adivinen quien no recordaba la cuenta de fanfiction? YO! bueno, ya... jjaja estoy comenzandoa escribir esto un dia antes de mi cumpleaños, veamos que tanto avanzamos hoy
Mala Racha
En los días siguientes, estuvo tentada muchas veces de abrir el frasco de perfume y pedir su tercer deseo.
"Quiero que me quieran", diría
¿El genio podía concederle aquello? en los dos primeros deseos lo que le había pedido eran al fin y al cabo cambios en su persona, pero ese tercer deseo implicaría un cambio en los demás, no estaba completamente segura de que el genio podría lograr eso. Por otra parte, si se lo concedía, ¿Qué ocurriría en realidad? Su familia, que siempre la había querido, seguiría igual, y los extraños, por ejemplo... todos aquellos pesados que se figuraban estar "enamorados" de ella, quizá lo estarían verdaderamente ¿Y qué? ¿Valdría eso la pena? ¿Iba a divertirse haciéndolos sufrir, para vengarse de Davis? No, definitivamente no valdría la pena malgastar su ultimo deseo para eso.
Claro que entonces también Davis la querría...
No podía parar, pensaba en las posibilidades una y otra vez, su mente divagaba con algunas escenas muy ficticias, escenas en las que un Davis ciego al atractivo de las otras chicas iba tras ella como un perrito. Estaría bien, de acuerdo, estaría demasiado bien para su gusto. ¿Y qué? ¿Y eso era todo? ¿No acabaría ella por cansarse de eso? ¿Acaso no se cansaban siempre las chicas que tenían un enamorado persistente?, Sí, era obvio que, tarde o temprano, terminaría por aburriste del todo de Davis
El caso era que tenia que decidirse por un tercer deseo, porque hasta que no lo hiciera seguiría actuando el segundo, ella continuaría siendo irresistible... ¿Necesitaba decir que de eso también ya empezaba a cansarse? Muchas chicas habían comenzado a mirarla con recelo, Yolei, su mejor amiga se estaba distanciando cada vez más de ella. Por la calle, los hombres silbaban desde sus vehículos, los muy estúpidos. Dos compañeros de clase se habían peleado por ella y a uno de ellos le habían tenido que hacer varios puntos en la mandíbula
Definitivamente esto ya se estaba saliendo de control
Estaba consiguiendo lo contrario de lo que, en un principio, se había propuesto. Pretendía ser popular, salir del anonimato y conocer la "gratificante" vida de los líderes y, sin embargo, ya comenzaba a hartarse de todo el asunto, sabía que no podía vivir sin amistad, la amistad era por lo menos tan importante como el gustar a las demás personas. ¿Todo esto estaba sucediendo por no haber jugado limpio desde un principio? Pero, ¿Qué había hecho ella que no hubiese hecho cualquier otra persona? El uso del juego sucio, de las malas artes, estaba perfectamente admitido en todos los ámbitos ¿No dicen acaso que en la guerra y en el amor, todo vale? Este era un caso de esos. Además ella sabía un par de cosas sobre cómo habían aprobado algunos ciertos cursos de las que no tenían ni la mas mínima idea de lo que se trataba, y sabía de más de dos que engañaban a su pareja cada vez que tenían la oportunidad para hacerlo. ¿Por qué debía ser ella mejor que los demás?
Con tantas dudas, cuarenta y ocho horas después del concierto, seguía sin destapar el frasco que podía cambiarlo todo
Y entonces sonó el teléfono
-¿kari? Hola, soy Davis
-Ah
- ¿Solo "ah"? Creí que me dirías algo más
-te diré lo que pienso de ti, si te empeñas en hacer que diga más cosas de las que debería, estúpido- dijo entre dientes
-Perdona, no te escuché ¿Qué dijiste?
-Nada, no dije nada
-Bueno, pensé que dirías otra cosa
-¿Cómo qué?
-No sé, que te alegraras de oírme, o algo así
-Me alegro de oírte, o algo así- respondió con una frialdad que ni ella misma sabe de donde sacó
Buena estrategia, matar a una chica a besos y luego estar varios días sin aparecer, ahora creerás que me tienes amaestrada como una mascota, fíjate que no es así ¿Por qué no llamas a la otra y me dejas de molestar?- pensó con rabia
-He pensado que... podríamos vernos- dijo Davis con aquella voz que, a pesar de todo, no la dejaba indiferente
Eran las once de la noche, casi doce, todo el mundo estaría en su casa, yéndose ya a dormir, Kari pensó que sólo tenía que marcar algún número de los mucho que le habían dado últimamente, si quería quedar con alguien
-¿Cuando?
-Mañana- Respondió Davis, Kari podía jurar que sentía la sonrisa victoriosa de este
-Mañana voy a salir con un amigo
-¿Y qué soy yo?
un idiota
-¿Sales con alguien. Kari?
-Creo que eso es, exclusivamente, de interés y asunto mío
-Veo que no es un buen momento, imagino que te he agarrado de mal humor. Apunta mi número y me llamas tú cuando quieras, tal vez podríamos salir a algún lugar privado ¿No crees?
-Cuando quiera colgarme de algo, buscaré un árbol y no una persona como tú, gracias
-¿Y eso a qué viene?
-Adiós, Davis
Colgó antes de que lo hiciera él, furiosa sobre todo consigo misma por no haber sabido manterse en calma
Llorando, se metió al baño, las cosas iban cada vez peor. Ahora lloraba por cualquier motivo, incluso sin motivo. Se contempló en el espejo. Su mirada tenía una profundidad nueva, sus labios parecían mas gruesos y mejor perfilados, su expresión era más adulta. A veces le habían dicho que para su edad era demasiado inocente. Seguramente ya nunca volverían a decírselo, pero no por eso se sentía más segura o más sabia
Lo conseguido a través de sus dos deseos no acababa de satisfacerla. Sus padres le habían inculcado la ética del esfuerzo y no era capaz de disfrutar de algo conseguido con trampas, aunque casi todos las hiciesen. Apoyó la frente en el cristal del espejo y procuró serenarse. No podía esperar más, la impaciencia la estaba matando, tenía que pedir su tercer deseo y así dejaría de obsesionarse por la responsabilidad de elegir bien
Tal vez algo para su madre, o para toda su familia. Tal vez la seguridad de un buen futuro para ella. Pero ¿Y no sería preferible pedir felicidad aunque no le sobrase el dinero? Genial, ya se parecía a su padre
Subió las escaleras y entró a su cuarto. ¿Dónde había escondido el falso perfume la útlima vez? Lo cambiaba tan a menudo de sitio que ya no estaba segura... ¿Estaría detrás del televisor? No, eso fue hace tiempo ¿Detrás de los libros o entre su ropa interior?
Se quedó unos instantes en el centro de la habitación, desorientada. Luego recordó de pronto, abrió el armario, sacó una caja de zapatos y de ella un par de zapatos de fiesta que solo se había puesto una vez, para fin de año . El pequeño quinqué rojo con la palabra Incitación. Lo tuvo un buen rato en su mano, sin decidirse si destaparlo o volver a guardarlo
Lo puso sobre su mesa de trabajo, inspiró son fuerza y quitó el tapón, y el humo comenzó a salir, así que esperó
una espera que le pareció más larga que otras veces, ojalá el genio no fallece precisamente en el deseo definitivo, y poco a poco la ya familiar figura vestida de verde se concretó ante ella
-Hola Kari ¿Cómo estas?
Tenía que hacerlo, era momento de acabar con todo
jajaja lo terminé el mismo día, he decidido que voy a publicarlo ahora en vez de esperar a tener toooooodo, total faltan pocos capitulos
