Una mano se deslizó en mis pantalones en algún momento de la noche, con los dedos rozando mi clítoris mientras una boca reclamaba mi pecho. Gemí, somnolienta e insegura de si era un sueño o no. Entonces, la mano me bajó los pantalones. Abrí los ojos, ahora despierta, tratando de averiguar lo que estaba pasando. Un hombre estaba encima de mí. ¿Hidan? Abrí la boca para gritar y una mano la cubrió incluso mientras hablaba.

—No más dormir con una mierda como esta —murmuró Sasuke mientras empujaba su pierna entre las mías—. O duermes desnuda o con algo sexy, sin excusas. —Entonces, me besó suavemente bajo el oído izquierdo, acariciando mi cuello. Sacó su mano de mi boca y golpeé su hombro.

Se rió.

—¡No me tapes la boca! —siseé.

—No quería que gritaras y me perforaras el tímpano, nena —replicó, con voz baja y sexy. Presionó sus caderas en la base de las mías y me estremecí. ¿Cómo podía cabrearme tanto y a la vez encenderme de esta manera? No era justo—. ¿Vas a comportarte o debería atarte?

—¿Hablas en serio?

—Joder, sí, lo digo en serio —respondió Sasuke, llegando hasta encontrar mi clítoris. Me arqueé y gemí, porque sin importar lo enfadada me que ponía, la puta de mi interior lo deseaba. Tanto—. Soy el jefe. Recuerda eso o te lo enseñaré.

Agarró mis muñecas y las puso rudamente sobre mi cabeza, manteniéndolas prisioneras con una mano mientras que la otra me trabajaba como lo hizo en el baño. Mi cuerpo estaba hambriento por esto, todavía deseoso. Había estado demasiado paranoica para tocarme a mí misma después de la ducha, nerviosa de que él entrara a mi cuarto y me descubriera. No sabía por qué esconderle esa parte de mí parecía tan importante, pero lo era.

En menos de un minuto, me tenía preparada y lista. Se apartó y escuché el crujido de un envoltorio de condón desgarrándose. Sasuke masculló una maldición en la oscuridad antes de girarse, agarrando mis manos y fijándolas a cada lado de mi cabeza mientras alineaba su polla con mi apertura.

Sasuke tenía una gran polla, eso lo sabía. Pero realmente no entendí las explicaciones hasta que empezó a empujar dentro de mí, lento y constante, sin problemas ni interrupciones. Me retorcí contra la cama mientras me llenaba, la satisfacción de sentirse llena templada con pequeñas punzadas de dolor estirándome a lo ancho. Sólo podía distinguir sus facciones en la tenue luz de la luna que entraba a través de la ventana, una máscara de determinación y deseo que me abrumaba. Entonces, tocó fondo, con las bolas profundamente en mi cuerpo. Mis músculos se contrajeron a su alrededor, pequeños temblores corrían a través de mí mientras luchaba por retenerlo.

—Tienes que acostumbrarte a mí, nena —murmuró, dejando caer besos a través de mi rostro antes de tomar mi boca de nuevo por primera vez sin urgencia—. Me lo tomaré despacio.

Y así fue. Gradualmente sentí que me relajaba a su alrededor y cuando empezó a acariciarme, esa gran polla suya frotaba contra mí en lugares que ni siquiera tenía idea de que existieran. Poco a poco se movió más rápido y empecé a levantar mis caderas para encontrarlo, con mi cuerpo ávido de más. Normalmente no me corro sólo sexo con vaginal, necesito más estimulación para mi clítoris. Sin embargo, Sasuke era diferente, porque su cuerpo era lo suficientemente grande para extenderme de par en par, exponiendo mi centro al delicioso borde de su erección cuando bombeaba dentro y fuera de mi cuerpo. Tener mis brazos sujetos añadió más a la experiencia, porque no podía hacer nada para detenerlo. Tuve que tomar lo que me daba, sin argumentos, y eso era extrañamente liberador, completamente libre de culpa sexual.

No esperé mucho para venirme, arqueando mi espalda de la cama, cada músculo en mi cuerpo apretándose lo suficientemente duro para que doliera.

Fue entonces cuando me dejó ir y empezó a follarme de verdad.

