¡Sorpresa! :D

Sé que ha pasado mucho tiempo desde la última actualización y que no tengo perdón. Sólo puedo decir que estaba con muchas cosas y la inspiración con esta historia me estaba faltando, me está costando mucho seguir, pero no quedan más de dos capítulos. Espero que el siguiente capítulo se de en un tiempo relativamente corto.

Cinthi68 estaba por actualizar cuando me llegó tu comentario, espero que te guste el capítulo :D

Muchas gracias a todos quienes están esperando a leer esta historia. Este cap está dedicado a las niñas locas de siempre, yegua, Brenda, Yaz ¡Gracias!

Capítulo 12:

Esa tarde el sol brillaba radiante, parecía saludar alegre a los habitantes de Londres que no habituados a ese panorama parecían querer aprovechar cada instante sonrientes y animados.

Ginny Weasley no era la excepción. Caminaba con seguridad y la sonrisa en su rostro no iba a decaer por nada del mundo, porque la vida le estaba sonriendo ¿Cómo ella iba a ser tan mal educada de no devolver la gentileza?

No fue necesario abrir la puerta, puesto que alguien más se adelantó y en un arrebato la jaló con fuerza hasta rodearla con sus brazos. Ginny impresionada igualmente sucumbió a esos impulsos.

― ¿Estas son horas de llegar, señora? ― Preguntó él observando cada centímetro del pecoso rostro de Ginny.

― ¿Sabía que me ibas a estar esperando? ― Inquirió ella mimosa.

― A estas alturas cielo, deberías saber que siempre esperaré por ti ― No esperó réplica alguna, estaba desesperado por esa boca, las ansias de esa mujer terminarían por matarlo.

Desde el encuentro en su despacho cada día después era un glorioso y mágico milagro. Despertar con ella entre sus brazos, dormirse siendo ella lo último que vio, había tanta emoción y sentimiento en cada segundo de su vida que sus brazos no podían abarcar todo. Era feliz y ella también, ambos estaban enamorados y las cosas parecían fáciles porque cada problema se resolvía con una sonrisa de Ginny, cada dolor sanaba con sus besos y los miedos se alejaban cuando escuchaba la risa de su mujer. En ese momento el mundo era un sitio cómodo en el cual vivir.

Suspirando abrió los ojos y habría vendido su alma al diablo por decirle cuanto la amaba, que cada día luchaba por reconquistar su confianza, que ella y sus hijos eran su todo.

― ¿Estás bien?

― Contigo cielo, siempre estoy bien ― Sonriendo Ginny negó con la cabeza e intentó soltarse, pero él se lo impidió.

― ¡Suéltame!

― ¡No! ― Murmuró besando y lamiendo el cuello de la pelirroja ― ¿Qué vas a hacer?

― Tengo hambre, voy a preparar algo...

― No hace falta, ya preparé la cena...

― ¿En serio? ― Preguntó Ginny impresionada. Sonriendo él asintió.

― Tengo una sorpresa para ti.

― ¿Hoy es una fecha especial y yo no la recordé?

― ¿Debo esperar una fecha especial para sorprenderte? ― Ginny suspiró. Cuando él se comportaba de esa manera tan dulce también sentía ganas de matarlo.

― No debes esperar ni hacer nada ― Esta vez los brazos de Harry no se interpusieron y ella caminó hasta su habitación.

― Por ti vale la pena cada esfuerzo ― Sonrió mientras seguía cada paso de la pelirroja. Ella aún vestía el delantal blanco de San Mungo y maldito fuera el hombre que jamás había fantaseado con una enfermera sexy y él tenía el paquete completo mientras observaba las curvas de su mujer. Ella era impresionante, hermosa, sexy y tenía el bendito don de volverlo loco, completamente loco. Con largas zancadas ya tenía las manos rodeando el cuerpo pequeño de Ginny, ella se movió pero esta vez no tenía escapatoria y aunque a veces quisiera matarlo tampoco quería libertad cuando las cadenas que la apresaban las sostenía Harry.

― Señor Potter, su insistencia me va a matar ― Ronroneó ella excitando más aún a Harry.

― ¿Sabes que te ves muy sexy con ese delantal blanco?

― ¿Muy sexy? ― Repitió sonriendo.

― Demasiado para mi salud mental.

― ¿Intervengo en su salud mental? ― Con facilidad Harry le dio la vuelta y quedó encerrada entre la pared y el firme cuerpo de su... A estas alturas ¿Qué rayos era Harry Potter de ella? Absolutamente nada. Simplemente era el padre de sus hijos y el hombre que seguía amando. Nada más que eso.

― Me vuelve loco tu voz, estoy obsesionado con tu sonrisa, me enferma no tener las respuestas a cada duda que tengas. Es tu forma de ser, tu manera de ver la vida, la ternura con la que le hablas a nuestros hijos, la pasión con la que me dejas seco cada maldita noche, Ginevra. Por lo tanto diría que sí, alteras mi salud mental, limitas y vuelcas mis necesidades en ti, sólo en ti. Siempre me hago la misma pregunta...

― ¿Cuál? ― Preguntó maravillada con él.

― ¿Por qué demonios te dejé ir de mi vida? ― Quizás hubiese sido oportuno que él respondiera o que Ginny le insistiera, pero el beso impidió que siguiera procesando algo y solo atinó a aferrarse del cuello de Harry y saborear ese beso que siempre era una pequeña victoria. Él se inclinó un poco para impulsar cada muslo y hacer que rodearan su cintura. Ginny jadeó envuelta en una ola de éxtasis, Harry acarició la estrecha cintura enloquecido por esa piel que conocía de memoria y que sin embargo de la cual nunca iba a tener suficiente. Una mano en la cintura y la otra enredada en la melena pelirroja, le echó la cabeza hacia atrás para tener acceso completo al blanco cuello. Harry bajó la cabeza y le succionó el cuello con fuerza, Ginny estaba perdida y las caricias que recibía era la única brújula en tanta oscuridad.

― Harry... ― El sonido de un celular interrumpió la idílica escena. Harry gruñó.

― Ni siquiera pienses en contestar ― Le advirtió con la voz ronca. Ella tomó el rostro de Harry entre sus manos y él cayó rendido como un perfecto idiota. Tenía los preciosos labios curvados en una amplia sonrisa, la piel sonrojada y la mirada brillante. Él era el único responsable de aquel espectáculo de antología.

― Puede ser importante.

― Puede no ser importante ― Insistió él rozando su nariz con la de ella.

