Perdón, perdón, perdón, perdón. Queridos lectores de verdad que siento muchísimo haberme tardado tanto en subir el nuevo capítulo. Mi inspiración al parecer decidió tomarse unas vacaciones y me dejó tirada. Llevo todo el día escribiendo como loca para acabar el capítulo para hoy porque no os merecéis que tardara más.

Os pido perdón por si encontráis algún dedazo o alguna expresión mal trabajada o algo por el estilo, ya que el capi está recién salido del horno y no me ha dado tiempo a revisarlo como a mí me gusta.

Agradecimiento especiales para: barbiiie, tormenta oscura, Sabaana, luna-maga, Gibellu, pEqUe, Sol Meyer M. G, memoriesofkagome, mariapotter2002, Aglaia Callia, Serena Princesita Hale, lolilla, amtorop y Negumi Uchiha. Miles de gracias por sus reviews, me encanta leerlos y responderlos. Vuestras palabras son las que me ayudan a encontrar la inspiración para leer.

También muchísimas a aquellos que me agregaron a alertas y a los que leen entre las sombras.

Y ya me dejo de tanta palabrería y os dejo con el capítulo.

oOo

Disclaimer: Todo lo que podáis reconocer pertenece a J.K.

Aún podía sentir la mezcla de emociones cuando apareció en aquella sala de blanco impoluto. Una vez más Granger había vuelto a hacer gala de su valentía y testarudez insistiendo una vez más en salvarle de su destino. En un principio había intentado resistirse, ya tenía demasiadas preocupaciones como para añadir una más, pero también sabía que la compañía de la chica podría ayudarlo a seguir adelante con todo aquello.

Ahora debía concentrarse en la misión que tenía por delante. En ese momento recordó a Zabini y se preguntó si habría sido capaz de haber salido vivo de allí y de haber cubierto las expectativas del Lord. Se obligó a concentrarse. Seguro que su amigo ya estaba de regreso al castillo completamente a salvo, ahora debía centrarse en poder hacer lo mismo.

Una puerta frente a él se abrió dejando paso a un mortífago encapuchado de aspecto siniestro. Era corpulento y a través de las rendijas de la máscara podía distinguir unos ojos con un leve brillo de locura.

—¿Preparado para morir, mocoso? — oyó la oscura voz de su adversario.

El rubio encuadró los hombros y adoptó una pose atacante.

—No tanto como tú — respondió con voz dura.

Y entonces dio comienzo el combate.

Haces de luces de distintos colores cruzaron la sala alumbrando el lugar con cada uno de ellos. El mortífago no se había andado con miramientos y había comenzado el ataque con maldiciones bastantes agresivas. Tuvo que andarse con muchísimo cuidado desde el primer segundo, teniendo que usar toda su agilidad para evitarlos y toda su concentración en lanzar hechizos igual de dañinos.

A penas habían pasado unos minutos cuando la respiración del muchacho ya era errática y entrecortada. Gracias a Merlín no había sido herido pero sus reflejos ya habían disminuido y sería solo cuestión de tiempo que alguno de los hechizos de su oponente acertaran en él o peor aún, que le lanzara un Avada. Cada vez estaba más cercano el momento en que tendría que usar la maldición asesina si no quería ser él mismo el que cayera bajo sus efectos.

El hilo de sus pensamientos se vio interrumpido por un fuerte dolor en su abdomen. ¡Joder! Estaba en medio de una lucha a vida o muerte y él se dedicaba a perderse en sus desvaríos. Ahora sentía un fuerte dolor en su torso izquierdo. Con cuidado se palpó y sintió como la zona estaba bastante inflamada, seguro que tenía una costilla rota.

¡Mierda!

—¡Sectusembra!

Un haz de luz plateada salió de la varita del chico impactando en el pecho del mortífago causándole numerosos cortes que al instante comenzaron a sangrar. Durante unos segundos el encapuchado aulló de dolor y tuvo que apoyarse sobre la pared para no caer al suelo.