Sasuke pasó de ser un amable amante a un motero matón, levantándose en sus rodillas mientras liberaba mis brazos. Agarró mi cintura, levantando e inclinando mi pelvis para proveer un mejor ángulo cuando literalmente folló mi cuerpo. No tenía ni idea de cuánto tiempo pasó, pero sabía que en un momento alcancé y froté mi clítoris, persiguiendo un segundo orgasmo. Cuando me golpeó y me apreté a su alrededor de nuevo, él cayó por el borde, explotando dentro de mí.

Me dejó caer en la cama, cubriéndome mientras su polla se resistía y estremecía por su liberación.

Santa mierda.

Ambos estábamos quietos, jadeando mientras nos recuperábamos. Entonces, Sasuke salió de mí, se puso de pie y se quitó el condón, arrojándolo en un pequeño cesto de basura junto a la cómoda. Salió de la habitación sin decir una palabra, dejándome en la oscuridad.

Nunca me había sentido más sola en la vida.

Me desperté con la luz del sol y el silencio.

Rodando fuera de la cama, hice una mueca ante el dolor entre mis piernas, aunque no podía decir que lo lamentara. Nunca antes había sido así, ni siquiera con mi vibrador. Me puse una sudadera con sujetador y vaqueros sin bragas.

Anoche no había pensado en enjuagar mis otras y, desde luego no iba a ponérmelas de nuevo sucias. Sasuke podía haber declarado mis zonas íntimas como una zona libre de bragas, pero necesitábamos hablar de eso. De ninguna manera iba a ir sin ropa interior permanentemente.

Llegué al baño y bajé las escaleras, buscando sonidos de vida.

—Sasuke, ¿estás aquí? —llamé. No respondió, pero escuché el chasquido de las garras de un perro en el piso de madera. No estaba del todo cómoda con losperros y este sonaba grande para mí. Sasuke no me dejaría sola con un animal violento, me dije firmemente. Podría ser un idiota, pero no me quería muerta. Miré por encima de la barandilla, a punto de volver corriendo a mi cuarto si resultaba ser un monstruo. En su lugar, encontré a un perro de tamaño medio con largo pelo negro interrumpido por rayas blancas, mirándome esperanzado. Su boca estaba abierta en una sonrisa de cachorro, con la lengua cayendo por el lado.

No era exactamente un asesino.

—Hola —dije suavemente, haciendo mi camino por las escaleras. El perro me miraba intensamente. Llegué al pie de las escaleras y mantuve mi mano baja. El perro se acercó a mí, olfateando mi mano y luego empezó a cabecear contra ella reclamando una caricia. Estuve agradecida cuando el perro se fundió en el suelo, retorciéndose en éxtasis.

—No eres más que un cachorro —murmuré—. Apuesto a que vuelas cuando saltas... ¿te gusta perseguir palos?

—Ten cuidado con lo que le dices —dijo Sasuke—. Empiezas a hacer promesas y él se mantendrá fiel a ellas. También cuesto un infierno cansarlo.

—No pensé que estabas aquí —murmuré.

—No todos hacemos ruido contantemente —respondió—. Sonabas como una manada de alces allá arriba.

Fruncí el ceño.

—No sonaba como un alce —dije—. No es mi culpa que los suelos sean viejos y chirriantes.

—No dije que sonaras como un alce —respondió, una expresión casi amistosa en su rostro—. Dije que sonabas como una manada de alces. Hay una gran diferencia.

Puse los ojos en blanco.

—Hice el desayuno —dijo, señalando con su barbilla hacia la cocina—. No es mucho. Quiero que te hagas cargo de la cocina y esas mierdas, pero tenía hambre y no despertabas.

Me sonrojé, pensando en por qué había estado cansada y él dio una risa baja y satisfecha.

—Este es Aoda, por cierto —agregó, señalando con la barbilla hacia el perro. Me quedé mirándolo.

—¿Tienes un perro llamado Aoda? —pregunté, no muy segura de sí había escuchado bien.

—Mi sobrina le puso el nombre —respondió Sasuke, encogiéndose de hombros—. Rompería su corazón si se lo cambiaba y me imaginé que al perro no le importaría una mierda. Puedo vivir con Ao.

