Capitulo 12. La entrega de un tesoro.
Jess acompañó a David a la enfermería. Hizo aparecer unas vendas con su varita que colocó alrededor de la mano sangrante. El chico la miró como si un ángel hubiera venido a ayudarle.
- ¿Cómo te has hecho esto? -le preguntó Jess mientras subían las escaleras de mármol.
- Una baldosa del baño no es un buen saco de boxeo. -dijo resignadamente el metamorfomago.
- ¡Vaya cabeza loca! -dijo abrazándole.- Menos mal que estoy aquí.
- Y espero que siempre lo estés, sihaya. -dijo David sin pensar.
- ¡Otra vez esa palabra! -dijo Jess haciendo detenerse al metamorfomago.- ¿Qué quieres decir con ella? ¿Por qué me llamas así?
- Lo siento, Jess. No puedo decirte lo que significa. No estoy preparado. Pero no te preocupes, es algo bueno. -respondió claramente avergonzado. Jess, al ver esto, no quiso insistir. David no era de las personas que se avergonzaban por cualquier cosa y menos por una palabra. Sin duda, era algo importante para su amigo. Esperaría, no tenia porque tener prisa.
Entraron los dos en la enfermería cuando caía la noche. Dentro de la misma, sólo estaban la señora Pomfrey y Harry, que estaba tumbado de lado y miraba con ojos brillantes los trozos de su Nimbus.
- Señora Pomfrey. -llamo Jess a la enfermera. Esta salió detrás de un biombo y se acercó con cara de enfado hacia los chicos.
- He dicho que Harry no puede recibir visitar a... ¿Qué le ha pasado? -preguntó al ver la venda ensangrentada en la mano del chico.
- Un enfado mal descargado. -respondió David emitiendo un pequeño quejido cuando la enfermera le cogió la mano y le retiró la venda.
- Túmbate aquí, al lado de Harry. -dijo señalándole la cama situada a la derecha del ojiverde, que miraba la herida con una mezcla entre el interés y la grima. David se tumbó y colocó su mano sobre una gasa que la señora Pomfrey puso sobre su estómago. La enfermera sacó su varita y empezó a realizar movimientos y a susurrar palabras. La herida empezó a brillar con diferentes colores.
- Menudos fuegos artificiales. -comentó Jess al ver como la mano de David brillaba. - el chico la sonrió como respuesta.
- Rotura de segundo y tercer huesos metacarpianos. Afectadas las articulaciones de esos huesos. –recitó la señora Pomfrey.
- ¿Cómo te lo has hecho? -preguntó Harry.
- Me sentó mal la derrota y lo pagué con las baldosas de las duchas del vestuario. -le explicó David al moreno.- Y tu, ¿cómo estás, Harry?
- Yo me siento bien. -le dijo Harry.- Un poco atontado del golpe, eso sí.
- Te pegaste una buena ostia. -dijo David mientras esperaba a que la señora Pomfrey regresara de la parte de atrás de la enfermería.
- Menos mal que Dumbledore frenó tu caída... si no llega a ser por él, no lo cuentas. -dijo con mirada sombría Jess. La señora Pomfrey regresó con una poción de color morado que dejo encima de la mesilla.
- Después de que te cure la mano, tomaté un tapón de la poción para que ayude a que el propio cuerpo aceleré la regeneración de la piel. -le contaba mientras aplicaba los hechizos necesarios en la mano. David no quiso mirar pero sintió un tremendo escozor en la mano, como si los huesos y los tendones estuvieran creciendo al aire libre.
- Esto ya está. Tomaté la poción, quédate diez minutos tumbado hasta que haga efecto y después, puedes irte. -le dijo la señora Pomfrey. Jess cogió la botella de poción y lleno el tapón, ofreciéndoselo a David.
- Gracias Jess. -dijo el metamorfomago mientras cogía cuidadosamente el tapón con la mano buena y bebía su contenido.
- ¡Qué mala está! -dijo David por encima de las risas de Harry y Jess, provocadas por la mueca que le había producido la poción.
- No te quejes, gruñón. -le dijo Jess con cariño.- ¿Notas algo?
- Pues no. -respondió David. De repente, se acordó de una cosa que había pasado en el partido. - Harry, ¿tu viste un enorme perro negro en la parte de arriba de las gradas?
Harry le miró sorprendido, creía que había sido el único que había visto al perro. El hecho era, sin embargo, que el Grim se le había aparecido dos veces y en las dos ocasiones había habido accidentes casi fatales. La primera casi lo había atropellado el autobús noctámbulo. La segunda había caído de veinte metros de altura. ¿Iba a acosarlo el Grim hasta la muerte? ¿Iba a pasar él el resto de su vida esperando las apariciones del animal?
- Creo que por la cara que has puesto, la respuesta es sí. -dijo David.- ¿Qué crees que era?- Harry retiró la mirada y se quedó callado.- ¿No me digas que crees que es la estupidez esa del Grim? -preguntó sorprendido.