Draco aprovechó aquellos instantes para poder recuperar el resuello y decidir qué hacer. No le quedaba más remedio que acabar con aquel combate ya o si no, tendría varias posibilidades de salir perdedor.

Respiró hondo.

La decisión ya estaba tomada.

Su mirada se oscureció hasta casi adquirir el tono de la mismísima noche, con pasos decididos acortó la distancia con su oponente y con mano firme lo apuntó con la varita. Podía sentir la electricidad corriendo por sus dedos previendo lo que estaba por ocurrir. Y entonces las palabras salieron de su boca con una naturalidad que incluso a él mismo asustó.

¡Avada Kedavra!

oOo

Hacía casi una hora que Draco había dejado a Hermione en la linde del bosque y aún no había regresado.

Tras asegurarle que volvería, la chica se había quedado completamente bloqueada en el mismo lugar sin saber qué hacer. No sólo se había besado con él, si no que le había dicho sin ningún tipo de tapujo que no quería pasar una noche preocupada por él, que lo que le pudiese ocurrir verdaderamente le importaba. Y cuál fue su sorpresa cuando Malfoy, en vez de despreciar por enésima vez su sinceridad la había observado con la confusión pintada en sus ojos grises y acabó rindiéndose al igual que ella.

Sus sentimientos hacia él estaban muy lejos de calificarse amor, pero era innegable que poco a poco algo había cambiado en ella respecto a él y ahora estaba completamente enganchada a lo que le pudiera suceder. Y a raíz de aquel beso en el aula vacía, esos sentimientos no habían hecho otra cosa que bullir en su interior, provocándole una sensación de vértigo y mareo ante tanta intensidad.

Cuando volvió en sí, regresó a paso lento hacia el castillo mientras que la nevada que había predicho caía suavemente sobre ella. En el trayecto se acordó de Dan y un pequeño malestar se instaló en ella. El muchacho se había comportado de manera encantadora a lo largo de la noche, siempre atento a ella y consiguiendo que de verdad, el haber ido al baile hubiese merecido la pena. Y ella no había tenido nada mejor que hacer que dejarle solo en su afán por ir con Draco. Más adelante debería hablar con él.

Cuando pasó las enormes puertas del castillo e ingresó en su interior, Dan ya no se encontraba allí. Podía oír la música del baile proveniente del Gran Comedor y el murmullo de las voces de los alumnos que aún se encontraban en él. Pero no tenía ánimos para regresar allí y despedirse de sus amigos, su preocupación por Draco caía sobre ella como un enorme peso y con pasos lentos regresó a su sala común dónde esperaría su regreso.

Y ahora se encontraba allí, con el corazón más desbocado a cada minuto que pasaba. Ni siquiera se había tomado la molestia de deshacerse de su vestido. Tampoco sabía muy bien que iba a suceder cuando el chico volviera, porque necesitaba que volviera. No sabía cómo reaccionarían ambos, aún sentía ese pequeño resquemor de que volviera a apartarla. Pero eso era lo que menos la preocupaba, mientras que volviera sano y salvo todo lo demás era una preocupación menor.

oOo

Aún no supo como había sucedido, pero a pesar de que aquel individuo había intentado matarlo, no pudo sentir más que alivio al ver como el mortífago a duras penas se hizo a un lado evitando el impacto de la maldición. El muy cretino había conseguido cerrar sus heridas y, aunque su respiración seguía siendo superficial, había recuperado las suficientes fuerzas como para apartarse del camino de la luz verde.

Su contrincante poco a poco fue recuperándose de los cortes por lo que Draco se vio obligado de nuevo a tomar cartas en el asunto. A pesar de no haber sido herido de gravedad, su cansancio y agotamientos aumentaban exponencialmente a medida que pasaba el tiempo.

Crucio.

Aquella palabra salió de su boca con un desprecio tan palpable que el dolor que le causó a su enemigo fue excesivo. El hombre comenzó a retorcerse en el suelo aullando de dolor. El chico mantuvo firma su varita mientras el rayo de luz impactaba por completo en su oponente. A penas unos segundos después los gritos dejaron de taladrar lo oídos de Draco y la estancia se sumió en un completo silencio.

