Capítulo 12: Fuego

Naruto.

La lluvia caía de forma copiosa desde hacía varios minutos y la temperatura bajó de forma considerable.

Las gotas repiqueteaban contra el pavimento y el techo de los coches, donde escurrían a los lados y quedaban prendadas a las ventanas y el resto de la carrocería. Adquirían entonces un brillo escaso, el reflejo de las farolas del inicio y el final de la calle, pero en medio todo estaba oscuro.

Mi gabardina estuvo empapada en cosa de minutos y sacudí la cabeza en un intento de apartar la humedad de mis cabellos. La persona a mi lado hizo un sonido de disgusto al ser alcanzado por las minúsculas gotas, pero no pronunció palabra.

Unos minutos más y mi paciencia se agotaba. Ocultos por las sombras de los árboles, todo el cuerpo de policías esperaba la señal del jefe, que a lado mío paseaba su mirada con aburrimiento por toda la acera.

Sabía que eso era solo una fachada; Menma Namikaze era sin duda la persona más observadora que conocía, además de sumamente inteligente. No había pista ni información que se escapara de su razonamiento y aunque afirmara que mi participación era más que necesaria, para mí era evidente que trabajaría como siempre sin mi ayuda.

Pasear la mirada por la acera era hacer cálculos y posteriormente deducciones de acuerdo a ellos, planeando todo para el momento culminante del acto.

¿No se te hace extraño? Llevamos aquí una hora — Me dijo en un susurro.

Fijé entonces mi vista en el edificio del otro lado de la calle, que era nuestra razón de estar presentes y escondidos entre las sombras, con un silencio sepulcral que hacía a mi cabeza agonizar.

Una galería, o algo parecido. Decían que fue una fábrica de bacterias durante la Tercera Guerra, pero nada fue confirmado, aunque era evidente lo corroído de la estructura y el extraño olor que emanaba y lograba percibir aún desde esa distancia.

Habíamos recibido una llamada a las cinco de la tarde, un informante anónimo que decía haber visto actividad inusual en ese lugar: gritos en plena noche, luces titilantes e incluso personas entrar y salir cuando nadie se atrevía siquiera a acercarse.

Los vecinos alrededor del lugar se cambiaron de residencia debido a las consecuencias que implicaba estar cerca de un antiguo cultivo de enfermedades, por lo que el abandono reinaba en toda la cuadra así como el aura siniestra que dejó un pasado imborrable.

Hagámoslo de nuevo — Me pidió Menma con voz baja. Voltee a verlo y le descubrí con los ojos cerrados y las manos en los bolsillos de su pantalón, su rostro inclinado ligeramente hacia abajo.

Bien, puede que el supuesto informante estuviera loco o le hubieran gastado una broma-ttebayo, haciéndole creer que vio cosas — Dije rápidamente.

El informante nos dijo que no es el único que se ha dado cuenta, que todos los vecinos de la cuadra paralela afirman haber visto luces en la noche.

Entonces fueron unos críos gastando una broma.

La cantidad de residuos biológicos ahí adentro es demasiada para cualquier ser humano, habrían muerto la primera vez.

Entrar y dejar luces artificiales les lleva menos de unos minutos-ttebayo.

Las puertas están bloqueadas, las ventanas demasiado altas, los edificios contiguos muy lejanos para saltar de ellos.

Dejé salir un bufido exasperado, regresando la vista a la construcción; el método Namikaze no estaba funcionando tan bien como esperábamos.

Éste consistía básicamente en la fusión de mi habilidad para inventar tonterías con el gran intelecto de Menma. A través de mis deducciones, él eliminaba posibilidades y encontraba nuevas brechas en la explicación inicial, de forma que al final teníamos una teoría perfectamente válida y al criminal en nuestras manos.

El método Namikaze había sido la "gran herramienta" utilizada en nuestros casos anteriores y la razón de nuestro más grande éxito, pero ahora pareció adentrarnos en un callejón sin salida al descartar casi todas las posibilidades. No había ninguna pista que indicara la presencia de híbridos en ese lugar.

