Aquí estoy de nuevo! No tengo tiempo así que seré breve... Muchas gracias por los reviews, los nombro individualmente: Saiyury11, V&7a...Potter, Angelvier, Ray, Fénixlh, Dragfire, Fénix plateado y Gandalf Dumbledore. A todos muchas gracias. Y agradezo también la ayuda con el nombre del fénix. Estuve a punto de poner Osiris pero al final encontré uno que significaba exactamente lo que quería...

Este capítulo es más alegre que el otro(eso no era muy difícil), y básicamente es una cosa¡Acción! Espero que les guste...

Capítulo 12: Ministerios

Varios días habían pasado desde el episodio de la poción. Días intensos, días llenos de explicaciones, disculpas y más que ninguna otra cosa, inquietud. Se palpaba el nerviosismo en el ambiente de la sala de los herederos. En unos días más volverían al tiempo real con todo lo que ello conllevaba, y su primera aparición en público estaba a la vuelta de la esquina.

Harry... su perspectiva había tomado un rumbo interesante. Tras haber destrozado su dormitorio, pasaba día y noche en el cuarto de entrenamiento. Su habitación ya estaba completamente restaurada, pero después de haber obtenido el poder de la poción, pasaba todo el día entrenándose. Él nunca ordenaba sus cosas, pero no pudo más que agradecer a Merlín el que cuando había llegado a su dormitorio de Griffindor hubiera colocado sus cosas en el armario empotrado, el único mueble que había sobrevivido al desastre, supuestamente inmune al fuego. Aunque creía recordar que había ordenado mejor sus cosas cuando Hermione le dijo que había visto en su cuarto las pociones, lo que le llevó a intentar esconder sus cosas más íntimas.

Sin pretenderlo, ahora tenía dos criaturas a su cargo. Con la serpiente había mantenido una conversación importante después de lo sucedido, tenía cosas que agradecerle y cosas que aclarar con ella.

FLASH BACK

Habían pasado algunas horas desde la muerte de Hedwig, todavía se encontraba cansado y fatigado, pero ya había descansado algo y tenía cosas que aclarar antes de poder dormir, seguramente un día entero. Entró en el cuarto de baño, todo lo que había sucedido solo unas horas antes le vino a su cabeza como recordándole lo que había estado a punto de hacer. Sin embargo, el cuarto ya estaba completamente reparado, no se explicaba cómo, realmente la magia de ese lugar era asombrosa. Buscaba a su serpiente, esperaba que no le hubiera ocurrido nada después de haber perdido el control.

"¿Quetza¿Estás por ahí pequeña?"- Preguntó al aire, pero entonces vio algo en suelo, algo alargado, cuando se acercó, pudo ver como era la piel de su serpiente, chamuscada.- "NO, no puede ser..."- No le entraba en la cabeza que hubiera quemado viva a su serpiente, primero Hedwig, y ahora ella, no podía ser.

"¿Ocurre algo amo?"- cuando observó de donde salía la voz se llevó un susto que lo hizo resbalar y caer al suelo dejándolo sentado. La cabeza de una serpiente salía... ¡del inodoro! Pero no era su serpiente, era distinta. Antes era completamente negra, ahora era de un verde oscuro resplandeciente, los aros amarillos alrededor de su cuerpo desaparecieron completamente y se crearon unas líneas horizontales anaranjadas que recorrían su cuerpo. Aún así, hubo algo que no había cambiado, algo que reconoció para saber que esa, seguía siendo su serpiente, y eran sus maravillosos ojos verdes, iguales a los suyos.

"¡Quetza¡Estás viva!"- exclamó Harry con un suspiro de alivio.

"¿Debería estar muerta?"- preguntó la serpiente extrañada. Harry rió ante la pregunta incoherente de su amiga.

"Pensaba que sí¿y esto?- inquirió señalando a la piel chamuscada- "¿has cambiado la piel?"

"Sí, debí cambiarla hace días... y cuando me quemé con su poder amo, decidí que era el mejor momento, después me metí aquí para protegerme, esto lleva a un lugar enorme de agua donde hay criaturas interesantes, Quetza se ha estado divirtiendo un rato¿Quetza ha hecho mal amo?"

"No, no has hecho nada mal, al contrario"- dijo Harry pensando que su serpiente habría estado en el lago, no había ningún problema en qué se comiera algún grindylow, bastantes problemas le habían dado esos pequeños bichos en la segunda prueba del torneo.- " Anda, sal y ven, que tengo que hablar contigo... por cierto ¿puedes respirar debajo del agua?"

"Respirar no... pero puedo aguantar unas dos horas. ¿El amo ya... ya está mejor?- preguntó la serpiente dubitativa de sí debía o no preguntar aquello.

"Si, estoy mejor. De eso mismo quería hablar contigo... Muchas gracias por lo que hiciste antes, me dijeron que me habías salvado la vida, y ya van dos veces... ¿Cómo lo hiciste si se puede saber?- preguntó Harry interesado mientras pasaba una mano por la piel del reptil, una piel dura y fría, pero preciosa. Su serpiente ya alcanzaba los dos metros de largo.

"Quetza puede decidir que efecto producir con su veneno amo... simplemente inyectó una sustancia que le devolviera las fuerzas al amo"- explicó simplemente, aunque con un tono que dejaba ver que estaba orgullosa de que su amo le hubiera agradecido su trabajo.

"Pues muchas gracias. Y quiero aclarar urgentemente una cosa contigo. Si no entiendes que quiero que me llames Harry, entonces te lo ordeno... No vuelvas a llamarme amo ¿de acuerdo? Solo Harry... y deja de decir, Quetza hizo esto, Quetza lo otro... habla por ti misma, pareces un elfo doméstico, a veces lo haces bien, pero otras... Quiero que tengas tu propia personalidad, que estés segura de ti misma y que hagas cosas sin que yo tenga que ordenártelo. Como lo que has hecho de inyectarme esa sustancia, o de ayudarme contra la quimera. Quiero una compañera, no una sirviente..."- le reprendió Harry a su serpiente, ésta tardo un poco en asimilar lo que Harry le había dicho, pero después contestó felizmente.

" Gracias am...Harry, Quetza no fue enseñ... quiero decir que lo poco que estuve con mi familia, me enseñaron que debía ser la subordinada del amo... no que lo tratara como un igual."

"Pues tu no eres ni mi subordinada ni mi esclava, eres mi amiga, mi compañera... ¿qué te parece?"- dijo Harry contento al ver que su compañera empezaba a entender.