Su respiración era agitada y un sudor frío recorría su nuca.

Había conseguido dejar inconsciente al mortífago pero sabía que aquello no era suficiente. Voldemort había sido muy claro en su último encuentro, o usaba la maldición asesina o el mismo sufriría sus efectos.

Con el dorso de la mano se limpió el sudor de su frente y con pasos lentos se acercó hasta el hombre inconsciente quedando a un par de metros de él y respiró hondo. Esta vez no tendría la suerte de tan solo unos minutos antes, ahora no podría escapar.

Alzó la varita sintiendo como su pulso temblaba levemente.

Avada

Una enorme fuerza lo empujó hacia atrás haciendo que se golpeara contra la fría pared a su espalda, soltando un fuerte gemido de dolor. Su vista se nubló unos instantes y cuando consiguió volver a enfocarla, vislumbró a una nueva figura en la sala completamente ataviada de negro, y no le hizo falta mucho tiempo para saber de quién se trataba.

Lord Voldemort había aparecido en la sala impidiendo que lanzara la imperdonable contra aquel individuo. Tenía la mirada fija en el mortífago inconsciente en el suelo y un rictus de de enfado se dibujaba en aquellos finos labios.

Draco se levantó del suelo e inmediatamente se inclinó hacia aquel ser en una clara muestra de respeto que verdaderamente no sentía.

—Vaya desperdicio de mortífago — siseó con desagrado — Y pensar que creía que era una buena inversión.

El chico permaneció en completo silencio esperando a que el Lord Oscuro se dirigiera a él.

—Has tenido suerte Malfoy — le dijo — Has superado mis expectativas deshaciéndote de este imbécil mucho antes de lo que yo esperaba — hizo una breve pausa fijando su mirada en el rubio — Una pena que el muy inepto se apartara de la trayectoria de tu Avadra, habría sido un gran espectáculo. Pero después de ver su pésima actuación he decidido que mejor me encargo yo de él.

—Como usted prefiera, señor.

—No te preocupes chico, tendrás tu oportunidad. La próxima prueba no será un estúpido combate, participará en el ataque de un pueblo muggle y el objetivo creo que queda bastante claro: asesinaremos al mayor número de muggles posible — Una viperina sonrisa se dibujó en su rostro de reptil. Un escalofrío recorrió la espalda del chico — Puedes marcharte Malfoy.

—Gracias, señor.

Y con un nuevo asentimiento de cabeza, el chico abandonó la sala temiendo más que nunca que volviese a ser llamado.

oOo

Cuando unos minutos más tarde Hermione sintió como el retrato a sus espaldas se hacía a un lado, su respiración se paralizó. Se giró hacia él y cuando lo vio allí a salvo, mirándola con aquellos ojos grises, solo entonces, se permitió soltar el aire que había estado conteniendo hasta el momento. Con pasos lentos y temblorosos se acercó hasta él quedando a penas un palmo de distancia.

Tría el pelo revuelto y manchado de sangre, un corte en su mejilla había teñido de rojo su rostro y parte de su cuello y por la manera en la que se sujetaba el torso, debía de tener alguna herida más. Con lentitud y sumo cuidado, Hermione alzó una de sus manos y la posó con delicadeza en el rostro de él, pudiendo sentir como la mandíbula del chico se relajaba ante el contacto.

—Vamos, voy a curarte esas heridas.

En completo silencio el chico observó como Hermione subía en dirección a su dormitorio para bajar a los pocos segundos cargada con aquel pequeño maletín que ya le vio aquella noche que lo encontró en el pasillo malherido, en el cual guardaba varias pociones y ungüentos.

Juntos se sentaron en el enorme sillón y la chica comenzó a curarle las heridas que se encontraban en el rostro del rubio, sintiendo su mirada penetrante clavada en ella en todo momento. Con sumo cuidado le limpió el rostro y el cuello para luego desinfectar el corte.

—¿Tienes alguna herida más?—preguntó la chica con la voz un tanto temblorosa por la situación y sin siquiera mirarlo a los ojos.

