Hola de nuevo. Primeramente les quiero dar las gracias a todos los pacientes lectores de este fic que me han apoyado si importar cuanto me demore. Es por ustedes que no me doy por vencida y mi musa sigue trabajando. Las ultimas 48 horas me he instalado permanenetemente en frente del teclado para poder dar los ultimos toques a este capitulo. Traté de hacerlo lo mas largo que pude. Por favor disculpen cualquier falta ortográfica y muchas gracias nuevamente por la paciencia. Espero que disfruten este capítulo.
*Ni Shaman King ni ninguno de sus personajes me pertenece.* Los unicos personajes de mi invencion son Alex y Claire*
Le dolía el corazón. De alguna manera se le hacía difícil respirar. Le faltaba el aire y no sabía cuanto tiempo le quedaba antes de que perdiera el conocimiento. Pero aparte de eso había algo que la mantenía intranquila y estaba segura que la angustia que sentía no estaba relacionada con su salud. Se había estado sintiendo de esa manera desde su plática con Yoh. Pensaba que cuando le aclarara sus sentimientos estaría más tranquila, pero no fue así.
Después de su encuentro regresó a casa, cuando repentinamente empezó a sentirse mal. Claire sabía lo que pasaba, y tenía que darse prisa antes de que su corazón colapsara. Eso pasaba cuando no tomaba el medicamento en horas adecuadas. Y seguiría pasando hasta el día de su muerte, la cual tenía conocimiento que no era lejana.
-Por favor... date prisa.- le susurró, o más bien suplicó a su chofer.
-Sólo un poco más señorita.- respondió él lleno de preocupación.
Dirigió la vista a un lado de su asiento en el auto. Y allí estaba ella. Sus profundos y enigmáticos vacíos negros la contemplaban intranquilos, con tristeza.
Ciertamente, si Diana fuese humana, su rostro hubiese estado pálido en ese instante, como seguramente debería estar el suyo.
-Tranquila, estaré bien. Gracias por acompañarme.- agradeció con una sonrisa antes de que se sintiera débil y su cuerpo se balanceara cayendo pesadamente en el asiento del auto y sus ojos se cerraran expulsando todo rayo de luz, dejándola en la total oscuridad.
Abrió los ojos repentinamente y por la impresión dejó caer uno de los libros que tenía en la mano. ¿Qué estaba haciendo? Ella no necesitaba ser consolada por nadie. No entendía por que se había dejado llevar por ese sentimiento tan aterradoramente agradable. Y sí, tenía miedo de empezar a depender de otra persona. Ese era un error que no cometería dos veces. Lentamente Anna se separó del joven que la abrazaba tiernamente. Este se agachó para recoger el libro que yacía en el suelo y entregárselo.
-Siento mucho si te incomode por mi acción.- Alex fue el primero en despejar el silencio.
Anna recibió el libro nuevamente y tratando de evitar la mirada de Alex decidió observar el suelo. Estaba a punto de responderle cuando sus ojos se toparon con algo inusual. Se agachó y tomó entre sus dedos un pequeño mechón de cabello castaño amarrado con una diminuta cinta celeste.
-¡Oh! Pero que descuidado soy. Se tuvo que haber caído del diario- dijo el joven-No lo había visto. ¿Quién sabe que pudo haber pasado si lo perdía?
-¿Qué quieres decir? Es sólo un mechón de cabello- menciono la itako cuando sintió que sus mejillas volvían a la normalidad.
-Es que... es de mi hermana.
Anna lo miró con expectación .Cada vez que el rubio hablaba de su hermana había un aire melancólico y muy secretamente le habría gustado saber porque.
-Ella nunca supo que le corté el cabello. Me habría matado.- comentó con una sonrisa bañada de nostalgia.
La itako se dio cuenta de algo muy peculiar, y con eso, pudo entender un poco más la estadía de Alex en este mundo.
-Es esto. Es este mechón de cabello lo que te mantiene atado al mundo de los vivos. Es la nostalgia hacia tu hermana y la promesa que le hiciste, todos esos sentimiento están en ese objeto. Tenías que utilizar algo de ella para poder ligarte a este mundo, a tu cuerpo.
-Así, es. Eres audaz.
-Se demasiado del asunto.- contestó simplemente a la observación y a continuación le entregó el mechón de cabellos color caramelo.
Alex se quedo callado por unos segundos mientras pensaba sus siguientes palabras.
-Tú... estás de acuerdo con esto.- no era una pregunta.
Sus ojos negros se cruzaron con unos azules los cuales miraban entre sorprendidos y esperanzados. Anna no pudo darle una respuesta hasta después de un momento tras descubrir a que se refería.
-Claro que no, lo que has hecho va en contra de todas las leyes. Pero hay algo que no entiendo. Pudiste haberte quedado en la tierra como cualquier espíritu. Entonces ¿Por qué...?
-Es muy complicado.- la interrumpió sabiendo lo que iba a preguntar- Tenia la tonta idea de que podría quedarme al lado de ella por un tiempo más y protegerla, pero las cosas no salieron bien.- luego hubo un silencio.
-¿Que sucedió?-preguntó la rubia algo molesta por la prolongada pausa.
El simplemente le sonrió.
-Todo lo que quieres saber esta en tus manos.-respondió señalando el libro más pequeño-Ahí esta toda la historia.
-¿Por qué no me la cuentas tú?
-Mmm, No soy muy bueno contando historias.
-Eso no es cierto. ¿Ya no te acuerdas de lo que me contaste acerca de la procedencia del collar?- cuestionó tomando la piedra en su mano.
-Esta bien, no soy muy bueno contando esta historia en particular.-aceptó.
Su ojos se clavaron como flechas azules en el collar sostenido por Anna. La preocupación se esparció con rapidez entre ambos océanos desalojando a la apaciguadora tranquilidad. Y el cambio fue tan brusco y sorpresivo que la itako no dudó en preguntar algo inquieta.
-¿Qué sucede?
Alex se quedó callado por un momento, repentinamente se había dado cuenta de algo.
-Diana...- susurro suavemente, casi con miedo.
-¿Qué?- preguntó Anna, sin entender porque mencionaba al espíritu.
-Ella no esta aquí. Es increíble que no me haya dado cuenta- su comentario se cubrió con un tono de perplejidad, casi como si estuviera hablando consigo mismo.
Anna lo miro extrañada. ¿Acaso la ausencia de Diana representaba problemas?
-¿No sabes si te acompaño hoy?-preguntó el rubio con aire expectante.
-Creo que esta mañana no sentí su presencia, pero no me percate si se encontraba conmigo.
-Esto esta pasado más seguido cada vez.
-Y ¿a dónde va?
-No lo sé, y me preocupa- su rostro iba acompañado por su tono de voz. Una sombra de preocupación opacó sus esferas celestes. Esta reacción le produjo a Anna una sensación incómoda.
-¿Por qué no la llamas?-sugirió la itako.
El se limitó a negar con la cabeza- Ya vendrá-dijo y sonrió nuevamente.
No se puede decir que Anna estaba sorprendida por la ligereza con la que Alex tomaba el asunto, pero se dio cuenta de que la relación que él compartía con su espíritu era muy liberal. Ambos eran totalmente independientes el uno del otro, sin descuidar nunca su amistad.
Alex propuso que regresaran ya que había dejado de llover. Se instalaron debajo del gran árbol. El se sentó a pesar de que el suelo se encontraba algo mojado.
Luego surgió una pregunta.
-¿Qué haces cuando Diana esta conmigo?-
El la miró algo sorprendido.-¿Qué hago? Bueno, me gusta mucho leer, aunque no siempre tengo un libro en mis manos. La mayor parte del tiempo paseo entre las lápidas y charlo con los espíritus que se encuentran ahí. También me gusta sentarme cerca de los limites de parque y ver a las personas pasar.
-¿Nunca sales de aquí?
-Sólo cuando mi alma se despega de mi cuerpo. Hay menos riesgo de que me vean.
-Supongo que sería una catástrofe si alguien que te conoció te viera caminando por la calle.