" Me parece bien... Harry, se me hace difícil."

"Seguro que en poco tiempo será algo normal. ¿Quieres ir al bosque a comer algo o a divertirte?"

" Si el amo... Si, me gustaría."- sentenció Quetza aún sin acostumbrarse al cambio de trato.- "¿Puedo decirte algo?"- preguntó temerosa.

"Por supuesto"

"La próxima vez que vayas a incendiarlo todo, avisa antes..."- replicó con un tono que se parecía mucho a una burla.

"Mira que rápido aprendes"- expresó Harry riendo- "Solo una cosa antes de mandarte al bosque, no ataques a los unicornios, a los thestrals ni a ningún gigante que puedas encontrarte."

"¿Crees que puedo matar a un gigante?- preguntó Quetza divertida.

"Si no pudieras... no serías mi compañera. Que te diviertas."- Y con un movimiento de su mano hizo desaparecer a la serpiente

FIN FLASH BACK

La otra criatura era más extraña, el fénix. Se comportaba de forma extraña, era como si Harry fuera la mascota del fénix y no al revés. Desaparecía sin razón alguna y al cabo de unas cinco horas aparecía y se podía quedar otras cinco junto a él sin moverse, sin hacer ningún ruido. Parecía como si lo supervisara, lo controlara, lo protegiera, lo vigilara, algo normal teniendo en cuenta las circunstancias en las que apareció. Un fénix aparecía para ayudar al mago en su misión, quizá la ayuda que él necesitaba fuera que alguien lo controlara y apoyara, algo que había quedado demostrado cuando el fénix surgió impidiéndole que siguiera destrozando todo, aunque ya no quedara mucho que destrozar.

El nombre del fénix, le había costado encontrar un nombre apropiado para un fénix como aquél. Al principio se le pasó por la cabeza llamarla (ya que era hembra), Hedwig, como su lechuza perdida. Pero le pareció una absoluta falta de respeto hacia su lechuza llamar a su nueva compañera como ella y hacer como si no hubiera ocurrido nada. Némesis, así había llamado a su fénix, en honor a una diosa griega. El nombre por si solo le había gustado, pero se decidió cuando vio que era lo que defendía esa diosa. La diosa de la venganza... venganza por su lechuza y por todos sus seres queridos. La diosa de la justicia retributiva, que consistía en castigar a alguien de forma proporcional al mal que había hecho, es decir, si un mortífago mataba, su castigo también era la muerte. También era la diosa de la fortuna, algo que le había hecho gracia, pues estaba claro que por fortuna había llegado el fénix a su vida, pero lo que le había hecho reír era que cuando los mortífagos vieran llegar al fénix a una batalla, empezarían a maldecir su suerte, o su fortuna, que para el caso sería lo mismo. En cualquier caso, estaba claro que la llegada del fénix lo había ayudado y lo ayudaría mucho en la misión que tenía.

Otra cosa que lo había sorprendido era que su reloj lo había avisado de que al día siguiente tendría que ir al ministerio a declarar. Al parecer su reloj era como una especie de agenda mágica, que sin pedírselo, registraba cualquier cita que tuviera, ese aparato no dejaba de sorprenderle. Habían decidido que en pocas horas dejarían ya de tener el tiempo detenido y se prepararían para cualquier ataque que pudiera surgir de aquí en adelante, así que su primera intervención se acercaba. Los fundadores les habían explicado otra cosa que tendrían que aprender, y era el detectar cualquier variación de magia. Es decir, debían sentir cuando se producía una grave alteración de la magia en cualquier lugar para ser los primeros en enterarse de que se había producido un ataque. Los fundadores tenían retratos en muchos lugares del mundo y podían enterarse de cuando se producía un ataque, pero eso no sucedía siempre, y en cualquier caso, de esa manera perdían mucho tiempo en reaccionar. Y, aunque fueran herederos, aprender esa destreza les llevaría bastantes horas de práctica.

Ahora él volvía a encontrarse, como siempre últimamente, en la sala de entrenamiento. Estaba preparándose para utilizar la cualidad que la sala tenía de recrear lugares y criaturas. La sala de piedra desapareció y ahora estaba en medio de un gran valle, rodeado de montañas y de algunos árboles enormes esparcidos por el terreno. No era de noche aún, estaba atardeciendo. Se detuvo un momento para observar la belleza del paisaje, la magia de aquella sala era increíble. Otra de las grandes ventajas que le había proporcionado tomar la poción fue el de solucionar su problema de vista. Las últimas veces, cuando había ido a Albania o a Cabeza de Puerco, había utilizado un hechizo que le corregía la mirada solo durante unas horas, pero ya no necesitaba las lentes para ver bien, aunque aún le costaba acostumbrarse a estar siempre sin ellas. Indudablemente su aspecto había cambiado, y mucho.

Un movimiento detrás de él lo sacó de sus pensamientos. Cuando se giró vio a un gigante de ocho metros que preparaba su brazo para golpearlo.

- ¡Desmaius!- rugió Harry alzando su mano, no tenía varita, la había roto, pero ya no la necesitaba, tenía poder de sobra. El rayo rojo chocó contra el gigante pero se desintegró al hacerlo. "Maldita piel" pensó. El gigante, furioso, se lanzó hacia él y Harry, hábilmente, esquivó el puñetazo del gigante y se coló entre sus piernas quedándose justo debajo de él, algo encorvado. El gigante, extrañado, se miró la mano y miró a los alrededores buscando a Harry. Silenciosamente, Harry desenvainó la espada de Griffindor de su espalda, y la elevó incrustándosela al gigante en una zona singularmente dolorosa. Retorció y extrajo la espada mientras el gigante soltaba un grito de dolor y después salió de debajo del gigante un segundo antes de que éste cayera de rodillas al suelo. Cuando iba a rematar al gigante, una flecha le pasó rozando el hombro rasgando su túnica, y al girarse vio como llegaban galopando tres centauros. Casi sin mirar, y sin pronunciar absolutamente nada, varios rayos verdes salieron de su mano hacia las criaturas. Éstos impactaron contra los centauros, haciendo que cayeran desplomados al suelo. Volcó de nuevo su atención al gigante, que seguía doliéndose en el suelo, corrió hacia él y con un salto le clavó la espada en la espalda, en el lado donde debía estar el corazón, matándolo al instante y volviendo a guardar su espada.