Draco la miró durante unos instantes que a Hermione le parecieron eternos.

—Creo que tengo una costilla rota — le respondió con expresión de dolor al removerse en su asiento.

El rostro de Hermione se coloreó al instante, si quería reponer el hueso roto, necesitaba que el chico se retirara la camisa. Malfoy pareció ver los pensamientos que cruzaban la mente de la chica pues sin decir nada, comenzó a desabrocharse la camisa negra que llevaba bajo la túnica del mismo color hasta que dejó al descubierto su níveo torso dónde se podía vislumbrar una cicatriz de un color más claro. Aquella marca le hizo recordar a Hermione en las pésimas circunstancias que encontró al chico a comienzo de curso, con una enorme herida sangrante que a punto estuvo de dejarlo inconsciente. Deslizó la mirada hacia el lado izquierdo del pecho, dónde había visto que Malfoy se había sujetado a su llegada. Se quedó mirando fijamente la zona, aterrada de tener lo que tenía que hacer.

—Hazlo Granger, no muerdo — dijo con ironía el chico.

La aludida lo miró con el ceño fruncido ante el tono que había usado y con una mano temblorosa acarició con delicadeza la zona. Su piel era suave al tacto y bajos sus yemas podía sentir el calor que desprendía su piel. Cuando dio con la costilla rota, el chico no pudo evitar soltar un breve quejido.

—Lo siento — se apresuró a disculparse la chica.

—Déjate de tonterías y cúrame la costilla de una maldita vez — respondió malhumorado.

Hermione frunció el ceño una vez más ante tal contestación, pero prefirió guardar silencio. Con cuidado, acercó la varita a la zona afectada y con un suave movimiento unas chispas plateadas atravesaron la blanca piel.

—Creo que ya está.

Draco se irguió un poco más y palpó la zona notando que la costilla ya estaba curada.

En ese instante un denso silencio cayó sobre ellos. La última vez que se habían visto se habían besado con desesperación en el linde del bosque y ahora no tenían ni idea de cómo actuar ante tal situación.

—¿Qué… qué es lo que os obligan a hacer en las pruebas? —preguntó Hermione un tanto nerviosa — Siempre vuelves bastante herido de ellas.

El chico pareció pensárselo durante unos segundos.

—Draco… — lo llamó con delicadez obligándole a mirarla — Cuéntamelo.

La observó con aquella sincera preocupación pintada en su rostro y finalmente respondió.

—Nos enfrentan con otros mortífagos, nos obligan a luchar entre nosotros hasta que algunos de los cae.

Aquellas palabras calaron muy hondo en Hermione, ¿significaba aquello que Draco había matado a sus oponentes? ¿Ha eso se refería con hacer caer al otro? Sus dudas parecieron reflejarse en su rostro porque Draco se apresuró a añadir.

—No he matado a nadie Granger.

La chica lo miró a los ojos escudriñándolos, comprobando que no era una simple mentira para calmar sus preocupaciones. Pero su mirada era tan clara que no le cupo ninguna duda de que decía la verdad.

—Hace un momento llegó esta nota para ti — dijo la chica e inclinándose hacia la pequeña mesa que había frente a ellos le tendió un pequeño pergamino doblado.

Toda ha salido como esperábamos, no me ha quedado más remedio que hacerlo. Al menos no estoy demasiado herido. ¿Lo hiciste tú?

B.Z.

Una de las cargas que portaba consigo, se hizo mucho más ligera al leer la nota. El zorro de Zabini había conseguido salir vivo de aquel encuentro aunque a un precio demasiado alto.

—¿Él también se encuentra bien? — preguntó la chica a su lado.

—Eso parece, voy a responderle.

Hermione lo observó detenidamente mientras el rubio se ponía en pie y se dirigía a su habitación a por un poco de tinta y pergamino. Su corazón latía desbocado contra su pecho. La actitud de Malfoy con ella apenas había cambiado, seguía siendo fría y distante y una sensación de vacío se asentó en su estómago. Había sido una ingenua al creer que aquel beso junto al bosque cambiaría las cosas.

