Sí lo sé, es muy raro que actualice muy pronto, pero lo prometido es deuda, así que, ya será de esta manera, muchas gracias a todos los que continúan apoyando mi fic y que si, por alguna razón lo abandonaron, espero que me continúen apoyando, prometo llevarlo hasta su final, y actualizar más seguido, espero que disfruten de este nuevo capítulo.


Capítulo 12.

Luz y obscuridad, las dos caras de la moneda.


El cielo comenzaba a aclararse, tan solo faltaban unas horas, para que amaneciera y el sol bañara con sus rayos el reino de Hyrule. El legendario palacio, centro del reino, había sufrido demasiado daño, lo cual era más visible conforme amanecía, la confusión e incertidumbre comenzó a propagarse y las personas al ver que todo estaba en calma, pretendían regresar al pueblo y castillo, muchos intentaban convencer a otros de regresar, pero al percatarse de la situación el general William, dio la orden de que ningún soldado permitiera que las personas regresaran, hasta no comprobar que el peligro se había ido, además que, la construcción no se veía lo suficientemente segura, por lo que regresar no era una opción.

Las disputas no se hicieron esperar, comenzaron a haber enfrentamientos entre civiles y soldados, muchos tan solo querían regresar a sus hogares y la idea de que el ejército de Hyrule se los impidiera comenzó a causar descontento entre ellos.

Zelda y Ruls habían recostado a Link sobre el pasto cuando se dieron cuenta de que había recobrado el conocimiento, intentaban convencerlo que no se precipitara para incorporarse, temían que estuviera mal herido, sin embargo, nada podría detenerlo.

"Link… por favor, no estás en condiciones de regresar, debes acompañarnos a Ordon" decía Zelda mientras permanecía hincada junto al joven héroe, el cual forcejeaba un poco, mientras Rusl impedía que se levantara.

"Debes hacernos caso hijo, no sabemos si esa bestia sigue por ahí, debes recuperarte para poder continuar" Rusl contenía a Link mientras forcejeaba, sin embargo no tardó mucho en dejar de hacerlo.

"Debo regresar y ninguno de ustedes dos va a impedirlo…" decía Link mientras miraba al suelo, sentado, todavía doliéndose de las heridas que había sufrido, su voz sonaba diferente, Rusl y la princesa se miraron el uno al otro, sabían que algo había cambiado en Link, al parecer no era el mismo, a pesar de no seguir forcejeando y de hablar de manera tranquila, sabían que él estaba totalmente seguro de sus palabras.

"No entiendo esto, ¿por qué querrías regresar Link? Allá solo se encuentra el castillo, a punto de derrumbarse" cuestionaba Zelda un tanto alterada.

"La princesa tiene razón Link, debemos seguir rumbo a Ordon y reorganizarnos, para poder regresar con lo mejor que tengamos para matar de una vez por todas a esa bestia, no sabemos si aún sigue por aquí…" Ruls no pudo concluir su discurso, cuando Link se levantó y miró en dirección del castillo de Hyrule.

"¡No!… esto… ya es algo personal amigo mío; te agradezco… en dos ocasiones me has salvado la vida y estoy en deuda contigo… pero… esto no volverá a pasar" Link apretó sus puños, se sentía humillado, en las dos ocasiones que había enfrentado al ser maligno, había sido derrotado fácilmente, Link jamás había sido orgulloso o alguna persona que fanfarroneara de sus hazañas, pero, de alguna manera su orgullo había sido lastimado, la idea de depender de los demás para poder defenderse no lo hacía sentir bien.

"¿Qué quieres decir con personal? Link no seas…" Zelda se incorporó y se puso frente de él mirándolo al rostro.

"¿Orgulloso?" Link completo la frase de la princesa, mientras la miraba a los ojos, su semblante del héroe denotaba molestia.

"¡No!... yo no pretendía…" respondía apenada la princesa mientras, algunas lágrimas salían de sus hermosos ojos azules.

"Además está claro que ese demonio, no se detendrá hasta destruirme para poder quedarse con mi parte de la trifuerza, lo cual, me hace pensar que si obtiene mi parte, entonces intentará hacerse de las otras dos y eso te pone en peligro Zelda.

Los sentimientos de la princesa se removieron de inmediato al escuchar las palabras de Link, por un lado se sentía protegida por el espadachín de túnicas verdes, quizás porque la amaba, sin embargo, recordó las palabras del joven, cuando éste le dijo; que no era amor lo que el sentía por ella después de aquel beso.

Zelda no sabía que pensar, lo único que quería en ese momento era que Link los acompañara hasta Ordon y que no expusiera su vida.

"Link, ven con nosotros, te lo suplico, encontraremos la manera de que eso no pase, necesitamos alejarnos de aquí" suplicaba con lágrimas en los ojos la princesa del destino.