Alex rió como lo había hecho en la banca.
-Ciertamente.- comento y rió de nuevo.
En ese momento Anna no pudo reprimir reírse por lo bajo.
-Wao..
-¿Que?-pregunto la itako ya con la sombra de su risa.
-Nunca te había escuchado reír. Significa que estas pasando un buen rato. Me alegra.
Anna se sonrojó levemente-No te acostumbres- le dijo algo avergonzada.
-Deberías hacerlo seguido. Reírse no es nada malo.
-Solo cuando finges
-Pero tu no lo haces.-le dijo sonriéndole cálidamente.
Anna guardó silencio. El tenía razón, que novedad...
-Es algo tarde- Alex susurró.
-Si.
-Debes tener hambre.
-¿Eh? En realidad no.
-¿Desayunaste hoy?
-Sí...-mintió ya que sabía que él insistiría en el tema.
-¿Qué comiste entonces?
-Cereal... y té- dijo recordando al ainu quien se había apoderado de su desayuno.
-Mmh ya...-y después de un corto silencio agregó- No te creo.-confesó mirando el campo de lápidas que tenía en frente.
Anna lo miró fastidiada.
-Pues, eso no me interesa.
El rió un poco más- De todas maneras creo que deberías ir a casa a comer algo.
-Ya te dije que no tengo hambre.-
-Y yo ya te dije que no te creo- contestó con una mirada escéptica.
Anna suspiró pesadamente. No quería regresar a casa. Aunque habia pasado algun tiempo desde que despertó, por consiguiente su cuerpo le pedía ser alimentado. Alex la miraba silenciosamente, esperando su reacción.
-¿Traes algo de dinero?-le preguntó con calma.
-¿Para que?- cuestión de vuelta plantando sus negros ojos sobre él con curiosidad.
-Pues... conozco un buen lugar para almorzar. No es nada caro y la comida se ve exquisita.
-¿Se ve?-
-Si. Al menos eso parece.
-¿Nunca la has probado?
-No puedo comer. Bueno, no necesito hacerlo. Ahora que lo pienso, no se que pasaría si ingiero algún alimento.
-Y ¿Cómo...?
-Energía espiritual, así me puedo mover. Solo necesito un poco de vez en cuando. A veces Diana me ayuda a conseguirla, otras... bueno, debo tomarla prestada.
-Ya veo.
-Y bueno... ¿Quieres ir?
-No tengo hambre, Alex...
-Como quieras... yo si voy-
-¿Y vas a ir así?
-Claro que no. Observa.-cerró los ojos y en pocos segundos entro en trance. Inhaló profundamente y Anna vio como lentamente su alma se separaba del cuerpo. Era como si se estuviera dividiendo en dos. Y de un momento a otro el cuerpo de Alex quedó sin vida y este empezó a caer hacia un lado. Sin pensarlo bien, Anna se agachó y tomó el cuerpo entre sus brazos antes de que la cabeza del rubio golpeara contra el suelo.
-Oh, gracias, Anna.-dijo ya parado a un lado de su cuerpo inerte y la rubia.
-Deberías tener más cuidado. Tu cuerpo podría salir lastimado en uno de tus descuidos.- le regañó y miró el cuerpo que tenía entre sus brazos. Estaba sumamente frío, igual que siempre. También se percató de que su color de piel no era nada saludable, estaba demasiado pálido. "Eso no tiene nada de malo, esta muerto después de todo" –pensó para luego tomar la rubia cabeza en su mano y colocarla suavemente sobre el pasto.
-¿Nos vamos?-pregunto ansioso.
-Es muy peligroso y negligente dejar solo a tu cuerpo aquí.-comentó Anna sin apartar su vista del cuerpo.
- Los espíritus de este lugar me hacen el favor de cuidarlo mientras no estoy.-contestó mientras se acercaba a la itako.-No te preocupes, Anna. Estará bien.- le dijo acercándose más para observar su expresión.
Anna no quitaba la vista del cuerpo que yacía sin vida en el suelo. En sus ojos había un minúsculo rasgo de dolor, tan pequeño que Alex casi lo pasa por alto. Apretó los labios ligeramente dejando que los recuerdos invadieran su mente. Pesadillas que pensaba haber superado y enterrado junto con la imagen sin vida de su prometido entre sus brazos. Hace segundos, la misma escena se repitió, esta vez con Alex, y había sido escalofriante.
-¿Estas bien?-escuchó una voz con inquietud detrás de ella.
-Sí.
-Vamos-dijo extendiéndole una mano para ayudarla a levantarse.
El sabía cuando no debía molestar a Anna. Lo sentía. Ella no quería hablar de ello, y entendía porque. Debía ser doloroso.
La itako miró la mano extendida algo asombrada, arqueando una ceja.
-Oh,- rió- Aún no me acostumbro a esto de ser un espíritu, discúlpame-dijo retirando su mano al darse cuenta de que Anna no podría ni siquiera tocarla.
-Que inusual-dijo parándose- Viniendo de alguien que murió hace....-
-Tres años
- Aunque, pensándolo bien, sólo tu tienes la culpa por haber regresado a tu cuerpo.
-Creo que tienes razón.- respondió sonriendo- Ahora vamos. No quisiera que te desmayaras de hambre.
-¡Ya te dije que yo...!
-Claro... tu no tienes hambre porque, según tu, desayunaste cereal y té que sólo pudieron existir en tu mente, mas nunca llegaron a tu estómago...
-¡Ah! ¡Ya cállate antes de que decida no acompañarte!
-Oh, no querría que eso ocurriera.-comentó algo sarcástico, lo cual fue notado por la itako, quien siguió discutiendo con Alex hasta los limites del parque. Y de no haber sido por un par de ancianos que la miraron asustados por estar hablando "sola" habría seguido discutiendo con el rubio todo el camino hasta el restaurante.
Todo lo que podía hacer era ignorarlo. Y del dicho al hecho, hay mucho trecho...
Y ahora no sabía lo que haría. ¿Para que resistirse? Se lo merecía. Eso y mucho más por parte de Anna. Estaba bien que ella saliera con otra persona, ¿no? Además él había empezado todo ese juego. Esa pesadilla que ahora lo consumía en un torbellino de frustraciones que no sabía a donde lo llevaría. Tenía que aceptarlo, estaba confundido. Y si alguna vez había escuchado a alguien decir que estaba enamorado de dos personas al mismo tiempo y se había reído, entonces ahora lo pensaría dos veces. Aunque su resolución no era la más satisfactoria, era lo único en que podía pensar. Era la respuesta más lógica que le podía atribuir a su desvarió: sentir lo mismo por Anna que por Claire.
Sabía que tenía que decidir. Tarde o temprano la itako se cansaría de esperarlo, si es que ya no lo había hecho.
-¡Eres un estúpido!- se dijo a si mismo mientras se agarraba la cabeza con ambas manos, tratando de bloquear cualquier ruido de afuera. Como si eso lo ayudaría a pensar mejor. Como si encerrarse en su cuarto después de haber visto a su prometida abrazada con otro chico haría que dejase de dolerle en lo más profundo del alma. Como si seguirle mintiendo a Claire , la persona de quien supuestamente estaba enamorado, acerca de Anna serviría para no perderla.
Ninguno de sus incompetentes intentos para tratar de alcanzar la paz darían resultados. Ya no sabía que hacer. A veces se sentía controlado por una fuerza desconocida que lo obligaba a hacer algo que el no sentía ni quería. Cuando estaba cerca de Claire no se sentía bien del todo y es porque él sabía que lo que sentía estaba mal. ¿Pero cómo evitarlo? ¿Cómo podía razonar con su corazón o con cualquier cosa que lo impulsara a estar enamorado de ella para que dejara de quererla? ¿Cómo? No lo sabía. Y ¿Cómo debería aguantar esa tortura de mirar en los ojos de Anna y leer solamente desilusión? A veces rabia o amargura... tristeza en su mayor expresión. ¿Cómo explicarle que no la beso por error? Ni por un impulso mal dirigido. Lo hizo porque así lo sintió. Y a decir verdad, extrañaba sus labios. Más en ese momento que los veía distantes, en peligro de ser poseídos por alguien más.
