Me tomo la libertad de hacer algo que siempre había deseado hacer en un fic, meter mi ciudad como uno de los escenarios de la historia. Por ser Nuevos Caminos, creo que es el perfecto para ello. ;)


We love people by Índigo.


Once

Sevilla

Si llego a saber que ibas a estar más insoportable que Spencer, te aseguro que no vengo.

—Déjame en paz.

—¡Quinn! Por amor de dios, ¿Quieres dejar de ser un alma en pena? Mira donde estás…—se giró sobre sí misma—Ésta ciudad es preciosa, hace buen tiempo y huele a flores por todos lados. Nos han invitado a comer y ésta noche tendremos fiesta, ¿Qué más necesitas para dejar esa estúpida sobriedad que siempre llevas puesta? Disfruta por una vez.

Te recuerdo que estamos aquí por una exposición de Shane, nada más.

—Me importa un bledo que hayamos venido por una exposición. Mírame…por primera vez desde que soy famosa puedo caminar por la calle sin que una marea de adolescentes enervadas me acose. ¡Esto es vida!, y quiero que lo disfrutes igual que yo. Así que repite conmigo. ¡Yo, Quinn Fabray!, prometo divertirme como nunca antes lo hice con mi fiel y perfecta amiga, y disfrutar de Sevilla como nunca antes nadie lo hizo.—Esgrimió deteniéndose frente a ella, con la mano alzada y provocando que un pequeño grupo de turistas que se personaban justo a su lado la mirasen confundidos.

Te está mirando todo el mundo, Ash.

Me da igual. No pienso dejar que continúes caminando hasta que jures lealtad a la diversión, y ésta calle es lo suficientemente estrecha como para evitar que sigas caminando si no lo haces.

Vamos a llegar tarde al evento, ¿Quieres apartarte?

—No—insistió tozudamente, y Quinn terminó por perder la poca paciencia que le quedaba.

Ok, acepto todas esas tonterías que dices—masculló sin demasiado entusiasmo, tratando de acabar con aquel pequeño show—¿Estás contenta ya?

—Perfecto—musitó Ashley permitiéndole de nuevo el paso entre los transeúntes que seguían observándolas curiosos.

Eran las 19:45 pm. 11 horas de vuelo desde que salieron de Nueva York el día anterior hasta que arribaron en el sur de España. Después de una breve parada de escala en la capital del país, por fin disfrutaban, o al menos Ashley lo hacía, de la tierra andaluza. La pequeña pero siempre acogedora Sevilla donde se iba a celebrar la primera exposición como fotógrafa de Shane McCutcheon, les había dado la bienvenida con una temperatura completamente veraniega y un olor a azahar que a punto estaba de colapsar las vías respiratorias de la rubia. Tal vez ese era el único inconveniente que encontró al llegar a aquella ciudad, no obstante todo parecía estar preparado para disfrutar de aquel breve pero intenso viaje. La luz, la amabilidad de quienes la recibían, la comida y el buen clima, además de estar rodeada de románticos e históricos monumentos, le regalaban sin dudas la oportunidad única de relajarse y desatar las tensiones, que por diferentes motivos había ido arrastrando en las últimas semanas. Sin embargo, para Quinn todo aquello que la rodeaba apenas servía de nada por culpa de aquellas mismas tensiones. No solo estaba el hecho de tener que separarse de Rachel y de su hija, ni tampoco solo le preocupaba hacerlo de manera tan repentina como tuvo que llevarse a cabo aquel viaje. Lo que realmente la mantenía en aquel estado de nerviosismo y completa seriedad, como había dicho Ashley, era el haberse tenido que marchar cuando la situación de Elise con los compañeros de su clase se volvía extraña. La intención de Spencer por evitar que Rachel diese su charla en el colegio de la pequeña era algo que había empezado a preocuparles de veras. No solo por lo que suponía tratar ese tema, sino por cómo había reaccionado ella al conocer las intenciones de Rachel. Que había algo que escondía era más que evidente. Su actitud, en las pocas horas que pudieron compartir antes de emprender el viaje bien lo dejaba entrever, aunque se excusase en el revuelo hormonal que suponía estar en los últimos días de embarazo. Y además de eso, además de toda aquella incertidumbre por saber que iba a suceder con Elise y la charla de su mujer en el colegio, se le unía la extraña sorpresa de haber recibido la llamada de Leisha, y saber que Rachel había aceptado citarse con ella.