"Lo siento princesa, pero existe otro motivo por el cual necesito regresar, además tengo entendido que Rusl ha logrado herir a esa bestia, por lo que, debo preguntarte amigo mío ¿ha sido con la misma arma, en esta ocasión?" Link volteó para dirigirse a Rusl, el cual se encontraba de brazos cruzados, sus ojos estaban cerrados y su rostro denotaba preocupación.

"Así es Link" contestó el segundo al mando en Ordon.

"Debo pedirte que me proporciones esa espada, al menos sé que con ella, podré herir a ese demonio" Las palabras de Link no convencieron del todo a Rusl, pero, éste accedió desenvainando la gran espada que emanaba una luz blanca ofreciéndola por el pomo a Link.

El espadachín de túnicas verdes tomó la espada y la agito un par de veces para probar su peso y estabilidad al momento de cortar el aire, Link se sorprendió de su firmeza y ligereza, con su otra mano, Link desenvainó la espada maestra y se la lanzó a Rusl sujetándola también por el pomo, Rusl al sujetar al vuelo la espada, se quedó mirando a Link bastante extrañado, mientras Link envainaba la antigua espada propiedad de los extintos sabios del reino de Hyrule.

"¡Rusl, no lo permitas! Link no está en condiciones de pelear" reclamaba Zelda.

"Descuida princesa esta misión no es de ataque, sino… de rescate" el joven héroe miró a la princesa a los ojos con una sonrisa en su rostro.

Link llevó dos de sus dedos a sus labios, intentando llamar a Epona.

"No acudirá a tu llamado hijo, Epona va en camino a Ordon con Ilia y una amiga de ella" interrumpió Rusl.

"¿Amiga?..." preguntó Link bastante extrañado al tiempo que quitaba sus dedos de su boca.

"Sí… a decir verdad… una amiga bastante extraña, jamás había visto a alguien como ella en todo Hyrule" continuaba hablando el guerrero de Ordon.

Link y Zelda se sorprendieron al escuchar las palabras de Rusl, "¿A qué te refieres con extraña?" preguntaba Link con curiosidad.

"Pues… no parece ser de ninguna raza conocida en nuestras tierras, parece ser extranjera, aunque debo decir que es muy hermosa" respondía Rusl mientras sujetaba su barbilla con su mano derecha y su codo derecho con su mano izquierda, mientras cerraba sus ojos para recordar la imagen de Midna.

Zelda y Link escuchaban atentamente, "Aunque tenía una apariencia algo… cómo decirlo… obscura…" concluyó Rusl.

La noticia impactó a ambos jóvenes, la imagen de Midna se dibujó en sus mentes, "…M…Midna…" dijo en voz baja Link para sí mismo, pero lo suficiente audible para que Zelda lo escuchara, lo que le provocó un nudo en la garganta a la soberana de Hyrule.

La mente de Link confirmó, lo que su corazón le dictaba hacer y era regresar por Midna, no había querido creer que la princesa del crepúsculo había regresado, pero ahora estaba claro por qué su corazón se había agitado sobremanera desde que besó a Zelda.

"Debo pedirte que me prestes tu corcel amigo mío y así mismo, que escoltes a la princesa hasta Ordon, yo… debo ir en busca de alguien" Rusl intentó cuestionar a Link, pero al ver su determinación en sus ojo terminó por asentir con la cabeza.

Link sabía que, Midna no se encontraba camino a Ordon, pero su corazón, sí sabía dónde se encontraba la princesa del crepúsculo, rápidamente Link de un saltó monto el corcel negro de Rusl, agitó las correas y salió a todo galope en busca de la princesa del crepúsculo.

"¡Espera Link…!" Zelda no tuvo tiempo de hacer nada para detener a Link, por lo que comenzó a correr detrás de él, Rusl apresurándose logró sujetarla del brazo impidiendo que continuara, la princesa forcejeó, pidió al guerrero de Ordon que la dejara ir, pero éste le pedía serenidad y que desistiera de seguir a Link ya que era muy peligroso.

Zelda, sin escuchar de razones, comenzó a hacer un gran esfuerzo por intentar soltarse del agarre de Rusl, el general William que se encontraba organizando a unos soldados, a la distancia pudo ver la escena, por lo que, desenvainó su espada y corrió en dirección de la princesa.

"Su majestad, entienda, solo sería un estorbo para Link" Rusl comenzó a ver como un aura dorada emanaba de la princesa, la fuerza de Zelda se incrementaba, finalmente Rusl sintió como la piel de su mano se quemaba, por lo que, tuvo que soltar a la soberana de Hyrule.

