CAPITULO 11: INVIERNO. LA QUIMIOTERAPIA AVANZA.

((Vaya, lo siento mucho, Chilli. Desde aquí rezaré para que tu tío se recupere. Yo lo único que puedo hacer es pasarte los consejos que me dieron a mí para paliar un poco los efectos secundarios... No sé si son realmente buenos pero por lo que se ven funcionan. Ya verás algunos en próximos capítulos y sobre todo y principal: humor, si vosotros lo tomáis de buen humor eso se contagia y duele menos todo lo malo.))

Diez de diciembre, estoy en las puertas del hospital, parado en la camioneta que hemos reformado últimamente Quil, Jake y yo en casa de este último. Vale, no es que sea una maravilla, ni tampoco es un bólido, pero sirve de maravilla para desplazarse, y últimamente, hago un viaje cada dos días a Port Angels. En el trabajo no se lo toman demasiado mal porque dejo todo acabado antes de irme y en un día hago el trabajo de dos así que el anciano bedel puede arreglárselas perfectamente sin mi los días que falto.

Además, falto por una buena causa, y no es que esté siendo demasiado placentero para nadie, sobre todo para mí que últimamente parece que me he mudado a casa de los McAllister.

El ver a Holly cada vez más pálida, tenía nauseas y vomita cada dos por tres, parecía estar todo el día cansada y se movía como si le faltase la energía y aunque no se quejase era evidente que tenía bastantes dolores, no era para nada bueno para mí, yo creo que yo lo pasaba mucho peor que ella, y además, últimamente comenzaba a tener los mismos síntomas que ella de vez en cuando; vale, el dolor era por diferente motivo en ambos, pero no hacía ni medio día que ella había sentido nauseas y yo con ella, y al final habíamos acabado vomitando juntos.

Cuando ella no me veía, por ejemplo entonces, cuando esperaba a que saliera del hospital como entonces, sacaba mi malestar, mi tristeza y mi rabia. La vida no era justa. ¿Por qué si no habría permitido que alguien tan dulce e inocente como ella cayese enferma de eso?

Entonces la vi en el hall del hospital y quité las llaves del contacto para bajar a por ella. Seguía yendo en silla de ruedas y Jake me había enseñado cómo montar y desmontar a alguien anclado a ese trasto en un coche normal.

"¿Qué tal estás hoy?" Le dije agachándome en cuclillas ante la silla y volviendo a chocar con su atontamiento en el cual me miraba unos segundos como sin saber quién era o qué hacía allí y luego me sonreía.

"Estoy bien." Me dijo sonriendo como siempre. "Solo estoy un poco cansada."

"¿Puede al menos beber algo?" Le pregunté a la enfermera que había con ella.

Había leído que no podía comer nada en unas horas, para evitar problemas puesto que la quimio era bastante agresiva y afectaba a todo, incluido el estómago.

"No es conveniente, pero si no puede aguantar podría beber un poco de agua." Me dijo la chica.

Era doloroso verla paladear tras las sesiones mientras íbamos en el coche, como si necesitase beber algo pero no lo pedía, nunca se quejaba o pedía nada, y como no tenía nunca hambre, era peligroso dejarla sin vigilar o liarse con los turnos de vigilancia porque no comería y era importante que comiese bien.

La llevé con cuidado al coche y allí abrí su puerta y la cogí en brazos para sentarla en el coche, mientras ella se abrochaba el cinturón de seguridad yo solía plegar la silla de ruedas y meterla atrás de la ranchera antes de saltar al otro lado y meterme en el asiento del copiloto. Siempre le echaba una ojeada a ella antes de meter la llave en el contacto y arrancar.

"Hoy otra vez se me ha caído un mechón de pelo en la camilla." Murmuró.

Últimamente se le caía el pelo a puñados, me habían dicho que era normal, los otros compañeros suyos, los médicos, Carlisle... ya me había pegado un par de veces con Paul y con Quil cuando me dijeron que daba pena verla, que parecía un cadáver y que pronto acabaría calva como un huevo. No le había dicho a nadie más que Holly tenía cáncer en un hueso de las piernas. Me podrían haber comprendido y tal vez hubiesen sido más cuidadosos con sus comentarios, pero no le había dicho nada a nadie.

De pronto, Holly me dio unas palmadas nerviosas en la pierna y la miré, arcadas. Paré el coche y abrí la puerta para salir y descubrir que ella había abierto la puerta y estaba asomada y a punto de caerse mientras casi vomitaba fuera del coche. Entonces le sujeté la cabeza y miré arriba mientras ella vomitaba.

