DISCLAIMER: Hola les traigo una adaptación de un fanfic de Karen Potter . La historia no es mia y los personajes son deSuzanne Collins
Bueno sin mas que decir aquí les dejo la historia.
Capitulo 12
Peeta vio cómo Katniss se quedaba dormida. Su piel estaba ya más caliente y volvía a respirar con normalidad. Ocasionalmente se movía y murmuraba, pero finalmente se acurrucó junto a él y se quedó profundamente dormida.
Quería hacer el amor con ella, lo deseaba más que nada en el mundo. Incluso había hablado con Sam del asunto, pero el médico simplemente había meneado la cabeza y fruncido el ceño, así que Peeta había dejado el tema. Aunque eso no significaba qué dejase de pensar en ello.
Katniss murmuró algo y se puso boca arriba. Él único de los botones que abrochaba su pijama lo estaba desesperando. Peeta ansiaba ver lo que había debajo del tejido. Deslizó la mano por debajo de la franela y sus dedos se encontraron con la piel tersa y sedosa. Katniss se despertó de golpe y le agarró la mano.
—¿Ya es de día? —preguntó ella con su voz dormida, lo cual hizo que Peeta la deseara aún más.
—No. No quería despertarte. Sólo quería hacer esto.
Se inclinó hacia delante y la besó, pillándola por sorpresa. Cuando ella abrió los labios sorprendida, él aprovechó para capturarlos con su boca, deleitándose con sus suspiros. La deseaba con una intensidad que lo asombraba. Jamás en su vida había sentido esa urgencia, ni siquiera con su prometida. Nunca volvería a preguntarse lo que era el amor.
La besó de nuevo, más profundamente, y luego con suavidad, hasta que finalmente se apartó y trató de recuperar el aliento.
—Cariño, voy a hacerte una pregunta y quiero que me digas la verdad.
Katniss bajó la mirada, sabiendo instintivamente lo que le iba a preguntar. Ella había puesto toda su pasión en aquellos besos, pero él era un hombre de mundo, y lo sabía. Su experiencia, o su falta de ella, iba a convertirse en el tema de una conversación que había tratado de evitar.
—¿La verdad absoluta? —preguntó ella.
—Eso espero —contestó él.
—¿Qué quieres saber?
—¿Alguna vez has, eh, compartido tu calor corporal con un hombre?
Por un momento la habitación quedó en silencio, salvo por el crepitar del fuego.
—¿Me estás preguntando si soy virgen?
—Lo retiro —dijo él rápidamente—. No tienes por qué decírmelo.
—Quiero hacerlo. No me avergüenza la verdad —contestó ella, y le tomó la mano—. No tuve una cita hasta que no fui a la universidad. Veía a las otras chicas por el campus con sus novios, de la mano, yendo y viniendo de clase. Yo quería ser como ellas. Quizá incluso me sintiera un poco celosa.
—Yo creo que había más —dijo él, como si supiera sus más íntimos secretos.
—Ya no quería tener más miedo. Durante mucho tiempo pensé que lo que me había ocurrido en Australia me había pervertido. Todo el mundo hablaba del sexo como algo genial, pero yo sólo conocía su peor parte. Quería saber de qué iba todo aquello. Todo ese alboroto, quiero decir.
—¿Alboroto? —preguntó él, y la giró para que lo mirara. Ella trató de bajar la cabeza, pero él utilizó el dedo para levantarle la barbilla—. ¿Alboroto?
—Ya sabes —susurró ella—. Los orgasmos.
—Ah —dijo él—. ¿Y qué sabías tú de orgasmos?
—Nada.
—¿Qué estás diciendo? ¿Te acostaste con un hombre y ni siquiera tuviste un orgasmo?
—Estábamos en su dormitorio y él tenía miedo de que nos pillaran. Todo ocurrió muy deprisa y no fue muy bueno. Ni siquiera me besó.
Peeta se apoyó sobre un brazo y la miró a los ojos.
—¿Cómo se llama ese tipo? Tenemos que apartarlo de la calle antes de que decepcione a otra mujer.
—Demasiado tarde. Se casó unos seis meses después de la graduación.
—Pobre chica.
