Capítulo 12: Ragamuffin…
Luego del desayuno y la extraña conversación entre Taxidermio y Ragamuffin, el primero se retira para investigar en su biblioteca, mientras Ragamuffin y Lenore se quedan solos en el comedor:
-me gustaría poder ayudar en algo a Taxidermio…
-no te preocupes Lenore, él puede hacerse cargo de esto…
-pero somos sus amigos, él nos necesita…
Ragamuffin la observa, la suplicante mirada de la joven doncella termina por convencerlo…
-… en mi castillo… en la biblioteca de mi castillo tengo varios libros que pueden serle útiles… durante la noche iré por ellos…
-yo voy contigo…
-¿q-qué? ¿a caso te has vuelto loca?
-¿te molesta que esté cerca?
-no, no, nada de eso, es solo que… -el nerviosismo se apodera de él y un leve sonrojo aparece en su rostro.
-entonces iré…
-realmente no tengo opción, ¿verdad? –lo dice con una expresión de frustración y la mano derecha sobre su frente.
-no, no muchas –le responde sonriente.
-sigsh… de acuerdo, iremos juntos, esta noche… hoy hay luna nueva, de ese modo no nos verán…
Y así, durante la noche, y ya habiendo explicado a Taxidermio lo que tenían planeado hacer, Ragamuffin y Lenore se fueron durante las horas de oscuridad al castillo de la colina, antiguo hogar de Ragamuffin; su viaje fue más corto que el de Taxidermio, ya que Ragamuffin podía volar con Lenore en brazos…
Ya en la entrada de su castillo, Ragamuffin mira hacia las alturas de este con un poco de nostalgia, mirada que preocupa a Lenore, quien le toma de la mano para sacarlo de sus pensamientos:
-¿entramos ya Ragamuffin?
-… -se sorprende, pero luego, ruborizado le ofrece una sonrisa –sí… bienvenida a mi humilde hogar, joven doncella… -dice mientras abre la puerta y hace una reverencia para ella.
Lenore quedó sorprendida ante el esplendor de aquel lugar, el castillo era inmenso y lleno de lujos, era magnífico en verdad: los elegantes muebles, los hermosos ventanales, los finos detalles que engalanaban el lugar; era algo en verdad sorprendente:
-¡Ragamuffin, es hermoso!
-escucha, iré a buscar los libros, ¿Por qué no vas a recorrer el lugar?
-¿en verdad puedo?
-por supuesto, eres mi invitada…
-¡gracias! –y con ese agradecimiento, Lenore recorre emocionada cada pequeño rincón del castillo, pasando primero por la biblioteca, por supuesto, al lado de Ragamuffin, luego por la cocina, por el inmenso comedor, la sala de armas, un vivero, hasta llegar a unas habitaciones con elegantes camas y pinturas, cada habitación luce distinta; Lenore observa las pinturas con algo de dificultad por la oscuridad, pero pudo ver que se trataban de un rey, una reina, y una joven que debía ser la princesa, le resultaban un poco familiares, casi como si…
-… se parecieran a Ragamuffin…
-veo que los encontraste…
La voz del vampiro detrás de ella la sorprendió un poco, ella lo creía en la biblioteca: la mirada del vampiro lucia melancólica y un poco molesta:
-lo lamento, no debí entrar aquí…
Ragamuffin suspira con los ojos cerrados, levanta la vista con una sonrisa y le extiende la mano a Lenore:
-ven conmigo, quiero mostrarte algo… -ella toma su mano y él la guía a la que antes era su habitación, para mostrarle el balcón, desde donde él solía observar la aldea y a ella.
Lenore estaba fascinada con la vista, pero luego recordó la expresión de Ragamuffin, así que se aventuró a preguntar:
-oye, Ragamuffin… ¿Quiénes eran las personas de aquellas pinturas? Ragamuffin recupera la expresión melancólica y guarda silencio, para luego responderle en un hilo de voz:
-eran… ellos eran mi familia… mis padres, y mi hermana…