Lo había logrado, había conseguido hacer magia sin varita y sin decir nada, solamente con su simple pensamiento. Ya había alcanzado el objetivo que se había marcado al principio del entrenamiento. La poción le había concedido el poder necesario. Pero debía controlarlo, ya que cuando quería usar más poder del habitual, se descontrolaba produciendo un auténtico caos.

Miró hacia las montañas. Por un lado, bajaban cinco gigantes que hacían que el anterior pareciese su hijo. Por otra colina, bajaba poco menos que un ejército de centauros. Enfrentándose primero contra los gigantes, cerró su puño y concentró poder. Al cabo de unos instantes, alargó el brazo y abrió el puño lanzando un impresionante chorro de fuego que llegó hasta los gigantes y provocó una sonora explosión que, a los afortunados mató en el acto, pero a otros los dejó gravemente heridos, con miembros amputados y calcinándose bajo el fuego. Con los gigantes al margen, se centró en los centauros. Extendió los dedos de sus manos hacia ellos y se preparó para lanzar una buena cantidad de maldiciones asesinas a la vez.

- ¡Avada Kedavra!- gritó esta vez, esperando que su poder le permitiera hacer esa proeza. Vio que varios haces de luz verde salían de sus dedos cuando ocurrió algo que no tenía previsto. Justo cuando estaba a punto de lograrlo, en sus manos se produjo una explosión de energía que lo tiró hacia atrás y lo arrojo al suelo. Había intentado utilizar más poder del que podía controlar... y se había dado cuenta. Aún no controlaba lo suficiente su poder como para mandar diez maldiciones a la vez, podía realizar tres, como había hecho antes, pero diez se escapaba de sus posibilidades... de momento. Decidido a que terminaría de entrenar utilizando cosas algo más sencillas, se levantó del suelo a la vez que creaba un escudo protector deteniendo las flechas que le lanzaban desde lejos, aunque algunos centauros ya habían llegado hasta él. Con la mano izquierda, lanzó varios hechizos aturdidores a los más cercanos mientras que con la derecha volvía a sacar su espada. Cuando un centauro corrió hacia él intentando embestirlo, lo esquivó y con destreza, agarró su pelo y montó sobre él. El centauro rugió enfadado y se elevó sobre sus patas traseras, pero eso no logró que Harry cayera.- ¡Caparaunted!- exclamó acordándose de Angelina hacia un grupo de centauros que seguían en la distancia apuntándole con arcos. La bola blanca de energía colisionó contra los animales lanzándolos por los aires. Otro grupo de centauros lanzó hacia él otro ataque de flechas, tirando del cabello de la criatura hacia un lado y dejándose caer él mismo hacia el otro, hizo que el centauro girara y recibiera el impacto de la mayoría de las saetas. Se bajó de la criatura justo antes de que ésta se desplomara.- ¡Disper ray!- pronunció lanzándoles centenares de diminutos rayos anaranjados de los cuales los centauros no podían defenderse. Uno a uno fueron cayendo al suelo hasta que solo quedó uno, que orgulloso, embistió hacia él con todas sus fuerzas. Envolviéndose en fuego, desapareció un momento antes de que la criatura lo arrollara y cuando ésta se detuvo, apareció a su lado y le clavó la espada en el costado, lo que hizo que el centauro profiriera un grito de dolor y cayera al suelo.

Respirando de manera agitada a causa del esfuerzo realizado, miró a sus alrededores a la espera de si ya había superado esa prueba o aún le quedaban más criaturas que derrotar. Al parecer si, aún le quedaba una. Sonrió ante lo retorcida que podía resultar esa sala a la hora de invocar criaturas. De color rojizo, con manchas negras circulares esparcidas por todo el cuerpo y con el pecho y vientre blanco, allí se encontraba dirigiéndose hacia él lentamente y con pose altiva, un gigantesco leopardo de al menos media tonelada, un Nundu. Había leído acerca de esa temible criatura, decían que era tremendamente fuerte y ágil, que su aliento provocaba graves enfermedades y que hacían falta cien magos para dominarlo. "De cien a uno... restan noventa y nueve" pensó riendo para sí mismo. Queriendo acabar pronto con aquello alzó su mano derecha y empezó a susurrar cosas ininteligibles. Su mano empezó a temblar y una neblina grisácea la rodeó.

- Columhit Nevtrix Rum- murmuró serio, era una maldición muy potente y necesitaba mucha concentración, con esta maldición hablaban de cosas mayores. Entonces, con el mismo sonido que emitiría un cañón al ser disparado, una gigantesca esfera de energía que era una mezcla entre los colores gris, negro y verde, salió de su mano directa hacia el Nundu. Y sin previo aviso, el escenario cambió, todo se disolvió y volvió a estar en la original sala de entrenamiento. Hermione y Angelina entraban hablando animadamente por la puerta sin percatarse de lo que sucedía en el interior. Aunque todo hubiese desaparecido, su maldición era real, y seguía su dirección inicial, que ahora era... directamente hacia las chicas.- ¡NO... CUIDADO!- Gritó Harry asustado por lo que pudiese suceder. Si ese ataque llegaba hasta las chicas... si tenían suerte después podría recoger sus cenizas. Las chicas solo tuvieron tiempo de ver como una colosal bola de energía se les echaba encima sin poder hacer nada para evitarlo.

De repente, con un fogonazo, Némesis hizo una triunfal aparición interponiéndose entre las chicas y la esfera. Cuando la maldición impactó contra el cuerpo del fénix, éste, literalmente, se volatilizó, a la vez que la esfera explotaba Tras el impacto, una niebla de un gris oscuro a un metro de altura sobre el suelo se extendió por toda la sala.

- ¡Harry¿Pe... pero qué...?- Empezó Hermione aún titubeante por lo que acababa de suceder, pero Harry no le prestaba atención, emitía una luz con su mano y buscaba a su fénix entre la neblina.

- ¡Aquí estas! Creía que... - suspiró Harry con alivio pero sin atreverse a terminar la frase. Se agachó perdiéndose entre la niebla, y cuando volvió a erguirse tenía en su mano un pequeño bulto lleno de plumas.- La próxima vez podrían llamar antes a la puerta.- les reprendió Harry a las chicas- Por poco acaban... - pero tampoco acabó la oración esta vez, no podía bromear con aquello, porque la verdad es que habían estado muy cerca de desintegrarse ellas, que a diferencia del fénix, no tenían la habilidad de resurgir de sus cenizas.