Suspiró hondo y se encaminó hacia su habitación. Estaba exhausta entre tanto nervio y tanta espera porque el chico volviera sano y salvo. Subió las escaleras, pero cuando iba a girar el pomo para adentrarse en su habitación una fría mano la sujetó por la muñeca obligándola a girarse. Fue tan de repente que su cuerpo colisionó contra el de Draco, quedando ambos completamente unidos.

Su mirada grisácea la miraba desde unos centímetros más arriba brillando en la oscuridad. Su corazón retumbó contra su pecho y temió que el chico hubiese podido sentirlo. Él la miraba serio, con su vista fija en ella como si no le afectara en absoluto su presencia tan próxima.

Hermione se sonrojó por completo cuando percibió como él acercaba su rostro cada vez más hacia ella y cuando sus labios se unieron, no pudo pensar en nada más.

oOo

Aún no podía creer lo que acaba de ocurrir, aunque en el fondo sabía que era algo que el se había negado a ver durante demasiado tiempo.

Desde hacía un tiempo, Dan había observado con detenimiento las reacciones de Hermione ante la presencia de Malfoy. Al principio lo asignaba al ese especial resentimiento que ambos se tenían por años de insultos y de malos tratos pero después comenzó a comprender que no era por eso en exclusividad. Se dio cuenta de sus miradas furtivas en clase o en el Gran Comedor, de cómo ella se tensaba cada vez que él se aproximaba a ella por pura casualidad.

A pesar de ello siguió actuando como un triste ciego, queriendo ignorar lo que tenía ante sus ojos. Y aquello lo ocurrido hacía unos instantes lo había cogido de improviso.

Durante el baile había notado varias veces la mirada de Malfoy sobre la chica, siguiendo cada uno de sus pasos y dedicándole miradas de odio a él mismo. Y sabía que Hermione se había dado cuenta. De manera consciente o no, la chica había buscado en más de una ocasión la mirada del rubio.

Maldita sea.

Pensó que Hermione sería más inteligente que todo eso, que no se dejaría embaucar por un mortífago en potencia que solo sabría contarle engaños y mentiras.

Una breve incomodidad se abrió paso en él.

Estaba siendo un auténtico hipócrita. Él no podía alardear de una completa sinceridad en cuento a Hermione se refería, pero una cosa era segura. Se arrepentía muchísimo de que las cosas se hubiesen dado así, si por él hubiese sido, gustoso habría cambiado el transcurso de las cosas.

oOo

La besó lenta y pausadamente, en una dulce tortura que ninguno quería que acabara. Saboreaba cada rincón de su boca de una manera tan embriagadora que Hermione creía que desfallecería en aquel preciso instante. Tuvo que sostenerse al cuello del chico porque sus piernas ya comenzaban a flaquear.

En cambio él, acariciaba los contornos de la chica tapados por la suave tela del vestido mientras que una de sus manos se enredaba en los rizos de ella. ¿Cuándo comenzó aquello? ¿Cuándo comenzó a desear tanto besar a Granger? No lo sabía y ya no tenía sentido que continuara pensando en ello, pues ya no había marcha atrás.

La sabelotodo había conseguido abrirse un hueco en toda aquella oscuridad que lo rodeaba. Había intentado apartarla, como una incómoda distracción más. Pero ante la insistencia de ella no tuvo más remedio que rendirse a lo inevitable.

Su lengua continuó moviéndose en el interior de su boca jugando con la de ella, provocándola, instigándola. Cuando Hermione soltó un pequeño suspiro contra su boca, tuvo que hacer verdaderos esfuerzos por no sonreír. Si él estaba perdido, ella lo estaba en igual medida.

Cuando sus pulmones reclamaron por algo de oxígeno, ambos se separaron mirándose a los ojos y Hermione no pudo evitar que una sonrisa bailara en sus labios provocando el sonrojo de sus mejillas.

—Me alegro de tenerte de vuelta —murmuró escondiendo el rostro en el hueco entre el hombro y el cuello del chico.