No, no tenía temor alguno, ni siquiera le había causado esa sensación de celos que supuestamente sintió Rachel cuando tuvieron el encuentro en el restaurante el día anterior, de hecho, estaba convencida de que ese intento de acercamiento por parte de Leisha no era más que puro interés profesional. Si estaba en Nueva York rodando una película tal y como les había comentado, no había nada mejor que acercarse a alguien a quien todo el mundo relacionaba con aquella ciudad, y esa no era otra más que Rachel Berry. Sin embargo, aquello no lograba disipar esa extraña sensación de inquietud que sentía. Y mucho menos lo iba a hacer Ashley con su euforia desmedida por poder disfrutar sin verse obligada a huir de sus miles de fans.

—Mmm Casa de los Pinelo—balbuceó con dificultad en un desastroso castellano—¿Es aquí?—cuestionó Ashley alzando la mirada hacia la fachada del edificio renacentista, el número 9 situado en una de las calles más céntricas de aquella ciudad—Mira, está el nombre de Shane por todos lados—musitó señalando hacia dos largos telares que colgaban del imponente torreón de aquella casa—palacio de casi 500 años de antigüedad. Las piedras que cubrían la fachada y esas típicas ruedas de molino incrustadas en ellas, el enorme portón de madera, los balcones con sus guardapolvos, o el hermoso mirador en la segunda planta con arquerías y columnas de mármol, les hacían indicar que estaban a punto de descubrir una nueva forma de arte, algo muy diferente a lo que estaban acostumbradas a presenciar en Nueva York o los Ángeles.

—Vamos, ya debe de haber empezado el evento. Shane nos matará si llegamos más tarde—masculló Quinn adentrándose en el mismo para mostrarle las credenciales a varios guardias que blindaban la entrada al lugar, y de nuevo volvían a sorprenderse tras cruzar el vestíbulo que daba acceso. Un espectacular patio porticado repleto de columnas de mármol sosteniendo los arcos de medio punto, una mágica fuente en el centro del mismo y una frondosa vegetación de plantas trepadoras escalando por las columnas y ventanas hasta la segunda planta, le daban la bienvenida de la manera más espectacular de cuántas habían imaginado al llegar a aquella ciudad. Y tras ello, un par de ojos que sonreían al verla lograron llamar su atención. Alguien que apenas tardó un par de segundos en descubrirlas entre el barullo de personas que ya se distribuían por el encantador patio y formaban corrillos debatiendo acerca de las enormes y espectaculares fotografías que colgaban en las paredes que rodeaban el mismo, y que solo pertenecían a ella. A Shane.

Una nueva sonrisa, ésta vez acompañada de sus labios y el abrazo que no tardó en producirse entre ellas, mientras Ashley acompañaba la escena como mero testigo presencial.

Gracias…gracias, gracias—susurró Shane sin deshacer el abrazo con Quinn—Gracias por venir, gracias…

—Basta de gracias. Te he echado de menos.

Y yo a ti, no sabes cuánto—la miró por primera vez tras desvanecer el intenso abrazo—Me parece tan surrealista que estés aquí—miró a Ashley a quien no tardó en saludar de igual manera, aunque con algo menos de efusividad.—Hola Ash, ¿Cómo te va?

Bien, muy bien—sonrió feliz—Y veo que a ti también te va genial.

—Estoy feliz—respondió Shane que volvía a mirar a Quinn—¿Qué tal el viaje? ¿Agotador?

Esa es la palabra, agotador. Pero no te preocupes, merece la pena por tal de verte, y este lugar…Oh dios, es encantador.

—Absolutamente—respondió regalándole un guiño de ojos—¿Estás bien?...¿Cómo está Rachel? ¿Y Elise? Bette me ha comentado lo que ha sucedido en Chicago, es una locura…

Rachel está perfecta, descansando como merece y Elise, bueno ya te la imaginas…es igual que Rachel, así que nunca te aburres con ellas.

Cierto…tengo ganas de volver a verlas.

Ella me pregunta mucho por ti—respondió sonriente.

—¡Shane!—la voz de alguien que cruzaba por la estancia interrumpió la breve conversación y llamó la atención de la autora, que tras regalarle algunos gestos con su mano volvió a Quinn.

Oye, me temo que tengo atender a varios medios. Podéis disfrutar de la exposición mientras y…—miró a Ashley—Comer y beber, hay de todo—le guiñó el ojo sabiendo del poco interés que podría provocarle a ella la exposición.—En cuanto me libre del protocolo, vuelvo a para buscaros, ¿De acuerdo?

