Hola! Aquí nuevo capítulo! No he abandonado la historia, pero llegue a una parte que me fue muy difícil poder continuar porque todo lo que escribía no me dejaba conforme y sentía que merecían algo mejor.
¿Cuál es la sorpresa? Ante lo que se viene decidí dividir los capítulos próximos para generar mayor calidad y sorpresas.
Como siempre espero sus comentarios y espero perdonen la demora! Los quiero!
Era imposible…. El destino se tenía que estar burlando de él… Aquella joven era tan parecida… ¡NO!... Era igual…igual a… a su amada Valerie…
La mente de Abraxas Malfoy se quedó en shock unos segundos, para después, con una velocidad vertiginosa, idear un sinfín de teorías o explicaciones, una más imposible que la otra, pero… pero… debía haber una explicación… ¡Tenía que haberla! Algo que le permitiera entender lo que sus ojos estaban viendo.
Su corazón no pudo evitar encogerse y abrazar la esperanzadora idea: ¿sería ella? ¿podría ser posible? Era imposible que solo porque sí fueran iguales… No… No podían ser tan similares… Tan parecidas hasta el último detalle.
- ¿Abuelo, te encuentras bien? – preguntó preocupado Draco al ver como no le quitaba la vista de encima a Valerie y tenía el rostro desfigurado por el asombro.
- ¿Ocurre algo, señor Malfoy? ¿Necesita algo? – preguntó incomoda Valerie recogiendo su mano.
- Es como si hubieras visto un fantasma… - se aventuró a decir Draco.
Abraxas miró profundamente a los ojos a Valerie, buscando, aun que fuera una diminuta señal de reconocimiento a su persona, pero solo vio en ellos confusión e incomodidad, luego posó sus ojos en su nieto que lo observaba sin comprender que ocurría.
El señor Malfoy se enderezó y controló sus pensamientos volviendo en sí – Yo… Yo… - suspiró y se rascó la cabeza, molesto consigo mismo. – Mil disculpas, jovencita… Tu rostro me recordó a alguien muy querido que falleció hace mucho tiempo… Tu semejanza con ella es abrumadora, pero debes perdonar a este viejo mago y sus cavilaciones…
- Oh… Pido disculpas señor Malfoy, no era mi intención generarle esta incomodidad…
Para sorpresa de Valerie y Draco, Abraxas negó con la cabeza y sonrió con suavidad – Tonterías, tus disculpas son innecesarias. Debes perdonar la cabeza de este anciano… De todos modos, estoy seguro de que será muy grato contar con la presencia de una gran amiga de mi nieto en la mansión. Draco me ha hablado de ti y espero te sientas como en tu casa mientras dure tu estancia.
Valerie le sonrió con timidez y asintió. Abraxas tuvo que tragar en seco, pues hasta la sonrisa le recordaba a ella, pero debía controlarse o espantaría a la única amiga que su amado nieto había conseguido. – Draco… ¿por qué no llevas a la señorita Dumbledore y le muestras la mansión? Yo creo que necesito un minuto a solas, pero nos veremos en la comida… -
El joven mago asintió y sonriéndole forzadamente a Valerie la tomó de la mano – Ven sígueme… Hay muchas que te van a encantar. -
Abraxas vio como ambos se retiraron y cuando la puerta se cerró se dejó caer pesadamente en un sillón, suspiró con fuerza y se masajeo el rostro. Necesitaba un brandy de inmediato, de eso no cabía duda, pero a la vez decidió que le escribiría rápidamente una carta a Walburga para poder controlar todos sus caóticos pensamientos, porque sino sabía que se volvería loco.
Durante el recorrido que Draco le había dado, la vampira se percató de la enorme propiedad que los Malfoy poseían, la belleza de sus gustos y lo soberbio pero fascinante que era todo lo que la rodeaba. Definitivamente Abraxas había realizado innumerables cambios a lo que alguna vez fue la mansión que visitó en el pasado y, debía admitir, que le gustaba mucho más el toque que su viejo amigo le había dado.
El rubio le había pedido varias veces disculpas por la actitud de su abuelo pues jamás lo había visto reaccionar así. La vampira le sonrió y le respondió que no se preocupara, nunca juzgaría a una persona tan importante para él solo por una reacción que tuvo al recordar a alguien querido.