Hice mi último intento.

Puede que nos vieran llegar y se marcharan antes de que los rodeáramos.

Llegamos a pie y cuando ya era de noche, dejamos los autos en las calles aledañas. Además, nos desplazamos en completo silencio y ocultos en las sombras de árboles y edificios, ya habíamos descartado esa opción.

Como todas las demás — Le espeté, haciendo un puchero de inconformidad. Era la tercera vez que hacíamos esto durante la hora, siempre expectantes a lo que fuera a suceder, pero no había ninguna señal.

En parte, temía que ante la inactividad tuviéramos que entrar al edificio, ¿qué tal si había fantasmas dentro? En un esfuerzo por distraerme, me decidí a cambiar el tema con mi hermano.

Hablemos de otra cosa, nii-san, me estoy poniendo de nervios y de todas formas no estamos llegando a nada.

Un débil "Hm" fue su respuesta y se acomodó mejor contra la una estructura de fierros viejos que antaño habían sido un auto. La tenue luz de la luna le iluminaba, pero nuestras siluetas eran invisibles desde el edificio al estar ocultas entre los árboles. La lluvia cesó un poco, lo suficiente para convertirse en una simple brizna.

Suspiró, pasó una mano por sus desordenados cabellos y el azul de su mirada me saludó cuando abrió de nuevo los ojos.

Voy a pedirle a Sakura que sea mi pareja.

Abrí los ojos con evidente sorpresa, para segundos después sonreír sinceramente.

Al principio, ambos gustábamos de ella, luego mi interés se perdió cuando no congeniamos del todo. No podía negar el excepcional dúo que hacían mi hermano y ella juntos, pero nunca pensé que él se decidiría a declarar sus sentimientos y pedirle que fueran algo más.

¡Después de tanto! ¡Felicidades-ttebayo!

Shhh, baja la voz, estamos en una misión — Su ceño se frunció y chasqueó la lengua ante mi imprudencia, pero yo no podía estar más feliz por él.

Hehe, es que pensé que morirías solo, nii-san.

Lo dice el que no tiene ni perro que le ladre.

¡Hey! …— Iba a decir algo más cuando un extraño sonido llenó el ambiente; me tensé de inmediato.

Pude sentir más que ver a los policías desperezándose, ajustando sus armas y colocando sus cascos. El sonido era un grito, uno potente y agónico, que provenía de dentro de la galería.

¿Una niña tal vez? Nos dispusimos a avanzar en cuanto Menma lo pidiera, pero para nuestra sorpresa, ordenó por los intercomunicadores que nadie se moviera.

¿Qué intentas, Menma? — Pregunté al verlo dar unos pasos.

Los policías se arriesgan al entrar, mejor vamos nosotros.

Todavía en silencio, seguí a mi hermano por entre la espesura hasta quedar de frente a la construcción. El grito ahora perforaba nuestros sensibles oídos y pudimos determinar que se trataba de una mujer.

Creo que está en el primer piso — Murmuró cerca de mí —. Quédate fuera y colócate en ángulo para disparar a la ventana, ¿está bien?

Lo que digas — Solté mis orejas para obedecer su petición, luego lo vi entrar de un salto y dos zarpazos a la ventana que mencionó.

Pero apenas ajusté correctamente el arma, el grito se detuvo.

Eso me hizo alzar de nuevo la vista, ¿tan pronto le había encontrado? Sin embargo, dentro del lugar no se escuchaba nada, solo pequeños murmullos que debían provenir de los zapatos de Menma.

Esperé unos momentos, nadie salía. El cuerpo de policías quiso acercarse, pero con un movimiento de mi mano les indiqué que se detuvieran.

¡Men…!— Pero callé ante el nuevo olor que inundaba mis fosas nasales.

Había humo saliendo a través de los cristales rotos de la planta baja, y pude notar una chispa amarilla y naranja muy fácil de identificar.

¡Menma! — Grité, pero fue como activar un detonante, pues pronto el lugar ardía con repentinas flamas que parecieron salir de la nada.