― Dada la insistencia imagino que lo es, cielo ― Harry gimió. ¡Dios, era un perdedor tremendo! Sólo una palabra de ella servía para hacer de él un puto sumiso.

― ¿Sabes cuánto me encanta que me digas cielo? ― Ella sonrió, asintió y le dio un suave beso.

― Tengo una ligera idea ― Sonriendo él pegó la boca a la oreja de ella y susurró:

― Sólo treinta segundos, Ginevra.

― Bien, ahora suéltame...

― Contesta ahora o calla para siempre...

― Eres imposible ― Refunfuñando ella y sacó el celular del fondo del bolsillo del delantal ― Hola

¿Cómo estás sanadora Weasley?

― ¡Dan! ― Exclamó Ginny emocionada, Harry la miró a los ojos frunciendo el ceño.

― Mocoso maldito ― Susurró Harry hundiendo el rostro en el cuello de Ginny.

― ¡Daniel Radcliffe!

― Ese es mi nombre nena, no lo gastes...

― ¿Dónde estás? La última vez que viniste no aprovechamos el tiempo...

― Puedo imaginar que tu tiempo sin mí es un completo infierno, pero tampoco suenes tan desesperada.

― Eres gracioso niño ― Sonrió ― Dime, ¿Dónde demonios estás?

― En Perú.

― ¿Qué haces allá?

― Estamos grabando una nueva película...

― ¿Grabado?

― Sí, hay mucha gente aquí...

― No seas idiota Radcliffe, sé leer entre líneas y ese "estamos" se refiere a alguien en especial...

― Claro que no... ¿Cómo están los chicos?

― No harás que desista en preguntar por esa otra persona, Jacob...

― ¿Jacob? ― Preguntaron Dan y Harry a la vez ― ¿Con quién estás tú pecosa? ―Insistió Dan al escuchar la voz de Harry. Ginny le pegó con el talón en el trasero a Harry y éste simplemente volvió a la tarea de seguir besando el cuello y los hombros de su mujer.

― Es la televisión.

― Sí y yo soy Henry Cavill

― ¡Amo a ese tipo! ― Esta vez fue Harry quién le pegara una nalgada a Ginny.

― ¿También te gusta? ¿Qué pasa con ese hombre que todas las mujeres se lo quieren comer vivo?

― ¿Celos Daniel Radcliffe? ― En ese momento un perfecto e inconfundible "Hola conejo sexy" se escuchó ― ¿Conejo sexy? ― Ginny estalló en una carcajada que casi deja sordo a Harry...

― Eran treinta segundos ― Susurró él, pero Ginny negó sonriendo ― Maldición Ginevra...

― Es la televisión ― Replicaba Dan, Ginny continuaba atacada por la risa ― ¡Tú no, por favor! ― Decía Dan a alguien más ganando un poco de tiempo para Ginny ― Por Dios, no puedes ir diciendo "Conejo sexy" por ahí como si nada, alguien te podría oír... ¡Como de hecho pasó!

¡Lo siento amor! ― Decía la divertida voz desde la otra línea.

― Claro, como si realmente lo sintieras ― Decía la resentida voz de Dan ― ¡Ginny se sigue riendo de mí! ― La otra voz también reía. Ginny podía escuchar todo perfectamente.

― ¡Ya dime quién es, Radcliffe! ― Demandó Ginny divertida. Una pequeña pelea se escuchó al otro lado de la línea y un grito de dolor por parte de su amigo.

― ¡Hola Ginny, habla Bonnie la novia de Dan!

― ¡Cielo, Dan tiene novia! ― Exclamó Ginny a Harry.

― Gracias Merlín ― Susurró Harry teatralmente.

― Sí, aunque suene extraño ¡Muero por conocerte y a los niños también! ― Bonnie era un mundo de energía y vitalidad. Era tan entusiasta que a Ginny ya comenzaba a agradarle.

― Dale unas palmadas de mi parte al desconsiderado de tu novio, pues yo no tenia idea de tu existencia.

― A él le gustan las palmadas, será mejor que cambies el castigo ― Ambas rieron y Ginny podía imaginar el rostro ruborizado de Dan ― Fue un placer poder hablar contigo y estoy segura que la sensación será la misma cuando conozca a tus hijos y sobrinos, si no te molesta claro.

― Por supuesto que no, serás bienvenida cuando quieras.

Muchas gracias, Dan me ha hablado tanto de James y Albus que en serio muero por conocerlos.

― Y nosotros a ti, Bonnie...

― ¿Ese pendejo está con Bonnie Wright? ― Inquirió sorprendido Harry.

― ¿Estás con Harry? ― Preguntó la voz impresionada de Bonnie y un poco más lejos se escuchó el eco de un "¿Qué?"

― ¿Conoces a Harry? ― Inquirió Ginny.

― ¡Claro que sí, es mi representante y dile de mi parte que cuando lo vea le daré una tremenda patada en los testículos por ser un hijo de puta! ― Ginny se tapó la boca para no soltar una tremenda carcajada, Harry frunció el ceño y finalmente Dan estaba otra vez en el teléfono.

Y esa era mi dulce novia.

― Creo que has hecho una excelente elección.

¿Lo dices por lo último que dijo?

― Es una chica muy interesante.

Créeme que lo es.

― ¿Estás enamorado?

― Completamente.

― ¿Eres feliz?

― Cielo, estoy cansado... me duelen las piernas ― Se quejó Harry y Ginny puso su mano en la boca de Harry para silenciarlo.

― Entonces, es verdad que estás con Potter ― No era una pregunta y Ginny lo sabía ―

― Es verdad, Dan yo...

¿Eres feliz? ― Inquirió él haciendo la misma pregunta que ella había hecho antes.

― Sí

Yo también soy feliz con la mujer que amo, ¿Si tú amas a Harry por qué te vas a privar de estar sin él?

― Porque no es reciproco.

¿Se lo has preguntado?

― No

― ¿Entonces cómo sabes?

― No voy a tener esta conversación contigo ahora.

― Está bien, comprendo que no quieras hablar conmigo porque ahora estás con él. Ginny, te quiero y deseo que seas feliz con tus hijos y con el idiota del cual estás profundamente enamorada porque estoy seguro que el sentimiento es mutuo ― Ella sonrió al ver la expresión aburrida en el rostro de Harry. Le dio una suave caricia y él le guiñó un ojo.

― Te extraño y quiero conocer a tu novia.

― Lo harás. Llámame cuando quieras.

― Cuídate Radcliffe.

Lo mismo digo Weasley ― Sonriendo, por fin para beneplácito de Harry, ella apagó el celular y lo tiró sobre la alfombra.