Draco, por su parte, no se quedó tranquilo con la respuesta. No podía negar que estaba un poco molesto con su abuelo por su extraña actitud, pero por otro lado no podía culparlo, sabía que jamás lo haría con mala intención. Pese a eso, no logro sacarse de encima aquella incomodidad, pues la presencia de Valerie en su casa era algo de gran importancia para él.
Desde que era pequeño, siempre fue alguien solitario, pues le costaba entrar en confianza con personas de su edad tras el abandono de su padre. Pese a los intentos de su abuelo y las buenas intenciones de la señora Black, él no logró llevarse bien con el joven Potter. Pensó que tal vez, al momento de ingresar a Hogwarts, podría abrirse paso a una mayor interacción con otros magos de diferentes familias, pero su recibimiento en la casa de las serpientes no fue como esperaba. Como buen Malfoy que era, no se dejó intimidar y pese a que muchas veces tuvo que aguantar ser pasado a llevar, su inteligencia y actitud lo hicieron destacar entre los alumnos y permitirle poder tener una estadía más pacifica, pero igual de solitaria que siempre.
Todos los años fueron solitarios hasta que llegó Valerie. Desde el momento en que ingresó, Malfoy no pudo evitar mirarla con curiosidad. Por un lado, se asemejaba mucho a la joven que había visto en la fotografía de su abuelo, pero, por otra parte, se ganó el desprecio de los magos de su casa de manera inmediata. Lo que mas le sorprendió que fue a ella no le interesara formar lazos con nadie y no le afectaba que la mayoría de sus compañeros la mirara de manera despectiva. Parecía que solo deseaba llevarse bien con una sola persona: él.
Jamás había experimentado la oportunidad de conocer a alguien que quisiera pasar tiempo con él de manera sincera y no que buscara su ayuda para alguna materia. Al principio su fría mascara no dejó que ella se acercara mucho, pero no pudo evitar advertirle sobre el odio que se estaba ganando con el resto de las serpientes, aun así, a ella no le importaba, solo estaba interesada en la opinión que él tenía sobre ella.
Fue entonces donde comenzó a surgir un interés y preocupación sincera de su parte por la única persona que se estaba tomando la molestia de conocerlo como era realmente. Si bien se sorprendió por como Valerie entabló una rápida amistad con el trio de oro, gracias a eso pudo acercarse a aquellos magos con quienes no compartía, descubriendo que no eran lo que él esperaba.
Tal vez nunca tendría el valor de decirle a Valerie lo agradecido que estaba de tenerla a su lado y lo dichoso que se sentía al poder invitar a alguien tan importante para él a su hogar. La vampira era, sin lugar a dudas, una de las personas que mayor importancia había tomado en su vida de manera tan rápida.
Al caer la noche, Draco llevó a Valerie al hermoso comedor que tenían en la mansión para poder disfrutar de una elaborada comida.
Cuando ambos se acercaron a la mesa, el señor Malfoy ya estaba de pie esperándolos, les sonrió a ambos mientras sostenía un vaso de vidrio en sus manos. Tomaron asiento en silencio; Abraxas se sentó en uno de los lados de la mesa y dejó que los jóvenes estuvieran juntos, aun cuando el espacio en la mesa era bastante grande.
- Adelante, la comida está lista – indicó Abraxas.
Tras unos segundos en silencio, el señor Malfoy quiso enmendar su mala recepción a la invitada, por lo que se dirigió a ella – Dígame señorita Dumbledore ¿le gustó el recorrido por la mansión? ¿Algo que le llamara la atención?
Valerie no pudo evitar sonreír con alegría y el señor Malfoy apretó con fuerza el vaso, pero no dejo que su rostro se alterara… ¡Por Merlín, que la sonrisa de esa joven lo iba a volver loco! ¿Cómo tantas similitudes podían revivir en él sentimientos que hace años no sentía?
- Debo admitir que toda la mansión es realmente sorprendente, señor Malfoy. La belleza de la decoración, la extravagancia, pero a la vez la sutileza me ha dejado sin palabras – Abraxas sonrió complacido. – Debo admitir, eso sí, que he quedado enamorada de la hermosa biblioteca que posee.
