Hola a todos! Espero que hayan tenido una buena semana! Y hoy es Domingo! (Nótese que no retrasé con la publicación) y eso significa solo una cosa y es nuevo capítulo.

Antes que nada un agradecimiento para todas las personas que leen y me dejan sus comentarios sobre el fic, ver sus mensajes me anima a continuar la historia… Así que ya saben! GRACIAS!

Bueno y sin alargarme más, les dejo el capítulo de hoy…

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Capitulo 12: Buenas personas.

- ¡¿Qué?!

Justo cuando necesitabas que el suelo se abriera o que los extraterrestres te abdujeran, o cualquier otra catástrofe similar, el mundo estaba muy calmado, es más estaba segura que ni una mosca zumbada en ningún rincón del mundo. Bien, eso era un poco exagerado, pero en serio hasta que mi celular sonara serviría, pero no, nada de eso pasó, por lo que Sango continuó mirándome esperando una respuesta más ingeniosa a su pregunta.

- ¿Qué demonios estás diciendo?

- Escuchaste bien Kagome, ¿tienes algo con tu jefe?

- ¡¿Estás loca?!...

- En este instante eres tú la que actúa como una. Deja de contestarme con preguntas y solo di, sí o no… - Sango reanudó el caminar y yo ni había notado que no caminábamos más.

- ¿Por qué dijiste eso?

- Entonces es verdad…

- Yo no he dicho eso, te pregunté la razón de tu pregunta…

- Pero yo pregunté primero, así que debes contestarme antes, no hacerme más preguntas.

- Sango… - dije irritada y ella soltó una risita.

- ¡Ok!, es solo que la manera en que salió como un toro de la agencia y te agarró el brazo y te llevo a un costado, además no parecía que hablaran de algo de la agencia…

- Pensé que estabas muy embobada con Miroku como para notar algo como eso…

- Mmm no fui la única que lo notó… Miroku dijo algo, nada demasiado comprometedor, pero hizo una pequeña insinuación.

- ¿Y qué dijiste?

- Nada, me reí y dije que tenías novio…

- ¿Qué? – Las amigas podían ser geniales para unas cosas, pero para otras.

- Se mostró algo sorprendido y luego nos olvidamos de ustedes dos, deberías darme las gracias – Yo sacudí mi cabeza sin poder creerlo, ahora sí podían llegar los extraterrestres y raptarme. – Y tú aún no me contestas mi pregunta, ¿tienes algo con tu jefe?, que por cierto está bien guapo, más bien lo que le sigue…

- No puedo creerlo… - suspiré y no tuve más remedio que soltar la sopa.

A pesar del tono bromista de Sango la vi más que sorprendida ante mi confesión. Me hizo bastante preguntas, desde el cómo, pasando por el cuándo, el qué y el dónde. La conversación nos siguió hasta la zona de comidas del centro comercial, donde cada una se comió un sándwich, bueno ella comió, a mi la comida no me pasaba, por lo que solo me tomé mi frappe de limón.

- No lo puedo creer - Fue lo que soltó Sango al final de la complicada conversación. – Es que… bueno, el tipo está… bueno tú sabes… Lo que quiero decir es que, no puedo…

- Tranquila Sango. – Me reí ante su exagerada reacción. – Sé que es complicado, pero simplemente sucedió, él y yo… bueno ya te conté la historia…

- Debo admitir que yo igual hubiera caído redonda…

- ¿Caído?

- Bueno, el tipo te tiene encantada y por lo que me cuentas no es solo porque tenga un buen aspecto…

- Sí, pero no he caído en nada… - Me apresuré a decirle. – Claro que me gusta, me parece atractivo, es divertido y me la paso bien con él, pero no voy a saltar a decir que estoy enamorada de él, así que no insinúes eso…

- Lo siento, pero sabes que puede pasar, cuando comienzas una relación con alguien, siempre está el riesgo de que uno de los dos se enamoré.

Estaba consciente de lo que Sango decía, cuando te involucrabas con alguien y más en el plano en que Inuyasha y yo comenzábamos a involucrarnos, siempre podían aflorar todo tipo de sentimientos. Por lo que trataba de mantenerme clara, no quería involucrarme con Inuyasha hasta ese punto, quería pasarla bien y eso era lo que tenía en mi cabeza, nada más. Pero bueno del dicho al hecho… Ya saben lo que dicen…

- Lo sé, no tienes que recordármelo, lo voy a manejar…

- Bueno, si hay alguien que puede manejar ese tipo de cosas eres tú, nunca te he visto babeando por ningún hombre.

