Si, ya lo sé. Me tardé demasiado para subir este capítulo. Pero tengo una muy buena razón para ello:
He estado demasiado ocupado en el trabajo y casi no he tenido tiempo para seguir la historia. Aún así, he aprovechado cada momento libre que he tenido. sin embargo, también he tenido problemas con la redacción, ya que tuve que reescribir todo el capítulo como tres veces antes de tener algo que me satisfaciera. Pero he aquí, que ya he vuelto.
Disclaimer: Halo no me pertenece; si fuera mio habría más vehículos para conducir.
Capítulo 11: Serin Osman llega a minister.
La Infinity salía del desliespacio. Les había tomado menos tiempo del que habían calculado inicialmente gracias a su equipo de ingenieros, que, debido a las exigencias de la almirante Osman, lograron en muy poco tiempo, aumentar el rendimiento del motor Shaw-Fujikawa y se habían ahorrado tres días de viaje. Aún así, la almirante hubiera querido que el tiempo hubiese sido menos.
―Harrison. ¿Dónde dice el informe que se encuentran nuestros amigos? ―preguntó sarcásticamente la almirante Osman.
―En un pueblo llamado Rose Valley, su dirección es Rose Valley Heroes, mas no sabemos la calle ni el número de la vivienda.
―Eso es lo de menos. Las calles podemos recorrerlas rápidamente y no tendremos problemas para encontrarlos más allá de unos cuantos registros.
―Señora. Tenga en cuenta que hay civiles en el lugar. No podemos llegar y entrar a la fuerza en las casas. Debemos vigilar antes para dar con la casa ―pese al odio que tenía contra John, el contralmirante consideraba un deber sagrado proteger la integridad de los civiles.
―De acuerdo ―molestia en la voz de la almirante, cuya cordura comenzaba a parecerle inexistente a su subordinado.
―Enviaré algunos grupos de reconocimiento para que peinen la zona. Una vez los hayamos encontrado, nos presentaremos y los aprehenderemos.
―No creo que eso será tan fácil. Le recuerdo, contralmirante, que se enfrentará a un Spartan con más de 30 años de experiencia en combate casi ininterrumpido. Tropas regulares no serán útiles contra él. Mejor, lleve a un grupo de los mejores Spartan disponibles en la Infinity para tener una oportunidad de capturarlo.
―¿Usted no vendrá?
―Por supuesto que si. Solo que, antes de capturarlos, quiero saludar a mis viejos amigos ―Serin sonrió.
En la pantalla principal de la nave, se veía el lado nocturno de Minister y un puntero señalando la localización de rose valley en donde aún no anochecía. Pronto, Serin Osman tendría la oportunidad de verse frente a frente con quien le había robado la oportunidad de tener a John 117 para ella sola.
―Alférez ¿Cuánto tiempo nos queda para arribar a minister? ―preguntó con autoridad el capitán Lasky a su subordinado.
―Dos horas y cinco minutos, señor.
―Capitán, dígale al equipo carmesí que se prepare para bajar al planeta en cuanto estemos en órbita. No quiero dar tiempo a que se percaten de nuestra presencia ―Serin estaba impaciente por llegar.
―Si, señora ―el capitán se acercó a una consola desde donde hizo el anuncio―. Que el equipo Carmesí se prepare para descender en el planeta.
El equipo Carmesí había estado en críosueño durante toda la misión, por lo que era el único equipo Spartan-IV que no se veía circulando por toda la nave. Eso era debido, principalmente a que era el equipo de mayor preparación presente en la Infinity, lo que conllevaba un alto costo económico para UNSC, por lo que no se les utilizaba en cualquier misión, sino solamente en las de más alto riesgo. Podría decirse que era un equipo de élite entre los Spartan.
Los cinco miembros del equipo fueron descongelados y puestos en servicio tan pronto como la orden del capitán Lasky fue dada.
Los miembros del equipo Carmesí eran bastante raros, pues no hablaban con nadie y solamente respondían a las órdenes de altos mandos en la flota. Por lo que, era casi seguro que sería la almirante Osman quien controlaría a ese equipo de Spartans.
Los cinco Spartan se encontraban en la armería de la nave cuando Serin se presentó ante ellos.
―¡Atención! ―dijo uno de los Spartan mientras saludaba apropiadamente a su superior.
―Descansen ―respondió la almirante. Los cinco supersoldados se relajaron―. Como han estado en criogenización durante mucho tiempo, voy a darles algunas explicaciones sobre mi presencia en la Infinity, además de los detalles de su misión; en primer lugar, seré yo misma quien coordine la misión, por lo que solo rendirán cuentas a mi persona. Segundo, esta misión es de alto riesgo y quiero que su desempeño esté a la altura de las circunstancias. Tercero, no importan lo que vean, ni lo que escuchen, deben llevar a cabo su misión. Y cuarto, quizás alguno de ustedes no vuelva ―la seriedad en las palabras de la almirante tenía expectantes a los Spartan, quienes no entendían a su líder ya que no había explicado el propósito de la misión.
―Señora ¿cuál es nuestra misión? ―Preguntó uno de los miembros del equipo.
―Capturar vivos a Sierra 117 y a su cómplice, la ex Inteligencia Artificial Cortana, por el delito de deserción de la fuerza naval de UNSC, robar dos armaduras mjölnir mark VI y un prototipo de nave secreto para su uso personal. La principal prioridad es capturar a las dos personas que he mencionado. Los espero en el hangar 7, en el pelican Víctor 322 para llevar a cabo la misión. Es todo ―sin si quiera despedirse, la almirante se retiró del lugar para prepararse.
La noticia de a quién debían capturar sorprendió a los cinco integrantes del equipo Carmesí. Igual que a otras personas, para ellos no era posible que el Spartan más condecorado fuera el enemigo. Aún así, era trabajo, y como tal, debían cumplir con él. Además, esa sería su oportunidad de confirmar si todos los rumores acerca de las habilidades del jefe maestro eran ciertas.
Serin, en su camarote, preparaba algunas cosas para su descenso a Tierra firme, donde esperaría a que el equipo Carmesí diera con el paradero de John 117. Deseaba con todas sus fuerzas tener frente a frente al Spartan y a su molesta compañera.
Desde que se había enterado que la mujer que acompañaba a John era Cortana, su ira no había hecho otra cosa que crecer. Le revolvía las entrañas el pensar que esos dos quizás ya habían compartido algo más que su compañía. Odiaba a John por fijarse en un ser artificial y odiaba aún más a Cortana por pretender ser algo que nunca había sido, humana. Para Serin, Cortana no era más que un objeto y como tal, descartable. Se aseguraría de hacérselo saber en cuanto se vieran las caras.
La mirada de Serin Osman era terrible, sus ojos solo mostraban una cosa... locura, la locura que embarga la mente de alguien a quien se le ha quitado algo que ha deseado y nunca ha tenido. Para ella, John era de su pertenencia y quien intentara quitárselo, sufriría las consecuencias. Y definitivamente, Cortana había traspasado ese límite desde el mismo momento en que ella había conocido a John.
A su mente vino la presencia de la niña mencionada en el informe recibido del equipo Majestic. ¿Quién era? La información obtenida en la Tierra no mencionaba a ninguna niña durante la fuga de John y Cortana, por lo que su presencia con aquellos dos la confundía. Quizás era alguna hija ilegítima del Spartan. Todo podía suceder, pues sabía bien, al igual que otros Spartan, que John había tenido encuentros con otras mujeres, de las cuales, la misma Serin en persona se encargaba ni bien sabía sus identidades. Tal vez alguna de esas mujeres se había escapado de su ojo siempre vigilante y un hijo había nacido de esa relación.
―Equipo Carmesí listo, Almirante―. Escuchó Serin por el intercomunicador de su camarote personal.
Comprobando una vez más su arma, la almirante salió con rumbo al hangar 7.
En el hangar, el equipo Carmesí esperaba a que la almirante se presentara para iniciar su misión de búsqueda. A pesar de ser fieles a UNSC, los integrantes del grupo no tenían reparo en pasar sobre civiles inocentes si la situación lo permitía.
―Señores ―dijo Serin al llegar al hangar―. La misión que estamos por iniciar es sumamente importante que la completemos sin contratiempo. Así que no quiero ninguna duda en sus mentes.
―Es muy extraño ir a una misión donde nuestra prioridad es capturar a un Spartan y peor aún, el más condecorado de todos ―mencionó uno de los integrantes del equipo.
―No quiero que se compadezcan de él solo por haber recibido más condecoraciones que nadie más, ni por haber salvado a la Tierra en más de una ocasión. John 117 es ahora un prófugo, y como tal, debe ser capturado a como dé lugar ―la voz de Serin sonaba molesta, pues no le gustaba que sus soldados dudaran de la legitimidad de la misión. Aunque en secreto eso no era más que una venganza personal, tanto suya como del contralmirante Harrison―. Equipo Carmesí, en este momento declaro oficialmente iniciada la misión. Aborden el Pelican y bajemos a la superficie.
―¡Sí, señora! ―contestaron todos al unísono.
