Capítulo Doce: Las quince preguntas

Ni Remus ni Peter habían tenido razón. Hacía más de una hora que Sirius y Ron estaban sumergidos en el duelo de ajedrez y aún no había ninguna señal de quién podría ganar. Los peones de ambos ya habían desaparecido y en los dos casos los jugadores habían tenido que empezar a mover a sus reinas e incluso, en algunos casos, al mismo rey, lo que significaba que estaban en una situación bastante ajustada.

La palabra "jaque" que advertía al contrincante que estaban a punto de devorar a su rey ya se habían pronunciado en contadas ocasiones, pero eso no daba ningún tipo de ventaja.

Ron estaba nervioso, Harry lo sabía. Le había comentado una vez que desde que le había comenzado a ganar a su abuelo las partidas de ajedrez no había vuelto a encontrarse a nadie capaz de meterlo en un apuro. En las veces en las que el juego duraba más de quince minutos era porque Ron lo permitía, perdiendo piezas a propósito, como cuando intentaba enseñarle a Harry como jugar, fracasando estrepitosamente. Era la primera vez en años, Harry suponía, que se enfrentaba a un verdadero reto. "Y tenía que ser justo ahora" pensó Harry.

Sirius no parecía en una situación muy diferente. Era evidente el sumo estado de concentración en el que estaba. Parecía haber desaparecido del planeta y ya no escuchaba lo que estaba a su alrededor. Vagamente oyó la advertencia de Remus cuando estaban a punto de hacerle jaque y menos los comentarios de ánimo de Peter que su compañero callaba con repetidos golpes y codazos.

Harry simulaba paz y tranquilidad, pero por dentro se estaba muriendo. Miró inconcientemente la marca amarilla de su mano y comenzó a mover las piernas nerviosamente, rogando porque toda esa tortura terminara y para bien.

-¿Sabes Lemaître?- escuchó a Sirius hablar, para su sorpresa –Debo admitir que sabes muy bien las fichas que estás jugando a la hora de apostar. Este muchacho no es nada malo en esto. No encontraba tal contrincante desde que mi padre me enseñó a jugar.

Harry sonrió de lado:

-Supuse que te agradaría tener un reto de verdad de vez en cuando Black y, por lo que he oído, no hay muchos por aquí.

-Cierto.- dijo Sirius mientras ampliaba su sonrisa maliciosa –Siempre es bueno enfrentar un reto y sentir la satisfacción de seguir ganando.- con eso, movió un alfil directo hacia el rey, llevándose una pieza, acorralándolo –Jaque.

Ron abrió tanto los ojos que parecía que se le saldrían de sus órbitas. No parecía comprender que era lo que había sucedido o cómo había llegado a la situación en la que estaba. Harry lo vio cerrar los ojos y suspirar. "No… no… por favor, dime que no…" Harry rogaba para sus adentros, pero era inútil, sus sospechas eran ciertas. Ron levantó una mano para dar fin a la partida tirando a su rey ante la expresión triunfal de Sirius cuando vieron el orificio del retrato abrirse y captaron a James que entraba a la Sala Común y miraba todo alrededor como preguntándose qué pasaba. En ese instante de distracción, Ron se dedicó a estudiar el tablero y gritó emocionado:

-¡Esperen!- Sirius devolvió su atención a la partida y vio incrédulamente a Ron y su cara de niño abriendo regalo de Navidad mover uno de sus caballos y devorar a su rey –Jaque mate Sirius Black…

Harry no pudo evitarlo, saltó de alegría sin contener su emoción y miró la mano de Sirius que brillaba intensamente con un resplandor amarillo.

-¡Sirius!- gritó James desde la otra punta de la sala, acercándose -¿Qué hiciste?

Sirius se mantuvo en silencio, aún asimilando la derrota.

-Yo te lo explicaré James- dijo Harry conteniendo la risa –Sirius y yo hicimos de nuestra apuesta un pequeño pacto de caballeros y ahora debe cumplir con lo que prometió. No puede rehusarse, la magia lo obliga.

