cuando sus cejas se alzaron para cuestionarme y volví a mi posición original, ignorando a Quinn en el proceso. ¿Por qué estaba interesada en poner una juguetería en Nueva York?

-Ella tiene un MsPacman en su sala de juego – comentó Leroy, claramente lo sabía, pero que se suponía que tenía que decirle "oh si ella lo compro y luego me dejo sin cordura con un beso" él no necesitaba saber esas cuestiones de mi vida.

Leroy se hizo con un micrófono y luego de unas palabras el jardín en donde nos encontrábamos se oscureció por completo a la espera del show.

-Puedo explicarlo – escuche detrás de mí, era su aliento que se metió en mis sentidos y casi me hace tambalear – vi tu mirada, te conozco Rachel – su tono bajo de voz hacia que solo fuera más y más sensual.

Lleve una mano hacia atrás para poder alcanzar su vestido, el primer fuego artificial estallo sobre nuestras cabezas, cuando ella se pegó a mi espalda.

-Shh, después – espete, ella en un arriesgado movimiento beso mi cuello en el segundo previo al que el cielo se iluminara, estrellas doradas, verdes, rojas, el sonido era ensordecedor.

-Estás hermosa, ¿te lo dije? – asentí con la cabeza y lleve sus manos a mi estómago, Hiram y Leroy estaban a unos metros de nosotras, pero la idea de tenerla cerca era mucho más atractiva y necesitada.

Se quedó con su pecho pegado a mi espalda, su mentón apoyado ligeramente sobre mi cabeza y sus manos entrelazadas con las mías sobre mi vientre. Como si aquello no fuera a enloquecerme realmente con mis padres a unos metros.

-Me gusta así – musite sobre mi hombro cuando el último fuego estallo y mostró la bandera de los Estados Unidos como cierre del show y de la inauguración.

Dio un paso atrás justo en el momento que las luces se encendieron y los aplausos estallaron, su perfume siempre dulce voló lejos cuando una brisa fuerte nos sobrevoló haciendo que el olor a pólvora se hiciera presente.

-Rachel cariño, veo que estás haciendo una nueva amistad – Hiram lucía un gesto divertido, viéndose contento de que le haya hecho caso una vez en su vida.

-La Srta Fabray me estaba contando su pasión oculta por los juegos de los ochenta – contesté viéndola por el rabillo del ojo, ella se mordía el labio con un dejo de timidez al sentirse tan expuesta.

-Así que… no solo es amante del Ms Pacman – curioseo Hiram contento ante el revelamiento de esa nueva información.

-De hecho quiero tener mi propia sala de juegos – informó ella, Hiram dio un aplauso enérgico y tomó el brazo de Quinn olvidándose por completo de su marido y su hija.

-Estupendo querida, tengo algo que mostrarte entonces – escuché decir mientras caminaban hacia nuestro coche. Tal vez lo haya hecho apropósito o no, pero algo me decía que Hiram iba a terminar invitándola a su lugar privado en casa, por lo tanto mi papi y yo tendríamos que ocuparnos de la cena.

Casualidades o no, provocar el destino o darle un empujón para que suceda lo que secretamente queremos, dejar caer ciertas barreras o jugar a tentar los límites. Eso no importaba, aquel 4 de julio me estaba dando una cena con mis padres y la mujer que había despertado mis sentidos... y mi corazón.


Se termino el Open, quede 122 en Argentina... 2363 de toda latinoamerica nada mal para llevar un año entrenando ;)

Arranque las clases con lo cual el atraso (sumado a mi cumpleaños) esta justificado...?

Gracias...