Draco rio - Tu sed de conocimiento nunca se detiene, ¿eh? – la vampira se encogió de hombros con una tímida sonrisa.
- Pues me alegra que te haya gustado – señaló el señor Malfoy. – Draco no suele pasar mucho tiempo en ella como me gustaría, pero esta armando su propia biblioteca en su habitación. Dado que su rendimiento es excelente, puedo llegar a perdonar que no aproveche tanto material a su disposición – Valerie se giró para mirar a su amigo y reprenderlo con la mirada, él joven rubio solo se encogió de hombros en respuesta. – De todas formas, - continuó Abraxas, - puedes usar la biblioteca todo lo que gustes.
- Oh, se lo agradezco mucho señor Malfoy, sería un honor.
Abraxas asintió conforme – Bueno, cuéntenos un poco sobre usted señorita Dumbledore… - agregó el viejo mago tras unos segundos.
- ¿Sobre mí?
- ¡Pues claro! No todos los días se tiene el privilegio de conocer la nieta del mismísimo Albus Dumbledore – agregó él.
- Bueno… - tartamudeo incomoda Valerie, tratando de ordenar una historia creíble que no levantara muchas dudas. – Yo la verdad viví gran parte de mi vida con mi madre… No tengo recuerdos de mi padre pues no dejó a ambas cuando yo era aun muy pequeña, por eso llevo el apellido de mi madre soltera… Mi abuelo no es muy abierto con respecto a su familia, por lo que no mucho sabían que tuvo una hija… No lo veíamos mucho la verdad, pero siempre solía aparecer en las fechas importantes, hasta que… Bueno, mi madre falleció hace unos años… Tuvo una relación bastante toxica con otro mago, el cual nos hizo mucho daño y acabo dañándole la salud de manera irreversible… Mi abuelo quitó las garras de ese hombre de mi y me llevó a vivir con él… Estaba bastante atrasada en lo que respecta mi educación, así que estoy muy agradecida que se tomara el tiempo de enseñarme, fueron meses de duro aprendizaje, pero con eso logré poder ingresar a mi quinto año en Hogwarts… Mi abuelo insistió que debía continuar con una vida normal, pues suelo ser muy reservada con mi pasado y mis cosas, pero la verdad es que ha sido una increíble experiencia, la cual me está permitiendo estar aquí con ustedes… - tanto el abuelo como el nieto la miraron sorprendidos por su historia, ella se giró hacia Draco – Perdóname Draco, nunca había podido contarte mucho de mi porque me era muy difícil, pero me he quitado un peso de encima ahora que lo sabes – y le regaló una tímida sonrisa.
- Mis respetos y condolencias si mi pregunta hizo que te sintieras abrumada o incomoda – agregó con rapidez Abraxas. Si bien no esperaba una historia como esa, consideraba que había detalles extraños en ella, pero prefirió guardar esos pensamientos para si mismo. Después de todo, Albus Dumbledore era un enigma para varias personas del mundo mágico, no iba a comenzar a interrogar a una pobre jovencita sobre cosas que iban más allá de si misma. Aun así, comenzaba a ver que aquella chica era un misterio al igual que su antecesor.
- Gracias por tu confianza – le respondió Draco guiñándole un ojo y la vampira asintió feliz.
Tras aquello, la conversación derivó a temas más banales, sobre el colegio, las clases y la presencia de Umbridge en el castillo. Cuando todos hubieron terminado de comer, Valerie fue la primera en levantarse y excusarse – Muchas gracias por la comida señor Malfoy, si no les molesta quisiera retirarme a descansar un poco… El día ha sido largo y necesito dormir…
- Por supuesto – le respondió Abraxas sonriendo, luego miró a su nieto – Draco, lleva a la señorita Dumbledore a su habitación.
- Buenas noches señor Malfoy…
- Buenas noches señorita Dumbledore, espero descanse…
Valerie se retiró del comedor siguiendo a su amigo por los pasillos y subiendo las escaleras, hasta llegar frente a una enorme puerta de roble pulido.
