XII.- UNA MANO LAVA A LA OTRA…

No podía creer que habíamos recuperado la feliz armonía del poblado y que nadie se había enterado de la rocakambola de la otra noche. Happy Dolls parecía imperturbable y soporífera, mientras daba mi trote matutino.

Decidí hacer un alto para saludar a Cris, que ya madrugaba abriendo la consulta, y de paso, ver como seguía el alicaído ánimo de Bart. Es jocoso que mis mejores amigos sean un MAX STEEL de imitación y un HASBRO, medité.
El doctor estaba de un humor de perros…

-¡Maldito De Southerville! Murmuró.

-¿Qué hizo ahora? En mi medidor de adrenalina saltaron todas las alarmas.

-Nada grave, salvo privarme de mi recepcionista y enfermera… Nuestra dueña ha debido encargar una reemplazante.

-¿Tan grave es la cosa?
-Obviamente, la futura Marquesa De Southerville no quiere dignarse ensuciar sus manos ayudando a un mediquillo de cuarta como yo…

-¿Van a casarse? Le pregunté azorado. La voz de Cris estaba cargada de profunda amargura. No podía explicarle que en parte era una especie de trabajo y que no todo sería rosa en su vida matrimonial para Melissandra, ya que era Secreto de "Seguridad Muñequística de SU Majestad" (SMSM).
Sin embargo, era demasiado dolor para sólo perder a su ayudante… Decidí acompañarlo un rato y entré con el al "impoluto templo de la salud" como gustaba llamar a su trabajo.

-¡Todas son iguales! Espetó después de un rato. Todas las condenadas alternativas se van tras un original, de marca…

-¿Todas?

-Mi ex esposa… dijo con ojos enrojecidos – Todo el tiempo estaba refregándome en la cara que yo no era "original" y que ella merecía algo mejor.
Ahora viene esta muchachilla y se va con el primer HASBRO que se le pone por delante…
¡Todas las ratas abandonan mi barco!
Lo chistoso es que Margaret al final se fugó con un alternativo de un plástico más malo que el mío, pero cuando yo me estaba cuarteando. Son demasiados años, ¿no? En diez años, no hay plástico barato que aguante.

-Pero tienes a Mary…

-Mary es una reina, demasiado juiciosa y modesta para aspirar a casarse con un Ken, dijo cambiando de cara, sólo pensar en su esposa le hacía recuperar la compostura.
Supongo que eso es amor, me dije, entre risas…
Miró sus partes refaccionadas, copia de las mías.

-Tienes un buen cuerpo, querido amigo, firme y funcional… Espero me dure muchos años.

-Si sigues piropéandome Mary se pondrá celosa, le dije con retintín.
Finalmente Cristopher rió, divertido.

-Veamos que tal va el vecino, me dijo.
Nos asomamos a la calle. Desde la consulta se veía la antecámara de la bóveda del tesoro. Aún con la cabeza vendada, Barton se veía digno en su paseo de resguardo.
Unos golpeteos contra la acera lo pusieron tenso. Intrigados, vimos que eran los tacones de una Barbie preciosa que se acercaba garbosamente por la vereda.

Un leve silbido se escapó de la boca de Cris.
-¡Una fashionista último modelo! ¡!100% articulada!
Hay que reconocer que era una rubia muy linda… El GIJOE se puso nervioso y con un movimiento en falso de su arma, dispersó los papeles que la damita traía en su carpeta.

-¡Oh, cuánto lo siento señorita!… Barton se puso como una cereza en sazón, mientras recogía torpemente el legajo de la carpeta.

-Creo que Bart se ha enamorado, le soplé al oído al doctor Reeves.

Cuando hubo recuperado el total de lo caído, y aún el Guardia se deshacía en disculpas, la muñeca se despidió con una sonrisa, cruzó la calle y se nos quedó mirando.

-¿Dr. Cristopher Reeves? Soy la señorita Sweet, su nuevo doctor asistente y recepcionista…

-Un gusto, Srta. Sweet, este es mi amigo Kyle Max Steel, encargado de la seguridad de la Reina.

-¡Mucho gusto! La rubia nos dio la mano con energía.

Con regocijo observé que Bart aún miraba hacia nosotros. Hechas las presentaciones, decidí hacer un discreto mutis a la vereda de enfrente.

-¿Y qué, te impresionó la jovencilla?

-No sé de qué habla, Sr. Steel, cometí una torpeza, pero restituí los papeles de la señorita… sus palabras se detuvieron en seco al vislumbrar un remanente en el piso. Lo recogimos y resultó ser una foto.

-¡Con que son gemelas!, ¿eh? Aunque la de las mechas rosas parece más rebelde y menos buenita…

Barton enrojeció, batallando, de seguro, entre conservar la foto o pasar por la ignomiosa vergüenza de ir a dejarla al Consultorio personalmente.

-Yo la devolveré por ti. De todas formas, podrás mirarle las piernas todos los días, es la nueva recepcionista de Cris…

-G-gr-gracias, Sr Steel… pero prefiero hacerlo yo mismo.

