Capítulo 12: ¿Qué hacer ahora?
El licántropo entró a toda velocidad por la puerta número 133 en el ala de pacientes con heridas graves. Dentro había una única cama ocupada por una joven rodeada de pociones y tubos intravenosos, y un sillón sobre el que descansaba la señora Weasley con los ojos enrojecidos por el llanto. Con el corazón en un puño, se acercó hacia la metamorfomaga; su mano no paraba de temblar hasta asir con firmeza la suya, sin apartar su mirada apesadumbrada de su rostro aparentemente dormido.
Unas lágrimas rodaron por sus mejillas ante aquella dolorosa visión.
-¿Qué tal te encuentras, Remus?- preguntó Molly levantándose del asiento. El licántropo tenía el rostro amoratado y el labio partido, pero no contestó. Seguía mirando a Tonks con gesto lastimoso.
-Por favor, Molly - dijo él con tono suplicante-. Necesito que me cuentes que ha ocurrido.
Ella asintió y señaló la puerta. Ambos salieron cerrando con cuidado la entrada tras de sí. Molly parecía nerviosa:
-Un desconocido entró en su casa... Tonks intentó defenderse... Pero aquel individuo tenía un cuchillo, y...
En ese momento rompió a llorar. La pelirroja sacó de inmediato un pañuelo de su bolsillo y se limpió las lágrimas con él.
Remus tuvo que morderse el labio, aún sangrante, para que le dejara de temblar y sus ojos empezaron a irritarse de nuevo.
-Lo ha perdido, ¿verdad?
No estaba preparado para la respuesta; nunca se puede estar preparado para escuchar una noticia tan terrible.
Oculta tras su pañuelo, Molly asintió levemente con la cabeza.
-Lo siento mucho…, debería haber estado más pendiente- dijo compungida.
Por su parte, Remus negó con la cabeza y la abrazó para que no pudiera ver sus lágrimas-: Tú no tienes la culpa de nada, Molly.
Tras unos minutos, se separaron. Mantenía la vista clavada en el suelo, deseando desaparecer de allí y dejar de hacerle daño a la gente que quería.
-Tonks te necesita.
-Lo sé -dijo en un suspiro-. No pienso dejarla sola ahora que… todo ha acabado.
Le siguió un silencio, a ratos incómodo.
-Ve a descansar- añadió Remus-. Yo no puedo hacerlo, aunque quisiera.
Molly intentó esbozar una sonrisa -no con mucho éxito-, y después, asintió. Mientras ella se despedía, él entró sigilosamente en la habitación e intentando no hacer ruido para no despertarla; cogió el sillón y lo puso al lado de la cama. Pero, antes de sentarse, se inclinó sobre su frente y la besó, dejando caer más lágrimas ahora sobre ella. Estaba viva, después de todo, y eso era lo único que le importaba.
La oscuridad de la noche entró poco a poco en la habitación. Un par de horas antes, una sanadora había entrado para curar las heridas de su rostro y de su cuerpo, e insistirle para que fuera a observación, pero él se había negado. Después de haberse marchado desalentada, el licántropo volvió a acariciar el cabello desvaído de la joven. Más que nada en el mundo deseaba verlo de ese color rosa que tanto le gustaba.
Y justo en ese momento, la cabeza de la chica se ladeó, y abrió lentamente los ojos:
-¿Remus...?
Él la recibió con una cálida sonrisa.
-Aquí estoy- le dijo, y ella también le devolvió el gesto-. ¿Cómo te encuentras?
-No lo tengo claro- repuso-. ¿Dónde estoy?
-A salvo, en el hospital.
Tonks no recordaba nada a corto plazo. Parecía como si en su mente hubiera un espacio en blanco que impedía que averiguara lo que había hecho anoche y, ante la cara de total desconcierto de Tonks, añadió:
-¿No te acuerdas de lo que pasó?
Ella negó con la cabeza y siguió intentando hacer memoria.
-Te han atacado- se respondió el licántropo-. Tienes una herida... El corte es profundo, pero ya estás fuera de peligro.
-¿Quién me atacó?
Remus abrió la boca para contestar, pero luego la volvió a cerrar.