― Recuérdame que la próxima vez no te deje contestar el teléfono.

― Sí era importante.

― Sólo era ese condenado crío. Te llamó para hablar de chismes

― No, quería saber como estaba...

― ¿Te llama muy seguido?

― Sí, acostumbramos estar al corriente del otro.

― Que tiernos.

― ¿Celoso?

― Claro que sí ― Harry la besó con rabia ¿Cuántas veces debía recordarle a esa pequeña mujercita que ella era de él? ― Eres mía.

― Mmm... ¿Sabes lo que quieres?

― Te quiero a ti ― Harry abrió su corazón y se lo entregó por completo a ella, aunque Ginny no lo quisiera la única dueña de su vida era la madre de sus hijos y él ansiaba como nada en el mundo que ella también fuera suya. La intensidad del momento estaba por derribar los firmes muros que ella había puesto para proteger su corazón, Harry siempre sería el arma más letal para destruir su protección.

― ¿Cuál era la sorpresa? ― Preguntó cambiando de tema. Harry sin embargo comenzó a desvestirla con premura.

― Más tarde, cielo, más tarde ― Él la condujo hasta la habitación y por largas horas Ginny se olvidó de la sorpresa que era una cena a la luz de las velas con pétalos de rosa por toda la habitación. Sí, a veces el señor Potter era muy romántico.

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Los fuertes rayos del sol despertaron a Harry y lo dejaron inmerso en un intenso aroma que le encantó. Las piernas de Ginny lo mantenían firme y le confirmaron que ese era su lugar en el mundo, sonriendo abrió los ojos. El cabello pelirrojo de su mujer estaba desparramado por la almohada y parte de su pecho, un brazo rodeaba su cintura y el otro entrelazaba la otra mano. Perfección, juntos eran un complemento realmente perfecto.

― Te ves tan hermosa dormida entre mis brazos ― Susurró Harry ― Te amo tanto, cielo.

El tiempo era muy jodido y sabía que en algún momento se encargaría de pasarle factura. La herida de Ginny no iba a sanar con tanta facilidad y sería un bruto si no comprendía y aceptaba el proceso. Había engañado a su esposa y no conforme con eso también la había dejado. Estuvo tan confiado en que ella iba a luchar por él que dio por hecho muchas cosas. Pensó que ella no iba a sobrevivir sin él, que todo se vendría abajo, que la vida no tendría sentido, que él era todo todo en la vida de su esposa y por esa razón retrasó tantas veces la partida de su casa. Que idiota y arrogante había sido. El único maricón había sido él, el único que había derramado lágrimas había sido él y ella simplemente respondió consolando su triste realidad. La respuesta de ella había sido mucho más amplia, ella había procesado todo y luego de aceptar la situación sonrió ¡Y su sonrisa era tan hermosa!

Ginny había tenido una relación y el resultado de eso había sido una amistad inquebrantable. Supuestamente él había dejado a Ginny para ser feliz, pero nunca fue capaz de encontrarla fuera de los brazos de su esposa, aún cuando pensaba que estaba enamorado de otra. Jamás la felicidad era tan plena y deslumbrante lejos de su mujer, nunca.

En ese momento estaba mucho más enamorado que antes... y pensar que esa frase tonta y cursi le parecía un patético cliché, pero era verdad. Podías enamorarte de la misma persona dos veces y la segunda realmente era mucho más potente, pero el caso es que él jamás dejó de quererla. La amó cada segundo, tanto que verla con otro lo llevó a cometer mil errores.

Iba a luchar por ella, era lo mínimo que Ginny merecía. Había contemplado el panorama sin su mujer y nada era más desalentador que aquello. Ahora que la tenía en sus brazos era imposible imaginar un mundo sin ella. Iba a sufrir como un condenado si ella no lo perdonaba y para horror de él, el rechazo de Ginny era todo lo que él merecía.

Las manos de Harry aferrando más de la cuenta su mano derecha la despertaron, apesadumbrada pensó que eran una de las viejas pesadillas que lo atormentaban, pero cuando alzó la vista se sorprendió de ver que él estaba despierto observando un punto en el techo. Efectivamente algo molestaba a Harry y sabía que no era referente a su pasado. Estaba segura que él estaba escribiendo el guión perfecto en su cabeza para dejarla... una vez más, pero Ginny no le iba a dar gusto. Esta vez no, y se armó de valor porque una vez más su burbuja se reventaba.

― ¿Es hoy? ― Preguntó ella con una sonrisa y Harry volvió a la realidad.

― ¿Qué cosa? ― Preguntó él en un hilo de voz, carraspeó y depositó toda su atención en ella.

― Haz lo que debas hacer y no te preocupes por mí ― Sonrió ella ― Esto ya estaba durando mucho, la verdad. Todo está bien de mi parte.

― ¿Qué me quieres decir?

― Somos personas adultas, personas que por algunos años compartieron la vida y fruto de eso tienen dos hijos en común, pero que además de eso nada más los une ahora. Todo va a seguir igual...

― ¿Qué demonios estás diciendo, Ginevra? ― preguntó Harry comenzando a impacientarse. Se sentó en la cama y la miró.

― ¿Me preguntas qué estoy diciendo cuando es patéticamente obvio? ― Preguntó retóricamente ― Que esto ya se acabó, que esto duró demasiado tiempo, que nuestros hijos no se enterarán de la recaída de sus padres, que me estaba cansando de ti, eso es lo que estoy diciendo.

― ¿Así, tan fácil es para ti...?

― Fácil para mí no cariño, fácil para ti fue hace unos meses en esta misma cama decirme que me engañabas y que te ibas.

― Esa es una acusación que no puedo rebatir, sabes que no fue fácil y que...

― Lamento ser tan dramática, hubiese preferido quedarme con el recuerdo de unos cuantos polvos casuales entre los dos, pero ha llegado el momento de ser sinceros el uno con el otro ― Si ella lo hubiese golpeado en la cara no habría dolido tanto como esas palabras. Sonriendo resignado la miró a los ojos.

― ¿Quieres sinceridad? ― Ginny lo desafió con la mirada y él jamás rechazaría un reto impuesto por ella ― Me equivoqué, lamenté tanto tomar las decisiones equivocadas y sé que lamentarse ahora no sirve de nada. Trato de reconstruir mi vida, pero el caso es que faltan piezas importantes y obtenerlas en este momento es tan difícil que me siento perdido. Hasta ayer tenía cubierta la cuota de felicidad en este mundo, sin embargo ahora siento que otra vez estoy en banca rota, resulta que les debo a mis hijos el esfuerzo de no rendirme cuando los planes no resultan, no bajar los brazos cuando la misión se pone imposible y si fuese una tarea sencilla no me sentiría seducido. Y por James y Al soy capaz de tantas cosas que cada vez que de tu boca salga un jodido no, pensaré en ellos y no me rendiré hasta que me des un sí. Perdóname, te juro que si pudiera volver el tiempo atrás jamás te habría dejado...