Cerró las manos en puños.
No lo iba a permitir. No mientras estuviese tan confundido, tan adolorido. Nuevamente repasó la imagen que tantos agravios le traía. Anna se veía tan calmada entre los brazos de aquel chico. Claro que no pudo observar totalmente su expresión pues estaba muy lejos de ellos, pero se encontraba lo suficiente cerca para reconocerla a ella. Repasó nuevamente la imagen. No sabía quien era su acompañante. No lo conocía, mas le parecía familiar. Se esforzó nuevamente y abrió los ojos con desconcierto.
Cabello rubio. Tez blanca.
Era aquel chico. Sabía que lo había visto antes. Esa mañana, de camino a la plaza para hablar con Claire. Ahí lo había visto, parado entre unos árboles. Estaba seguro que era el mismo parque en el que había visto a Anna... ¡Era él!
Recordó un detalle más. Aquel personaje lo estaba mirando mientras caminaba. Sus ojos azules le penetraron el alma hasta un punto en el que le pareció algo intimidante. No sabía quien era, ni siquiera lo conocía, por eso siguió caminando sin que le perturbara su recuerdo, pero ahora no sería tan fácil olvidarlo. La mirada del rubio se asomó nuevamente por su mente. ¿Acaso lo estaba retando? Yoh no tenía duda alguna de que aquel joven si lo conocía. Bueno, en ese caso no había nada de malo en que el shaman castaño tratara de saber más acerca del él. ¿Cierto?
-Amo Yoh, ¿Se encuentra bien?-repentinamente Amidamaru apareció a su lado.
-Sí...-fue la falsa afirmativa que le dio.
Se paró de su cama y se acercó la ventana. El cielo estaba despejado nuevamente, justo en ese momento que su mente era invadida por una tormenta que no parecía querer apaciguarse.
*We hurt each other just to feel something inside.
El tiempo había pasado rápido y ahora, para su pesar, se dirigía a la pensión. Sola. Tenia que admitir que fue el almuerzo mas bizarro que alguna vez haya tenido. Nunca había almorzado con un espíritu en un restaurante y había tratado con todas sus fuerzas de ignorarlo para que su salud mental no estuviera en juego de ser juzgada en frente de tantas personas. Si, le tuvo que dirigir una que otra mirada fulminante para que dejara de intentar hacerla reír. Y si, había fallado un par de veces y reído por lo bajo. Luego de que comió ambos empezaron a caminar con rumbo al parque cuando Anna noto que Alex estaba extrañamente callado desde que dejaron el restaurante.
-¿Me vas a decir que es lo que te pasa o tendré que soportar tu cambio de humor? Hace unos minutos no dejabas de reírte y hacerme ver como una demente.
El se limito a suspirar pesadamente.
-Lo siento, es solo que... siento que no estuvo bien dejarte pagar el almuerzo.
Al escuchar eso la joven paro en seco-¿Qué?-
-Discúlpame.-contesto Alex mientras la miraba arrepentido- Con mucho gusto te hubiera invitado pero no tengo nada de dinero. No lo necesito. Es por eso que no me siento bien.
Anna lo escuchaba, aun estática, sin saber si tomar en serio sus palabras.
-¿Anna?-la llamo mientras se acercaba.
-Si que eres un tonto- articulo por lo bajo mientras un sonrisa burlona se escabullía por sus labios.-
-¿Por qué lo dices?
-Por preocuparte por una tontería como esa. No tiene sentido.- explico mientras empezaba a caminar nuevamente.
-Claro que no es un tontería- se defendió al tiempo que la seguía.- Si invitas a una persona a algún lugar es lógico que debes pagar por los gastos... esa es mi filosofía.
-Bueno, la próxima vez me invitas tu entonces. ¿Esta bien?-dijo algo molesta ya que no quería seguir discutiendo el tema.
-Me parece bien.- contesto sonriente.
-Luego me dices de donde sacas el dinero.
-Mmmh, pensándolo bien, no creo que sea un gran problema.
-¿Ah si?
-Te sorprendería saber en donde se encuentra dinero estos días.
-¿Cómo en las billeteras de hombres ricos y descuidados?
-¿Qué? Claro que no. No se necesita robar para conseguir dinero sin trabajar...
-Dime una manera...
-Bueno...
Y así siguieron platicando hasta que el sol desplegó sus últimos rayos haciendo que las sombras se expandieran hacia el este en una danza que prometía acabar muy pronto mientras el gigantesco astro se resguardaba entre las montanas del horizonte.
-Y... ¿Planeas quedarte a dormir fuera de tu casa esta noche?
-¿Por qué dices eso?-lo interrogó Anna ante su extraña pregunta.
-Esta anocheciendo y no es bueno que andes sola por ahí.
-Por favor... Ya estoy grandecita para cuidarme sola.
-No lo dudo-afirmo riendo- Pero aun así..
-Si, ya lo sé-dijo la rubia mientras se daba la vuelta.
-No tienes que irte si no lo deseas.
-También lo sé.- contesto mirándolo- Pero tienes razón, ya es tarde. Me voy a casa.-dijo muy en el fondo resintiendo sus palabras.
-Bien. Si acaso Diana se aparece, dile que le mando saludos. Hasta mañana entonces.-se despidió dándole la espalda a Anna y tomando el camino opuesto.
-¿Cómo estas tan seguro que...?
No pudo terminar pues la figura parada en frente de ella se había desvanecido antes de que terminara la frase. ¿Hasta mañana, eh?
Y así empezó su camino a la pensión, donde no tenía idea que encontraría.
Cuando cruzó la puerta todo se encontraba tranquilo, aunque no esperaba que permaneciera así.
-Hola Anna.- Apenas cerró la puerta el shaman castaño apareció delante de ella.
-Buenas noches- le contestó con desgana queriendo que el día terminase pronto. Deseando no sentir el peso del agobiante pesar que venía a ella cada vez que lo veía.
-¿Dónde has estado?-He ahí la famosa pregunta. Ahora sólo tenía que rogar por no ser abofeteado.
Ella se limitó a suspirar tediosamente y a dirigirle una mirada incrédula.- Yoh, no tengo tiempo ni ganas para estar respondiendo a tus preguntas.-intentó pasar al lado de él para irse.
-No. Por favor, no lo malinterpretes.-pidió estirando una mano para detenerla, pero lo pensó bien y decidió que el contacto físico no era adecuado en ese momento.
-Y dime, ¿Cómo se supone que interprete tu exceso de autoridad?
-Te equivocas, yo no trato de controlarte sólo...
-¿Sólo que?
-Estaba preocupado. No te había visto en todo el día y me preguntaba si estabas bien.
-Pues velo tu mismo. Estoy de maravilla. Ahora si me disculpas, estoy muy cansada.-dijo con intenciones de desaparecer de la vista del Asakura.
-Yo también estoy cansado, Anna.-confesó con pesadumbre-Estoy realmente cansado de esta situación y de nuestro comportamiento.
-Eso debiste pensar...- su voz se interrumpió cuando Yoh coloco ambas manos en los hombros de Anna y la miró a los ojos.
-Sabes que no me gusta discutir... y mucho menos contigo. Lo sabes. Siento mucho haberte lastimado, no lo mereces, Anna. Yo no te merezco. –
¿Por qué? ¿Por qué se sentía morir en ese instante? Pareciera que su voz se quebraba, pero no lo iba a permitir. Tenía que decirle cuanto le dolía verla sufrir, porque él sabía cuanto le agobiaba a la itako su rechazo.
-No merezco ni siquiera que estés a mi lado. Pero yo te quiero. Por favor Anna, ya no quiero sentirme como una escoria y tampoco quiero que pienses eso de mi. ¿Aceptas mis disculpas?