El intenso calor y la fuerza del fuego me hicieron saber que el incendio fue provocado, todo esto era una trampa.

Y el objetivo era...

¡Despejen el área! — Grité al comunicador. No teníamos certeza de qué químicos se encontraban adentro, pero seguramente eran tan peligrosos que podrían hacer estallar toda la galería en cuestión de segundos.

Mi mirada buscó a Menma en la ventana donde desapareció apenas un minuto atrás, pero no lo encontraba. ¿No se habría dado cuenta aún del incendio? Él era demasiado listo.

¿Entonces por qué no salía?

¡Nii-san! — Grité sin atreverme a dar un paso más. Mi mente jugaba sucio al recordarme cuando unas llamas similares quemaban las palmas de mis manos y mi estómago. El rostro del médico que me castigaba volvió a mi cabeza y por un momento creí que estaba dentro del lugar.

¡Menma! ¡Menma! ¡Sal de ahí ahora! — Pero al parecer no me escuchaba. Mi miedo fue en aumento cuando las llamas comenzaron a consumir el primer piso.

Entonces lo escuché.

¡Naruto, ayúdame!

¿Menma?

¿Él quería que entrara?

Menma… — Mis piernas no me respondían, ni ellas ni alguna parte de mi cuerpo. Mi respiración se aceleró ante la repentina impotencia que invadió cada célula de mi cuerpo.

¡Naruto! — Él me llamaba, tenía que ir, pero el miedo me tenía paralizado. No soportaría más ese dolor, nunca.

¡Oficial Namikaze, aléjese de ahí! — Gritó alguien tras de mí. ¿Qué no lo escuchaban?

¡Ayúdame, Naruto!

"Nii-san… Menma, ¿Dónde estás?"

La idea de perder a mi hermano pareció ser suficiente para hacerme despertar.

Entonces corrí, con todas mis fuerzas. Salté hacia la ventana justo como él lo había hecho.

En segundos me vi envuelto por las llamas. Mi corazón latía frenético debido al miedo y mis problemas para respirar no se debían a la falta de oxígeno.

No sé cómo no me desmayé ahí mismo, aunque implicó un enorme esfuerzo mover una pierna delante de la otra para iniciar mi búsqueda.

Andaba a tientas, tratando de encontrar sentido a las siluetas que se dibujaban por momentos delante de mí, pero era imposible. Demasiado calor, demasiado brillo. Una flama rozó mi brazo y gemí de dolor. Me aparté lo más que pude, pero estaba rodeado.

¡Naruto!— Su voz se escuchó de nuevo y para mi sorpresa, pude ver su mano del otro lado de la habitación.

¡Menma! — Grité, para indicarle que todo estaba bien, que saldríamos de aquí en unos segundos. Pude respirar de nuevo y tomé profundas bocanadas aunque luego me arrepintiera de aspirar cenizas.

Corrí, tropezando con los artilugios en el suelo, las llamas persiguiéndome. Pero en medio del caos, su mano.

Y luego nada.

Su mano desapareció, mis ojos la buscaron desesperadamente.

Fuego, calor, y solo eso.

Ningún brillo azul, ni pálidos dedos.

Menma había desaparecido entre las llamas.

OoOoOoO

No hay nada aún, Naruto; toda la comisaría está rodeada y hay toque de queda hasta nuevo aviso.

— Bien, asegúrate de que todas las puertas exteriores estén cerradas y manda un vigilante al sótano.

¿Para qué enviaría...?

— Hazme caso, Shikamaru — No podía dejar ningún cabo suelto. Un suspiro se escuchó del otro lado de la línea.

Está bien, te esperamos aquí.

Colgué sin apartar la vista del camino que tenía enfrente, que para nuestra fortuna se encontraba vacío; pisé el acelerador.

— Naruto, ve más despacio.

— Tenemos que llegar lo más pronto posible-ttebayo, todavía nos quedan unos quince minutos de camino.

Miré de reojo a Sasuke, que se encontraba en el asiento del copiloto, y entendí por qué quería que me detuviera.