- Esta será tu habitación – le explicó Malfoy abriendo la puerta, dejando ver una enorme pieza, refinada, con una enorme cama matrimonial, un baño en el fondo y una hermosa ventana que daba a una terraza. – Si necesitas algo no dudes en llamar a Dobby, estoy seguro de que estará feliz de ayudarte. De todos modos, yo estoy en la habitación de al frente.
- Muchas gracias Draco, de verdad que la pieza es hermosa, de seguro voy a dormir de maravilla – le respondió ella con una tierna sonrisa.
Draco tragó en seco ante aquella hermosa sonrisa, asintió nervioso y se despidió de la vampira deseándole buenas noches.
Apenas Valerie entró a la pieza, cerró la puerta y se dirigió a la cama, dejándose caer sobre ella estrepitosamente mientras un largo suspiro escapaba de sus labios.
Se masajeó la cabeza molesta, pues engañar a Abraxas había sido más difícil de lo que pensaba… Volvió a suspirar y se tomó el rostro con ambas manos… ¿Por qué el recuerdo de ella era tan importante para Abraxas? No pensó que su amigo iba a reaccionar de esa forma y le dolió ver aquella mirada de pena y sufrimiento en sus ojos. Pero, sobre todo, le daba rabia tener que mentirle… No pensó que fuera costarle tanto… Tenía tantas ganas de abrazarlo y decirle que estaba viva… Pero ¿cómo reaccionaría si le digiera eso? ¿De verdad la aceptaría y no tendría rencor en contra de ella? Bufó molesta consigo misma… No había dimensionado el cariño que le tenía a Abraxas, era absolutamente diferente al que tenía con los magos jóvenes de esta época y lo sabía… Por que cuando ella había viajado al pasado, a la época de Riddle, había quedado vulnerable, se había sentido perdida al poder vivir algo que jamás experimentó… Se había dejado llevar por la búsqueda de aquella humanidad que hacía siglos había perdido, queriendo negar su verdadera naturaleza. Pese a toda esa vulnerabilidad que la había rodeado, encontró dos personas que fueron una luz en su camino, que le dieron su cariño y apoyo de manera sincera: Abraxas y Walburga, y eso era algo que jamás olvidaría. Eso los convertía a ellos en personas sumamente importantes, pues estuvieron siempre ahí para ella. El cariño que les tenía jamás podría olvidarlo, pues fueron y serían siempre sus mejores amigos y hermanos.
Teniendo su mente más clara, se dirigió hacia la terraza y se sentó a mirar el hermoso cielo en silencio, divagando cuales serían sus siguientes acciones… Tal vez, esperaría a volver a ver a Walburga para tomar una decisión, pues no haría nada precipitado… Pero la idea de decirle la verdad a Abraxas comenzaba a tomar fuerza en su cabeza sin manera de que pudiera ahuyentarla.
Abraxas se encontraba sentado en su despacho con otro vaso de brandy en la mano… ¿Cuántos tragos llevaba en todo el día? Prefería no saberlo… Parecía que no había forma de poder controlar sus pensamientos y ansiedad mientras la joven Dumbledore estuviera en su casa. Suspiró frustrado y bebió un largo sorbo de brandy.
De pronto, una lechuza negra apareció en su ventana sujetando una carta, supo de inmediato que Walburga le había respondido, pues no había dudado en recurrir a ella por consejos. Solo esperaba que no se burlara de él, pese a la edad, su vieja amiga solía mofarse de todas sus actitudes llamándolo infantil.
Dejó entrar a la lechuza, le dio un poco de comida y prosiguió a abrir la carta.
Abraxas:
Debo confesar que cuando leí tu carta pensé que estabas jugándome una muy mala broma… De todas formas, confirmé con Sirius que efectivamente tu nieto había llevado a una amiga a la mansión.
Admito mi sorpresa al enterarme de que Dumbledore tiene una nieta y que está en la casa de las serpientes, pero no puedo más que alegrarme de que el joven Draco haya podido encontrar, por fin, una sincera amistad con aquella joven. Deberías sentirte honrado de poder tener en tu hogar a la nieta de un mago tan importante como Dumbledore.