-¿Un pacto de caballeros?- preguntó Ron, confuso y feliz por su victoria.

-Exacto- asintió Sirius con resignación –Un antiguo hechizo similar al Juramento Inquebrantable, sólo que sin el riesgo de morir. Los antiguos magos lo utilizaban para sellar negocios de palabra con muggles sin necesidad de una escritura. El pacto de caballeros obliga a sus miembros a cumplir con los términos de su compromiso, en nuestro caso, a pagar mi apuesta con lo que prometí.

James iba de Sirius a Harry y de Harry a Sirius como si con eso lograra adivinar lo que había pasado mientras había estado ausente, aunque sin éxito.

Harry y Ron hicieron su camino a los dormitorios y Sirius no tuvo más que seguirlos dejando a su confundido amigo detrás. Una vez dentro, cerraron la puerta y Harry lanzó un hechizo para que desde afuera no pudieran espiar la conversación.

-Lo que aquí hablemos Black, queda entre nosotros, ¿entendido?- aclaró Harry, tomando asiento frente a él en una cama.

-Tienes quince preguntas- fue la única respuesta que recibió.

Harry no pudo evitar sonreírse. ¡Qué graciosa le resultaba la vista de su padrino con carita enfurruñada por haber perdido! Se hubiera reído en otras circunstancias, si no fuera por la mirada asesina de sus ojos…eso le quitaba mucha gracia a la situación…

-¿Por qué tanto interés en saber de mí?

Sirius alzó una ceja y Ron lo miró incrédulo:

-Estás desperdiciando una pregunta…

-Ese es mi problema Black, tú sólo limítate a contestar…

Sirius se rió por lo bajo y levantó las manos en señal de inocencia, había decidido que si tenía que hacer eso lo tomaría con humor porque de otra manera terminaría dándole un buen puñetazo en la cara al sosias de su mejor amigo…

-Yo sólo decía Lemaître que lo que preguntas es bastante obvio…- hizo una pausa, como si esperara que se reconsiderara la pregunta, pero como no fue así, se preparó a contestarla –James y yo hemos sido amigos desde años antes de Hogwarts, lo conozco mejor que nadie. La primera vez que vio a Lillian Evans se quedó completamente perdido en ella y sólo teníamos once años.- se rió ante el recuerdo –Pero con once años hizo lo único que podía hacer: molestarla y así fue durante mucho tiempo… Para cuando comenzamos quinto James ya tenía varias admiradoras y se le subió a la cabeza. Creyó que sólo con preguntarle a Evans por una cita ella aceptaría rendida a sus pies como todas las demás, pero no fue así. Recuerdo claramente lo frustrado que estaba- para ese entonces Sirius había empezado a hablar con más libertad, no sentía incorrecto contarle a Lemaître todas esas cosas, más bien, todo lo contrario, aunque no entendía por qué. Harry, que lo había notado, estaba feliz de que su padrino hablara con él como lo harían años más tarde. En el fondo, no podía evitar pensar que no tendría de nuevo esa oportunidad cuando volviera a casa –Y aún así, a pesar de lo enojado que lo había dejado el rechazo público, hizo que Evans le interesase aún más. Al día de hoy no ha logrado siquiera que ella lo deje llamarle Lily como casi todos lo hacen. Pero estaba cerca de que todo se encaminara a su favor hasta que… bueno, llegaste tú y todo volvió a ser como antes… Por eso James te detesta tanto, porque lograste en menos de una semana lo que él no pudo en casi más de seis años…

Harry había dejado de pensar desde que había escuchado la frase "…estaba cerca de que todo se encaminara a su favor hasta que… bueno, llegaste tú…". Sentía culpa, dolor, incluso odio a sí mismo por dejar que todo se salieran tanto de control. Ya no estaba pensando, se había olvidado de las otras catorce preguntas. Ya no le importaba, sólo quería salir de ahí y huir, huir como jamás había podido hacer antes, pero no podía, aún en otro tiempo él seguía teniendo la responsabilidad de todo… Irónico, ¿no?