- ¿Qué es eso del Grim? -preguntó Jess que no se estaba enterando de nada. David le explicó lo que había pasado en la primera clase de Adivinación y las consiguientes explicaciones de McGonagall y los gemelos respecto del mismo tema.
- Ahora entiendo las quejas de Hermione respecto a lo estúpida que es la Adivinación. -dijo Jess.- Si es que no tiene ni pies ni cabeza.
- Ves lo que te dije, Harry. -le dijo David.- Hasta Jess que no estuvo, y que no tiene ni idea de como fue la cosa, se da cuenta de ello.
- Os tengo que contar algo. -dijo Harry sin ganas.- Me encontré con el Grim, justo el día en que hinche a mi tía y me escapé de casa de mis tíos.
- ¿Cómo que te encontraste con el Grim? -preguntó David.
- Le vi y el autobús noctambulo estuvo apunto de atropellarme. -dijo Harry.
- Un simple perro callejero. -dijeron los dos chicos a la vez. Se echaron a reír al escucharse diciendo lo mismo.
- ¡Que sincronización! -dijo Harry haciéndose el asustado.- Sin embargo, no creo que sea casualidad.
- ¿Tengo que volver a recordarte lo que te dije en clase de Transformaciones? -pregunto David retóricamente mientras suspiraba.
- ¿Qué le recordaste? -preguntó Jess al metamorfomago.
- Resumiéndolo rápido y mal, que lleva, desde que nació, bailando con la muerte y la música sigue sonando. -respondió David. Jess se quedó pensando unos segundos y dijo:
- Pues tiene razón David, Harry. -el ojiverde se dio la vuelta, en un gesto claro que indicaba que no quería seguir hablando. David y Jess salieron de la enfermería dejando solo al moreno.
Malfoy no cabía en sí de gozo por la derrota de Gryffindor. Por fin se había quitado las vendas y lo había celebrado parodiando la caída de Harry. La mayor parte de la siguiente clase de Pociones la pasó Malfoy imitando por toda la mazmorra a los dementores. Llegó un momento en que Ron no pudo soportarlo más y le arrojó un corazón de cocodrilo grande y viscoso. Le dio en la cara y consiguió que Snape le quitara cincuenta puntos a Gryffindor.
- Bien hecho, Ronnie. Parece que, al final, conseguimos enseñarle algo. -dijo Fred durante la comida cuando David les contó lo que había pasado.
- Fue un lanzamiento perfecto. -apuntó Jess con tono de experta mientras se servía ensalada.
- Pues si te lo dice Jess, debes de sentirte orgulloso. -comentó David.- Ya sabes la que lia cada vez que tenemos guerra de bolas de nieve.
- Si Snape vuelve a dar la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, me pondré enfermo -explicó Ron, mientras se dirigían al aula de Lupin, tras el almuerzo.- Mira a ver quién está, Hermione.- Hermione se asomó al aula.
- ¡Estupendo!
El profesor Lupin había vuelto al aula. Ciertamente, tenía aspecto de convaleciente. Las togas de siempre le quedaban grandes y tenía ojeras. Sin embargo, sonrió́ a los alumnos mientras se sentaban, y ellos prorrumpieron inmediatamente en quejas sobre el comportamiento de Snape durante la enfermedad de Lupin.
- No es justo. Sólo estaba haciendo una sustitución ¿Por qué tenía que mandarnos trabajo?
- No sabemos nada sobre los hombres lobo...
- ¡... dos pergaminos!
- ¿Le dijisteis al profesor Snape que todavía no habíamos llegado ahí? - preguntó el profesor Lupin, frunciendo un poco el entrecejo. Volvió a producirse un barullo.
- Si, pero dijo que íbamos muy atrasados...
- ... no nos escuchó...
- ¡... dos pergaminos! - el profesor Lupin sonrió́ ante la indignación que se dibujaba en todas las caras.
- No os preocupéis. Hablaré con el profesor Snape. No tendréis que hacer el trabajo.
- ¡Oh, no! - exclamó Hermione, decepcionada.- ¡Yo ya lo he terminado!
Tuvieron una clase muy agradable. El profesor Lupin había llevado una caja de cristal que contenía un hinkypunk, una criatura pequeña de una sola pata que parecía hecha de humo, enclenque y aparentemente inofensiva.
- Atrae a los viajeros a las ciénagas - dijo el profesor Lupin mientras los alumnos tomaban apuntes.- ¿Veis el farol que le cuelga de la mano? Le sale al paso, el viajero sigue la luz y entonces... -el hinkypunk produjo un chirrido horrible contra el cristal.
Al sonar el timbre, todos, Harry entre ellos, recogieron sus cosas y se dirigieron a la puerta, pero...
- Esperad un momento, Harry, David, Jessica; - les dijo Lupin- me gustaría hablar un momento con vosotros.
Volvieron sobre sus pasos y vieron al profesor cubrir la caja del hinkypunk.
- Me han contado lo del partido - dijo Lupin, volviendo a su mesa y metiendo los libros en su maletín.- Y lamento mucho lo de tu escoba. ¿Será posible arreglarla?
- No, - contestó Harry- el árbol la hizo trizas. Lupin suspiró.