Draco se sintió un tanto incómodo con aquella situación tan íntima. Había estado con varias chicas antes, pero nunca en una situación como aquella. Aquel abrazo de la chica lo dejaba expuesto a ella y lo hacía sentir vulnerable.

Rió para sus adentros antes aquellos pensamientos.

Más expuesto de lo que ya había quedado ante ella hasta el momento, era bastante difícil. La sujetó por la cintura y la atrajo hacia él en algo parecido a un abrazo. Así se mantuvieron unos instantes en completo silencio, ambos sin saber muy bien que decir.

—¿Qué vas a hacer ahora con Callahan? — murmuró Draco contra su pelo y pudo sentir como el cuerpo de la chica se tensaba entre sus manos.

—Tendré que hablar con él, mi comportamiento no ha sido el mejor esta noche — dijo Hermione un poco avergonzada al recordar lo ocurrido.

—Hazlo y ya de paso dile que se mantenga apartado de ti.

Aquellas palabras fueron mucho más de lo que Hermione estaba dispuesta a soportar.

—¿Qué has dicho? — preguntó con sorpresa mientras se apartaba de él y ponía distancia de por medio.

Él endureció la mirada ante aquel gesto.

—Callahan no es lo que parece Granger, se ha aprovechado de tu ingenuidad Gryffindor.

—¿De qué me estás hablando?

—¿Tanto te cuesta creer en lo que te estoy diciendo?

A medida que la conversación avanzaba, también lo hacía el tono de ambos. Hermione no entendía por qué le decía aquello y Draco no estaba dispuesto a contarle más de lo necesario.

—Dan es mi amigo, no pienso apartarme de él si no me das un buen motivo para hacerlo — volvió a reprocharle la chica con la voz alterada.

—¿Ese imbécil, amigo tuyo? —dijo el chico junto con una risa sarcástica — Veo que ha sabido jugar muy bien sus cartas.

—¿Qué insinúas? ¡Por Merlín, Malfoy! Habla claro de una vez.

Un brillo peligroso cruzó la mirada del chico indicando hasta que nivel estaba aumentando su enfado.

—¿Serviría de algo que te lo dijera? Él lo negará y tú lo creerás a él — dijo con hastío y algo de decepción.

—Si no me dices un motivo coherente, por supuesto que no te creeré. ¿Cómo sé que no lo haces solo para molestarme? Tú no lo conoces, él se ha portado muy bien conmigo, ha sido muy amable.

El chico se pasó la mano por su cabello rubio alborotándole una vez más de pura impotencia. El muy jodido Callahan había interpretado de manera perfecta su papel y había engatusado a Hermione por completo.

—¿Nunca has pensado que es muy extraño que un alumno de Slytherin tenga tanto interés en entablar relación con alguien de tu casa? ¿Nunca has pensado que hay demasiado misterio en cuanto a su persona?

Ante aquellas preguntas Hermione no pudo hacer otra cosa que guardar silencio, Draco tenía razón. Desde un primer momento le pareció fuera de lo común todo lo que Dan hacía, incluso hubo días en los que se cuestionó seriamente si aquel intento de amistad era verdaderamente sincero o no. Pero después le demostró que realmente se preocupaba por ella, la invitó a aquella pequeña casa dónde no había llevado a nadie nunca. ¿Todas aquellas acciones eran sinceras o verdaderamente tenían un motivo oculto? Las palabras de Malfoy habían hecho mella en ella y habían sembrado la duda.

—Yo ya te lo he advertido Granger, ahora eres tú la que debes decidir qué hacer. Sólo te exijo una cosa — le dijo mirándola a los ojos — No le cuentes absolutamente nada a Callahan de lo nuestro, invéntate cualquier escusa para lo de esta noche pero que no se entere de lo que está sucediendo. Puede que tú confíes en él, pero yo no lo hago en absoluto.

Y tras decir aquellas palabras dejó a Hermione a solas con la duda sembrada en ella.

oOo

A la mañana siguiente, Hermione se levantó con la misma sensación de duda y confusión. A peas había podido dormir aquella noche pensando en que querían decir las palabras de Draco, qué era aquello que podía estar ocultándole Dan. Pero ninguna idea acudía a su mente. No había ninguna acción, ninguna actitud que pudieran desvelar aquello que el chico ocultaba con tanto recelo.