Estaba demasiado pálido, aun tratándose de él. Sus heridas ya habían dejado de sangrar, pero el problema seguramente era el golpe que tenía en la cabeza.

Reduje la velocidad y le vi sobarse las sienes con los ojos cerrados.

— ¿Te duele mucho?

— No es eso, estoy muy mareado, no sé cómo puedes estar conduciendo.

Minutos atrás, mi visión fue tan borrosa que la calle se desdibujaba frente a mis ojos, pero no le iba a decir eso. Suspiré con ligero pesar al entender que en nuestras condiciones no podríamos hacer nada que los policías no supieran, y que nuestra presencia lejos de ayudar podría convertirse en un peso extra cuando Menma se dignara a aparecer.

Reduje la velocidad y me estacioné en la orilla del camino, apagué el motor segundos después y giré mi torso hacia donde se encontraba.

— ¿Tienes náuseas?

— No tengo nada en el estómago, Naruto, no he comido desde ayer.

Abrí los ojos debido a la sorpresa y un ligero enfado; no era la primera vez en la semana.

— ¿Y por qué diablos-?

— No importa, ¿sí? Reprenderme en nada ayudará ahora.

Apartó la vista y la puso en la calle, con ese gesto tan estoico que siempre me impresionaba tanto como me irritaba.

Tenía razón, las cosas aún no estaban claras entre nosotros y yo no tenía derecho a preguntar, pero mi naturaleza era impaciente y seguramente le habría dado un coscorrón si mi propio cráneo ya hubiera dejado de sangrar.

Suspiré con lentitud antes de hablar.

— En la guantera hay barras energéticas, siempre las traigo. Son... Especiales para híbridos.

Pasaron unos segundos para que su vista se fijara en la guantera y otros más para que una de sus manos tomara la pequeña palanca que la abría.

El tono plateado de los empaques brilló, pero no tomó ninguno.

— Así que... Si hubiera abierto esta guantera, lo habría sabido mucho antes, ¿no? — Su tono de voz era frío e indiferente.

— No, te habría dicho que era para los híbridos que trasladamos, no habrías sabido la diferencia.

— Y habría sido una mentira más a tu arsenal — Eso terminó de quebrar el ambiente.

Tomó uno de los empaques y lo giró entre sus dedos como analizándolo, pero sus ojos no veían nada y lo sabía.

Entendía lo que sentía, no lo culpaba, pero ¿qué decirle? No me arrepentía de haberlo hecho. Aunque él mismo fuera un híbrido, sé que no me vería con los mismos ojos.

— Sasuke...— Pero no me dejó terminar.

— ¿Cuándo pensabas decírmelo, Naruto? — Soltó de repente —. ¿Y cuántas mentiras más debo soportar? ¿Eres tan idiota como aparentas o solo es otro de tus truquitos? Porque yo no tengo por qué soportarlo.

Mis manos apresaron el volante en un intento de serenarme, aunque las últimas dos frases rebotaban en mi cabeza como si se burlaran de mí.

— ¿Y qué si te enterabas? ¿Habrías estado cómodo de saber que a, unos metros tuyos, algo parecido a un animal se moría por follarte? ¡Yo no soy así!

— No puedo asegurar eso, aparentemente no conozco nada de ti, imbécil.

— ¡Te he contado todo lo que he podido!

—¿Y crees que me basta? ¡Tú sabes todo de mí gracias a sus malditos expedientes! ¿Y yo qué? — Pausó un momento y giró el rostro, nuestras miradas se encontraron —. Eres un híbrido, conoces a Hinata y tienes pendientes con un tal Menma. ¿Acaso la historia de tu padre era cierta? ¿Cómo tuviste el descaro de preguntar cosas de mí la primera noche que estuve en tu departamento?

Pero antes de que pudiera contestarle, su mano tomó mi muñeca. Dudó por unos segundos, sin mirarme pero sin apartar su agarre.

— Yo también quiero saber de ti, Naruto — Dijo finalmente.

Pude ver lo difícil que era para él pronunciar esas palabras, que a ojos de muchos era una expresión tan simple que no podía considerarse importante.