La persona que pilotaría el pelican hacia la superficie fijó el destino en su HUD y asegurándose que todos sus pasajeros ya estaban a bordo, inició el descenso. La caída duró aproximadamente tres minutos, tiempo durante el cual sintieron fuertes sacudidas a consecuencia de la fricción con la atmósfera, aún así, a nadie parecía importarle. Una vez terminada la sacudida de la reentrada, la almirante Osman desabrochó su cinturón de seguridad y se hizo presente en la cabina del piloto.
―¿Cómo vamos piloto? ―pregunto la mujer en tono serio.
―A esta velocidad llegaremos a nuestro destino en diez minutos ―respondió el piloto.
―Bien ―salió de la cabina para dirigirse a sus subordinados en la sección de carga de la nave―. Señores, comiencen a preparar su equipo, en diez minutos estaremos sobre la superficie. Y les informo desde este momento que en un principio no capturaremos aún a Sierra 117, solo observaremos para dar con el lugar donde está viviendo.
Los diez minutos fueron eternos para la ansiedad de la almirante, quien en repetidas ocasiones se talló las manos como tratando de deshacerse de su desesperación por llegar.
Una vez tocaron tierra, el equipo bajó acompañado de la almirante, quien era la única incapaz de usar una armadura Mjölnir pese a su condición como Spartan, ya que durante las mejores había resultado con defectos menores en su sistema, lo que le hizo ser rechazada del programa. Aunque en principio, los pequeños defectos no eran evidentes, para los altos mandos y para la doctora Halsey eran más que suficientes para rechazarla como miembro del cuerpo de élite de las fuerzas armadas navales, teniéndose que conformar con un cargo detrás de un escritorio, donde, a pesar de todo, había logrado escalar en la jerarquía y alcanzar el puesto más alto después del que ostentaba el presidente del gobierno de la Tierra unificada, a quien debía rendir cuentas. Un gobierno, que para su mala suerte, estaba conformado por personal civil, al cual, debía obediencia. El poder del organismo político había comenzado a reasumir sus antiguas funciones una vez que la guerra contra el Covenant finalizó, lo que se traducía en mayor poder del presidente y el congreso en las decisiones tomadas por las fuerzas armadas.
Aún así, Serin tenía ciertas libertades de las cuales podía disponer en cualquier momento mientras duraran, como irse de viaje para llevar a cabo una venganza personal anteponiendo el pretexto de que era un viaje necesario para la seguridad de la Tierra y sus colonias en la galaxia.
En la infinity, Thomas Lasky permanecía de pie en el puente, su rostro sereno, ocultaba la preocupación de haber despertado al equipo Carmesí para esa misión, ya que sabía perfectamente que cuando ese equipo entraba en acción lo más seguro era que habría una masacre, pues, al igual que la almirante, mostraban poca consideración por las personas alrededor de ellos, provocando en varias ocasiones verdaderas carnicerías entre elementos del enemigo y los desafortunados civiles que pudieran presenciar la batalla.
A un lado, Harrison refunfuñaba ante la situación, pues la almirante Osman le había prometido ser el primero en bajar a la superficie del planeta para dar con el paradero del jefe maestro. «Quizás hubiera sido mejor» pensaba Lasky, sabiendo de sobra que el contralmirante primero antepondría la seguridad de los civiles a la captura del Spartan. Por alguna extraña razón, deseaba que la almirante no encontrara al supersoldado en esa ocasión. Y no es que pensara que el jefe maestro era inocente de los cargos que se le imputaban, simplemente no quería ver una carnicería entre los civiles del lugar.
―Me retiro a mis aposentos, capitán. Si hay alguna novedad deme un informe de inmediato ―declaró el contralmirante mientras se iba del puente.
Sintiéndose más relajado sin la presencia del contralmirante, Lasky se sentó en su silla. Simplemente odiaba esa situación. Durante unos minutos, el capitán miró fijamente al espacio, pensando en las posibilidades de llevar a juicio al Spartan más famoso y admirado. No le cupo ni la menor duda de que sería declarado culpable, pues sus actos habían provocado muchos problemas a UNSC.
Estaba por seguir en sus pensamientos cuando la voz de uno de los encargados de las comunicaciones lo distrajo...
―Señor, recibo una señal, pero no es de UNSC, es... de una nave Covenant ―la voz, evidentemente femenina, se escuchaba asustada.
―¿Sabe su procedencia? ―preguntó el capitán temiendo que estuvieran bajo un ataque.
―Parece que viene al frente de la Infinity.
―A ver ―Lasky se acercó al monitor de la mujer.
―Eso es muy extraño ¿Qué hace el Covenant en Minister? Que yo sepa, no hay refugiados en este planeta ―luego dijo a la mujer―: traduce lo que dicen.
La joven comenzó la traducción del mensaje.
...finity, no estamos buscando enfrentamiento alguno con ustedes, solamente queremos entrevistarnos con el capitán de su nave. Es un asunto importante que debemos tratar personalmente. Solicitamos permiso para abordar su nave o en caso contrario su capitán puede solicitar abordar la nuestra para tratar algunos puntos importantes en relación con su misión de búsqueda.
Aquella declaración sorprendió al capitán, quien no esperaba que el Covenant supiera sobre la desaparición de Sierra 117.
―¿Qué hago capitán? ―preguntó insegura la joven mujer.
―Abra un canal de audio ―la joven obedeció―. Nave Covenant, soy el capitán Thomas J. Lasky de la UNSC Infinity, hemos recibido su mensaje. Aunque aún no comprendemos que ustedes sepan sobre nuestra misión. ¿Podrían explicar eso?
―Es necesario que nos veamos en persona para tratar ese tema, ya que no es posible hacerlo de esta manera. Estamos dispuestos a recibirlo en nuestra nave para dialogar o en caso contrario, nuestro capitán está en la entera disposición de dialogar en su nave. Usted decide.
Por un momento, Lasky lo pensó comparando los riesgos de ir hasta una nave Covenant o permitir que algún elite entrara en su nave. Definitivamente decidió ir él personalmente.
―Nave Covenant, acepto su invitación para dialogar en su nave. Esperen mi presencia en diez minutos. Lasky fuera ―la comunicación cesó.
―¿Piensa ir capitán? ―preguntó la joven de comunicaciones mientras el resto del personal del puente lo miraba a la espera de su respuesta.
―Si. Pero estén preparados en caso de una emergencia ―antes de retirarse del puente―... no le digan nada al contralmirante hasta que yo haya regresado ―se fue.
Menos de diez minutos después, un pelican partía con rumbo a un phantom estacionado frente a la infinity.
Desde el Phantom, Rtas 'Vadum observaba la Infinity aún molesto por la falla en sus cálculos, pues habían errado al estimar el tiempo que le tomaría a la nave llegar hasta ese planeta. Pero eso no era importante en ese momento. Debía hablar con el capitán de la nave frente a ellos para determinar un rumbo en sus acciones.
El radar de la nave detectó la presencia del pelican.
―Capitán, detectamos una pequeña nave aproximándose a nosotros.
―Debe ser el capitán de esa nave. Bajen los escudos ―los escudos fueron desactivados a la orden.
El pelican atracó junto al phantom permitiendo que Lasky pasara de una nave a la otra.
―Espero que lo que quieran decirme sea importante. Y sobre todo, me gustaría que explicaran cómo se enteraron de nuestra misión ―el capitán Lasky no tenía buenos modales con quienes habían hecho peligrar la existencia de la raza humana en el pasado.
―Antes sentémonos ―ofreció el Rtas 'Vadum. Así lo hicieron―. Supongo que tendrá muchas preguntas que hacernos. Por eso es que aquí estamos. Responderé a lo que pueda.
―Si las cosas están así, entonces comenzaré ―el capitán tomó una postura más cómoda para comenzar su interrogatorio―. Lo primero que quiero saber es ¿Cómo hicieron para saber sobre el paradero del jefe maestro antes que nosotros?
―Hay una simple razón. La mujer a quienes ustedes conocen como la doctora Halsey fue quien contactó con uno de sus Spartan paran notificarle su destino.
―¿Spartan? ¿Qué Spartan?
―La mujer a quien ustedes llaman Kelly 087. Aunque debo agregar que ella ya había comenzado su búsqueda antes de siquiera recibir el mensaje. Por lo que, una vez conocido el paradero de sus fugitivos, contactó con nosotros para pedir ayuda.
―Ayuda... ―dijo con sarcasmo―. ¿Sabe usted el conflicto que surgiría si el alto mando se llega a enterar que su raza ha colaborado para ocultar a un desertor de nuestras fuerzas armadas? Las tenues relaciones con su pueblo desaparecerían definitivamente y quizás entraríamos nuevamente en guerra.
―Somos conscientes de eso. Sin embargo, no es nuestra intención iniciar un nuevo enfrentamiento armado. Y mucho menos después del estado en el que quedó nuestra flota. Es por eso que solo una de nuestras naves ha acudido al llamado de su Spartan. Esto no es una intervención oficial, es un agradecimiento por salvar la vida del Inquisidor durante el incidente con el flood en el Arca.