Zelda corrió desesperadamente, Rusl intentó alcanzarla, pero fue demasiado rápida, la persecución no se hizo esperar, William vio que la princesa corría en su dirección, el guerrero de Ordon pudo ver al general de Hyrule correr hacia ellos, por lo que pudo deducir el malentendido que se había suscitado.

Zelda cada vez corría más rápido, Rusl se sorprendió de que la soberana de Hyrule tuviera esa habilidad, siendo que jamás la había visto correr de esa manera, por lo que el guerrero de Ordon apretó el paso para intentar detener su soberana.

Una vez que William se encontró con la princesa, intentó hablar con ella, pero vio que, ésta simplemente pasó de largo corriendo, sin siquiera notar su presencia, cuando el general, volteó vio a Ruls corriendo detrás de ella, por lo que se abalanzó con su espada en contra de él, Rusl que ya había advertido las intenciones del general, sacó un par de boleadoras, y comenzó a hacerlas girar con su mano derecha, William al acercarse a Rusl blandió su espada de derecha a izquierda, el guerrero de Ordon dio un salto propulsando su cuerpo por encima del viejo general, el peso de sus piernas lograron que Rusl girara en el aire, éste apoyó su mano izquierda sobre el hombro derecho de William y con fuerza, logró propulsarse por segunda vez por detrás de del militar, el general fue proyectado en dirección donde Rusl había estado corriendo segundos antes, Rusl en el aire, giró su cuerpo de manera que pudo ver al general de espaldas, en ese momento, lanzó las boleadoras a las piernas del militar, el cuerpo y piernas del guerrero de Ordon continuaron su giro de arriba hacia abajo permitiéndole caer de pie y continuar su carrera, para intentar detener a la princesa Zelda, William cayó bruscamente, las boleadoras habían sujetado con fuerza sus piernas, el general, desde el suelo, inmediatamente gritó la orden de que detuvieran a Ruls.

Los soldados reales que ya habían presenciado la escena, se encontraban listos para detener la carrera del segundo al mando de Ordon.

Zelda, en su carrera, tropezó al pisar su propio vestido, al caer y darse cuenta de su estorboso vestido, comenzó a desgarrarlo para hacerlo más corto. Varias personas presenciaron lo que su soberana estaba haciendo, las miradas de varios varones se desviaron para ver las hermosas piernas de Zelda, a lo que la princesa no dio importancia, en ese momento, su vestido era más corto de lo normal, tan solo cubría por arriba de sus rodillas, totalmente disparejo con algunos trozos de tela más largos que otros, cuando terminó, se incorporó y continuó su carrera.

Rusl esperaba que la caída de su soberana, le permitiera alcanzarla, pero se sorprendió lo lejos que ya estaba de él, por lo pronto, ahora debía lidiar con una docena de soldados reales, con la agilidad de una gacela, comenzó a esquivar sus ataques, un soldado blandió su espada de arriba hacia abajo, pero solo termino enterrándose en la tierra, Rusl con un movimiento rápido de piernas logró hacerse a un lado, inmediatamente otro soldado agitó su espada de izquierda a derecha con ambas manos, el guerrero de Ordon logró sujetar la muñeca izquierda del militar con sus dos manos y girando su cuerpo, logró impactarlo con tres solados que estaban a punto de atacarlo, los cuatro soldados terminaron en el suelo, el resto de los militares se disponían a utilizar sus espadas en contra del guerrero de Ordon.

"¡Alto! Dejen esto a nosotros" la voz provenía detrás de una muchedumbre que observaba el espectáculo, cuando estos abrieron el paso, Rusl vio a tres soldados singulares, uno bastante robusto girando una enorme bola de acero con picos, del mismo material, alrededor de ésta, otro bastante delgado empuñando un par de afiladas dagas; que al agitarlas, se podía escuchar el silbido que producían al cortar el aire, y otro de corta estatura, el cual portaba una gran hacha, la cual cargaba, apoyada en su hombro derecho.

Rusl, al ver su situación, desenvainó la espada maestra que Link le había dado hace unos momentos y tomó una posición de defensa.

"¡Vaya! no creí que algún día tuviese que enfrentarme a ustedes tres… ¿serviría de algo?... si les dijera que la princesa está corriendo en dirección del peligro y debemos detenerla".

"Ahórrate tus palabras, "Lobo del bosque" has levantado tu arma en contra de la soberana y de un alto mando militar de Hyrule y eso, se paga con la muerte" respondía el caballero robusto el cual portaba su casco al igual que sus compañeros.

"Muy bien… en ese caso…veo que no tengo elección…" Ruls abandonó su posición de defensa, envaino la espada maestra y cerró sus ojos, un silencio se hizo en el lugar, el viento comenzó a soplar tenuemente, levantando algo de polvo del suelo.