-Llámame Kyle nada más, y cuando termine tu turno iremos a tomar unas cervezas… quizás podamos hablar de chicas, dije guiñándole un ojo. (Habló el experto, sí, seguro)

En un mundo ideal, Barton y yo tendríamos una cita doble con las bellezas de las gemelas Sweet, pero a mí me gustan las mujeres mayores, con su sabiduría y experiencia… En particular mi jefa, pero no le veo futuro a tener algo con ella, reflexioné mientras volvía al "nido".

-¡Hola, Kyle! Me saludó apenas verme Ángel.
Salí antes del trabajo… - medio se sonrojó al decir estas palabras - y creo que te mereces que te agradezca la hazaña heroica de rescatarme, al menos con un modesto picnic, agregó pasándome una canasta primorosamente preparada por sus propias manos.

-Bien jefa, vamos a darnos un pequeño respiro, lo merecemos…

Subimos al auto y rodamos a un resguardado paraje dentro del mismo patio de la casa, pero en un secto que aún no conocía. Un gigantesco laurel daba una sombra fresca, mientras que la menta, el cedrón y otras hierbas perfumaban la brisa.

-¿Qué es este sitio? No parece haber mucho tránsito de muñecos ni de humanos por aquí…

-Ah… es que le trae recuerdos agridulces a nuestros dueños, suspiró la rubia Barbie, aquí… aquí es donde enterraron a sus mascotas, tres tortuguitas verdes que murieron de enfermedad. Ya no queda nada de las lápidas que ellos mismos escribieron de niños… Yo ya llevaba aquí varios años y encontraba tiernas a las tortugas, me gustaba mirar cuando les daban de comer.

Alejé la melancolía de Ángel comentándole lo que habíamos descubierto Cristopher y yo sobre Adam y su inminente boda y el "enamoramiento" del tímido Bart.

Lo primero le dio algo de rabia. Una boda en Happy Dolls… ¡Y ella no iba a organizarla!
Aunque de todas formas ninguna pareja podía contraer matrimonio en el poblado sin la "Bendición de la Reina"

-¡Sí que será una bendición, rió, al fin nos desaceremos de De Southerville, jajajaaa…!
Sólo lo siento un poco por Melissandra, pero por lo visto la chica tiene voluntad de hierro y le pondrá los puntos sobre las íes a ese GiJoe.

Lo de Bart, le produjo más hilaridad. Dijo no poder imaginárselo invitando a salir a una chica… esperaba sinceramente que esta fuera lo suficientemente atractiva y comprensiva para que el comedido muchacho venciera su timidez.

-¿No estarás pensando en intervenir, Celestina?

-No, creo que son demasiado jóvenes aún, hay que dejarlos conocerse, equivocarse, y ver el mundo, acotó poniéndose reflexiva. Algunos ya no podemos darnos ese lujo, porque ya tenemos demasiado kilometraje…

-Quería agradecerte por estos ricos sándwiches, abuelita… me miró de hito en hito con estupor dejando de autocompadecerse.

-¿Y quién se supone que eres tú? ¿Caperucito Steel? Me lanzó picada.

-¿Cómo se atreve, señora? ¿O se cree una loba feroz?, le tiré otro dardo.

-¡Cómo te atreves, cavernícola! Me amenazó con sus pequeños puños bronceados, que cogí al vuelo y sin darnos cuenta, rodamos sobre la manta de picnic… Su cuerpo sin aliento y resoplando sorprendido bajo el mío… Con sus ojos violeta enormes y asombrados y sus aristocráticos labios delgados a un palmo de los míos… La tentación era demasiado grande.

Bajé la cabeza para posar mis labios en los suyos. No me rechazó, más bien, devoró mi boca, mientras enterraba sus uñas en mis hombros, y mis manazas se perdían en la seda perfumada de su cabello.

Al fin el cúmulo de emociones culpables y angustiadas que había venido acumulando desde el primer día que nos vimos encontraba un vehículo, y este resultaba no tener frenos ni dirección...
Nos besamos por largo rato, hasta quedarnos dolidos de privación, aturdidos, temblorosos y sin palabras. Las primeras estrellas guiñaban en medio de la penumbra.

-Es tarde… - dijo tiritando entre mis brazos con dolor, y escindiendo la magia del momento, - es hora de volver o le echarán llave a la casa y nos quedaremos a merced de los ratones y los gatos…

-Es cierto, respondí, lacónicamente, con pena.
Un silencio fatídico e inexorable nos acompañó de vuelta, mientras conducía el convertible.

Dejé a Ángel en casa, y volví a salir más tarde, para cumplir con mi previamente acordada cita con Bart. Éste tímidamente, pero lleno de esperanzas, me contó como había visto salir de su empleo en la consulta de Cris a la doctorcita de sus sueños, y caballerosamente le había restituido la foto de ella y su hermana.

-¡Buen chico! Le palmoteé la espalda, mientras, consumíamos varias cervezas, una tabla de queso y algunas galletitas de soda en la concurrida y solicitada barra del famoso "Petit Delights".

-¿Y Ud. Señor Steel, tiene mucha experiencia con mujeres?

-Menos de la que quisiera, Barton, menos de la que quisiera, reflexioné en voz alta, pensando en que había cruzado un umbral prohibido y una vez en él, temía llegar más allá. ¿Y ahora, qué?