― No...

― Perdóname, déjame que recompense tu dolor con mis propias manos...

― No, cállate...

― Perdóname, cielo... "Siempre pensé que la vida estaba compuesta de cosas simples, como cuando caen las hojas secas, o llueve y puedes sentir las gotas sobre ti, o subirte a una escoba y volar tan rápido que te haces parte del viento, creo que antes de ti todo era simple. Estaba equivocado. Cuando abrí los ojos y me di cuenta que estabas tú diste vuelta el mundo entero y la complejidad de la situación me sedujo, todo de ti me seduce. La vida siendo simple o compleja la quiero vivir sosteniendo tu mano y la de nuestros hijos. Muéstrame tu lado complejo y yo te doy una respuesta simple, regálame una sonrisa simple y yo te obsequio todo lo complejo que habita en mi interior, quiero que lo nuestro dure toda la vida, porque este amor que tú me haces sentir no se puede vivir sólo en una vida. Si te conviertes en mi esposa me harás digno y feliz, cielo" ― Ginny escandalizada se levantó y se cubrió el cuerpo con lo primero que encontró. Una camisa de Harry ― Perdóname cielo...

― ¡Basta! ― Lo enfrentó mientras lloraba ― No me hagas esto ― Le suplicó con la voz entrecortada. Harry también se levantó, pero a diferencia de ella él permaneció desnudo.

― ¿El qué?

― ¿Qué pretendes con repetir tus votos matrimoniales?

― Reconstruir nuestras vidas en los mismos cimientos, pero con hechos más sólidos.

― Hace meses corriste horrorizado de esta casa y tu único objetivo era alejarte de mí y ahora dices todo esto... ¿Quién mierda eres?

― Soy tu esposo, Ginevra ― Dijo Harry convencido ― Nuca he dejado de serlo...

― Sólo dejaste de serlo cuando te revolcabas con esa puta, cuando me llamabas por teléfono y me decías que tenías que trabajar hasta tarde y te ibas a acostar con ella, dejaste de ser mi marido cuando sentiste el primer impulso de engañarme, dejaste de ser mi marido cuando dejaste de amarme, dejaste de ser mi marido cuando traicionaste tus propios votos matrimoniales...

― Perdóname, mi amor ― Suplicó él acercándose a ella desesperado, pero ella lo alejó con una tremenda cachetada.

― Nunca Harry, nunca.

― Tú me amas, pero estás demasiado dolida para aceptar esa verdad ― La confianza que él empleó en esa oración puso furiosa a Ginny. Por primera vez ella deseó que Harry sufriera lo mismo o tal vez mucho más de lo que ella había padecido, era insoportable la idea de no dañarlo. Las lágrimas cesaron y altiva y cautivadora como siempre sonrió. No había rastro de la mujer descontrolada de hace unos minutos y Harry lo podía notar.

― Tenemos que seguir trabajando en tus problemas de autoestima, cariño.

― No es autoestima, sabes que digo la verdad.

― Pues yo no estoy tan segura ― Sonrió ― La verdad puede resultar muy dolorosa e intentaba que no cruzaras ese camino, pero me estás forzando a ser directa ― puso ambas manos en su cintura rogando por tener el valor para decir lo que tenía en mente. La rabia era un buen aliciente para ese momento ― Pensé que estaba enamorada de ti, si soy un poco generosa puedo aludir que fuiste mi primer amor y tanta perfección me nubló y creí que hacía lo correcto. Tu error me abrió los ojos frente a la vida...

― No sigas...

― Sí, me temo que debo seguir. El sexo contigo es monumental, no lo puedo negar y es lo único que me interesa de ti. Estar sin ti me quitó la venda de los ojos y descubrí que ese mundo nuevo me gustaba...

― No mientas.

― Es mejor que te largues de esta casa...

― No...

― ¡Por favor, no insistas! ― Rió ― ¿Acaso no ves que lo único que logras es humillarte? Ya no me sirves, estar contigo me mata, me aburres y el sexo ya no me es suficiente. Necesito un hombre de verdad, uno que me respete y quiera por sobre todas las cosas. Un hombre que sepa lo que valgo, alguien que esté a mi altura y tu, "cielo" ― Enfatizó ― no llenas mis expectativas.

― Estás dolida, mientes para hacerme daño...

― ¿Para hacerte daño dices? ― Rió ― No me importa si sufres, Harry. La única conexión entre los dos son James y Albus, te pediría que no comentaras esta... recaída ― Sonrió ― Me daría vergüenza tener que dar explicaciones.

Harry dejó de mirarla y por primera vez estar delante de ella desnudo le resultó incómodo. Se apresuró en buscar su ropa y vestirse. Tenía el corazón fragmentado y sus ilusiones agonizaban dolorosamente. Antes de salir de la habitación se detuvo frente a ella y verla pálida le preocupó.

― ¿Estás bien?

― Perfectamente. Lárgate de una vez.

― No quiero hacerlo, no quiero dejarte una vez más, cielo ― Harry estaba suplicando y Ginny lo miró sorprendida.

― No te quiero volver a ver

― No voy a desistir...

― Deberías hacerlo.

― Nunca.

Debía soportar una semana más para acabar con esa soledad insoportable en la que estaba desde que echara de su vida a Harry. En siete días regresaban Al y James y aunque aún no podía cumplir con la promesa que se había hecho a sí misma en la que olvidaba completamente al padre de sus hijos, sabía que con un poco más de tiempo lo haría.

Había accedido a conocer a un compañero de trabajo, era un hombre cuatro años mayor y su nombre era Ethan Cooper. Era muy guapo, gentil y agradable. Era muy divertido y Ginny continuamente se reía mucho con él, hubiese sido perfecto para ella si él no fuese un hombre retrógrado en todo sentido de la palabra. Las veces que fueron a cenar no soportó que ella pagara la cuenta y eso francamente terminó por agotar la paciencia de Ginny. Sin embargo era notorio que él tenía fuertes sentimientos por Ginny, cada mañana un arreglo floral adornaba el escritorio de su consulta, ya no sabía que hacer con tantas flores ¡Hasta en la casa de Dan había dejado unas cuantas!