- Plantaron el sauce boxeador el mismo año que llegué a Hogwarts. La gente jugaba a un juego que consistía en aproximarse lo suficiente para tocar el tronco. Un chico llamado Davey Gudgeon casi perdió un ojo y se nos prohibió acercarnos. Ninguna escoba habría salido airosa.
- Hay que ser burro para acercarse a él. -dijo Jess. Lupin la miró con una sonrisa.
- ¿Ha oído también lo de los dementores? - dijo Harry, haciendo un esfuerzo. Lupin le dirigió una mirada rápida.
- Sí, lo oí. Creo que nadie ha visto nunca tan enfadado al profesor Dumbledore. Están cada vez más rabiosos porque Dumbledore se niega a dejarlos entrar en los terrenos del colegio... Fue la razón por la que te caíste, ¿no?
- Sí - respondió Harry. Dudó un momento y se le escapó la pregunta que le rondaba por la cabeza.- ¿Por qué? ¿Por qué me afectan de esta manera? ¿Acaso soy...?
- No tiene nada que ver con la cobardía. - dijo el profesor Lupin tajantemente, como si le hubiera leído el pensamiento.- Y por lo que me he fijado, os pasa lo mismo a los tres. -dijo señalando a David y a Jess.- Los dementores os afectan más que a los demás porque en vuestro pasado hay cosas horribles que los demás no tienen. - ussn rayo de sol invernal cruzó el aula, iluminando el cabello gris de Lupin y las líneas de su joven rostro.- Los dementores están entre las criaturas más nauseabundas del mundo. Infestan los lugares más oscuros y más sucios. Disfrutan con la desesperación y la destrucción ajenas, se llevan la paz, la esperanza y la alegría de cuanto les rodea. Incluso los muggles perciben su presencia, aunque no pueden verlos. Si alguien se acerca mucho a un dementor; éste le quitará hasta el último sentimiento positivo y hasta el último recuerdo dichoso. Si puede, el dementor se alimentará de él hasta convertirlo en su semejante: en un ser desalmado y maligno. Le dejará sin otra cosa que las peores experiencias de su vida. Y el peor de tus recuerdos, Harry, es tan horrible que derribaría a cualquiera de su escoba. No tienes de qué avergonzarte.
- Cuando hay alguno cerca de mí... - Harry miró la mesa de Lupin, con los músculos del cuello tensos- oigo el momento en que Voldemort mató a mi madre.
Lupin hizo con el brazo un movimiento repentino, como si fuera a coger a Harry por el hombro, pero lo pensó mejor. David sintió un escalofrio y Jess hizo una mueca de incomodidad. Hubo un momento de silencio y luego...
- ¿Por qué acudieron al partido? - preguntó Harry con tristeza.
- Están hambrientos - explicó Lupin tranquilamente, cerrando el maletín, que dio un chasquido.- Dumbledore no los deja entrar en el colegio, de forma que su suministro de presas humanas se ha agotado... Supongo que no pudieron resistirse a la gran multitud que había en el estadio. Toda aquella emoción... El ambiente caldeado... Para ellos, tenía que ser como un banquete.
- Azkaban debe de ser horrible - masculló Harry. Lupin asintió con melancolía.
- La fortaleza está en una pequeña isla, perdida en el mar. Pero no hacen falta muros ni agua para tener a los presos encerrados, porque todos están atrapados dentro de su propia cabeza, incapaces de tener un pensamiento alegre. La mayoría enloquece al cabo de unas semanas.
- Pero Sirius Black escapó - dijo Harry despacio.- Escapó... El maletín de Lupin cayó de la mesa. Tuvo que inclinarse para recogerlo:
- Sí - dijo incorporándose.- Black debe de haber descubierto la manera de hacerles frente. Yo no lo habría creído posible... En teoría, los dementores quitan al brujo todos sus poderes si están con él el tiempo suficiente.
- Usted ahuyentó en el tren a aquel dementor - dijo Harry de repente.
- Hay algunas defensas que uno puede utilizar - explicó Lupin.- Pero en el tren sólo había un dementor. Cuantos más hay, más difícil resulta defenderse.
- ¿Qué defensas? - preguntó Harry inmediatamente.- ¿Puede enseñarme?
Jess quiso pedirle lo mismo al profesor, pero David la cogió la mano y la dijo en voz baja:
- Ahora no, Jess. Este momento es de Harry. -la chica quiso replicarle pero David se puso un dedo en los labios.- Podemos venir otro día y pedírselo.
- No soy ningún experto en la lucha contra los dementores, Harry. Más bien lo contrario...
- Pero si los dementores acuden a otro partido de quidditch, tengo que tener algún arma contra ellos.
Lupin vio a Harry tan decidido que dudó un momento y luego dijo:
- Bueno, de acuerdo. Intentaré ayudarte. Pero me temo que no podrá ser hasta el próximo trimestre. Tengo mucho que hacer antes de las vacaciones. Elegí un momento muy inoportuno para caer enfermo. -miró hacia David y Jess.- Harry, ¿nos disculpas? Tengo que hablar con David y Jessica. -el moreno cogió su mochila, se despidió de los chicos y salió de clase.