Zelda continuaba corriendo, ignoraba lo que estaba a punto de suceder medio kilómetro atrás, lo único en lo que podía pensar, era en Link, repentinamente, vio a un aldeano de la caravana que caminaba tirando de la correa de su caballo, el animal era de color blanco, bastante hermoso, pero Zelda no se detuvo a admirar su belleza.

"Por favor buen hombre podría prestarme su caballo, lo necesito urgentemente," la princesa detuvo su carrera, el hombre al reconocer a su soberana, no titubeó en acceder y ayudó a la princesa a móntalo y con un agitar las riendas, Zelda siguió su camino detrás de Link.

"Si esa criatura sigue por aquí, Link corre peligro… además… Midna estará ahí" se decía la princesa, ella temía por la vida de su amor, ya en dos ocasiones estuvo a punto de morir por causa de ese ser maligno y quizás no podría burlar a la muerte una tercera vez.


Epona cruzaba el puente de madera que unía Ordon con el resto de Hyrule, el sol comenzaba a emitir sus primeros rayos que se filtraban por las ramas de los árboles del lugar, Ilia estaba concentrada en dirigir a Epona, cuando un rayo de luz rozó la piel de Malina, la cual iba sujetando a Yarl por detrás para que no cayera al suelo.

"¡AH!" Gritó la adolescente del mundo del crepúsculo, lo que atrajo la atención de Ilia.

"¡¿Qué sucede?!" Preguntó la joven de ojos verdes.

"No sé, algo rozó mi piel y me ardió como si me quemara" contestó la joven de ojos purpura.

Nuevamente otro rayo se filtró y rozó una pierna de Malina, la cual volvió a gritar quejándose de lo mismo, Ilia no pudo entender que estaba sucediendo.

"Son… esos rayos luminosos" Malina identificó que los rayos del sol quemaban su piel al entrar en contacto con ellos.

"¿Te refieres a la luz del sol? Preguntó la joven de Ordon, Malina no supo que contestar, pues ella, nunca había visto rayos solares de tanta intensidad, el sol de su mundo no emitía luz tan potente, fue entonces cuando Ilia recordó las palabras de Midna, donde le pidió que les permitiera a sus amigos refugiarse en un sótano mientras el sol estuviera en el cielo, la idea golpeó la mente de la joven de Ordon y pudo deducir que Malina, Yarl y Midna, no toleraban los rayos del sol, por lo que agitó las riendas de Epona para cabalgar a mayor velocidad, conforme avanzaban, más y más rayos de sol se filtraban entre las ramas de los árboles, como pequeñas agujas, comenzaban proyectarse sobre los cuerpos de Yarl y Malina lo que les provocaba quemaduras en su piel.

"¡Por favor!... Haz algo… ¡queman!" Malina suplicaba con lágrimas en los ojos, para que el dolor se detuviera, Yarl por otro lado al estar seminconsciente no se quejaba.

Ilia, rápidamente, pensó en la casa de Link, era la más próxima y ahí podrían refugiarse, segundos después, la puerta de la casa del héroe de Hyrule su pudo ver a la distancia, detuvo a Epona debajo de la sombra de un árbol que poco a poco se iba reduciendo, de un saltó bajó de la yegua.

"¡Rápido! ayúdame a cargar a tu amigo dentro de esa casa" indicó Ilia a Malina, mientras la joven de ojos purpura comenzó a ayudar a Yarl a desmontar, Ilia abrió de golpe la puerta de la morada del espadachín de túnicas verdes, el sol amenazaba en dar de lleno al lugar donde se encontraban, pues se asomaba más cada segundo que pasaba, Ilia ayudó a Malina, apoyando a Yarl en su hombro, rápidamente el trio entró a la casa de Link, ya dentro Ilia se apresuró a cerrar la puerta, dejando fuera toda amenaza para los habitantes del crepúsculo, con ayuda de Malina llevaron a Yarl al sótano de la casa, una vez que recostaron a Yarl junto a unos sacos de harina y algunas otras pertenencias de Link, Ilia subió a los niveles más altos y rápidamente comenzó a tapar las ventanas con cualquier objeto que se encontrara a su paso, para evitar que los rayos de sol pudieran entrar y amenazar a sus nuevos inquilinos.

Cuando finalmente terminó, tomó una vela y la encendió para guiarse y volver con Malina y Yarl.

"¡Vaya! estuvo cerca… ¿Te encuentras bien?" preguntó Ilia a la joven del crepúsculo.

Malina se abalanzó sobre Ilia y la abrazó fuertemente dándole las gracias con lágrimas en sus ojos, la experiencia que había vivido la había hecho sufrir mucho. Ilia con un instinto maternal, abrazó a Malina, intentando tranquilizarla, acariciando su larga cabellera negra y atrayéndola a su regazo.