Deseaba que el tiempo pasara rápidamente para ver a sus hijos, los extrañaba tanto.

― Nadie entiende que este año fue una porquería sin ellos ― Comentó una depresiva Ginny.

Ella y Hermione estaban tomando té en una cafetería luego de un extenuante día de compras. Las bolsas estaban desparramadas por las sillas y otras en el suelo.

― Ya falta poco.

― Una semana.

― Si lo dices así suena mucho.

― Lo es.

― ¿Cómo te ha ido con Ethan?

― Es agradable, pero tan machista que ya me aburrió.

― Entonces, ¿Ya terminaste con él?

― Nunca comenzamos algo, aunque él se empecina por llenar mi casa y trabajo con flores.

― ¿No te gusta?

― No.

― No quería decirlo antes, porque pensé que podía ser algo serio. Pero nunca me convenció del todo, son muy diferentes ― Dijo Hermione en tono académico, Ginny sonrió.

― Pensé lo mismo... ya no quiero más flores, ¿Quieres flores? ― Preguntó la pelirroja ilusionada.

― No gracias.

― Mi casa parece floristería y dejé casi la mitad en el departamento de Dan.

― ¿Vas a terminar con él?

― Técnicamente ya... ― El celular de Hermione comenzó a sonar y ella atendió. Tardó unos minutos en hablar y mayormente sus respuesta eran sumisas, y asentía servilmente a las demandas de su marido. Ginny arqueó una ceja y sonrió.

― ¿Estás...?

― Sí ― Resopló Hermione ― Cometí un error y tú hermano es...

― Un tonto bruto cuando alguien se equivoca ¿Cuál fue el gran error?

― Fui cruel con él, le hice una broma y se molestó ― Ginny rió ― Tengo que ir a casa, ¿Por qué no me acompañas? Tienes el día libre...

― Me encantaría, pero...

― ¿Tienes otros planes? ¿Ethan Cooper? ― Preguntó burlándose.

― Por supuesto que no ― Sonrió Ginny ― Y si estás en plan de reconciliación con mi hermano no quisiera molestar.

― Tonta, podemos esperar hasta la noche ― Rieron.

― Está bien, pero antes quiero comprar unos postres.

― Merlín, creí que una mujer se permitía comer postres dos o tres veces al mes, pero tú rompiste todo tipo de regla ¡Comes tres cada día!

― Es imposible resistirse a un pie de limón.

― Uno querida, no cuatro.

― Es un vicio ― Admitió levantándose para ir a comprar.

Aparecieron en la casa cargadas con las bolsas. Ver el sillón para Ginny fue su salvación y no porque las bolsas fueran muy pesadas, sino porque deseaba tener las manos desocupadas y poder devorar el pie

― No terminaste de explicarme si realmente terminaste con Ethan... ¡Ronald, estoy en casa! ― Añadió en un grito.

― Estuviste muy cerca de dejarme inutilizado el oído izquierdo, Hermione. Y con respecto a tu pregunta le dejé en claro ayer que no estaba interesada en...

― ¿Sigues pensando en Harry? ― Ginny bufó.

― Claro que no. Hace un tiempo ese hombre no significa nada en mi vida, sólo es el padre de mis hijos. Sin embargo la situación con Ethan cada vez es mejor, me encanta, me gusta tanto que estoy considerando pasar de los besos y abrazos a la cama. Es un hombre tan comprensivo y respeta el espacio de una mujer en el mundo ¿Cómo crees que sigo pensando en Harry con Ethan en el camino? ― Ironizó mientras llevaba un tenedor con pie a la boca.

― ¡Te felicito cuñada, mejor hombre no podías conseguir! ― Rió Hermione.

― Yo también te felicito ― Dijo una voz, sorprendiendo a Ginny y a Hermione. Ron miraba a una y a otra frunciendo el ceño, Ginny se encogió de hombros y siguió comiendo de su venerado postre. iba por el segundo bocado cuando quedó inmovilizada al ver la figura que estaba detrás de la de su hermano. Harry la miraba directamente a los ojos sin expresión alguna. Parecía más delgado y aún así era más atractivo que nunca. El cabello desordenado y mojado, su mirada indiferente por debajo de sus gafas y sus labios dibujaban una línea recta que le atribuía un aspecto salvaje y sexy ante el cual Ginny siempre perdía.

Estaba impecablemente vestido con un traje gris, una camisa negra sin corbata. Ginny estaba aterrada con la idea de tener que cruzar alguna palabra con él después de echarlo de su vida con tanta crueldad, porque a diferencia de él, ella si había sufrido cuando le pidió que saliera de su camino. En cambio él lo hizo sin una pizca de piedad y remordimiento.

― Pensé que estabas solo ― Dijo Hermione mirando a su marido. Sabía que para su cuñada no era fácil enfrentarse a Harry.

― Ron no sabía que iba a venir. Necesitaba... ― La frase inconclusa flotó en el aire. Él fue a esa casa para saber de Ginny, estaba desesperado por saber de ella e ir bajo la capa de invisibilidad al hospital ya no era suficiente. Se veía deliciosa con ese vestido blanco veraniego, comiendo algo que parecía ser un postre, tenía un poco de crema blanca en su labio superior y él deseó con tanta ganas poder lamer. El inexistente contacto físico lo estaba matando, necesitaba tocarla mucho más que respirar.

― Necesitaba unos papeles y Harry los trajo ― Concluyó Ron sacándolo del apuro.

― Ya me voy...

― Estás mucho más delgado que la última vez que te vi ― Observó Hermione con preocupación. Él dejó de mirar por unos segundos a Ginny y vio a su amiga y sonrió.

― Estoy bien, simplemente he tenido mucho trabajo ― Respondió. Había esperado desde el segundo en que escuchó la voz de Ginny decir que él ya no significaba nada en su vida, que ella escaparía de esa casa despavorida sólo para no tener que verlo y que ella siguiera ahí le había dado una pequeña esperanza.

― Bueno, yo ya me voy ― Dijo Ginny tomando sus bolsas y Harry se odió en ese instante.

― Descuida, sé que mi presencia te molesta...

― Demasiado ― Harry asintió ante esa dolorosa afirmación ― Pero tengo una cita y no quisiera llegar tarde.

― ¿Ethan Cooper? ― Ginny lo miró a los ojos y se preguntó si Harry había escuchado la conversación que había tenido con Hermione ¿No habría entendido que todo era parte de una tonta ironía? ― Quizás yo también deba felicitarte por tu nueva relación.

