Shackelbott acababa de mencionar justamente la frase que Draco tenía reservas para oir. Hermione lo miró de inmediato. La reacción no se hizo esperar.
-No -fue la rápida respuesta de Draco al saber quién sería su acompañante en todo éste tiempo.
-Es por seguridad, Dragón, es todo -anunció Pansy al ver la esperada reacción del blondo.
-¡He dicho que no! -recalcó decidido el heredero de Lucius Malfoy.
-Tienes que pensar inteligentemente, Malfoy -intervino Hermione tratando de sonar convincente. El rubio se encendió más al oírla.
-¡Soy inteligente Granger, pero no te quiero pegada a mi las veinticuatro horas del día! -hizo saber con una mueca de claro descontento hacia ella.
-¡Pues demuestra que tu vida te interesa y acepta la propuesta! -espetó irritada la aludida al ver la actitud hostil de Draco.
Pucey se acercó entonces a su prometida tratando de contenerla, cosa que enardeció más a Draco sin que él mismo se lo explicara y con voz metálica arremetió.
-Que mejor se dedique a cuidar a su noviecito y que me deje en paz a mí, que no la necesito -masculló arrastrando las palabras. Hermione hizo a un lado a Adrián y se plantó cerca del rubio para decir.
-Ojala hablaras como hombre maduro y no como chiquillo, Draco, ¡A mí tampoco me agrada estar contigo! -El aludido estaba a punto de gritar una ofensa cuando la voz de Kingsley sonó fuerte y clara.
-¡Compórtense ambos! -Exigió- Este es un edificio respetable y yo represento a una autoridad, les ordeno que se porten a la altura de las circunstancias a ambos y encaren la situación de la mejor manera posible. Las asignaciones están hechas y no doy un paso atrás, ¿Me oyeron?
Draco callaba pero hervía de indignación por dentro. Estaba siendo reprendido en público como chiquillo y eso era demasiado para tolerarlo. Zabini rió sin ocultar que se divertía con la escena, Pansy lo miraba irónica, Daphne observaba la reacción de Pucey, quien se limitaba a fruncir el ceño y nada más. Neville, Luna y Ron deseaban que Hermione entrara en cordura para no hacer más grande el espectáculo. Nott veía serenamente el exabrupto de Draco para con la castaña. Habría problemas en esa asignación.
-Podemos cambiar de auror si así lo desea, Señor -repuso el castaño para intentar remediar la situación de alguna forma.
-He dicho que las cosas se quedan como están y punto -remarcó el adusto ex auror con el semblante rígido. Hermione bajó la vista avergonzada.
-Por mí no hay problema, Señor Ministro -acotó acostumbrada a seguir las reglas que se imponían; esa no iba a ser la excepción para ella.
-No tienes opción Draco Malfoy, o aceptas la ayuda de Granger o te interno desde ya en Azkaban hasta que todo esto pase. Decide ahora que no tengo tiempo que perder -Apuró el mago sabiendo que el rubio no consentiría en ir a una celda fría de piedra, alejado de todo y confinado mientras los demás disfrutaban de su libertad.
-No esperes que te lo agradezca, Granger -respondió después de sopesar las cosas en su balanza interna.
Hermione lo miró inexpresiva y el Ministro dio por terminado el asunto.
-Recuerden, alerta siempre y cualquier cosa estaremos comunicados.
Aurores y protegidos asintieron a la premisa del Ministro, a excepción de Draco, quien después de ser despachados por Shackelbott, salió dando un portazo que dejó ver sus descontento y a todos preguntándose qué tanto soportaría la situación el rubio muchacho.
-No creo que al Dragón le guste mucho la idea de ser custodiado -dijo Blaise con un dejo de ironía, típica en ellos, los de la casa verde plata.
-No es por gusto, sino necesario -secundó Nott tomando su barbilla con el brazo que Pansy le dejaba libre, pues ella estaba sostenida en el otro.
-Draco tendrá que ceder tarde o temprano -indicó la pelinegra sonriendo levemente. Los demás escuchaban sabiendo que lo que los Slytherins decían era verdad.
Hermione Granger sabía que ya de por sí el trato con él era difícil, ahora, pasar juntos casi todo el día era una misión imposible. Salieron de la sala y Pucey se acercó a ella protectoramente; la rodeó con sus brazos y la apartó un momento para platicar con ella, pues lo que se le había encomendado a Granger era problemático entre los dos.