No podía evitar que me doliese a mí también, sobre todo viendo cómo jadeaba presa del nerviosismo por vomitar en medio del camino a casa.

"Tranquila..." Le dije suavemente. "No pasa nada, podemos parar todo lo que necesites. Pensaba incluso parar un poco en Forks, así comprábamos un par de cosas que mi madre necesita para la tienda."

"Deberías ayudarla." Me dijo suavemente antes de volver a vomitar.

"No te preocupes, se las apaña bien sola." Le dije. "Kim va a ayudarla de vez en cuando. Y yo me ocupo de los portes y demás."

Entonces asintió. Parecía que las nauseas y los vómitos habían parado, y eso me dio a entender cuando se frotó la boca con un pañuelo de tela que sacó del bolsillo.

"¿Mejor ahora?" Le pregunté. "¿Sí, seguimos?"

Cuando asintió la volví a ayudar a sentarse bien y volví a rodear para ir a mi asiento y sentarme para volver a arrancar e ir un poco más lento para evitar que se marease de nuevo.

En el camino a Forks, ella se durmió, así que la rodeé con un brazo y seguí un poco más rápido hasta llegar a Forks.

Había leído en Internet una solución para lo del pelo, gente que había pasado por lo que Holly había escrito que se rapaban el pelo para que no cantase tanto la calvicie. El problema era que según todas las chicas que conocía, apreciaban demasiado su pelo tan largo como estaba. Incluso Leah se había negado a cortarse demasiado el pelo cuando se trasformó.

Paré delante de una peluquería bastante chula de Forks, tenía mis dudas sobre hacerlo allí, porque en ese pueblo todo se sabía, y de Forks a La Push, no había tanto tiempo en propagarse el cotilleo si era suficientemente grande, y 'la india-rostro pálido' que se rapase el pelo allí acompañada por uno de los 'indios cachas' de la reserva sería un cotilleo jugoso.

"¿Qué pasa?" Me preguntó Holly haciéndome ver que había despertado.

"Nada." Le dije suavemente acariciándole la cara. "Hemos llegado a Forks."

"¿Por qué hemos...?" Me dijo tras mirar la peluquería.

"Había pensado que igual querrías cortarte el pelo." Le dije. "Por lo de que se te cae y eso, así lo sanearías ¿no crees?"

Dudó un poco y luego asintió.

"No puedo... tengo que tener..." Murmuró.

"Holly, no suelo decirte qué hacer, pero creo que deberías." Le dije suavemente. "El pelo crecerá."

Sacudió la cabeza.

"Vámonos... por... por favor." Me dijo suavemente.

Era curioso, parecía asustada, nadie se asustaba de una peluquería, aún así, arranqué un poco el coche, y entonces frené de golpe y saqué la llave del contacto.

"Vamos." Le dije bajando y yendo a abrirle la puerta tras sacar la silla de ruedas.

"No... por favor..." Me dijo.

"No te harán nada que no quieras que te hagan." Le dije. "Voy a cortarme el pelo, así que a no ser que prefieras quedarte sola en el coche, te aconsejaría que entrases conmigo."

No parecía muy dispuesta a colaborar para que la bajase, pero acabó cediendo y estiró los brazos hacia mí para dejarse coger. La cogí en brazos y la senté en la silla de ruedas con cuidado.

Entonces empujé un poco la silla y entré en el salón donde me miraron un poco raro.

"Embry, creo que..." Murmuró Holly.

"Este sitio es perfecto." Le dije sacudiendo la cabeza. "¿El último, por favor?"

Un hombre levantó la mano.

"Gracias." Le dije para retirar una silla y poner a Holly allí para sentarme yo a su lado y cogerme una revista que puse en medio cuando vi que ella la miraba también.

"Perdonad, qué será." Nos dijo el peluquero mirándonos después de acabar con un par de hombres.

"Me molesta este pelo." Le dije frotándome el pelo. "Será algo rápido, una rapada al 3 o así y listo."

"Madre mía, los chicos de hoy en día..." Dijo el hombre.

"¿Vas a alistarte en el ejército, chaval?" Me preguntó uno de los polis de la ciudad.

"Nah, solo me molesta tan largo." Afirmé frotándome el pelo en broma. "Me apetece una esquilada."

"Está bien, pasa por aquí." Me dijo el peluquero cogiendo una de esas capas de barbero.

"Embry, qué..." Me dijo Holly confusa cuando me levanté.