― Gracias ― Respondió de manera fría y cortante.

― Quisiera poder desearte lo mejor con ese idiota, pero sabes que lo mejor para ti soy yo ― Ginny bufó. Los Weasley sonrieron ante el atrevimiento de Harry.

― ¿Mencioné alguna vez que tienes serios problemas de autoestima?

― En los doce años de matrimonio jamás lo hiciste, aunque tengo un vago recuerdo de cuando fuimos novios ― Respondió Harry.

― Hazte ver, los estudios dicen que con el tiempo el problema se agrava.

― Si me perdonas es muy probable que cures cada imperfección que pueda tener ― El corazón de Ginny latía con tanta fuerza que le sorprendía que nadie escuchara los feroces latidos.

― Lo siento, pero tengo una cita...

― ¡Sé que tienes una maldita cita, te escuché! ― Exclamó él celoso.

― Con tanta imperfección pensé que no te quedaba claro.

― ¿Quién es ese idiota? ¿Qué hace? ¿Cuáles son las verdaderas intenciones que tiene contigo? ¿Dónde lo conociste? ― Ginny sonrió.

― No es tu problema.

― ¡Claro que lo es! ― Le aseguró Harry ― Desde el primer momento que ese tipo se relacione con mis hijos es mi maldito problema.

― Pues despreocúpate, James y Al aún no lo conocen.

― No juegues conmigo Ginevra, te prohíbo que ese idiota conozca a mis hijos...

― ¡Nuestros hijos! ― Exclamó Ginny perdiendo la paciencia ― No tienes derecho a prohibirme absolutamente nada.

― Cuando es referente a mis hijos tengo todos los derechos, te guste o no.

― Eres un imbécil.

― Y tú la mujer más hermosa y exquisita de este mundo ― Ginny entrecerró los ojos.

― Cuando llegue el momento espero que nos sepamos poner de acuerdo.

― Deja a ese idiota y quédate conmigo. Es lo mejor para nuestros hijos.

― Esa opción no es posible porque hace más de un año tú mataste a tu propia familia ― Harry respiró profundamente. Ron y Hermione se miraron nerviosos.

― Chicos, ¿Creen que podrían traernos un refresco, por favor?

― Yo no quiero nada ― Soltó Ginny.

― Por supuesto que sí ― Siseó Ron tomando del brazo a su mujer. Cuando quedaron solos en la sala él se acercó a Ginny.

― Estoy arrepentido, cielo...

― Te lo dije una vez Harry, ya no insistas con el tema

― Necesito insistir, por ti, por nuestros hijos y por mi.

― Tú estás en el pasado ― Sostuvo ella y Harry negó ― Sí, debes darte cuenta de una maldita vez. Ya rehíce mi vida una vez después de ti, hacerlo una segunda vez no me costará nada.

― Es probable, pero no es lo que quieres.

― ¿Cómo estás tan seguro de lo que quiero? ― Harry se acercó a ella y en un arrebato de posesividad tomó el pecoso rostro entre sus manos.

― Porque nos pertenecemos, porque lo único que quiero en este mundo eres tú ― Susurró él y el traicionero corazón de Ginny le creyó.

― Hablas como...

― ¿Cómo hablo, cielo? ― Ella sonrió de manera genuina.

― Como si estuvieras seguro de lo que quieres, como si realmente estuvieras enamorado ― Entonces el mundo dejó de existir, porque para Harry la única cosa real en la vida era Ginny y la besó. La besó con tanto esmero y pasión que en segundos le faltó el aire, acelerados ambos se miraron a los ojos. La cachetada que Ginny le dio fue inesperada al igual que ver las lágrimas acumuladas en sus ojos ― Hace unos meses era posible que te creyera, ahora tus palabras llenas de sentimentalismo me dan asco.

― Ginny...

― Vete a la mierda ― Y sin más ella desapareció. Ron y Hermione observaron la escena y se acercaron a él.

― ¿Qué voy a hacer? ― Susurraba Harry desesperado.

― Dile que la amas.

― ¿Cómo le voy a decir que la amo si no confía en mí?

― Estás perdido, amigo.

― Gracias Ronald.

― Te lo mereces por idiota ― Resopló Hermione, Ron asintió a las palabras de su mujer ― ¿Vas a dejar que otro hombre te la quite? ¿No vas a luchar por ella? ― Harry la miró a los ojos.

― Ella no luchó por mí. Ginny dejó que le arrebataran a su esposo ― Repuso abatido y Hermione estuvo tentada de pegarle una segunda cachetada.

― Tú le dijiste que ella te mataba en vida y que con Cho tenías una vida mucho más plena, ¿Piensas que al decirle eso a una mujer le otorgas armas para luchar? Ella se hizo a un lado para que fueras feliz porque te amaba.

― Estoy perdido ― Repuso Harry abatido.

― Lo estás ― Corroboró Ron.

― ¡Ese no es el punto, Harry! ― Decía Hermione exasperada ― Escuchaste lo que ella dijo, Ethan Cooper corre con ventaja y Ginny le va a dar una oportunidad. Una vez conquistaste su amor...

― Mi hermana siempre estuvo enamorada de Harry, por lo tanto este idiota no la conquistó

― ¡Cállate Ronald! ― Gritó ella enojada. Volvió a dirigir su atención en Harry ― Si no haces algo vas a perder para siempre. Demuéstrale que puede volver a confiar en ti, recuérdale cuáles fueron los detalles que afianzaron su relación. Haz que ella se enamore de ti una segunda vez, comienza de nuevo con ella. Comienza de nuevo con Ginny ― Harry intentaba buscar la solución en cada palabra de Hermione.

― Si le digo que la amo la voy a perder para siempre.

― La vas a perder si sigues aquí parado como idiota y no hablas con ella.

― ¡No me va a escuchar!

― ¡Inténtalo, pelea por ella, esta vez conquístala tú! ― Harry no necesitó escuchar dos veces lo mismo. Desapareció.

― ¿Crees que haya ido a la casa de Ginny?

― Más le vale al retrasado de tu amigo.

― Es como tu hermano ― Le recordó Ron.

Pudo ver las bolsas que Ginny llevaba sobre un sillón y otras más sobre el suelo, justo al lado de un florero... La casa estaba llena de flores. Sabía que a Ginny le encantaban, pero tener tantas también era una exageración. O bien también podían ser regalos. Gruñó, prefería pensar que ella adoraba las flores, aunque no era lo más seguro. Ginny aparecía descalza y con el cabello todo recogido, aún comiendo postre. Cuando lo vio parado en la sala lo fulminó con la mirada y él levantó los brazos a modo de rendición. .

