Esta historia no me pertenece. Todos los derechos son de cancercute, su autora, la historia la encontrarán en mis favoritos bajo el nombre de Intimacy. Le he pedido a ella permiso para traducirla porque, a mí en lo personal, me parece una historia excelente. Sin duda alguna de las mejores en el Takari y creo que cualquier persona que ame el Takari debería leerla.
Capítulo 11
Papas. Queso crema. Helado. Refresco.
-Veamos.
Tomó toda la comida que alistó en su libreta mientras caminaban por la tienda de comestibles. Z se quedaría a dormir en casa de Kari y necesitaría llenar el refrigerador con suficiente comida para que ambas se alimentaran. Sin mencionar al monstruo de su hermano.
Mientras empujaba el carrito a las cajas, sacó el teléfono y marcó el número de Zoe.
Ring.
Ring.
Ring.
No hubo respuesta.
-¿Por qué no contesta?- murmuró para sí misma mientras le enviaba un mensaje. Ya era tarde y Z le había prometido que la vería en la tienda. Supuso se le hizo tarde por la práctica de animación. De nuevo.
Compró todo lo necesario, que fue puesto en una bolsa de papel que llevó cargando como si de un muñeco de peluche se tratase. Iba saliendo de la tienda cuando se topó con una figura alta, dura y áspera que casi pierde el equilibrio. Pero afortunadamente, no lo hizo.
-Oh, lo siento tanto, iba distraída.- dijo, incapaz de usar las manos ya que llevaba la carga con provisiones.
-No te preocupes. Yo iba igual.- paró de hablar cuando la reconoció.- Oh, hola Kari.
-Daisuke. Hola. ¿Haciendo un mandado?- preguntó.
-No, de hecho voy a comprarme algo de comer. Como sea, no importa. Déjame ayudarte con eso.- le quitó la bolsa de las manos.
-Gracias, está bien. Aunque mi casa no está tan lejos.
-Descuida, tengo tiempo.- sonrió.
-Ok.- se rió.- Gracias.
Caminaron juntos, riendo y platicando rumbo a casa de Kari.
-Wow. Creo que está haciendo una movida.- comentó Takuya al verlos salir.
TK resopló con el ceño fruncido.
-El perdedor no tiene oportunidad. Por favor.
-Hey, relájate Teeks. Suenas enojado.- fueron en dirección opuesta a casa de TK.
-Amigo, el jugador de fútbol es un tonto. ¿Acaso no se da cuenta que no tiene oportunidad?- respondió el rubio, aún tenía una expresión seria.
-¿Y tú sí?- Takuya levantó una ceja y TK lo miró.- Ok, ok, amigo.- levantó sus manos en defensa.- Ella es tuya, de una vez admite que te gusta.- tras un largo suspiro murmuró.- Celoso.
El lunes siempre es el día favorito para los estudiantes. El inicio de semana, y el inicio de montones de tarea y otras tonterías. Comúnmente, el lunes por la mañana consiste en ir hacia el casillero, chismear sobre otros estudiantes, mirar a "los populares" entrar por el pasillo, chocar con los torpes patinadores, pasar a un lado de los emo y góticos, por último pero no menos importante, ver a los jugadores de básquetbol entrar. Y más que nada a cierto chico rubio.
Pero Kari no era testigo de esa rutina aquél lunes. De hecho, se le había hecho tarde.
-Dios, no.- se quejó mirando al reloj de pared en su cuarto, 7:55am. Rápidamente tomó todas sus cosas y corrió saliendo de ahí con un peine en la mano con el que al mismo tiempo se iba cepillando el cabello. A dos cuadras de distancia y cinco minutos de llegar a la escuela el timbre sonó.
Corriendo ya cansada, apresuró el paso esperando a que al maestro de su primer clase se le hubiera hecho tarde también. A ella no le iba tan bien como para darse el lujo de llegar tarde a Biología, especialmente cuando el profesor es un dolor en el trasero. Llegó a la escuela y empujó las pesadas puertas de los pasillos, encontrándolo todo vacío. Todos estaban ya en sus salones y ella precipitadamente corrió a su casillero a tomar los libros.