Lupin colocó su maletín a un lado de la mesa y se sentó en ella. Les indicó con un gesto que cogieran una silla cada uno y se sentaran cerca de él.
- Supongo que David sabrá de lo quiero hablar, -comenzó a decir Lupin. El metamorfomago afirmo con la cabeza.- ya que estuve hablando con él hace unos días. En ese momento, le pregunté la causa por la cual, os desmayasteis en el Expreso de Hogwarts, pero no quiso decírmelo.
- ¿Por qué? -pregunto Jess mirándole.- ¿Por qué no se lo dijiste?
- Cuando le hice la misma pregunta, me respondió que era algo que no podía contar, ya que no le afectaba solo a él. -respondió el profesor.- Como también te afectaba a ti, no quiso decírmelo sin contar con tu aprobación.
Jess se quedo mirando a David con cara de emoción. David simplemente la sonrió. Lupin sonrió para sus adentros. La mirada y la sonrisa que tenía el metamorfomago, le recordaba a la de su amigo James cuando estaba con Lily.
- ¿Quieres contármelo tu, Jessica? -preguntó Lupin. Jess suspiró profundamente y le contó, con esfuerzo, el accidente de coche y la muerte de sus padres. David la ayudaba cuando Jess no podía seguir.
- Y eso es lo que escuchamos, cuando nos afectan los dementores. -finalizó Jess con los ojos vidriosos.
- Gracias Jess, has sido muy valiente. -dijo Lupin admirando la entereza de la chica.
- ¿Puedo irme? -preguntó Jess.
- Claro que si. -dijo Lupin comprensivo. Jess se levantó, cogió su mochila y salió de la clase.
- ¿Podrías darle clases anti-dementores también a Jess? -pidió David a Lupin. El profesor se quedó mirando a David.
- No lo sé. A Harry si que puedo darle esas clases. Su boggart se transforma en un dementor; -le explicó pensativo el profesor.- con Jessica seria mas difícil. No podríamos usar un dementor real, sería demasiado peligroso. Lo siento, David.
- Si no se puede... -dijo con tristeza el metamorfomago.
- Para lo que si que necesitaría a Jess, sería para tu problema con el boggart. -le indicó Lupin.
- ¿Por qué? -preguntó interesado David.
- He estado investigando sobre casos similares al tuyo y he encontrado una solución.
- ¿Cuál?
- Que la persona que ves muerta, esté a tu lado. -explicó Lupin.- Parece ser que, el ver a la persona viva, hace que el boggart pierda su efecto y el hechizo Riddikulo no necesita de una transformación cómica para afectar al boggart.
- Estupendo, ¿no? -dijo David entusiasmado.
- Sólo tiene un problema. Con este método, nunca destruyes al boggart, solo lo retienes. -dijo Lupin.- Para poder eliminar a un boggart, es imprescindible que puedas transformar tu miedo en algo divertido.
- Bueno, no podía ser perfecto. -dijo comprensivamente David.- ¿Cuándo empezamos?
- Como le he dicho a Harry, hasta después de las vacaciones no podríamos realizar las clases. -concluyo Lupin.
- De todas formas, muchas gracias profesor. -dijo David realmente emocionado.
- No es nada, David. -dijo Lupin cogiendo su maletín y saliendo de clase.
Dos semanas antes de que terminara el trimestre, el cielo se aclaró de repente, volviéndose de un deslumbrante blanco opalino, y los terrenos embarrados aparecieron una mañana cubiertos de escarcha. Dentro del castillo había ambiente navideño. El profesor Flitwick, que daba Encantamientos, ya había decorado su aula con luces brillantes que resultaron ser hadas de verdad, que revoloteaban. Los alumnos comentaban entusiasmados sus planes para las vacaciones. Ron, Hermione, David y Jess habían decidido quedarse en Hogwarts, y aunque Ron dijo que era porque no podía aguantar a Percy durante dos semanas; Hermione alegó que necesitaba utilizar la biblioteca y David y Jess se quedaban porque los padres de David estaban fuera del país; no consiguieron engañar a Harry: se quedaban para hacerle compañía y él se sintió muy agradecido.
Para satisfacción de todos menos de Harry, estaba programada otra salida a Hogsmeade para el último fin de semana del trimestre.
- ¡Podemos hacer allí todas las compras de Navidad! - dijo Hermione.- ¡A mis padres les encantaría el hilo dental mentolado de Honeydukes!
Resignado a ser el único de tercero que no iría, Harry le pidió prestado a Wood su ejemplar de El mundo de la escoba, y decidió pasar el día informándose sobre los diferentes modelos. En los entrenamientos había montado en una de las escobas del colegio, una antigua Estrella Fugaz muy lenta que volaba a trompicones; estaba claro que necesitaba una escoba propia.
La mañana del sábado de la excursión, se despidió de Ron y de Hermione, envueltos en capas y bufandas, y subió solo la escalera de mármol que conducía a la torre de Gryffindor. Habla empezado a nevar y el castillo estaba muy tranquilo y silencioso.