Por supuesto, es lógico que tengas que atender a los medios…es tu momento—sonrió Quinn incitándola a que acudiese a la llamada de la desesperante mujer que la reclamaba, junto a un grupo de extraños y estirados hombres.

Ok, luego te veo…por cierto, en cuanto acabe el evento aquí, nos trasladamos al club del hotel donde estáis hospedadas. Tenemos fiesta de celebración ésta noche.

Eso me gusta más—intervino Ashley provocando la sonrisa en Shane.

Ah…y también—volvió a hablar mirando a Quinn—Es probable que se te acerque algún periodista o columnista para interesarse por tu opinión acerca de la exposición. Saben que vienes en representación de la fundación Porter y estarán interesados para rellenar sus críticas, ya sabes. ¿Tienes algún inconveniente en que lo hagan?

—No, para nada…de hecho, es uno de los motivos por el que estoy aquí, ¿No?—sonrió con dulzura— Aunque eso sí, voy a tener que echar un vistazo para sacar conclusiones de tu perspectiva.

Toda tuya—musitó invitándola a que se lanzara a descubrir la exposición, segundos antes de abandonarlas para seguir cumpliendo el protocolo que exigía el ser la artista. Y eso fue lo que se dispuso a hacer Quinn no sin antes obligar a que Ashley la acompañase en aquella interesante ruta.

Interesante para alguien que realmente estaba metida en ese mundo artístico, porque para Ashley simplemente eran fotografías de diferentes ángulos sobre el cuerpo humano. Bebés, niños, jóvenes, adultos y ancianos. Ante ellas se exponían los cuerpos de multitud de personas de diferentes edades, razas y culturas. En multitud de posturas diferentes, vestidos y desnudos, posados y naturales. Tal vez para alguien que admirase la fotografía o estuviese más interesado en lo artístico de aquella exposición, podría ser una autentica mina de aprendizaje, pero para Ashley definitivamente no. Por mucho que Quinn se esmerase en intentar comentarle el punto de vista que suponía había tratado de reflejar Shane en cada imagen. Fueron 20 las imágenes que contempló cuando se dio por vencida y se excusó con acudir en busca de algo para beber, mientras Quinn seguía con su improvisada visita, disfrutando del talento de Shane, y de lo mágico que le resultaba hacerlo en un lugar como aquel, donde el tiempo parecía haberse detenido para siempre. Y fueron escasos 2 minutos los que Quinn logró quedarse a solas mientras contemplaba una instantánea en la que un bebé se daba su primer baño en una piscina, con la inestimable ayuda de dos manos que probablemente pertenecían a su madre, y justo debajo del cuadro permanecía anclada una silla que a juzgar por lo castizo de su forma, debía contar con cientos de años. La voz de alguien la sacó de aquel pequeño trance en el que se encontraba, tratando de asimilar la controversia de observar el futuro y el pasado en aquella extraña mezcla de casualidades.

Es increíble cómo ha sido capaz de transmitir la confianza de un bebe que ni siquiera es capaz de ver a su madre.—Quinn no tardó en buscar con la mirada a quien se colocaba a su lado sin previo aviso, y por algunos segundos estuvo observándola hasta que ésta le devolvió la mirada.

Realmente lo que me sorprende es como es capaz de crear magnetismo con sus imágenes, estando en un lugar como éste. En el que todo parece llamarte para que lo observes—respondió Quinn dejándose llevar por el momento.

Totalmente cierto. Es increíble cómo pueden acoplarse cinco siglos en tan pocos metros cuadrados—sonrió divertida— Supongo que no me recuerdas ¿Verdad?—cuestionó y Quinn negó. No la recordaba, no sabía quién era aquella mujer de tez bronceada y traviesa sonrisa que fijaba su mirada sobre ella, pero sí le resultaba familiar.—Aria Lennon. Nos conocimos en Los Ángeles hace dos años, en una exposición de Charles Trainor sobre los Beatles. Soy columnista de Art Monthly para el Reino Unido.

Oh…cierto—murmuró recordando tímidamente a aquella chica—Mmm… Liverpool.

—Exacto—respondió más sonriente—Bette Porter nos presentó—lanzó la mano para saludarla y Quinn no tardó en aceptarla cordialmente—Estaba esperándola a ella, pero Shane me ha dicho que no ha podido venir.

No, no ha podido venir. Por eso estoy yo aquí, sustituyéndola.

—¿Eres amiga de Shane?

Sí, lo soy. Amiga desde hace muchos años, y bueno…también vengo a ver la exposición como directora de galería.