-Luego hablaremos de eso. Ahora tienes que descansar- dijo él mientras se inclinaba y le ponía un suave beso sobre los labios-. Tranquila, estaré aquí cuando despiertes.
Tonks sonrió y volvió a cerrar los ojos. No sentía ningún dolor físico en esos momentos, de modo que se quedó dormida enseguida. Desde su asiento, Remus hundió su rostro entre sus manos con gesto abatido.
La noche dejó paso al día tiñendo las nubes de un color carmesí. Se acababa de despertar sobresaltado por una de sus ya habituales pesadillas y súbitamente, miró a su lado donde ella seguía dormida.
En ese momento alguien llamó a la puerta:
-Buenos días, Remus- saludó Dumbledore con tono cansado-. ¿Qué tal está? - preguntó dirigiéndose a la joven.
-Anoche despertó, pero no recuerda nada de lo que pasó.
-Es normal, seguro que pronto recuperará la memoria- dijo él con optimismo. Sin embargo, Remus no sabía muy bien si quería que Tonks recuperará sus recuerdos con tanta rapidez-. ¿Te importa que hablemos a solas?
Con recelo, el licántropo asintió y se levantó trabajosamente de su asiento. Después, ambos salieron de la habitación.
-No quiero alejarme de ella- dijo cuando vio que Dumbledore se disponía a abandonar el hospital.
-Sólo será un momento.
Remus miró un instante hacia la puerta y, después siguió por el pasillo a su antiguo director.
Mientras tanto, dentro de la habitación, la joven metamorfomaga fue despertando. Estaba confusa, pero finalmente recordó que la noche anterior Remus le había dicho que estaba en el hospital, a salvo. Tonks posó su mirada en el sillón de al lado con la esperanza de encontrarle... pero no estaba. ¿Se habría vuelto a ir?, pensó.
Y algo se iluminó en su cerebro. De repente lo recordaba todo: la misión de Remus con los licántropos, la noche en la que le comunicaron que estaba embarazada, el ataque en su casa, el hombre con el rostro lleno de cicatrices...
-¡Espere, no puede levantarse!- dijo la sanadora que acababa de entrar en la habitación al ver a la paciente intentando salir de la cama. Un agudo dolor en la parte del abdomen hizo que Tonks desistiera y se pusiera aún más nerviosa.
-¡Dígame qué ha pasado!- gritó.
La sanadora la miró con tristeza y comprensión: aquella era la parte más dolorosa de su trabajo. Sin embargo, no podía ocultarle información, por dura que fuera, de modo que empezó a narrarle su situación mientras Tonks se llevaba una mano a la boca y otra sobre su vientre.
-Greyback se nos ha vuelto a escapar- dijo Dumbledore tras haber verificado que no había nadie escuchándoles a la salida del hospital-. Cuando llegamos, no había ni rastro de ellos. Sólo hemos podido capturar al licántropo que te condujo al bosque, pero aún no hemos podido sacarle nada.
-Dudo que sepa algo y, aunque así fuera, no dirá nada: el sentido de la lealtad para los licántropos es más fuerte.
-Sí, la lealtad es un arma peligrosa si no sabes a quien se la confías y Greyback es una persona muy persuasiva, capaz de manipular a los más inocentes y obtener a cambio su ciega confianza.
-Espere- alegó Remus-. ¿Usted sabía esto desde el principio?
-Ciertamente creí que, al igual que Greyback, podría controlar la situación. Pero por desgracia, no tengo su maestría...
-¡Entonces todo lo que he hecho durante estos últimos meses no ha servido para nada!-exclamó el licántropo con exasperación-¡Gracias a usted y a sus malditos errores Tonks ha estado a punto de morir!
-Debí haberte advertido del peligro real que suponía estar infiltrado en la manada. Creí que Tonks sabría defenderse; es una auror excepcional, pero no conté con que el amor que siente por ti la volvería descuidada. Tenía que haberme dado cuenta el día que vino a mi despacho, sin embargo, no le di importancia y fui yo, en ese momento, quien no estuvo alerta.
-No pienso perdonarle- dijo tajantemente.