-Lamento que ésto te toque a ti -inició el pelinegro.
-Yo lo siento por ti, Adrián, sé lo peligroso que es Carrow y deseo que estás siempre un paso adelante y previniendo cualquier cosa con Daphne, por favor, no te confíes.
-No te preocupes por eso -continuó- ya sabremos tomar las medidas necesarias. Me refería que Draco…
-Sí -interrumpió la castaña- es complicado pero la seguridad es lo más importante. Antes de irme de lleno a lo que tengo que hacer, me gustaría pedirte una cosa.
-Lo que desees, linda.
-Pospongamos la boda por ahora, con Demian Carrow rondando no creo que sea buena idea casarnos ya.
Adrian Pucey se puso serio y lo meditó un momento, quizá su novia tendría razón. Su boda sería todo un acontecimiento y muchas personas inocentes estarían ahí reunidas, la ocasión ideal para que Demian atacara sin miramientos. Respondió.
-Me parece que es lo mejor, haré todos los arreglos necesarios, descuida -ella se sintió tranquila al ver que Pucey consentía en lo que pedía. Podía confiar en la cordura y sensatez de su prometido.
-Gracias, Adrián -dijo abrazándolo y el de ojos azabache la atrajo hacia él para depositar un beso en los labios de la ojimiel, quien no se opuso, pero al hacerlo, la idea que desde hace algún tiempo la asaltaba se hacía cada vez más y más clara: Quería mucho a Adrián, pero no lo amaba definitivamente y si había aceptado casarse con él era porque era un buen muchacho que podía ser buen esposo para ella.
Intentó enamorarse perdidamente de él, pero en el corazón no se manda y éste se resistió a caer rendido de amor ante el caballeroso Pucey. Pensó también que era un buen momento para detener todo y pensar otra vez las cosas, pero eso no se lo dijo a Adrian para no dar pie a discusiones, ya lo hablarían después, cuando toda la pesadilla hubiera terminado.
-Me tengo que ir -se apresuró Hermione al recordar que Draco estaba solo y que ella debía permanecer con él. Daphne aguardaba a distancia prudente con el semblante serio y podría decirse que se encontraba celosa de lo que veía.
-Sé precavida -recomendó el pelinegro antes de dejarla ir.
-Sabes que sí -respondió la chica.
-Si tienes demasiados problemas con él…
-Yo seré la cordura en esto, Adrián, no te preocupes -finalizó encaminándose a la puerta para reunirse con el rubio que no estaba de muy buen talante. Pucey y Daphne la observaron marcharse.
La ojimiel iba a paso rápido hacia su departamento, era menester no perder de vista a Draco, era infantil, pero temía que el blondo se le escapase en cualquier oportunidad. Al llegar a su lugar, notó que Malfoy estaba trabajando como siempre, pues alguien acababa de salir de su despacho en ése momento y no quiso dejar las cosas para después. Era el momento de arreglar paradas con su iracundo protegido.
-Tarde o temprano lo tengo que hacer y mejor ahora que apenas empieza todo. -suspiró y dio dos toques suaves como era su costumbre.
-¿Quién es? -se escuchó del otro lado de la puerta.
-Yo -contestó la Gryffindor.
-¿Qué quieres? -respondió el blondo con tono hosco.
Hermione giró el picaporte y una vez adentro cerró para no tener ningún curioso husmeando. Draco estaba de pie con un montón de pergaminos en las manos. La miró con altivez y se notaba que aún la cólera no se le había ido del rostro.
-¿También tienes que estar aquí adentro de mi oficina todo el tiempo? -Dio inicio sin esperar más nada.
-No, claro que no, sólo venía a poner algunos puntos contigo.
-No me interesa una tregua si eso es lo que vienes a proponerme -Asestó el ojigris con una fría mirada.
-Tienes que poner de tu parte, Draco.
-Hago siempre lo que me da la gana, Granger, no lo que me ordenan.
La castaña miró al techo tratando de sacar fuerzas para lidiar con el caprichoso que tenía enfrente. El rubio avanzó hacia ella hasta quedar a centímetros de su rostro y ordenó.
