Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Magnolia822, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por revisar y corregir este capítulo.


"Siento pena por las personas que no beben. Cuando despiertan en la mañana, es lo mejor que se van a sentir en todo el día." –Frank Sinatra

Capítulo 12: Negocios Arriesgados

Me recargo contra un árbol que está cerca del baño del campamento y jugueteo con la lámpara mientras espero a Bella. Ahora que ya pasó el calor del momento, hay mucha mierda corriendo por mi cabeza. Una parte de mí piensa que esto sigue sin ser buena idea, pero, ¿qué es "esto"? ¿Sólo un beso en el bosque? No, ciertamente no. Esa parte de mí —la estúpida parte pensante—, se preocupa sobre lo que Bella quiere de mí…, también sobre lo que yo quiero. Podemos perder mucho. ¿Vale la pena arriesgarse dadas las circunstancias?

La otra parte de mí, que se hace más dominante con cada momento que pasa, quiere cantar un maldito coro de aleluya y llevarme a Bella a mi camioneta para follarla hasta el cansancio. Básicamente estoy calculado cuál es la posibilidad de que alguno de nuestros amigos nos atrape y preguntándome si Bella está tomando la píldora, ya que no he cargado condones en años. Así que sí, esa es la parte de mí que está gobernada por mi polla.

Pero, sea lo que sea que pase, no hay ninguna duda en mi mente de que no puedo regresar a ser sólo su jefe, o incluso sólo su amigo en este punto. Al menos sé que no quiero eso.

Poco más de un minuto después, se oye la taza. Escucho el sonido del agua al bajar y hace que mi corazón se acelere; como una jodida chica.

Segundos después sale Bella secándose las manos en su vestido. Cuando me ve su rostro se ilumina con una tímida sonrisa.

—No habían toallas.

—Ahh.

—Pero sí había un mosquito del tamaño de una araña. —Tiembla—. Me asustó.

Estando ya en la fría noche de nuevo, se rodea el cuerpo con los brazos. Puedo sentir la vacilación en su lenguaje corporal; se siente tan insegura como yo. Eso inmediatamente me hace sentir protector.

¿De qué estaba preocupado antes?

—Ven —le digo abriendo los brazos. Entra en mi abrazo y cierro los brazos a su alrededor. Ella suspira y se acurruca más cerca.

—Está frío aquí afuera —dice.

—Necesitas regresar a la tienda…, te congelarás.

—Tú estás calientito. Es agradable estar así.

—Hmmmm. —Se siente tan suave y perfecta; froto mis manos en su espalda intentando calentarla con fricción.

—Edward… —Su voz es suave, apenas se oye sobre el sonido de la ligera brisa que agita los árboles a nuestro alrededor.

—¿Sí?

—Perdón. Le conté a Alice. Y a Rose.

Me cuesta un minuto descubrir de qué fregados está hablando, pero mi mente lo entiende rápidamente. Por supuesto que les contó. Su sinceridad me sorprende. Luego de tantas semanas sin comunicarnos, no sé cómo responderle. Pero confirma mis sospechas de que, después de todo, sí recordaba el beso.

—¿Sobre la fiesta?

Suspira.

—Sí… Necesitaba hablar con alguien. Pero te prometo que nadie más sabe.

—Emmett lo sabe.

—¿Le contaste?

—Sí, le conté. Umm… ¿puedo preguntarte por qué actuabas como si no lo recordaras?

Bufa un poco y se aparta.

—¿Estás bromeando? Sabía que te arrepentirías en la mañana. Es que no quería… escuchar que había sido un error. O alterarte.

Hice una mueca; eso era exactamente lo que había planeado decir, aunque quizá no con esas palabras. Me había atrapado por completo.

—Así que tú sólo…

—Sólo me hice la que no recordaba. Y luego ya no estaba completamente segura de que tú lo recordaras. No quería parecer idiota.

—No eres una idiota.

—Dios, gracias. —A la luz de la luna puedo detectar las esquinas de su boca levantándose en una sonrisa arrepentida.

Ahora es mi turno de ponerme los jodidos pantalones.

—Pues hiciste un buen trabajo. Yo tampoco creí que tú recordaras. Para ser honesto estaba feliz. Tenías razón: estaba alterado. No era la mejor idea… dadas mis circunstancias. —Se tensa un poco en mis brazos e intenta apartarse, pero la detengo con rapidez. Cuando se da cuenta de que no la voy a soltar, me mira con sus enormes ojos.