"Ya verás, seguro que el pelo rapado tan corto queda bien." Afirmé. "Y si tú no quieres aprovecharte de esto... pues me aprovecho yo."

Si lo que tenía era hacer el ridículo con una pelada que según podía entender por lo poco que había oído, que no podía cortarse demasiado el pelo por el ballet. Claro que si tenía que llevar moño, no me extrañaba que tuviesen que llevar todas melena corta al menos.

El primer mechón costó un poco, dolió ver mi pelo que una vez fue largo, tan corto, pero cerré los ojos y apreté dientes, lo estaba haciendo por un motivo, y si conseguía convencerla para que colaborase...

"Ya estás." Me dijo el peluquero tras 10 minutos. "Espero que estés fresco, porque con el invierno encima se te van a helar las ideas."

Me pasé la mano por la cabeza, era justo lo cortito que lo quería, solo que me veía raro.

"Muchas gracias." Le dije antes de volverme a Holly. "¿Qué te parece?"

"Te queda... bien." Me dijo.

"¿Qué me dices, te animas?" Le dije intentando sonreír. "Así podemos decir que nos lo hicieron unos asaltantes o algo."

"Yo no... no puedo." Me dijo.

"Pues qué lástima." Le dije. "Lo pondré de moda yo solo. Además, he oído que en la época de un tal Luis XIV algunos de los mejores bailarines eran medio calvos, y algunas mujeres estaban rapadas y salían con pelucas." Añadí.

"Eso es cierto." Dijo el peluquero. "Yo también lo he oído. Y mira a la actriz esa de los piratas, se rapó el pelo y le quedaba genial."

"Keira Kingsley nunca se ha rapado." Dijo uno de los parroquianos que esperaban a cortarse el pelo.

"Pues claro que sí." Dijo otro. "Salió en los premios esos, con vestido y todo."

"Va Holl, hagamos un trato." Le dije. "Si te metes un buen corte te prometo que consigo entradas para ver una representación, y en primera fila." Añadí susurrándole de pie ante ella y agachándome para llegar a su oído de lado. "¿Qué me dices?"

"No." Dijo tambaleándose su seguridad.

"¿Y por unas entradas y una paliza a Paul?" Le dije.

Sacudió la cabeza asustada.

"Vale, vale, solo las entradas." Le dije. "¿Para dos obras distintas?"

Ahí si qué dudó mucho.

"No lo puedes entender." Murmuró. "Tú no... no tienes que raparte."

"Vale, tú córtatelo así y yo me lo corto más que tú." Le acabé diciendo. "Así no tendrás que pasar por esto sola. ¿Vale?"

"A ver, entonces qué." Dijo el peluquero. "¿Dejo la máquina, no la dejo?"

Holly entonces asintió suavemente y la cogí en brazos cuando extendió los suyos hacia mí, con cuidado la llevé al asiento del peluquero y la senté allí para girar la butaca.

"¿Le importa si lo corta sin que pueda verlo ella en el espejo?" Le dije. "Así." Afirmé pasándome la mano por el pelo corto. "Y yo le cogeré esto." Afirmé cogiéndole la maquinilla de afeitar cabezas a lo 'pelón-soldado'.

"¿Te importa...?" Me dijo Holly extendiendo su mano hacia mí.

"Claro." Le dije cogiéndola con suavidad. "Tú cierra los ojos, cuando los abras habrá acabado." Le dije sonriendo.

Increíblemente, me hizo caso, se quitó las gafas y las puso en el cuello de barco de su camiseta y cerró los ojos.

"Estos jóvenes..." Dijo suavemente el peluquero. "Menudo cambio."

"Es necesario." Dije asintiendo y besando la mano pequeña en mi mano aún con la máquina en la otra.

Tan pronto como Holly tuvo casi media cabeza hecha, yo enchufé la maquinilla mirando al espejo con firmeza, me tembló la mano en el primer surco, pero luego miré el resultado y volví a pasarla, no me haría cortes, y si lo hacía, cerraría al momento.

No, Holly no iba a pasar por todo aquello sola, y si me tenía que afeitar la cabeza al 2, lo haría. Al fin y al cabo, solo era pelo.

A ella tardó algo más, pero apenas un cuarto de hora, y cuando acabó yo asentí y la moví un poco porque estaba dormidísima.

"Holly." Le dije cuando el peluquero acabó y yo parecía un soldado con el pelo al uno, un poco más corto que el de ella ahora. "Holly, ya está, abre los ojos."

"Lo... lo siento, me he..." Dijo sonrojándose.