―Aún así. Su intervención complicará las cosas. La almirante Osman viajó con nosotros para capturar al jefe maestro y a su cómplice. Si ella llega a enterarse, lo más seguro es que tengamos que enfrentarnos. Y eso es algo que no quiero hacer. Ahora, el hecho de que otro Spartan se haya unido a su fuga solo agrava el problema, pues podría iniciar una reacción en cadena entre todos los Spartan de la galaxia.
―Tal vez usted no comprende las razones que llevaron a su Spartan a desertar de su ejército.
―¿Y cuáles son esas razones? Ilumíneme ―Lasky seguía en su actitud sarcástica.
―La primera de las razones es para preservar la vida de quien usted llama cómplice, la segunda para compartir su vida con ella.
―Habla como si el jefe maestro estuviera enfrascado en una relación amorosa ―la voz del capitán denotaba cierta incredulidad. No obstante, sentía que su corazonada no estaba del todo errada y ciertamente era lo que había sospechado al inicio de esa misión. La mirada del Rtas 'Vadum se lo confirmó.
―Él personalmente le ha pedido al inquisidor que en caso de iniciar un enfrentamiento por su captura, nos llevemos lejos a su mujer.
―¿Su mujer? ―preguntó con burla.
―Tal parece que comparten un lazo que los unirá de por vida.
―Es extraño que usted hable de unión vitalicia cuando en su cultura las uniones son meramente carnales. Porque tengo entendido que una vez han nacido sus hijos, ustedes se separan de sus mujeres y dejan abandonados a sus vástagos.
―Que esa haya sido una práctica aceptada durante siglos, no evita que muchos de mi raza prefieran quedarse junto a una sola mujer ―el capitán sangheili hacía lo que podía para conservar la calma. Él era uno de los pocos sangheili que había decidido quedarse junto a una sola mujer toda su vida.
―Pero volviendo al tema principal. ¿Qué ha decidido? ¿Ayudará al jefe maestro?
―Se lo debemos por abrir nuestros ojos a la verdad. Aún así, él no ha solicitado asilo. No sé la razón, pero deduzco que tal vez planea entregarse a sus autoridades para ser juzgado por su falta. Cualquiera de nosotros haría lo mismo en su lugar. Él desea conservar su honor.
―Aunque esa sea la razón, no podemos permitir que la mujer salga impune de esto.
―Según lo que sabemos, ella es quien menos culpa tiene en todo esto. Quizás deban preguntárselo a la doctora Halsey.
―La doctora Halsey murió hace varios meses.
―Eso también lo sabemos. Pero al parecer, la mujer fue suficientemente previsora al clonarse, por lo que en este momento ella convive con sus fugitivos en la forma de una niña.
En ese momento varias piezas del rompecabezas encajaron. La niña que el equipo Majestic había mencionado era un clon de la doctora Halsey. Pero aún no tenía idea de cómo había logrado llegar a Minister sin que nadie lo notara y parecía que la única forma de saberlo era preguntarle directamente al clon de la difunta doctora.
―Entonces no han estado solos.
―No. Y han estado preparándose para este momento durante algún tiempo. Por lo que no espere que su captura sea sencilla.
―Era de esperarse. Ningún Spartan en esa posición se relajaría. Pero dígame «capitán», si se llegara a presentar un enfrentamiento armado durante el proceso de captura del jefe maestro ¿ustedes intervendrían? ―sinceramente esperaba que no. Pero era bien sabido que los sangheili no dejaban pasar una buena batalla, a menos que tuvieran razones de peso para evitarlo.
―Por el momento tenemos prohibido entablar batalla. A no ser que la vida del Inquisidor o de sus protegidos peligre.
―Entonces es mejor que se prepare. En este momento la almirante Osman ya debe estar tocando tierra y emprenderá la búsqueda del jefe de inmediato. Así que es posible que inicie un enfrentamiento dentro de poco.
Rtas 'Vadum miró fijamente los ojos del capitán Lasky. Presentía que no todas las palabras dichas por el humano brindaran una verdadera convicción de lo que estaba haciendo.
―Tengo el presentimiento de que usted no está del todo de acuerdo con lo que se avecina ―el sangheili había dado en el clavo. Lasky reflexionó por unos momentos, debatiéndose entre externar su opinión o guardársela.
―Siendo sincero, no estoy de acuerdo con el rumbo que han tomado los acontecimientos. Tal parece que la almirante Osman y el contrarlmirante Harrison están aquí más por cuestiones personales que para hacer justicia.
―Quizás su corazonada sea cierta. Aunque para saberlo, deberán pasar muchas cosas. Tal vez cosas que no nos guste saber o ver.
―Entonces ¿eso será todo? ―el capitán de la Infinity se levantó de su asiento.
―Solo quería saber su opinión y postura. Y tal parece que pronto tendremos que cruzar nuestros caminos nuevamente.
―Espero que no ―finalizó el humano. Después se encaminó hacia su nave algo decepcionado de no obtener más que una charla sobre posturas en ese futuro conflicto por la captura de John 117. Aún así, sentía que debía ser precavido con las acciones de sus superiores. Tal parecía que todo apuntaba a dos venganzas personales. Y si era así, él tendría que intervenir para llevar al Spartan ante la justicia militar en la Tierra y evitar que los intereses personales de sus dos superiores tiraran por la borda la aplicación de la ley.
El pelican se desacopló del phantom y volvió hacia la Infinity. Y contrario a lo que el protocolo ordenaba y normalmente hacía, guardó en secreto su conversación con el Covenant y prohibió al personal de la nave informarle a Harrison o a Osman de tal suceso. Quizás necesitaría un aliado cuando las cosas se pusieran feas.
La brisa vespertina era fresca. Así lo sintió la piel de Serin al bajar del pelican que los había transportado a la superficie de Minister. Habían llegado a un paraje retirado de Rose Valley para evitar que los motores de la nave de transporte fueran escuchados por la población o por quienes habían ido a buscar. El equipo Carmesí seguía a la almirante, cuyo rostro reflejaba cierto aire de ansiedad. Y no era para menos, pronto tendría en frente a quien en el pasado la había rechazado fríamente.
―Almirante. ¿Qué debemos hacer? ―preguntó uno de los Spartan que acompañaban a la mujer.
―Por el momento esperaremos a que oscurezca. En cuanto el sol se haya ocultado procederemos a entrar en el pueblo y localizar la dirección de nuestros «amigos».
―Señora.
―¿Qué sucede soldado?
―Permiso para hablar con libertad.
―Adelante.
―¿Es necesario hacer esto? Sabemos que el jefe maestro es un soldado con mucha experiencia, lo que lo convierte en una máquina asesina, pero... ¿no cree que un equipo completo de Spartans es demasiado?
―Con él nada es demasiado. Ustedes nunca lo han visto en acción más allá de algunas filmaciones y entrenamientos. Pero yo lo vi enfrentarse a hordas de soldados del Covenant y salir ileso; en mi opinión, debimos traer más Spartans para esto.
―Creo que exagera ―susurró otro Spartan. Osman lo escuchó.
―Cuando lo vean luchar no pensarán que exagero.
La tarde transcurrió rápidamente, para cuando el equipo Carmesí comenzó a moverse, el sol casi se ocultaba permitiendo que las primeras estrella comenzaran a aparecer en el firmamento.
Mientras avanzaban hacia el pueblo, Serin pensaba en lo que haría cuando lo tuviera frente a ella. Francamente no tenía idea, y muchos menos lo que haría si en vez de John, fuera Cortana quien estuviera a su alcance. Si eso sucediera, tal vez no se contendría y la atacaría nada más verla.
Verificó nuevamente la dirección donde se encontraba la casa que buscaban, y haciendo uso de unos binoculares con visión nocturna, divisó un letrero con la dirección en la que se encontraban. Sacó un mapa y comprobó que fueran por el camino correcto. En la pantalla de su dispositivo de mano comprobaba que no le faltaba mucho para llegar a su destino.
Dio una orden con la mano, el equipo Carmesí comenzó a moverse rápida y sigilosamente hasta su nueva posición a escasos veinte metros del lote de viviendas donde se encontraba la casa que John compartía con Cortana y la niña cuya identidad Serin aún ignoraba.
―¿Ahora qué haremos almirante? ―preguntó el líder del equipo Carmesí.
―Esperaremos. No tenemos idea de cual de todas es la casa donde se oculta Sierra 117.
―¿Sólo observaremos?
―Por el momento si. Quizás hagan algún movimiento que delate su ubicación.
Una hora después...
―Almirante, detecto movimiento en una de las casas.
―Ubicación.
―50 metros al norte de nuestra posición.
Serin usó sus binoculares para ver mejor el lugar. Ante sus ojos apareció la imagen de una mujer joven, quizás en sus 20 acercándose a la puerta de una de las casas. Por lo poco que pudo ver, Serin dedujo que se trataba de una mujer con herencia asiática, aunque morena y de cuerpo ligeramente más voluptuoso. Al mismo tiempo, le pareció ver una especie de distorsión en su visión. Pero se lo atribuyó a su ansiedad.