Asentí, mordiendo el lado de mi mejilla. Una vez más, el motero rudo era un misterio. Lanzaba amenazas, llevaba una pistola que estaba bastante segura que sabía cómo usarla y dejaba a su pequeña sobrina nombrar a su perro.

Doble personalidad, sin duda.

El desayuno no fue lujoso, pero sorprendentemente bueno. Había hecho tostadas francesas con un poco de jamón a un lado y porciones de melón maduro y jugoso. La comida siguió el mismo patrón que la noche anterior, excepto que esta vez me dijo que armara una lista de compras después que terminamos. Entonces desapareció, llevándose al perro con él.

Pasé alrededor de una hora trabajando a mi manera a través de la cocina, haciendo notas de lo que tenía y lo que necesitaba, sorprendiéndome de encontrar que si bien no tenía un montón de electrodomésticos de lujo, lo que tenía era sólido y de alta calidad. Lo mismo con las ollas y los utensilios. Para cuando regresó, tenía una larga lista, suficiente para llenar ambos lados del papel. Lo miró, enarcando una ceja, pero no se quejó.

—La camioneta está en frente —dijo, dirigiéndose hacia la puerta. Lo seguí a toda prisa, deseando tener mi bolso, pero no del todo segura de que me esperara si iba a buscarlo. Aoda bailaba entre nosotros y trató de saltar en el Tahoe verde oscuro estacionado junto a la casa.

—De ninguna jodida manera —dijo Sasuke a Aoda y el perro le ladró, suplicando claramente.

—No —repitió, con voz firme.

Aosa se escabulló, luciendo lamentable.

—¿No lo atas o algo? —pregunté mientras empezamos a bajar por la calzada.

—No es necesario —dijo Sasuke—. Estoy lo suficientemente alejado para no tener que preocuparme de niños o extraños que lo lastimen. Él sabe dónde está su casa y supongo que si decide escaparse, esa es su elección. Hasta ahora parece feliz de quedarse.

Un poco como yo, me di cuenta. Podía irme en cualquier momento, pero no lo haría y Sasuke lo sabía.

Me sorprendió bajando por la autopista después que llegamos a Coeur d'Alene, conduciendo a través de la frontera hacia Washington. Después de veinte minutos, salió cerca de un gigante centro comercial y aparcó sin decir una palabra.

—Pensé que íbamos a por comida —dije, confundida.

—Lo haremos —respondió Sasuke—. Pero primero tengo que conseguir algunas otras cosas.

Lo seguí hacia el centro comercial y no pude dejar de notar la cantidad de atención que recibía, la mayor parte de mujeres. Reconozco eso, porque Sasuke era un infierno de espectáculo. Alto, tatuado, cabello hacia atrás y vistiendo su chaqueta sobre una camiseta tan descolorida que no podrías decir cuál era el diseño original. Vaqueros que mostraban un culo excepcionalmente bueno y la cadena que colgaba sobre su cadera pegada a su cartera completaban el cuadro perfecto. Los hombres también lo notaban. La mayoría se apartaban de su camino, incluso los jóvenes pandilleros que pretendían ser rudos. No podía decidir si se sentía más como caminar con un superhéroe o un súper villano, de igual manera la gente salía rápido del camino.

Lo seguí sin preguntas hasta que nos detuvimos frente a Victoria Secret.

Entonces, me crucé de brazos y negué con la cabeza.

—Oh, no. No voy a entrar ahí contigo. Podemos ir a un Wal-Mart o algo así.

—No te quiero vistiendo la mierda que usaste con Hidan —respondió Sasuke, cubriendo un brazo alrededor de mi cuello y empujándome hacia su cuerpo. Se inclinó y habló directamente en mi oído, con voz ronca—: Me importa una mierda si no vuelves a usar ropa interior de nuevo, pero sé que las mujeres son extrañas al respecto. Aquí está el compromiso. Voy a comprarte nueva mierda, pero sólo mierda que me guste. Vas a usarla hasta que te la quite para follarte. Todos ganamos.

Abrí mi boca para protestar, entonces la cerré bruscamente. Necesitaba bragas y sujetadores, y no tenía mi propio transporte. Anoche había sido lo suficientemente inteligente para meter mi dinero en efectivo y tarjeta de débito en mi mochila, pero ese dinero tenía de durar hasta que consiguiera otro trabajo.