Se había dormido, estaba claro, no se había entrado siquiera que había entrado más gente. Con cuidado le puse las gafas y la miré.

Aún con el pelo tan corto estaba preciosa, dolía verla porque sabía por qué ese pelo, pero aún con todo estaba preciosa a mis ojos.

Vi a algún cliente sacudir la cabeza con negación y les lancé una mirada amenazadora.

"Estás preciosa." Le dije sonriendo.

"No puedo mirarme." Murmuró. "Es... tengo mi cartera..."

"Deja, yo pago." Le dije reteniéndole la mano en los vaqueros claros que llevaba.

"No es..." Comenzó.

"Ha sido mi capricho así que yo pago." Le corté sonriendo. "¿Sí?"

Intentó volver a sacar su monedero y volví a pararla.

"Por favor." Le dije.

"En mis tiempos solíamos ir a un bar." Dijo el guardia.

"Aquí tiene, cóbrese." Le dije al peluquero pasándole un billete antes de cogerla a ella en brazos para volver a sentarla en la silla de ruedas.

"Gracias." Me dijo Holly susurrando y frotándose el pelo.

"Eh, de nada, copito de nieve." Le dije frotándole el pelo pincho que le había quedado. "Jo, aún lo tienes largo." Le dije frotándome el mío. "Comparado con el mío, mira."

Con cuidado le cogí la mano y se la pasé por mi cabeza, fue extraño porque de pronto me entraron ganas de ronronear como un perro feliz.

"Pinchas." Me dijo sonriendo mientras el peluquero volvía con las vueltas y me las daba.

"Que tengan un buen día." Nos dijo el peluquero.

Con cuidado fui empujando la silla fuera del local hasta el coche, y aún así no pude evitar oírles hablar dentro.

"Que pareja más rara." Dijo uno de los hombres.

"Ya te digo, mira que afeitarse los dos la cabeza..." Dijo el poli.

"A ver si son skins de esos." Dijo uno de los más mayores.

"No lo creo, el tipo era un indio, de los de la reserva que está al oeste, o la del norte." Dijo el policía. "A veces se pasan por aquí."

"¿Pero los indios no llevan el pelo largo?" Dijo el primero.

"Al menos nunca había venido ninguno aquí." Dijo el peluquero.

Resoplé mientras echaba la silla plegada atrás antes de montar de nuevo en la camioneta, y cuando me monté vi a Holly de nuevo con la mano en el pelo pincho y con cara de estar aguantándose las lágrimas.

"Hey, estás preciosa." Le dije. "Y muy graciosa." Afirmé divertido volviendo a pasarle la mano por el pelo.

Era cierto, tenía calvas, pero con ese peinado se le quedaban un poco ocultas, además, parecía un ericito al tacto.

"Eh, ahora somos erizos." Le dije para hacerle pasar la mano por mi pelo. "¿Ves? Pincho y todo."

"Es... nunca había tenido el pelo tan..." Dijo.

Tan corto, cierto. Desde que la conocía tenía el pelo largo, en las dos trenzas o recogidos como en la actuación de ballet.

"El pelo crece, y si no pregúntale a Jake, él se lo cortó y se lo dejó crecer muchas veces." Le animé. "Tú pregúntale, que ya verás como te dice lo mismo que yo."

"Él y yo no…" Me dijo.

¿No se hablaban demasiado como con el resto?. ¿No se llevaban bien como con Paul?

"No qué." Le pregunté incapaz de acabarla por ella.

"No somos muy…" Me dijo. "No éramos… dudo que supiera que yo…"

No eran muy cercanos, no eran amigos y dudaba que supiera que existía ella.

"Eh, de eso nada." Le dije. "Claro que sabe que existías. Y ahora sabe que existes, aunque no sea muy de visitar y todo eso."

"Sí, claro." Me dijo suavemente.

"¿Qué no?" Me dijo. "Ahora verás." Afirmé cuando llegamos a la bifurcación. Cuando pasamos junto al desvío hacia la casa de los Black, di un volantazo que casi volcamos y que estampó a Holly contra la ventana dándole un coscorrón y haciéndola mirarme asustada mientras se frotaba el golpe.

"Ahora verás como sí te conoce." Le dije aparcando ante la puerta de la casa y notando cómo Billie nos espiaba desde la ventana un segundo antes de que le viese abrir la puerta mientras yo bajaba la silla de la ranchera e iba a coger a Holly en brazos para bajarla.

"Embry, vaya, hacía tiempo que no te pasabas por aquí." Me dijo.