―Detecto una distorsión en mi campo de visión. Algo con camuflaje se mueve en la misma dirección que la mujer ―notificó el líder del equipo de Spartans. Dando a conocer a Serin que la distorsión no fue una visión suya.
―Esto es muy raro. Mi radar no detecta nada ―dijo otro Spartan.
―¡Miren. La mujer se está elevando en el aire!
Todos los involucrados en la búsqueda miraban asombrados lo que le acontecía a la muchacha y lo que se les hacía más raro, era que la chica parecía no reaccionar, aunque sí podían ver que en su rostro se presentaba una gran expresión de pánico. Casi de inmediato el tenue sonido de una puerta siendo golpeada llegó hasta sus oídos. Pocos segundos después, la puerta fue abierta revelando la presencia de Sierra 117 en el lugar. Y fue aún más sorprendente ver que la distorsión era provocada por el camuflaje activo de un Sangheili y no cualquiera, sino el mismísimo Inquisidor.
Escucharon toda la conversación sostenida en la entrada y segundos después vieron desaparecer al grupo dentro de la vivienda.
―¡Demonios! ―exclamó Serin―. Si el Inquisidor está aquí, quiere decir que hay más elites en Minister, lo que seguramente complicará todo ―la almirante odiaba cuando algo no salía tan bien como esperaba. Aunque de antemano sabía que en ningún momento aquello iba a ser fácil. Aunque, la presencia del Inquisidor complicaba aún más las cosas.
―¿Ahora qué haremos señora?
―Nos acercaremos a la casa y tomaremos posiciones ocultas, debemos saber lo que hablen en ese lugar.
Todos se movieron sigilosamente, mirando hacia todos lados procurando no ser descubiertos. Aunque por el clima en ese momento, lo más probable era que la gente se quedara en sus casas para evitar enfriarse demasiado a pesar de ser solo el otoño en esa región del planeta. Miraron hacia la casa, en la entrada del garage, vieron el hog de James estacionado, por lo que Serin ordenó a dos Spartan que se ocultaran cerca del vehículo por si alguno de los ocupantes de la casa decidía salir.
Los otros tres supersolados y la almirante se ocultaron detrás de la casa, cerca de la cocina a la espera de una oportunidad para entrar y terminar con su trabajo lo más rápido posible. Minutos después, varias voces femeninas llamaron la atención de Serin y los otros Spartan.
―Alicia, es hora de que sepas la verdad acerca de mi y de mi familia. Solo debes prometerme que no le dirás a nadie sobre lo que te voy a decir y que permanecerás en silencio hasta que yo termine de contarte todo ¿de acuerdo?
Serin reconoció de inmediato la voz de quien habló como la de Catherine Halsey, aunque más joven, así que lo más segura era que se tratara de Cortana, ya que esta era clon de la primera. Las manos de la almirante se cerraron fuertemente como si tratara de contenerse para no entrar y atacar a la maldita mujer que le había ganado la partida por el corazón de John sin siquiera haber jugado.
Los minutos transcurrieron, mientras Cortana le explicaba a la tal Alicia quien era ella y sobre la identidad de todos los ocupantes de la casa, Serin y los otros Spartan se sorprendieron cuando escucharon a Cortana nombrar a Kelly. No esperaban que otro Spartan estuviera en ese lugar. Sin duda, grandes problemas se avecinaban.
Kelly, al igual que John, era una especie de leyenda entre todas las fuerzas de UNSC, aunque muchos la habían dado por muerta hacía varios años, incluyendo a la propia Serin, que de no ser por Fred, seguiría creyéndolo. Una gota de sudor recorrió el rostro y el cuello de la almirante a pesar de la brisa fría que en ese momento había comenzado a mecer la copa de los árboles del bosque cercano a la casa.
Más de una hora transcurrió, Serin miró su reloj, eran las 10:00 P.M. Los tres Spartan IV y la almirante habían oído toda la conversación de Cortana con Alicia. Y pronto escucharían la que John sostendría con ellas en unos instantes.
La voz de una niña interrumpió la conversación de las mujeres, Serin supo de inmediato que esa era Catherine, pues durante la conversación que Cortana sostuvo con Alicia, la ex I.A. había revelado la identidad de la pequeña.
Pero aquello no había sido tan especial como el momento en el que escuchó nuevamente la voz de John, lo que provocó en la madura mujer una sensación extraña, no era alegría, pero tampoco era odio, más bien, era una mezcla de ambas, por lo que no tenía idea de como reaccionar. Había estado esperando tanto tiempo encontrar a ese hombre que ya no sabía como actuaría cuando lo tuviera frente a ella. Si el solo escuchar su voz le provocaba aquello, no quería pensar qué le provocaría verlo.
―¿Qué hacemos señora? ―preguntó un Spartan en un susurro, pretendiendo que la acción comenzara.
―Nada. Escuchemos. Quizás haya algo interesante. ―pese a que estaba ansiosa por interrumpir aquella reunión «familiar», Serin se contuvo, quería saber bien lo que sucedía con aquel grupo.
Transcurrieron vario minutos más, la almirante miró su reloj, las 10:33P.M. Escuchó que Cortana y Kelly llevarían a la tal Alicia hasta su hogar. En ese momento sus reflejos Spartan salieron a flote al ordenar de inmediato que se movieran hasta el frente de la casa. Esa era la oportunidad perfecta para capturar a las mujeres del grupo y minimizar la amenaza que suponía la presencia de Kelly.
Una vez posicionados y ocultos alrededor del hog, el grupo de Spartans y la almirante esperaron a que las tres mujeres salieran para atraparlas. No esperaron mucho, siendo Alicia la primera en salir, seguida de Cortana y Kelly.
―Te repito que no tengas miedo Alicia, el Inquisidor no te hará nada ―dijo Cortana mientras cerraba la puerta. Las tres mujeres se encaminaron hasta llegar al hog, donde sorpresivamente el grupo de Spartans les saltó encima.
La primera en caer fue Cortana, quien era la más cercana y el objetivo prioritario; Kelly reaccionó haciéndole honor a sus reflejos Spartan, pero no fue suficiente, ya que entre Serin y otros dos Spartan la redujeron. Y es que, a pesar de su velocidad y fuerza, no era rival contra tres Spartan y mucho menos si dos de ellos llevaban su armadura. Aún así, logró golpear el rostro de Serin antes de que la dejaran inconsciente por un fuerte culatazo que otro Spartan le dio en la nuca con su rifle de asalto. No tuvo oportunidad de pedir ayuda, porque lo primero que Serin hizo al saltar sobre ella fue taparle la boca.
Alicia quedó paralizada del miedo, y no pudo emitir sonido alguno para pedir auxilio, convirtiéndola en presa fácil para sus captores.
Serin haciendo señas con la mano ordenó a dos de los Spartan que se llevaran a las mujeres en el hog hasta el punto de encuentro con el pelican que los llevaría de regreso a la infinity. Por su parte, la almirante se quedaría; tenía pensado hacerle una visita sorpresa a su querido John 117. Esperó unos minutos hasta que sus subordinados tuvieron a las mujeres lejos de ser rescatadas por John.
Haciendo gala de buenos modales, Serin golpeó la puerta. Segundos después Catherine abrió. Si no supiera quien era, seguramente la habría confundido con una niña común. Una increíble sensación de gozo llenó el pecho de la almirante cuando vio la sorpresa y el miedo dibujados en el rostro de la doctora.
―Buenas noches...
El miedo era algo que Catherine solo había experimentado unas cuantas veces en su vida y esa era una de ellas.
Ver a Serin frente a sus ojos era algo que la llenaba de verdadero terror, porque eso significaba que los problemas habían iniciado. Su miedo creció aún más cuando vio una sonrisa creciente en la cara de la mujer a quien le había destruido la infancia provocando que la odiara hasta el punto de desear su muerte.
―¿Qué sucede? ―preguntó John cuando llegó a la puerta al no escuchar palabra alguna, como era costumbre de las dos hermanas. Al igual que Catherine, la sorpresa hizo que los ojos del hombre se abrieran más de lo habitual al notar la presencia de Serin ―!¿Qué haces aquí?! ― el Spartan se abalanzó sobre la mujer derribándola en el acto, levantó su puño para golpearla en el rostro y dejarla inconsciente. Mas las palabras de la almirante lo detuvieron.
―Si me golpeas, nunca más verás a tu querida Cortana ni a Kelly ―Serin sonrió con complacencia al notar que la expresión de John había cambiado de una fiera a una que mostraba claro desconcierto. No era un gesto completo, pero si lo suficientemente evidente para sentir que lo tenía en sus manos―. Por cierto, aunque me hubieras golpeado, no habrías tenido oportunidad de darme el segundo ―la mujer miró hacia donde tres Spartan apuntaban hacia el pecho y cabeza de John.
El Spartan se levantó sabiéndose derrotado. No tenía oportunidad alguna si se enfrentaba a tres Spartans armados y vestidos con sus armaduras estando él mismo desprotegido.