Fundación Porter—añadió sin perder la sonrisa—es increíble la relevancia que ha ido adquiriendo en tan pocos años. Si el MoMa sigue igual, no me cabe la menor duda de que seréis la galería más importante en la próxima década.

Nos conformamos con poder seguir dando oportunidades a los artistas, y contar con los más relevantes del momento—añadió Quinn como si de un robot se tratase. Había repetido aquel eslogan tantas veces, que ya ni siquiera tenía que pensar en la entonación que debía darle para resultar convincente, y por supuesto aquel detalle no pasó desapercibido para la columnista, que dejó escapar una leve risilla tras volver la mirada hacia la imagen del bebé.

Siento la interrupción—musitó—Antes he visto que estabas acompañada y no he querido molestarte, pero al ver que te quedabas a solas no he tenido más remedio que hacerlo. Me gustaría mucho contar con tu opinión acerca de la exposición para mi crítica.

Oh, claro…Shane ya me avisó que tendría que atender a algunos medios.

Si supone alguna molestia, no te preocupes…lo entenderé. Sobre todo porque no quiero pierdas la oportunidad de seguir descubriendo imágenes con Ashley Davies.

Si es por ella, no hay problema—sonrió desviando la mirada hacia Ashley, que disimuladamente se hacía con la tercera copa de vino—Está interesada en otro tipo de arte más de su estilo. No obstante, me gustaría poder ver la colección completa antes de responder a tus cuestiones.

—Claro, por supuesto. Estaré aquí toda la noche, esperando con gusto.—Le devolvió la sonrisa, y algo más que ella. Un divertido guiño se apoderó de su ojo izquierdo y un leve vestigio de confusión se adueñó de Quinn. No porque le supiese algún inconveniente recibir un guiño de una casi desconocida, sino porque el gesto le resultó muy familia. Tan familiar que en su mente apareció la perfecta y espectacular sonrisa de Rachel.

No tenían nada parecido, al menos no físicamente excepto por el bronceado de su piel, el color de su pelo y el de sus ojos, sin embargo, había algo en aquella mueca que inevitablemente la llevó a pensar en su mujer. Y ese mismo gesto acompañando su memoria le hizo recordar lo lejos que estaba de ella y de su hija. Y de nuevo se apoderaba de ella esa agridulce sensación de no poder concentrarse como quería, y disfrutar como se lo había pedido Ashley hacia menos de una hora.

Apenas hubo despedida con Aria, puesto que iban a volver a encontrarse antes de que acabase el evento, y también porque la columnista no le dio opción alguna tras regalarle aquel guiño. Se separó de ella con la misma sonrisa que vestía en todo momento, y la volvió a dejar a solas para que continuase con su visionado completo de la colección. Algo que parecía no estar del todo claro tras tener que soportar de nuevo la presencia de Ashley escondiéndose de varios representantes a los que conocía, y que ni siquiera quería saludar. Y por supuesto con la interrupción constante de quienes no tenían las contemplaciones de Aria y la asaltaban para obtener su opinión acerca de lo que veían. Dos horas y media después, con Ashley olvidándose de ella y centrándose en la bebida que repartían los camareros, y sin más periodistas, marchantes y demás improvisados profesionales que aquella noche parecían saber más de fotografía que la propia artista, Quinn lograba tomarse un par de minutos de relax y aprovechaba para llamar la atención de Rachel enviándole varios mensajes, buscando esa tranquilidad que ya empezaba a ser necesaria si no quería quedar mal en la gran noche de Shane. Y fue en ese momento, resguardada por el cobijo que le ofrecía uno de aquellos sillones renacentistas que adornaban el patio principal en el más apartado de los rincones, donde volvió a verla y recordar que tenía una cita pendiente con ella.

Aria caminaba distraída por uno de los pasillos colindantes, también centrando su mirada en un teléfono que sostenía entre sus manos y sin percatarse de su presencia en aquel angosto rincón, lejos del barullo de los corrillos que seguían intercambiando opiniones. No lo dudó y fue tras ella, colándole en el interior de una pequeña estancia y descubrirla apoyada junto a una de las columnas.

—Hey—musitó con algo de temor por interrumpirla—Estás aquí.

Oh…Hola Señora Fabray—respondió olvidándose momentáneamente de su teléfono.

—¿Señora Fabray?— replicó confusa.

Eh…antes no he sido consciente de mi falta de educación. Le he hablado como si realmente tuviera confianza y no creo que deba…

Quinn por favor—la interrumpió rápidamente—llámame Quinn. Haces que me vea mayor y no me lo considero.