El ejército acrabiano cruzaba el desierto como una gran masa de hombres y mujeres, que tenían como destino invadir tierras Hylianas, El sol apenas tenían un par de horas de haberse asomado en el horizonte, por lo que debían avanzar lo más rápido posible antes de mediodía, Kahina había ordenado de no detenerse hasta el siguiente oasis que se encontraba a más de cinco horas de camino, como en todo despliegue de tropas en un desierto, comenzaban a haber rezagados, los más débiles comenzaban a sucumbir al cansancio y a la sed, los que intentaban ayudar a los que desfallecían, también eran dejados a su suerte, no se podía arriesgar la seguridad de los demás, las condiciones eran extremas, la muerte rondaba a cada hombre y mujer que intentaba cruzar el mar de arena, los peligros acechaban a cada paso.

"Vamos Ayesha, debes continuar", lejos de todos, en una duna cercana Kahdar y Ayesha se desplazaban cubriendo el perímetro de las fuerzas armadas de Kahina, era importante que algunos elementos se desplazaran por terrenos alto para advertir cualquier fuerza enemiga o cualquier amenaza que pudieran encontrar.

Cada uno traía una capa con capucha que los cubría de los implacables rayos de sol.

"¿No podríamos descansar un momento maestro?" preguntaba bastante agitada la joven arquera. Mientras sus pies se hundían en la arena, dificultando su caminar.

"¡No!" contestó el guerrero acrabiano, que sin voltear a mirarla, continuaba su andar por delante de Ayesha.

"No creí que esto fuera a ser tan difícil" replicaba la joven, a lo cual Kahdar no contestó, momentos antes de que el campamento acrabiano se levantara, Kahadar a muy temprana hora de la mañana habló con Ayesha, más que una plática, fue una severa reprimenda por haberlo desobedecido, el guerrero acrabiano le había retirado cualquier privilegio a la joven y desde ese momento, tendría que aguantarle el paso y seguir sus ordenes, si se rezagaba, ella quedaría a su propia suerte.

Ayesha comenzaba a deshidratarse rápidamente, por lo que sacó una bolsa de cuero, que contenía agua en su interior, cuando quitó el corcho que la tapaba y sus labios estuvieron a punto de refrescarse con el vital líquido, la bolsa fue arrebatada de sus manos, sorprendida la joven al voltear a ver a Kahdar, vio que éste se la había arrebatado a la distancia con un arpón que había lanzado para perforar y engancharse en la bolsa, para después tirar del lazo que lo sujetaba y atraer la bolsa a manos del joven espadachín acrabiano.

"No habrá agua para ti Ayesha, no hasta que lleguemos hasta el siguiente oasis" decía Kahdar mientras le daba la espalda a la joven y continuaba su andar.

Ayesha, sentía que su alma abandonaba su cuerpo, en verdad necesitaba beber agua, podía sentir las células de su cuerpo evaporarse en el ambiente seco del desierto, pero no tuvo más opción que continuar caminando detrás de su maestro con resignación.

El transporte real acrabiano era bastante singular, Un escorpión del tamaño de cuatro elefantes, transportaba una plataforma de mármol sujetada a su costado, totalmente cubierta de una alfombra roja, cuatro postes de madera en las esquinas de ésta, sostenían una gran carpa blanca con adornos dorados que pendían de las orillas de la misma, al centro, un camastro con suaves cojines permitía a Kahina recostarse, mientras dos doncellas agitaban dos grandes abanicos para refrescar a su soberana y una tercera ofrecía fruta y líquidos a la princesa acrabiana, alrededor seis guardias reales protegían el aposento real.

"Vaya al parecer esa chiquilla, protegida de Kahdar, logró salirse con la suya, aunque debo reconocer, que no está de más una súbdita que decida pelear en mi nombre" se decía así misma la soberana acrabiana, mientras dirigía su mirada hacia la pareja, maestro – alumna.

Repentinamente una ráfaga de viento interrumpió los pensamientos de Kahina, Dinnus se había materializado frente a ella reverenciándola con un saludo, inclinando solo un poco su cintura hacia delante.

"Su majestad, no tardaremos en llegar al oasis que nos dirigimos" comentaba Dinnus portando su gran túnica, la cual solo permitía ver la parte baja de su rostro.

"Ya era hora, este calor comienza a ser insoportable" respondía irritada la princesa, "espero que no te hayas equivocado Dinnus y lo que prometiste sea verdad" agregó la princesa levantándose de su lecho real.

"Descuide su majestad, solo debo recordarle lo que usted también prometió, una vez que la lleve a usted y a su ejército a la tierra de Hyrule, espero cumpla lo pactado" respondía sonriendo el hechicero.

"No te preocupes por eso, mis mejores mercenarios estarán a tu mando anciano, tan pronto como el último elemento de mis tropas, pise suelo Hyliano, podrás hacer lo que te plazca" respondía sonriendo Kahina.