-¿A qué te refieres con que estaba cerca de lograrlo?- preguntó Ron, en salvación de su paralizado amigo.

-James tenía pensado un plan para atraer a Lily a su lado lo suficiente como para que aceptara una cita, pero abortamos la idea cuando nos dimos cuenta que no funcionaría.- explicó Sirius sin darle mucha importancia., sin saber que había dado justo en el clavo.

Ron abrió los ojos de emoción. Harry se obligó a salir de sus pensamientos. Sirius los miró confusos, sin entender el repentino interés en sus palabras.

-¿Qué plan?- preguntó Harry.

Sirius alzó nuevamente una ceja intentando captar los pensamientos de su interrogador:

-James planeaba enviarle con el correo de la mañana una entrega enorme de rosas rojas y blancas. Supusimos que estaría tan enternecida que no podría negarse pero, como ya dije antes, ya no importa, no funcionará.

-¿Por qué no?

-Porque estando tú aquí Lemaître, no hay enternecimiento capaz de hacer a Lily salir con James- contestó como si fuera lo más obvio del mundo

-Si a Potter tanto le preocupa James, ¿por qué no hace algo al respecto?- preguntó Ron, pero Harry sabía que era un desperdicio, él ya conocía la respuesta, ya la había oído de boca de su mismísimo padre.

-James podría simplemente convertir a tu amigo en cucaracha, pero sabe que Lily lo odiaría por eso así que decidió no meterse con él.- entonces se dirigió a Harry –Además, él mismo ha aceptado que eres mucho mejor mago que él y, te lo digo yo que lo conozco, eso significa mucho viniendo de James.

Harry no pudo evitar sentir una punzada de orgullo y sonreír levemente:

-Gracias, es importante para mí- dijo inconcientemente.

Sirius abrió los ojos sorprendido y curioso. Fue cuando estaba a punto de preguntar por qué que Ron volvió a interrumpir, siempre al rescate:

-¿Y qué planea hacer ahora? ¿O piensa rendirse?

La pregunta realmente logró su objetivo, distraer a Sirius, quien ahora se reía a carcajadas:

-¿James rendirse? ¡Jamás! No, ahora está intentando encontrar la manera de deshacerse de Lemaître para que Lily vuelva a "enfocarse" en él.

-¿Cómo planea deshacerse de mí?

-Con información oscura acerca de ti, pero aún no ha conseguido nada.

-Y no lo conseguirá- le aseguró Ron, riéndose un poco –James es uno de los chicos más limpios que hay.

-¿Qué sabe hasta ahora?- preguntó Harry.

-Francés, familia clase alta, dos grandes cuentas en Gringotts sólo a tu nombre, padrino fallecido, tíos y primo muggles, no hay novia pero solía haberla, poca vida social activa, muy buen mago, experto en defensa contra las artes oscuras, varita especial y única con núcleo de pluma de fénix.- recitó Sirius como si fuera una grabadora.

Harry se tomó un segundo para salir de su asombro y otro para reírse. Los merodeadores sí que se tomaban en serio todo eso de la investigación a fondo. Ron, quien estaba a su lado, tampoco pudo contener la risa, pero debía ser porque el detallado informe le recordaba a él mismo pasando la información que conseguía de James:

-Parece que prestabas atención cuando te hablaba- comentó Ron, haciendo que Sirius también riera.

-Dime Black, ¿qué pretende descubrir James de mí?

Sirius detuvo su risa y volvió a la seriedad, tomándose un momento para pensar detenidamente la respuesta para terminar encogiéndose de hombros:

-No lo sé, quizá una novia francesa escondida por ahí, o algo similar.

Harry asintió lentamente con la cabeza:

-Lamento decepcionarlo, pero no hay tal novia. Como ya habrá notado, tengo a alguien en la mira pero aún no ha pasado nada.