Es que no lo eres. No creo que haya mucha diferencia de edad entre nosotras, así que romperé el protocolo y la llamaré Quinn—susurró regalándole la primera de las sonrisas.

Mucho mejor. Eh…Te estaba buscando. Bueno…no es que te estuviese buscando—recapacitó—Lo cierto es que te he visto pasar y he recordado que tenía pendiente una charla contigo, y siendo la hora que es será mejor que lo llevemos a cabo cuanto antes. Shane ya me ha avisado que dará por concluido el evento y nos marcharemos al hotel.

Lo sé—respondió acercándose—Yo también estoy invitada a la fiesta en el hotel, estoy hospedada en el mismo donde se celebra y pensé que tú también lo estarías, por supuesto. Por eso no te he buscado antes, pensando que tal vez en el hotel tendría oportunidad de hablar contigo…bueno—corrigió imitando el mismo gesto que segundos antes había hecho Quinn—Lo cierto es que si te he buscado, pero cada vez que te encontraba estabas acompañada.

—Lo sé, lo siento…no me han dejado a solas.

—Es lo que tiene venir en representación de una de las fundaciones más importantes de los Estados Unidos—sonrió cómplice—Además de ser la directora de una de sus galerías más importantes, y entender de arte…mucho más que todos esos que te han preguntado.

—¿Cómo sabes eso?—cuestionó divertida—Sabes que no es necesario entender de arte para ser directora de una galería, ¿Verdad?

Lo sé, he tratado con muchos directores y directoras que de lo único que entienden es de dinero, y que se dejan llevar por sus consejeros. Pero sé que ese no es tu caso, por eso estoy interesada en que hablemos sobre lo que has visto aquí esta noche.

Muy bien…pues aquí me tienes, soy toda tuya—musitó sin perder la sonrisa, aunque ésta se esfumó en el mismo instante en el que Aria se la devolvía con más travesura aún, y era consciente del doble sentido que podía entender con aquella sentencia.—¿Te pillo en mal momento para…

—No, es perfecto—la interrumpió—¿Subimos?—cuestionó desviando la mirada hacia unas escaleras que aparecían justo detrás de ella.

—¿Arriba? ¿Se puede subir?

—Claro—volvió a sonreírle—Es una pena que no esté permitido subir al mirador, pero si se puede ascender a la primera planta. Estaremos más tranquilas ahí.

—¿Y qué hay?—cuestionó curiosa, aceptando la invitación y siguiendo sus pasos por el pequeño pasillo hasta llegar a las escaleras. Era evidente que no iba a dejar pasar una oportunidad como aquella de descubrir aquel mágico lugar.

—Varias salas más de exposición, una biblioteca y bueno…supongo que habrá más estancias que desconozco. No he tenido la oportunidad de visitarlo al completo, pero en las galerías que dan al patio central estaremos mejor para hablar. Te aseguro que ahí nadie te interrumpirá.

—¿Has venido antes?

—He estado en un par de ocasiones—respondió ascendiendo las escaleras—Pero nunca me dejaban subir hasta aquí. Normalmente solo se visita la sala donde esté la exposición en cuestión. ¿Nunca has venido?

Pues no—respondió Quinn sin dejar de observar los continuos cuadros que iban apareciendo conforme subía las escaleras—Es la primera vez que vengo a ésta ciudad.

—¿De verdad?—la miró incrédula—¿Te gusta la historia?

—Mmm, sí…claro que sí.

Pues estás en una ciudad perfecta para empaparte de historia, para descubrir leyendas y curiosidades que te enamoran.

—¿Te enamoran?—repitió apenas sin ser consciente de que lo hacía, justo cuando sus ojos ya descubrían las galerías con sus columnas de mármol de aquella planta superior y los miles de labrados que adornaban sus arcos rodeando el inmenso patio, donde la noche ya empezaba a hacer acto de presencia y solo unos faroles de estilo mudéjar lograban iluminar la zona. –Oh dios…Que bien huele aquí—musitó, y Aria no pudo evitar dejar escapar una pequeña carcajada.

Mira—la invitó a que se asomase a la barandilla que les permitía contemplar la exposición desde la altura—Naranjos—señaló hacia un par de árboles que presidian el mismo—Azahar…De ahí viene el olor.

Es increible…Realmente, este lugar es encantador. Creo que voy a tener que organizar un viaje con más dedicación y visitar toda la ciudad. Estoy segura de que a Rachel le encantaría.

—¿Rachel?—cuestionó un tanto curiosa.