—¿Todavía te sientes… así?

¿Cómo le digo la verdad sin alejarla completamente?

—Es complicado.

Tiembla y me doy cuenta de que estamos en el bosque a mitad de la noche de pie junto a un baño comunitario. Pensándolo bien, huele bastante horrible aquí. No es exactamente la mejor locación para este tipo de conversación.

—Soy una chica grande, Edward. Puedo aceptarlo —dice, pero el ligero temblor de su voz traiciona su valor.

Suspiro abrazándola con más fuerza. Se siente tan bien estar así, sólo nosotros dos sin el jodido divorcio, sin Victoria. Si pudiéramos quedarnos aquí, mandar al carajo a la civilización…

—Sé que lo eres —digo, tocando el costado de su cara con el dorso de mi mano. Cierra los ojos y aprovecho la oportunidad para besarla. Su boca responde de inmediato, cálida y dócil en la mía. En esta ocasión no hay nada del frenesí como antes, pero me excita de igual manera. Se siente perfecta. Me aparto luego de un minuto y la miro a los ojos, viendo a través de la oscuridad que están llenos de preguntas—. Creo que ya no… puedo estar lejos de ti —le digo, sintiéndome como un completo idiota al pronunciar las palabras, pero no puedo detenerme porque justo ahora soy un tonto y la expresión de confusión en su rostro me está haciendo cosas raras.

—Entonces no te apartes.

—Pero quiero ser honesto contigo. No sé qué significa esto, Bella. Mi vida está hecha un desastre justo ahora.

—Lo sé. —Sonríe un poco, pero parece un poco vacilante. Acuno su mejilla y la beso de nuevo porque no puedo evitarlo.

—Necesitamos calentarte —digo gruñonamente, soltando mi agarre de manera reticente—. Pero esta conversación no ha terminado. ¿Bien?

—Bien —acuerda—. Aquí está más frío que la teta de una bruja en un sostén de latón.

Me río entre dientes, tomo su mano y la llevo de regreso por el camino. La acomodo bajo mi brazo para mantenerla caliente en el camino de regreso a las tiendas, donde nuestros amigos están inevitablemente esperándonos. Puede que este sea el viaje más largo al baño del que se tenga registro.

Las ascuas del fuego mueren lentamente, dándonos luz suficiente para iluminar el campamento. Por un momento me entretengo con la fantasía de tener a Bella conmigo en mi bolsa de dormir; cálida, desnuda y atrapada. Suena un millón de veces más apetecible que estar sujeto a las funciones corporales de Emmett. Pero quizá algún día… tendré que archivar esa idea.

—Buenas noches —susurra, su timidez regresa al soltar mi mano.

—Buenas noches.

Pero, por alguna razón, no puedo dejarla ir así. Agarro su brazo y la jalo hacia la parte trasera de mi troca. Usándola como escudo, me robo rápidamente un beso más. Sonríe contra mi boca, deslizando su lengua contra la mía. Es suficiente para provocarme una semi-erección. Demonios, más que una semi. Ruego por Dios que nadie nos esté viendo.

—Buenas noches —susurra contra mi mejilla. Y luego se va.

En la mañana me despierto temprano por los sonidos del bosque. Mi primer pensamiento consciente es el recuerdo de los pechos de Bella bajo mis manos; sólo pude tocar sus costados, pero algo es algo. La idea de que quizá podré verlas de verdad algún día me hace gemir silenciosamente contra mi almohada y endurece mi erección matutina.

Pero luego recuerdo… mierda. No le dije que mantuviera esto entre nosotros dos; y no quiero a Alice o Rose respirándome en el cuello y haciendo todo más obvio antes siquiera de que descubramos qué es "esto".

Emmett ronca ligeramente y Jasper sigue dormido, así que decido levantarme y encender el fuego para preparar un poco de café.

Ninguna de las chicas se ha despertado todavía. Busco a mi alrededor el colador, hurgo en una de nuestras bolsas con las provisiones y empiezo a juntar un poco de leña para el fuego; todo el tiempo pensando en qué demonios voy a hacer, qué quiero hacer y cómo reconciliar esos dos conceptos.