- ¡Pss, Harry!
Se dio la vuelta a mitad del corredor del tercer piso y vio a Fred, a George y a David que lo miraban desde detrás de la estatua de una bruja tuerta y jorobada.
- ¿Qué hacéis? - preguntó Harry con curiosidad.- ¿Cómo es que no estáis camino de Hogsmeade?
- Hemos venido a darte un poco de alegría antes de irnos -le dijo Fred guiñándole el ojo misteriosamente.- Entra aquí...
Le señaló con la cabeza un aula vacía que estaba a la izquierda de la estatua de la bruja. Harry entró detrás de los tres. George cerró la puerta sigilosamente y se volvió, mirando a Harry con una amplia sonrisa.
- Un regalo navideño por adelantado, Harry - dijo. Fred sacó algo de debajo de la capa y lo puso en una mesa, haciendo con el brazo un ademán rimbombante. Era un pergamino grande, cuadrado, muy desgastado. No tenía nada escrito. Harry, sospechando que fuera una de las bromas de Fred y George, lo miró con detenimiento.
- ¿Qué es?
- Esto, Harry, es el secreto de nuestro éxito —dijo George, acariciando el pergamino.
- Es la leche. -dijo David entusiasmado.
- Nos cuesta desprendernos de él - dijo Fred.- Pero anoche llegamos a la conclusión de que tú lo necesitas más que nosotros.
- Bueno... a mi no me han dicho nada hasta esta mañana. -comentó David haciéndose el indignado.
- ¡Calla! -dijeron los gemelos a la vez. David sonrió maliciosamente.
- De todas formas, nos lo sabemos de memoria. Tuyo es. A nosotros ya no nos hace falta. -dijo George.
- ¿Y para qué necesito un pergamino viejo? - preguntó Harry.
- ¡Ahhhh! ¡Hereje! -exclamó teatralmente David, mientras le señalaba de forma condenatoria.
- ¡Un pergamino viejo! - exclamó Fred, cerrando los ojos y haciendo una mueca de dolor; como si Harry lo hubiera ofendido gravemente.- Explícaselo, George.
- Bueno, Harry.. cuando estábamos en primero.. y éramos jóvenes, despreocupados e inocentes... - Harry se rió. Dudaba que Fred y George hubieran sido inocentes alguna vez.- Bueno, más inocentes de lo que somos ahora... tuvimos un pequeño problema con Filch.
- Tiramos una bomba fétida en el pasillo y se molestó.
- Así que nos llevó a su despacho y empezó a amenazarnos con el habitual...
- castigo...
- ... de descuartizamiento...
- ... y fue inevitable que viéramos en uno de sus archivadores un cajón en que ponía «Confiscado y altamente peligroso».
- No me digáis... - dijo Harry sonriendo.
- Bueno, ¿qué habrías hecho tú? - preguntó Fred- George se encargó de distraerlo lanzando otra bomba fétida, yo abrí a toda prisa el cajón y cogí... esto.
- No fue tan malo como parece - dijo George.- Creemos que Filch no sabía utilizarlo. Probablemente sospechaba lo que era, porque si no, no lo habría confiscado.
- ¿Y David? ¿Cómo es que lo conoce? -preguntó Harry inteligentemente.
- Pilló a George usándolo en la biblioteca. -dijo con tono de decepción Fred.
- ¿Y sabéis utilizarlo? -preguntó Harry.
- Si - dijo Fred, sonriendo con complicidad.- Esta pequeña maravilla nos ha enseñado más que todos los profesores del colegio.
- Es el objeto mas útil del mundo. -afirmó David.
- Me estáis tomando el pelo -dijo Harry, mirando el pergamino.
- Ah, ¿sí? ¿Te estamos tomando el pelo? - dijo George. Sacó la varita, tocó con ella el pergamino y pronunció:
- Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.
Inmediatamente, a partir del punto en que había tocado la varita de George, empezaron a aparecer unas finas líneas de tinta, como filamentos de telaraña. Se unieron unas con otras, se cruzaron y se abrieron en abanico en cada una de las esquinas del pergamino. Luego empezaron a aparecer palabras en la parte superior. Palabras en caracteres grandes, verdes y floreados que proclamaban:
Los señores Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta proveedores de artículos para magos traviesos están orgullosos de presentar EL MAPA DEL MERODEADOR
- Anda que si Harry supiera que Canuto es Sirius Black. -comentó Hermione en su cabeza.
- Y que Cornamenta era su padre. -le respondió David.
Era un mapa que mostraba cada detalle del castillo de Hogwarts y de sus terrenos. Pero lo más extraordinario eran las pequeñas motas de tinta que se movían por él, cada una etiquetada con un nombre escrito con letra diminuta. Estupefacto, Harry se inclinó sobre el mapa. Una mota de la esquina superior izquierda, etiquetada con el nombre del profesor Dumbledore, lo mostraba caminando por su estudio. La gata del portero, la Señora Norris, patrullaba por la segunda planta, y Peeves se hallaba en aquel momento en la sala de los trofeos, dando tumbos. Y mientras los ojos de Harry recorrían los pasillos que conocía, se percató de otra cosa: aquel mapa mostraba una serie de pasadizos en los que él no había entrado nunca. Muchos parecían conducir...
