Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.
CHAPTER 12
—¡Oh chicos, que alegría tenerlos de regreso! —en cuanto cruzamos el umbral de la puerta y dejamos las maletas en el suelo, mi madre y Esme se lanzaron sobre nosotros, abrazándonos como si no nos hubieran visto en años.
Edward y yo por fin habíamos regresado a Nueva York, justo faltando una semana para la boda. Del aeropuerto, habíamos tomado un taxi que nos llevó directo a casa de mis padres, en donde ya nos esperaban para una cena de bienvenida que mi madre junto con Esme organizaron, y a la cual fueron invitados Alice, Jasper, Rosalie, Emmett y Jane.
La última semana que pasamos en Colorado había sido una completa agonía. Edward, tal y como había quedado, llamó a Sulpicia y se puso de acuerdo con ella para ir a cenar a su casa, cena a la cual desde luego me negué a asistir, sería algo muy incomodo tanto para mí como para ellos. Además, desde aquel encuentro que tuvimos con Sulpicia en el hospital, estaba de lo más nerviosa y paranoica, tanto que no podía siquiera salir al porche de la casa sin sentirme vigilada; pero sin duda las noches eran mi peor tortura.
Una vez me vi liberada por mi madre, fui abordada por unas entusiastas Alice y Rosalie seguidas por unos más suaves Jasper y Emmett, dejando de último a mi padre y Jane.
—Tienes cara de no haber dormido en días, debiste decirle al chico Cullen que te diera un descanso —murmuró Jane con una sonrisa pícara cuando se acercó a saludarme.
—¿Qué tal te fue con Jonathan y las fotografías de la campaña? —pregunté ignorando sus anteriores palabras.
—De hecho no fue tan malo como me espera. Por supuesto que él soltó toda esa mierda de que las fotografías no estaban mal pero que tú lo habrías hecho mucho mejor, por suerte ya me esperaba algo así y no le di importancia. Sinceramente, creo que el idiota aún sigue algo enamorado de ti —dijo divertida y le dio un sorbo a la copa de vino que sostenía en su mano.
Jonathan y yo habíamos estado saliendo juntos por algún tiempo, fue la última relación medianamente seria que podría decir tuve, después de todo no es como si hubiese salido con cientos de tipos en los últimos años; pero con Jonathan fue... diferente. Realmente llegué a tomarle cariño e incluso pensé que podríamos llegar a algo más en un futuro, pero entonces él había cambiado, comenzó a ser posesivo conmigo y me montaba cada escena de celos digna de Broadway, que terminó por hartarme y terminé con él.
—No lo creo Jane. Después de que rompimos, llegamos al acuerdo de mantener una relación cordial por el bien de nuestros respectivos empleos.
—Es broma Bella, sé que Jonathan ya superó el rompimiento y ahora está feliz con su nueva novia —pobre chica, no la conocía personalmente pero en serio la compadecía.
—¿Quién es Jonathan? —preguntó Edward acercándose y abrazándome por la espalda.
—Un ex novio de Bella, está obsesionado con ella y planea secuestrarla para evitar que se case contigo. Yo en tu lugar, cuidaría bien a quien se le acerca.
—No le creas, le encanta hacer ese tipo de bromas estúpidas —le di una mirada asesina y sonrió.
—Soy Jane Anderson, por cierto. Una de las mejores amigas de Bella, aunque me haya dejado fuera de los preparativos de su boda —pasarían años antes de que dejara de echarme en cara el haberla excluido, pero si lo hice fue para evitar que sucediera una tragedia.
—¡Oh vamos Jane! Te conozco bastante bien y no quería que mi madre sufriera un derrame cerebral por tu culpa —soltó una sonora carcajada y asintió.
—Imagínate esto, pizza, cerveza y rosquillas para el banquete, girasoles en los arreglos florales, ustedes dos vestidos con vaqueros y zapatillas deportivas...
—¡Dios, eso sería un sacrilegio! —chilló Alice apareciéndose de pronto junto con Jasper, Emmett y Rosalie—. Por suerte, nos tienes a nosotras para ayudarte a organizar todo cuando vayas a casarte.
—Ni loca, si es que llega ese día, me fugaré a Las Vegas y ni se enteraran —Alice abrió la boca dispuesta a seguir con la discusión.