La castaña estaba por perder el aliento sintiéndose muy cansada por su ajetreada mañana. Y para colmo, tenía que subir las escaleras hasta el segundo piso para llegar a su salón. Sus piernas ya estaban muy débiles mientras corría hacia arriba.
En el momento en que llegó al segundo piso, volteó a la izquierda y ¡golpe! Se topó con alguien que la hizo perder el equilibrio y caer sobre su trasero. Sus libros cayeron también.
-Auch, demonios.- maldijo, molesta por la persona con la que se había topado.
-Oh, lo siento bonita.- él se rió. Extendió sus manos para ayudarla.
Ella se quedó boquiabierta al ver a TK sonriéndole.
-¿Qué estás haciendo aquí? ¿No deberías estar en clase?- preguntó ella, recogiendo sus cosas, TK se inclinó para ayudarla.
-Estaba. Pero no te vi llegar a Biología así que me aburrí y salí.
-Idiota.- se rió, olvidando lo tarde que iba. De alguna manera, él lograba desviar su atención.
-No vayas a clases, escápate conmigo, sólo estaba vez.- sonrió pícaramente.
-Ja-ja.- rió sarcásticamente.- Yo no falto, tonto. Sucede que soy responsable.
-¿No deberían ustedes dos estar en clases?- una fuerte voz femenina los interrumpió. Voltearon sus cabezas y vieron a la directora caminar hacia ellos, tenía una expresión difícil de describir, o estaba enojada o sólo tenía síndrome pre-menstrual.
-Mmm sí, señora.- rápido respondió Kari.
-¡No discutas y ve a tu clase!- gritó, de inmediato los dos salieron de ahí corriendo hacia su salón.
Mientras corrían, iba riéndose como idiotas.
-¿Lo ves? Todo es tu culpa.- lo acusó Kari. Miró el reloj de mano, ya llevaban un retraso de quince minutos.- ¡Oh, Dios! ¡Vámonos!- lo tomó de la muñeca, sin darse cuenta y corrió hacia el salón, jalando al chico tras ella.
Él abrió la puerta y ambos entraron.
-Ah. Bien por usted que se nos unió, señorita Kamiya. Llega tarde.- le dijo mientras los otros estudiantes sólo veían.- Y, señor Takaishi, ¿qué le tomó tanto tiempo en el baño? ¿Eh?- levantó una ceja. Hubo un breve silencio antes de que le permitiera a ambos ir a sus asientos y continuar con la lección.
-Todo esto es tu culpa, fenómeno.- murmuró ella cuando ya estaban sentados, compartiendo un escritorio.- Estúpido, tonto rubio.
-¡Oye! ¿Desde cuándo el color de cabello afecta tu mente?- él tomó su libreta y una pluma.
-Desde ésta mañana.
-No soy un tonto.- murmuró en defensa, Kari sólo se reía.- Sólo es que luzco muy bien.
-Oh sí.- intentó contener la risa.
-Además, pudiste haber reprobado tu prueba de educación física si no fuera por mí.- se lo restregó dejándola callada.
-Como sea, eso fue por la apuesta.
-Tienes suerte de ser linda.- dijo mirando hacia el pizarrón, sonriendo.
La castaña mordió su labio intentando no de sonreír.
-¡Ja! Te quedaste sin palabras.
Su cara ardió en rojo ante sus bromas pero no pudo pensar en algo para decir. Así que respondió con su habitual:
-Lo que digas, tonto señor jugador de básquetbol.
-¿Les importaría compartir su conversación con nosotros, TK y Kari?- preguntó el maestro mirándolos. De nuevo, la atención de los otros se centró en ellos quienes se mantuvieron en silencio sin decir nada sólo murmurando a voz baja.
-Se irán a detención los dos después de clases.- anunció para luego volver a la clase.
-Maldita sea.- murmuró Kari.
Estar en detención no era divertido. De hecho, ella pudo haberse quedado dormida desde el momento en que entraron a aburrilandia. El cuarto estaba completamente aburrido y muerto. Kari y TK eran los únicos haciendo ruido. Bueno, no ruido realmente, pero sonidos para mantenerse vivos. Y no morir en medio del silencio y aburrimiento.