Se duchó y se vistió y bajó a desayunar.

Las mesas del Gran Comedor estaban casi vacías en su mayoría entre los alumnos que habían salido para celebrar las festividades navideñas y los que aún debían de estar durmiendo tras el baile. De sus amigos no había ni rastro, por lo que se sentó a un lado de su mesa a desayunar en paz.

En la mesa de Slytherin no había ni rastro de Dan o Draco. El rubio seguro continuaba descansando tras su enfrentamiento de la noche anterior y de Dan no tenía ni idea de donde debía estar. A lo mejor la estaba evitando y por eso renunció al desayuno.

Una incómoda sensación la recorrió al pensar en esa posibilidad. Le iba a costar bastante dar con el chico en aquel casi vacío castillo.

Terminó de tomarse su café con tostadas y se dirigió a la Torre Gryffindor. Le pediría prestado el Mapa del Merodeador a Harry para poder localizar con mayor rapidez a Dan. La sala común de los leones se encontraba completamente desierta, por lo que no tuvo ningún problema en subir hasta el cuarto de los chicos. Oyó voces tras ellas por lo que prefirió llamar antes de entrar, no quería llevarse ninguna sorpresa.

—¿Quién es? — preguntaron desde adentro la que parecía ser la voz de Seamus Finnigan.

—Soy yo chicos, Hermione.

Un pequeño revuelo se oyó desde detrás de la puerta hasta que un Adelante, permitió a la chica adentrarse en la habitación.

Harry y Seamus acababan de atarse sus respectivos zapatos mientras que Neville ya estaba completamente vestido y Ron se encontraba aún metido en la cama tapado hasta las orejas con las mantas. Un suave ruido llegada desde el baño, probablemente Dean se estuviera tomando una ducha.

—¿Qué diablos haces aquí tan temprano? — se quejó Ron completamente colorado.

—Vengo a pedirte algo Harry — respondió ignorando los bufidos del pelirrojo.

En ese preciso instante, Hermione cayó en la cuenta de que no podía decir que era lo que verdaderamente quería frente al resto de los compañeros de cuarto de sus amigos, ellos no tenían conocimiento de la existencia de aquel mapa y tampoco deberían tenerla.

—Necesito que me des ese viejo pergamino que te regalaron Fred y George hace tanto tiempo — dijo esperando que Harry fuera lo suficientemente inteligente como para entenderlo.

Durante unos instantes el chico la miró sin saber muy bien a qué clase de pergamino se refería pero después de la mirada que le dedicó su amiga supo a que se refería.

—Está bien, aquí tienes — aceptó mientras se dirigía a su baúl y lo cogía — Ten cuidado, ya me contarás para que lo necesitas para tanta urgencia.

—Ahora que ya tienes lo que necesitas ¿te importaría salir de aquí? — intentó echarla Ron.

—Ya me voy Ronald, no seas pesado. Adiós chicos — se dirigió a la puerta pero justo antes de salir se volvió — Y date prisa si quieres llegar al desayuno quedaban pocos panecillos de chocolate de esos que tanto te gustan.

Y con una sonrisa divertida salió del lugar oyendo como Ron tropezaba de su cama al salir tan aprisa.

oOo

Unos minutos después Hermione de dirigía a toda prisa a los terrenos del colegio, al punto exacto donde había encontrado la pequeña mota con el nombre de Dan Callahan. El chico se encontraba justo al borde del congelado lago.

Cuando salió al exterior, un frío invernal la golpeó en el rostro. Los jardines se encontraban completamente cubiertos de nieve gracias a las nevadas de los últimos días. Se ajustó aún más su bufanda y su abrigo y encaminó hacia el chico.

Cuando llegó junto a él, Dan no dio señales de haber sentido su presencia y aquello fue significativo de que algo iba mal.

—Hola, Dan— lo saludó un par de metros tras él.