Aunque siempre hay una primera vez, ¿no?

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"¿Quieres salir hoy conmigo?, tenemos una charla pendiente, ¿recuerdas?"

El mensaje saltó en la pantalla de la laptop de la oficina y yo miré por el borde de mi cubículo hacia la oficina de Inuyasha.

"Ok, pero, ¿podemos vernos más tarde?, había quedado con unos compañeros de estudio, saldremos a tomar algo, pero puedo escaparme pronto."

"Dime dónde vas a estar y pasaré a recogerte."

"No es necesario, dime un sitio y llegaré allí."

"¿Tienes algún problema con que me vean?"

"¿Qué?"

Por supuesto que no, la mayoría de mis amigas se morirían de la envidia si veían llegar a Inuyasha. Pero no quería agitar demasiado las aguas con todo esto.

"Claro que no Inuyasha, pero no quiero llamar la atención y tú llamas la atención."

"¿Yo llamó la atención?, no soy yo la persona que contonea las caderas a cada paso, ¿sabías que más de uno te mira el trasero mientras caminas?"

"No bromees."

"No lo hago, a más de uno le gustaría invitarte a salir."

"Si tu lo dices."

Sacudí la cabeza ante su comentario, todos eran muy amables conmigo, pero no porque me quisieran invitar a salir, ni porque me contoneara por ahí, ¡cosa que no hacía!

Los viernes en la agencia solían ser bastante relajados y este no era la excepción. Todos en la agencia trabajaban entre risas, comentarios graciosos y a lo mejor todo se debía a que era la entrada al fin de semana. Incluso Inuyasha se relajaba más de lo normal, participaba en las bromas y hasta salía con algunas propias. En fin, los viernes eran los mejores días en la compañía y se iban volando, por eso para cuando me di cuenta era la hora de salida.

- Que estés bien, cariño. – Jakotsu me dio un beso en la mejilla mientras salía volando de la agencia, Eri se había ido más temprano.

- Igual tú, nos vemos el lunes. – Sonreí mientras lo veía salir del cuarto.

Terminé de guardar las cosas en mi bolso, me acomodé los cabellos y me di un pequeño retoque de maquillaje. Sango me había escrito hacia unos minutos avisándome que pasaría por mí, por lo que no tenía afán alguno.

- ¿Aún por acá?

Pegué un brincó cuando escuché la voz a mis espaldas, en el cuarto solo quedaba yo y era obvio que él sabía que me asustaría haciendo eso.

- Muy gracioso. – Guardé el estuche con el maquillaje en mi bolsa y saqué el pesado gabán negro con el que había llegado en mañana, estábamos en invierno y se necesitaba buenas prendas para el frío.

- Lo siento, estabas muy concentrada, pero esperé a que no estuvieras maquillándote.

Sonrió y se acercó a su casillero, de donde sacó su bolso, antes de colgárselo sacó sus llaves y una botella de perfume de color negro, roció dos veces el contenido sobre su cuerpo y un varonil aroma a bosque y madera inundó el lugar.

- Listos – me guiñó un ojo y luego lo vi inclinarse hacia mí para darme un beso en los labios que me tomó por sorpresa. – Nos vemos ahora.

- ¡Inuyasha apresúrate! – la voz de Miroku resonó desde el primer piso y este se apresuró a salir.

Un segundo después mi celular comenzó a vibrar, un mensaje de Sango por el WhatsApp me avisó que ya estaba abajo. Rápidamente me espabilé y bajé corriendo, me despedí de las últimas personas que permanecían en la planta baja y salí disparada como un rayo.

- ¡Hola!... ¿Kouga? – saludé sorprendida a mi amigo que sonrió al verme.

Kouga había sido uno de mis compañeros de estudios, la verdad era bastante guapo, ojos azules, piel bronceada, la altura perfecta, físico de impacto, tenía todo lo que una chica quería y un extra, era un excelente caballero, más sin embargo y a pesar de lo mucho que le insistía nunca le había dado un sí.

- ¿Cómo estás? – me dio un beso en la mejilla, demorándose más de lo debido. – Tiempo sin verte, te ves muy bien.

- Gracias, me…

- ¡Sango!...