Catherine, que había permanecido en la puerta, aprovechó el momento de distracción para correr hasta el sótano y coger dos artefactos con los cuales, esperaba tener oportunidad de escapar hacia el bosque.
―¿Dónde están? ―preguntó John habiéndose incorporado. Su voz se notaba tensa, como si estuviera conteniendo sus ansias por saltarle encima a la mujer que tenía frente a él.
―En este momento ya deben estar a bordo de un pelican y con rumbo a la Infinity ―respondió.
Aquello era malo, muy malo. Habían sacado a las tres mujeres del planeta, asegurando con ello que él no pudiera ir a rescatarlas. Además, estaba completamente seguro que Serin ordenaría en ese mismo instante a los tres Spartan bajo sus órdenes que lo sometieran y lo apresaran.
Catherine volvió en completo silencio, no quería llamar la atención y que descubrieran su plan.
―¡John, hazte para atrás! ―advirtió Catherine al tiempo que activaba las dos granadas que había llevado consigo y las arrojaba a los pies de Serin.
John, al ver las dos granadas aún en el aire, tomó a Catherine en brazos y corrió lo más rápido que pudo para cubrirse de la explosión. Lo mismo hicieron Serin y los tres Spartans, quienes apenas pudieron alejarse lo suficiente para no morir. A pesar de eso, algunos fragmentos de metal y madera lanzados por la fuerza de la onda expansiva los lastimaron lo suficiente para dejarlos inconscientes unos pocos minutos. Tiempo que John aprovechó por consejo de Catherine para ponerse su armadura, tomar algunas armas y granadas y salir de allí.
―Debemos ir hacia nuestra nave. Este lugar ya no es seguro ―comentó el supersoldado a la doctora cuando ya tenía puesto su equipo.
―Entonces vámonos, Serin y sus perros ya deben estar por venir.
Sin esperar un solo segundo más, salieron del sótano, atravesaron la sala con rumbo a la cocina y cuando ya estaban a punto de abrir la puerta, el sonido de un disparo llenó el lugar mientras la bala impactaba el hombro derecho de Catherine que viajaba en brazos de John.
John, en acto reflejo viró su cuerpo hacia donde había escuchado el disparo y sacando su pistola disparó una ráfaga de tres, impactando de lleno en uno de los Spartan, que, si no fuera por el escudo y la protección extra del metal, habría muerto, ya que las tres balas habían impactado en su cabeza. Los otros dos Spartan y la almirante que habían saltado a los lados cuando John disparó, salieron de su escondite. Para ese momento, los dos fugitivos ya se habían adentrado en el bosque a toda velocidad.
―Volvamos a la Infinity, estoy segura que él intentará rescatarlas ―ordenó la almirante a la vez que volvía su cuerpo para salir de la casa.
Al salir de la vivienda, descubrieron que una muchedumbre ya rodeaba el lugar intentando averiguar lo que sucedió ahí. La explosión de las dos granada lanzadas por Catherine había despertado a todos los vecinos asustándolos de sobremanera, pues no era común que una situación como esa se diera en un lugar como Rose Valley, a pesar de que en el pasado, ese vecindario era un nido de ratas.
La gente se sorprendió de ver a una mujer tremendamente alta acompañada de tres Spartans completamente armados. Aquello era desconcertante y a la vez atemorizante. Incluso muchos pensaron que habían asesinado a los dueños de la casa.
―¡Atrás! ―gritó un policía que había llegado a la escena después de que la central había recibido una llamada avisando de una explosión ocurrida en ese lugar―. ¿Qué sucedió aquí? ―preguntó el hombre, un sujeto de más o menos 40 años, tez morena y bigote.
―En primer lugar permítame presentarme. Mi nombre es Serin Osman, almirante de UNSC ―la mujer sonaba muy tranquila a pesar de haber estado a punto de morir en una explosión.
―Bien... almirante. ¿Qué pasó aquí?
―Verá. Estamos en una misión de búsqueda y captura de cuatro fugitivos, quienes averiguamos se escondían en esta casa. Capturamos a dos, pero los otros dos lograron escapar y en este momento debemos alertar a las fuerzas de UNSC en este planeta que para comience la localización de esos dos fugitivos.
―¿Son peligrosos?
―En extremo. Dos de los fugitivos son desertores Spartan. Ya capturamos a uno, pero el otro sigue libre y me temo que no tiene buenas intenciones ―si había algo en lo que Serin fuera hábil, era en manipular la verdad y hacerle creer a los demás que ella tenía razón. Era una engañadora muy hábil.
―¿Podemos ayudarla en algo? ―el policía había sido engañado y se había puesto a servicio de la mujer.
―De hecho si...
John corría rápidamente por el bosque, tenía que llegar a la nave antes de que Serin lo encontrara. Hacía media hora que había salido corriendo de su casa y la mujer no había dado señas de estarlo persiguiendo. Aún así, no quería detenerse, Catherine estaba herida y no tenía medicamentos ni enseres adecuados para curarla, por lo que la única esperanza de proporcionarle algo de alivio estaba en esa pequeña nave escondida en la montaña.
El dolor era insoportable para Catherine. Nunca había recibido un disparo en toda su vida, tanto en la actual como en la anterior y en ese momento deseaba que eso siguiera siendo. Había comenzado a temblar a causa del dolor y la fiebre que le había causado la herida. Aún así, se sentía segura en los brazos de John, quien desde niño y a pesar de su dureza habitual, era como un hijo para ella. Aunque en ese momento, actuaba más como un padre.
―Me duele mucho John. ―dijo la pequeña doctora mientras se acurrucaba en el hombro izquierdo del supersolado.
―Ya casi llegamos ―dijo él.
―No mientas. Todavía nos faltan unas dos horas para llegar ―estaría herida, febril y a punto de desmayarse, pero no era estúpida.
―¿Podrás soportar?
―Creo que si. Pero me duele mucho. Además, creo que estoy perdiendo sangre.
Ante tales palabras, John se detuvo abruptamente, alejó a Catherine de sí mismo y la revisó. En efecto, la pequeña estaba sangrando, y mucho. Tal parecía que la herida era más profunda de lo que pensaban en un principio. Además, se estaba poniendo pálida, lo que no era buena señal.
Sin detenerse más en la observación, el Spartan tomó un pedazo de tela de la ropa de la niña y la ató firmemente en el hombro para contener un poco la hemorragia y ganar tiempo hasta que estuvieran en la cueva, donde la curaría.
―Tienes que aguantar. Correré más rápido para que lleguemos antes. Pero por favor, no te duermas. No importa el sueño que sientas, no cierres los ojos. Si lo haces, morirás.
―Está bien. Pero date prisa, el dolor es insoportable.
―Lo sé.
Fue un tiempo record lo que John tardó en llegar a la cueva. Sin embargo, tal carrera le pasó factura, pues sus piernas le dolían como pocas veces. Había recorrido el bosque en poco menos de dos horas. Pero ya estaba allí, debía buscar algo de utilidad en el botiquín que había dejado en la nave. Por suerte lo encontró justo en el lugar donde lo había dejado. Así que, con toda prisa, el hombre tomó el brazo de Catherine y limpió la herida con algo de alcohol, provocando que el ardor le hiciera decir una maldición a la pequeña, lo cual alegró al Spartan, pues era un buen indicativo de que la doctora se salvaría. Una vez limpia la herida, John confirmó que aquello no había sido una herida pequeña. La bala había atravesado el hombro de Catherine de lado a lado. La pequeña había corrido con gran suerte al no haber sido impactada en algún órgano importante.
Durante el tiempo en que John la estuvo curando, la pequeña doctora soltó varias maldiciones más a causa del dolor. El Spartan estaba sorprendido por la cantidad de insultos que la doctora sabía. Finalmente, un par de gazas fueron puestas en los extremos de la herida y aseguradas con un poco de tela adhesiva y una venda, con la cual, John aseguraba que las gazas no se moverían. Le dio un analgésico y un antibiótico para evitar una infección y la mandó a dormir. Él se quedaría toda la noche haciendo guardia.
Serin y sus subordinados habían llegado a la estación de policía de Rose Valley, la mirada fiera de la mujer era capaz de intimidar a cualquiera y era aún peor por la presencia de los tres Spartans. La almirante había ideado un plan con el cual se aseguraría de encontrar con mayor facilidad a John y Catherine.
―Buenas noches. Soy el capitán Albert Grimes. Comandante de esta estación. Mi oficial me ha puesto al tanto de su misión en este lugar. Pondré a su disposición todas las fuerzas que necesite ―el capitán era un hombre alto, de unos 50 años y tez blanca, con un grueso bigote que le daba un aspecto bonachón.
―Gracias capitán. UNSC estará muy agradecida por su cooperación. Y tomándole la palabra, necesito a su escuadrón canino para localizar a los dos fugitivos que se esconden en el bosque. Debemos hallarlos lo más pronto posible. Su peligrosidad es extrema y no debemos permitir que se alejen demasiado.
―El oficial Rogers me ha informado que uno de los fugitivos es un Spartan.