- ¿Qué maldición era esa? Por poco nos matas, y ¿por qué la usaste, Harry?, era muy potente, y además... ¡no tienes varita! Sé que puedes hacer magia sin varita pero tienes que tener cuidado, ya sabes lo peligroso que es realizar magia sin una varita que canalice la energía.- Alegó Hermione nerviosa.

- Tranquilízate Hermione, estaba entrenando con criaturas... y la última, justo antes de que ustedes entraran, era un Nundu, no esperarás que le lance un Wingardium Leviosa- Contestó Harry bromeando con voz suave mientras seguía analizando que su fénix no tuviera ningún daño.- Y ya conozco los riesgos de la magia sin varita, si no recuerdo mal, estuviste tres horas explicándomelos hace unos días.- le recordó con una sonrisa para que Hermione supiera que agradecía que se preocupara por él.

- Si, es verdad... eso ya lo hablamos- murmuró la castaña recordando el discurso de varias horas que le había dado a su amigo días atrás.- Entonces¿todo bien con el entrenamiento? Angelina y yo veníamos a practicar un poco.- añadió la chica consciente de que la morena seguía la conversación en silencio. Seguían sin dirigirse la palabra. Tal vez él tendría que haber hablado con ella y agradecerle lo que había hecho por él hacía ya unos cuantos días, pero con todo lo que le había ocurrido, y tenía que reconocerlo, también por orgullo, no había ido a arreglar las cosas con la Hufflepuff.

- Si, el entrenamiento muy bien. Aunque me he dado cuenta de algo que me molesta, mi pelo.- aclaró Harry tocándose el pelo y apartándose algunos mechones de la cara- Me estorba, y me gustaba porque así parece algo más dócil, pero si me cae un mechón de pelo sobre los ojos cuando esté delante de un mortífago... tendré que cortármelo cuando vaya al callejón Diagon¿quedamos en que mañana salíamos ya de aquí, no?

- Sí... la verdad es que lo tienes muy largo- corroboró Hermione la idea del muchacho.- Vamos a empezar el duelo¿te quedas a verlo? Desde fuera se ven mejor los fallos.- inquirió Hermione añadiendo la última frase con la esperanza de que el moreno se quedara, para observar los errores, y para que compartiera tiempo con Angelina con el fin de que se arreglaran.

Después de pensarlo un momento Harry asintió y le deseó suerte a Hermione, olvidándose de alguien, que notó el gesto del moreno. Caminó hasta un extremo de la sala donde con un movimiento de la mano creó un confortable sillón de cuero, con la particularidad de que en uno de los brazos había un pequeño nido, perfecto para dejar descansar a su renacido fénix.

Las chicas se dijeron unas últimas palabras antes de comenzar y se dirigieron hacia la plataforma de duelo. Aunque no hacía falta, siguieron el típico ritual, se saludaron alzando las varitas, dieron los pasos pertinentes y... empezó el duelo.

- ¡Everte Statil!

- ¡Tarantallegra!

Don pequeñas líneas de luz salieron de ambas varitas y chocaron provocando algunas chispas azules y rojas. "Si van a seguir así, mejor me voy a dormir" pensó Harry desilusionado.

- ¡Totemplaz!- siguió Hermione creando un haz de luz amarillo directo hacia la morena. "Supongo que un paralizador..." dijo para sí mismo Harry analizando cada uno de los movimientos de las chicas.

- ¡Cover!- se defendió Angelina originando un breve pero efectivo escudo que detuvo el hechizo sin problemas- ¡Disper ray!

"¡Hey, eso es mío!"- pensó Harry sonriendo mientras veía como centenares de diminutos rayos anaranjados se dirigían a Hermione. Pero la castaña ya había aprendido de su duelo con Harry y supo como contrarrestarlo a la perfección.

- ¡Maxprotecap!- pronunció creando una barrera protectora que al moreno también le resultó muy familiar. Sin embargo, a Hermione le dio mucho mejor resultado que a Harry teniendo en cuenta la diferencia de poder de ambos hechizos. Pero Hermione no esperó a que los rayos cesaran, con la barrera aún protegiéndola, se desplazó hacia la derecha y le lanzó otro hechizo a Angelina para intentar cogerla desprevenida.- ¡Tropenum!- un potente rayo marrón salió de su varita en dirección a la chica, que estaba aún ocupada con el anterior ataque. Angelina, al percatarse de la estrategia de su amiga, y ya sin tiempo para pensar en algo mejor, decidió que lo mejor era empezar con los poderes de sucesora. Emitiendo una luz amarilla y envolviéndose en una cascada de agua, quiso desaparecer. Pero el hechizo de Hermione fue más rápido que ella, en el último momento, la morena dio un paso a la derecha para intentar evitarlo pero justo un instante antes de desaparecer, el potente rayo le golpeó en el hombro izquierdo. Aunque el hechizo le hubiese golpeado, desapareció y volvió a aparecer dos segundos después en el mismo lugar, pero esta vez con una rodilla sobre la plataforma, y una mano en el hombro. La manga izquierda de su túnica había desaparecido, dejando a la vista varias heridas, que empezaban a sangrar, y su piel empezaba a ensombrecerse tomando una tonalidad morada.- Angelina... ¿estás bien¿quieres parar?- preguntó Hermione preocupada por el aspecto de su hombro.

- No... - jadeó la Hufflepuff lanzando una mirada de soslayo a Harry, que observaba la escena entre interesado y expectante.- Estoy bien... no es nada.- musitó intentando secarse la sangre que seguía saliéndole de las heridas.- Aguamenti- susurró originando un charco de agua sobre la plataforma. Después, puso su mano sobre el agua emitiendo una luz amarilla e hizo que el agua se incrementase creando una pared frente a ella. Hermione, viendo que Angelina estaba bien, se concentró y de repente, un poderoso remolino de una luz azul pastel la envolvió a su alrededor por completo.

Harry observó la escena pasmado, era la primera que veía el poder de su amiga. "Ella lo tiene más fácil" pensó, "Su elemento es el aire, ella no tiene que crear nada... el aire está en todas partes" Era increíble la fuerza de Hermione, un remolino de viento bañado en un suave azul, que creaba una brisa fresca en toda la sala y llegaba hasta él revolviéndole su ya sentenciado cabello. Entonces, con un par de movimientos, la energía de su amiga se desató, haciendo que la cascada de agua que tenía frente a ella se deformara, al estar recibiendo golpes de viento.