Sorprendida me giré para ver como mi amiga era saludada por Miroku, quien había sacado la cabeza del Audi de Inuyasha. Miré a la aludida quién sonreía mientras agitaba su mano con entusiasmo.

- ¿Qué haces? – le pregunté bajándole la mano.

- Saludo a Miroku – me dijo como si fuera obvio. - ¡Adiós! – Inuyasha hizo sonar el claxon en reconocimiento a la vez que Miroku gritó algo que no entendimos y tomó rumbo calle arriba, el tráfico en ese sentido era menos que de bajada.

- ¿Por qué?

- ¿Cómo que por qué? – comenzamos a caminar calle abajo, yo iba en la mitad de ambos.

- Siento que me pierdo de algo – dijo Kouga.

- No te preocupes, cosas de mujeres.

Sango sonrió y el tema quedó cerrado, o al menos mientras la presencia de Kouga estuviera, no se iba a salvar de mis preguntas.

Veinte minutos más tarde llegamos a la zona rosa de la ciudad, fuimos a una discoteca recientemente abierta, pero que uno de los compañeros había asegurado era genial. Kouga, Sango y yo entramos al sitio y rápidamente hallamos el lugar donde estaban los demás, todos estaban ya con una cerveza en sus manos.

No tendía salir demasiado con mis compañeros de estudio, no porque no me llevara con ellos, sino porque simplemente no me apetecía demasiado. Sin embargo Sango siempre me había arrastrado con ella, por lo que esta vez no fue diferente.

- Ahora sí, dime…

- ¿Qué?

- ¿Pasa algo con Miroku?

- ¿Cómo qué? – me preguntó mientras daba un sorbo a su Mojito cubano.

- No juegues, sabes a que me refiero.

- No pasa nada… por ahora… - Una sonrisa maliciosa se formó en su rostro y yo no pude evitar imitarla mientras tomaba de mi coctel, un simple Margarita. – Solo hemos hablado, un par de conversaciones por chat, pero ya me ofreció salir, solo que aún no organizamos nada.

- No puedo creer que te estés enredando con el mejor amigo de mi jefe… esto es raro…

- Mira quién habla… - me acusó.

- Kagome…

Kouga se sentó a mi lado y yo le dediqué una sonrisa. Sango me pateó por "accidente" mientras se levantaba de la mesa para ir a bailar con otras chicas.

- ¿Todo bien? – me preguntó.

- Claro… ¿y tú? – di un sorbo a mi bebida y esperé su respuesta.

- Pensé que estabas enfadada conmigo, había tratado de hablar contigo, pero…

- ¡Oh claro que no! – Solté una risita y lo golpeé suavemente en el hombro. – Solo hay demasiadas cosas por hacer, estudiar no quitaba tanto tiempo.

- Lo sé, ¿cómo te está yendo?

- Muy bien, la agencia es… - Mi teléfono vibró y un silbido lo siguió, era el tono de los mensajes del WhatsApp. – Perdón.

¿Si nos vemos hoy?

Miré la hora y eran pasadas las diez de la noche. Bueno, al parecer la noche se me había ido volando.

Claro que sí. Déjame me despido.

¿Dónde estás?

Es una discoteca nueva, queda cerca del restaurante mexicano al que fuimos el día de la despedida de Houjo.

Recordé la ubicación y se la dije, porque la verdad no tenía ni idea del nombre del sitio.

Estoy cerca, estoy con Miroku y unos amigos, me despido y paso por ti. ¿Ok?

Ok!

- ¿El novio? – La pregunta de Kouga me sorprendió y apenas me di cuenta de había estado mirando.

- ¿Qué?

- No leí, no te preocupes, es solo que te sonrojaste al ver el teléfono y bueno…

- No es… mi novio. – Contesté. – Es un amigo… - Guardé mi teléfono y miré a mi espalda por Sango, a la cual le hice una señal de despedida. – Me tengo que ir… - Sonreí de vuelta a Kouga.

- Ok, ¿nos vemos luego?

- Claro… ¿tienes ya mi nuevo número verdad? – Él asintió y sonrió antes de inclinarse y darme un beso en la mejilla. - Chicos me tengo que ir… - me despedí del resto que entre "Oh…" y "Ah…" me dejaron ir.

Me abrí paso entre las personas en la discoteca, la cual estaba comenzando a llenarse aún más. Cuando llegué a la salida una fría y bienvenida brisa me recorrió. Miré de arriba en la calle y pensé en moverme un par de locales mientras esperaba por Inuyasha, iba escribirle para avisarle cuando una mano me alcanzó.