-¿Por qué te disculpas?-preguntó sin dejar que Yoh viese su expresión.-No tienes ninguna obligación de hacerlo... después de todo es tu vida y puedes amar a quien quieras. Eso no debe incumbirme.
El chico la miró sorprendido. ¿Acaso esa actitud tan distante y fría por parte de Anna era culpa de él? La conocía y sabía que esas palabras formaban parte de su coraza protectora. Pues intentaría penetrar en ella antes de que se formara como años atrás. No permitiría que Anna se transformara nuevamente en la niña solitaria y huraña que alguna vez fue.
Acurrucó el pálido rostro que se encontraba en frente de el entre ambas manos y en ese momento pudo ver un par de negros ojos que hasta hace poco se habían ocultado entre cabellos dorados.
-Me disculpo porque me importas, Anna. Y te equivocas, no puedo amar a quien quisiera porque no se puede elegir a la persona que deseas amar. Es algo involuntario y casi automático. No se puede controlar ese impulso. Y... a veces, simplemente quisieras que todo se detuviera, que tus sentimientos cambiaran de dirección porque es muy doloroso continuar.-en ese momento Yoh había acercado su frente a la de Anna quien evitaba por todos los medios el contacto visual con el shaman.
-Ya lo creo...- susurró la rubia con una sonrisa irónica.
El había descrito todo lo que ella sentía, lo que deseaba. Sí, Anna quería olvidarse del castaño precisamente por lo que él mismo había dicho. Por el dolor. Por la humillación. La impotencia.
-Y me disculpo porque yo no soy capaz de amarte como lo mereces. Sólo te hago daño. Y eso no lo puedo aceptar.
Anna decidió alzar la vista y pronto se arrepintió. Yoh tenía los ojos cerrados, aún con su frente unida a la de la itako. Su expresión era una de completo arrepentimiento. Anna se atrevió a pensar que algo dentro de el le dolía. Lentamente él abrió los ojos, sin hacerlo del todo. Lo único que deseaba apreciar en ese momento era ese abismo tan negro que poseían los ojos de Anna. Sin querer ni pensarlo una sonrisa de pura alegría se formó en sus labios... Ahí estaba ella, y era perfecta así, sin tristeza ni angustia reflejada en sus facciones. Su emoción creció aún más y soltó una pequeña risa.
Anna apenas se dio cuenta en ese instante que su pecho explotaría. Y no era por los suspiros reprimidos de hace días, ni tampoco por las nubes llenas de agua salada que prometió nunca volverían a opacar sus ojos. Era su corazón. Y este latía como aquella noche en que decidió que sería mejor que su prometido se enterara de sus sentimientos. Y también como noches antes de eso, en las que lo veía reírle a ella sin ninguna tensión y su pecho volvía a expandirse así como lo hacía en ese momento. Su corazón cantaba de júbilo y ella esta sumamente atónita. Nunca pensó volver a sentirse como antes. No desde que asumía que su corazón se había quedado sin ninguna reserva de empatía al estrellarse contra el muro que ella misma construyó por tantos años.
Y allí estaba él, con la misma sonrisa con la que ella siempre lo había soñado. Solamente había un simple detalle. Esa era la realidad y no uno de sus fantásticos sueños. Y él no la amaba.
Retiró las manos del shaman de sus mejillas y se apartó.
-Yoh..
-Oh, disculpa.-dijo separándose mientras sonreía- Anna, con respecto al beso... yo no te besé para enfadarte.
-Pues tu plan no resultó bien porque sucedió precisamente eso. No se cuales eran tus intenciones pero te aseguro que no me tragaré ningún cuento tuyo. No me engañarás.
En la mente de la itako sólo estaba la escena de Yoh y... aquella persona.
-No trato de hacer eso. Lo hice porque fue lo que sentí. Y se que no tiene sentido pero. ¿Nunca te ha sucedido algo así? que simplemente no puedes controlar, algo que...
-Yo pienso bien las cosas antes de actuar, a diferencia tuya, Yoh.
-Lo sé, por eso quiero hacer las cosas bien. Quiero empezar de nuevo. Perdóname por todo el daño que te he hecho.
-No te voy a perdonar por haberte enamorado de otra persona, porque no tienes la culpa de ello. Pero por lo demás...
-¿Lo demás?
-No tenias ningún derecho a besarme. Eso realmente me enfureció. Aparte de que no hay razón para que te enteres de a donde voy, y mucho menos con quien.
'Es cierto. Hay un quien.'-pensó el shaman al tiempo que un fuerte pinchazo en el pecho lo estremeció.
-Tienes toda la razon, también quería disculparme por eso. No tengo que saber a donde vas todo el tiempo. Pero agradecería que me avisaras, para no preocuparme. Te prometo que no te molestare.
-Tal vez lo haga-contestó algo resignada.
-Y así que has conocido a alguien. Que... bien.- no sabía si en ese momento estaba sonriendo. De lo único que estaba presente era de aquel sentimiento de impotencia. Aquel inconfundible ardor que lo consumía de adentro, imponiendo un vació en la boca de su estomago. ¿Acaso ella lo había olvidado tan rápido?
Anna no estaba segura si debía decirle sobre el otro shaman, pero ella ya había mencionado indirectamente que no salía sola. A Yoh no debería incumbirle sus asuntos así que permaneció en silencio.
- Me gustaría conocer a aquella persona-pensó con cuidado, no quería que Anna se enterara que él sabía que se trataba de un hombre.
-¿Para que?-preguntó secamente.-
Eso lo confirmaba todo. Por lo menos ella no le estaba mintiendo.
-Solamente me preocupo por ti y yo...
-¿Tú que?
-No quisiera que te hagan daño, sólo es eso.
'Pues es algo tarde para preocuparte por ese detalle'- pensó Anna fríamente.
-Ya estoy grande para saber con quien me debo juntar, muchas gracias.-
-Lo sé, pero aún así me gustaría conocerlo
-¿Por qué presumes que es un hombre?
Había metido la pata, y en grande.
-Eh, pues yo... supongo que es así. ¿Me equivoco?
-Tu no supones nada. ¿Cómo lo sabes?
-¡No lo sé! Lo juro.
Anna le dedicó una mirada escéptica. Yoh sabía algo.
-No quiero pensar que me has estado siguiendo.
-Claro que no, Anna.
-Eso espero, como sea ya es tarde y estoy cansada. Será mejor que me retire.
-Por favor.- el shaman se había adelantado tomando con delicadeza, y precaución una de las manos de Anna antes de que se marchara.
-¿Prometes pensarlo?-pidió mirándola directamente a los ojos con aire suplicante.
-No lo sé- susurró antes de que se soltara y desapareciera de la vista del castaño
Dios, ¿Cuantas veces no había desistido cuando él la miraba de esa manera?
'Demasiadas para llevar la cuenta'-se dijo mientras entraba a su habitación.
Cuando entró se despojó de todo lo que traía encima. Dejó ambos libros sobre una pequeña mesa a un lado de su cama. Se dio un baño para después echarse en su cama.
Estaba cansada. Habían pasado muchas cosas y en ese momento su mente daba vueltas buscando respuestas a las múltiples conjeturas que aparecían en su cabeza. ¿Podía volver a confiar en Yoh después de todo? El la había besado el día anterior y luego lo ve con otra chica. Definitivamente estaba enfadada. Quería confiar en él, pero le era tan difícil después de lo que vio.
"Es un mentiroso" pensó al tiempo que tomaba el collar entre sus manos y empezaba a jugar con el.
-Diana... no esta.
Se quedó mirando un rato el libro más pequeño en la mesita. Le intrigaba lo que podía leer pero los ojos se le cerraban casi solos. Eso era un indicio que estaba agotada.
Después se quedó despierta un par de minutos más antes de caer dormida.
Al día siguiente Anna se levantó un poco más tarde que el día anterior. Había estado pensando acerca de la "capacidad" de Alex que por cierto le trajo problemas en el restaurante. Le era muy difícil regañarlo sin que las personas se percataran que estaba hablando "sola". Agarró un par de cosas que tenía en su habitación y decidió salir.