Dinnus con una sonrisa siniestra, desapareció del lugar, dejando detrás de él, solo arena que se levantó sutilmente al momento que dejó de estar frente a kahina.

"Solo espero que ese viejo no me dé problemas, aunque, por fortuna mía, siempre estoy preparada para cualquier... eventualidad..." se dijo a sí misma la princesa, al mismo tiempo que miró en dirección de donde se encontraba Kahdar.


Link galopaba a toda velocidad, como si alguien lo guiara, él sabía perfectamente a donde dirigirse, podía sentir cada vez más la presencia de la princesa del crepúsculo, definitivamente no había duda, era ella, sin saberlo, Link podía sentir nuevamente la presencia de su querida Midna en su mundo. Mientras más pensaba en ella, más urgencia tenía de llegar al lugar donde sabía se encontraba ella.

Cuando llego al lugar, donde su corazón le decía que, ahí se encontraba la princesa de cabellos rojizos, de un saltó desmontó su caballo, después de caminar volteando en todas direcciones, finalmente pudo ver su cuerpo tirado sobre el pasto de una colina, corrió a toda velocidad gritando su nombre, pero al ver que no respondía comenzó a preocuparse, era obvio que ella no se encontraba bien.

"¡Midna!" gritó Link, cuando llegó al lugar donde se encontraba su amada, se hincó para poder tomarla entre sus brazos y mirar su rostro, el cual acarició sutilmente sintiendo su hermosa y suave piel, intentó despertarla diciendo su nombre y agitando un poco su cuerpo, pero era inútil, Midna no daba señales de vida, Link la recostó en el pasto, tocó el pulso de su muñeca y después colocó su oído frente a la nariz de la soberana del mundo del crepúsculo para sentir su respiración.

"¡Está viva!… no te preocupes Midna… te pondrás bien" decía en voz baja el héroe de Hyrule.


El ejército de Kahina finalmente llegó a un gran oasis, todos los solados rompieron filas y comenzaron a correr a lo que prometía ser un buen chapuzón, Dragnard sonreía al saber que sus hombres finalmente podrían recuperarse después de tan largo viaje. Mas que un oasis, parecía ser un gran lago en medio del desierto, muchos se cuestionaron, como era posible tanta agua en un lugar tan seco como el desierto, muchas palmeras y plantas decoraban el lugar, causando la sensación de varios.

Lo que parecía un lago, era en realidad un desnivel por el cual pasaba un rio subterráneo, el cual fluía muchos kilómetros desde el norte, pasando por ese singular lugar, saliendo de las entrañas de la tierra a la superficie, para posteriormente fluir al interior de unas cavernas, que lo volvían a ocultar en las arenas del desierto.

A lo lejos muy por detrás de todos, podían verse dos siluetas, las cuales se distorsionaban por el calor elevandose por encima del suelo arenoso, eran Kahdar y Ayesha, "Vaya al parecer hemos llegado" decía kahdar, lo cual animó a su discípula, que comenzó a acelerar el paso ya que sabía que eso significaba que el oasis al que se dirigían estaba cerca.

Lo que comenzó como pasos cada vez más rápidos, se convirtió en una carrera desenfrenada por alcanzar la frescura de las aguas prometidas. Ayesha, sin importarle nada, corrió lo más rápido que pudo. Kahdar sonrió al ver la entereza de la joven, sin alterar el ritmo de sus pasos.

"Definitivamente es fuerte…" Pensó el guerrero acrabiano mientras veía a su discipula alejarse en dirección del oasis.

Parecía una gran fiesta a lado de las aguas que habían revivido al cansado ejército de Kahina, la cual comenzaba a descender de su transporte, ayudada de varios súbditos, acompañada de cuatro guardias reales y dos súbditas que la cubrían de los rayos del sol con dos grandes abanicos, comenzó a caminar entre la multitud de soldados, los cuales la reverenciaban y saludaban militarmente cuando ella pasaba frente a ellos, dejando de lado la actividad que estuvieran haciendo.

Finalmente llegó hasta donde estaba Dragnard, el cual se refrescaba su rostro a la orilla de aquel gran rio, al voltear y ver a su soberana, rápidamente tomó una posición de saludo militar, reverenciando a la vez a su princesa.

"Buen trabajo Dragnard, veo que fuiste bien elegido para comandar mis tropas" se refería la princesa a la mole humana que tenía frente a ella.

"Es un honor su majestad" reverenciaba el fornido hombre.

"Por el momento deja que todos se recuperen pero, antes del anochecer necesito que estén listos para continuar" ordenaba Kahina con mirada sería.

"Pero… su majestad… necesitarán descansar más que eso, pensé que pasaríamos la noche aquí" reclamaba Dragnar de manera sutil.