―Efectivamente, capitán. Y no cualquier Spartan.
―¿Es importante?
―Se trata del mismísimo Spartan 117, mejor conocido como jefe maestro.
La última frase dicha por Serin provocó que más de una exclamación de asombro se escuchara en el lugar. Ella adoraba ser el centro de atención y qué mejor manera de serlo que mencionando a John.
―Eso sí que es sorprendente ―comentó el oficial al mando de la estación.
―Si es posible, también sería útil que nos acompañe un grupo de hombres bien armados. No quiero que las cosas se compliquen mucho. El jefe maestro es un hombre altamente entrenado y con varias décadas de experiencia en combate.
―Estoy al tanto de eso. En ese caso, será mejor que nuestro equipo SWAT vaya con ustedes, ellos son los mejor capacitados para situaciones de emboscadas.
―Se lo agradezco ―miró a sus Spartans―. Dos de ustedes vayan a darle indicaciones los oficiales y que el otro avise a la nave que nos quedaremos toda la noche. No nos iremos de aquí hasta que Sierra 117 haya sido atrapado.
―Sí señora ―los tres supersoldados obedecieron al instante.
―Por cierto. Quiero que cuando nuestras prisioneras lleguen a la nave, Cortana sea sometida a un estudio médico completo. Debemos saber cómo fue compuesta y si hay posibilidad de repetir el proceso.
―A la orden ―el Spartan que había sido designado para enviar el mensaje salió del cuartel para cumplir con la orden.
Una hora después, Serin, los Spartan y casi la totalidad del departamento de policía de Rose Valley se encontraban en la casa en donde hasta hacía poco, John había vivido junto a Cortana.
―Señora. Necesitamos una prenda del sospechoso para que los perros lo olfateen.
―Bien. Ya vuelvo ―la mujer se adentró en la casa.
Buscando entre las habitaciones, Serin encontró la entrada al sótano. Bajó con cuidado, ya que el lugar estaba oscuro, incluso para su visión mejorada. Palpando en la pared, encontró un interruptor, lo accionó y la habitación se iluminó, su expresión cambió a una de sorpresa cuando vio que el lugar era como un pequeño centro de operaciones donde había equipo de monitoreo, armas, medicamentos y dos armaduras mjölnir en perfecto estado. Inmediatamente dedujo que para cuando ella llegó al lugar, los habitantes de esa casa ya se estaban preparando para defenderse. Había sido una suerte que llegara antes.
Sobre una mesa divisó varios artefactos, se acercó y comprobó que se trataban de rastreadores de movimiento, algo rústicos pero funcionales. Seguramente aquello era obra de Catherine quien por supuesto habría ideado un plan para desplegar una red de vigilancia. A la derecha descubrió una computadora y por su apariencia dedujo que era nueva, la encendió. Cuando el sistema terminó de cargar lo primero que vio fue la fotografía que componía el fondo del escritorio. Una terrible rabia la invadió al ver en la imagen a John y Cortana besándose en un lugar que por su aspecto, sugería que era alguna parte del patio de la casa. Trató de tranquilizarse, aunque no lo logró por completo. Siguió explorando los archivos de la máquina, descubriendo una gran cantidad de archivos de texto, abrió algunos notando que era el código de algún programa. Seguramente Cortana era la encargada de eso, ya que esa fue su especialidad durante su tiempo como I.A.
Movió su cabeza hacia arriba, ante sus ojos se mostraron varios cuadros con fotografías donde aparecían John y Cortana abrazados, a veces Catherine completaba el trío, en otras era Kelly la que compartía algún momento con sus compañeros. Le daba rabia pensar en que podrían haber sido felices durante su estancia en ese planeta. Ante tal pensamiento su ira creció hasta que no pudo contenerse y lanzó un golpe contra una fotografía donde solo aparecía Cortana, vestida con el mismo vestido que había llevado la noche que fue a cenar con John, el vidrio que cubría la foto se quebró, maltratando la imagen, la pared detrás de esta y la mano de la almirante, cuyo rostro ya no era el de una mujer, sino el de un demonio enloquecido por la ira.
―¡Perra maldita! ¡Te juro que cuando vuelva a la nave te voy a sacar las tripas mientras estés consciente! ¡Eres una puta! ―si no fuera porque el sótano estaba insonorizado gracias a los conocimientos de Catherine en materia de acústica, todos habrían escuchado los gritos desquiciados de Serin.
Bajó la mano de la pared, los nudillos le sangraban, pero no sentía dolor alguno, al menos físico, porque por dentro, sentía que se quemaba por la rabia que en ese momento le invadía. Calmándose un poco, recordó el motivo por el cual había entrado en ese lugar: «buscar una prenda de John para que los perros lo rastrearan». Miró hacia todos lados. En una esquina vio lo que identificó como una lavadora y a su lado una canasta con varias prendas de vestir listas para ser lavadas.
Hurgó entre la ropa tratando de encontrar alguna prenda masculina. Finalmente la encontró, una camisa de John. La miró por largos segundos con una idea en la mente. La acercó a su rostro y cerrando sus ojos aspiró con fuerza, llenando sus fosas nasales con el aroma del sudor del hombre, la sensación de aquella camisa contra su rostro la llevó casi hasta el éxtasis.
Volvió a la realidad, solo para percatarse que había manchado la prenda con su sangre, haciendola inadecuada para que los perros la olfatearan sin confundirlos. Envolvió su mano con la camisa y buscó otra prenda, encontró un pantalón. Sin esperar más, salió del sótano con rumbo a la entrada de la casa. Entregó el pantalón que de inmediato fue roto para repartirlo entre los entrenadores de los perros, los cuales olfatearon de inmediato los pedazos de la tela poniéndose en marcha poco después. La cacería contra John 117 había comenzado.
Kelly fue la primera en despertar, le dolía la cabeza a causa del culatazo recibido. Miró a su alrededor dándose cuenta de inmediato que estaba dentro de un celda. Se acercó hasta el frente de la mazmorra y se asomó todo lo que pudo al pasillo que conectaba el bloque de celdas con la salida. A lo lejos pudo ver a un guardia, quien dormía plácidamente mientras una revista obscena le tapaba el rostro. La mujer entornó los ojos. Se volteó para volver a su lugar dándose cuenta que tenían a dos acompañantes, a quienes reconoció como Cortana y Alicia. Se acercó a Cortana y le sacudió el hombro intentando despertarla.
La chica abrió los ojos pero de inmediato los volvió a cerrar ante la intensidad de la luz de la celda, la cual era la única ocupada en toda la nave. Al principio no reconoció a Kelly, sino hasta unos segundos después cuando esta le habló.
―¿Cómo te sientes?
―Como si un autobús me hubiera golpeado ―respondió la chica aún somnolienta―. ¿Dónde estamos?
―En una celda, mas no sé dónde. Pero ahora mismo lo sabremos ―Kelly se acercó nuevamente a la entrada, evitando tocar el campo de fuerza; no quería lastimarse tan pronto―. ¡Guardia! ¡guardia! ―gritó la mujer.
El guardia, que hasta ese momento solo había dormido, se despertó ante los gritos de la Spartan.
―¿Qué quieres? ―gritó el hombre.
―¿Dónde estamos?
―Pues en una celda. ¿No es obvio? ―respondió el guardia molesto por haber sido interrumpido en su sueño.
―Ya sé que es una celda, estúpido. Lo que quiero saber es en qué lugar estamos.
―el gran hotel UNSC Infinity, espero que disfruten su estancia ―el guardia no dijo más y salió del bloque de celdas con rumbo indeterminado.
―Estúpido ―murmuró Kelly con cierto fastidio.
―Así que estamos en la Infinity. Vaya que sí estamos en problemas ―comentó Cortana más para sí que para nadie más.
―Bueno, podría ser peor ―comentó Kelly.
―¿Peor?
―Claro, podríamos estar en algún tugurio siendo explotadas como mujerzuelas.
―Hablas como si conocieras esos lugares ―Ante tales palabras, Kelly miró a Cortana con cierto recelo. Cosa que no pasó desapercibida para la chica―. ¡No me digas que has estado en un lugar como ese!
―Como trabajadora no. Pero en medio de una batalla cualquier lugar es adecuado para esconderse.
―Supongo que habrás visto muchas cosas en ese lugar.
―De todo. Y lo que más me llamó la atención fue un negro desnudo que corría hacia la salida.
―Me imagino que debe haber estado bien dotado.
―Todavía dudo de si era un hombre o un caballo ―las dos rieron al imaginarse al hombre.
El sonido de unos pasos se escucharon en el pasillo, señal inequívoca de que un grupo de personas se acercaban. Las dos mujeres se pusieron en guardia, escondiéndose los más cerca posible de la pared para intentar sorprender a los custodios. Mas no tuvieron oportunidad, pues los hombres se posicionaron a ambos lados de la celda apuntando con sus armas. El campo de fuerza de la celda fue desactivado, permitiendo que varios Spartan entraran en el lugar.
―Acompáñenos ―ordenó uno de los Spartan a Cortana.
―¿Yo? ―preguntó la chica.