- Exactamente a Hogsmeade - dijo Fred, recorriéndolos con el dedo-. Hay siete en total. Ahora bien, Filch conoce estos cuatro. -los señaló.- Pero nosotros estamos seguros de que nadie más conoce estos otros. Olvídate de éste de detrás del espejo de la cuarta planta. Lo hemos utilizado hasta el invierno pasado, pero ahora está completamente bloqueado. Y en cuanto a éste, no creemos que nadie lo haya utilizado nunca, porque el sauce boxeador está plantado justo en la entrada. Pero éste de aquí́ lleva directamente al sótano de Honeydukes. Lo hemos atravesado montones de veces. Y la entrada está al lado mismo de esta aula, como quizás hayas notado, en la joroba de la bruja tuerta.
- Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta - suspiró George, señalando la cabecera del mapa.- Les debemos tanto...
- Hombres nobles que trabajaron sin descanso para ayudar a una nueva generación de quebrantadores de la ley -dijo Fred solemnemente.
- Bien - añadió David.- No olvides borrarlo después de haberlo utilizado.
- De lo contrario, cualquiera podría leerlo - dijo Fred en tono de advertencia.
- Si, no hagas como George. -dijo David con mala leche.
- No tienes más que tocarlo con la varita y decir: «¡Travesura realizada!», y se quedará en blanco. -le explicó George ignorando el comentario del metamorfomago.
- Así que, joven Harry, - dijo Fred, imitando a Percy admirablemente- pórtate bien.
- Nos veremos en Honeydukes - le dijo George, guiñándole un ojo. Los tres salieron del aula sonriendo con satisfacción.
Ron, Hermione, David y Jess estaban observando una bandeja de pirulíes con sabor a sangre. Harry se les acercó a hurtadillas por detrás. David se giró y, al verle, le sonrió cómplice.
- Uf, no, Harry no querrá de éstos. Creo que son para vampiros - decía Hermione.
- ¿Y qué te parece esto? - dijo Ron acercando un tarro de cucarachas a la nariz de Hermione.
- ¿Por qué no se lo preguntáis? -dijo David.
- Pues es buena idea -dijo Harry como si nada. A Ron casi se le cayó el bote.
- ¡Harry! -gritó Hermione.- ¿Qué haces aquí́? ¿Cómo... como lo has hecho...?
- ¡Ahí va! - dijo Ron muy impresionado.- ¡Has aprendido a materializarte!
- Por supuesto que no. Además, David sabe como lo hecho. - dijo Harry.
- ¡¿Qué tu lo sabes?! -preguntó Ron escandalizado.
- Harry, explícaselo tú. No quiero quitarte protagonismo.-dijo David muy solemne.
Harry bajó la voz para que ninguno de los de sexto que andaban por ahí, pudiera oírle y les contó lo del mapa del merodeador.
- ¿Por qué Fred y George no me lo han dejado nunca? ¡Son mis hermanos!
Justo al mismo tiempo, Jess le hacia la misma pregunta al metamorfomago, que se limitó a alzar los hombros y sonreír como respuesta.
- ¡Pero Harry no se quedará con él! - dijo Hermione, como si la idea fuera absurda.- Se lo entregará a la profesora McGonagall. ¿A que sí, Harry?
- ¡No! -contestó Harry
- ¿Estás loca? - dijo Ron, mirando a Hermione con ojos muy abiertos.
- Hermione, espero que sea una broma lo que acabas de decir. -dijo muy serio David remarcando claramente la palabra "broma".
- ¿Entregar algo tan estupendo? - preguntó incrédula Jess.
- ¡Si lo entrego tendré que explicar dónde lo conseguí! -dijo David.- Filch se enteraría de que Fred y George se lo cogieron.
- Pero ¿y Sirius Black? - susurró Hermione.- ¡Podría estar utilizando alguno de los pasadizos del mapa para entrar en el castillo! ¡Los profesores tienen que saberlo!
- No puede entrar por un pasadizo - dijo enseguida Harry.- Hay siete pasadizos secretos en el mapa, ¿verdad? Fred y George saben que Filch conoce cuatro. Y en cuanto a los otros tres... uno está bloqueado y nadie lo puede atravesar; otro tiene plantado en la entrada el sauce boxeador; de forma que no se puede salir; y el que acabo de atravesar yo..., bien..., es realmente difícil distinguir la entrada, ahí́ abajo, en el sótano... Así que a menos que supiera que se encontraba allí...
Ron, sin embargo, se aclaró la garganta y señaló un rótulo que estaba pegado en la parte interior de la puerta de la tienda:
POR ORDEN DEL MINISTERIO DE MAGIA
Se recuerda a los clientes que hasta nuevo aviso los dementores patrullarán las calles cada noche después de la puesta de sol. Se ha tomado esta medida pensando en la seguridad de los habitantes de Hogsmeade y se levantará tras la captura de Sirius Black. Es aconsejable, por lo tanto, que los ciudadanos finalicen las compras mucho antes de que se haga de noche.