—Eh…sí—desvió la mirada hacia el patio—Es…es mi mujer.

Oh, vaya…no sabía que estuvieses casada. ¿Lo estabas cuando nos conocimos?

—Sí—respondió sonriente—Llevo 14 años casada.

—Todo un logro, enhorabuena.

—Gracias—la miró agradecida—Es fácil cuando vives con alguien como mi mujer.

—¿Compartís profesión?—se interesó olvidándose momentáneamente de la entrevista, al igual que hizo Quinn tras volver a recordar a Rachel. Estar allí con la noche cayendo sobre ella, el increíble olor que desprendía el azahar de los naranjos, la cálida temperatura que las envolvía y pensar en ella, era probablemente la mejor opción para seguir afrontando aquel acto protocolario de la mejor manera posible. Siempre que Rachel estaba, todo era sencillo.

No, ella es artista…pero nada que ver con esto.

—¿Y lleva bien que dediques tu vida a "éste" tipo de arte?—enfatizó sin perder la sonrisa.

Sí, claro que lo lleva bien. Sabe que adoro mi profesión, al igual que yo sé que ella ama la suya. Queremos lo mejor para cada una—la miró un tanto confusa, y lo hacía porque realmente le sorprendía que no tuviese idea de quien era Rachel, siendo alguien relacionado con el mundo de la información.

Suerte la vuestra. Mi pareja no acepta demasiado bien que viaje por todo el mundo para escribir una "insulsa columna hablando de estrambóticos artistas contemporáneos"—Dijo con algo de sarcasmo envolviendo sus palabras.

Vaya, ¿A qué se dedica?—cuestionó sin pensarlo.

Psicología—musitó perdiendo la mirada entre el frondoso y ya oscuro verde de la copa de los naranjos que permanecían bajo ellas.—Vive entre cuatro paredes estudiando libros de psicología y atendiendo a pacientes mientras yo prácticamente vivo en un avión. Es imposible congeniar si no es por el amor.

—Entonces eres afortunada también—dijo con serenidad—Hay parejas que comparten todo menos el amor.

Cierto—la miró con resignación—Aunque peor es que ese amor no esté equilibrado. Estar de acuerdo es esencial, ya sea para bien o para mal, pero cuando una de las dos partes no siente lo mismo, el problema se vuelve insostenible.

No supo qué responder. Quinn perdió por completo el habla tras escuchar aquella referencia dejándole entrever que no era tan afortunada como lo era ella con Rachel, y se lamentó. Se lamentó por no saber cómo reaccionar a ello, por no tener una sola palabra para refutar aquella verdad absoluta, y más aún cuando de su bolso comenzó a salir el estrepitoso sonido de su móvil, interrumpiendo el tenso silencio que se había producido entre ellas.

Acepta la llamada—musitó Aria al ver como dudaba en hacerlo por no resultar maleducada.

Discúlpame, prometo apagarlo y poder hablar sin interrupciones de arte—sonrió débilmente, al tiempo que se alejaba un par de metros de ella y optaba por aceptar la llamada. No lo habría hecho si en la pantalla no apareciese el nombre y la perfecta imagen de Rachel con Elise en el día de su séptimo cumpleaños. Una foto que ella misma había hecho hacia escasos meses.—¿Rachel?

Oh…menos mal que me has aceptado la llamada.

—¿Qué ocurre? ¿Ha pasado algo? ¿Estáis bien?

Eh…sí, sí. Tranquila, todo bien. Siento haberte asustado—se relajó—Es solo que acabo de ver tus mensajes y no consigo adecuarme al cambio horario, y pensé que ya estarías dormida o que se yo…te he escrito y no te llegaban, así que he decidido llamarte—respiró—Lo siento, estoy un poco nerviosa…¿Cómo estás? ¿A qué vienen esos mensajes?

—Estoy bien—respondió Quinn buscando el asiento en una de las banquetas que se postraban a lo largo de toda la galería—Es solo que…bueno, quería saber cómo estabais vosotras. Os echo mucho de menos.

Nosotras a ti también, cielo, pero no te preocupes, ¿Ok? Todo está bien por aquí, puedes estar tranquila. ¿Cómo está Shane?

—Me quedo más tranquila. Y Shane está genial. Está muy emocionada y la exposición es perfecta…¿Sabes que tiene nuestra fotografía de la moto expuesta?

—¿De veras?

—Sí, pero tranquila—sonrió—Nadie sabe que somos nosotras. Casi me desmayo al verla, pero he sabido disimular bien.