El sonido de una tienda abriéndose me hace darme la vuelta. Bella sonríe y se lleva el dedo a la boca, cerrando el cierre en silencio una vez más. Está usando una sudadera que es como dos tallas más grande de la suya y una pantalonera, y se ve… bonita. Se pone la capucha de la sudadera al acercarse, frotándose las manos y soplándoles.

—Buenos días.

—Buenos días —responde sentándose junto a mí. Le pone unas cuantas ramas a fuego, el cual comienza a arder con fuerza.

—¿Dormiste bien?

—Hmm… no mucho. —Su voz suena distante. Es posible que se arrepienta de todo, y hasta este momento me doy cuenta de lo mucho que quiero que no se arrepienta de nada.

—¿Por qué? —pregunto a pesar de mi recelo.

—Tenía miedo de dormir. Tenía miedo de despertar y… descubrir que nada pasó.

—¿Y eso te hubiera afectado? —Me siento terrible por hacerla sentir tan insegura, a pesar de no saber qué demonios está pasando. Pero si ella estaba lo suficientemente preocupada como para no dormir… debo gustarle. Quiero saber si le gusto.

Eres un idiota.

—Mucho.

—¿Es todo?

—O de que te arrepintieras —susurra.

Mirando sobre su hombro hacia las tiendas, estiro el brazo tentativamente y tomo su fría mano. Ella entrelaza nuestros dedos y se recarga en mi hombro.

—No me arrepiento de haberte besado. —El recuerdo de su lengua hace que me duelan las bolas, aunque inmediatamente cambia a una terrible angustia en mi estómago al pensar en que Victoria lo descubra—. Sólo… necesitamos…

—Tenemos que guardar el secreto —susurra, tan llena de confianza y segura, que me pregunto qué tanto sabe sobre lo que está pasando con el divorcio.

—Sí.

Asiente y se aparta, pero la jalo de regreso.

—Quédate.

—Pero…

—Sólo un minuto. —Acabo de contradecirme por completo en un espacio de treinta segundos, pero no puedo evitarlo. Es cálida y suave, y no quiero que se vaya a ninguna chingada parte.

—Bien —dice, recargando la cabeza en mi hombro. La envuelvo con mi brazo y sobo su hombro. Esto está tan mal en tantos niveles, pero cuando se acurruca cerca de mí se siente tan bien que me callo a mí mismo. Ambos parecemos acordar tácitamente que, cualquiera que sea la conversación que debemos tener, puede esperar para un momento más privado.

Pongo el café y hablamos sobre el día anterior mientras esperamos a que esté listo.

—Entonces, ¿qué tal estuvo este año comparado con el anterior? ¿Nos fue bien? —pregunta. Bella está sentada a una distancia segura, pero disimuladamente estira las piernas y pone su zapato sobre el mío. Ese gesto juguetón me hace sonreír.

—Sí. Creo que sí. A la gente le gustaron los lúpulos aromáticos en la IPA, estoy seguro. —Le ofrezco una barra de granola, y ella la abre animadamente, dándole una gran mordida.

—¡Gracias, estaba hambrienta!

—Hay más de donde vino ésa.

—Tú sí que sabes cómo hacer que una chica pase un buen momento. —Bella rueda los ojos al masticar.

Sonrío, pero su comentario trae de vuelta la realidad de la situación, haciéndome sentir incómodo. Bella parece notar el cambio en mi comportamiento y se aclara la garganta

—¿A cuántos de estos festivales has venido?

—A muchísimos.

—Es divertido. Me encantaría… venir de nuevo… quizá. —Se concentra en la envoltura que tiene en las manos.

—A mí también me gustaría.

Bella sonríe haciendo bolita el papel y yo tiro de la capucha sobre su cara, sonriendo como idiota. Ella grita y aparta mi mano de golpe, y estoy tentado de besarla cuando Alice asoma la cabeza por la tienda. Huele el aire y gime.

—Caféeeee.

—Estará listo en un segundo —dice Bella sonrojándose al ponerse de pie. Muevo el fuego con una rama y me pregunto qué carajo va a pasar. Es un largo viaje a casa, y no estoy exactamente listo para discutir sobre todo esto.