—Edward, ellos son Alice y su esposo Jasper —dije antes de que mi pequeña amiga tuviera siquiera oportunidad de decir una sola palabra más—. Ella es Rosalie y él su esposo Emmett.
Después de las presentaciones y apretones de mano correspondientes, Alice y Jane se alejaron continuando con su discusión; un par de minutos después se les unió Rosalie y por último, Jasper y Emmett tuvieron que hacer de mediadores para así evitar que mis amigas comenzaran a tironearse del cabello.
—Tus amigos son geniales. Esa chica, Jane, realmente me agrada.
—Ah sí, ¿y cómo te agrada? —pregunté con cierta brusquedad.
—No como seguramente te estás imaginando, te lo aseguro pequeña celosa.
—Yo no soy celosa —me defendí, me dio una de sus sonrisas torcidas antes de atrapar mis labios en un beso, uno de esos besos que me hacen olvidar hasta mi nombre y me dejan sin respiración.
—Basta niñas, ya dejen eso por la paz y mejor pasen al comedor —dijo mi madre con voz autoritaria, provocando que Edward rompiera el beso—. Y ustedes dos, ya déjense de arrumacos y andando, ya tendrán tiempo para eso después.
—Vamos, no quiero hacer enfadar a mi suegra —Edward sonrió, tomó mi mano y juntos comenzamos a caminar rumbo al comedor.
Después de cenar las chicas, mi madre y Esme insistieron en que les mostrara mi nuevo vestido de novia, así que subimos a mi antigua habitación. Mis amigas quedaron gratamente sorprendidas al verlo, aunque Jane no dejó pasar la oportunidad de comentar que hubiese sido mejor me casara usando vaqueros y zapatillas deportivas; cosa que sabía dijo sólo para molestar a Alice pues sus ojos brillaron al ver mi vestido.
Mi madre derramó algunas lágrimas y emocionada me abrazó, repitiendo una y otra vez, que no podía creer que su pequeña estuviera a una semana de casarme. Esme me pidió un minuto para hablar a solas y asentí, las chicas y mi madre salieron de la habitación y ambas nos sentamos en el borde de la cama.
—Elegiste bien, es un hermoso vestido —le dio una mirada más a la prenda sobre la cama y sonrió con diversión—. ¿Sabes? Mi hijo estaba muy nervioso por tu reacción, cuando te dijera que te llevaría a comprar un vestido de novia. Apostaba a que le romperías la cabeza con una de tus muletas.
—Y por un momento llegué a pensar en la posibilidad de hacerlo —dije sin poder evitar sonreír al recordar ése día—. Aunque no me dijo a dónde me llevaba, supe lo que planeaba hasta que estábamos frente al local.
—Me sorprendió mucho cuando me llamó para pedirme ayuda con su plan, sonaba tan emocionado que no pude negarme a su petición. Aunque eso me trajo un par de problemas con Alice, ésa niña puede ser un amor, pero cuando se enfada es mejor no estar cerca de ella.
—Lo imagino y te pido disculpas por ello, Alice puede ser algo... impulsiva en algunas ocasiones —hizo un movimiento con su mano restando importancia al asunto y clavó la mirada en mí.
—No lo reconozco Bella, por más que trato no puedo hacerlo, el chico que está allá abajo no es ni la sombra del Edward que dejó Nueva York hace semanas. Ahora sonríe con naturalidad y cuando te ve, su mirada se ilumina como nunca antes había visto —sus ojos, tan verdes como los de Edward, brillaban llenos de emoción—. Confieso que cuando mi marido me contó sobre el arreglo que hizo con Charlie, para que tú y mi hijo se casaran, estuve tentada a convencerlo para que desistiera de ello. No estaba segura de que una relación entre ustedes dos pudiera llegar funcionar, no después de la desagradable historia que cargaban sobre ustedes.
Sentí mis mejillas arder y quise ponerme a cavar un hoyo en la tierra para esconderme, nunca me hubiese imaginado que Edward hablara sobre ése tema en particular con sus padres, o al menos con Esme. ¡Dios, lo que debe haber y seguirá pensado de mí!
—Esme, yo no... no... —tomé una profunda respiración para calmar mis nervios—. Lo que pasó...