- Kagome…

- Kouga… - sonreí mientras me giraba. - ¿Pasa algo?

- Creo que podríamos dejarnos de juegos, ¿no?

- ¿Qué quieres decir?

- ¿Salimos mañana?

- Ah… Kouga… - Incomoda miré sobre mi hombro, esperando no ver el auto de Inuyasha. – No creo que pueda, yo no…

- ¿Cuál es la excusa está vez? – Lo miré sorprendida y él continuó. – ¿No crees que merezco una oportunidad? - el agarré en mi brazo se apretó y yo lo miré consternada.

- Suéltame… - le dije soltando mi brazo de mi agarre. – La tuviste, ¿recuerdas?... No funcionó y ahora no…

- ¡Eso no fue una oportunidad!

Había sido exactamente por eso que la oportunidad se había arruinado. Kouga tendía a ser un muchacho muy dulce y no había mentido cuando dije que lo apreciaba como amigo, pero cuando se trataba de pareja era un hombre demasiado posesivo para mi gusto, por lo que había tenido una cita con él y había dejado de intentarlo, si había algo que no soportaba era ser asfixiada y eso era lo que Kouga había intentado hacer y lo que al parecer estaba haciendo en ese instante.

- No quiero hablar de esto, es obvio que tienes más de un trago en la cabeza – comencé a caminar calle arriba con él siguiéndome los talones.

- ¡Espera!... – Una vez más me tomó del brazo y yo volteé más que enfadada. – Este momento es tan bueno como cualquier otro, dime de una vez que es lo que…

- ¿Qué pasa?

Aliviada miré tras mío para encontrarme con la alta figura de Inuyasha. Kouga lo miró con el ceño fruncido y yo aproveché el instante para soltarme.

- ¿Kagome?

- Está todo bien, vamos… - le aseguré mientras agarraba su mano.

- ¿Quién es él? – preguntó Kouga sin dejar de mirarlo.

- Inuyasha, un gusto. – Se presentó él mismo. - ¿Y tú?

- Le hablaba a ella, Kagome…

- Puedo contestar por mí mismo, no soy un idiota…

- ¿Por qué no te pierdes?

Asustada vi como Kouga empujaba a Inuyasha, de inmediato este me puso tras su espalda y no se movió ni un milímetro cuando las manos de Kouga impactaron en su pecho.

- No vuelvas a hacer eso…

Fue lo único que pronunció Inuyasha antes de tomar a Kouga de la camisa y arrojarlo al suelo. No supe si era por era la fuerza de él o que Kouga estuviera medio ebrio, pero este cayó como un saco de patatas y las personas que caminaban cerca se acercaron dispuestos a una pelea.

- Inuyasha… - le tomé el brazo y él me miró finalmente.

- Mejor nos vamos… - soltó una bocanada de aire y lanzó una última mirada a Kouga quien estaba listo para levantarse. – No voy a pelear contigo, pero la próxima vez que te abalances sobre Kagome no te va ir tan bien…

Aliviada me subí al auto de Inuyasha que estaba a menos de una cuadra de distancia. Antes de subirme al auto di un último vistazo a Kouga quien había acabado de levantarse del suelo, limpiándose los pantalones. La mirada de ira en su rostro, me hizo implorar porque no se hiciera un problema más grande de esto, en ese momento no sabía lo que se desataría.

- Lamento eso.

- Ese es el idiota que fue por ti a la agencia, ¿verdad? – me preguntó mientras ponía el auto en marcha.

- Sí, las cosas son complicadas con Kouga. – Traté de excusarme.

- Es un niño idiota. ¿Tú estás bien?

- Sí, no fue a mí a quien empujaron.

- No fue nada, el idiota está ebrio y fue solo por eso que no lo golpee como se merecía, por poco y te golpea.

- Lo siento mucho.

- Ya olvidémonos de eso, ¿ya comiste?, Miroku me metió a un bar y no he comido más que maní y pistachos.

- No, aún no he comido. – Sonreí más calmada y él se inclinó a darme un beso mientras esperábamos en un semáforo en rojo. – Mmm… extrañaba eso – musité cuando se alejó de mi.

- También yo… - me acarició la mejilla con el pulgar y yo sonreí sonrojada. - ¿Quieres ir a un restaurante o pedimos un domicilio desde mi casa?