—Dios, no recordaba esa sesión de fotos—musitó divertida.

Yo tampoco hasta que la he visto—respondió Quinn—¿Cómo está Elise?

Un poco enfadada. No entiende que haya rechazado la idea de ir a su clase, pero supongo que se le pasará. Mañana iremos a Central Park con Brittany . Imagino que se calmará y lo olvidará. Ahora iré a recogerla.

—¿Te ha dicho algo más Spencer?

No, nada más. Me volvió a pedir que no fuese, bueno…lo cierto es que casi me lo suplicó. Después ha estado todo el día visitando a unos compañeros de trabajo o algo así, no lo sé. Supongo que estará a punto de llegar. ¿Y Ash? ¿Se está portando bien?

Pues la verdad es que no tengo ni idea de donde está—respondió lanzando una mirada a su alrededor. Evidentemente allí no estaba su amiga, solo Aria.—Lleva toda la noche excusándose y creo que se está bebiendo todo el vino que sirven como aperitivo. Es probable que deje la ciudad sin vino—se burló—Por cierto, tenemos que venir juntas. Este lugar es increíble.

Entrará en nuestra lista de ciudades a visitar—Añadió Rachel complacida—Por cierto, procura que Ashley no te incite a beber igual. Una de las dos debe ser responsable y ya sabemos que ella…

Tranquila Rachel, sé controlarme—la interrumpió.—En cuanto acabe con una entrevista que tengo pendiente, iré en su búsqueda y regresaremos al hotel.

—¿Entrevista?

—Eh sí—susurró centrando su mirada en Aria, que distraída seguía observando el patio desde la barandilla—Llevo toda la noche respondiendo a preguntas de periodistas y críticos, y ahora tengo a una columnista del Art Monthly esperándome. Me ha pedido que le de mi visión de la exposición.

—¿Una columnista? ¿Es guapa?

—¿Qué?

—¿Qué si es guapa?—repitió y Quinn dudó. Volvía a desviar la mirada hacia la chica y guardaba silencio. Un silencio en el que los pensamientos empezaban a golpearla.—¿Quinn?

Eh…sí, no sé…es normal—masculló quitándole importancia y evitando lo que ya sabía que pretendía la morena al hacerle aquella curiosa pregunta.—Está casada , si es eso lo que te preocupa.—Mintió, o al menos eso creyó hacer porque Aria en ningún momento le había comentado cuál era su estado civil. Y lo cierto es que no supo por qué lo hizo.

—Oh…vaya, mala suerte directora sexy—se burló.

—¿No tienes celos?

Por cierto—ignoró la respuesta permitiendo que la curiosidad invadiese a Quinn.—Tengo una cita.

—¿Una cita? ¿Con quién?

Me, me ha vuelto a llamar , de hecho por eso no te he atendido antes porque estaba hablando con ella para concretar. Elise va a pasar esta noche con Spencer, así no…

—¿La noche?—la interrumpió Quinn confusa—¿Tienes una cita toda la noche? ¿Con quién?

Con…con Leisha—balbuceó segundos antes de que el silencio se apoderada de las dos. Silencio que Rachel rompió tras no recibir respuesta alguna por parte de Quinn—Sé que no debería haber aceptado, pero le dije que lo haría y no voy a ser yo quien se eche atrás. No tengo nada por lo que evitarlo, ¿Recuerdas? Tú, tú misma me lo dijiste. No tenía nada que temer…¿Verdad?

Eh no, supongo que no pero…

—¿Pero qué?

No sé Rachel, no me esperaba que fueses a quedar con ella tan rápido, de hecho ni siquiera pensé que fueses a aceptar, y menos sin estar yo ahí.

—¿Por qué? Ella quiere verme a mí.

Ya, pero no sé…Conociéndote y sin saber lo que pretende, me cuesta entender que hayas aceptado sin estar yo ahí. Parece que estabas esperando a que yo me marchase.

—¿Qué insinúas? ¿De qué hablas, Quinn?—cuestionó con seriedad

No insinúo nada, Rachel.

Claro que insinúas. Acabas de decir que conociéndome…¿Qué pasa conmigo? ¿Acaso no soy capaz de sentarme frente a Leisha sin que estés a mi lado acompañándome?¿Crees que voy a discutir con ella y a armar algún escandalo?