"Cambio de planes soldado, espero que cumplas mis órdenes" respondía enérgicamente Kahina al mismo tiempo que dio media vuelta y se alejó caminando seguida por su escolta.

Dragnard, molesto y con recelo, acató las ordenes de Kahina, mientras continuaba en su posición de saludo militar observando a Kahina abrirse paso entre la multitud de soldados, los cuales a su vez también la saludaban.

"Ya perdimos varios hombres en camino hasta este lugar, perderemos más, si continuamos de la manera en que lo quiere la princesa" pensaba Dragnard, para después llamar uno de sus subordinados, para que se diera la orden que exigía la princesa acrabiana.

Kahina había recibido una propuesta de Dinnus la noche anterior, le prometió a la princesa llevar a su ejército a Hyrule, sin tener que hacer el largo viaje de un mes por mar de arena, a cambio de tener a su mando a "La sangre del desierto" un grupo de mercenarios acrabianos de alto rango, ante tal propuesta la princesa accedió, eso le daría gran ventaja al poder llevar a sus tropas casi en su totalidad, asegurando la conquista del reino Hyliano.

La princesa se alejó del campamento, continuó caminando escoltada, a la orilla del rio, a lo lejos podía ver una silueta parada en lo alto de una duna, conforme se acercaba podía ver que se trataba de la inconfundible imagen de Dinnus.

"¿Seguro qué este es el lugar Dinnus?" preguntaba la princesa una vez que se colocó a lado del hechicero.

El hechicero con sólo sonreír, levantó sus dos brazos, y pronunciando algunas palabras en un dialecto antiguo, logró que la tierra comenzara a temblar, lo cual desestabilizó a la princesa, pero con ayuda de sus dos súbditas, recobró el equilibrio al momento que la tomaron por ambos brazos.

Las arenas al otro lado del rio comenzaron a agitarse, pareciera que algo las proyectara con fuerza hacia el cielo, todos voltearon en dirección del espectáculo.

Ayesha, que se encontraba bebiendo agua del rio, también desvió su mirada para observar lo que sucedía, el movimiento de la tierra comenzó a sentirse con más intensidad en el lugar donde se encontraba, lo cual desestabilizó a la joven de ojos color miel, la cual separó sus piernas para no perder el equilibrio, momentos después sintió como alguien se apoyó sobre su hombro derecho, al voltear vio que era la mano de su maestro, el cual, de manera tranquila observaba lo que comenzaba a emerger de las arenas del desierto.

Del otro lado del rio, lo que parecía ser las ruinas de alguna estructura antigua, salían de las entrañas del desierto.

Grande muros hechos de roca caliza, se asomaban de las profundidades de la arena, seguido de algunas columnas en forma de obeliscos, mientras la estructura emergía podían verse más detalles, después el rio comenzó a agitarse también, algunas esfinges salían de sus profundidades, éstas delineaban lo que al parecer era un camino que también emergía de su lecho.

El camino finalmente tomó la forma de un puente de treinta metros de ancho y casi un kilómetro de largo, lo que era suficiente para cruzar el gran cause de agua, al otro lado grandes muros en forma circular y rodeados de diez obeliscos, contenían una estructura en su interior, la cual, a la distancia brillaba intensamente a causa de los rayos del sol, aunque nadie podía identificar de que se trataba.

La tierra dejo de temblar, el agua escurría de las esfinges y del puente, tenían un color verdoso debido a las algas, que habían crecido sobre ellas después de varios siglos de haber permanecido sumergidas en las aguas del rio.

Se hizo un gran silencio, nadie se movía ni decía nada, tan solo contemplaban la colosal estructura.

"Algo no está bien aquí…" se decía a si mismo Kahdar en voz baja.

"¿A qué se refiere maestro?" preguntaba Ayesha, al escuchar lo que había dicho su maestro.

"Nada Ayesha, solo debo pedirte que estés lista, recupera tus fuerzas, al parecer el descanso en este sitio no durará mucho" decía Kahdar a su discípula mientras no dejaba de mirar aquella estructura.

"P…pero maestro…" replicaba la joven, "Sin peros Ayesha, recuerda, estás bajo mis órdenes" al decir esas palabras Kahdar se dirigió hacia el puente, dejando detrás a su discípula para que hiciera lo que le había ordenado.

Los soldados hablaban entre ellos, nadie sabía lo que estaba por venir, pero la estructura dejaba en claro que por algo habían llegado ahí.

Dragnard se encontraba frente al puente de las esfinges, intentando ver que era lo que brillaba del otro lado del puente, "Debes dar la orden de que todos descansen y se recuperen Dragnard, presiento que las cosas se pondrán feas cuando el sol se ponga" Kahdar se dirigía al guerrero de armadura roja.