Sirius hizo un sonido:

-Tu interés por Evans es más que obvio Lemaître…

Harry puso cara de confundido:

-¿Evans? ¿De qué estás hablando? No… Yo me refiero a Gabrielle.- le dio unos momentos a su futuro padrino para procesar la información antes de continuar –Al igual que James con Lily, me he pasado los últimos seis años de mi vida persiguiéndola sin éxito, pero debo admitir que a mí me ha ido mejor, al menos es mi amiga y no me odia.- tocó inconcientemente la pulsera de plata de Hermione y sonrió internamente de sólo pensar en ella.

-Pero tú tienes más oportunidades con Gabrielle que James con Lily que tiene todas las de perder- señaló Ron, intentando que la conversación no se desviara -¿Y qué hará ahora James? Ya sabes, a falta del lado oscuro que tanto buscaba, ¿qué intentará hacer?

-Jugar con las mismas cartas que Lemaître.- respondió Sirius con una sonrisa malévola.

-¿A qué te refieres?- preguntó Harry, interesado y temiendo que lo que estaba pensando fuera verdad.

-Quiere ir detrás de tu amiga francesa a ver si eso te distrae de coquetear con Evans.- contestó con simpleza.

-¿Qué ganaría con eso? De todas formas Lily no le haría caso, de hecho, le estaría haciendo un gran favor alejándole a la competencia…- razonó Ron, intentado comprender.

-Quizá no ganaría nada- admitió Sirius sin mucho interés –Pero al menos se quedaría con Gabrielle que a James le interesa bastante.

-¿Cómo?- preguntó Harry en un tono más alto del que intentaba usar. Sirius no hizo más que sonreír malignamente de lado ante eso.

-Si no puede tener a Evans, al menos tiene a Gabrielle. No está nada mal.

Harry arrugó los ojos. ¿Cómo podía su padre siquiera considerar en fijarse en Hermione? ¡Ella era demasiado joven para él! "¿Qué estupideces estás pensando? ¡Él ni siquiera sabe eso!" se reprochó.

-Y si le dijera que a mí no me interesa en absoluto Lily y me alejara de ella, ¿dejaría en paz a Gabrielle?- preguntó Harry, intentado hacer un trato.

-No lo creo.- le contestó Sirius con sinceridad, pero sin dar más información.

-¿Qué debo hacer para que se aleje de ella?- insistió Harry, decidido a arrancarle la respuesta si era necesario.

-Supongo que si Lily se interesara en él de verdad la olvidaría, pero no estoy seguro, parece muy interesado.- confesó Sirius.

-¿Cómo que no estás seguro?- Harry ya se estaba enfadando, y hacía tiempo que eso no pasaba. Ron lo miraba preocupado.

Sirius sonrió de forma malévola antes de acercársele y susurrarle:

-Lo siento Lemaître, ya se acabaron tus quince preguntas.

La luz amarrilla de la mano de Sirius dio un último brillo y desapareció. Harry se miró la palma de la mano y encontró que la cruz de su mano también se había esfumado. Maldijo para sus adentros.

Harry se levantó con furia camino hacia la puerta, pero antes de abrirla giró su cabeza para poder mirar a Sirius sobre su hombro:

-Te agregaré un detalle más a tu larga lista que quizá le interese a tu amigo… Soy experto en artes oscuras.- y con eso, se fue con Ron detrás suyo.

Sirius, solo en la habitación, se quedó quieto un segundo procesando la última información. James no tardó en entrar atropelladamente, queriendo saber qué pasaba. Sirius le sonrió:

-No sabes todo lo que te averigüé Cornamenta.

James le dedicó una media sonrisa:

-¿Le dijiste lo que planeamos? Ya sabes, lo de Renoir.

-Tal y como lo dijiste- le aseguró Sirius antes de sonreír malévolamente –Y cayó derechito en la trampa.

-Perfecto.- susurró James. Y no pudo evitarlo, él también sonrió.