En poco tiempo ya todos están despiertos y comenzamos a recoger el campamento. Emmett me lanza unas cuantas miradas intencionadas, pero intento mantenerme lo más impasible que puedo. Desafortunadamente me atrapa mirándole el trasero a Bella más de una vez. ¿Cómo puedo evitarlo? Está usando de nuevo esos shorts cortitos ahora que la mañana ya se calentó y un top con tirantes cruzados. Es sexy, y estoy bastante seguro de que intenta atormentarme.

—Deberíamos detenernos en área para nadar de camino a casa, igual que el año pasado —sugiere Rose—. Va a ser un día muy caliente.

—Buena idea, nena. Quizá a la hora del lonche —acuerda Emmett, poniendo su brazo alrededor de ella—. ¿Edward?

Me encojo de hombros.

—Si ustedes quieren, por mí está bien. Siempre y cuando todos tengan sus trajes de baño.

—¿Quién necesita traje de baño? —bromea Bella. Carajo, no puede hablar en serio. Pero por la mirada en su rostro… sí habla en serio.

—En realidad es cierto —dice Emmett—. Es un lugar bastante privado. —Mira a Rose alzando las cejas y ella le pega.

—Joder, no. De ninguna manera dejaré que Cullen me vea las tetas —se queja Alice.

—¿Cuáles tetas? —le pregunto.

Alice cruza los brazos sobre el pecho y frunce el ceño. Jasper levanta la cabeza de donde está doblando nuestra tienda y frunce el ceño también.

—Sé amable —dice Bella suavemente.

—¿Amable? Obviamente no me conoces —respondo, intentando recuperar la compostura mientras que todo lo que puedo pensar es desnuda Bella desnuda Bella desnuda Bella.

—Bueno, ya veremos —dice Emmett.

Media hora después estamos listos para irnos. La conversación sobre nadar desnudos quedó olvidada por ahora, gracias a Dios. No me interesa ver las bolas de Jasper o Emmett, y de ninguna manera dejaré que vean desnuda a Bella, especialmente luego de todos los comentarios de Emmett sobre su trasero. De ninguna jodida manera. De ninguna chingada manera.

—¡B! —grita Alice justo cuando Bella está a punto de subirse a la cabina de mi camioneta—, ¡vente con nosotros!

—Pero… —dice, moviendo los ojos de mí a Alice.

—Mandaré a Jasper para allá. Ellos dos pueden platicar o lo que sea.

—Umm, bien —dice Bella, mirándome con disculpa. Alice es un gran dolor en mi trasero.

—Ve. Hablaremos más tarde —le digo en voz baja.

—¿Luego de nadar desnudos? —bromea.

Gimo y sacudo la cabeza. No olvidará esto.

La primera parte del viaje pasa sin muchos contratiempos; Jasper parece no ser consciente de que algo pasa entre Bella y yo, así que o Alice ha mantenido su boca cerrada, o él es un buen actor. De cualquier manera está bien para mí.

A la una, el termómetro en mi tablero dice que estamos a 31 grados; un día jodidamente caliente para ser mediados de junio. Nos detenemos por unos sándwiches y algo de beber, y las chicas sacan de nuevo el tema de ir a nadar.

—Bella —digo cuando ambos estamos fuera del alcance de los otros—, no creo que sea buena idea.

—¿Por qué no? —pregunta—. ¿Escondes algo? —Sé que está bromeando; anoche sintió lo suficiente para saber que eso no es verdad. Sólo no creo que sea apropiado que mi pervertido hermano la vea. Ella es, después de todo, nuestra empleada, a pesar de que anoche me la comí a besos.

—Será divertido —dice—. Relájate.

¡Ja!

—Pero…

—Vámonos, chicos —nos grita Rose, terminando efectivamente nuestra conversación.

El lago en cuestión está a media milla saliéndonos por la Ruta 2; el año pasado pudimos encontrarlo gracias a ciertas indicaciones. Es un segmento resguardado de un pequeño río que se ahonda profundamente cerca de una presa de rocas. Está rodeado de bosque y es indetectable desde la carretera; es bastante genial.

Emmett y Jasper también expresan entusiasmo. Claramente me ganan en cuestión de votos, así que pronto me encuentro bajando por un terraplén resbaloso hacia el agua. Al llegar al fondo tengo que admitir que es tentador.

—No van a nadar desnudos, ¿o sí? —le pregunto a Emmett. Ya se está quitando los calcetines y los tenis.

Se encoge de hombros y sonríe.