Antes de hacerlo, se miro rápidamente en el espejo cerca de la puerta. Posó su mirada en el collar y supo que Diana no estaba ahí. Se preguntó donde estaría. Tal vez con Alex...
-¿Vas a salir?
Se volteó instantáneamente al escuchar la pregunta.
-Buenos días, Yoh.
-Buenos días.-dijo sonriendo.-¿Vendrás a cenar?-insistió luego de haber echado un vistazo al abrigo y al bolso que traía en mano.
-Posiblemente.-le respondió sin expresión.
-Oh, bueno hasta luego.
-Si, adiós.- y sin decir más salió de la pensión en parte algo agradecida por no haber discutido con Yoh. Ya no sentía tanta tensión, no como antes.
Por su parte el shaman de cabello marrón se sintió aliviado. Se podría decir que estaba avanzando con su relación con la itako. No discutieron, como otras veces . Tal vez la charla del día anterior ayudó un poco. El rezaba por que se mantuviera así y trataría de recuperar la confianza de Anna. Aunque antes de eso debía ordenar sus pensamientos con respecto a Claire. Estaba confundido. Y definitivamente no quería hacerle daño. Trataría de hacerle entender que en ese momento no podía tener ningún compromiso. Suspiró. ¿Por qué las relaciones amorosas tenían que ser tan complicadas?
-Tal vez no lo son y somos nosotros los complicados.
-¿Yoh?
-Hola, Horo. Buenos días.-saludó algo sorprendido por la aparición de su amigo.
-Buenos días. Oye ¿No quieres acompañarme a comprar unas cosas?
-¿De... compras?
-No lo digas como si fuéramos a ver lencería o algo así- le reprochó el ainu.
-¿Y que vas a comprar?
-Algunas cosas que según Pilika sólo se consiguen en Tokio...
-Oh, esta bien entonces.- le respondió animado.
-Al parecer estas de buen humor. ¿A que se debe?- preguntó mientras iba a la cocina a buscar algo de comer
-Bueno... tal vez las cosas se mejoren.-le respondió sonriendo.
-¿Las cosas? ¿Te refieres al asunto entre tu y Anna?-
-Si...Hemos estado muy distantes últimamente. Espero que eso cambie.
-Bueno, supongo que debes comprenderla. Es decir, ¿que sentirías si te enteras que a tu prometido, o prometida en este caso, le gusta otra persona estando tu enamorado de ella?-preguntó mientras se llevaba un bocado de cereal a la boca.
-Es horrible.-Yoh recordó la sensación que lo invadió el día anterior al ver a Anna en brazos de un extraño. Sintió el pinchazo en su estómago nuevamente.
-Este cereal es delicioso. Lástima que se acabó- comentó Horo totalmente ausente del estado de su amigo.-¿No vas a comer?
-No, Horo. No me siento muy bien que digamos.-
-Allá tu. Vámonos entonces.
-Sí que eres rápido.-dijo asombrado de que el shaman de cabellos celestes haya terminado en cuestión de segundos.
-No has visto nada querido Yoh, no has visto nada...
-Oh, buenos días, Anna. Llegaste temprano.
-Buenos días. Sí, es que tengo varias cosas que hacer. Y tu vendrás conmigo.
-¿Yo? –dijo algo sorprendido mientras se paraba del suelo-
-¿Ves a alguien mas aquí? Te estoy hablando a ti.
-Esta bien, no tienes que ser ruda. Es sólo que me tomaste por sorpresa.
-¿Por qué?
-Pues no pensé que me pedirías eso. No después de lo que sucedió en el restaurante.-dijo y rió un poco.
-Ah si, eso. Bueno veras tengo la solución para ese problema.-le informó y luego le mostró lo que llevaba en la mano.
-¿Un abrigo?
-No es sólo eso.-le dijo y después de entregarle el abrigo sacó de su bolso un sombrero y unos lentes oscuros.-Póntelos- le ordenó.
-Así que quieres disfrazarme ¿Ah?-le dijo algo divertido por la idea.
-Es para que nadie te reconozca... por precaución.
-Ya veo. Hace tiempo que no salgo con mi cuerpo.- dijo y empezó a colocarse el sombrero.
-Date prisa.-le dijo la itako mientras le extendía el resto de los artículos.
-Bien, ¿como me veo?-le preguntó entusiasmado.
-Como un tonto con lentes de sol en invierno.
-Me imaginaba.
-Bueno, vámonos.-Anna empezó a caminar seguida de Alex.
-Y ¿A donde exactamente?
-Primero iremos a la biblioteca. Hay que devolver el libro.
-Ah, es cierto.-y entonces preguntó-Anna, ¿No has visto a Diana, cierto?
-No, trate de quedarme despierta anoche a ver si llegaba, pero no lo hizo.
-Ya veo...
Anna notó la desilusión en su voz y pensó que al parecer él no estaba del todo de acuerdo con que el espíritu anduviera aparentemente solo por ahí.
-Insisto en que deberías llamarla.
A esas alturas ya ambos salían del limite del parque.
-No, estoy seguro de que se encuentra bien.- le respondió despreocupado.
-Como quieras.
Después de un par de minutos llegaron a la biblioteca. Había sido un recorrido interesante. No era que Alex llamara la atención, pero tenía que aceptar que se veía algo extraño con ese abrigo largo, el sombrero y los lentes de sol. Una que otra persona lo había mirado algo extrañada.
-No estoy acostumbrado a la atención-protestó mientras decidía quitarse los lentes ya dentro del edificio.
-¿Y tu crees que yo si? Ya sabes como me sentí ayer. ¡No te quites los lentes! Alguien podría reconocerte.
-¿Acaso es una venganza?-preguntó sonriendo
-Tal vez...-le respondió al tiempo que le ponía los lentes de vuelta.
-Eso no esta bien...- comentó algo ofendido.
-Ya deja de quejarte.
Anna regresó el libro y le preguntó a Alex si no quería llevarse otro.
-¿Enserio?-cuestionó asombrado.
-Si. Dijiste que te gusta leer ¿no? Elige uno y vámonos que tengo hambre.
-¿No has comido?
-No. Estoy más que segura que el idiota de Horo Horo se comió todo el cereal.
-¿Quién?
-Uno de los inútiles amigos de mi prome...-al percatarse de su error calló. "Es cierto, Yoh ya no es mi prometido."
El rubio permaneció en silencio al igual que ella. Se había dado cuenta del problema.
Anna sintió como él ponía tiernamente una de sus manos en su cabeza.
-Llevaré este-dijo de la nada con una sonrisa.
-¿Qué?-estaba algo desorientada.
-El libro- Dijo enseñándole un pequeño libro- Llevaré este
-Edgar Allan Poe...
-Al parecer se trata de varios relatos de su autoría
-Ya veo.
-¿Nos vamos? El restaurante ya debe estar abierto.
-Sí.
Anna estaba acostumbrada a ese tipo de reacción por parte de Alex. El sabía lo doloroso que era para ella hablar sobre el tema y por eso no insistía. En el fondo Anna estaba realmente agradecida.
Ambos salieron de la librería y se dirigieron al restaurante. La itako se percató de que no se había fijado en el nombre del restaurante el día anterior.
"Autumn's Moon, Luna de Otoño"- leyó mentalmente lo que decía el letrero en la parte de arriba del local.
-Es un bonito nombre para un restaurante. –comentó Alex al verla observar el título-Fue por eso que me acerque en primer lugar.
-Sí, muy bonito.
Y luego de que se sentaran y Anna empezara a comer, ella notó que Alex no estaba del todo cómodo.
-¿Qué te sucede? ¿Ya no quieres intentar hacerme parecer una tonta?-preguntó antes de llevarse otro bocado a la boca.
-No es divertido si las personas me ven.-se quejó- Además, es algo extraño estar sentando aquí en medio de tanta gente. Siento como si todos me miraran.
-Exacto- dijo y sonrió con sorna.
-Entonces sí es una venganza-
-Interprétalo como quieras.