—Tranquila, no te estoy pidiendo una explicación, Bella. Es algo que solamente les concierne a ti y a mi hijo —me interrumpió con una pequeña sonrisa—. Edward no tiene idea de que estoy enterada de esto, unos días antes de que se marchara a Londres escuché sin querer una conversación, entre él y Gianna, fue así como llegue a enterarme.
—Él y yo ya hablamos sobre eso, aclaramos todo y decidimos dejar ese tema en el pasado. Deseamos darnos una oportunidad como pareja.
—Me alegra tanto escuchar eso hija, realmente me preocupaba que su pasado se convirtiera en una sombra que no les permitiera ser felices juntos —me dio un maternal abrazo y suspiré, tener precisamente esta charla con Esme, era algo vergonzoso y mortificante para mí—. Anda, volvamos con los demás.
Salimos de la habitación y mientras bajamos las escaleras, pude escuchar la discusión que se llevaba acabo en la sala, Esme sonrió divertida al escuchar el tono airado con el que Edward discutía con Jane.
—No es algo que esté en negociación, será un despedida de solteros mixta y fin de la historia —me apoyé en el marco de la puerta, Jane se cruzó de brazos y le dio una mirada desafiante a mi molesto prometido.
—Ya que no pude ser participe de la planeación de la boda, seré yo quien organice la despedida de soltera de Bella. Y sí, voy a contratar un sexy y caliente stripper te guste o no —mi padre se atragantó con el café que estaba tomando y comenzó a toser escandalosamente, a lo que mi madre se apresuró a auxiliarlo dándole fuertes palmadas en la espalda.
—Jane, Edward tiene toda la razón. Una despedida de solteros mixta es lo más adecuado —dijo Charlie con voz ahogada, una vez su ataque pasó.
—¡Ay por favor! Es de lo más normal que en una despedida de soltera haya strippers. Es más, nos iremos todas a uno de esos clubs llenos de hombre calientes y tan buenos como el pan.
—Es lo más sensato que te he escuchado decir en toda la noche, Jane —apoyó Rosalie y sonreí al ver el tic nervioso que apareció en el ojo derecho de Emmett.
—Siendo así, los chicos y yo nos iremos de juerga con un montón de mujerzuelas.
—Ah no, nada de mujerzuelas Edward Cullen —me metí en la discusión, caminé hasta el sofá donde estaba sentado y me senté a su lado—. Jane, será una despedida mixta y no quiero escuchar más.
—¡Ustedes dos son tal para cual, ambos son unos aburridos! —chilló Jane elevando las manos al cielo, desencadenado así una discusión en la que todos comenzamos a hablar al mismo tiempo.
—¡Estoy embarazada! —gritó Alice con todas sus fuerza para hacerse oír en medio del barullo, todos callamos de golpe y centramos nuestra atención en unos sonrientes Alice y Jasper—. No queríamos darles la noticia así, pero no nos han dejaron otra opción.
Fui la primera en correr a felicitar a los futuros papás, siendo seguida unos segundos después por los demás, incluidos los Cullen. Al final Jane aceptó, aunque renuente, a que la despedida fuera mixta. Y lo hizo solamente porque Alice la supo manipular usando su embarazo como excusa, diciendo que no traumatizaría a su bebé yendo a un club lleno de strippers y que si insistía en ello, se vería obligada a no ir y eso la heriría profundamente.
Varias horas después caminaba nerviosa de un lado a otro por mi habitación, a cada tono de llamada que pasaba sin que atendiera hacía que el nudo en mi estomago se apretara más y más.
La pesadilla que me despertó había sido la más cruel y real que había tenido hasta ahora, tanto, que me desperté llorando y gritando en busca de una salida pues creía aún estaba en el lugar donde me mantuvo secuestrada por casi dos meses. Me tomó alrededor de diez minutos darme cuenta de que estaba a salvo en mi departamento, y un par de minutos más, para correr y asegurarme de que las puertas y ventanas del departamento estuvieran bien cerradas. Una vez revisé todo a conciencia, corrí y me encerré en mi habitación, tomé el teléfono y con manos temblorosas marqué el número de Zafrina.