—Vive un poco, Ed.

De repente se me ocurre algo; es mi último recurso para tener a alguien de mi lado.

—Aunque el agua está bastante fría —digo silbando—. ¿Recuerdas ese episodio en Seinfeld? —La única excusa en la que puedo pensar es en parásitos en el agua, y ésa sólo funciona con mi papá.

—Carajo. Olvidé sobre el encogimiento. —Emmett se rasca la cabeza con apariencia de preocupación.

—¿De qué están chismeando, señoritas? —pregunta Jasper; es el último en llegar al fondo.

Emmett murmura algo y mira los tenis que tiene en las manos, su emoción disminuye con cada minuto.

Escucho a las chicas gritar y hablar detrás de nosotros, y tengo miedo de mirar.

—Supongo que podríamos nadar con los bóxers —dice Emmett vacilante.

Unos segundos después, Bella grita:

—¿Qué están esperando, chicos?

Me giro y la encuentro vestida con su ropa interior: un sostén de lunares muy bonito con bragas a juego. No está desnuda, pero maldición, está lo suficientemente cerca a eso. El sostén es de color clarito, y puedo detectar débilmente el oscuro color de sus pezones debajo de la tela… jodidamente descarados. Quiero envolverla en una toalla y llevármela lejos para poder verla todo el día. Se lleva las manos a las caderas y repiquetea con el pie.

Rose y Alice ya estaban en el agua. No noté que se desvistieran por completo, pero podía ver su ropa en el piso cerca de los pies de Bella; las escuché gritar y salpicar. Sí, Alice Brandon me ponía de malas…, pero sigo siendo un hombre. La idea de ellas tres desnudas en el agua era jodidamente maravillosa.

Emmett sonríe y sigue desvistiéndose, al igual que Jasper. Pero de ninguna manera me voy a quitar los pantalones en este momento. Me siento como un jodido niño de quinto año buscando algo, lo que sea, para esconder mi creciente problema. Si es malo cuando ella tiene puesta su ropa interior, no creo sobrevivir a verla desnuda.

En un momento que no quiero volver a recordar jamás, veo un destello del culo blanco de mi hermano cuando se echa un clavado, gritando como una niña al golpear el agua.

—¡Está jodidamente fría! —grita.

Pronto todos están en el agua, menos Bella y yo.

—¿Edward? —dice Bella, acercándose con cautela mientras se equilibra sobre las rocas—. ¿Qué pasa?

Está tan cerca que puedo ver todo; la curva de sus pechos al respirar, la suave piel blanca de su abdomen, sus muslos redondos y firmes. Y de verdad, de verdad, no quiero que nadie más la vea.

—Me estás matando con esto —digo con los ojos centrados en el moñito que tiene en el centro de su sostén.

—¿De verdad?

—Sabes que sí.

—Entra al agua, Edward.

—No creo que sea buena idea.

—¿Por qué? —pregunta respirando más rápido, lo que hace que sus pechos salten un poco. La tensión entre nosotros es muy fuerte mientras la noche anterior se reproduce en mi mente y me pregunto cómo se sentirá besarla ahora que está casi desnuda.

—Porque no podré mantener mis manos lejos de ti. Y eso sería… malo.

—Creo que sería bueno —susurra.

—No aquí.

Justo entonces Emmett grita desde el agua:

—¡Edward, cabrón, ven!

—¡B! ¡Entra! —dice Rose, gritando cuando Emmett la taclea. Detecto un poco de una bubi.

—En un segundo —responde Bella sobre su hombro. Mi desesperación llega a su límite.

—Dios, Bella, no quiero que te vean —confieso.

—¿No?

—No —digo casi gruñendo.

—¿Te molestaría eso? —pregunta. Me recuerda a mi pregunta anterior sobre su noche sin descanso; quiere seguridad.

—Sí.

—Bien. Entonces no iré.

Casi suspiro aliviado y Bella sonríe suavemente. Sé que estoy siendo un cabrón mojigato, ¿pero qué más es nuevo? Algo sobre la forma en que me mira me hace querer explicarme más. No puedo creer las siguientes palabras que salen de mi boca.

—En todas las ocasiones que he imaginado verte desnuda por primera vez, nunca ha habido una audiencia.

—¿Has imaginado eso? —La sorpresa en su voz me atrapa con la guardia baja.