- Mmmm la verdad no quiero salir más… - suspiré y me recosté en el cómodo asiento del Audi.

- Ok, la verdad es que yo tampoco, Miroku me tuvo metido en ese lugar hasta que pude escaparme.

- ¿Dónde estaban? – pregunté girándome para verlo mejor.

Inuyasha era un hombre muy guapo, eso no había manera de discutirlo. Estaba segura de que había sido todo un éxito durante sus años de universidad y durante la secundaria, lo más probable es que las chicas corrieran tras él, es más estaba segura de que aún lo hacían.

- ¿Dónde estaban? – Pregunté cuando volví a la realidad.

- Con unos amigos, Miroku es bastante animado y le gusta salir mucho, a mi la verdad ya me pasó esa época. – Sin poder creer sus palabras solté una carcajada.

- ¿Es en serio? Ni que fueras un anciano agotado de la vida…

- No… no lo soy… - me miró sonriendo, mientras entrabamos al parqueadero de la torre de apartamentos donde quedaba el suyo. – Digamos ya tuve una cuota más que elevada de excesos.

- ¿Ah sí? – Lo miré con una de mis cejas elevadas, lo que acababa de decir era interesante de escuchar.

- Mmmm… hay mucho que no sabemos el uno del otro, soy una oveja negra…

Cuando las puertas del elevador se abrieron entre seguida de él, quien de inmediato me acorraló contra una de las esquinas.

- ¿Oveja negra?

- Como no tienes ni idea. No soy una buena persona Kagome, por eso siempre te dije que lo mejor es que te apartaras de mí.

- Una mala persona, no me advertiría que lo es… - Pasé mis brazos alrededor de su cuello e Inuyasha me agarró de la cintura apegándome a su cuerpo, sus labios rozaron los míos, pero no dejó de hablar.

- Mmmm… buen punto, digamos que a veces me siento generoso. – Sonreí ante sus palabras y me aparté un poco para mirarlo a los ojos, parecía que estaba hablando en serio, él en verdad se creía una mala persona.

- ¿Puedo conocer a ese chico malo?

- Mmmm… primero necesitaremos comer y un par de copas, antes de adentrarnos a semejante terreno.

- No me asustes… - Una pequeña campanilla sonó, avisándonos que habíamos llegado al piso de Inuyasha.

Una vez dentro pedimos comida tailandesa y nos sentamos en la sala a comerla mientras compartíamos anécdotas.

- Sí… la verdad es que estaba un poco bebido…

- ¿Un poco? Estuviste tres días en cuidados intensivos por conducir ebrio… - le dije como si no pudiera creerlo. – ¿En serio en qué estabas pensando?

Inuyasha se encogió de hombros y tomó un poco de su soda. Había acabado de contarme como hace cinco años se había quedado dormido al volante y se había estrellado contra un árbol, después de manejar una impresionante cantidad de metros.

- Sí, la verdad es que fue una tontería… - me miró como tanteando si debía continuar o no, finalmente habló. – Lo peor es que ni siquiera era mi auto, mi madre no me mató porque el seguro cubrió gran parte. Era el auto de mi ex, - me dijo y yo asentí. – ya iba sólo en el auto, había dejado a dos amigos y por último a Kikyo, pero… Ok te lo voy a contar, en el auto aparte de ella y yo, estaba una chica y otro tipo, la chica se me insinuó durante toda la fiesta y antes de irnos me invitó a su casa y después que dejé a mi ex tomé camino hacia la casa de esta otra chica y bueno... ya sabes el resto.

- ¿Me estás diciendo que te accidentaste por infiel? – le pregunté sin poder creer la información que me había revelado.

- Sí, suena horrible, lo sé. – Se pasó una mano por los cabellos y yo lo miré sorprendida. – La chica fue a visitarme al hospital y me dijo que lamentaba mucho todo y eso, y nada sucedió después. – Te lo dije, chico malo…

- Sí ya veo que sí, aunque con lo de cinco novias lo tuve claro…

- ¿Y entonces por qué estás conmigo? – se inclinó y me preguntó con ese brillo seductor en sus ojos.

- Buena pregunta… Y aún no lo logró descifrar del todo, sólo sé que me gustas.

- Tú también... – sonrió y me dio un beso antes de continuar hablando. – La verdad es que fui una total cucaracha durante gran parte de mi adolescencia.

- ¿Por qué?

Por un instante él me miró sorprendido, ¿le había sorprendido la osadía de mi pregunta? ¿O había algo más?