Me senté en el borde de la cama y solté un sonoro suspiro cuando saltó el contestador, de nueva cuenta; hice un último intento y al quinto timbre una adormilada voz me contestó.
—Zafrina, sé que es demasiado tarde y lamento molestarte a esta hora, pero necesito verte lo antes posible —Zafrina fue mi psicóloga por casi tres años y había terminado por convertirse en mi amiga, no nos veíamos con mucha frecuencia pero siempre intercambiamos tarjetas de felicitación en cumpleaños y navidad.
—¿Bella? ¿Qué te ocurre? —preguntó alarmada.
—Una serie de eventos han traído mi pasado de vuelta, desenterrando recuerdos y las pesadillas han vuelto más reales que nunca —maldijo por lo bajo y la escuché moverse de un lado a otro.
—No tengo hora libre hasta la próxima semana —dijo con pesadumbre después de varios minutos en silencio—, pero haré un espacio para ti antes de mi primera cita de mañana. ¿Te parece bien a las 9:00 de la mañana?
—Sí, me parece perfecto.
El resto de la noche lo pase en medio de un ligero y agitante sueño, despertándome cada pocos minutos sobresaltada y desorientada, deseando poder sentir la seguridad que sólo los brazos de Edward me daban.
Las puertas del ascensor se abrieron y me apresuré a salir, estaba llegando un par de minutos tarde al consultorio de Zafrina y ya debía de estarme esperando. Me senté en el sofá frente a ella y las palabras no tardaron en salir de mi boca de forma atropellada, desgranando los últimos acontecimientos de mi vida; cuando terminé de hablar una callada Zafrina se puso en pie y sirvió café en dos tazas.
—Bella, tienes que contárselo a Edward —me apresuré a negar y tomé la taza de café que me ofrecía.
—No puedo Zafrina, no ahora que nuestra relación está avanzando a pasos agigantados. Enterarse de lo que pasó va a alejarlo de mí y no quiero que eso suceda.
—Puedo comprender tu temor a hablar con él sobre ese tema en particular, pero tú debes comprender, que en una relación la confianza es vital para que funcione. Tarde o temprano Edward va a saberlo, créeme que de algún modo u otro lo hará, y entonces las consecuencias serán peores.
No, no había manera alguna de que Edward se enterara, las personas que sabían lo que pasó nunca se lo dirían. Me esforzaré por encerrar todos estos malos recuerdos de nuevo en el fondo de mi cabeza, no permitiré que su recuerdo me impida ser feliz y me aleje nuevamente de Edward.
…
EDWARD POV.
Antes de regresar de Colorado, específicamente desde el día que nos encontramos a Sulpicia en el hospital, podía notar a Bella distinta, estaba como asustada y hasta cierto punto paranoica, manteniéndose siempre en un estado de alerta constante. Tanto, que un par de veces en que logré convencerla de salir, se pasó todo el tiempo viendo a su alrededor como si se esperara que alguien saltara de pronto frente a ella y la atacara.
Tampoco había querido acompañarme a cenar en casa de los Vulturi, se negó diciendo que estaba cansada y que el pie había estado molestándola todo el día, razón por la cual prefería quedarse a descansar. Esa noche cuando regresé, la encontré en la habitación acostada en la cama donde dormía, o simulaba hacerlo; pues sabía bien que tenía noches sin dormir más que un par de horas. Lo que no sabía era qué pasaba con ella como para quitarle el sueño, traté de preguntarle en más de una ocasión pero siempre me respondía con evasivas o simplemente se apresuraba a cambiar el tema. Me preocupaba verla así, en serio que me preocupaba y me sentía impotente al no poder hacer nada para ayudarla.
Pero al parecer regresar a Nueva York fue la solución a sea lo que fuera que le pasaba, en tan solamente cinco días su estado de ánimo había cambiado, volviendo a ser la misma mujer activa que no soltaba su cámara fotográfica por más de dos minutos.
El ruido de la puerta del elevador abriéndose me sacó de mis pensamientos, y seguí a Bella por el pasillo hasta la puerta de su departamento.
—Te veo mañana en el club donde quedamos con los chicos —íbamos a celebrar nuestra despedida de solteros en un pequeño club en el centro de la cuidad, el dueño es amigo de Jane y ella se encargó de conseguir que nos arrendaran el lugar, a pesar de que necesitaba hacer una reservación con semanas de antelación.