Pero Angelina, aunque herida, no se quería dejar vencer tan fácilmente, y se concentró para aumentar al máximo su poder, lo que hizo que una luz amarilla como el oro inundara toda la sala y que una esplendorosa esfera de agua la envolviera. Tras eso, Angelina envió un tremendo chorro de agua envuelta en una luz amarilla de al menos un metro de diámetro. Esforzándose al ver el ataque de la Hufflepuff, Hermione creó una ventisca que interceptó el ataque, desgastándolo, aunque no lo suficiente, pues una pequeña parte llegó hasta ella haciéndola retroceder algunos pasos. Al ver que su ataque se había quedado pequeño, Angelina se concentró cerrando los ojos para lanzar una última embestida. Pero antes de que atacara, Hermione hizo algo que nadie en aquella sala podría imaginarse.

-¡Duple Corpore Duo!- pronunció apuntándose a ella misma con su varita. Al instante, del cuerpo de Hermione salió una sombra, una sombra que se situó a su lado y empezó a coger forma y color hasta transformarse en... ¡ella misma!. Ahora mismo había dos Hermione exactamente iguales sobre la plataforma de duelo, y alrededor de cada una de ellas un remolino azul. Cuando Angelina abrió los ojos, no pudo creerse lo que veía, pero antes de que perdiese la concentración, decidió lanzar el ataque al primer cuerpo de Hermione, creyendo que el otro cuerpo no era más que un espejismo. Un poderoso torrente de agua, más grande que el anterior, se dirigía directamente hacia la Hermione de la izquierda, de la que había surgido esa sombra. Pero ninguna de las Hermione se movió lo más mínimo. Un instante antes de que el ataque llegara, pudo verse como en el rostro de ambas chicas, que era el mismo, se formaba una sonrisa. Un segundo después, el ataque llegó al primer cuerpo de la castaña, pero no le golpeó, como si de un fantasma se tratara, el agua traspasó el cuerpo, que se disolvió en una pequeña niebla blanca. Aprovechando la confusión de Angelina y que se encontraba desprotegida y vulnerable después de su último ataque, Hermione creó varias ráfagas de viento que llegaron hasta la morena. Aunque lo intentó, Angelina fue incapaz de protegerse y el viento la azotó durante varios segundos, en los que el viento le desgarraba la túnica y le hacía varios cortes en la piel antes de que, derrotada, cayera de rodillas al suelo y dejara caer la varita.

Harry se levantó extasiado por lo que había visto, una demostración en toda regla de que una buena estrategia puede vencer a la fuerza bruta. Sin pensarlo dos veces, se acercó hasta Angelina, que seguía arrodillada, y la ayudó a levantarse. Con un movimiento de su mano arregló como pudo su destrozada túnica, y después empezó a susurrar algo que la chica no llegó a entender, mientras pasaba su mano por el hombro a la vez que las heridas iban cicatrizando lentamente. Por último, convocó su varita y se la devolvió a la chica, que estaba, cuanto menos sorprendida.

- ¡Hermione! Eso ha sido, ha sido... Increíble.- valoró Harry mirando a su amiga, que lo miraba a él extrañada.- ¿Dónde has encontrado ese conjuro? He leído bastante, pero ese no lo he visto en ninguna parte.

- Si, en un antiguo libro de magia blanca que había en la biblioteca... – contestó Hermione murmurando, a la vez que seguía mirando a Harry y le sonreía. Ante la actitud extraña de su amiga, se detuvo un momento para pensar qué era lo que ocurría. Y cayó en la cuenta. Sin pensarlo y por la emoción del momento, había saltado de su sillón y había ido corriendo a ayudar a Angelina¡con la que ni tan siquiera se hablaba! Lo había hecho instintivamente, puede que en el fondo ya hubiera perdonado a la morena, pero seguía dolido por su engaño, y de momento no quería que las cosas cambiaran con respecto a ella. Tal vez era una actitud infantil, pero al fin y al cabo él tenía dieciséis años.

- Esto... me tengo que ir... Némesis... está en el nido y... Nos vemos.- dijo Harry algo cortado y buscando una excusa para salir de la situación. Se separó de la morena, que lo miraba con una mezcla entre ilusión y decepción. Cogió su pequeño fénix, y desapareció hacia su dormitorio.

El callejón Diagon estaba lleno de gente aunque fueran las nueve de la mañana. Habían querido ir con tiempo para no hacer nada precipitado y que nada saliera mal. Habían vuelto al tiempo real¡al fin!. Se acabaron los días, las semanas, los meses de entrenamiento encerrados en aquella sala. El único que debía ir al callejón Diagon era Harry, pero las chicas habían decidido acompañarlo por si algo salía mal, y para comprar los libros del nuevo curso, cuya lista le había mandado Mcgonagall junto con el resultado de sus TIMOS. Harry le había dejado el dinero a Hermione y le había pedido el favor de que le comprara a él los libros mientras él iba a una peluquería.

A pesar de lo que había sucedido el día anterior con Angelina, su relación con ella seguía siendo igual que antes, inexistente. Aunque era cierto que a veces él levantaba la mirada de repente y la encontraba mirándolo, con lo que la chica se sobresaltaba y volvía a bajar la mirada.

Los tres se habían separado antes de entrar al callejón para que nadie los relacionara. Llevaba diez minutos caminando por el callejón hasta que encontró una peluquería, Look&Hair. Entró y observó como un hombre mayor, de la menos unos setenta años pero con una cabellera impropia de su edad, de un color castaño oscuro y un pelado sencillo pero elegante, cortaba el pelo con maestría a otro señor que estaba sentado en un confortable sillón de cuero sintético.

- ¡Cariño! Un cliente... – exclamó el hombre hacia el interior del establecimiento para después volver a entablar una conversación con el señor al que pelaba. Al cabo de un minuto, una señora también mayor, con una impresionante cabellera rubia que le llegaba casi hasta la cintura, salió de una puerta y fue a atenderle.

- ¡Ven cielo, siéntate!- le instó la señora a Harry, mientras acomodaba otro sillón, él se acercó sin decir nada y se sentó.- Entonces¿qué quieres que te haga? Te podría hacer un corte sencillito, entresacando aquí y aquí- explicaba cogiéndole el cabello a Harry y creando formas extrañas- podría trenzar algo también por aquí, o quizá prefieres un peinado largo, te podría dejar unas extensiones preciosas que tengo ahí, incluso de un color rojizo, o violeta también te quedaría bien...