Pero a mí me provocaron una sensación muy distinta, una que por un momento me hizo difícil respirar. Luego, pareció llenar mi pecho, invadirlo con algún sentimiento que no alcanzaba a entender, pero que en realidad, ponerle nombre estaba de más.

Hice lo único que se me ocurrió.

Le atraje de un agarre en su solapa y acto seguido hice a nuestros labios encontrarse. Sentí su temblor al verse sorprendido, y durante unos momentos no se movió en lo absoluto. Esperaba que me rechazara e intentara apartarme, que saliera del auto y se fuera a otro lado a organizar sus ideas.

Porque, en realidad, yo no podía estar seguro de sus sentimientos hacia mí.

Eso hasta que sus labios se abrieron por un momento para tomar uno de los míos, entonces todo se transformó.

Fue una completa sorpresa cuando sus brazos me rodearon por los hombros, atrayéndome más hacia él y sellando nuestro tacto en un verdadero beso.

Me estremecí, ambos lo hicimos, porque el pasado no se borra tan fácil y los abrazos no se aprenden al rodear tú mismo tus hombros. El sentirlo de nuevo, sin drogas de por medio y ambos completamente conscientes, me hizo darme cuenta de la fuerza de nuestro acto.

Le besé porque quería, él igual. Negármelo a estas alturas no tenía caso. Le necesitaba a mi lado.

Aún sin experiencia, sabía que ningunos labios me sabrían como los suyos, que nunca un tacto me parecería tan cálido como aquel.

Nos separamos unos momentos después, ligeramente jadeantes. Mi agarre en su cuerpo no cedió en absoluto, como si tuviera miedo de soltar aquel calor que no era hostil como casi todos los que conocía.

Le miré a los ojos y mis palabras salieron en un murmullo contra sus labios.

— Te contaré todo lo que quieras, apenas vayamos a casa, ¿está bien?

Su gesto ya había regresado al estoicismo que le caracterizaba, pero sus ojos brillaban al momento de separarnos. Recorrí sus brazos con mis manos al alejarme de estos y pensé en agarrar su mano el resto del viaje, cuando el celular en mi bolsillo sonó.

Esperé al tercer timbre para contestar, era Shikamaru.

— Hey, ¿qué sucede?

Bueno, como verás está oscureciendo, el pánico se ha extendido aún entre mis secretarias y no creo que pueda tranquilizarlos hasta que te vean, Naruto. ¿Te falta mucho para llegar?

— Nos detuvimos en el camino, Shika, no nos encontramos en las mejores condiciones — Esperaba poder manejar lo suficiente para llegar allá, aunque no sabía si me daría tiempo de tratarme las heridas antes de que él llegara.

¿Hace cuánto se vieron con Hinata?

— Media hora aproximadamente.

Bajo el supuesto de que ella fuera un distractor — Le interrumpí.

— Menma debería estar allí dentro de unos minutos.

Sí, de ser posible, quisiera que llegaras antes que él, no sé con exactitud qué quiere de nosotros.

— En realidad, yo tampoco. Aunque con lo que dijo Hinata, aparentemente quiere sorprenderme y…

Espera, hay humo fuera del edificio.

... ¿Humo?

— Shikamaru, salgan de ahí.

¿Qué? Pero el humo está afuera.

— ¡Que salgan! ¡El edificio estallará en llamas!

Escuché su respingo de sorpresa y poco después la alarma de incendios activarse. Luego de unos segundos, la llamada se cortó.

— Demonios — Aventé el celular al asiento trasero y encendí el auto. Me incorporé al camino lo más rápido que pude y sin contemplaciones pisé el acelerador. El subidón de adrenalina pareció ser suficiente para despejar mi cabeza y hacerme recuperar del todo mis sentidos. Las calles frente a mí ahora estaban completamente definidas y evadí los escasos autos sobre ellas con habilidad.

— Menma es...— Lo escuché decir con voz queda y supe que era una respuesta necesaria.

— Menma era el nombre de mi hermano — Contesté sin apartar la vista de la carretera.

