Como saben, Harry Potter no me pertenece, es de J.K.R. Yo soy propietaria de la trama y de un monton de OCs.
Capítulo 11: Confidencias con té
Esa voz... Lizzie la reconoció al instante, pero la sorpresa la dejó clavada en el sitio, incapaz de darse la vuelta. Una mano en su hombro la ayudó a girar sobre si misma, pero sus ojos se resistían a creer lo que estaba viendo tanto como sus oídos a procesar las palabras que había escuchado.
- ¿Estás bien, Lizzie?
La joven asintió levemente, tratando de procesar a toda velocidad la revelación que tenía ante sus ojos. Ante ella tenía a un hombre un poco mayor que ella, con los ojos azules y la piel muy tostada tras sus vacaciones. A su lado había una chica de unos veintipocos, vestida con lo que parecía un cruce entre una de las túnicas que llevaba la gente el callejón Diagon y un vestido hippie.
- Derek, ¿eres un mago?
- No Lizzie, en realidad soy un squib. ¿Qué haces tú aquí?
- Mi hermana - sólo acertó a decir Elizabeth.
Derek dibujó en su rostro una de sus enormes sonrisas y miró a su compañera de trabajo, a su amiga, que parecía completamente desconcertada. En una mano llevaba una bolsa de papel del Emporio de la Lechuza y con la otra aún sujetaba el bolso.
- Esto se merece por lo menos una taza de té, ¿no crees? Por cierto, ésta es mi hermana, Audrey. Ella sí es maga.
En la familia de Derek había casi tantos magos como squibs. Dos de sus tíos por parte de padre habían nacido sin poder mágico alguno y una tía de su padre también era squib. Su madre era hija de muggles y entre sus numerosos hermanos sólo ella había heredado el poder mágico tras muchas generaciones. Parecía que la naturaleza de la magia se empeñara en equilibrar el número de los O'Connor magos y muggles de una forma muy singular.
- Soy un squib con suerte, Lizzie - aseguró él, mientras tomaban su segunda taza de té en el Caldero Chorreante. - Mis padres me educaron para que pudiera disfrutar de ambos mundos. Tengo que mantener el secreto, eso sí, y la mayoría de mis amigos creen que mi familia está medio loca, pero ya me he acostumbrado. Ni siquiera Morgan sabe nada - añadió, lanzando una mirada significativa a Elizabeth.
- No te preocupes, no le diré nada. Además tampoco nos vemos tanto.
- ¿Qué es eso de que estamos medio locos, Derek? No lo dirás por mí - intervino Audrey.
- Bueno, tú eres de lo más normalito de la familia, hermanita, y no sé si eso es buena señal -bromeó él - En serio, Lizzie, Audrey trabaja en el Ministerio, en la oficina de relaciones con los muggles y es una de las pocas personas que aún defienden que debería derogarse el Estatuto del Secreto, supongo que ya te han hablado de él.
- Pues claro que debería derogarse, hermanito, el mundo muggle ha progresado mucho y nosotros nos estamos quedando atrás. Piensa en los gays y en como los trataban hace años. Ahora las cosas son diferentes.
- Desgraciadamente para mí, no tanto -suspiró Derek. -Aún hay muchísimos prejuicios. Pero volviendo a la magia, no creo que sea el momento, ¿tú que crees?
Elizabeth sintió las miradas gemelas de los dos hermanos sobre ella y se tomó un tiempo para dar una buena respuesta. En las pocas semanas que habían pasado desde que descubrió la existencia de la magia, jamás había pensado en si era bueno o malo que se mantuviera oculta.
- Bueno la magia es algo difícil de asumir. Yo me considero una persona abierta de mente y aún no acabo de digerirlo, y menos con todo lo de Hedwig y demás.
- ¿Hedwig? ¿Qué pasa con tu lechuza? - preguntó Derek, curioso. Después abrió la boca como si acabara de caer en la cuenta. - ¡Pues claro! ¡Es una lechuza mágica! ¿Cómo no me di cuenta antes? Era demasiado lista para ser un ave normal. ¡Trabajo con aves, conozco la magia y lo pasé por alto! - se lamentó él, mientras Audrey pedía una explicación.
Lizzie comenzó a relatarle la historia, interrumpida por las constantes observaciones de Derek. Explicó cómo su hermana y su padre encontraron a la lechuza tras un pinchazo que ya no parecía tan fortuito y cómo sus padres la llamaron cuando estaba a punto de tener una cita, algo que, según Derek, era lo mejor que le podía haber pasado.
Lizzie sintió algo de culpabilidad al escuchar su opinión, puesto que no le había contado que había tenido una verdadera cita con Nigel, pero prefirió seguir adelante con su historia y explicarle a Audrey la estancia de Hedwig en el albergue.
Mientras le contaba sobre la huída de Hedwig en pleno invierno, Elizabeth se dio cuenta de que eso había interrumpido de nuevo un acercamiento a Nigel. De inmediato recordó que Daniel se había encargado de quitárselo de nuevo de la cabeza al traer a Hedwig justo después de su discusión.
Pero prefirió quitarse de la cabeza ese análisis y seguir adelante con la historia, rememorando su accidente de carretera y cómo conoció a Odile Southdown y a Daniel, quien después trajo de vuelta a Hedwig. Acabó la historia en la visita de McGonnagall y las nuevas evidencias del origen mágico del ave. Por un momento, se le cruzó la idea de comentar sus sospechas de la conexión de la lechuza con Harry Potter, pero se mordió la lengua. Aunque se dijo a si misma que era prematuro, una vocecilla interior objetó que esa no era la razón principal.
- Me encantaría ver a Hedwig - manifestó Audrey alegremente. -No sé mucho de lechuzas mágicas, no más de lo que sabe cualquier mago normal, pero a lo mejor podría ayudarte, ¿no crees?
- Cuando quieras -contestó ella. -Pero ahora debo ir a buscar a mi hermana, hace un buen rato que nos separamos.
- Te acompañamos - dijo Derek.
Audrey simplemente asintió y se levantó mientras su hermano dejaba sobre la mesa unas monedas para pagar, cortando de raíz el intento de Elizabeth de sacar su cartera.
- ¿Dónde dices que está? - preguntó la bruja.
- En una tienda llamada Sortilegios Weasley.
- ¡Es una tienda genial! Los Weasley se están haciendo muy famosos. He hablado a menudo con Arthur Weasley, está loco por los muggles. Trabaja en el Ministerio, como el estirado de su hijo Percy. Tiene un montón de hijos, el más pequeño, Ron, es muy amigo de Harry Potter...
Lizzie pensó que Audrey haría muy buenas migas con su hermana Charlie. Eran igual de parlanchinas y alegres, exactamente igual que Derek. Ella era mucho más seria, menos proclive a hacer amigos en cualquier parte y muchas veces le apenaba no ser más extrovertida. Sin embargo, en momentos como ese, con los dos O'Connor hablando sin cesar a su lado, hubiera preferido tener unos amigos y familiares un poco más silenciosos.