- No, gracias- se apresuró Harry antes de que la mujer hiciera alguna locura con su pelo- Solo quiero que me corte un poco el pelo, por las orejas más o menos, y que me deje suficiente fleco como para que me cubra la frente- dijo Harry, pues quería que su pelo le cubriese la cicatriz.

- ¿En serio no quieres nada más? Tu pelo da muchas posibilidades...

- No gracias, de verdad, algo simple, tengo prisa- mintió Harry para que la mujer no insistiese más.

- Como quieras... pero me parece un desperdicio, intentaré hacer algo bonito- terminó la señora cogiendo un peine y unas tijeras doradas que empezaron a moverse solas cortando su pelo. Cuando la mujer se calló, pudo oír la conversación de los hombres que tenía a su lado.

"Entonces ¿Qué crees¿Está de nuestra parte o de el-que-no-debe-ser-nombrado?

"Está difícil, ha ayudado en las batallas, pero eso de esperar a que cayera el ministerio, no sé... Puede que simplemente busque sus propios intereses"

"Comentan que es Inglés, pero de momento solo ha aparecido en Italia... El profeta dice que puede ser un prófugo que busca la gloria en el extranjero."

"No sé, habrá que esperar para ver si aparece cuando aquí se produzca uno de esos enfrentamientos.

"No muestra su rostro... puede ser cualquiera"

Harry estaba impresionado, así que su aparición de anoche había causado conmoción. Ya en el tiempo real, los herederos acudirían a cualquier ataque que se produjera, pero él ya había acudido la noche anterior a un ataque, un ataque que había estado esperando impacientemente a que se produjera, pues echarían en falta su anterior ayuda. Con un bostezo, pues no había podido dormir mucho, recordó lo acontecido la pasada noche.

FLASH BACK

Se encontraba en la sala principal, sentado en un cómodo sillón leyendo un libro, ya estaban definitivamente en tiempo real, eran las doce de la noche y las chicas ya se habían ido a dormir, pero él no tenía sueño. Sin previo aviso, Griffindor apareció nervioso en su retrato y suspiró aliviado cuando vio a Harry allí.

- Harry, hijo, hay un ataque... – informó Godric respirando agitadamente, en un momento, Harry se tensó, apartó el libro y se levantó con intención de ir a buscar a las chicas. Se concentró para comprobar si era capaz de sentir la alteración de la magia que los fundadores habían descrito, pero no sintió nada, normal, no es que Italia estuviera precisamente a la vuelta de la esquina.- En Milán... están intentando derrocar el ministerio italiano.- De la misma manera que se había puesto en movimiento, se frenó en seco.- ¿Ocurre algo? Corre, no hay tiempo que perder.

- No, no ocurre nada. Voy a avisar a las chicas.- y con una maquiavélica sonrisa se desapareció en una columna de fuego, pero no precisamente en dirección al dormitorio de las demás herederas.

Se apareció en su cuarto, rápidamente, se puso la protección de dragón, su querida capa, agarró su espada y desapareció hacia el bosque prohibido en busca de su compañera. Apareció en mitad de la negrura del bosque, siseó llamando a su serpiente, y no tuvo que esperar más de un minuto hasta que apareció. Cuando su serpiente le preguntó que era lo que pasaba, lo único que dijo fue; "Vamos a divertirnos..."

Para no perder absolutamente nada de energía en el viaje a Italia, cogió una piedra cualquiera del suelo y susurró "Portus". Cuando volvió a tocar la piedra, desapareció dando vueltas y elevándose en el aire.

Cuando llegó a Italia, vio una estampa ya familiar. Vehículos, casas, árboles, todo a su alrededor incendiado y destrozado. Estaba en una plaza preciosa, pero que esa noche reflejaba la sombra de la marca tenebrosa que se imponía en el oscuro cielo. En el centro de la plaza, una estatua en honor al ministro de Italia durante los últimos veinte años, Favio Piconi. Y al final, un majestuoso edificio de tres plantas del cual en ocasiones salían maldiciones, explotaba alguna ventana, o incluso caía algún cuerpo desde ellas. Pocos aurores quedaban ya luchando en la plaza, suponía que la mayoría estarían defendiendo el interior del ministerio. Con toda la seguridad, indiferencia, tranquilidad y sangre fría del mundo, Harry se dirigió al centro de la plaza, se colocó delante del monumento y con un movimiento de su mano, creó su característico sillón de cuero, aunque esta vez sin nido alguno, y se sentó a disfrutar del espectáculo.

Veía como todo a su alrededor se iba desmoronando poco a poco, veía como los aurores caían desplomados al suelo o eran torturados, pero él seguía allí, simplemente observándolo todo. Sin embargo, vio como un mortífago se dirigía hacia una familia que intentaba huir de aquella masacre. El mortífago lanzó una cruciatus hacia la mujer mayor, que debía ser la madre, pero la maldición nunca llegó a su destino, ya que de la nada, apareció un escudo que detuvo el rayo rojo. El mortífago miró furioso a su alrededor en busca del culpable que había impedido que torturara a aquella pobre gente. Miró hacia Harry, y éste le hizo un saludo con la mano a forma de burla, lo que hizo que el mortífago se enfureciera todavía más y fuera a enfrentarlo.

- Si no quieres morir¡Lárgate!- le espetó Harry al mortífago duramente y sin bromear. Pero el mortífago se había detenido y lo miraba con una malvada sonrisa en su rostro oculto por la blanca máscara.

- Eres tú... el señor tenebroso me recompensará y respetará por encima del resto cuando acabe contigo... - el mortífago tuvo intención de levantar la varita, pero antes de que se diese cuenta, un rayo de luz verde había impactado en su cuerpo y caía muerto al piso de la plaza.

- Pobre iluso... Voldemort no respeta a nadie aparte de a él mismo.- expresó Harry mirando el cadáver con lástima. Al ver lo que había sucedido, y como cada vez quedaban menos aurores con los que pelear, los mortífagos se percataron de la presencia de Harry. Tres de ellos fueron hasta él, que continuó tranquilamente sentado en su sillón.- Miren a su compañero- bramó Harry señalando el cuerpo a su lado.- Ustedes no tienen porque morir... –"aún" dijo con malicia para sí mismo.- Váyanse y diviértanse ahora que pueden... Avada Kedavra- añadió Harry al ver como uno de los mortífagos hacia un extraño movimiento con la mano que sostenía la varita. El cuerpo del aludido cayó muerto al instante.