Mierda, me había olvidado del trabajo.

—Tengo que llamar a mi jefa —dije.

—¿Tenías programado trabajar hoy? —preguntó, deslizando su mano hasta enredarla en mi cabello. Negué con la cabeza.

—No, no hasta mañana.

—Entonces, llámala cuando lleguemos a casa.

—¿Qué voy a decirle? —Me preocupé—. Ella ha sido tan buena conmigo, no merece que yo simplemente desaparezca sin previo aviso...

—Dile que fuiste secuestrada por un motero y ahora eres prisionera en las montañas —dijo, inclinándose y cogiendo mi boca con la suya en un largo y lento beso que me dejó temblorosa. Antes de poder recoger mis pensamientos, agarró mi mano y me tiró dentro de la tienda. Me aparté, todavía no demasiado feliz con la idea. Se volvió hacia mí, puso ambas manos en mis hombros y se inclinó hacia mí, cara a cara.

—Nena, no puedo esperar para verte en alguna de esa mierda —dijo—. Tu antiguo trabajo no es mi prioridad aquí. Me importa una mierda lo que le digas, siempre y cuando no presente denuncia por persona desaparecida y haga mi vida un dolor en el trasero. Si lo hace, las cosas no irán bien. ¿Queda claro?

—De acuerdo —dije, mordiéndome el labio. Sus ojos capturaron mi boca y se oscurecieron, así que rápidamente me alejé y me dirigí hacia un estante de bragas, las simples. Bonitas pero no puta, algodón liso. Sasuke me siguió, mirando mientras yo escogía un par de y negaba con la cabeza.

—Píllate algunas de esas, las querrás cuando estés limpiando —murmuró, tocando uno con disgusto—. Pero el resto del tiempo te quiero con algo más sexy.

Su tono no dejaba ningún margen para la negociación, así que no me molesté en argumentar cuando me giró completamente y me empujó hacia los estantes con cosas de alta gama. Una vendedora se nos acercó, toda agita pestañas y sonrisas para Sasuke. Antes de darme cuenta, yo estaba en un probador con ella, teniendo mis medidas y con una pila de cosas para probarme. Sasuke también quería venir, pero me mantuve firme, así que esperó afuera y lo llamé para ver cada conjunto una vez que lo tenía puesto. No conozco cuales son las políticas de la tienda teniendo parejas solas en los probadores, pero aparentemente no se aplicaban a gigantes moteros.

Desafortunadamente, esto significaba que él tomaba la decisión final sobre lo que me probaba y lo que él planeaba comprar. Al final, tenía seis nuevos pares de sexys bragas con sujetadores a juego, agregando seis pares de algodón liso.

Algunas eran tangas, otras de corte alto a través de mi trasero, pero todas mostraban mi figura de una forma que nunca iba a admitir que era caliente. Luego, él empezó a agarrar corsés y camisones. Algunos parecían como algo de burdel, todo de encaje negro y satén rojo brillante. Otros eran más de buen gusto, incluyendo un camisón largo de encaje en conjunto de una bata de seda que parecía casi virginal. Mi pieza favorita era un corsé color marfil y corpiño adornado con cintas de color rosa ligeramente en forma de pequeñas rosas. Había bragas a juego y la mirada en la cara de Sasuke cuando los vio me convirtió en líquido.

Terminamos gastando más de mil dólares. Casi tuve un ataque al corazón, pero Sasuke sólo me ignoró mientras pagaba a la chica en efectivo. No sabía quién tenía los ojos más abiertos de par en par cuando sacó el fajo de billetes, si los suyos o los míos. Luego, me entregó un sujetador con push-up negro y una tanga a juego, diciendo:

—Ve a ponértelos.

Hice lo que me dijo.

Pensé que era el final de nuestras compras, pero cuando volvimos al auto, me condujo a un concesionario de motocicletas. Ahí me compró un par de camisetas sin mangas de Harley-Davidson que eran mucho, mucho más pequeña que cualquier cosa que alguna vez haya usado en público antes y una chaqueta de cuero ligero. A continuación, nos detuvimos en un lugar llamado la Línea, un club de nudistas con un almacén adjunto lleno de ropa de mujeres. Al parecer pertenecía a las Parcas, y aunque el lugar no estaba abierto todavía durante el día, el personal había llegado y estaba ocupado preparándose.