—Hola Hermione —le respondió el saludo en un tono tan frío como la nieve que tenía bajo sus pies.

—Quería hablar contigo sobre lo de anoche, yo… siento mucho lo sucedido.

—No tienes que sentirlo, no pasa nada — le volvió a hablar en el mismo tono.

—No me digas que no pasa nada porque es evidente que sí.

Un fría carcajada llegó a ella como si acabaran de lanzarla al propio lago. Dan nunca había tenido aquel tipo de actitud con ella y eso le dolía.

—¿Qué quieres que te diga? ¿Qué me siento un idiota por haberte llevado al baile? ¿Qué odié al estúpido de Malfoy por conseguir que fueras tras el de esa manera? No creo que haga falta que te diga todas esas cosas Hermione, porque seguro que ya lo sabes.

La chica no podía sentirse más culpable que en aquel instante.

—Puedo explicártelo…

—No hay nada que explicar, solo dime una cosa — dijo girándose hacia ella, sus ojos verdes ya no tenían ese brillo — ¿Desde cuándo andas liada con Malfoy?

Aquellas palabras ofendieron a Hermione hasta límites insospechados. Vale que se había portado más con él la noche anterior, pero él no era nadie para reclamarle nada. Desde el principio ella había sido clara con él en cuento a sus sentimientos.

—No tengo por qué darte explicaciones sobre con quien estoy y con quien no — le dijo en el mismo tono duro y frío que él — Siempre he sido sincera contigo, ¿acaso puedes decir tú lo mismo?

El silencio que siguió a aquella pregunta se volvió denso y pesado entre ambos. Hermione había soltado la pregunta y esperaba una respuesta por su parte.

—¿Crees que te he mentido en algún momento? ¿Y está ese idiota llenado tu cabeza de mentiras? — respondió ofendido.

—Él no me ha dicho nada, pero no sería la primera vez que oigo que muy pocos confían en ti, en cambio yo he aceptado ser tu amiga sin reservas y ¿para qué? ¿Para qué optes esta actitud de reclamo conmigo? Admito que anoche me porté mal, que no debí haberme ido de esa manera y te pido perdón por ello, pero creo que tampoco me merezco que tomes esa actitud conmigo.

Las palabras de la chica parecieron calmar el enfado de Dan que poco a poco fue relajando su postura.

—Tienes razón, no soy nadie para preguntarte de esa forma por tu vida privada — dijo con pesadez — Pero estaba bastante molesto por lo que pasó anoche.

—Siento mucho como me comporté Dan— le respondió suavizando el tono.

El chico sonrió levemente pero aquella sonrisa no llegó hasta sus ojos.

—Volvamos al castillo, anda— le propuso ella — Aquí fuera está helando.

De camino al interior del colegio ambos guardaron un silencio que no poseía la comodidad de aquellos que habían compartido otras veces.

—Ahora que las cosas están solucionadas entre nosotros, ¿me dirás cuanto tiempo llevas viéndote con Malfoy?

Hermione suspiró antes de responder y optó por llevar a cabo la petición de Draco.

—No llevo ningún tiempo viéndome con él. Él sentimiento no es recíproco, no estamos juntos.

—¿Lo dices en serio? — preguntó con sorpresa el chico— Por la forma en cómo corriste tras él anoche cualquiera diría lo contrario.

—Los sentimientos solo corren de mi parte, él no sabe nada de ellos, cree que solo quiero hacer una buena acción, o al menos eso me esfuerzo yo por mostrar — dijo con cierta tristeza ya que eso era precisamente lo que el chico había pensado algunos meses atrás.

—No tienes por qué engañarme, anoche vi como te miraba en el baile — insistió, no acaba de creerse en las palabras de la chica.

—Dan, no tengo por qué engañarte. Nada más me gustaría a mí que la realidad fuera otra.

Y en el fondo Hermione sabía que aquellas palabras no eran del todo mentira.

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¿Qué les pareció? Estoy deseando conocer sus opiniones. Y una vez más mil perdones por el retraso.

Besos amorosos para todos.