-Tampoco me lo merezco. La Orden del Fénix fue creada para proteger y defender a los que no pueden hacerlo por sí mismos, pero estos últimos acontecimientos han hecho que me olvide de eso. No es la primera vez que he puesto en peligro la vida de los integrantes de nuestra sociedad y me temo que no será la última.
Ciertamente, ya no quedaban muchos miembros de la antigua Orden del Fénix y, cada día, había menos de la nueva... la muerte de Sirius era prueba de ello, al igual que la de la reciente Emmeline Vance. Todos ellos habían muerto con la esperanza de que algún día el mundo mágico pudiera volver a vivir libremente, un día en el que no hubiera más tinieblas que ensombrecieran sus corazones. Ese era el sueño de sus amigos, y él no dejaría de luchar, hasta verlo hecho realidad.
-Tienes un corazón noble, Remus, de los que hoy escasean- dijo Dumbledore con sinceridad tras leer su mente.
-Yo no me siento tan noble. Sabía las consecuencias de convertirme en espía; el error ha sido mío por no deparar en que pudieran hacer daño a las personas que quería y no sólo a mí. Ahora lo único que me importa es que Tonks se recupere- repuso a modo de disculpa.
Ambos callaron al ver un coche muggle aparecer por la calle, mientras su copiloto se quedó mirando con sorpresa sus extraños atuendos. Cuando se perdió de vista, Dumbledore retomó su antigua conversación:
-Hace tiempo que llevo dándole vueltas a un asunto- dijo el anciano director-. He pensado que, si algo me pasara, quiero que seas tú quien ocupe mi lugar como jefe y guardián del secreto de la Orden del Fénix.
-¿Yo?- preguntó el licántropo con incredulidad. Ni en sueños se habría esperado semejante noticia.
-Exacto, tú eres la persona ideal para sucederme.
-Pero yo no me veo capaz de asumir tanta responsabilidad. Lo haría mucho mejor Ojoloco, McGonagall, e incluso, Snape- alegó Remus a la desesperada-. Me honra que haya pensado en mí, de verdad, pero no puedo aceptar su propuesta.
-¡Lo ves!- exclamó Dumbledore como si Remus hubiera dicho la respuesta correcta-. Esa es la razón por la que debes de ser tú. Eres una persona de principios, no te interesa el poder.
-Pero, aunque decidiera ocupar su lugar como jefe y guardián del secreto, nada cambiaría; usted siempre estará al mando, siempre estará con nosotros.
-Yo no soy inmortal, como algunos se empeñan en afirmar.
Remus no daba crédito a lo que oía. El mago más poderoso de todos los tiempos no podía sentirse débil, no podía pensar en que al día siguiente no pudiera estar allí. Remus Lupin no podía concebir un mundo sin Albus Dumbledore. Sin él todo estaría perdido.
-No me hagas caso- dijo el anciano director moviendo la cabeza para quitar la seria y alarmada expresión de su antiguo alumno-. Es simple palabrería. En fin, ¿estás dispuesto a cumplir los sueños de los que han dado su vida por la libertad?
El silencio reinó por unos segundos en la intransitada calle.
-Sí, estoy dispuesto.
Insólitamente, no se arrepentía de lo que acababa de decir. Sabía que sería difícil, pero era un riesgo que estaba dispuesto a asumir. Nunca podría suplantar a Dumbledore como líder, eso era algo que no deseaba, únicamente esperaba estar a su altura... No obstante, Dumbledore siempre estaría con ellos. Seguramente, Voldemort ya habría sido destruido para cuando él ejerciera de jefe, y la Orden del Fénix ya no tendría razón de ser.
-Creí que me iba a costar más convencerte- repuso Dumbledore sonriéndole-. Ahora debo regresar a Hogwarts, la escuela no se dirige sola... todavía.
Remus le dirigió una sonrisa de agradecimiento mientras veía como su antiguo director se alejaba por la calle hacia un lugar donde poder desaparecer sin ser visto por los muggles.