-No quiero que seas mi sombra ni mi guarura. Tuve suficiente con Crabbe y Goyle en Howgarts, tampoco pienses que serás mi acompañante oficial en todo -Ella recordó entonces que en efecto, ese par de muchachos solían seguir siempre a Draco por todas partes. Repuso con un toque de burla.
-Me rompes el corazón, Malfoy.
-No estoy jugando, Hermione - Las miradas entraban en guerra desafiante y uno trataba de intimidar al otro, pero ambos temperamento eran fuertes por naturaleza y uno quería imponerse al otro, Draco pronunció por segunda vez su nombre, pues la primera fue cuando le lanzó el "silencius" que la hizo callar de inmediato en aquella ocasión. Ella sentía extraño el escuchar su nombre de esos labios que solo tenían desprecio e insultos para ella. Esos labios que tenía tan cerca de sí misma y que le llamaban poderosamente la atención ahora. El bajó por un segundo la mirada de los ojos miel que tenía enfrente y se posó en la boca pequeña de la chica y deseó acercarse un poco más a ella. Estaban tan próximos uno al otro, con tanta emoción contenida que pasó lo irremediable.
En un arranque, Draco Malfoy besó a la castaña sin que ella intentara detenerlo. El contacto se sintió eléctrico e inesperado, unieron labios en un movimiento que ninguno de los dos quiso controlar para terminarlo. Sentir uno al otro en esa caricia robada era arrebatador y Granger se olvidó por un momento de los tibios besos de Pucey ante el intempestivo beso de Draco, él, por su parte, sentía que su cuerpo le reclamaba a esa chica, no se lo explicaba pero la necesidad estaba latente en él. El odio que decía sentir por ella no estaba presente en ese momento, sólo se dejaba llevar pos sus impulsos al tenerla cerca. La ojimiel correspondía sorprendiéndose de sí misma al hacerlo, él la sentía vibrar como mujer entre sus labios. No solía ser tierno, pero tampoco era un salvaje, sino que era un delicioso punto medio que envolvía a los dos en ése cálido encuentro. Al fin, ambos recordaron quiénes eran y a quién besaban y se separaron al mismo tiempo, retrocediendo unos pasos ella.
-¿Qué hiciste, Malfoy? -preguntó aún confundida, pero en realidad la pregunta era en su mente: "¿Qué demonios acabas de hacer, Hermione?"
Draco no contestó. Se limitó a guardar silencio sosteniendo la mirada y salió sin decir más de la oficina dejándola ahí con la duda. Finalmente él tampoco se lo explicaba.
-¡Es la sangre sucia de Granger! -se recriminaba al tiempo que caminaba sin rumbo por los pasillos y sus pies lo guiaron nuevamente hacia ese balcón al que había acudido anteriormente para despejar su mente. Definitivamente lo necesitaba ahora más que nunca porque no era dueño de sí mismo en el instante en que besó a Hermione. No encontraba explicación coherente para su comportamiento, la ojimiel nunca había entrado en su esquema de vida, pero ahora todo se tornaba diferente, no dejaba de pensar en ella, en sus labios, en su rostro, en el contacto con ella. Era hora de frenar todo si no quería cometer una tontería que lamentaría toda su vida, según él. Ella, por su parte, pensó en Pucey y se sintió traidora a la relación que Adrian le ofrecía.
-No se merece esto -dijo posando una mano en la cabeza culpándose de no haber detenido al de ojos grises en su impetuoso arrebato para con ella. Pero algo la torturaba más: No había opuesto resistencia a la acción del blondo, era como si lo deseara y pero aún, lo disfrutó y no podía negarse eso a sí misma. Salió de la oficina y decidió buscar a su ladrón de besos, pero en eso lo vio acercarse caminando con una mano en el bolsillo y una actitud de seguridad renovada. Ni siquiera la miró, sino que entró directo cerrando tras de sí la puerta.
Al terminar el trabajo, los compañeros se retiraban y nuevamente volvían a estar solos. Necesitaban definir algunas cosas entre ellos y cuanto antes, mejor.
¡Zas! y que revienta el hilo por lo más delgado, jaja todo podía suceder y éstos dos están más que intensos.
Les agradezco su atención, como siempre, saben que los quiero y mil gracias a los que nos tienen en favoritos, que espero, se animen a comentarnos su opinión.
Ahora sí, besos desde México