―Si.
―¿Para qué?
―Solo síganos.
―No quiero. A menos que sepa para qué quieren que los siga.
―Solo síganos ―repitió el Spartan con voz fría.
―Ya escucharon a mi amiga. Si no le dicen para qué quieren que los acompañe ella no irá con ustedes ―intervino Kelly parándose al lado de Cortana.
―Por favor señora, apártese ―ordenó el hombre.
―Más respeto niño, soy tu superior ―aclaró la veterana de guerra.
―En este momento usted es una prisionera, por lo que su rango no tiene efecto en absoluto. Ya le dije, hágase a un lado ―el spartan alargó su brazó para hacer a Kelly a un lado, pero la velocidad de la mujer fuer superior y lo tomó por el mismo torciéndoselo hasta la espalda. Los otros Spartan se pusieron en guardia apuntando hacia Kelly.
―Seré muy prisionera, pero todavía te puedo arrancar el brazo, niño. Ahora dime ¿Para qué quieren que mi amiga los siga?
―Es solo un examen médico ―masculló el hombre con dolor.
―¿Seguro? ―Kelly torció más el brazo, aumentando el dolor.
―Esas son mis órdenes.
―Kelly. No dejes que me lleven. Seguramente la almirante ordenó esto. ¡Ella quiere hacerme daño!
No hubo tiempo de reaccionar cuando los Spartan ya estaban sobre Cortana esposándola y alejando a Kelly hasta el fondo de la celda mientras le apuntaban con sus armas.
―Vamos ―ordenó el hombre que originalmente había hecho la petición al ser soltado por la veterana de guerra.
―¡Kelly! ¡Ayúdame! ―gritaba Cortana mientras era llevada por la fuerza.
―¡Maldita sea! ―murmuró Kelly, preocupada por la integridad de su amiga y la reacción que John tendría si a Serin se le ocurría hacerle algo a la chica.
El recorrido fue eterno para Cortana, y lo fue aún más el examen. En todo momento temió que alguien fuera a hacerle daño. Y su ansiedad de disparó cuando fue atada a la placa metálica donde la habían acostado. Sencillamente, ella no quería estar en ese lugar, y menos si cabía la posibilidad de que Serin apareciera en la entrada de esa habitación en cualquier momento. Por esa razón era que forcejeaba con las ataduras que la mantenían pegada a la plancha.
Detrás de un cristal, dos médicos llevaban a cabo los exámenes ordenados por la almirante.
―Vaya que es una fierecilla la chica ―comentó uno claramente divertido por la actitud de Cortana.
―Que no te sorprenda. Después de todo, es Cortana, la I.A. del jefe maestro. Es natural que sea tan agresiva. Imagínate todo el tiempo que pasó en combate. Y si encima le sumamos el estado de rampancia que padeció en esta nave y que seguramente sufrió durante los años que estuvo perdida en el espacio. Es un milagro que ahora que es humana no esté loca.
―Aún así, es sexy ¿No te parece?
―Tienes toda la razón colega. El jefe sí que tiene buen gusto. ¿Me pregunto si habrá tenido sexo con ella?
―¿A caso lo dudas? Imagínate tener a un bombón como ese cerca de ti. Cualquier hombre se vería en aprietos para resistirse a esa dulzura y el jefe maestro será todo lo Spartan y fiero guerrero que quieras, pero sigue siendo un hombre. Solo un estúpido no haría nada con ella.
―Te doy un punto. Cualquiera se sentiría atraído por ella. Hasta tu hermano, Sergio. Esta chica sí le haría dudar de su sacerdocio.
―No me des ideas viejo.
Los dos rieron ante sus pervertidos comentarios. Pero la risa no duró mucho cuando un sonido del equipo dio la señal de que había detectado algo.
―¿Qué pasa?
―No lo sé. Déjame ver ―el médico revisó la zona donde la máquina detecto la anomalía. Lo que vio lo dejó perplejo―. ¡No puede ser!
―¿Qué es? ―pregunto exaltado el otro médico.
―Mira esto ―el otro se acercó, su rostro mostró la misma expresión que su compañero al ver la anomalía.
―Por favor, dime que es un tumor...
Serin había ordenado que un equipo vigilara desde el aire, de esa manera podrían cubrir más terreno. Incluso, ella misma piloteaba un Falcon UH-144 transportando a un equipo SWAT completo.
―Enciendan sus visores infrarrojos. ―ordenó la almirante por radio.
―Los equipos en tierra ya están rastreando señora ―comunicó uno de los Spartan que se habían quedado con la mujer.
―Bien, que cada equipo se despliegue a 500 metros, necesitamos cubrir la mayor cantidad de terreno posible.
―Sí, señora.
―Sierra 117 debe ser atrapado esta misma noche.
Desde la lejanía, John se había quedado en la entrada de la cueva para vigilar. Sabía que Serin no se detendría por nada para atraparlo. De hecho, temía que esa noche los atraparan y si eso sucedía, entonces Cortana no tendría esperanza de ser rescatada.
Estaba realmente molesto con él mismo. Se había confiado demasiado y he ahí las consecuencias. Cortana, Kelly y Alicia habían sido capturadas por la desquiciada almirante de UNSC. ¿Es que, a caso nadie se había dado cuenta de que Serin estaba loca? Él mismo se había dado cuenta de tal situación cuando volvió después del incidente en Requiem a presentar su informe frente al alto mando y lo comprobó durante una breve conversación que sostuvo con la almirante después de dicho informe. Había intentado informarlo a las autoridades superiores y estaba a punto de lograrlo cuando fue transferido a la base donde Cortana fue creada y tenía la sospecha de que había sido la mismísima Serin quien había ordenado tal acción.
Una luz en la lejanía lo sacó de sus pensamientos. Se puso en guardia temiendo que se tratara de alguna aeronave de búsqueda. Se posicionó detrás de unas rocas ocultándose de su posible perseguidor. Quitó el seguro de su arma y apuntó, si esa nave era de alguien tratando de atraparlo, lo derribaría a como diera lugar.
En situaciones como esa, extrañaba la compañía de Cortana dentro de su casco. Dejó sus pensamientos de lado intentando concentrarse en la aeronave que se aproximaba. El sonido de un rotor lo alertó de sobremanera, seguramente se trataba de alguna nave VTOL y por su tamaño consideró que se trataba de un helicóptero de transporte, mas la oscuridad de la noche le impidió ver de qué se trataba hasta que el aparato estuvo a menos de 50 metros de su posición. La nave, un UH-144 apareció pronto en su HUD como un punto rojo brillante. Al no disponer de identificación amigo enemigo, el sistema de la armadura lo clasificaba automáticamente como enemigo, por lo que existía gran incertidumbre en caso de encontrarse en medio de una batalla. Pero ese no era el caso, sabía perfectamente que cualquier vehículo tipo militar en el aire en esa zona estaría buscándolo, por lo que debía ocultarse realmente bien para no ser detectado en caso de que dispusieran de visión infrarroja, lo que casi con total seguridad tendrían.
Aprovechando la oscuridad y la distancia del vehículo, corrió rápidamente hasta estar dentro de la cueva para levantar a Catherine y sacarla de ahí. Presentía que los ocupantes del Falcon verían la entrada de la cueva y enviarían un grupo para investigar. Para cuando eso sucediera, él y la pequeña debían estar muy lejos.
―Catherine ―habló John mientras sacudía a la pequeña doctora―. Catherine, despierta.
―¿Qué pasa John? Aún es de noche.
―Debemos irnos.
―¿Qué?
―Tenemos que irnos de aquí cuanto antes, hay un helicóptero sobrevolando la montaña. Si envían a alguien a revisar la cueva nos encontrarán ―no era común, pero la voz de John sonaba tensa, como si temiera ser encontrado. Catherine lo notó fácilmente al conocerlo de toda la vida.
―Esta bien. Ya me levanto ―con algo de dolor, la pequeña se incorporó, tomó algunas cosas de su alrededor y las metió en una pequeña bolsa que encontró en el lugar. Para cuando estuvo lista, John ya la esperaba en la entrada de la cueva con todas las armas que habían logrado sacar antes de huir de su casa―. Vamos John.
El Spartan levantó a Catherine y se la acomodó en los brazos de tal manera que no le estorbara para caminar ni apuntar con su arma.
―¿Cómo te sientes? ―preguntó el supersoldado.
―Todavía me duele. Pero sobreviviré. Lo que me hiciste en la cueva funcionó.
―Es la experiencia.
―Estoy segura que si.
―Debemos contactar con los elites. No podemos estar huyendo para siempre.
―De acuerdo. Déjame ver si traigo conmigo algún comunicador. Bájame.
John se detuvo y bajó a Catherine hasta el suelo, quien de inmediato se puso a buscar entre las cosas que llevaba consigo.
―¿Hay algo?
―Para nuestra maldita suerte nada.
―Entonces debemos conseguir uno.
