Prompt día 12: Un strip-tease no siempre es buena idea.
Jugar a dos puntas.
Tanto Sherlock como John habían más o menos olvidado las cosas pasadas, llegando a un mutuo acuerdo sobre detener todas las cosas raras que estaban ocurriendo. John estaba más que molesto con que todas sus fracasadas citas estuvieran relacionadas con el detective; y Sherlock rezongó un poco, pero finalmente había aceptado a pos de mantener la amistad. Aunque, adelantando los hechos, el acuerdo terminó siendo unilateral.
En vistas de que las cosas con John estarían mejor si lo dejaba ir, Sherlock había decidido dejarle el apartamento para que se maneje a sus anchas, ya que había recibido un nuevo caso de Lestrade y estaría ocupado en él… lo que le durara. Así que, por el momento, había renunciado a estropear toda cita del doctor conscientemente y, a pesar de que eso no lo alegraba, si a John esa falsa idea de la relación que entablaban lo hacía feliz… pues bien, en esas condiciones debería sobrevivir.
Así que se había marchado con su humor habitual al recibir un caso, y John no había desperdiciado la oportunidad para invitar a su actual noviecita a su departamento, pues tenía una nueva idea que poner en marcha. Además, estar con una persona del sexo opuesto durante un rato, lo aliviaba en gran parte y lo hacía sentirse más a gusto consigo mismo, sobre todo después de lo que vivía con Sherlock, ya que el detective lo estaba volviendo literalmente loco. En todo sentido de la palabra; y eso no iba con el ex militar John Watson en lo absoluto.
Y así estaban las cosas en el día del encuentro.
¡Ahí estaba! ¡Un gran caso finalmente! ¡Uno que valía la pena vivir, y John no podía perderse de eso! Sería una gran entrada en su blog…
Abrió la puerta con ímpetu y, antes de gritar el nombre de John, se frenó. No había nadie en la sala. Miró a ambos lados. Había una botella de champagne y copas vacías. Rodó los ojos, suspiró con cansancio y cerró la puerta lentamente.
Excelente. John no había perdido ni un segundo. Arrugando el entrecejo, se acercó a la habitación del doctor. Dentro, música de… por Dios, no podía ser. Frunció el ceño más fuerte. ¿En serio?
La puerta estaba entornada. Sherlock, armado de valor, siguió abriendo la puerta despacio, lo suficiente para poder ver dentro, y ahí se quedó. Sin mover un solo músculo más. Se permitió parpadear lo suficiente como para que sus ojos se mantuvieran bien. No estaba pensando con claridad.
John ahora se sacaba los pantalones, bailando sensualmente delante de su novia, que lo miraba de manera lujuriosa y hacía vítores a cada movimiento de cadera (que acompañaba la canción).
«You can leave your hat on», santo Dios, John desnudo y con sombrero, no…
Respiró hondo y de repente la mujer pegó un grito. Sherlock soltó un respingo, John miró alrededor y su novia se apuró a apagar la música.
Se hizo el silencio. John miró a Sherlock seriamente, y de a poco iba se le iban subiendo los colores a la cara.
—¿Sherlock? ¿Q-qué haces aquí?
El detective olvidó por el momento qué había ido a buscar.
Ah, sí, a John.
—El caso.
—¿Qué hace él aquí? —soltó la chica, parándose al lado de su pareja. Sherlock frunció el ceño y no dijo absolutamente nada de lo que deducía de ella.
—Soy su compañero.
—D-de piso, él es mi compañero, Sherlock Holmes.
Sherlock observó a John de reojo. John parecía no decidirse entre maldecir o permanecer sonrojado.
—Oh, claro —susurró ella, ahora también sonrosada—. Creo que mejor me voy.
—Sí, creo que es lo mejor.
—No, ¿por qué?
John y Sherlock volvieron a intercambiar miradas.
—Ella no tiene porqué irse, tú eres el que interrumpió…
—El strip-tease, sí.
John lo miró curioso. Era de esas cosas que uno presupone Sherlock no sabe nada, como alrededor de qué gira la Tierra.
La chica se empezó a incomodar. Sherlock prendió la luz. John se sintió desnudo (solo le quedaba quitarse su sensual zunga de elefante de encima para completar su desnudez), así que se mantuvo sonrojado. La chica tosió, intentando disipar el silencio.
—Bueno, John —empezó ella—, en serio debo irme. Ustedes… creo que tienen que hablar. —Era mitad pregunta, mitad afirmación.
Al poco tiempo, John estaba vestido con una bata y, tanto él como Sherlock, estaban sentados en sillones enfrentados.
—Lo hiciste otra vez —gruñó John. Pero no parecía realmente ofendido, sino más bien resignado.
—¿Hacer qué?
—Arruinar mi cita.
Sherlock lo observó.
—No fue mi culpa.
—¿No?
—Yo no estaba haciendo un strip-tease aprovechándome de la bondad de mi compañero de piso.
—Eso es porque no tienes a nadie para hacer un strip-tease, Sherlock.
El detective no respondió, solo embozó una sonrisa. A su pesar, John la correspondió. Esa noche estaba cansado, pero a la mañana siguiente estaría furioso con él. De hecho, estaba seguro que el detective ya había previsto eso.
—¿Y cómo sabes qué es un strip-tease de todos modos?
—Lo vi en tus videos.
John se sonrojó y no dijo más.
¿Acaso incluso le revisaba los videos en la computadora?
Era peor de lo que pensaba.
Miró a Sherlock de reojo, que de repente fruncía el ceño. No le dijo el «¿Qué?», pero lo interrogó con la mirada, y el detective se dio cuenta de eso.
—¿Dónde consigues cosas como ropa interior con… trompa de elefante?
John no dijo más.
Nota de la autora:
# 901 palabras.
Cada vez se pone más difícil escribir. XD Pero cada vez hay más contenido. :D Quedan dos viñetas más, probablemente las dos más interesantes. C:
Muchísimas gracias por sus comentarios. Yo los adoro a todos y cada uno, de hecho los beso cuando nadie me ve -?-. Gracias, en serio. :3
Besos,
Mor.