Con respecto a lo otro… Si bien es una mala coincidencia el tema de los nombres no deberías alterar tus pensamientos con ese tema. Las coincidencias en la vida suelen ocurrir, muchas veces en contra de nuestros propios deseos…
Ahora bien, debo serte sincera, me sorprendí al leer tus palabras pues no supe como reaccionar frente al hecho de que, según tú, la señorita Dumbledore es la copia exacta de Valerie. Frente a esto, te diré tres cosas:
Primero, espero que no estés exagerando, pues bien sabes que no debes jugar con mi salud. Tus palabras describen a la joven como si fuera la imagen calcada de nuestra querida Valerie…
Abraxas… Tú y yo sabemos que ella falleció hace ya muchos años por culpa del basilisco… Tal vez la vida no este siendo justa con tus sentimientos, pero no puedes culpar ni reaccionar de esa forma frente a una joven que no tiene relación alguna con los hechos ocurridos del pasado. Se que la amaste… Más que a nadie en el mundo… Se que jamás pudiste olvidarla, te conozco y soy tu amiga y hermana… He intentado estar ahí en todo momento, pero creo que es momento de que dejes de martirizar la imagen de Valerie y no dañes más a tu corazón ni al resto.
Aquí viene lo segundo que tengo que decirte… La memoria de Valerie y tu amor por ella te ha dañado no solo a ti, sino también a los que te rodean… Ambos sabemos que nunca amaste a tu señora, ella también supo que vivió a la sombra de otra mujer que más encima estaba muerta… No impidas que la nueva amistad de tu querido nieto se vea afectada por esto… Se que jamás te lo perdonarías y no deseo que Draco pierda la nueva amiga que tanto le ha costado encontrar. Debes superar esto y sabes que cuentas conmigo para ello.
Tercero, confió en tu capacidad para poder manejar toda esta situación, pero de todas formas tendrás que perdonar la curiosidad de tu vieja amiga… Vas a tener que venir a visitarme mañana en la tarde antes de navidad y traer contigo a la señorita Dumbledore… He de conocerla en persona y ver si dices la verdad sobre su similitud con Valerie (sabes que te golpearé si me mientes y eso sería muy denigrante para la edad que tienes). Serán bienvenidos a tomar te en el salón como siempre, espero tu asistencia.
De todas formas, Sirius me comentó que la joven Dumbledore es amiga de Potter, cosa que me llamó poderosamente la atención. ¿Estabas al tanto de eso? Parece que Draco también ha estado pasando tiempo con Potter y sus amigos, cosa que me parece bastante bien pues son buenos jóvenes. Tal vez la señorita Granger me descoloque un poco, pero tal como hemos acordado, no juzgaremos a los nacidos muggles o nos estaríamos pareciendo a quien tú sabes…
Al mismo tiempo, te recuerdo, como todos los años, que te esperaremos para nuestro almuerzo después de navidad en la casa de Sirius, pues Potter invitó personalmente a Dumbledore, por lo que ella es más que bienvenida en la casa de mi hijo.
Escríbeme si necesitas conversar algo más, sabes que mi agenda no tiene muchas actividades, pero siempre me es grato saber de ti.
Nos vemos mañana,
Walburga.
Abraxas Malfoy suspiró y negó con la cabeza mientras una pequeña sonrisa se formaba en sus labios. Pese a todos los años, su vieja amiga siempre sabía las palabras exactas que decirle para calmar sus pensamientos, poder ordenarlos y no cometer algún error.
Al día siguiente, Abraxas decidió tomar desayuno en su habitación para darle cierto espacio a los jóvenes y poder despejar su mente. Se sentía más tranquilo ante la idea de llevar a la joven Dumbledore a la casa de su vieja amiga, pero tampoco estaba con ánimos de verle la cara, era muy temprano para tener que esforzarse en no pensar en Valerie Deanoff. Sabia que su actitud no era la más madura para su edad, aun así, prefirió quedarse en la comodidad de las paredes de su habitación donde nadie lo molestaría por un par de horas.
Al llegar el mediodía, decidió salir de su habitación vestido con un impecable traje y dirigirse a su despacho a terminar ciertos papeleos pendientes. En la mitad del pasillo, donde se encontraba uno de los varios salones de la mansión escuchó voces y una sincera risa que le generó un vuelco en el corazón.