-Nunca estuve en detención, tonto. Así que te culpo por todo esto.- dijo Kari, pasándole el papel lleno de gatos*.
-No te vas a morir, rara. Al menos estoy aquí.- mostró su sonrisa traviesa. Puso una X en un cuadro y cruzó una línea de tres X consecutivas.- ¡Ja! Gané de nuevo, perdedora.
-Como sea, rubio. Los gatos son para gente tonta de todos modos.- le enseñó la lengua.
-¿Soy tonto? Aún así sigues pensando que soy sexy.- se burló.
-Estás siendo demasiado egocéntrico.- comentó.
Sin tener algo mejor que hacer, se pusieron a observar al resto de los estudiantes ahí. Mientras Kari miraba por la ventana, TK observó hacia la otra dirección. Ambos descansaban sus cabezas sobre sus brazos en el escritorio, aunque estaban a espaldas de los demás. Fue entonces que él preguntó algo.
-¿Te llamó Daisuke?
Sorpresa fue lo que se mostró en su rostro, sin embargo, no duró mucho. Miró las hojas caer afuera y respondió.
-Hasta ahora no. Pero nos topamos hace un día en la tienda de comestibles. Me ayudó con unas cosas.
-Mmm.
-¿Por qué la pregunta?
-Curiosidad.- se rió.
-¿Qué?
-El señor Fútbol no tiene un trasero valiente, después de todo. Resulta que se acobardó de llamarte.- se burló divertidamente.
-Oye.- la castaña se levantó para verlo a la cara y ligeramente le golpeó un brazo.- Eres malo.
Él la miró y luego se rió divertidamente. ¿No sabía ella que cada pequeña cosa que hiciera le divertía? Él la encontraba bastante linda. Le sonrío. Su mirada penetraba a través del par de ojos almendrados y cada vez que lo hacía, ella podía sentir su latidos acelerarse. De algún modo, su intensa mirada la hipnotizó al grado que se perdió de la realidad. Como si sus ojos la hubiesen atrapado y llevado a otro mundo. Donde sólo estaban los dos.
-Me estás asustando.- se las arregló para decir apartando sus ojos de él.
Con aquellas acciones, él no pudo hacer más que sonreír a la castaña.
-No te preocupes, te debo una por haberte traído a detención. Te llevaré a tomar un café como disculpa.- sugirió, haciendo un gesto divertido.
-Bien, pero no más gestos divertidos. Te ves estúpido.- se rió y lo golpeó del hombro.
Después de treinta minutos más de lidiar con el aburrimiento en detención, un empleado entró y le dijo algo al maestro.
-Takaishi, ya puedes irte. El entrenador te necesita en la práctica.
-¡Sí!- exclamó en voz baja y volteó a ver a Kari.- ¿Qué hay de ella?
-Tu Kamiya.- dijo.- Necesitas reportarte con la editora en jefe. Ahora váyanse los dos.
Salieron en silencio. Una vez en el pasillo se empezaron a reír. TK se detuvo en su casillero y tomó su mochila. Caminaron juntos hacia el gimnasio antes de separarse para que Kari fuera en dirección opuesta.
-Ven al gimnasio antes de que te vayas.- dijo él, antes de alejarse.
Ella involuntariamente levantó una ceja preguntando: "¿Por qué?" con su expresión.
-Sólo hazlo. Eso no te matará.- sonrió. Entró en el gimnasio.
Kari se quedó sola mientras iba al edificio del Consejo Estudiantil. Entró al lugar en donde estaba Mimi, la editora en jefe.
-Hola. ¿Querías verme?
-Ajá. El segundo partido de básquetbol será el siguiente lunes. Necesito que vayas a tomar información sobre cómo va el juego. Creo que el equipo se irá a Tokio así que podrás irte con ellos por dos días enteros. Te quedarás en un hotel del que la escuela pagará todo, espero que no te moleste.
-Mmm ok, creo que puedo manejarlo.
-Genial. Eso es todo. Oh, dos editores más irán contigo. Karyl y Christine. Puedes ponerte de acuerdo con ellas.