—Ni te lo imaginas. Johanna conoce a su secretaria. Dice que están teniendo una aventura.
—¡Menudo cerdo!
—¿Te lo has creído? —preguntó Katniss riéndose—. Se me da mejor contar cuentos de lo que pensaba. No sé dónde está,Peeta. Y no me importa.
—Te engañó,Katniss.
—No me engañó. Nos utilizamos mutuamente. Nadie timó a nadie porque ninguno de los dos nos merecíamos nada especial con aquello.
—¿Cómo llegaste a ser tan sabia?
—He tenido mucho tiempo para pensar en ello. He aprendido que hay ciertas cosas en la vida que la gente no está destinada a tener, sin importar lo mucho que lo deseen.
—Yo no quiero que te rindas,Katniss. Te mereces lo mejor.
—Tengo todo lo que necesito, Peeta, ahora que te conozco.
Él la estrechó entre sus brazos, acunándola como a un bebé. Puede que fuera se hubiese desatado una tormenta, pero con Peeta se sentía a salvo. Un sentimiento de paz la rodeaba, y conoció la felicidad perfecta por primera vez.
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Se despertó en sus brazos. El fuego de la chimenea había quedado reducido a ascuas, pero las mantas que los cubrían aún conservaban el calor. Puede que tuviera algo que ver con que Peeta estuviese enroscado a su cuerpo, o puede que fuese la sensación de plenitud que tenía.
Peeta había despertado en ella todas las emociones que había tratado de ignorar al decidir ser madre soltera.
¿Pero qué pasaría ahora?
No quería pensar en su relación como algo más que una noche durmiendo juntos, al menos hasta no saber cómo se sentía él.
Sabía que a los hombres les costaba abrirse. Todo el mundo lo decía. Quizá Peeta estuviese esperando algunas palabras de ella.
—Buenos días, preciosa —dijo—él, inclinándose para besarla—. Pensé que estabas guapa a la luz del fuego, pero estás magnífica a la luz del día —añadió mientras recorría su espalda con las manos—. Mmm, estás caliente. ¿Qué tal has dormido?
—Peeta… —él la ignoró y comenzó a cubrir de besos su cuello y su hombro, bajando después hacia la garganta hasta sus pechos. A través del pijama, le mordisqueó un pezón, desatando el deseo en el cuerpo de Katniss—.Peeta…
El silencio de la habitación fue interrumpido por el ruido de una sierra mecánica y los gritos de algunos hombres.
—Parece que ya han comenzado a limpiar las calles —dijo él, volviendo a tumbarse boca arriba—. ¿Estarás bien mientras voy a echar un vistazo?
Katniss esperó a que Peeta se hubiera vestido y hubiera abandonado la habitación antes de dar rienda suelta a sus lágrimas. Nada iba según lo planeado.
Bueno, la verdad es que «planeado» no era la palabra adecuada. No había planeado nada aparte de decirle a Peeta que lo quería y esperar a oír lo mismo de sus labios.
Completamente decepcionada, abandonó la cama y fue a darse un baño. Tras vestirse, se sentó junto a la ventana y esperó a que Peeta regresara. Cuando regresó, llevaba café caliente y bollos.
—Uno de los tipos tiene un motor en casa. Su mujer se ha levantado temprano y ha preparado comida para el equipo de limpieza. Les dije que tenía compañía y me han mandado aquí con el desayuno.
—¿Les has hablado de mí?
—Claro. Todo el mundo sabe lo del bebé. Quería que lo supieran. Son mis vecinos.
—Pero…
—Tus vecinos saben de mí, ¿verdad?
—¿Cómo no iban a saber? No todos los días aparece alguien frente a tu casa en limusina.
—Mira, Katniss —dijo él—, ambos valoramos nuestra privacidad, pero es un poco tarde para intentar mantenerlo en secreto.
—Ojala las cosas estuvieran un poco más asentadas.
—Puede que haya una solución a ese problema —dijo él—. Creo que sería una buena idea si te quedaras aquí conmigo hasta que naciera el bebé.
Entonces Katniss tuvo el mismo sentimiento de ahogo que cuando se encontraba en la pista de aterrizaje del aeropuerto de Australia, esperando a los padres que nunca fueron a despedirse.