—No me gusta este lugar —dije mientras lo seguía a través del club hacia una puerta en la pared del fondo. Dondequiera que miraba, habían chicas vistiendo casi nada, algunas de ellas desnudas, excepto por tangas y tacones altos, mientras que otras llevaban batas de seda. Unas pocas tomaron su brazo, presionándose contra su costado. Algunas me miraban especulativamente. Una lo alcanzó y deslizó su mano sobre su bragueta, apretando mientras besaba su cuello.

—Atrás —dijo Sasuke, claramente molesto. Ella puso mala cara y se giró, mirándome—. Jodidas perras —murmuró, abriendo una puerta que conducía a la tienda de al lado.

No estaba abierta por el día y yo estaba agradecida por eso. Este lugar hacía que Victoria Secret luciera como un almacén de gabardinas. Bragas comestibles, tacones de nudistas, cuero, encajes y juguetes sexuales por todas partes, incluyendo algunos que hicieron que el equipamiento de Sasuke luciera pequeño, lo cual me dio una especie de susto. Literalmente no podía encontrar un lugar a salvo para poner mis ojos, así que miré a Sasuke en su lugar, mientras agarraba un traje mejor descrito como ―puta post moderna. Incluía un corsé/corpiño de cuero marrón oscuro que llegaba hasta la mitad del estómago, exponiendo mi ombligo y las curvas de mi cintura. Tiró una falda tan corta que de verdad me pregunté si conseguiría que me arrestaran si salíamos en público.

—No puedo ponerme esto —le dije, negando con mi cabeza mientras me miraba en el espejo. Se puso de pie junto al mostrador, ignorándome—. No puedo, Sasuke. Voy a morirme.

—Te lo pondrás —respondió, obviamente preocupado cuando escribió algo en un libro de contabilidad.

—No.

Me miró, tomando mi beligerante postura. Entrecerró los ojos y nos quedamos inmóviles cerca de un minuto, sin ninguno de los dos pestañeando ni cediendo un centímetro.

—¿Vamos a repasar las reglas de nuevo? —preguntó finalmente—. Si recuerdo las cosas, aceptaste hacer lo que fuera para mantener a salvo al marica de tu hermano, a pesar del hecho de que él vino a nosotros, pidiendo que lo respaldáramos y luego jodiéndonos. En mi mundo, eso es un funeral prepagado. ¿Cambias de opinión sobre nuestro trato? La puerta está justo ahí, nena.

—No te entiendo —dije, con voz baja y temblorosa—. Puedes ser tan dulce algunas veces. ¿Por qué haces esto? —pregunté, señalando el horrible traje que había escogido—. ¿En serio, me odias tanto? No creo que merezca esto, Sasuke.

Él negó con la cabeza, alcanzando y agarrando el puente de su nariz entre su pulgar e índice.

—No te odio, nena —dijo—. Me cabreas, pero puedo vivir con eso.

Demonios, jodidamente me enciendes la mayoría de las veces. Pero no entiendo todo lo que está pasando aquí y no puedo decírtelo sin joder las cosas. Si esto te molesta, lo siento, pero hay una buena razón para ello. Sólo tienes que confiar en mí.

Volvió de nuevo al libro de contabilidad, ignorándome por otro minuto. Lo miré, considerando seriamente si debía o no retirar nuestro trato, pero no podías hacerle eso a Kiba. Me necesitaba.

—Mierda, lo olvidé —dijo Sasuke de repente—. Necesitas algunos zapatos, también. Ve y escoge algo. No importa cuales, cualquiera servirá.

Feliz por una distracción, me acerqué a la pared de zapatos, agradecida de que por una vez pudiera elegir por mí misma. Entonces, me di cuenta de por qué no se molestó en decirme que elegir, porque todos y cada par estaba claramente diseñados para desnudarse y nada más. Me decidí por un par de cuero de charol Mary Jane que habría parecido casi recatado si no tuvieran un tacón de aguja de diez centímetros.