― No quiero discutir ― Le aseguró.

― Entonces lárgate de una buena vez.

― Tenemos que hablar.

― No hay nada que hablar, ¡Merlín Harry! lo único que estás consiguiendo es que te odie.

― No quiero eso. Escucha ― Resopló él mirándola a los ojos ― No quiero estar sin ti y saber que estás viendo a otro tipo me pone enfermo. No quiero que nuestros hijos se relacionen con tu amigo, pero puedo entender que lo quieres... ¡Mierda, no, no puedo entender que quieras a otro hombre! Quiero merecer ser el hombre del que una vez te enamoraste. Debo recurrir a un muchacho de dieciséis años para que me ayude y hacer que me vuelvas a querer. Soy un tipo idiota y arrogante, me frustro con facilidad y soy muy protector con las personas que quiero ¿Qué viste en mí? Ni siquiera yo lo sé, entiendo que tengo mucho más defectos que virtudes y que con el correr del tiempo me vuelvo más idiota. Desde el primer minuto que... ― Era tan difícil volver a esos recuerdos, pero lo más complicado era dañar a Ginny ―...Cho entró en mi vida me arrepentí, sin embargo no fui lo suficientemente hombre para detener la situación. Me vi en esta doble vida y jamás te quise dejar, pero tomé la salida más fácil y fui un hijo de puta contigo. Te lastimé y maté la confianza y el amor que tenías en mí, es probable y lógico que haga lo que haga jamás sea merecedor de volver a tenerte conmigo porque no hay esfuerzo suficiente para merecerte. Tengo millones de defectos, pero no soy cínico, es imposible que te diga que espero que seas feliz con otro, porque esa situación no está contemplada en mi futuro. El único futuro que hay en mi vida son los niños y tú. Prefiero tener tu odio que tu indiferencia, porque cielo, jamás te voy a dejar en paz, y mi paz es contigo. Soy un jodido egoísta ― Se quedaron en silencio mientras se miraban sin parpadear. Ginny no sabía que sucedía realmente y si lo sabía no quería pensar en ello.

― Harry... ― Él se acercó y la tomó de los hombros.

― Estoy arrepentido de lo que hice y me muero por estar contigo. Ya no hay dudas, porque tú eres la certeza más hermosa de mi vida. Por ti volví de la muerte, cielo, tus besos, tu mirada me hicieron volver. Rescátame una segunda vez. Fui tu principio, ahora déjame ser tu final. Te quiero Ginny, te quiero a ti, cielo.

― Me pides demasiado.

― Puedo hacer que me quieras de nuevo.

― ¿Y si no quiero quererte? ― Harry bajó los brazos desilusionado.

― Yo te voy a querer para siempre, Ginny ― Ella suspiró, deseó poder borrar la sonrisa que se esforzaba en salir, pero ésta era mucho más fuerte.

― En casa de mi hermano estabas tan autoritario, ¿Por qué te ablandas? ― Preguntó arqueando una ceja.

― Contigo nunca me ablando, siempre estoy duro ― Ginny negó con la cabeza e inevitablemente rió fuerte. Las esperanzas de Harry volvieron al ataque. Era tan bonita cuando reía.

― Eres imposible.

― Contigo no hay imposibles ― Respondió él mirándola con intensidad.

― ¿Qué pretendes, intimidarme?

― ¿Por qué? ¿Vas a huir?

― Ya no huyo, amigo. No me dejo asustar por nimiedades ― Harry sonrió complacido.

― ¿El padre de tus hijos representa una nimiedad en tu vida?

― No ― Respondió con sinceridad ― Representas mucho más, pero en este momento no quiero enfrentarme a eso.

― Yo te voy a decir por qué no quieres hacerlo. Me sigues amando y pensar en mí te confunde y te hace daño. Te ofrezco un trato que también es una verdad, mi propia verdad: Perdóname, cielo. Dame una segunda oportunidad, mereces tanto ser feliz y yo soy el único que te la puede dar.

― ¿Tan seguro estás? ― Harry esbozó una sonrisa socarrona y se acercó a ella. Frente con frente, nariz con nariz, el aliento de ambos se entremezclaba, lo compartían.

― Tu piel me lo dice cuando te toco. Tus ojos sonríen cuando me ves, me extrañas y necesitas tanto como yo te necesito a ti ― Decía sin apartar sus ojos de los castaños de Ginny ― Y tu boca... tu boca, nena se muere por mis labios ― Susurró mientras su pulgar acariciaba los finos labios de Ginny ― Tú me amas, cielo.

― No puedo permitirme volver a confiar en ti.

― Voy a recuperar tu confianza.

― No lo vas a lograr. Jamás podría perdonar tu traición.

― La mayor parte del tiempo creo que yo tampoco me lo voy a perdonar, pero nada va a impedir que no luche por ti, tú eres mi vida entera ― Suspiró él con la voz quebrada, entonces Ginny vio como caía, hechizada, bajo el embrujo de Harry ― Quiero borrar con mi boca la huella de todos los besos de tu vida, quiero que éste sea tu primer beso.

― Hazlo ― Harry la sujetó de la nuca y luego deslizó su lengua en la boca de Ginny. El beso era pura magia, deseo y anhelo, ella gimió y ese sonido tan erótico lo volvió loco. Ella lo abrazó con fuerza y él intensificó más el beso.

― Cielo...

― Sapito... ― Harry la miró a los ojos y ambos rieron.

― Te quiero tanto ― Entonces la volvió a besar, la alzó y ella enredó las piernas en su cintura y todo fue más fácil. Harry los condujo hasta la habitación y ambos cayeron con delicadeza sobre la cama.

Harry jamás dejó de besarla mientras intentaba quitarle el vestido blanco y ella hacía lo propio al tratar de desnudarlo. Parecían dos adolescentes haciendo el amor por primera vez y por alguna razón los dos estaban fascinados. Harry se levantó de la cama para quitarse el pantalón con brusquedad mientras ella lo observaba sonriente. Cuando él volvió a subir a la cama abrazó a Ginny por la espalda recorriendo el suave cuerpo con sus manos, no hubo sitio que olvidara.

― Haré todo lo que quieras para que me perdones ― Susurró él mordisqueando la oreja, ella respondió con un gemido erótico que no hizo más que incendiar a Harry ― Vas a ser mía otra vez, cielo y en ésta ocasión será para siempre ― Ginny se mordió el labio, doblegada por las sensaciones que ese maldito hombre le hacía sentir. Él deslizó una mano entre las piernas de Ginny, sonriendo comprobó que estaba preparada para él ― Sí, nena... ― Harry deslizó dos dedos hasta los nudillos y Ginny jadeó su nombre y eso a él lo volvía loco.