— ¿Era? ¿Quiere decir que está muerto?

— Quiere decir que, lo que sea que nos vayamos a encontrar, no es mi hermano, solo eso.

Las calles se volvieron borrosas debido a la rapidez del vehículo, mis manos aferraban el volante con fuerza para no perder el control al doblar las esquinas. Debí cometer unas diez infracciones seguidas, pero no es como si a alguien de verdad le importara.

No cuando tienes la oportunidad de ver un edificio en llamas.

Dejé el vehículo a mitad de la cuadra, de todas formas nadie podía pasar en ese momento sin ser arrasado por el fuego. Una gran multitud se encontraba en la acera contraria y distinguí con alivio a la mayoría de las personas con las que trabajaba.

— ¡Naruto! — Sakura corría en mi dirección con cara de pánico absoluto; se colocaba el equipo de policía por sobre su bata blanca —. ¿Qué es lo que pasó?

— Me encontré a Hinata y me advirtió sobre esto.

— Logramos evacuar a la gran mayoría, pero aún falta gente — Contestó nerviosa; sabía por qué prefería evitar el tema de Hinata a toda costa.

— ¿Por qué te vistes con el traje de policía?

Sus ojos se abrieron ante mi pregunta y por un momento no supo qué decir. Tartamudeó levemente antes de que las palabras salieran en apenas un hilo de voz.

— Shikamaru… No ha salido.

— ¿Qué dices? ¡A él le avisé primero que todos!

— ¡Fue al sótano, no sé a qué, pero no le dio tiempo de regresar! — Su voz se quebró y se abrazó a sí misma por unos momentos para serenarse.

"Bien, asegúrate de que todas las puertas exteriores estén cerradas y manda un vigilante al sótano"

"¿Para qué enviaría...?"

"Hazme caso, Shikamaru."

Si él moría allí dentro, sería mi culpa.

Otra vez.

— Sasuke, quédate con Sakura.

— ¡Naruto! ¡Sabes que no puedes! ¡Ni siquiera se te ocurra! — La voz de Sakura se convirtió en el chillido de un animal asustado. Se acercó hacia mí con los brazos en alto, seguramente con la idea de retenerme, pero Sasuke asertivamente colocó sus manos sobre sus hombros y aplicó fuerza.

Le di una mirada agradecida antes de dar un fuerte suspiro y caminar hacia el lugar.

"Tú serás mi nueva fuerza ahora" y de verdad la necesitaría para mantener la cordura en medio de aquel infierno.

Entré por la puerta principal, que todavía no estaba completamente envuelta entre las llamas, y corrí sobre el pasillo con el fuego rozándome.

Mi vista estaba totalmente invadida por los brillos naranjas y mi mente comenzaba a abrumarse con el calor cuando llegué a donde estaba la entrada del sótano.

Pero se encontraba bloqueada por una gran estructura de concreto, que se había desprendido del techo unos minutos atrás. Sus restos ardían y gracias a ello me di cuenta de las grietas en el techo y las paredes. Eran demasiadas, podían venirse abajo en cosa de minutos.

— ¡Shikamaru!— Grité con todas mis fuerzas, pero luego de unos momentos no había respuesta alguna —. Tsk...

Encontré un pequeño hueco por donde podía pasar, pero eso no me garantizaba que fuera a salir y menos si tenía que cargar a Shikamaru de regreso. Caí con fuerza del otro lado, lo que hizo temblar mis rodillas, pero a partir de ese momento solo pude avanzar a tientas.

El humo se había acumulado allí porque todas las ventanas estaban cerradas; era tan denso que apenas pude ver mi mano frente a mi rostro. Ni siquiera el brillo de las llamas cerca de mí me daba más que unos segundos de visión; estaba perdido.

— ¡Shikamaru! — Algo crujió cerca de mí y pareció crear una reacción en cadena. No tuve que voltear para saber que la entrada había sido bloqueada por el resto del techo.

Inhalé con fuerza, pero las cenizas entraron rápidamente por mi nariz y se instalaron en mis pulmones, haciéndome toser.