—De hecho, tengo planeado venir por ti e irnos juntos —me acerqué a ella, en un acto reflejo mis manos se posaron con firmeza en sus caderas y sus brazos rodearon mi cuello.
—Me parece perfecto —murmuró antes de que mis labios tomaran posesión de los suyos, en un beso demandante. Realmente estaba jodido, me había convertido en un adicto a sus besos, y no sólo a eso, sino que también al simple hecho de tenerla cerca de mí—. Anda, debes irte ya.
—¿Acaso me estás echando? —recorrí con mis labios la extensión de su cuello, dejando húmedos besos y la sentí estremecerse; me fascinaba la forma en que su cuerpo respondía ante mis caricias—. ¿En verdad quieres que me vaya?
—No, pero tienes que irte —mordí el lóbulo de su oreja y soltó un sonoro gemido que provocó estragos en mi entrepierna.
—No tienes idea de cuánto extraño dormir contigo entre mis brazos —desde que habíamos vuelto, Bella no me había permitido pasar la noche con ella, ya fuera en su departamento o en el mío.
—Yo también lo echo de menos, pero no me harás cambiar de opinión —me dio un último beso antes de separarse de mí y abrir la puerta—. Buenas noches, Edward —sonreí con diversión al verla entrar y cerrar la puerta tras de ella.
Bella y yohabíamos ido juntos a recoger nuestras argollas de matrimonio y terminamos pasando el resto del día juntos. Nunca creí posible que me encontraría ansioso esperando que el día de la boda llegara, pero sin embargo así era, y los dos días que faltaban para la boda me parecían tan lejanos como si fueran dos siglos.
Aparqué el coche en mi lugar del estacionamiento, me metí al ascensor y marqué el séptimo piso. Abrí la puerta de mi departamento y fruncí el ceño al ver las luces encendidas, cerré la puerta sin hacer ruido y con cautela entré buscando a un posible intruso. Un par de minutos después escuché ruido de pasos acercarse por el pasillo, y no pude evitar tensarme al ver a la persona que apareció en mi campo de visión.
—¿Qué diablos haces en mi departamento?
—Es obvio ¿no? —pasó a mi lado y se sentó en uno de los sofás—. Te estaba esperando cariño, tenemos una charla pendiente.
—Te equivocas Victoria, todo está dicho entre tú y yo, fui bastante claro contigo la última vez que nos vimos —chasqueó la lengua y negó un par de veces.
—El que se equivoca eres tú, Edward. Te he dado lo mejor de mí desde que estamos juntos y no me vas a botar, como lo has hecho con tantas otras —se puso de pie y se acercó a mí, enredando sus brazos en mi cuello—. No sé qué fue lo que pasó contigo y... ella en ese viaje, pero es obvio que estás confundido amor.
—No, no estoy confundido —me solté de su agarre y me alejé unos cuantos pasos, pues había tratado de besarme y la sola idea me hacía sentir... inquieto.
—¿Y qué pasa con nuestro plan? ¿Ya lo olvidaste acaso? Ibas a casarte con Isabella, sí, pero le harías pagar lo que sea que te hizo en el pasado, después te divorciarías y nosotros nos casaríamos como lo hablamos tantas veces antes de que ella apareciera —volvió a sentarse en el sofá, evitando verme a la cara y que así no pudiera notar sus ojos llenos de lágrimas—. Sé que en el tiempo que hemos estado juntos te has acostado con muchas otras, nunca fue un secreto para mí y sino te reclamé nada fue porque siempre volvías a mi lado. ¿Qué hay de diferente con ella, Edward?
—Vic, lamento mucho si es que te he lastimado —me senté a su lado y traté de tomar su mano, pero la apartó de mi alcancé—. Mereces encontrar a alguien que te ame Vic, y a quien tú también puedas amar.
—¿Amor? ¡Por favor, Edward! Las personas como tú y yo no nos enamoramos, no fuimos hechos para amar —sí, lo sabía, pero desde que volví a ver a Bella ya no estaba tan seguro de ello—. Oh por Dios, es eso ¿cierto? Tú... te enamoraste de Isabella —murmuró con incredulidad.