Kari hizo un gesto antes de salir, abandonando el edificio. No sería sino hasta una hora después cuando el equipo terminara su práctica y que, ella sabía, Zoe terminara de entrenar con las animadoras. Así que fue hacia el campo de fútbol primero, antes del gimnasio.
Al momento que llegó, las animadoras estaban guardando sus cosas y los jugadores de fútbol seguían practicando.
-Hola, K.- saludó Zoe. Guardando unas cosas en su mochila y atando su cabello en una cola de caballo.- Voy al gimnasio, Kouji quiere que lo espere.
-Yo también iba para allá. Pero creo no terminarán hasta dentro de una hora.
-Bueno, podemos esperar.- dispuestas a marcharse, Kari vio a Daisuke mirándola. Ella sonrió amistosamente, lo que hizo que el rostro del chico se iluminara.
-¿Qué con eso?- preguntó Z curiosamente.
-Nada. Él me ayudó ayer en la tienda de comestibles.- le explicó mientras caminaban fuera del campo.
Durante su camino al gimnasio, hablaron sobre el partido de básquetbol del siguiente lunes.
-¡Qué padre, K! Podemos salir después del juego, ya sabes. Qué bueno que estarás allá también. Vamos a estar apoyando a los Halcones, chica. Además, habrá una competencia de porristas también. ¡Estoy tan emocionada!
-Bien por ti.- se rió.- ¡Y yo estaré para tomar fotos!
Entraron al gimnasio y se sentaron en las gradas, mirando a los chicos moverse en la cancha.
-¿No te aburre esperar a Kouji hasta que termine?
-Ya me acostumbré. Como quiera me las cobro después de una larga espera.- se rió Zoe.
No era que encontrara el básquetbol aburrido, su práctica no estaba siendo emocionante. Siempre es diferente a los juegos de verdad. Miró a TK jugar agresivamente al mostrar su talento. Se dio cuenta de la gracia que tenía en la cancha al poner su expresión seria, no esa típica sonrisa o su mirada perezosa. Y con eso, se halló a sí misma fascinada por él.
Más tarde ese día, cuando todos los estudiantes salieron de sus clases y prácticas y estaban listos para ir a casa...
-Atención estudiantes.- la voz de la directora se escuchó por los altavoces al hacer un anuncio a la escuela entera.- El baile escolar comenzará a dar lugar en el edificio del Consejo Estudiantil y será éste viernes entrante. No habrá clases ese día y el evento iniciará a las 7:00pm. Vengan en ropa formal. Los estudiantes que vengan informales no tendrá permiso para entrar al gimnasio. Gracias y tengan una buena tarde.
Después del anuncio, los muchachos regresaron a sus deberes habituales, dejando los pasillos llenos de conversaciones sobre el baile. Kari estaba en su casillero cuando Daisuke se le acercó sonriente.
-Hey.
-Hola.- saludó ella.
-Así que... estaba pensando en si...
-¡Kari!- TK los interrumpió de repente al gritar su nombre a través del pasillo. Estaba al pie de las escaleras junto a Kouji y Takuya, a unos cuantos metros de donde Kari y Daisuke estaban parados.
Con una sonrisa, gritó fuertemente.
-Vendrás conmigo al baile éste viernes. Te veo al rato, bonita.- sonrió antes de alejarse con sus amigos.
Aquella afirmación hizo que horribles y curiosas miradas de otras chicas le llegaran en el pasillo. Y cuando vio cómo ellas reaccionaron, instantáneamente se cubrió el rostro con un libro, avergonzada y sonrojada a más no poder, recordando las palabras de TK y olvidando que Daisuke seguía a su lado como idiota.
-Bueno, ¿no fue eso conveniente?- Zoe susurró a su lado, saliendo de la nada.
Gato: En inglés llamado tic-tac-toe, un juego en el que participan dos jugadores, consiste en un cuadro con dos divisiones horizontales y dos verticales, formando 9 cuadritos en los que se deben llenar con una "X" y una "O". Gana el que logre unir tres "X" u "O" (según sea lo que esté usando) en línea horizontal, vertical o inclinada.
¡Feliz Navidad!
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