Desesperado, mis manos se movieron a tientas hacia enfrente, para tratar de apoyarme en algo y entender en qué parte de la habitación estaba, o hacia donde podía moverme. Encontré la pared izquierda, tantee con suavidad; mis pies también se movían con cautela por si encontraban algo… O a alguien en el suelo.

Luego de un rato de búsqueda infructuosa quise regresar sobre mis pasos, ya que al parecer Shikamaru no se encontraba ahí.

Pero no veía nada.

Ahora era prácticamente imposible distinguir algo frente a mí. El humo negruzco lo cubría todo y mientras avanzaba sentí varias veces las llamas lamiendo mi piel.

Entré en pánico, mi respiración se aceleró y sabía que eso era malo porque el humo me asfixiaba, por lo que terminé de rastras en el piso, pero tampoco logré ver mucho.

Sentía mi sangre quemar, el miedo disparaba el lado animal de mí, pero en ese momento no serviría de mucho para escapar.

Además, cuando yo tenía miedo…

"Nii-san, deja ese libro en su lugar"

"Naruto, hoy tenemos una misión importante"

"Te quiero, mi precioso Naruto"

Las imágenes entraron y salieron de mi cabeza con rapidez, pero volverían. Mi visión se tornó borrosa y sentí el mundo ladearse, o tal vez fuera yo cediendo a la conmoción, o tal vez no fuera yo.

"Voy a pedirle a Sakura que sea mi pareja"

Las llamas se acercaban hacia mí; bailaban como si celebraran que consumirían mi cuerpo hasta sus cimientos. Quise gritar, pero de mi boca solo salió un aullido lastimero, el resultado de todo lo que mi garganta pasó hasta ese momento.

Nadie me sacaría, pero tal vez fuera lo mejor. Lo justo, ¿no?

"¡Naruto! ¡Ayúdame!"

Lo justo.

"Tú vendrás conmigo en algún momento, Naruto, así que no olvides a tu querido nii-san"

¿Qué habría pasado si hubiera alcanzado su mano?

Mi cuerpo no me respondió más, mis ojos estaban abiertos de par en par, reflejando el miedo que mi mente no alcanzaba a comprender.

Quise removerme, alejarme del calor infernal que se aproximaba, pero ya ni siquiera sentía mi cuerpo.

Luego, oscuridad.

Y en medio de ella, él.

— Sasuke.

OoOoOoO

Sasuke.

Nunca había visto el fuego de esa manera. Antes solo sabía de él por algunas quemaduras que me hicieron con líquidos calientes y después cuando Itachi y yo tuvimos que hacer pequeñas fogatas para conservar el calor en esa alcantarilla.

Esto era diferente: como si de repente me hubiera encogido y lo que había frente a mi fuera la punta de un cerillo. La idea me hizo estremecer y ella lo notó.

— Déjame ir — Dijo Sakura por décimo tercera ocasión, tratando ahora de soltar mi agarre en su cintura, pero no lo permití.

— De nada le sirves a Naruto allí adentro — Me limité a contestarle, sin apartar la vista del brillo naranja que también parecía consumirme como si fuera su combustible.

— Tú no lo entiendes… Él no debió entrar, no debió de…

La ventana del tercer piso explotó y la lluvia de cristales rotos de precipitó hacia la acera, pero no nos alcanzaron. Los gritos ahogados de las personas a mi alrededor parecieron sacarme del trance y de alguna manera, ponerme igual o más nervioso que ella. Era un infierno y Naruto estaba dentro.

Y yo no estaba con él.

Ya habían pasado cinco minutos de que se decidió a entrar y la estructura estaba más débil a cada segundo que pasaba. Podía ver ya cómo se desplomaban las paredes internas del primer piso y supe que faltaba poco para que cediera la estructura de la planta baja.

El pánico general aminoró con el sonido de las sirenas que indicaban que los bomberos estaban por llegar. Todos olvidaron por un momento a las personas que seguían dentro, eso hasta que una sombra se recortó contra la puerta de entrada.