—¿Estás jugando?

Sacude la cabeza y me doy cuenta de que no lo entiende. Bueno, ¿por qué habría de hacerlo? Llevas dos meses actuando muy formal. Miro hacia el agua para asegurarme de que nadie nos presta atención, y permito que mi pulgar viaje suavemente sobre su costado izquierdo, desde lavase de su pecho hasta su cadera. Tiembla.

—No.

—Oh —susurra. Mi pulgar roza su ombligo antes de apartar mis manos, haciéndolas puños a mis costados. Tengo que resistir la necesidad de tocarla.

—¿Intentabas ponerme celoso? ¿Con Peter?

Su rostro se sonroja un poco y se mira los dedos de los pies.

—Quizá, sólo un poco.

—Pues funcionó.

—Creí… que tú pensabas que yo era una niña o algo así.

—Eres mi jodida empleada, Bella —digo suspirando—. He intentando mantener las cosas profesionales entre tú y yo, pero claramente he fallado.

—Sé que estás preocupado por eso —dice—, pero te prometo… que actuaré profesional en la cervecera. Nadie tiene que saberlo. No le diré a Alice o Rose, lo juro.

—No vas a presionar cargos de acoso sexual contra mí, ¿verdad? —pregunto, medio bromeando. Bella se ve ofendida.

—¿Cómo puedes atreverte a preguntarme eso?

—Perdón. Es que si Victoria…

—La odio —dice Bella con sinceridad—. Por hacerte esto. No está bien. —Le patearé el trasero a Emmett por no ser capaz de mantener su estúpida boca cerrada sobre mis asuntos. Es claro que sabe más de lo que le he dicho.

—No, no lo está —acuerdo.

—Si no fuera porque me arrestarían, le patearía el culo.

—Si no te arrestaran por eso, te dejaría hacerlo.

—Mereces ser feliz. —Mira de nuevo sobre su hombro y se muerde la parte interior de la mejilla. Es un impulso inconsciente, pero es jodidamente sexy. El resto ya se rindieron con nosotros.

—Quizá.

—No "quizá" —dice con expresión seria.

—Ven esta noche —digo impulsivamente—. Cuando regresemos.

Me mira alzando una ceja.

—¿Crees que es buena idea?

—No. En absoluto.

—¿Pero aún así quieres que vaya?

—Sí. —Hago una nota mental de recordarle que estacione su camioneta a unas casas de distancia. Por todo lo que sé, Victoria puede tener vigilado el lugar.

—Bien —dice sin aliento. Veo un pequeño lunar en su cuello, justo debajo de la mandíbula; quiero lamerlo.

Afortunadamente, el sonido del agua me distrae. Bella retrocede un paso y se ríe cuando nuestros cuatro amigos salen del agua desnudos, mojados y temblando.

—Encogimiento —me susurra Bella, haciéndome reír junto con ella—. Jesús. Jasper tiene mucho pelo.

—Ten cuidado, chica cabra —digo, con un poco de celos porque ella haya notado el paquete de Jasper, peludo y poco atractivo como es—. Oye Brandon —digo sólo para molestarla—. Lindas tetas.

—Oigan ustedes, cabrones, el show gratis terminó —dice Alice altivamente, deteniéndose para agarrar una toalla y rodearse con ésta. Bella protesta con un "awww" y estampa el pie.

—Bella, ¿qué pasó? —dice Rosalie—. ¡Esta mierda fue tu idea!

—Sí, bueno, cambié de parecer. —Me dedica una pequeña sonrisa.

—¡Oh, apestas! —grita Alice.

Los cuatro se visten apurados, y Bella y yo nos giramos para darles un poco de privacidad. Un rato después, luego de habernos comido nuestros sándwiches, regresamos a los carros. Bella y yo somos los últimos, y la ayudo en una sección particularmente empinada del camino, dándole un suave apretón a su mano antes de soltarla.

—Nos vemos del otro lado, salchicha —susurra, levantando de manera coqueta su ceja.

Tendremos que hacer algo con ese apodo.


Esta semana no habrá capítulo de la Diosa. Tengo 4 exámenes y no pude terminar el capítulo. Para mayor información pueden consultar el grupo en facebook "Traducciones: FungysCullen13"

Espero que les haya gustado, ¡gracias por sus comentarios!

Siguiente actualización: 20 de febrero