¡Felices Pascuas!
- ¿Lo veis? - dijo Ron en voz baja.- Me gustaría ver a Black tratando de entrar en Honeydukes con los dementores por todo el pueblo. De cualquier forma, los propietarios de Honeydukes lo oirían entrar, ¿no? Viven encima de la tienda.
- Sí, pero... -parecía que Hermione se esforzaba por hallar nuevas objeciones.- Mira, a pesar de lo que digas, Harry no debería venir a Hogsmeade porque no tiene autorización. Ademas, ¿qué ocurriría si Sirius Black apareciera hoy? ¿Si apareciera ahora?
- Pues que las pasaría moradas para localizar aquí a Harry -dijo Ron, señalando con la cabeza la nieve densa que formaba remolinos al otro lado de las ventanas con parteluz. Vamos, Hermione, es Navidad. Harry se merece un descanso.
Hermione se mordió el labio. Parecía muy preocupada.
- ¿Me vas a delatar? - le preguntó Harry con una sonrisa.
- Claro que no, pero, la verdad...
- ¿Has visto las Meigas Fritas, Harry? -preguntó Ron, cogiéndolo del brazo y llevándoselo hasta el tonel en que estaban.- ¿Y las babosas de gelatina? ¿Y las píldoras ácidas?
Después de pagar los dulces que habían cogido, salieron los cinco a la ventisca de la calle.
- Harry se nos hiela. -apuntó Hermione al ver los labios morados del moreno.
- Os propongo una cosa -dijo Jess, castañeteando los dientes.- ¿Qué tal si tomamos una cerveza de mantequilla en Las Tres Escobas?
A Harry le apetecía muchísimo, así que cruzaron la calle y a los pocos minutos entraron en el bar. Estaba calentito y lleno de gente, de bullicio y de humo. Una mujer guapa y de buena figura servía a un grupo de pendencieros en la barra.
- Ésa es la señora Rosmerta - dijo Ron.- Voy por las bebidas, ¿eh? -añadió sonrojándose un poco.
El resto se dirigieron a la parte trasera del bar; donde quedaba libre una mesa pequeña, entre la ventana y un bonito árbol navideño, al lado de la chimenea. Ron regresó cinco minutos más tarde con tres jarras de caliente y espumosa cerveza de mantequilla.
- ¡Felices Pascuas! - dijo levantando la jarra, muy contento.
Harry bebió hasta el fondo. Era lo más delicioso que había probado en la vida, y reconfortaba cada célula del cuerpo.
Una repentina corriente de aire lo despeinó. Se había vuelto a abrir la puerta de Las Tres Escobas. Harry echó un vistazo por encima de la jarra y casi se atragantó.
El profesor Flitwick y la profesora McGonagall acababan de entrar en el bar con una ráfaga de copos de nieve. Los seguía Hagrid muy de cerca, inmerso en una conversación con Cornelius Fudge, el ministro de Magia. En menos de un segundo, Ron y Hermione obligaron a Harry a agacharse y esconderse debajo de la mesa, empujándolo con las manos. Harry observó los pies de los tres adultos, se daban la vuelta y avanzaban hacia donde él estaba. Hermione susurró:
- ¡Mobiliarbo!
El árbol de Navidad que había al lado de la mesa se elevó unos centímetros, se corrió hacia un lado y, suavemente, se volvió a posar delante de ellos, ocultándolos. Mirando a través de las ramas más bajas y densas, Harry oyó a los profesores y al ministro resoplar y suspirar mientras se sentaban.
- Una tacita de alhelí... -dijo Madame Rosmerta.
- Para mí - indicó la voz de la profesora McGonagall.
- Dos litros de hidromiel caliente con especias...
- Gracias, Rosmerta —dijo Hagrid.
- Un jarabe de cereza y gaseosa con hielo y sombrilla.
- ¡Mmm! - dijo el profesor Flitwick, relamiéndose.
- El ron de grosella tiene que ser para usted, señor ministro.
- Gracias, Rosmerta, querida - dijo la voz de Fudge.- Estoy encantado de volver a verte. Tómate tú otro, ¿quieres? Ven y únete a nosotros...
- Muchas gracias, ¿qué le trae por estos pagos, señor ministro?
Harry vio girarse la parte inferior del grueso cuerpo de Fudge, como si estuviera comprobando que no había nadie cerca. Luego dijo en voz baja:
- ¿Qué va a ser; querida? Sirius Black. Me imagino que sabes lo que ocurrió en el colegio en Halloween.
- Sí, oí un rumor - admitió la señora Rosmerta. -¿Cree que Black sigue por la zona, señor ministro?
- Estoy seguro. - dijo Fudge escuetamente.
- ¿Sabe que los dementores han registrado ya dos veces este local? - dijo la señora Rosmerta.- Me espantaron a toda la clientela. Es fatal para el negocio, señor ministro.