- ¿Sabías que eras muy perspicaz? – me dijo y yo sonreí aún esperando que dijera algo más. – Mi padre lo mataron cuando tenía catorce años, un atraco y mi padre era muy terco y no quiso entregar el dinero…

- ¿Estabas ahí?

- Sí, iba con él en el auto… - Sus ojos se ensombrecieron ante el recuerdo. – La verdad es que no suelo hablar mucho de esto, y en esa época no supe cómo lidiar con todo el problema, así que me volví bastante rebelde, sé que hice llorar a mi mamá como un demonio. Tuve problemas con el alcohol, usé drogas… - Dejó la frase colgando por un instante y yo no me atreví a hablar. – Fueron años en que estuve así, no dormía, no comía, nada me importaba, no sé como terminé la universidad… - Sacudió su cabeza como si aún no pudiera creerlo. – Descubrí el sexo y estuve con muchas mujeres, jugué con demasiadas y sé que lastimé a muchas, incluida mi ex…

- ¿Cómo es que… - No sabía muy bien cómo preguntar. - ¿Sales de todo eso?

- El mayor problema fue el alcohol, el dolor de la muerte de mi papá fue terrible, finalmente me llevaron con un psiquiatra, con quien tuve la confianza de hablar y poco a poco dejé de escudarme en el alcohol. Aún tomo, pero sé controlarlo, puedo estar achispado, pero no ebrio o no como antes… - Me explicó. – Las drogas, bueno simplemente no necesité de ellas y dejé de usarlas, fumaba marihuana y probé otras cosas, eso sí nada que se inyectara, siempre investigaba antes de hacer algo…

- Wow… - Fue lo único que pude decir, todo esto era impactante.

- No soy una buena persona Kagome…

Finalmente su cuerpo se pegó al mío y me abrazó, yo simplemente me acurruqué entre sus brazos.

- Y menos para ti. Tú eres buena, eres linda y tierna conmigo… Y yo me muero de las ganas por tenerte… ¿sabes eso verdad? – Asentí entre sus brazos y él me dio un beso entre mis cabellos. – Pero aún así quiero que sepas como soy o al menos una parte, quiero que sí vas a estar conmigo no te arrepientas en un futuro, que si en algún momento de nuestras vidas nos separamos, me recuerdes con una sonrisa en los labios…

- Suenas como si me fueras a lastimar…

- No quiero hacerlo, pero soy un hombre dañado Kagome, he perdido la fe en muchos aspectos y no quiero arrastrarte conmigo, quiero quedarme contigo…

- ¿Dañado?

- Tengo la cabeza más perversa que te puedas imaginar… - susurró en mi oído y un escalofrió sensual recorrió mi espalda.

- ¿Qué?

- Soy un hombre lujurioso y tú despiertas esa lujuria más que ninguna otra mujer, quiero tenerte, poseerte como ningún hombre antes lo ha hecho… Quiero que descubras el placer conmigo y consumirte para mi propio placer…

- ¿Consumirme? – Alcé mis ojos para verlo y él sonrió ante mi mirada desconcertada.

- Quiero devorarte hasta que no puedas pensar más que en mí… ¿Tú qué quieres?

El aire se atoró en mis pulmones y mis mejillas se sonrojaron, ¿qué era esto?, esto no era una declaración de amor, ni era una confesión de sentimientos bellos y puros, no. Esta era la lujuria, el deseo y el anhelo hablando, Inuyasha quería poseerme de la manera más primitiva. Supe que él no sería un amante normal, no sería suave y tierno con él o al menos no siempre, más bien pocas veces lo serían… Inuyasha era un hombre al que le gustaba el sexo, en sus formas más eróticas y mi cuerpo vibró ante la expectación.

- Quiero ser tuya… - musité, sellando mi destino.

-.-.-.-.-.-

WAAA! Qué pensaron de todo lo que dijo Inuyasha, saldrían con una persona con esa cantidad de cosas encima y quién sabe cuántas más? (SIP PORQUE HAY MÁS, CREO QUE ACABO DE SOLTAR MEDIO SPOILER, OK NO!)... Quitando obviamente que fuera Inuyasha, porque honestamente así fuera un ex presidiario saldría con él! Jajaa! =D

Espero que les haya gustado el capítulo de hoy, dejen sus mensajes comentarios y demás!... Nos leemos el próximo domingo! Besos! =D