-Si eso deseas-aceptó para luego preguntar- ¿Cómo esta tu desayuno?
-Nada mal.
Después de que Anna terminara de comer Alex sacó algo de dinero de su bolsillo y lo dejó en la mesa.
-¿Qué es eso?
-Dinero... algo que se utiliza como intercambio comercial entre...
-Tonto, no te estoy pidiendo su significado. Pensé que habías dicho que no tenías dinero.
-No tengo. Esto es un simple préstamo. Ademas ayer me retaste a que te yo invitara la próxima vez que viniéramos.
-Es cierto. Al parecer sí cumples tus promesas.-dijo mientras se paraba.
-Pues claro. Eso es esencial en un caballero- se defendió sonriendo.
-No me digas...-le respondió Anna algo sarcástica.
El resto del día se la pasaron conversando acerca del libro que habían sacado de la biblioteca y de cómo Alex consiguió el dinero. Según él le contó a Anna, había un señor muy anciano que había muerto recientemente. El rubio lo iba a visitar ocasionalmente a su lápida y siempre notaba que cuando lo iban a visitar su familia desenterraba un cofre a un lado de su tumba y de el sacaba joyas o dinero.
-Esa gente a la que una vez llame familia.-le había dicho el anciano- Se deja llevar por la avaricia y sin algún respeto por mi muerte viene constantemente a robar mis pertenencias. Pensé que enterrando el cofre de mi pequeña fortuna conmigo dejarían de pelearse entre ellos. Pero han llegado al punto de profanar un espacio sagrado sólo para saciar sus antojos.
-Debe ser muy triste ver como su misma familia lo traiciona de esa manera. Los humanos están olvidando el sentido de la vida con mas frecuencia.-Le había respondido Alex.
El día anterior el anciano había estado cerca de los límites del parque cuando escuchó la conversación entre Alex y Anna. El le ofreció al joven algo de dinero de su cofre para que el pudiese cumplir su promesa. Al principio el rubio se negó, alegando que tardaría un tiempo en poder devolverle el dinero.
-¡Bah! No te preocupes muchacho. No tienes que devolverme nada. Si alguno de mis hijos hubiese sido como tu, yo le habría dejado todo lo que tenía, pero ese no fue el caso.
Después de un poco de insistencia por parte del señor, Alex aceptó.
-Mmh, ya veo. Así que el anciano te lo dio.
-Si, es muy amable. Deberías conocerlo.
-Tal vez en otra ocasión.-dijo mientras se paraba de una banca cerca de la plaza.-Tengo que irme por ahora.
-¿En serio? Es algo temprano.-alegó mirando el cielo. Ya debía ser medio día.
-Si, aún tengo un par de cosas que hacer.
-¿Aun no has leído el diario?
-No. Planeo comenzar hoy.
-Me parece bien. Hasta luego entonces. ¡Ah! Y muchas gracias por el libro.
-Gracias por pagarme el desayuno. Creo que no lo había dicho.
-No te preocupes. Fue un placer.
-Hasta luego.
-Anna...
-¿Si?- dijo volteándose nuevamente al escuchar su nombre.
-Si Diana te visita le puedes decir que por favor...
-Te venga a ver-completó por él-Sí, se lo diré.
-Gracias- le agradeció con una sonrisa.
-Sí que eres testarudo al no querer llamarla. Ya aparecerá.-dijo y se despidió con un gesto de mano antes de irse.
-Eso espero... oh... ¡Aguarda¡-la llamó nuevamente esta vez alzando un poco su voz.
-¿Qué pasa?-contesto la rubia quien estaba apartada varios metros.
"Si que camina rápido"-pensó Alex desconcertado.
-Te has olvidado de esto- dijo señalando el abrigo y el sombrero.
-Me los das después. No querrás andar sin ellos por ahí-contestó y volvió a girarse y partir.
-B-bueno.- aceptó mientras volvía a sentarse en la banca y la veía partir.
Miró al cielo y dijo –El sol esta radiante, a comparación de otros días.
De pronto lo sintió. Era un temblar constante que sacudía su cuerpo alertando que su alma estaba alterada. Iba a suceder. Miró a su alrededor y vio todo borroso. Se quitó los lentes. Las personas iban y venían y él estaba paralizado.
"Las personas..."pensó aterrado. Había recordado por que no salía con su cuerpo a caminar entre las calles, por que se había relegado a estar solo en aquel parque sin hacer contacto con otros seres humanos.
"Las personas están transmitiendo emociones...muy fuertes"-
entonces supo que si no se alejaba lo más rápido posible su alma podría estar en peligro de despegarse de su cuerpo en poco tiempo. Y entonces estaría perdido porque si Diana no estaba con él no podría regresar... no antes del siguiente día.
'Tienes que moverte' se decía con desesperación. 'Muévete. Muévete ¡Muévete!' Súbitamente empezó a correr con todas sus fuerzas, las cuales no eran muchas.
Su cuerpo entero latía haciendo estremecerse. Era doloroso cuando su alma empezaba a despegarse de su cuerpo y lo era aún más cuando esa acción era provocada por las emociones de las personas a su alrededor. Era como si su alma fuese arrancada, una sensación muy distinta a la que experimentaba cuando el quería salir de su cuerpo.
Sintió como el sombrero caía de su cabeza después de chocar con un desconocido. Murmuró un débil "Lo siento" y siguió corriendo. No había tiempo para recoger el sombrero así que siguió corriendo.
No se había dado cuenta de cuanto tiempo llevaba así. Tal vez fuesen un par de minutos, pero la agonía lo hacia parecer horas. Tampoco sabía a donde se dirigía y no importaba, siempre y cuando estuviera lejos de la gente. Vio a lo lejos un edificio, estaba abandonado. Entró sin pensarlo y subió las escaleras, todas ellas, hasta que llegó a lo más alto. Cuando estuvo en la azotea paró y se arrodilló, rendido. Al parecer su alma se estaba calmando, ya lejos de las confusas emociones de los humanos. Estaba agotado, y asustado. Eso le pasaba constantemente. Bueno, no tanto desde que había conocido a Anna. Por alguna razón ella sellaba todas las emociones circundantes evitando que él las captara con tanta fuerza. Y su propia alma irradiaba paz. Alex rió ya que al simple hecho de recordarla su ser parecía apaciguarse. Y así lo hizo. Se quedó mirando la vista de la ciudad desde el edificio y decidió permanecer un rato más ahí arriba.
Demonios. Lo había perdido. Era ese chico, el mismo que había visto el día anterior de camino a la plaza y cuando... abrazaba a Anna.
Minutos antes Yoh había estado acompañado a Horo a hacer un par de compras y ambos habían terminado en la plaza.
-¡Horo, ya estoy aburrido! Vámonos, ¿sí?-le rogó el castaño por quinta vez a su amigo.
-¡Sólo unos minutos! Aún me falta conseguir una crema para Pilika.
-¿No habías dicho que no veríamos lencería ni nada por el estilo?
-Yoh, una crema no es lencería...
-¡Pero son cosas de chicas! Así que si no te importa...-
En ese preciso momento paró ya que delante de él había visto como un joven con un largo abrigo y con un sombrero se topaba con un hombre. Pero lo que realmente le impresionó fue cuando el sombrero cayó de la cabeza del joven y este había alzado la mirada.
'Cabello rubio y ojos azules'-pensó- '¿Podría ser?
Al instante vio como el joven rubio partía a la carrera nuevamente.
-Horo, lo siento debo irme-le avisó al ainu y sin pensarlo dos veces Yoh había salido corriendo detrás del chico, parando primero a recoger el olvidado sombrero.
Ahora se encontraba perdido. No sabía exactamente por donde había ido el extraño joven. Sin embargo algo dentro de él le decía que podría estar en el edificio de enfrente. De pronto sintió una energía espiritual algo débil, ese tenía que ser él.
Nuevamente emprendió la marcha esta vez por las escaleras del edificio.