―¿Y cómo lo haremos? Por si no lo recuerdas: Serin Osman está tras de nosotros junto a tres Spartan IV completamente armados. Eso sin contar que posiblemente nos está buscando en el bosque y el helicóptero de hace uno momentos seguramente es parte de alguna campaña de búsqueda para encontrarnos.
―Debemos volver al pueblo.
―¿Estás loco? Sabes perfectamente que el primer lugar donde nos pueden atrapar es en Rose Valley.
―No tenemos elección. Si no conseguimos un comunicador para contactar con los elites, no será posible escapar y entonces, Serin nos tendrá en sus manos, justo donde ella quiere.
―Si es así, entonces volvamos... Pero luego no me reproches si nos atrapan.
―Eso no sucederá ―John volvió a tomar a Catherine en brazos, dio media vuelta y comenzó a correr en dirección a Rose Valley.
Harrison caminaba a toda prisa hacia la enfermería de la nave. Cuando se enteró que Cortana y Kelly habían sido llevadas a bordo no perdió tiempo pidiendo explicaciones, ya se las darían en el lugar. Estaba ansioso por ver el resultado de la composición llevada a cabo por la doctora Halsey en la ex I.A. Lástima que no habían atrapado al objetivo principal, deseaba tenerlo frente a él para recriminarle todo el odio que sentía hacia su persona y hacia los Spartan en general. Y sobre todo, castigarlo por haber provocado la muerte de su familia. Por eso es que había aceptado esa misión, para tener el placer de destruir al orgulloso guerrero.
Cuando llegó a la enfermería, una enfermera le informó al contralmirante que la chica ya había sido devuelta al bloque de celdas. Volvió a emprender su camino hasta las celdas de detención de la nave. Cuando hubo llegado, el guardia del lugar inmediatamente se puso en posición firme.
―Quiero ver a las prisioneras.
―A la orden señor ―el guardia inmediatamente guió al contralmirante a la celda donde Cortana y sus amigas estaban presas.
Al ver a la mujer, Harrison sintió que pronto tendría a Sierra 117 frente a él. Estaba seguro que el hombre intentaría rescatarla y en ese momento él estaría allí para atraparlo.
Cortana miró a Harrison, su forma de caminar y pararse se le asemejaron a un bloque de metal, quizás por eso lo llamaban así, se veía que era un hombre rígido en sus opiniones y no fácilmente las cambiaba. Al verlo a los ojos sintió miedo, ya que la mirada del hombre era penetrante y a la vez denotaba cierto rechazo hacia ella.
Kelly sabía sobre la aversión del contralmirante para con los Spartan, por lo que se mantuvo alejada de él para no provocarle un disgusto y que ellas pagaran las consecuencias. Además estaba Alicia, que había despertado poco después de que Cortana fuera llevada a la enfermería para que le practicaran los exámenes que la almirante había ordenado.
Harrison habló.
―Así que tú eres la famosa Cortana. Parece que el jefe maestro tiene buen gusto para escoger mujeres. Mira que conseguirse una novia tan bonita ―El sarcasmo era patente en la voz del contralmirante, quien había comenzado a caminar en círculos alrededor de la joven.
―Si solo va a decir eso, que poca inspiración de su parte ―contestó la muchacha en el mismo tono; nunca había soportado el sarcasmo de otras personas. Esa era la razón por la que peleaba tan a menudo con Catherine.
―Parece que no solo eres bonita, sino que también eres valiente... e imprudente ―el contralmirante guardó silencio por unos segundos―. ¿Tienes idea de quien soy?
―Contralmirante Franklin Harrison. Has estado persiguiendo al jefe maestro desde que tu familia murió en la operación de rascate que él lideró. Aunque me parece muy mezquino de su parte tratar de cubrir su venganza personal con una falsa cubierta de justicia militar. ¿O me equivoco? ―Cortana sabía perfectamente usar el sarcasmo para molestar a la gente y lo había logrado con el hombre frente a ella.
―¿Te atreves a insultarme cuando sabes que puedo ordenar que te lleven a un paredón y te fusilen?
―Usted, mejor que nadie, sabe que si lo hace, John hará todo lo que esté en su poder para hacerle pagar por esa acción. Además, si me mata ¿qué mérito recibiría? Yo creo que ninguno y sí muchos problemas, porque habría mandado asesinar a un civil sin tener ningún motivo para hacerlo.
Harrison estaba molesto con la mujer. Cortana sabía golpear con las palabras, mas sin embargo, se tragó el coraje y se tranquilizó para contestar.
―Ciertamente no puedo hacer eso, y le concedo el punto, pero... hay heridas que no se notan tan fácilmente ―el hombre soltó un golpe que se dirigía hacia el estómago de la chica, no obstante, ella fue más rápida que él y lo detuvo sin mayor dificultad.
―Quizás no esté enterado, pero mi madre al componerme hizo que mi cuerpo recibiera las mismas mejoras que un Spartan, por lo que si usted intenta enfrentarme cuerpo a cuerpo, llevará las de perder y no creo que le guste pasar la vergüenza de ser vencido por una mujer y menos si esa mujer es la compañera de Sierra 117.
Harrison apretaba los dientes intentando retener su ira, pero Cortana era hiriente con él. Después de todo, no había forma de que el hombre le hiciera daño, al menos físico. Kelly que estaba en la parte trasera de la celda con Alicia acurrucada en su hombro, sonreía ante la valentía de su amiga. John había escogido bien a su chica. Sin duda, era una mujer fuerte, él estaría orgulloso de ella si la viera en ese momento.
―Contralmirante Harrison, se le solicita en el puente. Contralmirante Harrison, se le solicita en el puente. ―Los altavoces colocados en toda la nave sonaban al mismo tiempo llamando al contralmirante.
―Tienes suerte de que me llamen.
―El de la suerte es usted. Porque si seguía insistiendo quizás le habría roto la mano.
―Vale más que te quites esa actitud de valiente. Aquí no durarás ni un segundo cuando la almirante Osman venga por ti.
La expresión satisfecha de Cortana cambió cuando la almirante fue mencionada.
―Creo que está molesto ―finalmente habló Kelly.
―Eso no tiene importancia. En realidad me estaba muriendo de miedo ―confesó la chica.
―¿A si? Pues yo no sé que hago aquí. Si no tengo nada que ver con esto ―dijo Alicia, quien hablaba por primera vez desde que el contralmirante estuvo en la celda.
―Desgraciadamente, a Serin Osman no le importan los inocentes ―comentó Kelly con cierta molestia.
―Supongo que no es de tu agrado ―comentó Cortana.
―Nunca me agradó. Ni siquiera cuando éramos unas chiquillas.
Varios minutos habían transcurrido desde que Harrison abandonó las celdas y se dirigió hacia el puente, donde el capitán Lasky y los dos médicos que se encargaron del estudio a Cortana lo esperaban.
―¿Qué sucede capitán?
―Creo que es mejor que los médicos le expliquen.
El contralmirante los miró varios segundos...
―¿Y bien?
Los dos médicos dieron un salto de nerviosismo al escuchar al hombre dirigirse a ellos.
―Bueno... señor, después de hacer los exámenes que la almirante Osman ordenó, no encontramos ningún problema en el cuerpo de la paciente. En sí, todo su cuerpo está en perfecto estado de salud. Aunque por lo que observamos, su cuerpo no es normal: sus huesos y músculos son sumamente densos y los tejidos en sus ojos le permiten tener una visión superior a la de cualquier ser humano. Realmen...
―Eso ya lo se... ella recibió mejoras Spartan cuando fue compuesta ―aún estaba molesto por la conversación con la mujer.
―Si, señor... ―el médico estaba asustado por la actitud del contralmirante.
―Si eso es todo, no veo motivo para que me llamaran tan urgentemente ―estaba por retirarse cuando el otro médico habló.
―Señor... todavía queda algo y es muy delicado.
―A ver. Espero que esto sí sea importante.
―De hecho lo es, señor ―intervino Lasky.
―¿A si? ¿y qué es?
―No lo va a creer señor ―dijo el galeno mientras se acomodaba el cabello en señal de nerviosismo.
―¡Habla ya! No tengo todo tu tiempo ―la irritación del hombre iba en ascenso.
―Al principio creímos que tal vez se trataba de algún tumor. Pero las señales son evidentes... ella... está embarazada.
Los ojos de Harrison miraron fijamente al médico sin dar crédito a lo que sus oídos escucharon. Un sudor frío le recorrió la frente.
¡Por fin he llegado a donde quería!
Serin ha llegado a minister y ha tenido su primer encuentro con John y compañía. Las cosa se está poniendo mas interesante ahora.
Por cierto, lo del embarazo de Cortana es algo que había pensado incluso antes de iniciar esta historia, y por fin ahora me es posible agregarlo al fic, ya que no había encontrado una situación en la que pudiera darse el descubrimiento de esto.
Además, Ahora que John y Catherine van de regreso a su casa espero poder poner una escena de acción un poco más extensa. De hecho, en este capítulo iba a haber una escena bastante sangrienta, pero la guardé para otro momento más adelante como parte del final. El cual, creo, está cerca.
En fin, espero que este capítulo les haya agradado.
¡Hasta pronto!