"Qué hay, Billie." Le saludé sonriendo y sentando a Holly con cuidado en su silla. "Venía a ver a Jake. ¿Está por aquí?"

"Sí, claro, esta en casa." Me dijo. "Estaba echándose una siesta."

"Perfecto, si no te importa le esperaremos un rato." Le dije mientras Holly murmuraba algo.

"Claro, pero…" Me dijo.

"Ah, sí, cierto." Le dije. "Billie, te presento a Holly McAllister, Holly te presento a Billie Black, el padre de Jacob. Billie, tú conocerías a su padre y a su tía. Era mi vecina, la de la tribu de los Makah, y su padre era el coronel McAllister."

"Ah, sí." Me dijo asintiendo. "Lo que no sabía era que ella era del club de los 'ruedas de acero'."

"Circunstancias de la vida." Le dije. "Es un tema delicado."

"¿Y lo que te has hecho tú en la cabeza también lo es?" Me dijo.

"A que mola." Le dije frotándome el pelo esterilla que tenía.

"Sí, pero pareces un soldado." Me dijo.

"Pero a que ella está genial, a que parece a una actriz." Le dije haciéndola ponerse roja.

Creo que entonces Billie lo pilló a la primera y asintió sonriendo.

"Ya decía yo que me sonaba tu cara." Le dijo. "Eres la chica esa que salía en la película de los piratas. La echan todos los años por la tele, y la verdad, el pelo corto te queda mejor que las melenas esas que llevabas antes." Añadió guiñándole un ojo. "Tendrás que tener cuidado con mi hijo, te admira mucho."

"Yo no… no soy ninguna actriz." Dijo Holly suavemente.

"Perdona a este viejo." Le dijo Billie llevándose la mano a la oreja. "Creo que he perdido audición."

"No es culpa tuya, habla muy suave." Le dije.

"Yo no… no soy ninguna actriz." Repitió en un tono audible de nuevo. "Debe haberme… confundido."

"Lástima, eres demasiado guapa para ser normal." Le dijo él divertido. "¿Puedo ofreceros algo?"

"¿Leche, Holly?" Le dije. "La merienda, va. Con unas galletas y eso."

"Si queréis os puedo hacer unos bocadillos." Nos dijo Billie.

"No… no tengo hambre." Dijo Holly.

"Venga, la merienda, tienes que comer." Le dije. "Y lo tengo por escrito, no me hagas tener que ir a casa a por el papel porque entonces te comes el bocadillo, con bebida y con todo."

"No…" Dijo tocándose el estómago. "Tengo un…"

"Sí, un nudo." Asentí. "Ah, ya sé. Billie, no tendrás por casualidad un yogur natural."

"Y con esos de bifidus activo." Me dijo. "Primer estante, si os gustan comeros un par de los de con pasas, que Rachel me ha llenado el frigo con yogures con pasas y 'bifidus' de ese." Dijo bromeando.

"¿Con pasas mismo?" Le dije a Holly. "Venga, dos, y unas galletas, y no acepto un no por respuesta. Gracias Billie."

"Gracias a vosotros, que me vais a librar de comerme eso." Me dijo mirándome.

Fue curioso, porque fui a la cocina, cogí los yogures y me dijo Billie dónde encontrar las cucharillas que también cogí, y cuando salí, aquí viene lo curioso, me encontré a Billie y a Holly riéndose mientras él le contaba algo sobre la silla y hacía un giro en el sitio.

"Anda que..." Dije. "Me doy la vuelta y estáis jugando con la silla."

"No sabía que se podía…" Me dijo Holly sonriendo divertida.

"Huy, pues como te despistes te encontrarás haciendo carreras en silla de ruedas con el señor Black aquí presente." Le dije pasándole un yogur y la cucharilla que le tocaban.

"Eh, que lo de las carreras en silla de ruedas es muy exclusivo." Me dijo Billie. "Pero la señorita puede venir a echarme una cuando quiera. Y… ahí llega el bello durmiente." Afirmó cuando oímos abrirse la puerta de una habitación, de la de Jake. "Jake, hijo." Le llamó.

"Va…" Le dijo antes de llegar al salón frotándose la cabeza como recién despertado y quedándose mirándonos alucinado.

"Hey, buenos días, que ya es por la tarde." Le dije yo divertido.

"¿Qué coño te has hecho en la cabeza?" Me dijo mirándonos de uno a otro. "Bueno, los dos."