Sorprendentemente, casi cada otro zapato tenía incluso tacones más altos, algunos de ellos con plataformas tan altas que dudaba que hubiera sido capaz de dar un solo paso usándolos. Agarré los zapatos y se los di a Sasuke, quien no dijo nada. Aunque sus ojos se oscurecieron y se agachó para ajustarse los pantalones.

Sentí un pequeño estremecimiento de deseo y poder rugiendo a la vida, que me asustó. ¿Por qué no podía decidir si me gustaba o lo odiaba? ¿Cómo podía pasar de estar enojada a caliente tan increíblemente rápido? No era justo. Me cambié de nuevo de ropa y las guardó, junto con algunas pequeñas camisetas sin mangas y camisetas de maga corta que decían ―Apoya al Club de Motocicletas Las Parcas.

Al menos el viaje al supermercado no estuvo mal. Nos llevó cerca de una hora conseguir todo lo de la lista. Una vez más, la gente se encargó de mantenerse fuera de su camino, lo que funcionó bien para mí. Ni siquiera tuvimos que esperar en la línea de salida, todo el mundo sólo nos indicaba con la mano que pasáramos delante de ellos.

—¿Es siempre así? —pregunté mientras cargábamos las compras.

—Normalmente —respondió—. No somos el club más grande, pero sin duda estamos a cargo por aquí. Mientras ellos nos dan respeto, todo está bien. No muchos ciudadanos desean enfrentarse a una Parca, eso es malditamente seguro.

—¿Qué pasa si lo hacen? —pregunté. Me dio una mirada penetrante.

—¿Qué crees?

Pregunta estúpida.

Cuando llegamos a casa, Sasuke insistió en descargar los víveres, diciéndome que fuera arriba y guardara mis cosas nuevas. Mientras que pensar en la falda de nudista me daba urticaria, tenía que admitir que los zapatos me hicieron sentir un poco sexy. No pude resistir a probarme de nuevo el corpiño, que no estaba tan mal con mis vaqueros a la cadera. No podías ver mi cuerpo completo en el espejo del tocador, pero vi lo suficiente para saber que me veía bien.

Realmente bien.

Una vez terminé de sacar las etiquetas y guardar las cosas, bajé las escaleras. Sasuke se había ido, pero encontré una nota en la mesa.

Tengo mierda que hacer... pasa el rato y ponte cómoda. Estaré de vuelta alrededor de las siete. Ten la cena lista. Vamos a salir esta noche.

No era exactamente el maestro de transmitir información.

Agarré el teléfono inalámbrico de la casa de Sasuke y un libro y me acomodé en el pórtico para llamar a Kurenai y dejarle saber que no volvería a trabajar. Me sentí como una completa idiota cuando le dije que no pude avisarle con tiempo.

No se creyó mi excusa ni por un minuto.

—¿Qué está pasando? —exigió—. No me mientas, Sakura. Tu remolque se quemó anoche, ¿y ahora me dices que estás viviendo con un hombre que apenas conoces? ¿Qué está sucediendo realmente? Dime por qué no debería llamar a la policía.

Fue difícil de hacer, pero traté de poner la cantidad justa de preocupación sobre el remolque quemado en mi voz mientras todavía sonaba feliz por mis nuevas circunstancias.

—Kiba me llamó anoche y me dijo lo del remolque —dije, tratando de sonar seria y triste—. Dijo que lo inició, supongo que dejó su pipa en el suelo antes de ir a comprar cerveza. Estoy triste porque se quemó, pero tengo suerte porque ya tenía todas mis cosas empacadas para mudarme. Kiba me dijo que está quedándose con un amigo. No quería que volviera, dijo que es su problema y no tiene un lugar para mí de todos modos.

—Ya veo —dijo Kurenai, aunque claramente no lo hacía—. No creo que esa sea la historia completa, pero supongo que coincide con la historia del periódico. Sakura, odio decir esto, pero no voy a ser capaz de darte referencias.

—Entiendo —respondí, sintiéndome deprimida.

Ella suspiró profundamente.

—Llámame si me necesitas. Respetaré tu decisión, pero las cosas rápidas a veces salen mal.

—Gracias, Kurenai —dije, con los ojos llorosos. No merecía su amabilidad, sin embargo la ofrecía sin ataduras. Cuando colgué el teléfono, decidí que a veces la bondad duele más que recibir un golpe físicamente.