'¿Quién podrá ser?'-se preguntó Alex mientras se paraba del suelo y sus ojos azules se posaban en la entrada a la azotea. 'No, no de nuevo'-maldijo mentalmente. El temblor en su cuerpo volvía, no tan fuerte como antes, pero estaba ahí. Su alma podía sentir la agitación del ser que se aproximaba. 'Debo irme' –se dijo nuevamente. Pero no tenía muchas opciones, tendría que esperar a aquella persona que lo buscaba. Se percató de que era un shaman, su energía espiritual era fuerte. Y sería demasiada coincidencia que dos shamanes que no se conocen se encontraran en el mismo lugar al mismo tiempo. '¿Podría ser?'
Yoh se asomó por la abertura que llevaba a la azotea y logró ver cara a cara a quien minutos atrás perseguía. No había duda alguna que era él. Sus ojos azul cielo lo miraban expectantes, casi examinándolo. El cabello rubio ondeaba suavemente gracias a la brisa del medio día. Su cuerpo estaba totalmente volteado hacia la entrada y sus manos en los bolsillos del abrigo. Lo había estado esperando.
'Ese abrigo'-el castaño recodo que esa mañana Anna había salido con uno muy parecido a ese. ¿Cuáles serian las posibilidades de que el abrigo que tenía en frente de él fuese el mismo que Anna se había llevado? No tenía idea, pero si acertaba entonces quedaría claro que el joven ojiazul mantenía una conexión con Anna. 'Sería él' se dijo el castaño sintiendo el vació en su estómago nuevamente.
'Sí, es el prometido de Anna, Asakura Yoh, según me dijo Diana' –se dijo Alex.
-Sé que me has estado siguiendo, ¿Deseas algo?
La voz llamó la atención del castaño y se concentró en responderle
-No sé quien eres ni de donde viniste pero sé que no eres un ser ordinario. Quiero saber que haces aquí.
-¿A que te refieres? ¿Acaso he invadido tu territorio? No sabía que los shamanes ahora se regían por términos dominantes.
-No te burles. Quiero saber como te llamas. No te había visto por aquí antes.
-Pocos lo han hecho.-respondió el shaman rubio sin importancia- Suelo pasar desapercibido.
-Es extraño que nunca haya sentido tu esencia.
-Oh, bueno en ese caso yo llevo ventaja. Ya sabía de tu existencia antes de tu te enteraras de la mía.
En ese momento Yoh cerró los puños. ¿Podría ser que por medio de Anna el shaman desconocido supiera quien era? ¿Anna le había hablado acerca de él?
-Pero, vayamos al punto. No me has seguido hasta aquí solo para preguntarme eso. ¿O si?-su pregunta salió con naturalidad, pero en su interior Alex estaba agitado. Su alma quería salir nuevamente y todo era gracias a Yoh.
-¿De donde sacaste ese abrigo y este sombrero?-preguntó enseñándole el objeto en su mano.
-Noto que estas algo alterado. ¿Por qué no..?
-Respóndeme.-esa fue una orden.
El shaman rubio apenas sonrió.-Tranquilo-le dijo-Me lo ha dado alguien que conozco ¿Puedo preguntar por que te incumbe?
-Por que conozco a la persona que te lo dio.-respondió fríamente.
-Y al parecer no estas muy contento con el hecho de que yo tenga algo que le pertenece.
-Eso es porque no se quien eres ni cuales son tus intenciones.
Alex exhaló con pesadez- Vaya, eso parece mortificarte gravemente. Pues bien, si saber mi identidad es lo que quieres, no tengo objeción.- explicó alzando los hombros. –Mi nombre es Alexander Carter y soy un shaman proveniente de Inglaterra.
-¿Que es lo que buscas aquí?-preguntó Yoh nuevamente.
-Solo estoy de paso. ¿Por qué me interrogas tanto? No he venido a atacarte ni nada por el estilo. Y créeme que no pretendo hacerle ningún daño a ella.
'Se debe referir a Anna. Entonces es él'- Yoh se puso en alerta. Nuevamente el vacío en su estómago se expandía. 'Es él'
-Entonces que es lo que quieres con ella.
-Anna me interesa.
-¿Qué?-el simple hecho de escuchar su nombre por parte de Alex le tensó los músculos- Explícate- el vacío ahora se había alojado en su garganta. Parecía ahogarlo dejándolo sin ningún suministro de aire.
-Como escuchaste, ella me interesa, y no te tengo que dar ninguna explicación -.
-Escúchame, Anna es muy importante para mi por eso no permitiré que un extraño le haga daño…
-Nunca le haría daño y yo no soy ningún extraño para ella- Dijo el joven con un semblante serio y desafiante.
-¿Desde cuando?-
-Eso no te interesa y estoy seguro que si Anna no te ha dicho nada es porque no lo considera necesario.
El castaño estaba perplejo, sabía que el rubio tenía la razón, si Anna no le había hablado nada sobre la existencia de otro shaman era porque no quería que se enterara de su conexión con Alex.
'Rayos, tengo que salir de aquí de lo contrario acabare colapsando' –pensó con desesperación el rubio quien al ver el estado atónito que tenía Yoh decidió continuar.
-Es realmente una pena que no sepas apreciar un alma tan pura como la de Anna. Pero espero que ella se de cuenta de eso antes de que termine siendo consumida por la tristeza.
-¿Qué dices?-pregunto iracundo- Ella no sucumbirá ante nada porque yo no lo permitiré. Estoy aquí para ella.
-¿Así como estuviste a su lado cuando se sintió desfallecer? No creo que ella este buscando eso.
-¿Cómo es que sabes tanto? ¿Fue Anna quien te lo dijo?-Yoh podía sentir que si seguía apretando los puños con tanta fuerza sus manos no tardarían en sangrar, pero eso parecía aplacar un poco su frustración.
Alex negó suavemente con la cabeza mientras caminaba unos pasos hacia Yoh.
-Anna no es de esas personas que van y le cuentan sus problemas abiertamente a alguien. Deberías saberlo.-el rubio se detuvo unos pies en frente del castaño y agregó- Pude sentir su dolor, al igual que en este momento siento tu furia. ¿Son celos lo que percibo?
'¿Celos?'-repasó el shaman de ojos negros en su mente. De repente la presión en sus manos cesó y miró con desconcierto al rubio quien lo veía triunfante pues había descifrado lo que tanto agobiaba a Yoh.
-Es eso, ¿no?-preguntó Alex acercándose más- No tengo ninguna intención de provocar esos sentimientos en ti. No soy una amenaza de la que debas cuidarte. Estoy aquí para ayudar a Anna y viceversa. Tal vez lo entiendas después, por ahora será mejor dejar las cosas así.-dijo y pasó a un lado del estático joven con dirección a la puerta.
-Te equivocas- respondió el castaño volteándose para enfrentarlo nuevamente-Yo sólo quiero cuidar de Anna.
-Pues no estas haciendo un buen trabajo- acusó sin voltearse.- Trata de hacerlo mejor.
-Alexander...
-Por favor, dime Alex-pidió mientras se volteaba sólo para mirarlo con una sonrisa-Realmente espero que nuestro próximo encuentro sea más grato. Hasta luego Asakura Yoh. – y con eso bajó las escaleras lo más rápido que pudo.
-¡E-Espera!-quiso seguirlo pero se quedó pensando en el mismo lugar.
¿Qué no representaba una amenaza? Eso lo vería.
¿Sería posible que el vacío en su interior cada vez que recordaba a Anna fuesen celos? No podía simplemente confiar en las palabras de un extraño.
Miró las palmas de sus manos. Sus uñas habían marcado pequeñas semi lunas una al lado de la otra. Cada una de ellas próximas a sangrar.
Rió con tristeza. Era doloroso aceptarlo. Pero cabía la posibilidad que dentro de su ser él estuviese muriéndose de -Celos.- dejó escapar esa palabra lentamente mientras decidía que debía hacer después.