—¿Qué te hace pensar eso? Es cierto que le he tomado cariño, pero no creo que se trate de amor precisamente —le respondí y sonrió con cierta ironía.
—Edward, el que nunca haya sido capaz de enamorarme, no quiere decir que sea ciega y no pueda notar cuando alguien está enamorado —se quitó los zapatos y subió los pies al sofá, rodeó sus piernas con los brazos y las pegó a su pecho—. No voy a ser hipócrita y decirte que me alegra que estés con ella, porque no lo hace; pero sí me alegra saber que al menos tú puedas ser feliz. Y no intentes negar que la amas, desde que te conozco nunca te había visto así.
—¿Así cómo? —me dio un suave golpe con el hombro y sonrió, una de las pocas sonrisas sinceras que había visto en ella.
—¿Recuerdas cuando decías que flotaban corazones alrededor de Amun cada vez que veía, hablaba o pensaba en Kebi? —asentí frunciendo el ceño confundido y su sonrisa se ensanchó—. Pues tú luces exactamente como él.
—No estás hablando en serio ¿verdad?
—Oh sí, muy en serio —apoyó la cabeza en mi hombro y después de unos minutos en silencio preguntó—: ¿Puedo pasar la noche aquí, contigo?
—No creo que eso sea lo más adecuado, Vic.
—Voy a dormir en la habitación de invitados, te juro que tu reciente castidad estará a salvo de mis garras —dijo divertida para después soltar un pesado suspiro—. No quiero regresar a mi casa, ¿sabes? Últimamente me siento sola y... no sé, creo que la edad me está pasando factura, estoy por cumplir veintiocho y de pronto me doy cuenta de que no tengo a nadie.
—Me tienes a mí, como amigo claro está —levantó la cabeza de mi hombro y clavó sus ojos en los míos.
—Antes que nada somos amigos, sé que no he sido la mejor amiga después de que comenzamos a salir juntos, y que aquella discusión que tuvimos en Florida fue monumental pero... —dejó la oración inconclusa y se encogió de hombros—. ¿Puedes prestarme una de tus playeras para dormir? No es algo cómodo dormir con jeans.
—Por supuesto, vamos a por ella —respondí al comprender que quería dar por zanjado el tema. Ambos nos pusimos en pie y fuimos a mi habitación, le di la playera y salió dejándome sólo tras despedirse con un beso en la mejilla y un: buenas noches, Edward.
Por horas estuve viendo fijamente el techo, pensando en mi charla con Victoria. Cuando comenzamos a salir de manera formal habíamos dejado en claro que no había amor de por medio, eramos buenos amigos y estábamos bien juntos, además de que de una rara manera nos comprendíamos el uno al otro. Después habíamos comenzado a hablar de matrimonio y me dije por qué no, eramos de cierta forma parecidos y no me exigía que la amara con ciega locura, lo cual era estupendo para mí pues no me sentía capaz de llegar a amar a alguien.
Y de pronto me encuentro en una situación que nunca creí posible, Bella supo cómo ganarse mi cariño poco a poco, con sus sonrisas e incluso con esa insana manía de llevar su cámara a todas partes y tomar fotografías de cualquier cosa que se interpone en su camino, por más insignificante que esta sea; de un día para otro me vi disfrutando de su cercanía o de algo tan simple como tomar su mano entre la mía. Sonreí como un idiota cuando la realidad me golpeó con fuerza, Victoria tenía razón, sin darme cuenta me había terminado enamorando como un imbécil de Isabella Swan.
Continuará...
¡Hola! Aquí les dejo un capítulo más de esta historia y espero que les haya gustado. La boda se acerca, pero la pregunta sigue siendo ¿se podrá llevar a acabo? Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, ahí estaré publicando imágenes relacionadas a la historia como también adelantos de la misma, les invito a unirsenos y si les interesa encontrarán el Link en mi perfil.
Muchísimas gracias a quienes agregaron la historia a sus alertas y favoritos, así como también un enorme gracias a quienes se toman un momentito de su tiempo para dejarme un review y alegrarme el día, no los respondo por falta de tiempo, pero sepan que los leo todos y cada uno de ellos.
¿Algún review? =)
¡Hasta el próximo viernes!