— ¡Shikamaru! — Sakura se zafó de mi agarre y corrió a ayudar a las personas que salían del edificio. El aludido parecía apenas consciente colgando del hombro de la otra persona, la mitad de su rostro estaba al rojo vivo por una enorme quemadura y uno de sus brazos cubierto de sangre.

Fue lo que noté con una mirada de medio segundo que le dediqué, después me dirigí a la persona a su lado.

— ¿Vieron a Naruto?

Gaara abrió los ojos por la sorpresa e iba a decir algo cuando un ataque de tos le hizo inclinar el cuerpo. Distinguí un hilo de sangre que impactó en el pavimento, pero yo ya no estaba pensando.

Le tomé por los hombros.

— ¡Gaara! ¡¿Viste a Naruto?!

— ¡Sasuke, basta! — Gritó la pelirrosa.

Su mirada parecía disculparse cuando negó con la cabeza.

No me hizo falta más.

— ¡Sasuke! — Confié en que Gaara retuviera a Sakura lo suficiente para que no pudiera seguirme.

Al adentrarme al edificio dibujé en mi mente un plano de lo que recordaba de él, a la vez que tenía bien abiertos los ojos en espera de que una silueta apareciera frente a mí.

Corrí por el pasillo principal y vacilé un momento en la última bifurcación, antes de decidirme a ir por la derecha. Apenas a mitad del recorrido ya sentía mis pulmones ardiendo debido al humo, pero agacharme en un momento como este solo reduciría mi carrera inútilmente.

Solo me detuve cuando estuve frente a lo que fue la entrada del sótano, cubierta ahora del escombro que antes fue parte del techo. Aparté los escombros con mis manos, enterrándolas una y otra vez entre las rocas de concreto. El brillo del fuego no me dejó ver de inmediato los trozos de carne sangrante en que se habían convertido mis dedos, pero con el dolor me bastaba.

Luego de unos minutos, conseguí hacer un boquete por el que apenas pude entrar. Caí del otro lado y sentí algo incrustándose en mi costado, que me hizo soltar un grito de dolor.

Pero pronto aminoró, porque tuve la suerte de que el humo se despejó por unos segundos, y me permitió ver la silueta de Naruto en el suelo.

No.

En unos segundos me encontraba hincado a su lado; sus ojos estaban abiertos, pero su mirada perdida. Su cuerpo era sacudido por leves temblores y su pierna izquierda estaba demasiado cerca de las llamas.

— ¡Naruto!

Fue un error hablar, porque de inmediato sentí la picazón en mi garganta debido a las cenizas. El calor ahora era aplastante y comenzaba a debilitar mis músculos.

Mis manos se movieron a su rostro y le sacudí para que reaccionara, pero solo conseguí que se quejara por el dolor. Vi entonces su herida en la cabeza y el charco de sangre bajo su nuca me recordó que esa herida nunca cerró.

El resto de lo que hice pareció una ilusión. Le cargué como pude, quedando su cabeza recargada contra mi hombro y sus piernas inertes golpeando las mías.

Ahora era mucho más difícil respirar, moverme, emitir algún sonido con ese tubo inservible que tenía en vez de garganta.

También sentía la opresión del calor, las llamas estaban a centímetros de nosotros, comenzaron a quemar mis brazos y piernas.

Naruto.

Entre el humo, distinguí un brillo, la luz que entraba por una ventana alta. El cristal ya se había roto, el alfeizar temblaba. Temblaba tanto como mis manos y mi voluntad, ya que no estaba seguro de poder levantarme si caía al momento de escalar hacia la salida.

Luego ese crujido, el sonido inconfundible de los soportes cediendo: la estructura se venía abajo.

No me dejes.

Corrí hacia la ventana, las rocas golpeaban la parte trasera de mis zapatos, el humo del fuego y el de los escombros se mezclaron de forma que solo quedó un manto gris que cubrió mí visión.

No te vayas.

Sentí el aire exterior, el piso bajo mis pies, luego todo se vino abajo.

Yo también estoy enamorado de ti, Naruto.

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Continuará.