Ya se había alejado lo suficiente del edificio pero su alma seguía agitada y le urgía salir. Alex sintió que no aguantaría más cuando en frente de él apareció un pequeño bulto celeste que flotaba en su dirección. Unos ojos negros lo miraban preocupados.
-Diana...-la llamó sonriendo débilmente mientras se apoyaba en una pared cercana y se dejaba caer al suelo.
El espíritu se acercó a él y trató de tocar su rostro muy suavemente.
-Por favor, no te culpes por esto.
Diana parecía estar a punto de estallar en lágrimas. No se podía perdonar el haber abandonado a su amo por tanto tiempo. Ahora por culpa de ella el estaba en ese estado.
'Lo siento tanto'-le decía ella a través de su mente.
-Ya para, por favor. No es tu culpa, pequeña.- le insistió nuevamente –Lo único que necesito es un poco de energía espiritual y estaré bien. He gastado demasiada intentando mantener mi alma atada a mi cuerpo. Por eso...- no pudo terminar la oración pues el agotamiento lo venció y dejó caer su cuerpo a un lado.
Diana se apresuró a ayudarlo cuando le escuchó decir- Ve y busca ayuda, rápido.-
El espíritu no lo pensó mas y obedeció. Solo se podía dirigir a un lugar.
Habían pasado pocas horas desde que Anna había llegado a la pensión. Como no encontró a nadie se fue a su habitación y empezó a limpiarla. Era algo muy inusual en ella, pero la verdad era que le gustaba mantener el área donde dormía muy ordenada.
Apenas había terminado cuando hecho un vistazo al libro que yacía encima de su mesa de noche. Lo abrió y decidió empezar a leer.
Se percató que las primeras páginas habían sido arrancadas, dejando un retazo en la parte inferior.
"La vida real del hombre es feliz principalmente porque siempre está esperando que ha de serlo pronto." Edgar Allan Poe.
Justo en ese momento sintió una ventisca entrar por la ventana, sólo que esta estaba cerrada. Miró hacia arriba y se encontró con la expresión preocupada de Diana.
-Vaya, hasta que por fin apareces. No sabes lo preocupado que ha estado...
Diana la calló haciendo gestos con sus manos. Le sería difícil comunicarse con Anna si esta no era capaz de leer su mente.
-¿A que has venido? Ve con Alex estoy segura que él...
Al parecer el espíritu le hacía desesperadas señas para que la siguiera.
-¿Quieres que te siga? ¿A dónde? ¿Esta Alex ahí?- Diana sonrió y asintió con la cabeza y sin hacer más traspasó la puerta.
- ¿Pero que sucede?- se preguntó la itako dejando el libro a un lado. Solamente tuvo tiempo de ponerse un abrigo antes de salir tras el espíritu celeste.
-¡Ve más lento!-le gritó Anna inevitablemente mientras corría detrás del espíritu que flotaba en lo alto.
-¡Maldición!, ¿que estará pasando? Espero que Alex me haya mandado a llamar para algo importante por que si no...- en eso Diana volvió a girar en una esquina y descendió rápidamente sobre un bulto a los pies de un muro.
Anna la siguió temiendo lo que imaginaba. Al acercarse pudo ver claramente a Alex en el suelo al parecer con un dolor extremo. –Alex... Pero ¿Qué ha pasado?- pregunto arrodillándose a un lado de ál. Por un momento la rubia creyó estar viendo doble. Pero no era el caso. Parte del alma de Alex estaba fuera de su cuerpo, y él luchaba insistentemente por no dejarla salir.
Abrió los ojos pesadamente y miró a su alrededor. Diana ya no estaba. Es verdad, se había ido hace un tiempo. Sabía que no la había imaginado. Era ella. La había visto en el auto camino al hospital. Y años atrás cuando... eso sucedió.
Trató de incorporarse en la fría cama y miró a través de la ventana del hospital. Al parecer estaba en uno de los pisos más altos pues veía con claridad la ciudad. El sol estaba empezando a descender. Ya serían dos días desde que había estado internada.
'Dos días perdidos por esta estúpida enfermedad'- pensó con ira en su interior.
Agachó su cabeza y mechones castaño claro cayeron sobre sus ojos. Comenzó a jugar con su largo cabello. Empezaba a extrañar a Diana. Su visita había sido corta y sorpresiva pero por fin la había conocido. Sus ojos color esmeralda se dirigieron hacia la mesa a un lado de su cama. Flores. Rosas para ser más precisos, ni siquiera era su flor favorita. Era la única señal de su padre. Esa mañana le informaron que él estaba en un viaje de negocios en Dios sabe donde. El único contacto que había tenido con su padre desde su pre-infarto había sido una llamada telefónica de larga distancia esa mañana. No era que realmente le importara... siempre sucedía lo mismo. Pero hubiese sido bueno que se apareciera por ahí, sólo en caso de que su corazón hubiese colapsado del todo. O, tal vez por simple educación.
'Estoy segura de que no cancelaría su viaje aunque le dijeran que estoy muerta'
Nunca había podido contar con su padre. Si no se aparecía en un momento crucial como ese, no sería una sorpresa que en la primera obra de teatro de su hija no haya habido ni un rastro de él.
'Que triste'-pensó-'Pero no todo el tiempo fue así'
A pesar del abandono de su padre siempre había alguien que estaba ahí para ella. El nunca la dejó sola. Y Claire estaba totalmente segura de que si esa persona estuviera ahí no se hubiese apartado de su lado ni un segundo.
El siempre llenaba ese vació. Pero ahora, sólo le quedaban un par de hermosas rosas para llenar esa ruptura descomunal que le dejó su partida en su interior. Y cada vez se preguntaba si eso era suficiente para seguir adelante sin mirar atrás. Pero la respuesta era obvia y el agujero era demasiado grande para ser ignorado.
Se abrazó a si misma sintiéndose más sola que nunca. Ni siquiera podía contar con el cariño de Yoh. El joven que había conocido y que parecía hacerla sentir mejor cada vez que reía. Ya no.
-¡Todo es falso!-un grito ahogado salió de ella mientras se tapaba la cara con ambas manos.
El no la amaba. Ese no era amor verdadero porque Diana se lo había otorgado. Todo era obra del espíritu celeste. Ella se había dado cuenta el día anterior cuando platicaba con Yoh. Diana estaba ahí, tratando de no ser detectada. Sólo le estaba haciendo un favor al hacer que el castaño se fijase en ella. Pero todos los gestos y las sonrisas que el le había dedicado, todo había sido falso. Y ahora ella se estaba desmoronando como una vasija hecha de arena. Una hermosa vasija que aparentaba contener las flores más bellas pero que en realidad sostenía puro aire en su interior, tan frió como las noches en el desierto y tan solitario como la luna en una madrugada de invierno.
-Realmente triste-se repitió esta vez con un hilo de voz sintiendo como las lágrimas inundaban sus orbes verdes.
Y nuevamente su alma anhelaba tenerlo cerca. A la única persona en quien ella podía confiar en ese mundo. Esa persona que ya no estaba y nunca volvería a ver, todo por un arrebato de la vida.
'Alex, perdóname' -se repetía en su mente mientras abrazaba sus piernas fuertemente, tratando evitar sentir el desgarrante dolor de su pecho.
-Hermano...- susurró intentando llamar a un alma que no la escucharía.
Esa noche no llovió pero Claire pudo sentir la húmeda frialdad de la lluvia en su rostro golpeando cada herida que no fue bien curada pues su alma permaneció añorando a aquel ser que tanta falta le hacía, como muchas noches pasadas.
Bueno aqui se termina. Realmente espero que les haya gustado. Quiero agradecer a inu-gh por haberme ayuado a editar este fic. No se que haria sin ti XD. Los reviews los respondere individualmente a medida que me lleguen. Muchas gracias a todos por su apoyo. Me hacen una persona muy feliz T.T.
*La frase que esta en negrita es un verso de la cancion 'Black Ice' de Hanna Pakarinen.
Y la cita que se encuentra escrita en el diario de Alex es del maestro Edgar Allan Poe- solo por si acaso.
Matta ne
cp.