― Sí... ― Gemía Ginny cerrando sus ojos apoyando su cuerpo en el de Harry.

― Eres tan hermosa, cielo. Me vuelves loco ― Sonreía él mordiendo el hombro de Ginny y luego con una lamida suavizaba cualquier posible dolor que ella pudiera sentir ― Te quiero ― Harry la tomó del cabello y giró su rostro hacia el de él para besarla de lleno en la boca. Sacó los dedos del sexo de Ginny y la penetró sin contemplaciones, ambos gimieron.

Estar en la cama con su mujer no fue la idea central cuando decidió ir, pero no cambiaba absolutamente nada. Ella era sin duda lo mejor que le había pasado en la vida junto con sus hijos. Ante cada caída Ginny había lamido sus heridas. Ante cada desilusión las palabras oportunas salían de la boca de su esposa, ella era su refugio, su compañía y su soledad. Era realmente estimulante hacerle el amor con esas certezas en su cabeza.

― Harry...

― Sí, mi amor. Pronuncia mi nombre cuando estoy dentro de ti, tan dentro de ti, cielo ― Ginny estaba en las nubes y Harry de rodillas detrás de ella sus, manos acariciaban cada centímetro de su cuerpo. No sólo le hacía el amor con su cuerpo, también lo hacía con sus palabras y ella en medio de ese paraíso deseaba con fuerza no caer en la tentación de perdonarlo. Hacer eso significaba remover sentimientos y dolores que estaban enterrados.

Harry se sentó sobre sus talones e hizo que ella lo imitara. Estaba sentada sobre él apoyando las manos extendidas en la cama. ¡Dios, sentía que la iba a partir en dos!

Las arremetidas se incrementaron, el placer era tremendo y todo era perfecto porque los dos se amaban. Ese último factor hacía todo mucho más intenso. Harry estaba por alcanzar el orgasmo y sabía que ella también, lo apretaba tanto. La tomó del cabello una vez más y la acercó a él deteniendo todo tipo de movimiento.

― ¡No pares!

― Estás tan cerca, cariño, me aprietas de una manera exquisita, ¿Lo puedes sentir?

― ¡Por supuesto que sí!

― Te quiero, quiero morir dentro de ti, quiero morir diciéndote que te quiero... Créeme, Ginny. Mi mundo comienza y termina contigo...

― Yo no sé...

― Abre tu corazón y verás que en esta historia soy tu final feliz.

― No quiero un final contigo.

― Entonces no tengamos un final, mi amor por ti no tiene límites ― Un, dos, tres movimientos bastaron y alcanzaron el éxtasis juntos.

Harry se dejó caer sobre el cuerpo de Ginny besando su hombro. Ginny intentaba recuperar el aliento con los ojos cerrados, con él siempre era todo tan intenso. Estaba decidida a mantener la distancia, pero él decía unas pocas palabras bonitas y la muy tonta caía ¿Eso era estar enamorada? ¡Por supuesto que no! Eso era estar caliente y necesitada. "Bruta, Ginevra, bruta"

Harry sin embargo estaba obnubilado viviendo el momento, acariciaba con pereza el cuerpo su mujer, sus labios recorrían el cuello blanco, la fragancia de ella era la misma que él tenía en su cuerpo... quería una extensión de Ginny. James y Albus eran una extensión de los dos, pero quería más.

― Cielo...

― ¿Hum? ― Con suavidad giró el cuerpo de Ginny y ambos se miraron a los ojos y él sonrió ― ¿Qué pasa?

― Quiero otro hijo ― Dijo él sin filtro alguno. Ginny lo miró impertérrita durante varios segundos y exteriorizó los nervios con una larga carcajada, Harry también rió.

― Que gracioso.

― Te lo digo en serio ― La risa fue muriendo poco a poco.

― Esta noche no cambia absolutamente nada. Tú me engañaste y te largaste de esta casa con otra mujer y el hecho que este último tiempo nos hemos acostado no borra lo que hiciste.

― Por supuesto que no lo borra, pero puedo enmendar mis errores ¡Aprendo de ellos!

― ¿Por qué haces esto? ― Preguntó enojada ― ¿Por qué nos haces esto?

― Porque nuestros hijos quieren que estemos juntos y yo me muero sin ti.

― No es justo que hagas esto cuando mi vida está en orden, cuando ya había logrado sacarte de mi corazón...

― Nunca podrás sacarme de tu corazón, Ginevra. Yo tampoco pude hacerlo.

― Déjame que lo dude ― Repuso ella irónica.

― Te quiero.

― Yo no.

― Te quiero brujita.

― Yo no.

― Me podría enamorar mil veces de ti cada día.

― Yo me olvidé de ti tantas veces que hasta eso es un vago recuerdo en mi mente.

― Te juro que haré que me recuerdes.

― ¿Cómo?

― Con besos ― La besó ― Con caricias ― Le acarició el rostro ― Con las sonrisas que sólo tú puedes crear, cielo ― Ginny a pesar de querer aparentar seriedad e indiferencia la esquina izquierda de su boca se curvó ― Con todo lo que soy te vas a enamorar de mí una vez más ― Ginny enarcó una ceja y se levantó.

― Lo dudo, Potter ― Le dijo mirándolo por encima del hombro ― No vamos a tener un hijo y mucho menos me volveré a enamorar de ti.

― No lo dudes, Weasley. El Harry lento e idiota se fue hace mucho tiempo. Te voy a conquistar pelirroja, lo puedes apostar.

Diez minutos después Ginny echaba a patadas a Harry de la casa. Él alcanzó a ponerse la camisa desabotonada y el pantalón, pero ella le arrojó al jardín los zapatos y las gafas. Harry seguía riendo mientras observaba la puerta.

Si Harry Potter hubiese mirado hacia las casas del frente antes de desaparecer habría visto a Cho Chang maldecir y jurar que Ginny Weasley jamás sería feliz con ese hombre.

Espero que les gustara, el capítulo tiene muchos adelantos del siguiente. Harry dice dos y Dan también da a entender algo ;)

También quiero agradecer el apoyo de mi nueva historia "Apostando el corazón" por supuesto también Hanny ¡Son increíbles, muchas gracias!

Gustavo, mi querido Gustavo estás haciendo feliz a los ángeles con tu talento ¡GRACIAS TOTALES!