Aquel hombre siempre había confiado en él, le había admitido en Hogwarts a pesar de las opiniones contradictorias del profesorado, le había dado una oportunidad al contratarle como profesor, había salvado a Tonks de una muerte segura y, ahora, le daba el honor de ser su sucesor. Mientras caminaba por las escaleras del hospital hacia la habitación, Remus iba pensando en lo agradecido que estaba por todo aquello y, con aquel pensamiento en su mente, abrió la puerta de su habitación...
-¿Te has despertado? Lo siento, estaba hablando con Dumbledore- dijo Remus acercándose hacia Tonks. Fue entonces cuando se dio cuenta de algo-. ¿Estás llorando?
Por su parte, él la cogió de la mano para intentar consolarla, sin embargo, Tonks la apartó al instante, dejando a Remus más sorprendido que nunca.
-¿Qué ocurre?- preguntó.
-Vete.
Tonks mantenía la vista fija en algún punto invisible de la pared de enfrente. En ningún momento le había mirado; no podía hacerlo sabiendo que no había sido capaz de sincerarse con ella cuando despertó.
-Puede que estés un poco confusa por el golpe, pero...
-He dicho que te vayas. ¡No quiero verte!- exclamó.
Estaba confuso. ¿Qué podía haber pasado para que Tonks le hablara así?
Entonces, lo supo.
-... No tenía valor para decírtelo, Dora- le confesó Remus -. Para mí también es difícil pensar que no vamos a tener un bebé...
Ella cerró los ojos con fuerza y empezó a sollozar.
-Esto ha sido demasiado, no puedo soportarlo más –dijo, finalmente, con voz ahogada-. Si seguimos juntos, continuaremos haciéndonos daño, una y otra, y otra vez...
Siguió mirando el blanco de la pared; no quería ver el sufrimiento reflejado en su rostro. Odiaba que todo hubiera acabado de esa manera, pero no le quedaba otra.
-Quiero que te vayas- continuó- y, esta vez, no regreses…, por favor.
Tonks dejó caer una solitaria lagrima por su mejilla y, por primera vez, se obligó a mirarle. Su rostro era el de una persona que lo acababa de perder todo en la vida.
-Tú tenías razón, Remus... era mucho más feliz antes de haberte conocido. Ojalá te hubiera hecho caso cuando me decías que nuestra relación era imposible... Ojalá no me hubiera empeñado tanto...
El cansado licántropo notó como su corazón se volvía a partir en mil pedazos. Permanecía de pie en silencio, al lado de la puerta conteniendo su dolor sin saber que decir, ni que hacer para impedir lo que venía a continuación...
-Vete, te lo suplico. No hagas esto más difícil.
Estaba todo perdido, no valía la pena seguir luchando por su perdón... Tonks le odiaba y ninguna palabra de afecto podría cambiar aquel sentimiento. Al final, la había perdido; finalmente se había dado cuenta de que no era la clase de hombre que ella pensaba que sería.
Remus abrió la puerta, pero cuando se disponía a atravesarla, se giró hacia ella una última vez, pero no dijo nada; asintió con tristeza y cerró la puerta tras de sí. No quería causarle más daño.
Mientras se alejaba del hospital una fuerte opresión en el pecho, hizo que se detuviera.
¿Qué iba hacer ahora sin ella?
Remus caminó con paso apresurado hacia su casa intentando deshacer el nudo de amargura que se había formado en su garganta; aún no sabía que iba a tener que convivir con él durante mucho tiempo.
Cuando oyó cerrarse la puerta, Tonks se cubrió el rostro con las sábanas y lloró con amargura. Sufría al haberle apartado de su lado, sufría al recordar la cara que había puesto cuando le había confesado que se arrepentía de todo lo que hubo entre ellos... pero, todavía sufría más cuando, en su corazón, aún sentía que le amaba.
N/A: ¡Hola a todos! Podéis mandarme cuantas maldiciones imperdonables queráis, no me voy a oponer. Aun así, espero que os haya gustado.
De nuevo muchas gracias a todos los que siguen esta historia, en especial a Piper-Tonks, kari-uchiyama, Nyleve Black Mayfair, saralpp, BiAnK rAdClIfFe, Piper Lupin, YoLa-TonKs y lola1655
Un abrazo,
Sisa Lupin