Sin poder evitar su curiosidad y con el corazón casi saliéndose de su pecho abrió la puerta del salón cercano a su despacho para encontrar una particular escena: su nieto y su amiga estaban sentados en el suelo entremedio de varios libros. La joven Dumbledore reía mientras miraba fotos que Draco le había mostrado, pero que claramente ahora se arrepentía, el color rojo de su rostro no ayudaba a disminuir la risa de parte de la joven.
Abraxas tuvo que tragar en seco al ver a la señorita Dumbledore riendo de manera tan natural y cómoda en la mansión, pues nuevamente sin que pudiera evitarlo, recordó aquellos momentos felices con Valerie: como cuando le sonreía al volar en escoba en los entrenamientos de quidditch. Tensó el cuerpo molesto y cerró su mente de aquellos recuerdos, para poner su rostro serio, pero con una ligera sonrisa forzada que intentó se viera lo más natural posible.
Los dos jóvenes parecían ajenos a su presencia hasta que carraspeó para llamar su atención.
- ¡Oh, abuelo! – señaló Draco con rapidez, poniéndose de pie, Valerie imitó a su amigo con rapidez. – Perdona, no te había visto…
- Tranquilos, solo pasaba por el pasillo hasta que un ataque de risa captó mi atención – y les sonrió a ambos, esta vez con sinceridad, pues si bien sufría recordando a Deanoff, estaba feliz de ver que su nieto estuviera bien acompañado.
- Si… Bueno… Parece que Valerie encontró chistosas las fotografías mías cuando volee por primera vez en escoba – le respondió avergonzado Draco y Valerie tuvo que taparse la boca para no reír de nuevo.
Abraxas asintió – Pues es un material digno de un poco de risa Draco, debiste haber pensado bien que fotografías mostrarle a tu amiga… Le has entregado material de sobra para burlarse de ti… - señaló tras unos segundos y Draco volvió a ponerse rojo. – Ya que están aquí, les comento que en la tarde iremos a visitar a la señora Black, estamos invitados a tomar te en su salón –
- ¿Señora Black? – preguntó Valerie haciéndose la desentendida. - ¿Tiene algún parentesco con Sirius Black?
- Pues sí, es su madre – le contestó Abraxas un poco sorprendido. - ¿Conoces a Sirius?
- Tuve el privilegio de conocerlo cuando visitamos San Mungo con Draco – le explicó la vampira. – Harry me había hablado mucho de su padrino, pero no sabía acerca de su madre…
- Ah… El joven Potter… Pues la señora Black es una vieja amiga de la vida y ya conoces a su hijo estará más que dichosa de recibirte en su hogar… Eso sí, su elfo sirve un té asqueroso, pero si ella pregunta, solo dile que es el mejor te que has probado, creo que adora el te que sirven en su casa… Y no he tenido el valor de confesarle la verdad – rio para sí mismo, les guiño un ojo a los jóvenes y abandonó el salón dejándolos solos.
Draco que había estado en silencio se giró para ver a su amiga y sonreírle – Te agradará mucho la señora Black… Es alguien con mucha clase y voraz al hablar, pero es bueno persona y lo mejor… Pese a la edad que tiene, siempre logra dejar en ridículo a mi abuelo, lo cual es bastante inusual.
Valerie asintió y simuló una sonrisa, pero por dentro no pudo controlar sus nervios de saber que vería a su amiga más pronto de lo que esperaba. ¿Reaccionaria de la misma forma que Abraxas o mejor? Preguntas similares le carcomieron la mente por el resto del día.
En la tarde, Abraxas llevo a ambos jóvenes a la mansión Black, la cual se encontraba ubicada en un hermoso prado, cercano a un tupido y gran bosque de pinos. La mansión era de menor tamaño que la de los Malfoy, pero mantenía la misma arquitectura ostentosa que Valerie recordaba.
Al entrar, fueron recibidos amablemente por un viejo elfo que los condujo al gran salón. La vampira pudo apreciar que su amiga había realizado grandes cambios en la mansión, dándole su propio toque, pero manteniendo la alta calidad en la decoración.
El elfo los hizo pasar, invitándolos a tomar asiento mientras les ofrecía traerles un poco de té, el cual todos aceptaron. Antes de retirarse, el viejo elfo se dirigió a Abraxas – Señor Malfoy, la ama pide si puede usted encargarse de que le lleven su poción fortalecedora mientras yo preparo el té para los invitados.