Qué sorpresa.

Fiel a su palabra, Sasuke desapareció hasta un poco antes de las siete. Pasé mi tiempo sola, leyendo y explorando la propiedad. Había varios edificios anexos, incluyendo un antiguo granero y una barraca. El granero había sido limpiado y convertido en una tienda donde Sasuke parecía estar reconstruyendo un par de diferentes motocicletas. Encontré una nevera allí con algunas cervezas dentro, lo que me hiso pensar en Obito, Max y Bam Bam visitándome a mí y a Kiba en mejores tiempos. Sasuke tenía un gran fogón en la parte trasera, rodeado de troncos. Había también cuatro mesas de picnic, obviamente hechas a mano.

Supongo que Sasuke era bueno con sus manos en más de una forma. Preparé pollo y albóndigas para la cena, uno de mis favoritos porque siempre llenaba la casa con un olor agradable y confortable, perfecto para terminar el día. Oí el tubo de escape de la Harley afuera y luego a Sasuke entrando por la sala.

—Qué bien huele bien aquí —dijo, envolviendo sus brazos a mi alrededor.

Me recosté contra él, disfrutando de la sensación de su cuerpo contra el mío. Aparentemente, el dulce Sasuke estaba uniéndose a mí para la cena, en vez del gemelo malvado—. Después de comer, vamos a salir. Quiero que uses la ropa que escogimos en la Línea.

Me puse rígida, alejándome de él. Demasiado para el dulce Sasuke. Suspiró, pero no tiró de mí de nuevo. En su lugar, caminó hacia la estufa y se asomó a la olla a fuego lento. Lo fulminé con la mirada, decidiendo que podía servirse su propia maldita comida. Se encogió de hombros, tomando un tazón y llenándolo antes de poner algo de ensalada en un plato. Lo llevó a la mesa, sentándose y comiendo con apetito.

—¿Vas a comer? —preguntó después de un par de minutos.

Quería decirle que se fuera al infierno con sus nudistas y su ropa desagradable y espeluznante, pero mi estómago escogió ese momento para gruñir, totalmente arruinando el momento. Agarré comida y me senté frente a él.

—Ese lugar al que vamos esta noche —dijo—. Es otro club MC, Bastardos Plateados, a las afueras de Callup.

—¿Dónde está Callup?

—Silver Valley, entre aquí y Montana. En medio de la nada, realmente. Son un club de apoyo de las Parcas, recorren el valle por nosotros.

Eso llevó a un centenar de preguntas, todas las que sospechaba que caerían bajo la categoría de ―negocios del club. Decidí centrarme en la logística, en su lugar.

—¿Cómo voy a llegar ahí?

—En la parte trasera de mi moto —respondió, como si la respuesta fuera obvia.

—¿Con esa falda y esos tacones? No es un buen plan, Sasuke.

—No es el más cómodo —agregó—. Pero tenemos que hacerlo.

—¿Por qué?

—Tienes que dar buena impresión —respondió—. Suficientes preguntas. Escucha... cuando lleguemos allí, te quedas conmigo y me refiero a todo el tiempo, a menos que te diga lo contrario. No tienes insignia de propiedad y no eres mi mujer. Cada motero en el lugar querrá etiquetarte en los primeros cinco minutos. Eso significa temporada abierta y usando ropa como esa atraerás un montón de atención.

—Entonces no me hagas usarla.

—Haz lo que te digo. No tomes una bebida a menos que yo la compruebe. No bailes con nadie. Si tienes que mear, me lo dices y te acompañaré. Si alguna perra se te encara mientras estás en el baño, grita fuerte para que pueda oírte. ¿Entendido?

Estuve de acuerdo, sin gustarme para nada el sonido de eso.

—Sube y prepárate ahora. Tu cabello va a volar en la moto, así que no te preocupes demasiado por ello. Pero quiero ver un montón de maquillaje. Y no te molestes en llevar un bolso, sólo tu identificación. Yo la llevaré.

Hice una mueca. Por supuesto que la llevaría por mí. Estúpida ropa de nudista que no venía exactamente con bolsillos. Esto iba a apestar.