Duodécima Viñeta para 30Vicios.
Personaje: Percy Weasley.
Tema: Espinas.
Palabras: 814
Espinas
Percy había afrontado muchos de sus problemas desde que la guerra había terminado. Consiguió recuperar a su familia y volvía a estar junto a Penny, pero aún tenía una espina clavada que no le permitía estar plenamente satisfecho de sí mismo.
Esa mañana, decidió que no podía retrasar más el momento de regresar al Ministerio de Magia. Había dormido en la Madriguera una vez más y, cuando se levantó, tomó la firme decisión de que no iba a dejar pasar un día más sin buscar un nuevo empleo. Por supuesto, no podía aspirar a estar al lado del Primer Ministro. Sin duda alguna, Kingsley Shacklebolt tenía muchos más magos donde elegir. Además, tampoco le apetecía volver a tener ese mismo trabajo. Había visto demasiadas cosas terribles como para querer más de eso. No por el momento.
Cuando bajó a la cocina, tan solo sus padres estaban levantados. Era muy temprano aún, y los dos miembros del matrimonio Weasley parecieron sorprendidos de ver a Percy allí. Molly le servía a su marido unas tostadas, mientras éste leía la primera edición de El Profeta. Al menos, ahora, no decían tantas mentiras como antes, aunque seguían siendo igual de exagerados.
-Buenos días, cariño –Molly le dio un beso en la mejilla y esbozó una sonrisa cargada de tristeza. Percy dudaba que algún día su madre pudiera volver a ser la de antes -¿Quieres algo de desayunar?
Percy afirmó con la cabeza y se sentó frente a su padre, que le miró un segundo y le saludó con una leve inclinación de cabeza. Un segundo después, su madre colocaba ante sus ojos una taza de café humeante, un zumo de naranja y unos huevos con bacon. De dónde había salido todo eso en tan poco tiempo, era un misterio que Percy no se molestaría en desentrañar.
-¿Vas a ir a ver a Penny? –Inquirió Molly, acomodándose ella también en la mesa –Podrías traerla a casa cuando se sienta mejor.
-Ella... –Percy carraspeó. No era fácil explicar la situación de Penny, y se sintió un poco incómodo –Ella no se siente preparada para... Relacionarse con magos. Ya sabes.
-Claro. Pero si necesita que la ayudemos en cualquier cosa, ya sabes que puede contar con nosotros –Percy afirmó con la cabeza y sonrió –He pensado en ir a visitarla, si a ella no le importa.
-Puedo preguntárselo. Estoy seguro de que no será problema.
-¿Le has hablado ya de los juicios? –Intervino Arthur con seriedad. Ese tema siempre creaba un ambiente tenso en la casa, pero era imprescindible mencionarlo en los tiempos que corrían.
-Necesita un poco más de tiempo –Percy volvió a carraspear. Dudaba mucho que Penny pudiera ir a declarar ante un tribunal, aunque ella quisiera –No es fácil.
-Entiendo. Pero cuantos más testimonios de víctimas directas tengamos, más posibilidades habrían de encerrar a todos los responsables de esa... Vergüenza.
Percy afirmó con la cabeza, silencioso. Su padre tenía razón, era algo innegable, pero él no podía presionar a Penny. No hasta que no comenzara a recuperarse.
-Quisiera ir al Ministerio contigo, papá –Dijo con suavidad. Por algún motivo, no le resultaba fácil plantear el tema. No podía evitar pensar en los años que permaneció voluntariamente separado de su familia, en parte por el trabajo, en parte por su propia estupidez –Quisiera ver si hay algo para mí. Necesito volver a trabajar.
Arthur lo examinó detenidamente. Entendía la preocupación de su hijo, pero las cosas ahora eran muy diferentes. La guerra había traído cientos de desgracias, pero también había conseguido a unir a la familia con más fuerza que nunca y, definitivamente, Percy no volvería comportarse como ya lo hiciera en el pasado.
-Hay muchos puestos vacantes –Dijo con gravedad, dispuesto a tenderle una mano al chico –Quizá, podría hablar con Norrintong, del Departamento de Transportes. Es un buen amigo...
Percy lo dudó un segundo. No quería que su padre fuera el encargado de buscarle un trabajo, como si él mismo fuera incapaz de hacerlo. Sin embargo, entendía lo que Arthur Weasley pretendía y no pudo evitar sonreír. Unos años antes, hubiera rechazado su ofrecimiento, pensando, tal vez, que podría ocupar un puesto mejor y más importante, pero ese día estaba dispuesto a hacer lo que debió hacer cuando abandonó Hogwarts: permitir que su padre le guiara por el buen camino dentro del Ministerio. Después de todo, a él no le había ido tan mal.
-Estaría bien –Afirmó, sonriendo mucho más ampliamente que un segundo antes –Siempre he querido controlar el tráfico ilegal de alfombras voladoras.
Arthur rió. No por las palabras que había pronunciado Percy, si no porque el chico acababa de quitarle una angustiosa espina que, pese a la reconciliación de hacía semanas, aún seguía clavada en lo más profundo de su corazón. Percy le había permitido volver a ser un padre para él, y el hombre logró olvidarse de todo lo demás durante unos segundos.