- Puedo llevarla yo mismo, si la señora prefiere… - señaló Abraxas extrañado por la petición de su amiga.
- Oh, no será necesario señor, la ama explicitó que fuera la nueva invitada quien tuviera el honor de llevarla… Está deseosa de conocerla, pero su salud la limita un poco como bien usted sabe… – tras lo cual hizo una reverencia y desapareció con un suave chasquido.
Valerie miró extrañada a Abraxas y luego a Draco sin comprender.
- No es nada grave, Valerie – comenzó a explicarle rápidamente el joven Malfoy, al cual le llamó la atención que le pidieran a su amiga aquel favor. Al fin y al cabo, Draco sabía que Valerie no pasaba desapercibida al ser la nieta de Albus Dumbledore, cosa que aumentaba su orgullo por tenerla de amiga. – La señora Black debe estar muy ansiosa por conocerte si está pidiendo que tú, personalmente, le lleves su medicina.
- ¿Medicina? Pensé que era solo una poción – señaló preocupada la vampira.
- Walburga sufre de una extraña enfermedad que atrofia su cuerpo y le limita los movimientos – le explicó inmediatamente Abraxas con un suave suspiro. – Gracias a Merlín no es una enfermedad letal, pero la limita en su movilidad diaria. Suele aplicarse ciertas cremas y hechizos que le facilitan el movimiento, pero la poción la usa para ocasiones especiales, debido a que no quiere que su cuerpo se acostumbre a ello y pierda los beneficios que esta le da. Para ella, es la medicina que prefiere menos usar, pero suele consumirla cuando venimos de visita ya que no le agrada tener a sus invitados en su habitación.
Valerie asintió más tranquila, comprendiendo que la salud de su amiga si bien estaba un poco deteriorada, todavía le quedaban fuerzas para seguir adelante sin problemas.
- Comprendo… Entonces no debo hacer esperar a la señora Black ¿verdad?... ¿Cuál es la poción que debo llevarle? – señaló la vampira con suavidad.
Draco se acercó a una mesa repleta de excéntricas botellas, le entregó una y le explicó por donde dirigirse para llegar a la habitación de Walburga.
Mientras tanto, Abraxas observaba a la joven Dumbledore y sonreía para sus adentros ante las ocurrencias de su amiga… De verdad que estaba interesada por conocer a la nieta de Dumbledore, pues nunca le había pedido a una persona ajena que le llevara su medicina, solía mantener en secreto su estado de salud.
Tras las instrucciones que le dio su amigo, la vampira abandonó el salón, subió las escaleras que estaban al fondo del pasillo y se detuvo en la segunda puerta a mano derecha.
Cuando estuvo frente a la enorme puerta de roble suspiró, dejó de lado todos sus caóticos pensamientos y se concentró en mantener aquella mascara de indiferencia que había ocupado con Abraxas, escondiendo cualquier reacción que demostrara que ya conocía a Walburga… Volvió a suspirar… Tomó el picaporte de plata y lo giró…
Walburga estaba sentada en su cama leyendo un libro mientras esperaba que su elfo cumpliera con sus órdenes. Había escuchado la llegada de sus invitados por lo que ahora solo le quedaba esperar a que la nieta de Dumbledore subiera a su habitación.
No pudo controlar su ansiedad de conocerla, por lo que decidió pasar por alto que la jovencita supiera de su enfermedad, pues no le gustaba que el resto del mundo estuviera al tanto, entre menos información se revelara de ella, mejor. Siempre había sido una mujer instruida en mantener la vida privada en el absoluto secreto, excepto con las personas de confianza.
De pronto, oyó como la puerta de su habitación comenzó a abrirse, por lo que dejó de lado su libro con rapidez y miró expectante la entrada de su invitada.
Valerie ingresó con timidez a la habitación manteniendo la botella delante de ella – Buenas tardes señora Black, me pidieron que le trajera esto…
- Por las barbas de Merlín… - exclamó Walburga cuando vio entrar a la vampira y encontrarse con la viva imagen de Valerie Deanoff.