- Rosmerta querida, a mí no me gustan más que a ti. -dijo Fudge con incomodidad.- Pero son precauciones necesarias... Acabo de tropezarme con algunos: están furiosos con Dumbledore porque no los deja entrar en los terrenos del castillo.
- Menos mal - dijo la profesora McGonagall tajantemente. -¿Cómo íbamos a dar clase con esos monstruos rondando por allí?
- De todas formas, - objetó Fudge- están aquí́ para defendernos de algo mucho peor. Todos sabemos de lo que Black es capaz...
- ¿Sabéis? Todavía me cuesta creerlo - dijo pensativa la señora Rosmerta.- De toda la gente que se pasó al lado Tenebroso, Sirius Black era el último del que hubiera pensado... Quiero decir, lo recuerdo cuando era un niño en Hogwarts. Si me hubierais dicho entonces en qué se iba a convertir...
- No sabes la mitad de la historia, Rosmerta - dijo Fudge con aspereza.- La gente desconoce lo peor.
- ¿Lo peor? - dijo la señora Rosmerta con la voz impregnada de curiosidad.- ¿Peor que matar a toda esa gente?
- Desde luego, eso quiero decir - dijo Fudge.
- No puedo creerlo. ¿Qué podría ser peor?
- Dices que te acuerdas de cuando estaba en Hogwarts, Rosmerta - susurró la profesora McGonagall.- ¿Sabes quién era su mejor amigo?
- Pues claro - dijo la señora Rosmerta riendo ligeramente.- Nunca se veía al uno sin el otro. ¡La de veces que estuvieron aquí́! Siempre me hacían reír. ¡Un par de cómicos, Sirius Black y James Potter!
A Harry se le cayó la jarra de la mano, produciendo un fuerte ruido de metal. Ron le dio con el pie.
- Exactamente - dijo la profesora McGonagall.- Black y Potter. Cabecillas de su pandilla. Los dos eran muy inteligentes. Excepcionalmente inteligentes. Creo que nunca hemos tenido dos alborotadores como ellos.
- No sé - dijo Hagrid, riendo entre dientes.- Fred y George Weasley podrían dejarlos atrás.
- ¡Cualquiera habría dicho que Black y Potter eran hermanos! - terció el profesor Flitwick.- ¡Inseparables!
- ¡Por supuesto que lo eran! - dijo Fudge.- Potter confiaba en Black más que en ningún otro amigo. Nada cambió cuando dejaron el colegio. Black fue el padrino de boda cuando James se casó con Lily. Luego fue el padrino de Harry. Harry no sabe nada, claro. Ya te puedes imaginar cuánto se impresionaría si lo supiera.
- ¿Porque Black se alió con Quien Ustedes Saben? - susurró la señora Rosmerta.
- Aún peor; querida... - Fudge bajó la voz y continuó en un susurro casi inaudible- Los Potter no ignoraban que Quien Tú Sabes iba tras ellos. Dumbledore, que luchaba incansablemente contra Quien Tú Sabes, tenía cierto número de espías. Uno le dio el soplo y Dumbledore alertó inmediatamente a James y a Lily. Les aconsejó ocultarse. Dumbledore les dijo que su mejor defensa era el encantamiento Fidelio.
- ¿Cómo funciona eso? - preguntó la señora Rosmerta, muerta de curiosidad. El profesor Flitwick carraspeó.
- Es un encantamiento tremendamente complicado - dijo con voz de pito- que supone el ocultamiento mágico de algo dentro de una sola mente. La información se oculta dentro de la persona elegida, que es el guardián secreto. Y en lo sucesivo es imposible encontrar lo que guarda, a menos que el guardián secreto opte por divulgarlo. Mientras el guardián secreto se negara a hablar, Quien Tú Sabes podía registrar el pueblo en que estaban James y Lily sin encontrarlos nunca, aunque tuviera la nariz pegada a la ventana de la salita de estar de la pareja.
- ¿Así que Black era el guardián secreto de los Potter? - susurró la señora Rosmerta.
- Naturalmente - dijo la profesora McGonagall.- James Potter le dijo a Dumbledore que Black daría su vida antes de revelar dónde se ocultaban, y que Black estaba pensando en ocultarse él también... Y aun así́, Dumbledore seguía preocupado. Él mismo se ofreció como guardián secreto de los Potter.
David se levantó en ese momento con la excusa de ir al baño. Sabía lo que Harry iba a escuchar ahora. El, ya lo había leído varias veces y siempre acababa cabreado, sabiendo que era mentira. No quería que nadie le notara el enfado.
Comentarios.
Hola a todos. Un capítulo más y uno menos. (uy, que filosófico ha sonado esto). No se que explicar sobre este capítulo, a ver que os parece a vosotros. Espero que os guste.
AVISO
El proximo capitulo es muy importante y voy a necesitar de bastante tiempo y de ayuda externa para escribirlo. Es de un tema que no se me da nada bien escribir y por eso tardare mas de lo habitual en renovar. Lo comento aqui para que nadie se preocupe. No he dejado de escribir el fic.
Eso si, sigo disponible para cualquier duda, sugerencia, garrotazo y demas.
Un bratzo, xotug.
