Tras aquel instante lejos de toda realidad, después de ese momento mágico entre Aquiles y yo, me tocó pisar suelo de nuevo.
Regresé a la tienda de Ulises y le encontré recostado sobre su lecho leyendo unos manuscritos que se apresuró a ocultar cuando me oyó acercarme.
Aquel gesto incrementó mi curiosidad pero supuse que se trataría de cartas personales y no pregunté, no quería que pensara que era una metomentodo.
Le miré a los ojos pero él apartó la mirada y no supe si lo que encontré antes de que lo hiciera fue dolor o indiferencia. Prefería lo primero...
- Yo...- sentía que debía disculparme por mi comportamiento anterior, después de hablar con Aquiles, y sobre todo con Héctor, tenía las ideas algo más claras.
Sin embargo no me lo permitió, con un gesto firme de su mano me indicó que callara, cosa que hice al instante a la vez que le miraba esperando alguna aclaración por su parte.
- Es muy tarde y mañana partiremos con los primeros rayos de sol, será mejor que duermas.- dijo como única respuesta. Fui a responder pero se dio la vuelta dándome la espalda y se tumbó.
Suspiré e hice lo mismo. Me habría gustado hablarle acerca de mi conversación con Héctor, aún a riesgo de que me tomara por loca por mencionar a los espíritus, pero tendría que esperar y pagar por mi mal comportamiento.
Permanecí unos instantes dándole vueltas a las palabras de mi príncipe, a aquello que me había dicho sobre tratar de comprender a Paris... Quizás, sólo quizás, tuviera razón... Después de todo, lo que había hecho había sido por amor, ¿y qué no habría hecho yo por aquellos a los que quería...? ¿qué no haría yo por...?
Lo vi claro entonces, Héctor me pedía que comprendiera a Paris, que entendiera que todo lo había hecho por un motivo, ese motivo había sido Helena, muchos habían muerto por su decisión, por el amor que sentía por ella.
Pero ¿qué había sido de él y ella? Ambos habían huido, nos habían abandonado pero habían sobrevivido, pese a todo Paris había conseguido lo que quería, estar con ella.
No estaba segura de que aquello fuera lo que mi príncipe quería que entendiera, pero yo lo veía de esta forma: Paris había puesto el mundo patas arriba por una mujer, había hecho todo cuanto estaba en su mano, sin importarle lo demás, por estar con ella, y lo había conseguido.
Lo único que me quedaba a mí era mi pueblo, ellos serían mi propia Helena de Troya.
No importaba si tenía que ir a Grecia, lo importante era que tenía algo por lo que luchar y que no iba a parar, costara lo que costara, hasta conseguir que Troya volviera a ser la que era.
Saldría de allí, iría con Ulises para que me diera mi libertad y entonces buscaría a los demás, a Andrómaca y a Paris, y le dejaría explicarse, y entonces podría ayudarme si es que aún le quedaban agallas para enmendar lo que había hecho.
Con esos pensamientos amontonándose en mi mente y fuerzas renovadas gracias a Héctor... y a Aquiles...me quedé profundamente dormida esperando que aquel valor no se desvaneciera como la noche al despuntar el alba.