No es eso, Rachel. Claro que eres capaz de comportarte y de todo lo que te propongas—la interrumpió—Solo dije eso porque si la cita sale mal, entraras en histeria como sueles hacer y te pondrás mal y no quiero que eso suceda. El otro día casi estabas enfadada conmigo por el simple hecho de verme saludándola y ahora quedas así, como si nada…No sé, es raro. Y lo vas a pasar mal.

Oh, ok…Soy una histérica, y una estúpida por contarte lo que siento. Tranquila, no volveré a decirte nada más.

Rachel, no estoy recriminándote nada. No estoy echándote nada en cara, solo…

Solo nada Quinn, creo que no tienes derecho a decirme algo así. Estaba mal y me obligaste a que te lo confesara, ahora no vengas a decirme que soy una histérica…

—¿Qué diablos te pasa?—la interrumpió—¿Por qué estás a la defensiva? No te he dicho nada malo para que me respondas con tanto sarcasmo. No somos crías.

—Eres tú la que me está tratando como si fuera una cría. ¿Tengo que tener tu permiso para hablar con Leisha? ¿Qué sucede? ¿Acaso tienes miedo de que me diga algo y no estés para controlarlo?

Rachel, Rachel—la detuvo completamente desconcertada—Escúchame, estamos a 15.000 kilómetros y no me gusta hablar de estas cosas por teléfono porque siempre sacas conclusiones erróneas. No quiero discutir, ¿Ok? Si has quedado con ella, perfecto. Ve, atiende a lo que sea que quiera y ya está. No volveré a decirte nada más, pero por favor no saquemos esto de quicio. Yo no tengo nada que esconder y menos con esa idiota de Leisha.

Tranquila, no sacaré las cosas de quicio con mi histeria.

Rachel por favor—balbuceó sabiendo que la conversación estaba a punto de acabar. Y no se equivocó.

Conocía ese tono repleto de orgullo de su mujer, y sabía que detrás de él siempre venia la huida, el cierre, el adiós a la conversación que estuvieran manteniendo sea cual fuese el medio por el que lo hicieran.

Cuídate por favor—atinó a decir antes de cortar la llamada y Quinn se lamentó. Odiaba discutir con ella, más aún si era por una completa estupidez sin sentido. Pero hacerlo estando tan alejadas era mucho peor que en cualquier otra situación.

Lo siento—escuchó a su lado tras varios minutos observando la pantalla del teléfono. Aria se había acercado lo suficiente como para ser testigo de su malestar.

—¿Lo sientes?

Siento haberte obligado a aceptar la llamada. Tal vez si me hubiese puesto un tanto más exquisita, ahora no tendrías ese gesto de rabia.—Musitó con seriedad.

Oh…bueno, no te preocupes—respondió Quinn desviando de nuevo la mirada hacia el teléfono—Como ves, no siempre coincido con mi mujer, ni aunque la quiera más que a mí misma—espetó mordiéndose el labio.

—¿Sabes qué? Creo que puedo preguntarte acerca de la exposición en otro lugar más divertido, o al menos que no sea tan encantador como éste y nos mate de melancolía—bromeó provocando una débil sonrisa en Quinn.

—¿Un lugar más divertido?

—Acabo de ver como Shane ya se despedía y está a punto de abandonar la exposición. Creo que sería menor vernos en la fiesta del hotel y ahí charlamos de lo que realmente nos interesa ahora mismo, ¿Te parece bien?

Me parece perfecto—respondió Quinn abandonando el asiento—Y creo que si me bebo una copa de vino, todo será más divertido aún.

Coincido contigo. Nada mejor que hablar de arte con una copa de buen vino—le guiñó el ojo—Además, ya que me confiesas que estas casada con una mujer, puedo tener una mejor critica de una de las imágenes que más me ha impactado y que nadie parece percatarse de ella—añadió invitándola a que siguiese sus pasos para descender de nuevo hacia la planta inferior.

—¿Qué imagen?

Una en la que solo se ven a dos chicas en ropa interior, junto a una moto—respondió mientras caminaba delante de ella, ignorando por completo el vuelco que dio el corazón de Quinn al oír aquella referencia.—¿La has visto?—añadió sin ni siquiera mirarla y Quinn sonrió para ella misma.

Eh…creo que sí—fingió recuperando un poco la compostura tras el mal trago de la absurda disputa con Rachel—Pero no me importaría volver a verla para tenerla más nítida.

—Ok—respondió Aria emprendiendo el descenso, completamente ajena al estado de la rubia—Pues vamos a verla antes de marcharnos. Ya verás cómo te sorprende…Creo que es la mejor de toda la colección McCutcheon.

—No me cabe duda alguna.


#3NCSevilla.