Las mismas esperanzas horribles mientras esperaba a que sonara el teléfono después de haberse entregado a su amor de la universidad.
¿Por qué nadie la quería? La historia se repetía una y otra vez.
Tragándose las lágrimas, se puso en pie y se dio la vuelta, con la esperanza de poder ocultar su reacción ante tan fría invitación. Él no podía imaginar que lo que esperaba era una declaración de amor, quizá incluso de matrimonio.
—Gracias por la invitación, Peeta —dijo ella mientras agarraba el pomo del armario—. Pero no creo que pudiera vivir en un lugar tan opulento. Apuesto a que tienes más armarios que en la Casa Blanca. Seguro que mi casa cabría en este dormitorio —abrió una puerta de golpe—. ¿Una habitación entera para las corbatas? ¿Otra para zapatos? Oye, no sabía que usaras botas de cowboy —divisó otra puerta al otro lado y fue directa a abrir la puerta—. ¿Y esta para qué es? ¿Sombreros?
—¡Katniss, no!
Katniss ignoró el grito y abrió la puerta. Dentro, el único sombrero que había era uno en miniatura, decorado con rosas de color rosa y lazos color marfil. Estaba colgado en la pared junto a una elegante cuna que sabía que costaba una fortuna.
En un rincón había una antigua mecedora forrada con seda de color rosa. También había un cambiador con pañales, polvos de talco y todo lo necesario para el bebé.
Las puertas del armario estaban abiertas, dejando ver una serie de pequeños vestiditos y complementos, zapatos y gorritos incluidos. Incluso había un par de playeras como las de Hope.
Katniss recorrió la habitación tocando cada objeto. Luego se giró hacia él con las lágrimas resbalando por sus mejillas.
—¿Cómo pudiste? Lo planeaste todo desde el principio, ¿no? Todas las veces que me invitaste a venir era para hacer que me quedara. ¿Qué ibas a hacer? ¿Cambiar las cerraduras mientras yo estuviera en el trabajo? ¿Hacer que el señor Crane me llevara fuera del país? Todo el mundo trató de alertarme, incluso Delly. Todos dijeron que harías lo que fuese para salirte con la tuya, y veo que tenían razón —miró a su alrededor y, al ver una puerta que estaba segura que daría al pasillo, se dirigió hacia ella—. Jamás me quitarás a mi bebé,Peeta Mellark. Haré lo que sea para detenerte, aunque tenga que irme al otro lado del mundo.
—¡Katniss, para! —Peeta la siguió hasta el pasillo—. Lo has entendido mal. Deja que te explique.
—Búscate tu propio bebé —dijo ella furiosa—. No vas a quitarme el mío.
Corrió hacia las escaleras sin haberse puesto los zapatos ni el abrigo. No le importaba no tener cómo volver a casa. Sólo sabía que tenía que alejarse de Peeta lo antes posible.
Cuando llegó a los escalones, perdió el equilibrio y los calcetines que llevaba no fueron capaces de frenarla. Comenzó a tropezar en las escaleras y sólo el hecho de que se agarrara a la barandilla la salvó de una caída libre que habría sido mortal.
Cuando Katniss tropezó, Peeta vio su vida pasar ante sus ojos, pero con una variación. En todas las escenas salía Katniss.
Mientras corría escaleras abajo tras ella, rezaba por un milagro, un milagro mediante el que ninguna de las dos mujeres más especiales de su vida saliera perjudicada.
Debió de hacer algo bien, porque, en ese momento, Katniss se agarró con fuerza a la barandilla y cató sobre su trasero, aterrizando a poca distancia del suelo del vestíbulo.
Holaaaa
Antes de empezar quería pedir disculpas por haber demorado en actualizar pero la semana pasada fueron mis olimpiadas y llegaba a mi casa demasiado cansada además de que mi computadora se malogro y hasta ayer recién la arreglaron.
Bueno y que les pareció la historia les gusto ,lo único malo es que me parece que a Katniss no le gusta mucho escuchar .
Dejen sus comentario y hasta el próximo cap solo faltan dos para terminar y me emociona demasiado .
;) xoxoxoxoxoxoxo