"Mola ¿eh?" Le dije. "Así me refresco las ideas. Pero no era eso, díselo a Holly. Tú has tenido el pelo largo y te lo has cortado un montón de veces ¿a que sí?"

"Sí." Me dijo de no pillarlo del todo.

"¿A que crece rápido?" Le dije.

"Sí, eso creo." Nos dijo asintiendo. "¿A qué viene todo eso?"

"Holly no quería cortarse el pelo porque lo necesita largo para lo del ballet." Le dije. "Pero para cuando vuelva a ese mundo ya lo tendrá largo otra vez, al menos como para hacerse un moño. Al menos uno de los del cogote." Afirmé.

"Er… supongo que le llevará un poco pero sí." Dijo confuso. "Creo que sí. Sí, claro."

"¿Lo ves?" Le dije para que asintiera. "Y Jacob también te habla ¿hum?"

"Es… sí." Dijo ella.

"Esto… no te ofendas pero creo que la que no me habla es ella." Me dijo Jacob. "En general, no nos habla."

"¿Recuerdas lo que hablaban todos de ella?" Le dije susurrando. "Bueno, pues nos oía."

"La cosa está… por qué habéis venido así, sin más." Me dijo igualmente susurrando mientras su padre distraía a Holly contándole no sé qué de las galletas que tenían algo y ella le contestaba algo sobre que eran buenas. "¿Y tu pelo?"

"Un trato." Afirmé frotándomelo.

"Sí, y qué casualidad que ese trato englobaba también a ella ¿no?" Me dijo.

"¿No te han dicho nada tus queridos chupasangres?" Le dije.

"¿Qué tiene que ver eso?" Me dijo. "Bella me dijo que Carlisle le dijo que estaba enferma, parecía preocupada."

"Está enferma." Le dije. "Y tenía que raparse el pelo, no quería así que lo hice yo primero para que viese que nadie se moría por raparse el pelo."

"Sí, claro." Me dijo. "Como que por estar enfermo tienes que llevar el pelo de una forma u otra."

"Haz el favor de decirle que está guapa así o ya verás." Le dije.

"Ya veré, qué." Me dijo.

"Tú ya verás." Le dije. "Ni se os ocurra hacerle daño, bastante tiene con lo que tiene."

"Ya te digo." Me dijo. "Es la única blanca de la reserva, es enana y encima ahora está tullida y calva."

Se acabó, ahí sí que le golpeé, furioso pero con una pizca de cordura como para saber que no me convenía enfurecerme y menos tan cerca de Holly o crearía una segunda Emily.

"Eh, a pelearos fuera." Nos dijo Billie.

"Nadie va a pelear." Dijo Jacob mirándome inquisidoramente.

"Sí, nadie va a pelear." Afirmé. "Holly será mejor que volvamos a casa, estás pálida y tienes que descansar, me he pasado un poco trayéndote aquí." Afirmé notando que la servilleta de papel que tenía estaba llena de yogur y babas con unas trazas de sangre. "Ya volveremos otro día."

"Hum." Asintió ella suavemente cubriéndose la boca de nuevo. "Gracias por la amabilidad…" Murmuró haciendo círculos en el vientre e inclinando la cabeza suavemente.

"De nada." Dijo Jake un poco flipado aún.

"De nada mujer." Le dijo Billie. "Y a ver si te pasas más veces, es un honor poder tener a alguien tan guapo por aquí, sobre todo contando con que es del club de la rueda también."

Justo entonces le dio otra arcada y apenas llegó a la servilleta a tiempo de no mancharse, se le cayeron unas gotas.

"Lo… siento." Dijo.

"¿Estás bien?" Le dijo Billie preocupado.

"Sí, tranquilos, se le pasará." Les dije. "Solo necesita descansar. No debería haberla entretenido tanto después de volver."

"Embry, cuando te asegures de que está bien, vuelve." Me dijo Jacob. "Tenemos que hablar."

"Otro rato." Le dije.

"Cuando acabes hoy." Me dijo serio. "Eh, y es urgente."

"Embry, deberías…" Murmuró Holly haciendo que Jake también la mirase.

"No, te acompaño." Le dije sacudiendo la cabeza. "Además, alguien tiene que hablar con esos cazurros que tienes por compañeros de casa."

"Son mis…" Dijo.

"Lo sé." Asentí. "Pero aún así. Vamos."

"Embry, lo digo en serio." Me dijo Jacob poniéndose más agresivo en gestos y mirada pero sin levantar la voz. "En cuanto acabes ven aquí."

Era una orden de alfa, a eso ya no podía escaquearme.