- ¡No iba a atacarte!

- ¡¿Quién te crees que eres para ir matando por ahí sin motivo?!- le gritaron los dos mortífagos restantes mientras alzaban sus varitas.

- ¡Bicrux!- soltó Harry haciendo que ambos cayeran al suelo con un grito de dolor.- A mi nadie me grita.- susurró suavemente- Yo si tengo un motivo para matar, no como ustedes¿Quién me creo que soy? No me creo nadie... soy Harry Potter, Avada Kedavra- alegó sin perder la tranquilidad, al contrario que la vez anterior. Dos haces de luz verde salieron de su mano, impactando contra los cuerpos de dos sorprendidos mortífagos, que dejaron el mundo de los vivos sumidos en la más absoluta confusión.

Los demás mortífagos restantes en la plaza vieron lo que había ocurrido, e inteligentes, no se acercaron a Harry a menos de veinte metros. Continuó media hora más allí sentado, mientras escuchaba gritos, explosiones, y veía como el ministerio caía en un completo caos. Tras ese tiempo, pudo ver como del ministerio salía el mismísimo ministro de magia escoltado por cinco aurores, todos con la cabeza baja, huyendo, y ni siquiera el ministro se había librado de tener alguna herida. Una carcajada falsa e irónica llegó hasta los oídos del ministro y sus acompañantes, que giraron asustados hacia el sonido.

El ministro no podía creer lo que veía, aquél hombre... el de hacía tan solo unos días. Allí, sentado tan tranquilamente como si estuviera viendo una película, y ahora riéndose abiertamente de ellos. Furioso, tanto por haber perdido el ministerio que llevaba veinte años dirigiendo, como por la impotencia que sentía en ese momento, se dirigió velozmente hacia Harry, que al verlo dejó de reír y lo observaba divertido por la actitud del ministro.

- ¡TÚ...!- Rugió Favio Piconi señalando hacia Harry, al instante, los cinco aurores lo apuntaron con la varita.- ¡Cómo te atreves a reírte en mi cara¡Tú... tú que has podido detener esta locura desde el principio...!

- Yo... detener esta locura, me sobrevaloras...- opinó Harry haciendo un gesto con la mano como quitándole importancia- Además¿no le han enseñado modales? No es de buena educación señalar... y preferiría que me tratara de "usted" si no le importa, al fin y al cabo usted y yo no nos conocemos de nada.- determinó Harry serio pero burlándose descaradamente del ministro.

- ¿Por qué lo hace?- preguntó simplemente el ministro resignándose ante ese hombre- Usted odia a los mortífagos, por eso los mata, entonces... ¿por qué demonios permite esto?

- Si no recuerda mal, y creó que no... Vine y les ayudé no hace mucho con un pequeño problema que tuvieron por aquí. Y si hace un pequeño esfuerzo por recordar, se acordará de cómo me lo agradecieron... ¡Ah¡No¡Que querían arrestarme...!- exclamó Harry riendo como si se acabara de dar cuenta de algo. Tan pronto como había reído, paró, y taladró al ministro con la mirada, aunque el hombre no podía verle más allá de la nariz- Y ordene inmediatamente a sus hombres que bajen las varitas, ante el más mínimo movimiento... bueno- terminó haciendo gestos hacia su alrededor para que mirara los cuerpos de los mortífagos- creo que no le conviene perder más hombres hoy...

- ¡Bajad las varitas¡Ya!- ordenó el ministro ante la petición de Harry, ya no le importaba que pareciera que había perdido la autoridad, porque de hecho, ya la había perdido.- Lo he perdido todo... el ministerio ha caído... Italia está en manos de el-que-no-debe-ser-nombrado... - masculló Piconi faltándole poco para llorar.

- ¡Voldemort¡Su nombre es Voldemort!- Sentenció Harry cansado de que temieran el maldito nombre y levantándose por primera vez en toda la noche del sillón.- ¿Quiere recuperar el ministerio?- preguntó secamente.

- ¿Có... Cómo?- titubeó Favio sin entender la pregunta del encapuchado.

- ¿Que si quiere recuperar el ministerio y el control sobre Italia?- repitió Harry.

- Por supuesto- asintió el ministro tajante.

- Yo puedo dárselo. Yo puedo entrar ahí, y en veinte minutos reconquistar todo el ministerio.- reveló Harry sin bromear en absoluto.- Y a cambio... pido la inmunidad legislativa en su país. Quiero poder torturar, matar o hacer lo que me plazca en Italia sin consecuencias, por supuesto me comprometo a realizar estas tácticas solo contra mortífagos. Yo, defiendo a los inocentes. Yo, estoy del lado de la justicia, y solo me muevo por venganza y para conseguir un mundo mejor para los míos. Usted decide...

Si esa propuesta se la hubiesen hecho hace unas horas, la hubiese rechazado de inmediato. Quizá era porque había perdido el ministerio, o tal vez porque las palabras del hombre parecían sinceras, pero iba a aceptar aquél trato. Perdería el control sobre ese hombre en su país, podría hacer lo que quisiera, pero era mejor eso que no perder el control del país entero. Además, el hombre se había comprometido solo a realizar actos ilegales contra mortífagos, esos mortífagos que le acababan de arrebatar su ministerio. Y confiaba en la palabra de ese hombre, aunque realmente no le quedaba otra opción.

- De acuerdo- aceptó el hombre para el asombro de los aurores que tenía detrás.

- ¿Está seguro de lo que dice, señor ministro?- preguntó uno que Harry ya conocía, pues lo había tenido que desarmar no hace mucho, el jefe de aurores de Italia.

- Nunca antes he estado tan seguro de algo- Determinó Favio mirando a Harry- Tiene mi palabra de ministro de que si usted saca a los mortífagos del ministerio, tendrá la inmunidad legislativa. Ahora, falta su parte del trato... – Dedujo el ministro esperando que aquel hombre cumpliera su palabra y le devolviese su preciado ministerio.

- Veinte minutos... ni uno más, ni uno menos... – musitó Harry acomodándose la capa y dirigiéndose hacia la puerta del ministerio, que estaba franqueada por dos mortífagos. Empezaba la cuenta atrás.

"Espero que lo consiga..."- deseó Favio Piconi mentalmente mientras observaba como Harry se dirigía hacia el imponente edificio. Harry detectó el pensamiento del ministro y no pudo menos que sonreír.