"Hmm, que te hace pensar que te haré caso Kahdar, después de que te vencí, el que está al mando soy yo" respondía la mole humana de manera burlona.

"Sí quieres tener un ejército al cual darle órdenes para el día de mañana, será mejor que no ignores mis palabras" contestaba el guerrero de armadura atigrada, mientras se alejaba del lugar, dejando intrigado al general Dragnard.

"Listo su majestad pasando este puente, se encuentra el reino de Hyrule" se dirigía el hechicero a la princesa Kahina, "creo que es tiempo de que ahora usted cumpla su palabra" demandaba el hombre de piel cerosa.

"El acuerdo fue cuando estuviéramos en Hyrule Dinnus, no pretendas jugarme sucio anciano" respondía la princesa bastante desconfiada.

El rostro de Dinnus denotaba molestia, al parecer la princesa no cedería tan fácil el mando de los cinco mercenarios más temidos de su reino. El hechicero, por un instante, miró el anillo azul claro que la princesa portaba en su dedo índice derecho, su miraba descubría su ansiedad por poseerlo.

"Recuérdalo Dinnus cuando yo y mi ejercito estemos en Hyrule el anillo de la invocación será tuyo" comentaba la princesa al mismo tiempo que, levantaba su mano mostrando directamente al anciano el anillo de plata con un ópalo incrustado.

La princesa dio media vuelta y con una seña indicó a su escolta la siguieran, dejando atrás al hechicero bastante molesto.

"Muy bien mi querida princesa, como usted ordene" respondía Dinnus haciendo una pequeña reverencia a la soberana acrabiana. Mientras la miraba alejarse con desdén.


"Link no podía lograr que Midna reaccionara, sin pensarlo más, la tomó sobre sus brazos, intentando no moverla mucho, para no lastimarla, rápidamente camino con ella hacia su caballo.

"¿L…Link…?" la princesa del crepúsculo comenzó a recobrar el conocimiento, abriendo poco a poco sus ojos. El espadachín inmediatamente recostó a Midna sobre el pasto y se hincó a su lado.

¡Midna!... ¡Sí! Soy yo, ¿te encuentras bien? Preguntaba Link intentando que la princesa le pudiera contar lo que había ocurrido... cómo había llegado al mundo de la luz, muchas preguntas se formularon en su cabeza, pero lo que más le importaba, era saber que ella se encontraba bien.

Midna al abrir los ojos, aun con la vista borrosa, pudo identificar a Link, su corazón palpitaba a un ritmo acelerado, al igual que el del guerrero de Ordon, la princesa del crepúsculo comenzó a recuperar su fuerza y en cuanto tuvo la energía suficiente, abrazó a Link lo más fuerte que pudo, Link no necesito de más palabras simplemente abrazó a Midna sosteniendo su peso con sus brazos atrayéndola hacia su pecho, acariciando su hermosa cabellera rojiza y posando su barbilla sobre su la cabeza de su amada.

Ambos se perdieron en ese abrazo, finalmente se sentían completos, no necesitaban de palabras para expresar sus sentimientos, los brazos de Midna no encontraban la fuerza necesaria para atraer a su amado lo más cerca posible de ella, reconocían el aroma de sus cuerpos, nuevamente estaban juntos, Midna comenzó a derramar lágrimas, las cuales intentaba limpiar con la túnica de Link, pero a pesar de intentar dejar de llorar no podía, las lágrimas corrían por sus mejillas sin control, el momento se extendió por varios minutos más, La princesa del crepúsculo, no quería alejarse del pecho de Link, nuevamente se sentía protegida y no quería que ese momento terminara nunca.

"Gracias a las Diosas que estás bien Midna, no sé cómo, pero nuevamente estás conmigo y es todo lo que necesito" rompía el silencio el héroe de Hyrule.

El sonido de los cascos de un caballo sobre el suelo, interrumpieron el momento, Link inmediatamente se incorporó desenvainando la espada que Rusl le había proporcionado, Midna al no querer soltar a Link se incorporó junto con él, abrazándolo fuertemente intentaba ocultar sus hermosos ojos, los cuales continuaban derramando lágrimas, detrás del hombro izquierdo de Link.

"¡¿Zelda?!" Link se sorprendió al ver a la princesa de Hyrule montando un corcel blanco, Midna al escuchar el nombre de su ahora rival amoroso, dirigió su mirada sin mostrar su rostro, el cual seguía oculto detrás del hombro de Link.

"¡Midna!" Dijo para en voz baja, para si misma la princesa Zelda, la cual, agitaba las riendas del caballo para indicarle que se detuviera.

Ambas princesas, luz y obscuridad, ahora se miraban frente a frente, la moneda se había lanzado al aire, ambas eran parte de la misma, unidas en su momento en espíritu, ahora debían enfrentar sus fantasmas y encarar la realidad.