- ¡Pero si eres Harry Potter!- exclamó la señora alterada. Había ocurrido, no quería que le cortaran el flequillo por eso, y la mujer, desobedeciéndolo había ido a hacerle Merlín sabe que con su pelo y había visto la cicatriz.

- Si, señora, soy yo. ¿Sabe? Creo que así estoy bien... ¿Cuánto le debo?- preguntó Harry levantándose rápidamente del sillón para que la señora no pudiera persuadirlo de que se tiñera el pelo de azul.

Al final pudo salir de la peluquería, no sin antes tener que esquivar todos lo halagos, así como las preguntas sobre donde había estado esos días, (meses, pensó él), y sobre como había aprendido la magia negra. Su episodio con los mortífagos y su fuga le había dado, si eso era posible, más fama. Para irse, tuvo que firmar en una pared, en la que ponía... "Harry Potter se ha cortado el pelo aquí" Su firma, curiosamente había ido a parar al lado de su antiguo profesor de defensa, Gilderoy Lockhart, solo que en su caso, había escrito más de veinte líneas en la pared repasando todos sus "supuestos" logros.

Le quedaba algo más que hacer en el callejón antes de ir al ministerio, y era el solucionar el tema de su varita. Debido al entrenamiento, y sobre todo a la poción, ya no necesitaba la varita para hacer magia. Pero aún podía perder el control al realizar mucha magia sin varita, además de que le agotaba mucho más. Aún así, podría quedarse sin varita y a él no le importaría, pero había una gran razón para conseguir otra, Hogwarts. No podía volver a la escuela, y empezar a hacer magia sin varita como quien bebe cerveza de mantequilla. Así que tendría que ir al mismo sitio al que fue antes de entrar en Hogwarts, Olivanders.

Entró en la tienda, no muy iluminada, y se dirigió al mostrador. Como la primera vez, el hombre apareció de repente, solo que en esta ocasión, Harry no se sobresaltó.

- Buenos días, señor Potter- saludó el hombre mientras colocaba una caja en una estantería y se dirigía hacia él.- ¿A qué debo esta agradable visita? Si no recuerdo mal usted ya tiene una maravillosa varita de pluma de fénix...

- Buenos días, señor Olivander. Tiene razón, pero un desafortunado accidente provocó esto... – reveló sacando de un bolsillo de su túnica dos trozos de madera unidos levemente, lo que antes era su varita.- Quiero otra igual...

- Señor Potter, no existen dos...

-...dos varitas Olivanders iguales, lo sé- terminó Harry por el señor educadamente- A lo que me refiero es... creo que recordara mi varita, y si no se lo recuerdo yo; Pluma de fénix, madera de acebo...

-...veintiocho centímetros, bonita y flexible, si señor Potter, la recuerdo a la perfección. Y su hermana, una fortuita coincidencia esa varita... - terminó el hombre con una sonrisa.

- Exacto. Pues quiero otra exactamente igual, me gusta la varita que tenía. Sólo que esta vez el núcleo será esta pluma...- dijo Harry sacando esta vez de su túnica una espléndida y reluciente pluma de fénix negra. Un regalo que Némesis le había hecho antes de que fuese una cría.

- ¡Oh! Una pluma maravillosa...- exclamó el hombre sin poder evitar acercarse y tomar la pluma para examinarla detalladamente- Preguntaría de donde ha sacado semejante pluma, y más intrigado estoy aún por ver al increíble ave de la cual salió, pero algo me dice que no me lo dirá¿cierto, señor Potter?

- Lo siento mucho. Aunque seguramente el ave cuya pluma tiene usted, pronto se hará famosa.- vaticinó Harry imaginándoselo- Pero debo pedirle algo, y es que la construcción de esta varita debe quedar en absoluto silencio, nadie debe saber que mi varita se ha roto, que usted me ha hecho otra y ni tan siquiera que yo he estado aquí¿comprende?

- Digamos que como su varita será prácticamente igual, aunque usted y yo sabemos que eso solo será en apariencia, simplemente realizaré una reparación de su antigua varita, con lo cual el ministerio no necesita ser informado de este hecho. Y por supuesto cualquier cosa que quiera hacer yo voluntariamente no tiene porqué saberlo absolutamente nadie. Un favor por ser usted quien es... ¿está de acuerdo?- preguntó el hombre mirando a Harry a los ojos, para que viese que le decía la verdad.

- Completamente¿cuándo podré venir a recogerla?

- En una semana, aunque debo advertirle algo señor Potter, el mago no elige a la varita...

- ...la varita escoge al mago, si, lo recuerdo. Pero estoy convencido de que esa varita está destinada a ser para mí.- determinó Harry seguro de lo que decía.- Me quedan asuntos que tratar, muchas gracias por todo y que tenga un buen día, señor Olivander- se despidió Harry echándole una última mirada a la valiosa pluma y dándose la vuelta para salir de allí.

- Gracias a usted, hasta pronto señor Potter...

Faltaban diez minutos para su reunión en el ministerio, así que decidió establecer contacto mental con Hermione para informarla.

"Hermione... ¿me escuchas?"- dentro de la sala de los herederos podían comunicarse perfectamente, pero no sabía si sucedería lo mismo cuando no sabían ni donde se encontraba el otro.

"¿Harry?"- preguntó la chica

"No, Voldemort... ¡Pues claro que soy yo! Me voy al ministerio, era para avisarte, espero no tardar más de una hora. Si ves que tardo, no te preocupes y vuelve tú sin mí a la sala.- explicó el moreno mentalmente mientras se dirigía a la chimenea más cercana.

Se despidieron telepáticamente, aunque a Hermione no le gustaba mucho la idea de volver sin Harry. Entró en la primera tienda que vio que tenía una chimenea, le dio un sickle a la dueña para que le dejara usar sus polvos flu, y se introdujo con cuidado para no golpearse en la cabeza. Se concentró para no equivocarse como le había ocurrido hace cuatro años, cuando acabó en el callejón Knockturn, arrojó los polvos y gritó su destino.

-¡Al Ministerio de Magia Inglés!- exclamó claramente y como hacía cuatro años, sintió que lo succionaban y como giraba a gran velocidad mientras oía un bramido ensordecedor.

N/A: Lo sé, en el anterior puse que Harry iría a declarar al ministerio, pero entonces se hacía muy largo. En el próximo lo que si puedo asegurar es que habrá una conversación entre Harry y Dumbledore (no digo nada más). Espero que les haya gustado y hasta el próximo...